El Instituto de Actuarios de España (IAE) ha presentado la herramienta de visualización del Índice Climático Actuarial Español (ICAE), que, combinando seis indicadores climáticos, permite cuantificar la evolución de fenómenos extremos en la península ibérica desde 1961.
El ICAE no mide el clima medio, sino sus extremos: analiza la distribución estadística de seis variables climáticas (temperaturas máximas, temperaturas mínimas, precipitaciones, sequía, viento y nivel del mar) y calcula cuánto se desvían los episodios más intensos respecto a un periodo de referencia histórico (1961-1990). El resultado se expresa en desviaciones estándar (σ) respecto al periodo de referencia, lo que permite comparar magnitudes muy distintas (grados, milímetros por litro…) en una sola escala homogénea.
La serie histórica del ICAE muestra una trayectoria clara: el índice inicia un ascenso sostenido a partir de 1990 que se acentúa en la última década. A cierre de 2025, su anomalía media se sitúa en torno a 1,3 desviaciones estándar (σ) por encima del periodo de referencia, el nivel más alto de toda la serie desde 1961.
Entre las utilidades, el IAE ha puesto a prueba el índice con dos episodios recientes: la DANA de Valencia de 2024 y el incendio de la Sierra Oeste del verano de 2026. En la DANA que azotó la Comunidad Valenciana en octubre de 2024, el subíndice de precipitación de la zona alcanzó una anomalía de 2,48 desviaciones estándar (σ), uno de los episodios de lluvia torrencial más extremos de la serie histórica regional; los datos muestran además que este tipo de anomalías superiores a 1σ se han vuelto notablemente más frecuentes en los últimos ocho años que en los veintidós anteriores.
En el momento del incendio forestal de Madrid-Ávila de julio de 2026, el subíndice de sequía llegó a 4,7 desviaciones estándar respecto a la referencia, el valor más extremo registrado en esa zona, reflejo de un déficit de humedad del suelo excepcional en los meses previos al fuego, evidenciando de esta forma un periodo de alta vulnerabilidad.
Para el IAE, la utilidad del índice va más allá del ámbito meteorológico. Al ofrecer una serie histórica homogénea y comparable, el ICAE puede servir como sistema de alerta temprana para articular medidas de prevención, ser una herramienta para la planificación urbanística y para la concienciación ciudadana de los riesgos y la tendencia de los distintos factores climatológicos, y ayudar al sector asegurador y reasegurador a cuantificar la brecha de aseguramiento frente a riesgos climáticos extremos.
El índice combina seis componentes: la frecuencia de temperaturas máximas por encima del percentil 90 y de temperaturas mínimas por debajo del percentil 10; la precipitación máxima acumulada en periodos de cinco días consecutivos; la sequía, medida a través de la pérdida de humedad del suelo respecto a la referencia; la frecuencia de episodios de viento intenso, calculada en términos de potencia y no solo de velocidad; y la variación del nivel del mar. Todos ellos se estandarizan y se promedian en una fórmula única, siguiendo la metodología del Actuarial Climate Index desarrollado en EEUU y Canadá, adaptada al contexto geográfico y climático español. Los datos proceden de Copernicus, el programa de observación de la Tierra de la Unión Europea.
