Los equipos de TI (tecnologías de la información) y ciberseguridad trabajan bajo una presión cada vez mayor. Los ataques son cada vez más sofisticados, las expectativas de recuperación son cada vez mayores y la responsabilidad de la continuidad del negocio recae a menudo en gran medida sobre profesionales que deben tomar decisiones críticas en medio de una incertidumbre extrema. Según la última edición de la Under Pressure: Mental Health Challenges in IT & Security Roles, realizada por ObjectFirst, compañía especializada en almacenamiento de copias de seguridad absolutamente inmutable, el 91% afirma sentirse incómodamente estresado en el trabajo debido a los riesgos de seguridad. Un año antes, esa cifra se situaba en el 84%.
Los resultados reflejan una tendencia que se intensifica a medida que las propias amenazas cibernéticas se vuelven más sofisticadas. El riesgo de sufrir un ciberataque es una de las principales fuentes de estrés. La falta de personal, las elevadas cargas de trabajo y los procesos de recuperación cada vez más complejos también suponen una presión añadida para los equipos, de los que a menudo se espera que gestionen incidentes graves con recursos limitados y muy poco margen de error.
La inteligencia artificial (IA) está acelerando aún más esta presión. Sus ventajas para las organizaciones son evidentes, pero también está ampliando las capacidades de que disponen los atacantes. El phishing puede automatizarse y personalizarse a gran escala, los deepfakes son cada vez más convincentes y el malware puede adaptarse de forma más inteligente al entorno en el que opera.
Los resultados de la encuesta ponen de manifiesto una paradoja cada vez más evidente en torno a la IA: aunque el 90% afirma que las herramientas de IA han mejorado su productividad, el 70% señala que el aumento de las ciberamenazas impulsadas por la IA ha influido en su nivel de estrés en el trabajo, y solo el 24% cree que su organización está bien preparada para hacer frente a esas amenazas.
Y el problema no desaparece una vez que se ha controlado un incidente. El estrés prolongado afecta al rendimiento, a la toma de decisiones y a la capacidad de los equipos para mantener la concentración bajo presión. El 78% afirma que el estrés laboral afecta negativamente a su rendimiento. Además, seis de cada diez se han planteado cambiar de trabajo o ya están buscando activamente otro puesto debido a la presión asociada a su trabajo.
“La ciberseguridad depende de la tecnología, pero también de los conocimientos, la experiencia y la capacidad de las personas para reaccionar de forma eficaz. La pérdida de personal especializado debido al agotamiento profesional debilita uno delos activos más difíciles de reemplazar para las organizaciones”, explica Miguel Tena, Field Sales Engineer de Object First.
Las organizaciones también deben hablar abiertamente sobre el impacto psicológico que supone trabajar bajo la amenaza constante de un incidente de seguridad. El agotamiento, la ansiedad y la sensación de estar permanentemente en alerta no deben aceptarse simplemente como parte del trabajo. En este contexto, el Mes de la Concienciación sobre la Ciberseguridad, que se celebra durante octubre, representa una oportunidad para replantearse qué significa realmente estar preparados.
Durante mucho tiempo, las organizaciones han medido la resiliencia en función de los sistemas protegidos, los datos recuperados y el tiempo de inactividad evitado. Todos estos aspectos siguen siendo importantes, pero a ellos se suma otro: proteger a las personas que hacen posible la recuperación. “Las organizaciones verdaderamente resilientes dependen de equipos que puedan realizar su trabajo sin que la presión se convierta en un riesgo más. Proteger los datos también significa proteger a las personas que están detrás de esa defensa”, concluye Miguel Tena.
AnclaLife: el 60% de los emprendedores sufre fatiga
Por otra parte, 6 de cada diez personas emprendedoras presentan habitualmente al menos una señal de fatiga, como cansancio, dificultades para concentrarse o incapacidad para realizar las actividades diarias. Además, dos de cada tres afirman enfrentarse con frecuencia a situaciones que consideran estresantes, según el informe Mucha carga, poca pausa. Fatiga mental, hábitos y regulación del estrés en emprendedores de habla hispana, de Ancla.Life.
