25Sep

Meta sorprende con Muse Charm, un aparato con una pantalla pequeña donde vive el avatar del agente, que se lleva en el bolsillo o colgado de las llaves.

Miguel Ángel Valero

Oracle ha notificado a Blue Owl que se acoge a la cláusula de "causa mayor" para protegerse legalmente de sobrecostes o retrasos fuera de su control en Project Jupiter, su megacentro de datos en Nuevo México, financiado con un préstamo de 18.000 millones$ cuya deuda ya cotiza bajo mínimos. Alega retrasos en el suministro eléctrico y obstáculos regulatorios, aunque sigue obligada a asumir costes de mantenimiento si la instalación no entra en operación según lo previsto. Primera grieta en la factura de la inteligencia artificial (IA).

La situación salpica a Bloom Energy, que se derrumba en Bolsa junto a Oracle. Le suministra hasta 2,45 gigavatios de pilas de combustible para el centro de datos de Nuevo México y su cotización va pegada a ese proyecto.

Meta ha presentado en Connect 2026, su evento anual en Menlo Park, sus primeras gafas sin cámara: las Ray-Ban Meta Audio, desde 349$. Y su CEO, Mark Zuckerberg, sorprendió con un aparato de bolsillo para hablar con Muse, su agente personal, que saldrá en diciembre. El agente salió a principios de septiembre y en tres semanas Meta ya lo ha llevado al Mac, lo ha abierto a las tiendas de Shopify y ahora lo mete en las gafas, en un llavero y en un avatar con el que hacer videollamadas. "La pieza central de nuestra visión es Muse", proclama Zuckerberg.

Meta tenía un problema con la cámara. Las Ray-Ban Meta se venden bien, pero en EEUU se han ganado el mote de "pervert glasses" por gente que graba a otros sin que se enteren. Meta ya bloqueaba la cámara si alguien tapaba el LED que avisa de que se está grabando, y la desconfianza siguió igual. Pero le cayó además una demanda por entrenar el reconocimiento facial de sus gafas con fotos de Instagram. Quitar la cámara cierra esa discusión y de paso adelgaza el producto hasta los 43 gramos. 

Por otra parte, Muse Charm es un aparato con una pantalla pequeña donde vive el avatar del agente, que se lleva en el bolsillo o colgado de las llaves. "Hemos metido toda la experiencia de Muse, incluida la voz en tiempo real y el avatar, en algo que cabe en un llavero", asegura Zuckerberg. Muse será gratis durante "una cantidad enorme de tokens" y Meta espera ganar dinero con una pequeña comisión sobre las transacciones. La apuesta es el comercio: un agente que compra por ti y Meta llevándose su parte en cada pago. Los acuerdos con Stripe, Shopify y PayPal van en esa dirección.

Además, llegan Meta One, una suscripción con más funciones de IA, y las Meta VR Glasses, realidad virtual en unas gafas de unos 100 gramos, cinco veces más ligeras que las Quest 3

Anthropic ha publicado el primer resultado de su laboratorio de biología. Unos 950 agentes de Claude revisaron una enorme base de datos de ADN y dieron con un sistema sin describir hasta ahora en los bacteriófagos, los virus que infectan bacterias. Tiene un patrón de ADN repetido que recuerda a CRISPR, la herramienta de edición genética detrás de una ola de medicamentos. Qué hace exactamente todavía no lo sabe ni Anthropic. Pero Claude ya dirige el 26% de la investigación de Anthropic. Lo hace de principio a fin con una persona supervisando. En febrero era menos del 1% y la autonomía total sigue en cero.

Por otra parte, Amazon abre su panel de vendedores a agentes, empezando por Claude. Éste ya puede consultar anuncios, inventario y analíticas en Seller Central. Cualquier cambio que proponga necesita la aprobación del vendedor.

China investiga a DeepSeek y Moonshot por pasar datos a Claude. Sospecha que enviaron datos de sus usuarios a Claude sin avisarles. Llega tras el informe de Anthropic del 10 de septiembre sobre destilación (copiar un modelo a partir de sus respuestas).

