El Climate and Catastrophe Insight Report, de Aon, revela que las tormentas convectivas severas han superado a los ciclones tropicales para convertirse en el riesgo asegurado más costoso del siglo XXI. El informe muestra cómo eventos cada vez más frecuentes y de gran volumen están redefiniendo los patrones de pérdidas globales y subraya la importancia crítica de fortalecer tanto la resiliencia física como la financiera para ayudar a las organizaciones a gestionar la volatilidad y la asegurabilidad.
Las tormentas convectivas severas han superado a los ciclones tropicales, impulsadas por la frecuencia y alta severidad de eventos en EE UU. Solo en 2025, las generaron 61.000 millones$ en pérdidas aseguradas, el tercer total anual más alto registrado.
Las aseguradoras cubrieron cerca de la mitad de las pérdidas económicas globales en 2025, dejando una brecha de protección del 51 %, la más baja jamás registrada. Esto se debió a eventos de alto impacto concentrados en EEUU.
En 2025 se registraron 49 eventos con pérdidas económicas superiores a 1.000 millones$ (por encima del promedio a largo plazo de 46), mientras que 30 eventos superaron los 1.000 millones en pérdidas aseguradas, muy por encima del promedio histórico de 17, lo que subraya el efecto acumulativo de catástrofes medianas cada vez más frecuentes.
Los incendios forestales en California (iPalisades y Eaton) fueron los eventos más costosos del año 2025, con 58.000 millones en pérdidas económicas y 41.000 millones en pérdidas aseguradas. Los fallecimientos ascendieron a 42.000 a nivel global, causados principalmente por terremotos y olas de calor, un 45% por debajo del promedio del siglo XX. El terremoto en Myanmar fue el evento más letal después de las olas de calor, con 5.456 víctimas. El calor extremo causó más de 25.000 muertes en todo el mundo y siguió siendo uno de los principales impulsores de mortalidad asociada a desastres naturales. El año 2025 fue el tercero más caluroso registrado.
Más del 54% de las pérdidas económicas globales ocurrieron en EE.UU, con cifras superiores al promedio impulsadas por incendios forestales y tormentas convectivas severas. Las pérdidas aseguradas alcanzaron los 103.000 millones$, el 81% de las pérdidas globales del sector.
El huracán Melissa fue el evento más costoso en América, con 11.000 millones en daños económicos y 2.500 millones en pérdidas aseguradas en Jamaica, Cuba y otros países. Sudamérica sufrió impactos significativos por sequía, especialmente en Brasil, donde causó aproximadamente 5.000 millones en pérdidas agrícolas. México, Ecuador y Bolivia registraron inundaciones graves.
En EMEA, las pérdidas económicas se situaron muy por debajo de los promedios a largo plazo, con tormentas convectivas severas como el riesgo más costoso y pérdidas adicionales derivadas de sequías, olas de calor e incendios forestales en el sur de Europa. En Iberia (España y Portugal),en lo relativo a los riesgos climatológicos, el 2025 ha sido un año benigno donde se han registrado eventos con pérdidas aseguradas por debajo de la media de los años precedentes: algunos eventos de inundación o tormentas convectivas pero de severidad baja. Por otro lado, la pertinaz sequía y los incendios forestales causaron pérdidas económicas estimadas en cerca de 1.800 millones, pero sin impactar de forma relevante a la industria aseguradora.
En Asia Pacífico, el terremoto en Myanmar fue el evento global más mortal después de las olas de calor, con 15.700 millones en pérdidas económicas. Las inundaciones en China y los ciclones en el sur y sudeste asiático también generaron pérdidas significativas. Australia registró dos eventos con pérdidas aseguradas superiores a 1.000 millones$.
Las pérdidas económicas globales derivadas de desastres naturales alcanzaron los 260.000 millones$ sen 2025, la cifra más baja desde 2015, mientras que las pérdidas aseguradas se mantuvieron elevadas, con 127.000 millones, marcando el sexto año consecutivo en que los pagos del sector asegurador superan la barrera de los 100.000 millones. Esta divergencia refleja cómo eventos frecuentes y de alta severidad, especialmente en EEUU, continúan generando importantes pérdidas aseguradas incluso en años con actividad de riesgo por debajo del promedio.
En muchas regiones, particularmente en mercados emergentes, más de la mitad de las pérdidas económicas permanecen sin asegurar, dejando a millones de personas expuestas al riesgo financiero.
Los seguros paramétricos, que liberan fondos automáticamente cuando se cumplen ciertas condiciones, demostraron ser fundamentales durante eventos como el huracán Melissa, permitiendo una recuperación rápida de las comunidades afectadas. Jamaica obtuvo más de 650 millones$ en liquidez en dos meses tras el impacto gracias a un bono catastrófico con indemnización prefijada por elementos parametrizados.
Además de fomentar soluciones alternativas de gestión del riesgo, el informe reclama incrementar la resiliencia mediante tecnología más inteligente e infraestructuras más resistentes, mejores sistemas de pronóstico, estándares de construcción robustos e infraestructuras modernizadas para reducir daños a largo plazo y facilitaruna recuperación más rápida.
“La resiliencia hoy debe ser tanto física como financiera. Se anima a las organizaciones a integrar la adaptación en sus estrategias de personal y localización, invertir en análisis predictivo y fomentar enfoques transversales para el riesgo climático. A medida que los eventos climáticos siguen afectando a personas y propiedades, la oportunidad está en usar los datos para fortalecer la preparación, replantear la gestión del riesgo y construir alianzas que permitan una recuperación más rápida y una resiliencia a largo plazo”, señala Michal Lorinc, responsable del área de catastrophe insight de Aon y autor del informe.
Al cuantificar el retorno de inversión de las medidas de mitigación y demostrar a aseguradoras e inversores una reducción creíble del riesgo, las organizaciones pueden redefinir la manera en que se financia el riesgo y desbloquear coberturas más asequibles y sostenibles. Esto crea oportunidades para que el sector despliegue capital de manera más eficaz y cierre brechas de protección históricas.
“Este informe destaca la creciente necesidad de colaboración entre organizaciones, aseguradoras, gobiernos y comunidades. La industria aseguradora está en una posición única para actuar como socio estratégico ante estos retos, aportando niveles récord de capital para ayudar a los clientes a responder a riesgos meteorológicos y desarrollar soluciones diversificadas de transferencia alternativa de riesgo que fortalezcan la resiliencia frente a un clima cambiante”, afirma Greg Case, Presidente y CEO de Aon.