26Sep

Los bancos capaces de utilizar la IA para reducir costes, aumentar ingresos, mejorar la gestión del riesgo y ofrecer servicios realmente personalizados podrán alcanzar niveles de eficiencia difíciles de imaginar hoy. Los que simplemente añadan inteligencia artificial a estructuras diseñadas para el siglo XX probablemente tendrán un problema.

Miguel Ángel Valero

Durante años hemos hablado de la inteligencia artificial (IA) como una herramienta capaz de mejorar la productividad de las empresas. Pero en algunos sectores su impacto puede ir mucho más allá. Y probablemente uno de los mejores ejemplos sea la banca. No porque los bancos hayan descubierto ahora la IA. Llevan décadas utilizando algoritmos para evaluar riesgos, conceder créditos, detectar fraude, segmentar clientes o automatizar procesos. ç

La diferencia es que hasta ahora la tecnología ayudaba al banco a hacer mejor determinadas tareas. Lo que viene ahora puede transformar directamente cómo funciona un banco, cuántas personas necesita, cómo se relaciona con sus clientes y dónde obtiene sus beneficios. Y los movimientos que estamos viendo en España indican que las propias entidades ya lo han entendido.

El BBVA ha creado un área global denominada AI Transformation. El Sabadell, una división específica de Transformación Corporativa e IA. CaixaBank ha puesto en marcha una oficina de IA. Bankinter tiene un programa dirigido personalmente por su consejera delegada, Gloria Ortiz, con alrededor de 5.000 agentes IA desplegados entre sus empleados y 150 modelos de IA funcionando en distintas áreas. El Santander ha reforzado su estructura incorporando especialistas y se ha fijado como objetivo generar más de 1.000 millones€ de valor entre 2026 y 2028 gracias a la IA. Asegura que 17.000 empleados ya utilizan IA para desarrollar software y que aproximadamente el 40% del código producido en el banco cuenta con ayuda de IA.

Esto ya no consiste en instalar un chatbot. La verdadera revolución llegará cuando los bancos empiecen a desplegar miles de agentes de IA capaces de realizar tareas que hoy requieren intervención humana. Y esto es solamente el principio. Pensemos en cómo puede funcionar un banco dentro de unos años. Un agente de IA podrá analizar permanentemente nuestras cuentas, ingresos, gastos, inversiones, hipoteca, seguros y situación fiscal. Podrá anticipar problemas de liquidez antes de que aparezcan, proponernos refinanciar una deuda, detectar que estamos pagando demasiado por un seguro o sugerir dónde colocar nuestro ahorro.

En lugar de entrar en la aplicación del banco buscando entre decenas de menús, es probable que simplemente hablaremos con ella: “Quiero comprar una casa de 400.000 euros dentro de tres años. ¿Qué tengo que hacer?”Y el banco podrá construir inmediatamente un plan financiero personalizado utilizando toda nuestra información.

Ese salto es enorme porque transforma la relación tradicional entre banco y cliente. Pasamos de un modelo en el que el cliente busca productos financieros a otro en el que el banco anticipa sus necesidades.

Pero hay otra revolución todavía más importante y menos visible: la que ocurrirá dentro de las propias entidades. La banca es uno de los negocios más intensivos en información que existen. Miles de empleados analizan documentos, revisan contratos, programan software, elaboran informes, evalúan riesgos, gestionan reclamaciones, realizan controles regulatorios o atienden consultas. Precisamente las tareas donde la inteligencia artificial está avanzando más rápido.

Por eso, el debate sobre si la IA provocará reducción de plantillas en la banca está mal planteado. Probablemente la cuestión no sea si ocurrirá, sino a qué velocidad. Desde la crisis financiera de 2008, la banca española ya ha vivido una transformación gigantesca mediante fusiones, digitalización y cierre de oficinas. 

