21 Apr
21Apr

El informe Tendencias de empleabilidad 2026, dirigido por el profesor de  OBS Business School (Planeta Formación y Universidades) y secretario general de Pimec Josep Ginesta, subraya que el trabajo ha cambiado, los roles tradicionales se han fragmentado en micro-tareas dinámicas que pueden ser automatizadas, externalizadas, gestionadas por agentes de IA o robotizadas. En las tareas de oficina el modelo híbrido se ha consolidado y emergen entornos de colaboración inmersivos en equipo, aparecen nuevos colegas digitales y se acelera el aprendizaje y la adquisición de habilidades a través de entornos virtuales y de tecnologías gamificadas. 

Las empresas buscan modelos laborales más ágiles, y en este contexto la formación superior tiene un retorno tangible en el acceso al empleo y la mejora de su calidad(los graduados universitarios perciben salarios un 54% superiores a la media, llegando al 83%en el caso de másteres o doctorados). Por tanto, la formación permanente ha dejado de ser una opción para pasar a ser un hábito.

El empleo está actualmente condicionado por cuatro transiciones que ya se están produciendo, en un contexto global de escasez de talento, especialmente en las economías desarrolladas, donde hay un desajuste persistente entre el talento disponible y el necesario:

  • La transición digital: El progreso tecnológico está provocando la volatilidad de las formas de trabajo. La IA ha dado un impulso importante a la robotización, que ya está presente en la llamada Industria 4.0. Las tareas robóticas crecen a una tasa anual el 43% y duplican capacidades cada 1,9 años. La adopción de la IA ha pasado del 55% en 2022 al 88% en 2025, con una demanda de habilidades de alfabetización que ha crecido un 70%. Y superando a la IA generativa, ya existe la IA agéntica, capaz de decidir y actuar de forma autónoma y conseguir el cumplimiento de objetivos. Estamos pasando de tener una herramienta inerte en el mundo del trabajo a contar con un colaborador o competidor que puede ser autónomo, que razona, planifica y ejecuta sin supervisión permanente. El impacto en la productividad de esta tecnología puede ser masivo, aunque quedará por ver cómo se traduce en productividad real para las empresas. La IA agéntica provocará la desaparición de 92 millones de empleos para 2030, sin embargo, también se prevé la creación de 170 millones nuevos para atender las necesidades derivadas de su gobierno y seguridad. No será una sustitución inmediata ni se producirán cambios explícitos en los perfiles demandados, sino que tendrá lugar de manera progresiva y cambiará el contenido del trabajo, los procesos organizativos y las competencias requeridas. Y los trabajadores tendrán que adaptarse al uso de esta tecnología para seguir siendo competitivos.
  • La transición verde: La sostenibilidad ya no es un eje aislado, sino un factor transversal que afecta a procesos, productos y tareas, y que redefine los perfiles profesionales que se demandan. Se está materializando la regulación, las normas de fabricación o de movilidad, las tecnologías de producción de energía, la edificación, la economía circular y las cadenas de suministro. Alrededor del 20% de los trabajadores de la OCDE ya ocupan puestos impulsados por lo verde. En España el 34,38% de las empresas han implementado políticas de RSC y sostenibilidad en el último año. Por tanto, la combinación de capacidades que buscan ubicuidad, competencias estratégicas de gestión, ingeniería, finanzas, datos, personas, de sostenibilidad aplicada y circularidad se convertirá en una ventaja para ser empleable. Sin embargo, se está produciendo un desajuste entre la oferta y la demanda global. A nivel mundial, la demanda de talento con habilidades verdes creció casi un 22% entre 2022 y 2023,mientras que el número de trabajadores que adquirieron estas competencias solo aumentó un12%, lo que genera una brecha de talento crítica que deberá cubrirse. Se están abriendo perspectivas de futuro en bioeconomía y en la llamada economía azul, pero dado que su viabilidad depende de la transición digital (para la innovación biotecnológica) y que su impulso está fuertemente motivado por la transición geoeconómica (para garantizar la resiliencia y soberanía de los países), los perfiles exigidos serán más transversales.
  • La transición social: La población envejece en las economías avanzadas sin reemplazo generacional. Por cada 100 personas que abandonan la vida laboral en España, apenas se incorporan 73 jóvenes. La escasez de talento se ha convertido en un desafío sistémico que afecta al 76% de las organizaciones. Ello está reconfigurando el mercado de trabajo en muchas zonas con una fuerza comparable a la digitalización. Diferentes generaciones ya conviven en las plantillas de las empresas; un enorme reto tanto para las organizaciones que deben gestionarlas, como para los profesionales, que deben reforzar sus competencias. Se prevé que la llamada economía Silver y de los cuidados genere unos 4 millones de empleos adicionales netos hasta 2030. Aumentará la demanda de profesiones como enfermería, trabajo social, psicología y auxiliar de cuidado personal. De hecho, los estudios vinculados a la Salud y el Bienestar están ganando un protagonismo sin precedentes en todo el mundo. Sin embargo, existe una brecha a cubrir en la asistencia en establecimientos residenciales. Una mayor movilidad laboral y los movimientos migratorios masivos serán importantes para solucionarlo.
  • La transición geoeconómica: hemos pasado de un orden económico basado en la eficiencia global a otro en el que pesan más la seguridad, la resiliencia y la autonomía estratégica ante la incertidumbre. La ruptura de las redes globales de suministro y el aumento de las tensiones políticas está obligando a las organizaciones a pivotar hacia modelos más seguros y localizados. La guerra arancelaria y los acuerdos comerciales suscritos por la UE con Mercosur y Australia han producido una cierta fragmentación geoeconómica que afecta no solo al comercio, sino también a la inversión, los flujos de capital, la movilidad y la difusión tecnológica. Esta fragmentación se proyecta como un creador neto de empleo estimado en 5 millones de puestos para 2030, sobre todo de roles en logística, seguridad y estrategia. Cada vez se demandan más profesionales capaces de navegar entre tensiones comerciales, normas cambiantes, riesgos de suministro, costes energéticos y competencia tecnológica. Ello impulsa a perfiles técnicos (mantenimiento, mecatrónica, calidad, ciberseguridad industrial) y de gestión (compras, planificación, riesgos, compliance, project management).

