30 Jul
30Jul

Miguel Ángel Valero

Durante la primera mitad de 2026, la economía global ha mantenido una trayectoria de crecimiento moderado con una desaceleración volátil de la inflación, aunque en un entorno caracterizado por una mayor densidad de riesgos e incertidumbre, donde la estabilidad macroeconómica parece sustentarse más en una gestión efectiva de los riesgos existentes, que en un equilibrio económico plenamente consolidado. Las tensiones geopolíticas, especialmente en Oriente Medio, han confirmado la creciente integración entre geopolítica y economía. Los flujos energéticos y comerciales siguen condicionados por riesgos geopolíticos y logísticos que limitan su normalización y mantienen una elevada exposición a episodios recurrentes de volatilidad. Por lo tanto, la geopolítica seguirá siendo una fuente recurrente de incertidumbre y volatilidad, incorporándose, cada vez más, como un elemento estructural del entorno económico, advierte el Panorama económico y sectorial 2026: perspectivas hacia el segundo semestre, elaborado por Mapfre Economics y publicado por Fundación Mapfre.

La inflación mundial sigue avanzando hacia niveles más compatibles con la estabilidad de precios, aunque de forma más irregular de lo previsto a comienzos de año. Por todo ello, lo observado durante 2026 pone de manifiesto que la política económica opera cada vez más como un mecanismo de gestión de riesgos, en un entorno más complejo y con menor margen de error, donde la prioridad es preservar la estabilidad frente a la incertidumbre. Este contexto ha llevado a los bancos centrales a adoptar un enfoque más prudente y orientado a la gestión de riesgos. 

Por otro lado, la inversión vinculada al desarrollo de la inteligencia artificial (IA) continúa siendo uno de los principales soportes del crecimiento global, impulsada por el desarrollo de infraestructuras tecnológicas, energéticas y de procesamiento de datos. Sin embargo, el ciclo entra en una fase más exigente, en la que la atención comienza a desplazarse desde el volumen de inversión hacia su capacidad para generar mejoras efectivas de productividad y crecimiento potencial. En este sentido, la validación de la IA como motor estructural de crecimiento, sigue constituyendo una de las principales incógnitas para la evolución económica de los próximos años.

Pese al elevado nivel de incertidumbre, la economía mundial ha mostrado capacidad para avanzar y absorber perturbaciones, aunque bajo unas condiciones considerablemente más exigentes de las que parecían probables al inicio del año. De cara a 2026 y 2027, el escenario central se mantiene prácticamente sin cambios. La principal enseñanza de los últimos meses ha sido que la estabilidad económica depende más de la capacidad para absorber y contener las tensiones existentes que de la resolución definitiva de éstas. En este marco, la continuidad de un crecimiento económico moderado y la reducción gradual de la inflación dependerá de mantener los riesgos bajo control, aunque con una evolución cada vez más diferenciada entre regiones. 

El escenario base contemplado por los expertos de Mapfre Economics refleja una economía global que continúa creciendo de forma moderada, en un entorno donde la incertidumbre se ha convertido en un elemento estructural. La actividad económica se ve impulsada por la inversión asociada a la IA y la reorganización de las cadenas globales de valor. Por su parte, el escenario estresado contempla una prolongación de las tensiones en Oriente Medio que pondría presión persistente sobre los precios de la energía, reduciendo el crecimiento económico global y aumentando la inflación. 

EEUU mantiene un crecimiento sólido, impulsado por la inversión tecnológica y el consumo de rentas altas, aunque la persistencia de presiones inflacionarias y las divergencias en la demanda obligan a la Reserva Federal a mantener una actitud prudente. 

La Eurozona, por su parte, mantiene un crecimiento moderado, favorecido por la estabilización de los precios energéticos, aunque continúa limitada por factores estructurales, como la debilidad de la productividad, la moderación de la demanda interna y una recuperación de la inversión todavía insuficiente para alterar de manera significativa la trayectoria del ciclo económico. La inflación sigue moderándose gradualmente, permitiendo al Banco Central Europeo (BCE) adoptar una postura más prudente, aunque todavía vigilante. 

España mantiene un comportamiento comparativamente más favorable dentro de Europa, apoyado en la inercia del ciclo, la resiliencia de la demanda interna y la prolongación, aunque decreciente, del impulso asociado a los fondos europeos. 

En el caso de América Latina, la región mantiene una mejora relativa de sus perspectivas para 2026-2027, la cual se ve favorecida por el comportamiento de las materias primas y los recursos estratégicos. No obstante, persisten vulnerabilidades fiscales, políticas y financieras, a las que se suman crecientes riesgos climáticos que podrían afectar a la inflación y la actividad económica. 