La IA puede abrir una segunda fase de ese proceso. Pero esta vez no afectará principalmente a las sucursales. Puede afectar especialmente al enorme entramado de puestos administrativos, tecnológicos y de análisis que existe detrás de ellas. Eso no significa que desaparezca el empleado bancario. Significa que probablemente cambiará profundamente su función. Muchas tareas rutinarias serán realizadas por máquinas y el trabajo humano se concentrará cada vez más en supervisión, relaciones comerciales, decisiones complejas y actividades donde la confianza personal siga teniendo valor.

Y aquí aparece una consecuencia económica muy interesante. Si un banco consigue atender a más clientes, vender más productos, analizar mejor el riesgo y reducir significativamente sus costes operativos, la IA puede convertirse en una poderosa palanca para elevar su rentabilidad. En un sector donde pequeñas diferencias en eficiencia terminan generando enormes diferencias de beneficios, disponer de mejores sistemas de IA puede convertirse en una ventaja competitiva extraordinaria.

Pero también existe la otra cara de la moneda. Cuanto más dependa un banco de la IA, mayor será el riesgo asociado a ella: errores en modelos, sesgos algorítmicos, privacidad de los datos, decisiones difíciles de explicar y, sobre todo, ciberseguridad.

La aparición de modelos capaces de encontrar vulnerabilidades informáticas en cuestión de minutos ha encendido las alarmas entre los supervisores europeos. El Banco Central Europeo (BCE) ya está exigiendo a las entidades reforzar sus planes de contingencia. Porque la misma IA que permite construir defensas más sofisticadas también puede proporcionar herramientas mucho más poderosas a quienes intentan atravesarlas. Y eso convierte esta transformación en una carrera doble: los bancos tienen que adoptar la IA rápidamente para no quedarse atrás, pero no pueden hacerlo tan rápido como para perder el control sobre ella.

Durante años hemos pensado que la gran transformación tecnológica de la banca era pasar de la oficina física al teléfono móvil. Aquello fue solamente la primera parte. La verdadera metamorfosis comienza ahora. El banco del futuro probablemente tendrá menos procesos manuales, estructuras mucho más ligeras, y miles de agentes de IA trabajando permanentemente detrás de cada empleado y de cada cliente. Y esto puede terminar creando una brecha enorme entre entidades.

"Los bancos capaces de utilizar la IA para reducir costes, aumentar ingresos, mejorar la gestión del riesgo y ofrecer servicios realmente personalizados podrán alcanzar niveles de eficiencia difíciles de imaginar hoy. Los que simplemente añadan inteligencia artificial a estructuras diseñadas para el siglo XX probablemente tendrán un problema", advierte Pablo Gil en The Trader.

Por eso, desde el punto de vista del inversor, quizá dentro de unos años ya no sea suficiente comparar bancos mirando únicamente su margen de intereses, morosidad, capital, o rentabilidad. Habrá que empezar a hacerse otra pregunta: ¿qué bancos están utilizando realmente la IA para reinventar su negocio y cuáles simplemente están intentando no quedarse atrás? "Porque si esta revolución alcanza todo su potencial, la IA no será una herramienta más dentro de los bancos. Será parte del propio banco", insiste este experto.

22Jun

Su presidente, Carlos Torres, asegura en el curso de la Apie en la UIMP de Santander que tiene "una visión optimista" sobre el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo: "se va a transformar, sin duda, pero tendrá un efecto positivo".

Miguel Ángel Valero (Fotografía de Manuel Casamayón/Apie)

