“Los datos desmontan la idea de que vivir en una gran ciudad garantice mayor bienestar económico. El sobrecoste de la vida urbana, unido a la precariedad laboral, está debilitando la economía doméstica de muchas familias. Avanzar hacia un modelo de equilibrio territorial es clave para redistribuir oportunidades y mejorar el bienestar en toda España”, resalta Diego Isabel La Moneda, director y cofundador de Foro NESI.
La economía doméstica de las familias españolas presenta fuertes desigualdades según el territorio en el que viven, subraya el informe Economía doméstica y territorio. Diferencias entre la España abarrotada, olvidada y vaciada, elaborado por Foro NESIa partir de los datos del IX Informe FOESSA.
El estudio muestra que la vulnerabilidad económica aumenta a medida que crece el tamaño de la ciudad. Compara resultados entre grandes ciudades (más de 500.000 habitantes), medias y pequeñas, y municipios rurales (menos de 10.000 habitantes), identificando patrones claros de desigualdad económica entre territorios.
Los datos muestran que el 56% de los hogares en las grandes ciudades llega a fin de mes con dificultad, una cifra que convierte a los entornos urbanos más poblados en los territorios donde la economía doméstica se encuentra más tensionada. Esta presión se traduce en una mayor acumulación de retrasos en pagos, recortes en gastos cotidianos y precariedad laboral, configurando un escenario que compromete el bienestar económico de una parte significativa de la población urbana.
Esta fragilidad de la economía doméstica en España se refleja, en primer lugar, en la capacidad de los hogares para cubrir gastos esenciales. En las grandes ciudades, casi dos de cada diez hogares ha retrasado el pago de los suministros básicos —luz, agua, gas o calefacción— al menos una vez durante el año, el doble que en los pequeños municipios, donde esta situación afecta al 7% de los hogares.
El informe muestra que estos retrasos también se trasladan a los pagos de la vivienda: en las grandes ciudades —incluyendo Madrid y Barcelona— entre un 6% y un 7% de los hogares ha experimentado retrasos en el pago. El análisis constata que, ante situaciones de estrés económico, los hogares tienden a priorizar el pago de la vivienda, desplazando parte de la presión financiera hacia otros gastos esenciales, como los suministros.
Esta presión sobre la economía del hogar termina teniendo consecuencias más severas. El 43% de los hogares en las grandes ciudades se ha enfrentado a problemas relacionados con la vivienda —como avisos de corte de suministros, amenazas de desalojo o cambios forzados de vivienda—, el doble que en los pequeños municipios (22%). Un dato que evidencia cómo la tensión económica en los entornos urbanos puede derivar en situaciones de mayor inestabilidad y vulnerabilidad.
Cuando la tensión financiera se mantiene, el impacto se extiende a otros ámbitos del presupuesto familiar: el 62% de los hogares en grandes ciudades declara dificultades para afrontar otros gastos, como material escolar, gastos imprevistos o la necesidad de recurrir a ahorros para cubrir el día a día. Finalmente, el ajuste llega también al consumo y a la vida social: el 61% de las familias urbanas ha tenido que reducir el gasto en ocio, casi 20 puntos más que en ciudades pequeñas y municipios rurales, lo que pone de relieve que una mayor oferta de actividades no implica necesariamente que sean accesibles para todas las familias.
“La economía doméstica se resiente mucho más en las grandes ciudades que en los territorios pequeños. El sobrecoste de la vida urbana acelera los retrasos en suministros y los recortes del día a día, mientras que ciudades pequeñas y municipios rurales muestran más resiliencia. Es un desequilibrio territorial que no podemos normalizar”, señala Diego Isabel La Moneda.
Empleo y precariedad: la inestabilidad que agrava la situación de los hogares
El informe pone de relieve también que el empleo es uno de los factores clave para la estabilidad de la economía doméstica. En este sentido, también presenta fuertes diferencias territoriales. En las grandes ciudades, el 27% de la población trabaja de forma irregular o informal, mientras que en el resto de territorios esta cifra no supera el 6%. Además, las grandes urbes son los territorios que menor proporción de empleo indefinido ofrecen, lo que reduce la capacidad de planificación económica de los hogares y aumenta su exposición a situaciones de vulnerabilidad, especialmente ante cambios inesperados en los ingresos.
El análisis territorial de Foro NESI concluye que la vulnerabilidad económica de los hogares aumenta a medida que crece el tamaño del territorio, mientras que los hogares de ciudades pequeñas y municipios rurales presentan, en general, mayor resiliencia económica. En este contexto, la fundación subraya la necesidad de avanzar hacia un modelo de equilibrio territorial y descentralización económica y laboral, que permita redistribuir oportunidades, reducir el sobrecoste de la vida urbana y mejorar el bienestar económico y social en el conjunto del país.