OpenAI ha renovado el modo de voz de ChatGPT. Ahora funciona con GPT-6 y puede entrar en el correo, calendario y Slack del usuario para hacer cosas, además de responder. Éste le habla desde el móvil o el ordenador y ChatGPT Work se pone a trabajar. Dictar un encargo cuesta diez segundos y escribirlo bien, bastante más. Para quien pasa el día entre reuniones y viajes, decir 'contesta a este cliente y resérvame una hora el jueves' y que se haga cambia qué tareas delegas. Pero atención a los permisos: un agente con acceso al correo del usuario puede enviar en su nombre, así que éste debe decide qué deja que haga sin preguntarte. 

Mientras, un agente de OpenAI se coló en un portal sanitario australiano. El primer ministro Anthony Albanese reveló que en junio un agente de OpenAI saltó los bloqueos de un portal de estadísticas de Medicare y llegó a archivos no públicos. OpenAI dice que no tocó historiales de pacientes.

Google lanza voces de IA que el usuario dirige frase a frase. Gemini 3.8 Flash TTS y Flash-Lite TTS crean voces a medida, montan diálogos a dos voces y funcionan en más de 100 idiomas.

Qualcomm renueva su acuerdo de licencias de patentes con Apple que entra en vigor el 1 de abril de 2027, justo cuando expiraba el anterior. Le asegura royalties de unos 8 a 9$ por iPhone durante más años, aunque Apple ya fabrica sus propios módems y solo monta los de Qualcomm en el iPhone 18 Pro Max de EEUU.

18Sep

El 25% de los ciudadanos de EEUU utiliza la inteligencia artificial a diario, y casi un tercio de quienes la usan deja que sus agentes IA actúen sin pedirle permiso.

Miguel Ángel Valero

Un 33% de los gestores de fondos de inversión, máximo histórico de la encuesta de Bank of America, cree que las empresas se están pasando invirtiendo en inteligencia artificial (IA). El dato se interpreta como que el mercado ya empieza a oler burbuja de gasto en IA.

Otro dato que preocupa: el 25% de los ciudadanos de EEUU usa IA a diario, y casi un tercio de quienes la usan deja que sus agentes IA actúen sin pedirle permiso. En este contexto, Claude y ChatGPT ya pueden manejar la casa del usuario a través de Google Home. Ofrece un conector para que los asistentes controlen cámaras Nest, termostatos y aparatos Matter. Las acciones sensibles, como abrir puertas, quedan bloqueadas.

Robeco recomienda invertir en la infraestructura física que alimenta la IA

Roman Boner, Senior Portfolio Manager de Robeco, cree que la atención de los inversores puede estar actualmente en los semiconductores y el procesamiento, pero la próxima fase de la revolución de la IA se está moldeando cada vez más por la infraestructura física necesaria para alimentarla. Desde las redes eléctricas y los sistemas de gestión de energía hasta las tecnologías de refrigeración y la generación de energía renovable, los desarrollos recientes proporcionan más evidencias de que la oportunidad de inversión relacionada con la IA va mucho más allá de los semiconductores. 

Los mercados globales de acciones han repuntado gracias a los sólidos resultados corporativos que ayudaron a compensar las preocupaciones sobre el aumento de los rendimientos de los bonos y las tensiones geopolíticas. Las empresas vinculadas a la IA recuperaron el liderazgo en el mercado tras otra fuerte temporada de resultados que evidenció la escala de la inversión continua en centros de datos, capacidad informática e infraestructura de apoyo.

Para los inversores, uno de los desarrollos más significativos sigue siendo la acelerada expansión de la infraestructura eléctrica. Se proyecta que la demanda de energía en EEUU crecerá casi tres veces más rápido que en las dos últimas décadas, impulsada por los centros de datos de IA, la relocalización industrial, la electrificación y la adopción de vehículos eléctricos. Satisfacer esta demanda requerirá una inversión sustancial en la modernización de redes, generación de energía renovable, almacenamiento en baterías y tecnologías de eficiencia energética. Estas tendencias se vieron reflejadas en el desempeño constante de empresas expuestas a equipos de red, infraestructura de transmisión, sistemas de refrigeración líquida y tecnologías de redes ópticas. Es otro indicador de que la confianza en la demanda energética vinculada a la IA se mantendrá estructuralmente alta durante años. 

