Miguel Ángel Valero
"La felicidad es, sin duda, uno de los conceptos más anhelados por el ser humano y, a la vez, uno de los más complejos de definir y medir. No se trata únicamente de un sentimiento individual, sino de un fenómeno social y económico que refleja el bienestar de una sociedad en su conjunto", subraya Amelia Pérez Zabaleta, decana-presidenta del Colegio de Economistas de Madrid (Cemad), en el prólogo al Informe Socioeconómico de la Felicidad España 2024, que presenta "como un esfuerzo riguroso y sistemático para analizar los niveles de felicidad en el país y comprender los factores que influyen en ella".
El informe, desarrollado por la Red Internacional Universitaria de la Felicidad, revela el impacto de eventos económicos, sociales y políticos en la vida de los ciudadanos. Desde la incertidumbre generada por crisis económicas hasta el papel de la digitalización y la transformación del mercado laboral. Al mismo tiempo, permite entender el papel de las políticas públicas y la estructura social en la creación de entornos más propicios para el florecimiento humano.
Y recuerda la necesidad de un enfoque integral que "contemple el bienestar como un indicador clave de progreso. Las sociedades más avanzadas no solo deben aspirar a mayores niveles de productividad y riqueza, sino también a garantizar que estos logros se traduzcan en una mejora real de la calidad de vida de sus ciudadanos", insiste la decana del Cemad.
El informe "es una invitación a reflexionar sobre el papel de la felicidad en nuestras vidas y en la estructura de nuestras sociedades", porque "la búsqueda del bienestar no es solo un deseo individual, sino una meta colectiva que nos interpela a todos", concluye Amelia Pérez Zabaleta.
En la presentación del informe participaron Pedro Cuesta, catedrático de la Universidad de Alcalá y subdirector de la Red Internacional Universitaria de la Felicidad; Luis Bayardo, director académico de Economía de la Universidad Politécnica Salesiana de Ecuador; y Rafael Ravina-Ripoll, profesor de la Universidad de Cádiz y director de la Red Internacional de la Universidad de la Felicidad, además de Felipe Herranz, secretario de la Junta de Gobierno del Cemad, que considera el estudio "muy oportuno".
Pedro Cuesta cita al Dalai Lama: "la felicidad no es algo hecho, proviene de tus propias acciones".
Luis Bayardo resalta que "el dinero no lo es todo", porque el país con más PIB, EEUU, es el 24º en el indicador de felicidad, mientras Finlandia, 49º por PIB, ocupa la primera posición en este índice. Y que "el incremento en los ingresos no produce un aumento similar en la felicidad, porque el bienestar depende más de emociones que de razones económicas". Por eso, "su medición requiere una perspectiva más amplia, más integral". "Esa radiografía del alma de una sociedad es una herramienta clave para el diseño de políticas públicas", remarca.
Rafael Ravina-Ripoll recuerda que la Constitución de 1812 fue "de las primeras en Europa en fijar la felicidad ciudadana como objetivo nacional". 214 años después, España es el tercer país de la UE en consumo de antidepresivos, en el que viven solas más de dos millones de personas, y existen altas tasas de crispación y polarización política. Al mismo tiempo, los investigadores españolas ocupan los primeros puestos en el ranking de Stanford en consumo y gestión de la felicidad.
7,63 puntos sobre 10
Los españoles dan a su felicidad 7,63 puntos sobre 10 (7,69 los hombres y 7,58 las mujeres). Los que tienen entre 35 y 44 años son los más felices, 7,83 puntos, y los de 55 a 64 años, los menos, 7,5 puntos. Las personas que viven en hogares en los que entran más de 5.000€ al mes llegan a los 8,06, mientras que quienes no llegan a 1.100€ se quedan en 6,9 puntos. Los que se consideran clase alta y media-alta registran 8,28 puntos, frente a los 7,13 de la clase baja. Los directivos y gerentes llegan a los 8,07 puntos, frente a los 7,39 de los trabajadores.
Las personas con estudios universitarios alcanzan un promedio de 7.83 puntos, el cual es notablemente superior al de aquellas sin esa formación que se sitúa en 7.07 puntos. Este hallazgo sugiere que la educación mejora las oportunidades laborales y económicas e influye en la percepción de control sobre la propia vida, la satisfacción con el desarrollo personal y el acceso a entornos sociales enriquecedores.
Navarra es la autonomía más feliz (8,17 puntos), frente a Castilla La Mancha (7.38) y el País Vasco (7,43). Por provincias, superan los 8 puntos Navarra, Ciudad Real, Segovia, Badajoz y Melilla, mientras Zamora se tiene que conformar con 6,6, y Guadalajara, con 7.21. La felicidad parece ligada a zonas sin grandes ciudades, mientras huye de la España vaciada.
Y hay una paradoja ideológica: en los hogares más ricos, los que se consideran de izquierdas aparecen como más felices, mientras en los más vulnerables, son los de derechas
En cualquier caso, se refleja una disminución en los niveles de felicidad media en España en los últimos cuatro años, pasando de 7,85 puntos en 2020 (el año de la pandemia) a 7,63 puntos en 2024 y a 7,6 en 2025.
"Este descenso parece vinculado a factores estructurales como la incertidumbre económica, los cambios en el mercado laboral y las crecientes tensiones sociales. La evolución de estos indicadores resalta la necesidad de desarrollar políticas públicas que fomenten la estabilidad, la equidad y el bienestar, con un enfoque especial en los sectores más vulnerables y en aquellas regiones donde la felicidad es menor. El desafío radica en diseñar estrategias que no solo aborden las necesidades materiales, sino que también fortalezcan la confianza en las instituciones, la cohesión social y la percepción de control sobre la propia vida", subraya el informe.