Este estudio pone el foco en una dimensión menos visible del emprendimiento: la capacidad de recuperación ante una actividad marcada por la exigencia, la incertidumbre y la toma constante de decisiones. Coincidiendo con el Día Mundial de la Salud Mental, Ancla.Life quiere trasladar esta conversación más allá de la aparición de problemas de salud mental y abordar también la prevención y la preparación de quienes emprenden para afrontar periodos prolongados de presión.
El informe analiza la relación entre la fatiga percibida y hábitos vinculados al sueño, la actividad física, las pausas, la vida social o las estrategias utilizadas para regular el estrés. Los resultados muestran que la dificultad no reside únicamente en la intensidad de la carga. Entre las personas que viven situaciones estresantes con frecuencia, el 40,3% no recurre habitualmente a ninguna de las tres estrategias de regulación analizadas: actividad física, técnicas de relajación o meditación y apoyo en el entorno cercano. Al mismo tiempo, tan solo el 17,9% de los participantes afirma despertarse habitualmente descansado, mientras que más de la mitad, el 56,2%, comienza el día algo o muy cansado.
"Durante demasiado tiempo, en el emprendimiento hemos normalizado trabajar jornadas interminables con niveles muy altos de exigencia prestando muy poca atención a la recuperación. El problema no es solo cuánto estrés soportamos, sino con qué recursos contamos para gestionarlo. Si queremos construir empresas sostenibles, tenemos que empezar a entrenar también la sostenibilidad de las personas que las lideran", explica Diego Ballesteros, presidente de Ancla.Life.
La falta de recuperación también se refleja en la rutina diaria. El 47,4% pasa más de ocho horas sentada durante un día laborable y el 35,5% no realiza nunca pausas activas. Entre estos últimos, el 50,4% declara cansancio frecuente. A ello se suma que el 46,3% nunca o casi nunca busca apoyo en familiares o amigos cuando se siente estresado.
El 42% declara cansancio o poca energía con frecuencia y el 39,8% dificultades para concentrarse. Además, el 23% afirma sentirse directamente incapaz de realizar sus actividades diarias por la fatiga. El estrés frecuente no siempre va acompañado de fatiga. Entre quienes no presentan fatiga, el 72,4% realiza al menos 76 minutos de actividad física intensa a la semana, frente al 46,5% de quienes sí la presentan; el 52,6% casi nunca tiene dificultades para conciliar el sueño, frente al 26,8%; y el 51,3% mantiene una vida social significativa al menos una vez por semana, frente al 24,8%.
"Los resultados permiten observar que, ante una exposición frecuente al estrés, determinados hábitos relacionados con el movimiento, el sueño o los vínculos sociales aparecen con mayor frecuencia entre quienes no presentan señales habituales de fatiga. Es importante interpretar estos datos como asociaciones y no como relaciones de causa y efecto. El informe identifica patrones que pueden ayudarnos a comprender mejor la relación entre carga y recuperación, pero no permite concluir que un hábito concreto evite por sí mismo la fatiga", explica Gustavo Díez, fundador y director de Nirakara.lab.
"En las empresas medimos prácticamente todo: crecimiento, financiación, ventas o performance de los equipos, pero rara vez medimos cómo está la persona que sostiene la empresa. Este informe nace para poner datos sobre esa parte invisible y abrir una reflexión: quizá no podamos hablar de la salud de una empresa sin empezar a mirar también la de quien la lidera. No queremos esperar a que un emprendedor esté agotado para ayudarle: queremos ayudarle a que se prepare antes", concluye Carlota Mateos, cofundadora de Ancla.Life.
Esta dimensión adquiere especial relevancia a medida que aumenta la responsabilidad sobre los equipos. El estrés frecuente pasa del 56,4% entre quienes trabajan en equipos de hasta cinco personas al 75% en los de 5 a 15 y al 81,6% en los de 15 a 50. El cansancio frecuente, sin embargo, se mantiene prácticamente estable en esos tres grupos, entre el 41,3% y el 43,2%.A partir de estos resultados, Ancla.Life plantea incorporar la recuperación a la forma de entender el rendimiento de quienes emprenden, con especial atención al descanso, a las pausas durante la jornada, a la actividad física y a cultivar las relaciones afectivas. El informe recuerda, además, que estos hábitos tienen un límite y recomienda acudir a un profesional de la salud cuando el cansancio persiste durante semanas, interfiere en la vida diaria o va acompañado de un malestar sostenido.
