24Mar

La Unión Europa tiene una necesidad urgente de fuentes alternativas de materias primas críticas, especialmente para la transición energética, y tanto los países del Mercosur como Australia están bien situados para cubrir esta carencia.

Miguel Ángel Valero 

Los nuevos acuerdos comerciales de la Unión Europea (UE), como respuesta a los aranceles de Trump, empiezan a consolidarse. En primer lugar, el pacto con Mercosur entrará en vigor de manera provisional a partir del 1 de mayo. Tras más de 25 años de negociaciones, en enero el Parlamento Europeo paralizó la ratificación de hacer el acuerdo definitivo, solicitando al Tribunal de Justicia (TUE) opinión sobre su legalidad. Mientras tanto, la Comisión Europea conserva la facultad de aplicar el acuerdo de manera provisional. 

Actualmente, el comercio con Mercosur representa únicamente el 2,2% del total del comercio extracomunitario, pero estimaron que, para 2040, las exportaciones europeas hacia Mercosur podrían aumentar en un 39%, unos 50.000 millones€ adicionales. El texto contempla la eliminación gradual durante 10 años de los aranceles a los bienes industriales, lo que beneficiará principalmente a los exportadores de automóviles europeos –actualmente gravados con un 35%–, a la maquinaria y los medicamentos. En cuanto a los productos agrícolas, se eliminarán los tributos al 93% de este tipo de exportaciones europeas, lo que supondrá un impulso para productos como el vino, que también soportan aranceles del 35%. A su ver, el trato liberalizará el 82% de las importaciones agrícolas procedentes de Mercosur. 

Para los productos considerados sensibles para los sectores europeos –como la carne de vacuno y aves– se establecerán cuotas a la importación con límites de 1,5% sobre la producción de la UE.

Oportunidades para la transición energética

Que la UE siga adelante con la aplicación provisional del acuerdo comercial con el Mercosur, firmado en febrero, ofrece a los exportadores beneficios inmediatos, a pesar de los obstáculos que aún existen para su ratificación. Además, según un análisis realizado por Crédito y Caución, el acuerdo brinda oportunidades para Europa en materia de transición energética, ya que facilitaría la diversificación fuera de China. Según afirma Greetje Frankena, subdirectora de Investigación Económica de Atradius Crédito y Caución, “la Unión Europa tiene una necesidad urgente de fuentes alternativas de materias primas críticas, especialmente para la transición energética, y los países del Mercosur están bien posicionados para cubrir esta carencia”.

En esta línea, destacan países como Argentina, que cuenta con grandes reservas de litio, esenciales para las baterías, mientras que Brasil es rico en grafito, manganeso, níquel, bauxita y elementos de tierras raras. Unos impuestos a la exportación más bajos y unas normas de inversión más claras podrían reforzar significativamente las cadenas de suministro europeas.

La seguridad energética es también un factor clave. La Unión Europea está reduciendo activamente su dependencia de Rusia y ampliando la cooperación con países como Brasil y Argentina, ambos productores de petróleo y gas en expansión, y con un importante potencial para el hidrógeno verde. Esto convierte al Mercosur en un socio atractivo a largo plazo.

Sin embargo, persisten las controversias sobre los efectos del acuerdo, especialmente por parte de los agricultores europeos preocupados por la competencia de los productores del Mercosur, que operan bajo normas medioambientales y de bienestar animal menos estrictas. Para abordar estas preocupaciones, el acuerdo incluye cuotas para productos sensibles como la carne de vacuno, las aves de corral, el azúcar y determinados productos lácteos. También seguirán aplicándose las estrictas normas de importación de la Unión Europea.

Se prevé que los beneficios macroeconómicos sean modestos a corto plazo, ya que la importancia del acuerdo radica menos en su impacto inmediato sobre el PIB y más en su señal estratégica. La perspectiva actual es que los aranceles sobre alrededor del 91% de los productos comercializados entre la Unión Europa y Mercosur se eliminarán gradualmente a lo largo de los próximos 15 años.

Los exportadores industriales europeos, especialmente de maquinaria, vehículos y productos químicos, se encuentran entre los probables beneficiarios iniciales, dados los elevados aranceles del Mercosur a los que se enfrentan en la actualidad. En 2024, las exportaciones de la Unión Europea al Mercosur estuvieron dominadas por la maquinaria (28,1%), los productos químicos y farmacéuticos (25%) y el material de transporte (12,1%). 