Al mismo tiempo, los inversores reconocen cada vez más que años de infrafinanciación en infraestructura energética han creado un desequilibrio estructural entre oferta y demanda que requerirá un gasto de capital significativo durante la próxima década. “El próximo cuello de botella en la IA no es la potencia informática. Es la potencia eléctrica. Las tecnologías que permiten la generación de energía, la expansión de redes, el almacenamiento y la eficiencia energética se están convirtiendo en infraestructura esencial para una economía más electrificada. Estamos presenciando un cambio de un gasto cíclico en energía a una construcción de infraestructura plurianual impulsada por la IA y la electrificación", concluye este experto.

Movimientos en IA

  • Cohere y Aleph Alpha se fusionan para competir con más fuerza en el segmento de IA para empresas. 
  • Anthropic ha fusionado el chat de Claude, Cowork (su agente para trabajos largos) y Design (su herramienta visual) en una sola experiencia para el usuario.
  • Salesforce manda un mensaje optimista en el Investor Day de Dreamforce. Sube la guía de ingresos para su año fiscal 2027 hasta los 46.400 millones$, un 11%más, y anuncia una megarecompra de acciones por 25.000 millones. Reafirma su meta de 63.000 millones para 2030 y lo fía todo a la IA de Agentforce frente a  las dudas sobre el software.
  • ElevenLabs, la empresa conocida por sus voces con IA, ha lanzado Reception, un agente de voz que atiende llamadas a cualquier hora. Está pensado para pequeñas empresas y autónomos: agenda citas, contesta preguntas de clientes y pasa cada asunto a la persona que toca. Ya está disponible en todo el mundo y funciona en más de 70 idiomas.
  • Novo Nordisk se alía con Anthropic para investigar fármacos. Llevará Claude Science a su investigación de medicamentos, pocos meses después de firmar un acuerdo con OpenAI. Además, firma con la danesa Orbis Medicines un acuerdo de hasta 1.400 millones$ para desarrollar píldoras cardio-metabólicas de nueva generación, con una inversión estratégica incluida. Con el boom de los inyectables para adelgazar ya maduro, Novo busca su próxima gallina de los huevos de oro en la pastilla oral, justo el terreno donde se pelea a muerte con Eli Lilly. Y Twist Bioscience se alía con TuneLab de Eli Lilly para acelerar el descubrimiento de anticuerpos. 
  • Amadeus cree que la IA cambiará cómo se busca un viaje, pero no sustituirá a su sistema de reservas para aerolíneas y agencias. UBS y Deutsche Bank respaldan la tesis y la acción sube en Bolsa.
  • Generac se dispara un 19,6% en el NYSE porque Amazon le compra generadores de reserva para sus centros de datos: 2.400 millones en entregas para 2027-2028 y hasta 8.000 millones en siete años. 
  • Vicor sube un 15% en el Nasdaq tras firmar licencias de sus módulos Vertical Power Delivery con nuevos fabricantes de chips de IA. La energía para los centros de datos es el cuello de botella del momento, y Vicor parece haber leído el análisis de Robeco.
  • ChatGPT empieza a vender anuncios el 23 de septiembre. OpenAI lanza sus herramientas de publicidad: agentes patrocinados, un complemento para gestionar campañas, integración con HubSpot y una app para Shopify.
21Feb

La inteligencia artificial promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles.

