Miguel Ángel Valero
Oler no es solo percibir aromas. Es recordar, decidir, vincularse, protegerse, emocionarse y crear. En definitiva, una forma de estar en el mundo. Es el mensaje que lanza Laura López-Mascaraque en El fascinante mundo del olfato. Todo lo que siempre quisiste saber sobre el sentido más misterioso (geoPlaneta), presentado en el marco del V Think Tank Perfume y Neurociencia, de la Academia del Perfume.
La doctora en biología y una de las mayores expertas en neurociencia del olfato, profesora en el Centro de Neurociencias Cajal (CSIC) explica que la realidad no solo se ve y se escucha, también se respira. Lo hace construyendo una visión integral del olfato como sistema biológico, herramienta social, vehículo emocional y campo de innovación.
Esta obra reivindica el poder de la nariz para comprender quiénes somos, cómo vivimos, y qué sentimos, mediante el redescubrimiento de uno de los sentidos más decisivos pero, al mismo tiempo, más olvidado. Y eso que el olfato está íntimamente ligado a la memoria, las emociones, la identidad y la salud. También a la gastronomía, al arte, la cultura, la enfermedad. A la vida.
Un olor puede devolvernos a la infancia en un instante. Influye en nuestras decisiones sin que lo percibamos. Y puede alertarnos sobre cambios en el cuerpo, el entorno o el estado de ánimo. El olfato ayuda a comprender mejor al ser humano.
Vínculo con las emociones
En el V Think Tank Perfume y Neurociencia, moderado por la periodista Leyre Moreno, Laura López-Mascaraque explica que el olor aparece cuando el cerebro interpreta las moléculas: "cada cerebro vive su propio paisaje olfativo". Deja muy claro que un olor no activa una neurona, sino un patrón, una combinación única de éstas. El olor no cambia, lo hace el receptor, el patrón, porque cada persona tiene un universo olfativo propio.
"Un olor no es una tecla, es un acorde", subraya, al tiempo que compara el olfato con el alfabeto: "con pocas letras se forman infinitas palabras". "Un olor es una molécula, pero también una biografía", resalta. Por eso algunos olores despiertan recuerdos tan intensos. "Más que recordar olores, recordamos momentos", como en el caso de la magdalena de Proust.
"El olfato es el camino más corto a la emoción y a la memoria", porque va directo, sin filtros, al cerebro. Cada persona emite su propio perfume. Y aquí surge el volatiloma, la huella génica en el aire, miles de moléculas que dicen quién eres, cuál es tu dieta, tu edad, tus hormonas. El olor revela cambios invisibles del cuerpo y puede contener información biológica.
Pero todo esto "no está en el olor, está en el cerebro", que es el que interpreta éste. Las emociones pueden dejar una huella química en el sudor que influye sutilmente en otras personas.
"No hay un efecto universal del olor, no tiene un significado fijo, el cerebro lo construye. El olor es el mismo, lo que cambia es el cerebro. Porque el olor no es química, es interpretación", concluye Laura López-Mascaraque.
Ina Mexía, directora de Perfumería de dms-Firmerich, aporta que el 70% de las decisiones de los consumidores están impulsadas por las emociones, frente al 30% basado en factores racionales. Muestra el vínculo entre emoción y olfato con "fragancias creadas para sentir", el programa Scentmove, en el que participa la Université de Genevé.
Marina Barcenilla, perfumista independiente que escribe uno de los prólogos de la obra de Laura López-Mascaraque, vuelve a la madgdalena de Proust con la recreación de emociones vinculadas a experiencias personales. Y destaca los olores como parte del aprendizaje.