Miguel Ángel Valero
"Desde 2022, cuando estalló la guerra en Ucrania, la mayoría de las revisiones del escenario de previsiones que hemos realizado han sido al alza", subraya Oriol Aspachs, en el informe mensual de CaixaBank Research dedicado al conflicto en Oriente Medio. "El aumento de los precios de la energía y de la incertidumbre nos obligan de nuevo a adoptar una actitud prudente y a revisar a la baja las perspectivas de crecimiento", explica. Frente al punto menos contemplado tras la invasión rusa de Ucrania, ahora la corrección es más moderada (0,3 puntos). "Con todo, seguimos considerando que el escenario más probable es que la economía española mantenga un crecimiento dinámico en el conjunto del año, por encima del 2%", resalta.
El inicio del año fue, de hecho, mejor de lo esperado. El crecimiento se aceleró hasta el 2,7% interanual, a pesar de que el conflicto ya presionaba con fuerza los precios de la energía en marzo. Sin embargo, el cierre del estrecho de Ormuz ha mantenido los precios en niveles elevados y sus efectos comienzan a hacerse visibles. La inflación, pese a las medidas compensatorias adoptadas por el Gobierno, se ha situado por encima del 3% desde marzo y previsiblemente se acercará al 4% en los próximos meses. Este repunte inflacionista provoca una desaceleración del consumo de los hogares en el trimestre.
Desde la óptica empresarial, el indicador PMI también apunta a una moderación del crecimiento, ya que se sitúa por debajo de los registros del primer trimestre, aunque se mantiene en zona expansiva. Apunta, por tanto, a una desaceleración, no a una contracción de la actividad. En la misma línea, el indicador sectorial de CaixaBank Research muestra una pérdida de dinamismo en la mayoría de las ramas de actividad, más acusada en los sectores intensivos en energía. En sentido contrario, el sector turístico se está viendo favorecido por la actual coyuntura geopolítica en Oriente Próximo. Muchas personas, especialmente europeas, que tenían previsto pasar sus vacaciones en la zona, están viniendo a España.
Por el momento, el mercado laboral continúa mostrando registros sólidos. No obstante, se trata de un ámbito con un comportamiento más inercial, por lo que los cambios de tendencia suelen manifestarse con cierto retraso.
La desaceleración que empiezan a reflejar los indicadores es la que incorpora el nuevo escenario de previsiones de CaixaBank Research, y que contempla un avance positivo de la actividad, aunque más contenido entre el segundo y el tercer trimestre del año. De cara a finales de 2026, y de acuerdo con los mercados de futuros del petróleo y del gas, se anticipa una moderación de los precios de la energía que debería propiciar una cierta reaceleración del crecimiento. La sólida posición financiera de los hogares y de las empresas permitirá amortiguar parcialmente el shock, de modo que el consumo y la inversión podrán seguir liderando el crecimiento de la economía española. En el ámbito exterior, la debilidad de las exportaciones de bienes se verá compensada por la resiliencia de las exportaciones de servicios, tanto turísticos como no turísticos.
"Por cierto, el crecimiento de 2022 acabó siendo superior al que anticipábamos antes del estallido de la guerra en Ucrania. La resiliencia del mercado laboral y del sector exportador, junto con las medidas de apoyo adoptadas, contribuyeron a sostener un crecimiento notablemente dinámico. Ojalá volvamos a equivocarnos en esta ocasión", asegura el experto de CaixaBank Research.
Todo "va a depender de una rápida reapertura del estrecho de Ormuz, pues el desajuste entre la oferta y la demanda en los mercados energéticos se está cubriendo con una reducción diaria de las existencias que, de prolongarse la crisis, puede desembocar en problemas para la entrega física en los meses de verano en algunos segmentos del mercado", apunta José Ramón Díez.
Los expertos de CaixaBank Research han revisado a la baja la previsión de crecimiento de la economía mundial, del 3,3% al 3% en 2026, de la Eurozona, del 1,3% al 0,7% (del 2,4% al 2,1% en el caso de España) y de EEUU, desde el 2,6% al 2,1%. Para actualizar las previsiones, plantean unos precios medios del petróleo en 2026 (90$ por barril) y 2027 (80$), en consonancia con lo que están descontando los mercados de futuros. Esto supondría una progresiva vuelta a la normalidad de los mercados energéticos en los próximos trimestres, con precios de equilibrio del crudo casi 20$ por encima de los existentes antes del conflicto y un menor colchón de existencias. Si se cumplen estas hipótesis, los crecimientos podrían retornar a la zona potencial hacia finales de 2026 y la inflación retomar su senda hacia los objetivos de los bancos centrales en 2027, después del importante repunte de este año (3,1% en la Eurozona y 3,5% en EEUU).