El 33% más de exportaciones a Australia

Por otro lado, la UE y Australia han firmado un acuerdo de libre comercio, aunque aún debe ser ratificado por los parlamentos de ambas partes. En su comunicado, la Comisión Europea prevé que las exportaciones de la UE hacia Australia crezcan hasta un 33% en la próxima década, y que el valor de las exportaciones alcance los 17.700 millones€ anuales. 

Los sectores clave con mayor potencial de crecimiento incluyen los vehículos de motor (que se espera que aumenten hasta en un 52%), los productos lácteos (+48%), y los productos químicos (+20%). 

Además, el acuerdo eliminará los aranceles sobre las principales exportaciones de la UE, como los quesos, los preparados de carne, el vino, algunas frutas y verduras, entre otros. 

Más aún, el acuerdo facilita el acceso de la UE a las materias primas fundamentales australianas. Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos: es el principal productor mundial de litio –con cerca del 37% de la producción global–, además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras. 

Javier San Martín, profesor de OBS Business School, destaca que en los últimos años España ha ido incrementando sus exportaciones a Australia en mucha mayor medida de lo que Australia ha lo hecho con España. Las exportaciones españolas medias de los últimos tres años han sido de 2.003 millones€, frente a unas importaciones medias de 632 millones. También se ha producido una fuerte recuperación de la llegada de turistas australianos que en 2024 fueron más de 600.000 con una estancia media y un gasto muy superior a la media de nuestros visitantes.

El Tratado de Libre Comercio elimina la práctica totalidad de aranceles entre ambos bloques comerciales, reconoce cualificaciones profesionales que facilitarán la venta de servicios profesionales y la movilidad de trabajadores. También mejora mecanismos para la resolución de disputas, lo que siempre da seguridad a los negocios realizados por nuestra empresas. Además, establece algunos cupos a la importación de los productos agroalimentarios más expuestos al acuerdo.

Este escenario a priori supone una buenas perspectivas, que serán especialmente buenas para sectores como la construcción, automóvil, infraestructuras energéticas, maquina herramienta, material ferroviario y alimentación gourmet, especialmente vinos, aceites de oliva y conservas de pescado. También productos protegidos por DO’s como el vino de Jerez o el queso manchego, que a partir de ahora tendrán blindados jurídicamente sus derechos de comercialización frente a imitaciones.

Pero también habrá perjudicados por este acuerdo. El sector más afectado será el ganadero, que verá cómo de nuevo se introducen productos más competitivos en su mercado. Especialmente significativo será el impacto en los lácteos de la leche en polvo, la carne de vacuno y la carne de cordero, que son productos mucho más económicos en Australia que en España y que por tanto sólo se verán sujetados por los cupos impuestos en el tratado.Esto será un nuevo golpe para los sectores ganaderos, que deben de cumplir con regulaciones mucho más estrictas de las que se exige a los productos importados, algo absolutamente injusto. Seguramente esto supondrá a medio plazo un mayor abandono de explotaciones ganaderas extensivas, una reducción del pastoreo, que tendrá un fuerte impacto sobre el cuidado del territorio, mayores riesgos de incendio y mayor despoblación rural. 

Y así, una vez más, el sector primario se convierte en el que debe de pagar un mayor precio en los acuerdos comerciales suscritos por la UE, que es también la responsable de exigirle regulaciones que no exige a su vez a los productos importados.

17Mar

La Unión Europea ultima un acuerdo comercial con Australia.

Miguel Ángel Valero

Según un estudio de Crédito y Caución, el sector del metal y el acero se ralentizará en 2026. Tras un aumento del 5,3% el año pasado, se espera que el crecimiento de la producción mundial de metales básicos descienda al 3,3% este año y al 2,4 % en 2027. 

Dentro de esta tendencia de descenso de la producción, se producirán divergencias tanto por regiones como por subsectores. En cuanto a los mercados, se prevé una tasa de crecimiento del 3,6 % en Asia-Pacífico, frente al 1,1 % en la Unión Europea. 

Por lo que se refiere a los subsectores, la producción mundial de hierro y acero aumentará un 3,1% y la de metales no ferrosos un 3,5% en 2026, por encima de la media del conjunto de la industria de metales básicos. 

