29 Jan
29Jan

Miguel Ángel Valero

El asalto a la Fed por Trump y la consiguiente pérdida de independencia de ésta es "uno de los riesgos más prominentes para el mercado", advierte Ronald Temple, Chief Markel Strategist de Lazard. Aunque Trump nombre el 26 de mayo al sustituto de Jerome Powell como presidente de la Reserva Federal a alguien que pueda ser considerado "independiente, le preocupa que la percepción de la independencia de la Fed ya haya cambiado". "El hecho de que Trump hable tanto sobre qué política monetaria se debería seguir hace difícil que los inversores confíen en que la Fed tome decisiones monetarias basadas en datos y no por presión política". Toda esta situación pone en tela de juicio la independencia de la Reserva Federal de EEUU. Las percepciones sobre la independencia o no de la Fed se reflejarán más claramente en el dólar y en el oro.

Riesgo de bloqueo en EEUU tras las elecciones de medio mandato

Temple dibuja un 2026 marcado por la desaceleración del crecimiento global, la divergencia de la inflación, y unos mercados que están entrando en una fase más compleja y condicionada por la geopolítica y las tensiones comerciales. El estratega jefe de mercados de Lazard vaticina que la guerra comercial remitirá, ya que la Administración Trump no querrá que los votantes se centren en el aumento de los aranceles antes de las elecciones de mitad de mandato. Esto podría dar un respiro macroeconómico a los inversores, pero es probable que las implicaciones de los gravámenes del año pasado se hagan más evidentes en 2026.

Aunque la recesión no es el escenario base de Lazard, Temple cree que la economía mundial está dejando atrás el ciclo sincronizado e impulsado por la liquidez de la última década para dar paso a un régimen definido por fricciones comerciales, expansión fiscal y mayor divergencia regional.

Dado el nivel elevado de las valoraciones en el mercado bursátil estadounidense y la reevaluación generalizada por parte de los inversores globales de su exposición al dólar y a los activos estadounidenses, cree que éstos harían bien en seguir evaluando formas de reasignar capital a oportunidades fuera de EEUU. Esto ayudaría a diversificar los motores de la revalorización del capital y a reducir el riesgo de valoración, al tiempo que mitigaría la exposición al dólar. 

"No se trata de una llamada a la huida, sino de un ejercicio de gestión de riesgos tras años de rendimiento significativamente superior en EEUU. Si estoy en lo cierto y nos encontramos al comienzo del fin del excepcionalismo estadounidense en los mercados, estas medidas darán sus frutos en los próximos años" asegura.

El experto de Lazard ve a los mercados desarrollados convergiendo hacia tasas de crecimiento tendencial más bajas. Y avisa: "los mercados ya no están determinados principalmente por los ciclos de relajación monetaria. La política fiscal, los aranceles, el gasto en defensa y la alineación geopolítica influyen cada vez más en la inflación, el crecimiento y la rentabilidad de los activos".

Se espera que la economía estadounidense se desacelere aún más en 2026, tras la moderación observada en 2025. El menor crecimiento de la población activa debido a la reducción de la inmigración y un posible enfriamiento de la inversión ligada a la inteligencia artificial son factores clave. La inflación podría repuntar este año, situándose potencialmente entre el 3% y el 3,5%, a medida que el impacto de los aranceles se traslade a los precios. Aunque las presiones inflacionarias vinculadas a la vivienda están disminuyendo, la política comercial y los elevados déficits fiscales mantienen los riesgos inflacionarios subyacentes.

El mercado laboral estadounidense se debilitará en 2026, pero la pregunta clave es en qué medida. Una aplicación más estricta de las leyes de inmigración reducirá la mano de obra y el crecimiento del PIB. 

La Fed se enfrenta a la tensión de  endurecer la política monetaria para reducir la inflación creciente o flexibilizarla para hacer frente al debilitamiento del mercado laboral.  Es probable que dé prioridad al empleo, partiendo de la hipótesis de que los aumentos de precios inducidos por los aranceles serán coyunturales y se limitarán a los precios de los bienes, mientras que las amenazas a la demanda de mano de obra podrían ser más persistentes.

Considera que los demócratas son los grandes favoritos para hacerse con el control de la Cámara de Representantes en noviembre, con las elecciones de medio mandato. Si esta previsión ( o deseo) se cumple, los inversores no deberían esperar ninguna legislación significativa en los próximos dos años de mandato de Trump,  ya que es probable que un Congreso dividido vuelva a estar bloqueado.

