María Eva Benítez Cortés, directora general de SafeBrok Inversiones
Durante años, el ahorro en cuenta bancaria ha sido sinónimo de seguridad para la mayoría de los españoles. Hoy, más de un billón€ permanecen depositados en entidades financieras, según datos del Banco de España. Sin embargo, esa aparente estabilidad encierra una trampa silenciosa: en octubre de 2025 la inflación en España repuntó un 0,7% por la influencia del precio de los huevos y la vivienda, alcanzando un 3,1% interanual. Este datos nos sitúa a niveles de EEUU, lejos de la media del 2,1% de la zona euro.
¿El resultado? El espejismo del dinero quieto: cada euro depositado pierde poder adquisitivo año tras año. Lo que parecía una decisión prudente se ha convertido, en muchos casos, en una forma inadvertida de pérdida patrimonial. En un contexto en el que la previsión de crecimiento de la economía española para 2025 se sitúa en torno al 2,3%,ahorrar hoy también implica invertir.
Aunque el saldo de una cuenta permanezca invariable, su poder adquisitivo se erosiona. Aún peor: en el último año los tipos de depósito han permanecido 'anémicos' mientras el alza de precios continúa, lo que sitúa al ahorrador ante el dilema de conservar o mover sus fondos.
En la práctica, la 'tranquilidad' de no mover los ahorros puede resultar engañosa: el dinero, si no se gestiona activamente, deja de protegernos. La verdadera seguridad ya no está en conservar, sino en planificar, diversificar y hacer que los recursos trabajen a favor del ahorrador.
La falsa seguridad de no hacer nada
Mantener el dinero quieto equivale a dejar que la inflación lo desgaste y en un contexto de inflación persistente —las previsiones apuntan a una tasa promedio del 2,4% en 2025 en España— esa pérdida de valor se vuelve inevitable. Quien no invierte, en realidad pierde. La inacción no protege el patrimonio; simplemente lo detiene mientras el entorno económico avanza.
De hecho, en el primer trimestre de 2025, la tasa de ahorro de los hogares se situó en el 12,8% según el Banco de España, algo inferior al trimestre anterior. Esto indica que los ahorradores sí reservan parte de sus ingresos, pero lo hacen en contextos de rendimientos bajos. La verdadera seguridad está en gestionar activamente los recursos, sin asumir riesgos excesivos, pero con decisiones inteligentes que permitan aprovechar las oportunidades del mercado.
La planificación financiera como escudo ante la inflación
Evitar la pérdida de valor requiere un plan. La diversificación sigue siendo la herramienta más eficaz para que el dinero crezca a lo largo del tiempo, incluso en un contexto inflacionario. Optar únicamente por productos tradicionales, como los depósitos, limita tanto las posibilidades de rentabilidad como la protección del capital.
Repartir los recursos entre distintas alternativas de inversión ayuda a equilibrar riesgo y rendimiento. Lo importante es contar con una estrategia adaptada al perfil y los objetivos de cada persona, siempre con una visión de largo plazo. En este proceso, el asesoramiento financiero es esencial. Un buen plan no se basa en soluciones estándar, sino en propuestas personalizadas que se ajusten a cada ahorrador.
Tecnología y asesoramiento: un binomio imprescindible
La tecnología ha transformado la manera de gestionar las finanzas personales. Hoy, las plataformas digitales respaldadas por inteligencia artificial ofrecen diagnósticos y recomendaciones más rápidas y personalizadas. No obstante, la tecnología, por sí sola, no basta. La diferencia la marca la combinación con la visión humana, capaz de interpretar las metas, temores y aspiraciones de cada inversor.
El ahorro ya no debe ser un proceso pasivo. En un entorno financiero tan dinámico, la clave está en anticiparse, en revisar y adaptar constantemente las estrategias. Con las herramientas adecuadas y el acompañamiento profesional, el dinero no solo se conserva: crece, se fortalece y trabaja para cumplir los objetivos de quienes deciden gestionarlo con inteligencia.