En este contexto, la zona euro presentará un crecimiento más débil que el resto de regiones, a pesar de las medidas que está llevando a cabo la Unión Europea para fomentar la industrial local. Entre ellas, destaca el Plan de Acción de la UE para el Acero y los Metales (SMAP) que tiene como objetivo reducir los costes energéticos y reforzar la competencia leal, entre otros aspectos. Además, también se han endurecido las restricciones a la importación de acero, que entrarán en vigor a mediados de 2026, lo que debería suponer un nuevo impulso para los productores nacionales.

En algunos países europeos, el bajo nivel de producción afectará al riesgo crediticio de las empresas, como es el caso de Alemania, el mayor productor de acero de Europa. Sin embargo, la moderación de la demanda, el aumento de los costes energéticos y los bajos precios de venta han deteriorado los márgenes comerciales. Los retrasos en los pagos y las insolvencias han aumentado durante el último año, y la situación seguirá siendo tensa en los próximos meses. Por otro lado, las nuevas inversiones en infraestructuras y el aumento del gasto en defensa deberían apoyar la demanda de metales y acero. 

Otro de los mercados con mayor riesgo es Reino Unido, donde se prevé que la producción de metales básicos y acero caiga un 8,4% en 2026. Esta fuerte contracción se debe, en parte, al cierre de varias acerías de alto horno, que tienen que ser sustituidas por hornos de arco eléctrico. Las quiebras de empresas británicas metalúrgicas y siderúrgicas superaron los niveles históricos durante 2024. Aunque se produjo un descenso en 2025, las previsiones apuntan a un número de las insolvencias en el sector en 2026. Los fabricantes y proveedores siguen enfrentándose a unos costes de producción cada vez más elevados, incluidos los salarios y las elevadas comisiones por el servicio de la deuda. 

A nivel global, el sector se enfrenta a importantes retos que amenazan su crecimiento como la transición hacia energías limpias que conlleva grandes inversiones y elevados costes. A este factor se unen los problemas en la cadena de suministro, especialmente para la minería, el transporte y el procesamiento de materiales. Esto podría provocar déficits de abastecimiento y de materias primas para los productores de metales y acero.

Sin embargo, la creciente urbanización que se está produciendo en los mercados emergentes se presenta como una oportunidad ya que está impulsado la demanda para el desarrollo de nuevos proyectos de vivienda. 

La UE ultima un acuerdo comercial con Australia

Por otra parte, la Unión Europea y Australia están cerca de cerrar un acuerdo comercial. La presidenta de la Comisión Europea ha comunicado a los líderes del bloque que las negociaciones se encuentran en su tramo final e incluso podría procederse con la firma este fin de semana. En un contexto marcado por los aranceles impuestos por la Administración de Trump y la dependencia europea de los minerales críticos procedentes de China, Bruselas busca diversificar sus alianzas y sumará este acuerdo al recientemente firmado con la India. 

Las negociaciones con Australia quedaron bloqueadas en 2023 debido a la exigencia de Canberra de obtener cuotas más amplias y libres de aranceles para sus exportaciones de carne de vacuno. Por su parte, la UE solicita acceso preferencial a minerales críticos australianos y menores aranceles a los productos manufacturados. 

Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos: es el principal productor mundial de litio —con cerca del 37% de la producción global—, además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras.

Además, el acuerdo también aborda otros aspectos: la movilidad laboral, la reducción de los impuestos australianos a los automóviles europeos de lujo y la protección de denominaciones como prosecco o feta que están utilizando los productores australianos. 

21Oct

China es consciente de que su liderazgo en la producción de tierras raras, fruto de años de inversión, podría estar alcanzando su punto máximo tras el pacto entre EEUU y Australia. Y de que sufre su propia dependencia en semiconductores.

Miguel Ángel Valero

Una vez más, los mercados celebran el enfoque transaccional de Trump. Las agresivas declaraciones del ocupante de la Casa Blanca a principios de mes han dado paso a mensajes más conciliadores, en los que sugiere que podría alcanzarse un acuerdo entre EEUU y China durante la reunión prevista para finales de mes en Corea del Sur. Además, ha anunciado su intención de visitar China el próximo año.