Europa: de la debilidad a una recuperación impulsada por la política fiscal

Las perspectivas para la economía de la zona euro en 2026 son más optimistas. Los bajos tipos de interés y precios de la energía, el aumento de los salarios reales y la continua expansión fiscal respaldan el crecimiento en 2026. Las políticas comerciales probablemente se estabilizarán, lo que debería reducir la incertidumbre para los consumidores y las empresas.

Un cambio estructural clave es el giro fiscal en Europa. El aumento del gasto en defensa e infraestructuras, incluido un importante relajamiento de la política fiscal alemana, podría impulsar el crecimiento, estimular la innovación y redefinir la trayectoria económica de la región. Espera que la inflación caiga por debajo del objetivo del 2% del BCE, lo que podría permitir una o dos bajadas adicionales de los tipos de interés, a pesar de los comentarios más agresivos de algunos miembros del BCE últimamente. Los cambios en la política monetaria de la zona euro tienen un efecto más amplificado e inmediato que las modificaciones cambios en las políticas de la Fed porque en Europa hay más deuda a tipo variable.

Por otra parte, el mayor reto y a la vez una gran oportunidad para Europa es el aumento de inversión en la industria de defensa. "Europa necesita tener su propio ejército y fuerza de defensa para poder proteger su territorio cuando se trata de negociaciones y otras discusiones sobre temas como Groenlandia, la OTAN o los aranceles", argumenta Temple, que cree que sería más eficiente un solo ejército europeo con bases en los distintos países.

La mayoría de los gobiernos europeos, aunque no todos, han captado el mensaje de que la inversión en defensa es "crítica" para el futuro crecimiento y seguridad del continente. "Alemania es obviamente la que ha hecho una apuesta más agresiva por invertir en infraestructuras de defensa y directamente en defensa", aunque esa decisión también es más fácil de tomar por su menor nivel de endeudamiento y déficit que países como España o Italia.

Otro reto de Europa es bajar el coste de su energía, ya sigue siendo más barata en EEUU, lo que resta competitividad. Es una realidad "frustrante", ya que Europa ha sido "más agresiva en el tratamiento de la crisis climática y la transición energética". También es un reto para Europa "la competencia de China".

Sobre el euro digital, es una forma de atraer más capital y cree que se alzaría como un valor seguro donde guardar el dinero. Frente a esta iniciativa del BCE, en EEUU se trabaja en una divisa digital al margen de la Fed, lo que es "más arriesgado".

Si se cumplen los compromisos de todos los miembros de la OTAN, excepto España, de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, los beneficios para el PIB se acumularán con el tiempo. Si el gasto se mantiene en niveles considerablemente más altos y los fondos se utilizan en gran medida para la investigación, el desarrollo y la producción de equipo militar en Europa, los efectos multiplicadores podrían sorprender al alza. 

El principal inconveniente es probablemente el aumento del déficit fiscal: unas curvas de rendimiento de los bonos más pronunciadas podrían contrarrestar algunos de los beneficios del estímulo fiscal. La hipótesis de base es que el PIB de la zona euro podría crecer más que la previsión consensuada actual del 1,1% en 2026. Las principales incertidumbres en torno a este optimismo están relacionadas con la inestabilidad política, la falta de margen fiscal y las dudas sobre la sinceridad de los compromisos de varios países clave. 

La inestabilidad política y el limitado espacio fiscal son más evidentes en Francia. Dada la magnitud de su déficit (superior al 5%), las perspectivas de un aumento significativo del gasto en defensa parecen cuestionables. Italia es otro ejemplo: con una de las ratios deuda/PIB más  altas del mundo desarrollado, su flexibilidad sigue siendo limitada. Y el Gobierno español ha indicado que cualquier aumento del gasto militar no afectará al estado del bienestar ni provocará subidas de impuestos, sino que se financiará mediante la reasignación de fondos de otras partidas del presupuesto. Si tres de las cuatro mayores economías de la zona euro corren un alto riesgo de no cumplir sus compromisos de gasto militar, el impulso de los efectos multiplicadores podría ser decepcionante.

China: el lastre inmobiliario frente al auge de la “nueva economía”

China continúa afrontando una prolongada crisis inmobiliaria que pesa sobre la confianza de los hogares y la demanda interna. La inflación sigue siendo demasiado baja, con presiones deflacionarias persistentes. No obstante, el superávit comercial alcanzó niveles récord, con exportaciones redirigidas hacia otras regiones. Paralelamente, sectores de alto crecimiento como vehículos eléctricos, energías renovables y tecnologías avanzadas ganan peso en la economía. 