El presidente del BBVA, Carlos Torres, aprovecha su intervención en la apertura del curso de la Asociación de Periodistas de Información Económica (Apie) en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIM) en Santander, patrocinado por su entidad, para anunciar que el grupo acelera su transformación gracias a la inteligencia artificial (IA). De paso, deja muy claro que toda la actividad de la banca sufrirá una transformación radical, que supera incluso la vivida en el proceso de digitalización.
La IA permitirá comprender mejor el contexto de cada cliente, anticipar necesidades y ofrecer un asesoramiento más personalizado. Esto supone avanzar de verdad “hacia una banca más proactiva, más contextual y más integrada en el día a día de las personas y las empresas”.
Torres asegura que el BBVA afronta la IA no como una evolución tecnológica más, sino como una transformación comparable —e incluso más profunda— que la vivida con la digitalización durante la última década: “La principal lección que aprendimos durante la revolución digital es que las ventajas competitivas más duraderas no provienen de adoptar una tecnología concreta, sino de transformar toda la organización para aprovecharla plenamente”. 
En este sentido, avisa que “la verdadera transformación no ocurre cuando se implanta una herramienta. Ocurre cuando cambian los procesos, la organización y la forma de trabajar”. “Creemos que la IA acabará transformando no sólo la forma en que trabajamos, sino también la naturaleza misma de muchas de las tareas que realizamos", recalca.. Por eso, el BBVA ha situado la IA entre sus máximas prioridades estratégicas y ha creado el área de AI Transformation al máximo nivel de la organización.
El BBVA ha fijado ocho ámbitos estratégicos del banco —‘The Eight’—, que abarcan toda la cadena de valor del banco y que están transformando ya la forma en que trabaja la entidad. Sin embargo, lo verdaderamente relevante para el presidente de BBVA es la capacidad de integrar agentes inteligentes en prácticamente todos los procesos: “Por eso estamos invirtiendo de forma decidida en una infraestructura común —‘The Frame’— que es la base para industrializar la creación, el despliegue, la gestión y el gobierno de agentes de inteligencia artificial a escala”.
“Quienes sean capaces de llevar esa transformación a escala serán los que realmente capturen el valor de esta nueva tecnología”, resalta. En el caso del BBVA, "estamos construyendo la infraestructura sobre la que se apoyará la incorporación progresiva de agentes inteligentes a todos los procesos y actividades del banco", con la idea de no depender de terceros, de mantener todo bajo el control del grupo.
Descarta una ola de despidos o un freno a la contratación por la adopción de la IA. Todo lo contrario, asegura tener "una visión optimista, se va a transformar, sin duda, pero la IA tendrá un efecto positivo sobre el empleo". "No es solo eficiencia y productividad, es que cuanto más robotizada está una sociedad, menos paro tiene", argumenta.
Oportunidad para mejorar la productividad
El presidente del BBVA considera la IA una oportunidad para mejorar la productividad, que es la gran asignatura pendiente tanto de España como de Europa. Es cierto que España ha demostrado en los últimos años una notable capacidad de crecimiento, con una evolución superior a la media europea y una significativa creación de empleo. No obstante, el principal reto estructural sigue siendo elevar la productividad: “Tenemos que lograr que cada trabajador, cada empresa y cada euro invertido generen más valor”. Porque la productividad es clave para la prosperidad y la sostenibilidad del modelo social europeo. “Este no es únicamente un reto español. Es también el gran reto europeo”, asegura.
“La verdadera ventaja competitiva de Europa vendrá de la capacidad de las empresas para incorporar la IA a gran escala”, lo que debe traducirse en más inversión en innovación, acelerar la adopción tecnológica y profundizar en la integración del mercado único para fortalecer la capacidad de crecimiento de la economía europea. Pero mercado único no es solo lograr un Fondo de Garantía de Depósitos único, sino sobre todo unificar todas las normativas de los Estados miembros.
Porque Europa necesita aumentar su capacidad para financiar grandes transformaciones como la transición energética, la digitalización, la seguridad y la defensa, al tiempo que preserva su modelo social y refuerza su autonomía estratégica para las próximas generaciones. “Si el gran reto económico es elevar la productividad, la inteligencia artificial puede convertirse en una de las herramientas más poderosas para conseguirlo”. “La IA puede ayudarnos a trabajar mejor. Ahí reside su enorme potencial económico”.
Pero es "necesario asegurar que los beneficios de esta tecnología se distribuyan ampliamente y contribuyan a ampliar las oportunidades de las personas”.
12Jan

Un análisis de Ibercaja Gestión destaca que para EEUU "no es una prioridad llevar a cabo una transición del régimen. Se quieren recuperar los activos petrolíferos expropiados a empresas estadounidenses e incentivar la inversión en reconstrucción y nuevos desarrollos".