Al mismo tiempo, EEUU busca reducir su dependencia de China en lo que respecta a las tierras raras, dado que cerca del 80 % del consumo doméstico de estos materiales proviene del extranjero, principalmente del gigante asiático. En este contexto, Trump ha firmado un tratado con Australia para invertir en proyectos de extracción y refinamiento de tierras raras. El acuerdo contempla una inversión conjunta de 1.000 millones$ en los próximos seis meses, destinada a iniciativas tanto en suelo australiano como estadounidense. Como parte del pacto, el Pentágono se ha comprometido a colaborar en la construcción de una planta de extracción de galio en el oeste de Australia, lo que pone de manifiesto la relevancia estratégica y militar de algunos de estos elementos.

Australia ocupa el cuarto lugar a nivel mundial en reservas de tierras raras —precedida por China, Brasil e India— y es la sede de la única empresa fuera de China que produce tierras raras pesadas: Lynas Rare Earths Ltd.

Además, Trump ha incluido en el acuerdo un incremento en la compra de equipamiento militar, como drones submarinos y helicópteros de combate, con el objetivo de que el país oceánico eleve su gasto en defensa del 2% sobre el PIB actual al 3,5%.

Hasta ahora, el esquema de tensión, negociación y acuerdo parece estar dando resultados. China es consciente de que su liderazgo en la producción de tierras raras, fruto de años de inversión, podría estar alcanzando su punto máximo tras el pacto entre EEUU y Australia. Al mismo tiempo, China enfrenta su propia dependencia en el ámbito de los semiconductores –con restricciones de los más avanzados– y trabaja en el desarrollo de tecnología nacional, aunque ésta sigue un escalón por debajo de la americana. Por ello, parece difícil ver en el futuro una mejor posición negociadora por parte de China, lo que invita a pensar en un potencial tregua larga. 

La partida de ajedrez continuará, con ambas potencias siendo conscientes de que, por el momento, se necesitan mutuamente. Esta interdependencia es algo que los mercados a veces olvidan, lo que da lugar a episodios de volatilidad como los vividos en las últimas semanas. Un fenómeno que se volverá a sufrir mientras Trump siga alojado en la Casa Blanca.

Eliminación de las importaciones de gas ruso antes de 2028

Por su parte, los países de la Unión Europea han aprobado eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso antes de 2028. Los ministros de Energía votarona favor de desvincularse del suministro energético ruso mediante un plan escalonado: no se podrán firmar nuevos contratos de importación de gas a partir de enero de 2026. Los contratos ya existentes de corto plazo, firmados antes del 17 de junio de 2025, podrán mantenerse hasta junio de 2026. En el caso de los contratos a largo plazo, el plazo máximo para su finalización será enero de 2028.

Antes de la invasión rusa a Ucrania, Rusia representaba el 45% de las importaciones de gas del bloque comunitario. Actualmente, esa cifra se ha reducido al 12%, y con esta medida se busca eliminar completamente la dependencia. En la votación, dos países se opusieron a la propuesta –Eslovaquia y Hungría–. No obstante, su oposición no fue suficiente para bloquearla, ya que la aprobación requería una mayoría cualificada, es decir, el respaldo de al menos el 55% de los Estados miembros. El siguiente paso consistirá en negociar el texto definitivo con el Parlamento Europeo. 

Hungría será precisamente el país anfitrión de la reunión entre Donald Trump y Vladímir Putin en las próximas dos semanas, un encuentro no exento de polémica. Putin está sujeto a una orden de arresto emitida por el Tribunal Penal Internacional (TPI) por crímenes de guerra, lo que implica que podría ser detenido si pisa territorio de alguno de los Estados miembros, entre ellos la mayoría de los países de la Unión Europea. Sin embargo, Hungría anunció en abril su intención de desvincularse unilateralmente del organismo, coincidiendo con la visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Aunque la retirada no es efectiva hasta un año después del anuncio, no hay señales de que el Gobierno húngaro vaya a cumplir con las obligaciones del tribunal que aún le corresponden.