Temple considera que serán necesarios mayores estímulos fiscales y reformas estructurales para estabilizar el crecimiento. Espera que la inflación de China se mantenga entre el 0% y el 1%, con sólo beneficios marginales de la campaña “anti-involución” del Gobierno, que persigue reducir el exceso de capacidad en una serie de industrias que estaba provocando deflación y disminuyendo la viabilidad de las empresas,

El crecimiento del PIB probablemente se aproxime al 5% según los datos oficiales, pero una estimación “más honesta” podría situarse por debajo del 4%. Si bien es probable que las capacidades de la “nueva economía” de China sigan creciendo (energías renovables, vehículos eléctricos, baterías de litio, células solares fotovoltaicas y robótica avanzada), el éxito de esta estrategia depende de que otros países permitan a China exportar su exceso de producción a sus mercados.

El nivel medio de los aranceles sobre los productos chinos vendidos a clientes estadounidenses se mantenga estable o incluso disminuya ligeramente tras la reunión entre los presidentes Trump y Xi en abril. Una cuestión clave será el grado en que países distintos de EEUU impongan barreras a las exportaciones chinas, dada la percepción de dumping de excedentes.

Es probable que la crisis inmobiliaria continúe y siga siendo un lastre para la economía, ya  que el hogar medio en China tiene alrededor del 60% de sus activos en inmuebles residenciales, lo que significa que los precios de la vivienda son un factor clave para la confianza de los consumidores.

Las esperanzas de los inversores en cuanto a un estímulo fiscal previsiblemente se vean frustradas de nuevo, porque el Gobierno central chino considera satisfactorias las tasas decrecimiento actuales.

Japón: normalización de la inflación y transformación empresarial: vive un cambio histórico, con una inflación sostenida por encima del 2% y un crecimiento salarial más sólido, lo que pone fin a décadas de dinámica deflacionaria. Las reformas de gobierno corporativo impulsadas por la Bolsa de Tokio están presionando a las empresas para mejorar la eficiencia del capital, lo que podría actuar como catalizador para el mercado bursátil.

La primera ministra Sanae Takaichi seguirá una agenda fiscal y regulatoria expansionista que recuerda a la Abenomics, pero se enfrenta a un Banco de Japón centrado en endurecer la política monetaria para controlar la inflación.

Es posible que la inflación remita en 2026, aunque se mantenga en el objetivo del 2% del Banco de Japón o por encima de él, principalmente por la normalización de los precios del arroz, a medida que aumentan los suministros japoneses junto con las importaciones de EEUU y por unos costes de la energía que es probable sean también menos inflacionarios.

Pero también es previsible que continúen los fuertes aumentos salariales: los primeros indicios sugieren los salarios reales aumentarían un 1%. Los mercados están descontando subidas de tipos del 1% para finales de 2026 por parte del Banco de Japón. Pero con la probable desaceleración de la inflación, la presión sobre el Banco de Japón para normalizar su política se disipará. Por lo tanto, la confianza de Ronald Temple en que se alcance el 1% es limitada. 

Takaichi ha manifestado en el pasado su apoyo a las medidas destinadas a incentivar a las empresas para que distribuyan una mayor parte de sus beneficios. Una de las ideas que ha promovido es gravar las ganancias no distribuidas. El estratega de Lazard tiene la esperanza de que el nuevo Gobierno actúe sobre estas propuestas porque las empresas que aumentan su rendimiento del capital tienden a obtener un mejor desempeño del precio de sus acciones.

Las dos mayores incertidumbres son geopolíticas. La primera es el aumento de las tensiones con China: una eventual disminución del 50% en las llegadas de visitantes chinos podría reducir el PIB japonés entre 10 y 20 puntos básicos (pb). La otra es cómo y cuándo cumplirá Japón con su compromiso de invertir 550.000 millones$ en EEUU como parte de su acuerdo en las negociaciones comerciales.

