07 May
07May

“A la inteligencia artificial (IA) no le darán nunca un Premio Nobel porque Alfred Nobel dejó claro que debía recaer en personas, pero estoy convencido de que la IA hará descubrimientos que seguramente merecerían recibir este galardón”. Lo dice  Nobel de Química de 2014, el alemán Stefan Hell, por el desarrollo de microscopios de fluorescencia súper resuelta, un avance que permitió ver mucho más allá, por ejemplo, la composición de las células. 

Hell ha participado en la Fundación Ramón Areces en una nueva edición de las ‘Nobel Prize Conversations’, organizada con Nobel Prize Outreach, junto a Benjamin List (Nobel de Química 2021), el historiador de la ciencia José Manuel Sánchez Ron, y la filósofa de la ciencia Laura Nuño de la Rosa.

Hell ha hablado en este encuentro -bajo el título ‘Where science takes us: looking back, looking forward’- del avance que le encumbró, que ha tenido “muchas implicaciones para las ciencias biomédicas”. “Gracias a él podemos ver detalles moleculares que no se podían ver antes, entender lo que sucede dentro de las células, que es la única forma de averiguar con detalle qué sucede cuando llega una enfermedad”.

Sobre el proceso de cualquier investigación, ha explicado que a menudo se empieza con una idea de la que hay que demostrar su viabilidad: “En ese momento, no solo hay que enfrentarse a los colegas, que rebaten esos avances, sino a la propia naturaleza, que es la verdadera y juez suprema. Ella tiene sus normas y no se puede doblegar”.

También ha asegurado que “la evolución científica da giros inesperados y que, en ocasiones, aparecen soluciones donde no pensamos que iban a aparecer”. “Esto ocurre más a menudo de lo que la gente piensa”, ha añadido. Y, ante un auditorio lleno con más de 350 personas, ha animado a los jóvenes a “ser atrevidos, audaces y osados”.

Benjamin List, Nobel de Química 2021 por sus trabajos en organocatálisis asimétrica, ha coincidido con su colega Hell en ese llamamiento a un mayor atrevimiento en los jóvenes, en los que aprecia “mayor aversión al riesgo” que en su generación. List, que proviene de una familia de artistas, ha explicado que para él la química tiene también una faceta muy creativa: “Siento que las moléculas que han evolucionado son más hermosas que las sintéticas”.

Sobre el trabajo diario en el laboratorio, este científico alemán ha afirmado que “las ideas revolucionarias tienen que estar basadas en alguna locura. Al principio, cuando planteas algo que nadie ha investigado o descubierto antes, todo es incómodo”. Apunta que “los políticos suelen alejarse de la ciencia básica porque quieren siempre un retorno sobre la inversión, que puedan tocar y presentar al público”. Pero ha recordado que “en los países cultivados como España, Alemania o EEUU siempre han sabido invertir en la ciencia básica, obteniendo retorno a la larga”.

Sobre la tecnología disruptiva del momento, la IA, List ha aclarado que en su campo de investigación ningún problema ha sido resuelto por el momento por las máquinas. Preguntado por los límites del conocimiento, ha asegurado que, desde su punto de vista, “el universo es tan complejo que nunca va a ser plenamente entendido por el ser humano”.

José Manuel Sánchez Ron aporta que “la conexión entre ciencia básica y tecnología es crucial”. “Siempre digo a mis estudiantes de historia de la ciencia que la naturaleza es más creativa que la mente humana. Lo maravilloso es que los seres humanos sean capaces de descubrir teorías tan poco intuitivas como la mecánica cuántica”, subraya.

Interrogado sobre los avances experimentados en las últimas cinco décadas, Sánchez Ron ha puesto un claro ejemplo: “Hace 50 años, mi director de tesis doctoral no creía en los agujeros negros. Hoy sabemos que están en todas partes, probablemente en el centro de todas las galaxias. Solo conocíamos el 5% de la composición del universo, había muchas preguntas que responder. El universo sigue siendo el campo científico que más sorpresas nos ha dado en el último medio siglo”. 

Sobre la IA, ha sido tajante al afirmar que “esta tecnología no hubiera podido descubrir la teoría de la relatividad general, pero sin embargo sí podría descifrar la estructura del ADN”. A juicio de este experto, “no se puede entender la ciencia sin tener en cuenta la sociología, las humanidades…”

En esto último ha coincidido con la filósofa de la ciencia Laura Nuño de la Rosa: “La investigación no se produce de forma aislada. Para entender cada descubrimiento científico hay que entender el contexto político, religioso y cultural”. “Estudiar el pasado de la ciencia nos ayuda a ver la evolución a futuro. La creatividad surge más a menudo en los límites interdisciplinares. Por ejemplo, entre la química y la física, es más probable que surjan nuevas ideas”, añade. Para esta investigadora del Instituto de Filosofía del CSIC, la ciencia también nos permite crear un mapa del mundo.

Preguntada sobre si el universo es racional, ha recordado cómo Kepler, Galileo y Newton presuponían que era racional, pensando que el círculo era la figura racional más lógica: “Sin embargo, la ciencia ha descubierto mucho caos en la naturaleza. El azar es el motor de la evolución. Por ese motivo no me parece que el universo sea racional”. 
 

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