Fortuna SFP: el VIX detecta la vuelta del nerviosismo en EEUU

Durante meses, los mercados estadounidenses habían vivido en una aparente calma. La volatilidad, medida por el índice VIX, se mantenía en niveles históricamente bajos, reflejo de una confianza casi complaciente en la resiliencia económica y en el poder de la inteligencia artificial como nuevo motor de crecimiento. Sin embargo, en los últimos días, ese sosiego ha empezado a resquebrajarse. El VIX ha vuelto a situarse por encima de los 20 puntos, una cota que, sin ser alarmante, sí marca el regreso del nerviosismo. Las causas son múltiples y, en conjunto, dibujan un cuadro de vulnerabilidad que los inversores habían preferido ignorar, señala el fundador de Fortuna SFP, José Manuel Marín Cebrián.

El primer foco de tensión procede del sistema bancario regional estadounidense. Varias entidades medianas han mostrado señales de estrés en sus balances ante la persistencia de unos tipos de interés elevados y la debilidad de algunos segmentos inmobiliarios, especialmente el comercial. Entre los nombres más señalados figuran Zions Bancorporation, que sufrió caídas superiores al 13% tras revelar un cargo de unos 50 millones$ vinculado a préstamos fraudulentos; Western Alliance Bancorp, afectada por litigios relacionados con fraude crediticio y retrocesos de más del 10%; y New York Community Bancorp (NYCB) —a través de su filial Flagstar Bank—, cuya exposición a préstamos de inmuebles comerciales supera el 470 % de su capital, una cifra que refleja un riesgo de concentración preocupante. 

Este nerviosismo recuerda inevitablemente lo ocurrido en 2023, cuando el colapso de Silicon Valley Bank y First Republic Bank desató una crisis de confianza que se extendió por todo el sistema financiero estadounidense. Aquella onda expansiva cruzó el Atlántico: en Europa, Credit Suisse se vio al borde del colapso y tuvo que ser rescatado mediante una fusión de emergencia con UBS. Fue un recordatorio de que las fragilidades del sistema bancario, por muy localizadas que parezcan, pueden tener consecuencias globales. Hoy, aunque las cifras de exposición sean menores y la supervisión más estricta, la reacción del mercado revela una verdad incómoda: la confianza sigue siendo el activo más frágil del sistema financiero.

A la fragilidad doméstica se suman las renovadas tensiones comerciales con China. Washington ha endurecido su posición sobre el acceso a materiales críticos —las llamadas tierras raras— esenciales para la industria tecnológica y de defensa. Pekín, por su parte, ha insinuado restricciones a las exportaciones, reeditando un pulso que va mucho más allá del comercio: es una pugna estratégica por el control de la economía del futuro. Este enfrentamiento amenaza con elevar costes, entorpecer cadenas de suministro y presionar márgenes empresariales justo cuando los inversores habían apostado por un ciclo expansivo impulsado por la innovación.

En paralelo, el cierre parcial de la administración estadounidense —con el Congreso de nuevo bloqueado por disputas presupuestarias— ha añadido un elemento más de incertidumbre. Aunque históricamente estos episodios tienen un impacto económico limitado, su efecto psicológico sobre el mercado es notable. Representan un recordatorio de la disfunción política que atenaza a Washington y de los riesgos que esta supone para la estabilidad fiscal en un país que acumula ya una deuda pública superior al 120 % del PIB.

Finalmente, el factor tecnológico, hasta ahora la gran esperanza de los mercados, empieza a mostrar signos de fatiga. El entusiasmo en torno a la inteligencia artificial ha impulsado valoraciones difíciles de justificar en términos de beneficios actuales. Algunos analistas advierten de que el fenómeno recuerda a la burbuja de las puntocom de principios de siglo: una revolución tecnológica real, sí, pero con un ritmo de monetización mucho más lento de lo que descuentan las cotizaciones. La toma de beneficios en los grandes valores tecnológicos ha amplificado la corrección y devuelto el miedo a un mercado excesivamente concentrado.

La suma de todos estos elementos ha roto el espejismo de estabilidad. El repunte del VIX por encima de 20 no implica necesariamente un cambio de ciclo, pero sí una advertencia clara: la complacencia tiene un precio. La economía estadounidense sigue creciendo, pero bajo una superficie de solidez aparente laten tensiones financieras, geopolíticas y políticas que el mercado ya no puede ignorar. En tiempos de euforia tecnológica y abundancia de liquidez, los inversores tienden a olvidar que el riesgo nunca desaparece, solo cambia de forma. Hoy, ese riesgo vuelve a hacerse visible. Y con él, la volatilidad regresa a Wall Street.