Implicaciones de mercado: más volatilidad y dispersión

Los mercados descuentan un aterrizaje suave, con diferenciales de crédito ajustados y Bolsas en máximos. Sin embargo, advierte de que las valoraciones, especialmente en EEUU, son exigentes y el liderazgo bursátil ha sido estrecho. Es posible que 2025 haya marcado un punto de inflexión para los mercados estadounidenses. Pese a alcanzar múltiples máximos históricos, el índice S&P 500 se vio superado con creces por muchos otros mercados. La ventaja del crecimiento del PIB estadounidense se ha eliminado en gran medida. Es probable que la inflación del país alcance su punto máximo a principios de 2026,incluso cuando la de otras economías alcancen o caigan por debajo de sus objetivos del2%, lo que creará tensión para la futura política de la Fed. 

La debilidad del dólar, las valoraciones bursátiles ajustadas y los beneficios concentrados en un reducido grupo de empresas tecnológicas vinculadas a la IA se suman al riesgo de bajo rendimiento inferior al esperado para la renta variable estadounidense. 

Dado que es probable que estos factores persistan en 2026, las acciones no estadounidenses, con valoraciones más bajas y factores impulsores de ganancias más amplios, parecen estar mejor posicionadas para un rendimiento superior sostenido.

El sector tecnológico ha impulsado la mayor parte del crecimiento de los beneficios y la apreciación del precio de las acciones en EEUU. Por el contrario, fuera de EEUU, las ganancias se han diversificado más entre sectores y países. Las inversiones relacionadas con la IA se financian cada vez más con deuda, con activos que pueden quedar obsoletos en un periodo de tiempo relativamente corto, lo que aumenta el riesgo de exceso de capacidad y retrasos en los rendimientos. 

Si los beneficios tecnológicos decepcionan, el mercado en general podría sufrir importantes caídas, dada su dependencia de este sector. La selección de valores entre los líderes de la IA será fundamental en 2026.

La firma muestra preferencia por:

  • Renta fija de alta calidad y duración corta-media
  • Renta variable no estadounidense, especialmente emergentes y Japón
  • Activos reales generadores de ingresos y estrategias que aprovechen la volatilidad

Fuera de EEUU, las valoraciones parten de niveles considerablemente más bajos, lo que significa que las expectativas de crecimiento de los beneficios son mucho menos exigentes. Teniendo en cuenta que los inversores globales buscan cada vez más cubrir su exposición al dólar ante cualquier repunte, también existen ganancias potenciales en el mercado de divisas, además de en los precios de las acciones.

Los mercados emergentes son especialmente atractivos y pueden ofrecer exposición a la IA con valoraciones mucho más bajas (el sector tecnológico del índice MSCI EM cotiza un 40% por debajo de su homólogo estadounidense) junto con múltiples factores de crecimiento no correlacionados. Persisten los riesgos derivados de la intervención geopolítica, pero riesgos similares están aumentando en EEUU. 

La renta variable japonesa también resulta atractiva, con políticas de apoyo al consumo y la rentabilidad empresarial, incluso si el crecimiento del PIB se mantiene moderado.

El mayor riesgo del mercado de deuda estadounidense es la disminución de la independencia de la Fed, lo que podría socavar la credibilidad de la lucha contra la inflación y el dólar. Las reacciones podrían ser graduales, con una caída inicial de los rendimientos antes de cualquier aumento.

Fuera de EEUU, el riesgo para la independencia de los bancos centrales es menos preocupante, pero la inquietud sobre la sostenibilidad de la deuda limitan el atractivo de muchos otros bonos de mercados desarrollados. Por el contrario, en muchos casos, la deuda de los mercados emergentes en moneda local destaca por una política fiscal más conservadora, una gestión monetaria ortodoxa y un potencial de apreciación del tipo de cambio.

En un mundo de valoraciones ajustadas, crecimiento incierto y rendimientos modestos de los bonos, los activos reales que generan ingresos, especialmente las infraestructuras, ofrecen protección contra la inflación y una apreciación moderada con menor volatilidad. El oro, si bien carece de flujo de caja, también podría seguir sirviendo como seguro contra riesgos extremos en un entorno de menor exposición al dólar y creciente demanda de los bancos centrales.

El informe de Lazard concluye que los inversores entran en un entorno en el que:

  • La política comercial es un factor estructural de inflación
  • La expansión fiscal redefine los patrones de crecimiento
  • Aumenta la divergencia regional
  • La selección de valores y la diversificación son más relevantes que la exposición amplia al mercado

"No estamos ante un escenario clásico de recesión, sino ante un ciclo más complejo y políticamente condicionado, con mayor volatilidad y diferencias más amplias entre ganadores y perdedores", advierte Ronald Temple.

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