23 Sep
23Sep

Miguel Ángel Valero

Para Donald Trump, la palabra más hermosa es "arancel". Para muchos, "te quiero", o "te amo" (que son dos palabras), o "amor" (que tiene cuatro letras, y no cinco, como me hicieron decir los nervios tras la condecoración por los 5 años de Camino Cojebro). Para mí, la palabra que mejor resume lo que sentía en ese momento tiene siete letras pero mucha profundidad: "Gracias".

Gracias no por la insignia de plata, sino por permitirme hacer esos Caminos, encontrarme conmigo mismo, ver mi vida desde otra perspectiva, conocer Galicia casi de cabo a rabo, disfrutar del buen yantar y del mejor beber, de la amistad. Son tantas cosas por las que tengo que dar las gracias, que me faltaría tiempo y espacio para simplemente enumerarlas todas.

Estaba escribiendo esto cuando me quedé dormido delante de la tablet. Y ahora recupero el hilo, dando también las gracias, sobre todo a Ana Muñoz, que proclama que soy un rebelde sin causa (yo prefiero decir que soy un rebelde con conocimiento de causa), pero que siempre me trata muy bien. Como, en general, toda la gente de Cojebro, y los peregrinos con los que ido recorriendo esos Caminos.

Hoy, en el primer día tras la condecoración de un rebelde (con causa o sin ella), el verdadero triunfador de la jornada ha sido Diego Bacigalupe. Nuestro maestro morcillero, famoso en el mundo entero, se ha superado esta vez por partida doble, Insuperables las morcillas, vuelta y vuelta, con ese increíble giro de muñeca. No se quedaron atrás las chistorras, que se derretían en la boca.

Muy buen marmitako para acompañar a morcillas y chistorras, sin demérito alguno para la sobresaliente sobrasada, el inolvidable cabrales de Amado, y la crujiente empanada. De nuevo el pacharán casero de Barón animó la conversación, aunque le han salido unos incómodos competidores desde Galicia: licor de café, crema, licor de hierbas, entre otros.-

Más motivos para dar las gracias por el Camino que cambia la vida. A pesar del calor y de un sol inclemente, la ruta fue mucho más placentera que las dos jornadas anteriores.

Pese a todo, como puede verse en la fotografía, hubo un momento para la meditación más profunda, que le reconcilia a uno con la vida. A pesar de lo que pesan los kilómetros, los pasos, los kilos, los años, el cansancio, el calor, el polvo, el Camino siempre sale airoso.

Nos acercamos a la meta, a la Catedral de Santiago, que en realidad es el punto de partida para otro viaje. Así que gracias a la vida que me ha dado tanto.

¡Buen camino!  

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