Asia continúa siendo uno de los principales motores del crecimiento global, gracias al dinamismo tecnológico y a la inversión asociada a la IA, mientras que China mantiene una recuperación apoyada principalmente en las exportaciones. 

En este contexto global, en el escenario base el informe mantiene una previsión de crecimiento global moderado, con un 3,0% para 2026 y un 3,1% para 2027. Por su parte, la previsión en materia de inflación es que esta continúe desacelerándose, aunque de manera menos predecible debido a las presiones energéticas que aún subsisten, con una previsión promedio del 3,8% en 2026 y del 3,1% en 2027. 

Impacto de la inflación en el seguro

Las nuevas dinámicas geopolíticas y la creciente fragmentación del entorno internacional han incrementado la incertidumbre a escala global, aunque sin traducirse, por el momento, en una desaceleración significativa de la economía mundial. La actividad continúa mostrando una notable capacidad de adaptación, apoyada en la fortaleza relativa del consumo, del empleo y de la inversión en numerosas economías, a pesar de la persistencia de focos de tensión en Oriente Medio, Ucrania y el ámbito comercial. Con todo, para el sector asegurador este contexto sigue siendo compatible con una evolución favorable de la demanda, al mantenerse un nivel de actividad económica suficiente para sostener el crecimiento de las exposiciones asegurables, tanto en los segmentos de Vida como de No Vida. 

Donde sí se está manifestando el impacto de esta nueva realidad geopolítica es en la evolución de la inflación. Las perturbaciones asociadas a los mercados energéticos, las cadenas globales de suministro, los flujos comerciales y los movimientos de los tipos de cambio han generado una trayectoria de precios más volátil y menos predecible de lo que se anticipaba hace unos trimestres. En consecuencia, la convergencia de la inflación hacia los objetivos de los bancos centrales está siendo más lenta de lo anticipado, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes. 

Para las entidades aseguradoras esta situación tiene efectos contrapuestos, sosteniendo el crecimiento nominal de las primas y de las sumas aseguradas, al tiempo que mantiene la presión sobre los costes de reparación, reposición y prestación de servicios, especialmente en determinadas líneas de segmento de los seguros de No Vida. 

En este entorno, las autoridades monetarias han adoptado una posición más cautelosa de la anticipada a comienzos de año. La etapa de reducción gradual de los tipos de interés se ha ralentizado y, en algunos casos, se han producido movimientos de signo contrario, como la subida aprobada por el BCE en junio de 2026. 

Al mismo tiempo, las importantes necesidades de financiación derivadas del gasto en defensa, los programas de infraestructuras y las inversiones asociadas al desarrollo de la IA continúan elevando el volumen de emisiones de deuda pública y corporativa. Como resultado, las curvas de tipos de interés mantienen pendientes positivas en la mayor parte de los mercados y divisas relevantes. Este fenómeno supone un cierto endurecimiento de las condiciones financieras para familias y empresas, lo que puede moderar algunas decisiones de consumo e inversión y limitar el crecimiento de aquellas coberturas más vinculadas al ciclo económico. 

Desde la perspectiva aseguradora, la actual estructura temporal de los tipos de interés sigue siendo favorable para los productos de ahorro y previsión, ya que permite ofrecer rendimientos más competitivos y fortalece el atractivo relativo de los seguros de Vida frente a otras alternativas de inversión y ahorro. Por otro lado, este escenario prolonga la existencia de oportunidades de inversión a rentabilidades atractivas, reforzando el potencial de generación de ingresos financieros de sus carteras. Bajo estas condiciones, el mercado asegurador mundial mantiene una senda de crecimiento sólida. Las previsiones consideradas en este informe sitúan el avance de las primas globales de Vida en torno al 5,9% en 2026 y al 6,8% en 2027, mientras que en No Vida el crecimiento se situaría alrededor del 5,7% y del 6,0%, respectivamente.

El sector asegurador encara el horizonte 2026-2027 desde una posición relativamente favorable, beneficiándose de un crecimiento económico global que continúa mostrando resiliencia y de unas condiciones financieras que siguen respaldando la generación de ingresos recurrentes. Sin embargo, la consolidación de un entorno caracterizado por mayores niveles de incertidumbre geopolítica, una inflación más errática y unos tipos de interés elevados durante más tiempo incrementará la dispersión de resultados entre mercados, productos y entidades. En este contexto, la capacidad para gestionar de forma integrada los riesgos técnicos, financieros y operativos se convierte en uno de los principales factores diferenciales para preservar la rentabilidad y el crecimiento de la industria aseguradora.

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