Miguel Ángel Valero

Elon Musk ha dado uno de los pasos corporativos más agresivos (y menos convencionales) de los últimos años: SpaceX ha adquirido xAI, su empresa de inteligencia artificial. No se trata de una compra al uso. Es una reorganización interna de poder, capital y narrativa. La operación eleva la valoración del grupo por encima del billón$ y consolida a Musk como el mayor empresario privado del planeta. Pero más allá del titular, lo relevante es por qué lo hace ahora… y qué riesgos asume.

xAI llega tarde a la carrera de la inteligencia artificial. Ha tenido que gastar miles de millones para intentar alcanzar a competidores muy consolidados, con un modelo de ingresos todavía débil. La fusión con SpaceX es, en la práctica, un rescate financiero. SpaceX no es una empresa cualquiera: es un contratista clave de gobiernos, con flujos de ingresos relativamente estables y una reputación tecnológica sólida. Al absorber xAI, importa riesgos financieros, regulatorios y reputacionales que antes no tenía.

Y aquí aparece la primera gran pregunta estratégica de ese movimiento, ¿cuál es el verdadero plan?  Porque sinceramente hace falta un auténtico acto de fe para entender cómo una empresa que combina redes sociales con un chatbot de IA ayudará a SpaceX a lograr lo que Musk ha descrito durante años como su objetivo último: llevar seres humanos a Marte.

Desde el punto de vista del inversor, el intercambio es claro:

  • más ambición
  • más complejidad
  • más incertidumbre

El punto más revelador no es Grok, ni los chatbots, ni las redes sociales. Es esto: Musk quiere llevar centros de datos al espacio. El verdadero plan es infraestructura, no el software. Sin restricciones de suelo. Con acceso directo a energía solar. Y bajo una estructura privada, poco transparente y altamente centralizada.

No es ciencia ficción: es una apuesta a largo plazo por controlar la infraestructura crítica del futuro… como el lenguaje de Musk (como en el de Trump) todo es grandilocuente, no se descarta una posible IPO o salida a Bolsa en 2026, con el objetivo de levantar decenas de miles de millones.  

"La lógica es conocida: crecer primero, explicar después. Esto no va de IA. No va de Marte. No va de redes sociales. Va de algo mucho más clásico: control, escala y poder financiero. El problema es que cuando demasiadas piezas críticas (tecnología, datos, contratos públicos, narrativa y capital) se concentran en una sola estructura, el margen de error se vuelve peligrosamente pequeño", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Una fase completamente nueva para las grandes tecnológicas

Pero no es solo Elon Musk, SpaceX y xAI. Las grandes tecnológicas han entrado en una fase completamente nueva. Ya no compiten solo con software, talento o cuota de mercado. Ahora compiten a base de hormigón, electricidad, chips y cientos de miles de millones de dólares en inversión física.

Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén invertir conjuntamente cerca de 650.000 millones$ este año. Una cifra sin precedentes en este siglo, comparable solo con grandes episodios históricos de construcción de capacidad: la burbuja de las telecomunicaciones de los 90, el ferrocarril del siglo XIX o el New Deal estadounidense.

El destino de ese capital es claro: centros de datos, redes eléctricas, generación de energía, sistemas de refrigeración, infraestructuras de red y chips de alto rendimiento. La carrera por dominar el cómputo necesario para la IA se ha convertido en un mercado de “el ganador se lo lleva casi todo”. Y nadie quiere quedarse atrás.

Cada una de estas compañías va a gastar en un solo año más que cualquier gran corporación estadounidense en la última década. Amazon apunta a cerca de 200.000 millones$. Alphabet hasta 185.000 millones. Meta podría elevar su “capex” cerca de un 90 % interanual. Microsoft ya ha incrementado su inversión más de un 60 %. Todo para sostener modelos de IA que requieren miles de chips fabricados por Nvidia y producidos por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. 

Pero el problema ya no es solo el tamaño del gasto, sino cómo se financia y qué efectos secundarios está empezando a generar. Una parte creciente de esta inversión se está financiando a través del mercado de bonos corporativos de alta calidad. Gigantes como Oracle o Microsoft están aumentando de forma significativa sus emisiones de deuda para sostener esta carrera. El resultado es una presión creciente sobre un mercado que ya cotiza con diferenciales históricamente estrechos, muy cerca de los niveles de finales de los 90.