Un análisis de Ibercaja Gestión sobre la situación de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por Trump destaca la voluntad de EEUU por colaborar para establecer un gobierno interino en el país, donde Delcy Rodríguez -vicepresidenta de Maduro- parece la mejor situada. Pero "no es una prioridad llevar a cabo una transición del régimen. Se quieren recuperar los activos petrolíferos expropiados a empresas estadounidenses e incentivar la inversión en reconstrucción y nuevos desarrollos".

No se espera que sea necesario el despliegue de tropas de EEUU en el país. La voluntad de Trump es clara: que todo el territorio americano sea pro EEUU y que la influencia de China y Rusia a ese lado del atlántico sea marginal. "Si a eso le sumas la posibilidad de recuperar parte de las explotaciones de petróleo expropiadas a las empresas de su país y quedar como un héroe ante quien le vota, la jugada es redonda", argumentan los expertos de la gestora de Ibercaja.

Para los mercados la operación ha sido más bien irrelevante. La superioridad militar de EEUU hace improbable una escalada y, salvo en el mercado del crudo, Venezuela es un país que pasa desapercibido para los inversores.

Venezuela es un país rico en recursos energéticos, miembro de la OPEP, pero a pesar de ser el que cuenta con mayores reservas de petróleo del planeta, los niveles de producción son relativamente bajos. Es el país con más reservas de petróleo que menos produce.

Venezuela cuenta con alrededor de 300.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo crudo, representando cerca del 20% de las globales en el mundo. El problema es que las infraestructuras de Venezuela están obsoletas y requieren de inversiones considerables, hasta ahora limitadas por la inestabilidad política, económica y fiscal del país.

No se espera que tenga un impacto en el precio del crudo a corto plazo, pero podría afectar a medio. Con una transición política, se estima que Venezuela podría aumentar la producción de petróleo a 1,3-1,4 millones de barriles diarios en dos años y alcanzar potencialmente los 2,5 millones de barriles diarios durante la próxima década, frente a los aproximadamente 0,9 millones de barriles diarios actuales.

Repsol: la compañía española más afectada por los acontecimientos en Venezuela

De las empresas del Ibex, la que mayor exposición tiene a Venezuela es Repsol. Los datos de 2024 indican que las reservas de petróleo de Repsol en Venezuela son de 256mbep, lo que aproximadamente supone un 15% de las reservas totales del grupo. El 88% de las reservas son de gas, cuya extracción sigue en funcionamiento y es un elemento clave en Venezuela, ya que suministra cerca de un tercio de todo el gas que consume el país. Por este motivo, a pesar de las restricciones geopolíticas de los últimos años, la producción de Repsol en Venezuela no se ha visto reducida.

La compañía produce actualmente unos 45.000 barriles diarios de crudo y gas, enfocándose en suministros para la demanda interna venezolana, ya que tiene las exportaciones restringidas por EEUU desde marzo de 2025.

En la reunión del 9 de enero entre Trump y petroleras con exposición a la región, entre ellas Repsol, su CEO, Josu Jon Imaz, anunció la disposición a "invertir con fuerza" y triplicar la producción a 135.000 barriles diarios en 2-3 años, sujeto a condiciones favorables como licencias y seguridad. 

Repsol tiene en Venezuela cinco operaciones:

  • Perla: al 50% con la italiana Eni, en gas
  • Tomoporo: al 50% con PDVSA, petróleo y gas
  • Quiriquiere Gas Profundo: 60% Repsol Upstream, resto PDVSA, gas
  • Ceiba: 40% Repsol, 60% PDVSA, petróleo
  • Quiriquire Petróleo: 40% Repsol, 60% PDVSA, petróleo y gas

Los analistas ven potencial para mayor generación de caja, aunque destacan riesgos políticos. Se esperan más detalles en el Capital Markets Day de Repsol el 10 de marzo.