El informe destaca que este contexto deja unas condiciones financieras menos favorables para la actividad económica en los próximos trimestres, caracterizadas por un incremento de la volatilidad, unos mayores tipos de interés y un camino más estrecho para los beneficios empresariales y el desempeño de las bolsas. Con todo, el endurecimiento de las condiciones financieras en su conjunto ha sido, hasta la fecha, moderado y se explica principalmente por el repunte de los tipos de interés y el aumento de la volatilidad.
En cambio, la renta variable ha ayudado a suavizar las tensiones, apoyada en una buena temporada de resultados empresariales en lo que va de año (tanto por los beneficios publicados como por las expectativas en adelante), el optimismo alrededor de la IA y la visión de que el shock energético tendrá más impacto en la inflación que en la actividad económica.
Entre las economías avanzadas, la Eurozona ha sufrido un mayor tensionamiento que EEUU, reflejo de la vulnerabilidad relativa al nuevo shock.
Giro en la política monetaria
Ante un escenario en el que el shock energético es suficientemente relevante como para elevar, de manera directa, la inflación algo por encima del 3% en el conjunto de 2026, los principales bancos centrales han señalizado la intención de fijar una política monetaria moderadamente restrictiva. Así, las nuevas previsiones económicas de CaixaBank Research descansan en la visión de que el BCE subirá su tipo oficial hasta el 2,5% en 2026 y lo mantendrá en esa frontera entre la neutralidad y la restricción durante buena parte de 2027 (frente a una expectativa preconflicto de tipos estables en el 2%). La Fed, por su parte, pausará las bajadas de tipos que tenía previstas y mantendrá hasta 2027 el tipo en el mismo intervalo 3,5%-3,75% en el que ya cerró 2025. Con este giro controladamente restrictivo, ambos bancos centrales ayudarán a frenar el riesgo de que el encarecimiento energético desemboque en efectos indirectos y de segunda ronda, "con lo que nuestro escenario contempla que tanto el BCE como la Fed puedan volver a sus sendas de tipos preconflicto hacia finales de 2027".
La diferente reacción del BCE y de la Fed no solo refleja las diferencias en el punto de partida de ambos bancos centrales (inflación en el objetivo del 2% en la Eurozona y política monetaria neutral frente a mayores inercias inflacionistas en EEUU y tipos moderadamente restrictivos), sino también el hecho de que el shock de Oriente Próximo tiene una naturaleza distinta en cada región. La dependencia de las importaciones energéticas de Europa hace que la Eurozona esté expuesta de manera relevante a un encarecimiento de las materias primas energéticas incluso sin que Oriente Próximo sea un suministrador importante para Europa. En cambio, la autonomía energética de EEUU hace que la actividad económica quede más protegida del shock directo. Ello se ha reflejado en un desempeño diferencial entre los mercados financieros europeos y de EEUU: desde los bombardeos entre Irán y EEUU e Israel, los mercados europeos han estado dominados por una narrativa de "shock negativo de oferta", mientras que en los norteamericanos las sesiones se han caracterizado por un "shock de endurecimiento de la política monetaria".
A pesar de ello, el tipo de cambio del euro se ha mantenido relativamente estable frente a un dólar que ha capitalizado poco (en términos de apreciación) su papel de activo refugio ante un nuevo repunte de la incertidumbre. Así, "mantenemos nuestra previsión de relativa fortaleza del euro, con la cota de los 1,2$ por euro como referencia de 2027".
"En conjunto, el conflicto en Oriente Próximo ha hecho que el entorno financiero diera un paso atrás y, sin sufrir un gran tensionamiento en agregado, sea menos favorable al desempeño de la actividad económica en los próximos trimestres. Los riesgos son elevados y, si bien una resolución rápida del conflicto podría distender las condiciones financieras, la prolongación del bloqueo de Ormuz amenaza con una activación exponencial de los costes económicos y financieros si las existencias de petróleo y productos derivados caen demasiado y dejan de acolchar la contracción de la oferta energética", concluye el análisis de CaixaBank Research.
Éste pide "no olvidar la vigilancia de los mercados sobre dinámicas de deuda pública en varias economías avanzadas, ni los riesgos financieros alrededor de la IA, tanto por su capacidad de cumplir expectativas como de disrumpir estructuras económicas establecidas".