El mercado empieza a lanzar señales de advertencia. Las nuevas emisiones tecnológicas ya muestran un peor comportamiento relativo frente a los bonos del Tesoro. Los spreads se amplían tímidamente, pero desde niveles tan ajustados que dejan muy poco margen para errores. No hace falta una crisis: basta con una decepción en retornos, retrasos en monetización o una desaceleración inesperada.

Al mismo tiempo, la disrupción que promete la IA está empezando a reflejarse en el crédito. Los préstamos apalancados de empresas de software caen, los modelos tradicionales empiezan a ponerse en cuestión y sectores enteros ven cómo el mercado descuenta que parte de sus ingresos pueden quedar obsoletos. La IA no solo crea ganadores: también acelera la destrucción de modelos de negocio.

Todo esto está transformando la esencia de estas compañías. Durante años fueron negocios ligeros en activos físicos. Hoy, Meta ya gasta más en infraestructura que en ingenieros. Su balance en propiedades y equipamiento se ha multiplicado por cinco desde 2019. La tecnología se está volviendo intensiva en capital… y eso cambia radicalmente las reglas del juego.

Los inversores lo han entendido. A pesar de que los ingresos siguen creciendo y los negocios principales se mantienen sólidos, el mercado ha empezado a castigar los anuncios de gasto. No por dudar del potencial de la IA, sino por cuestionar el ritmo, el retorno y la rentabilidad real de esta inversión colosal. La historia demuestra que las grandes oleadas de inversión suelen ser potentes catalizadores económicos… pero no siempre buenos negocios para todos los accionistas ni para todos los acreedores.

La IA promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles. Y en paralelo, en cómo esa carrera se filtra al mercado de crédito, donde los precios dejan poco margen para decepciones. La verdadera criba bursátil —y crediticia— acaba de empezar.

El mensaje estratégico de Alphabet: un bono a 100 años

Por eso hay movimientos financieros que, más allá de la cifra, envían un mensaje estratégico muy potente. Alphabet ha emitido deuda por valor de 5.500 millones de libras (unos 7.530 millones$) dentro de un programa más amplio que también incluye 3.055 millones en francos suizos y hasta 20.000 millones con vencimiento en 2066. Pero el titular que realmente destaca es otro: un bono a 100 años por 1.000 millones de libras con un cupón del 6,125 % anual.

Ese 6,125% es el interés que la compañía pagará cada año a los inversores que han comprado ese bono. Durante un siglo. Y en 2126, además, devolverá el principal. No es una cifra menor. Supone fijar hoy el coste del dinero durante cien años, algo que solo pueden permitirse empresas con enorme fortaleza financiera y credibilidad en los mercados.

Ahora bien, la pregunta interesante no es por qué Alphabet emite ese bono. Es porque alguien lo compra. Ningún inversor particular adquiere un bono a 100 años pensando en esperar al vencimiento. Los compradores son grandes instituciones, fondos de pensiones y aseguradoras que necesitan activos capaces de generar flujos estables durante décadas. Tienen obligaciones futuras muy largas y necesitan emparejar esos compromisos con ingresos previsibles. Para ellos, un 6,125% anual en una compañía como Alphabet puede resultar atractivo dentro de una estrategia de largo plazo. Además, estos bonos cotizan en mercado secundario, por lo que no es necesario mantenerlos hasta el vencimiento.

Conviene también distinguir entre un bono a 100 años y un bono perpetuo. En el bono centenario existe una fecha concreta de devolución del principal, aunque esté muy lejana. El inversor sabe que, además de los cupones, hay una amortización final. En un bono perpetuo no hay vencimiento: el emisor paga intereses indefinidamente y no tiene obligación de devolver el principal. Desde el punto de vista del comprador, eso implica que toda la rentabilidad depende exclusivamente de los cupones futuros y que la sensibilidad a los tipos suele ser todavía mayor.