Repsol quiere reanudar las exportaciones de crudo, prácticamente paralizadas desde marzo de 2025. Una transición exitosa en Venezuela podría actuar como catalizador positivo para la compañía. El valor en libros de los activos en Venezuela es de 500 millones€, con 5.000 millones de cuentas por cobrar totalmente depreciadas de PDVSA. Los activos venezolanos generan cerca de 200 millones€ de flujos de caja operativo al año, pero el mayor potencial de revalorización está en las reservas. Hasta la fecha, el mercado apenas les asignaba valor por el elevado riesgo de expropiación y la incertidumbre acerca de su monetización. 

Si finalmente vuelve la estabilidad al país, el valor de mercado de las unidades equivalentes de barriles ascendería a los 15.000 millones$, y el valor económico de su explotación para Repsol podría ser de hasta 3.000 millones$.

El compromiso del CEO de Repsol contrasta  con el escepticismo de su colega de ExxonMobil, que llegó a calificar a Venezuela como “inviable para invertir”. Y se sitúa en la misma línea que su homólogo de Chevron (la única petrolera de EEUU con presencia real actualmente en Venezuela), que aseguró estar comprometido y listo para aumentar la producción.

El análisis de Ibercaja Gestión también se detiene otras empresas españolas con presencia en Venezuela:

  • BBVA: el Provincial tiene un valor en libros de 100 millones€, escasa contribución a los beneficios del grupo, 200 sucursales y 2.000 empleados
  • Telefónica: comercializa servicios de telefonía fija, móvil e internet, y también para empresas. Hace un año anunció una inversión de 500 millones€ en redes de telefonía. Esta actividad está dentro de los planes de desinversión del grupo en América Latina
  • Mapfre: destaca que cuenta con 20 oficinas, la mitad en Caracas. Como publicó Dinero Seguro, su presidente Antonio Huertas señala que "nunca nos hemos planteado salir del país en el que entramos a principios de los años 90, ni siquiera en los momentos más difíciles, y no lo vamos a hacer ahora, vamos a seguir reforzando nuestro compromiso allí, con nuestros 320 empleados”. A lo largo de los últimos cinco años, Mapfre ha tenido que ir devaluando su posición en Venezuela, debido a la hiperinflación provocada por años de régimen chavista. Ahora “se está produciendo un momento muy convulso, pero no vamos a tener que hacer ningún tipo de provisión por nuestra presencia allí, lo que sí esperamos es que se empiece a abrir un periodo económico más positivo”. La situación de Venezuela está "encapsulada", y el presidente de Mapfre no cree que afecte a otros países de la zona, como Colombia. "Todo lo contrario, la tendencia en Latinoamérica es a mejor, con lo que esperamos que sea un gran año".
  • Iberia: Venezuela supone el 1,5% de la actividad de larga distancia
  • Meliá: cuenta con un hotel de 5 estrellas en Caracas

Groenlandia, el nuevo objetivo

Tras el anuncio de la captura de Maduro, el presidente de EEUU no ha dudado en seguir empujando su voluntad en cuanto a política exterior. El nuevo objetivo es Groenlandia, cuya ubicación estratégica es clave para la seguridad nacional del país. Trump, fue tajante -es su estilo- con sus aspiraciones en Groenlandia asegurando que es un territorio “necesario” para ellos.

Independientemente de la voluntad de los groenlandeses, que quieren independizarse de Dinamarca, pero de momento no han mostrado interés por unirse a EEUU, lo cierto es que la región está ubicada en un punto militarmente estratégico. La costa de Groenlandia cubre buena parte del Océano Ártico, por donde cada vez pasan más cargueros chinos y rusos. Con el deshielo, la ruta ártica empezará a ser clave para el comercio, ya que es una alternativa más rápida para llegar a Europa desde China que el Canal de Suez.

Por la ubicación de las bases militares rusas, la trayectoria de un misil nuclear con fines de impactar a EEUU pasa por Groenlandia. EEUU ya cuenta con bases militares en la región con sensores capaces de detectar misiles de largo alcance, pero quiere incrementar su fuerza militar allí.