31 May
31May

Miguel Ángel Valero

"¿Por qué la gente hace lo que los jueces dicen?". Fue la pregunta que el presidente del Tribunal Supremo de Ghana hizo, hace ya algunos, al magistrado del Tribunal Supremo de EEUU Stephen Breyer (entre 1994 y 2022). "Una buena pregunta de difícil respuesta", señala el interpelado en el prólogo a Sobre el Imperio de la Ley, de Javier Cremades (Galaxia Gutenberg, 435 páginas). La tesis de Breyer es que "una nación vive bajo un Estado de derecho sólo cuando sus ciudadanos, entre otras cosas, están dispuestos a acatar decisiones judiciales que, pese a ser importantes para sus vidas. pueden ser jurídicamente erróneas".

Para Javier Cremades, el Estado de derecho, "el imperio de la ley es la única alternativa al imperio de la fuerza. Sólo bajo el gobierno de las leyes, el ser humano puede vivir en libertad y en paz". 

No voy a cometer el error de tratar de resumir esas 435 apretadas páginas de la obra de Javier Cremades, uno de los mayores abogados de España, socio fundador de la firma Cremades & Calvo-Sotelo, experto en Derecho constitucional, derechos humanos, libertad de expresión, telecomunicaciones, litigación reputacional, y representación de accionistas minoritarios en empresas cotizadas. Sobre todo, maestro de juristas.

No hay más que ver la identidad y los cargos de quienes hacen comentarios a la obra en sus páginas iniciales; el prólogo del mencionado Stephen Breyer; o el epílogo de Stephan Harbarth, presidente del Tribunal Constitucional Federal de Alemania desde 2020.

Es muy importante la advertencia que lanza Cremades desde la introducción: "Si no nos sometemos al derecho, la ley del más fuerte, las fauces del totalitarismo acechan y amenazan con devorar la libertad y la convivencia". Unas páginas más adelante, insiste: "muchas veces no son tanques, misiles o drones los que nos atacan o amenazan, sino nuestra ignorancia que, de manera inconsciente, contribuye al deterioro de la fuerza y vigencia de la Constitución y de las leyes".

Lo puede decir más alto, pero no más claro: "Como sucede siempre cuando se debilita el Estado de derecho, el precio que se paga es muy elevado".

Por eso es indispensable "conocer mejor en qué consiste el imperio de las leyes, y cómo podemos cuidarlo, cultivarlo, potenciarlo como parte de ese delicado, sofisticado y valiosísimo patrimonio que debería pasar de generación en generación y extenderse por todo el mundo para ir cobijando, poco a poco, a toda la humanidad".

En este sentido, en las Conclusiones aporta citas de El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, que invitan a la reflexión pero también a la acción: 

  • "Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino"
  • "Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna a cada individuo".
  • "En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros"

También es muy relevante la advertencia que Javier Cremades lanza en la página 430: "El derecho no puede hacerlo todo" y necesita también de la sociedad, de "una cultura cívica que se fomenta a través de la educación y del magisterio de costumbres de las instituciones y de las personas". "Y si eso falla, el Estado de derecho también va a fallar, el imperio de la ley no podrá prevalecer", alerta.

Aquí Cremades apela a una sabia máxima del derecho romano: "Vigilantibus non durmientibus iura succcurunt": vigilando y no durmiéndose se protegen los derechos. Esto se concreta en que "sólo una vigilancia constante puede impedir que el Estado de derecho se malogre". Y "esa es nuestra responsabilidad", recuerda la obra. Porque "puede que la democracia constitucional esté en crisis, pero de ella no se sale pervirtiéndola, sino mejorándola por medio de reformas que la aproximen a las necesidades de nuestro tiempo".

En el Epílogo, Stephan Hasbarth nos recuerda que sin Estado de derecho no hay libertad, no hay democracia, pues solo la ley garantiza que ésta no caiga en la "tiranía de la mayoría" descrita por Alexis de Tocqueville en 1835 en La democracia en América.

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