Pero lo verdaderamente relevante es el destino del dinero. La carrera por la IA se ha convertido en una competición de capital intensivo. Centros de datos, chips especializados, energía, talento, adquisiciones estratégicas… Todo exige miles de millones. Y las grandes tecnológicas han entendido que esto no va de pequeñas mejoras incrementales, sino de dominar infraestructuras críticas para la próxima década.

Si una empresa decide endeudarse a 100 años es porque percibe que el retorno esperado de esa inversión es superior al coste de la deuda durante un siglo. Es una apuesta implícita sobre el crecimiento futuro de la demanda de servicios basados en IA, sobre la monetización de modelos avanzados y sobre su capacidad para mantener márgenes elevados en un entorno cada vez más competitivo. Estamos viendo cómo la IA no solo transforma modelos de negocio, sino también estructuras financieras. Las tecnológicas ya no compiten solo con código y talento, sino con balances capaces de absorber inversiones históricas.

"Cuando una compañía es capaz de comprometerse financieramente durante cien años para acelerar su apuesta tecnológica, no está pensando en el próximo trimestre. Está construyendo una posición estructural para dominar el siguiente ciclo económico. Y como inversores deberíamos preguntarnos si estamos valorando estas decisiones con la profundidad temporal que realmente merecen", apunta Pablo Gil.

Quién define las reglas del juego

Durante años, los grandes líderes de la inteligencia artificial han repetido el mismo mensaje: “Queremos regulación”. Pero cuando la regulación empieza a tomar forma, el discurso se vuelve más complejo. En EEUU se está librando una batalla poco visible pero muy relevante para el futuro del sector: una guerra de influencia política entre las propias empresas de IA, una batalla silenciosa por regular la inteligencia artificial.

Dos grandes actores del sector, OpenAI y Anthropic, están apoyando —directa o indirectamente— organizaciones políticas con visiones muy distintas sobre cómo debe regularse la inteligencia artificial. Por un lado, está OpenAI, creadora de ChatGPT y probablemente la empresa más reconocida del sector. Nació como organización sin ánimo de lucro con la misión de desarrollar una IA “segura y beneficiosa para la humanidad”, pero hoy opera bajo un modelo híbrido con fuertes alianzas estratégicas, especialmente con Microsoft. Es uno de los grandes impulsores de la adopción masiva de la IA generativa.

En el otro lado está Anthropic, fundada por antiguos investigadores de OpenAI y centrada desde el inicio en el desarrollo de modelos con fuertes mecanismos de seguridad. Su modelo Claude compite directamente con ChatGPT, pero su posicionamiento público ha sido más prudente y orientado al control de riesgos. Ambas compiten en el mismo mercado. Pero no comparten la misma visión regulatoria.

Anthropic ha anunciado estos días una aportación de 20 millones$ a un PAC o grupo que defiende reglas más estrictas en materia de seguridad y control de la IA. En paralelo, otro PAC respaldado por figuras cercanas a OpenAI ha reunido más de 100 millones para promover una regulación federal más uniforme y evitar un mosaico de leyes estatales que frene la innovación. No es solo una discusión técnica. Es una disputa estratégica sobre quién define las reglas del juego.

En EEUU, un PAC (Political Action Committee) es una organización que recauda dinero para influir en elecciones o en políticas públicas. Un 'super PAC' puede recaudar cantidades ilimitadas de dinero de empresas, inversores o particulares para financiar campañas publicitarias y apoyar candidatos o causas concretas. Aunque no pueden coordinar directamente con los políticos, su capacidad de influencia es enorme. En la práctica, son una herramienta clave para moldear el entorno regulatorio, o ganar elecciones.

Todo esto es relevante porque la regulación que se diseñe en EEUUU marcará el estándar global. La IA ya no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión geopolítica, económica y laboral. Mientras algunas empresas apuestan por menos restricciones para acelerar la innovación, otras temen que el desarrollo sin límites genere riesgos sistémicos: desde pérdida masiva de empleo hasta problemas de seguridad o de concentración de poder.

"Y aquí está la clave: la discusión ya no es si habrá regulación. La discusión es quién va a ser quien la escriba", resalta Pablo Gil.