Randstad: el 63% de las empresas gana productividad con la IA

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una herramienta experimental para convertirse en un elemento estructural dentro de las organizaciones. En España, el 63% de las empresas asegura que la IA ha aumentado la productividad de su plantilla en el último año, según el Informe Workmonitor 2026 de Randstad.

Aunque la mayoría de las compañías reconoce su impacto positivo, el estudio también refleja una brecha de percepción entre empleadores y talento respecto a los beneficios y las implicaciones futuras de esta transformación tecnológica. El impacto positivo de la IA en el rendimiento empresarial es claro: además del 63% de empleadores que confirma una mejora de la productividad, el 67% del talento en España también reconoce que la inteligencia artificial le ayuda a ser más productivo en su trabajo. No obstante, el 47% de los profesionales cree que la adopción de la IA beneficiará más a las empresas que a los empleados. Esta percepción revela un desajuste en la forma en que ambas partes interpretan el retorno de la inversión tecnológica y pone de relieve la necesidad de reforzar la transparencia y la comunicación interna.

Si la inteligencia artificial ya impacta en la productividad y en la estructura de las tareas, la formación se convierte en el principal mecanismo para reducir la brecha entre empresas y talento. El 65% de los profesionales considera que su empresa podría hacer más para invertir en el desarrollo de habilidades relacionadas con la IA, lo que evidencia la necesidad de acompañamiento en esta transición. Aunque el 73% del talento en España afirma sentirse capaz de utilizar las últimas tecnologías, esta confianza no elimina la necesidad de adaptación continua. En este escenario, la inversión en formación no es solo técnica, sino estratégica: reforzar las capacidades digitales es clave para generar seguridad y alineación en un entorno de cambio acelerado.

En este contexto de transformación tecnológica, también surge inquietud. A nivel global, un tercio del talento, concretamente un 34%, está preocupado por la posibilidad de que su empleo desaparezca en los próximos cinco años debido al impacto de la IA. Esta percepción coincide con que el 60% de los empleadores en España estima que la IA afectará a entre el 50% y el 100% de las tareas en sus organizaciones, anticipando una profunda transformación del trabajo.

El talento, no obstante, está reaccionando: a nivel global el 52% afirma estar buscando oportunidades para asegurar su puesto y reforzar su empleabilidad. Más que una sustitución masiva, el estudio apunta hacia una redefinición de funciones, donde la combinación entre capacidades humanas y tecnología será determinante.

“Estamos ante una fase de madurez de la inteligencia artificial en las empresas. La productividad ya es una realidad medible, pero el reto ahora es acompañar al talento en esta transición. La clave no está solo en adoptar tecnología, sino en invertir en formación, comunicar con transparencia y rediseñar los modelos de colaboración para cerrar la brecha de confianza”, explica Oriol Mas, director general de Randstad Enterprise en España.

España se sitúa por encima de la media global tanto en la percepción del talento como de los empleadores respecto al impacto de la inteligencia artificial en la productividad. En concreto, el 67% de los profesionales en España considera que la IA mejora su rendimiento, cinco puntos por encima del promedio global (62%). Por su parte, el 63% de las empresas españolas reconoce este impacto positivo, superando en nueve puntos la media internacional (54%).

En comparación con otros países europeos, España destaca especialmente en la percepción del talento. Solo Portugal se acerca a estos niveles, con un 60% de profesionales que perciben mejoras en su productividad, aunque por debajo del dato español. Italia (58%) y Grecia (57%) también se sitúan cerca, mientras que países como Alemania (50%), Bélgica (52%), Países Bajos (53%) y Francia (48%) registran cifras más moderadas.

En cuanto a la visión de los empleadores, el panorama es más heterogéneo. Portugal y Países Bajos lideran la percepción de impacto positivo de la IA, con un 70% de empresas que afirman haber mejorado la productividad gracias a esta tecnología, seguidos de Italia (66%) y Francia (65%). España, con un 63%, se mantiene en una posición sólida, por delante de Alemania (58%) y Grecia (60%), aunque muy por encima de Bélgica, donde solo el 38% de las empresas reconoce mejoras en este ámbito.

La transformación que atraviesan las organizaciones no es únicamente tecnológica, ya que la integración de la inteligencia artificial coincide con una reconfiguración de los modelos de trabajo, donde el entorno híbrido se consolida como estándar y modifica la forma en que los equipos interactúan y generan valor. En España, el 83% de los empleadores reconoce que el trabajo remoto o híbrido ha hecho que la colaboración sea más desafiante, al introducir dinámicas como la distancia física, la comunicación asincrónica y una mayor dependencia de herramientas digitales.

Sin embargo, la colaboración sigue siendo un pilar de la productividad, puesto que el 80% del talento en España afirma que rinde más cuando trabaja de forma colaborativa y tiene en cuenta distintas perspectivas. En este contexto, la digitalización y la IA no sustituyen la interacción humana, sino que la redefinen, obligando a las organizaciones a combinar tecnología, confianza y liderazgo para mantener la cohesión y la productividad en un entorno cada vez más distribuido.

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