19May

Cada día que pasa con el Estrecho de Ormuz cerrado, se acerca el escenario alternativo peor para la economía: la aparición de efectos de segunda ronda en la inflación, que extenderían la inflación a otros bienes y servicios, debilitando el consumo y por tanto el crecimiento.

Miguel Ángel Valero

Trump eleva la presión dialéctica sobre Irán al señalar que pospone un ataque conjunto de Estados Unidos con las monarquías del Golfo —Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos— que, según sus palabras, estaba previsto para hoy. Sin concretar plazos, se habla ahora de una ventana de dos o tres días para alcanzar un acuerdo. Las negociaciones, aunque alejadas del foco mediático, continúan, con una propuesta iraní presentada durante el fin de semana que sigue sin satisfacer las expectativas de Washington. 

En paralelo, tras el golpe sufrido por los bonos, los mensajes cambiantes en torno al conflicto ayudaron a contener las ventas e incluso permitieron avances en el tramo largo de la curva alemana. La renta variable, por su parte, continúa disfrutando de su luna de miel con la inteligencia artificial. Los contundentes resultados del primer trimestre respaldan que el S&P 500 se mantenga cerca de máximos, a la espera de que mañana los resultados de Nvidia pongan el broche de oro a la temporada. A estas alturas, las ambiciosas cifras que Jensen Huang daba el año pasado –cuando hablaba de una inversión acumulada en infraestructuras de IA de entre tres billones y cuatro billones$ al final de la década– ya no parecen tan lejanas.

Trump regresa, así, a un entorno en el que el mercado percibe como más tangible el despliegue masivo de capital en infraestructura de IA que la probabilidad de un conflicto prolongado con Irán. Además, tras dos meses y medio de interrupciones en el estrecho, la resiliencia de la economía global –y, en particular, de la estadounidense– sigue sorprendiendo. Las Bolsas continúan premiando la escasez, mientras que los bonos y las materias primas la observan desde un prisma más cauteloso.

Ampliación de TrumpRx

Por otra parte, Trump ha anunciado la ampliación de su plataforma de venta directa de medicamentos, TrumpRx, que incorporará más de 600 fármacos genéricos a precios reducidos. La iniciativa se desarrollará en colaboración con el empresario Mark Cuban y su compañía Cost Plus Drugs, especializada en la venta directa de medicamentos por correo al consumidor. Sus descuentos se integrarán en la plataforma TrumpRx junto con ofertas de GoodRx y la división farmacéutica de Amazon. Según el presidente de EEUU, la medida multiplicará por casi siete el catálogo disponible. Con ello, la administración busca aliviar el impacto al creciente coste de vida en los hogares, en un contexto marcado por la proximidad de las elecciones legislativas.

Pero la medida adoptada por Trump tiene mucho que ver con una decisión del Tribunal Supremo, que rechaza por unanimidad el recurso de cinco grandes farmacéuticas (Bristol Myers, Novo Nordisk, AstraZeneca, Merck y Novartis) contra el programa de negociación de precios de Medicare. Estas empresas llevaban meses recurriendo el programa de negociación de precios de Medicare de la Ley de Reducción de la Inflación de Biden. Lo que hace especialmente duro el golpe es que Trump mantiene la ley en vigor. La industria farmacéutica esperaba que el cambio de Administración les diera oxígeno. No ha sido así. El programa de negociación de precios de Medicare es ya una realidad permanente del mercado americano, y los diez primeros medicamentos en la lista son solo el principio.

Las implicaciones son directas y duraderas. Cualquier empresa con un medicamento de alto precio en la lista de Medicare tiene que modelar un descuento forzado en sus proyecciones de ingresos. Los márgenes de toda la gran farma con exposición a Medicare se comprimen de forma estructural. Y eso lo están pagando en Bolsa.

Mientras, Vladimir Putin llegar a Pekín para reunirse con Xi Jinping con el objetivo de impulsar el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2, que conectaría Siberia con China a través de Mongolia. En el actual contexto de inestabilidad en Oriente Medio, Pekín tiene un incentivo evidente en garantizar su suministro energético –el 30% de su gas importado pasa por el estrecho de Ormuz–, mientras que Moscú, presionado por las sanciones occidentales derivadas de la guerra tras la invasión de Ucrania, busca reforzar una relación comercial de la que depende cada vez más.

Ebury: El dólar gana tracción en LatAm

Tras la caída generalizada de los bonos soberanos y la falta de avances en las negociaciones con Irán, los inversores buscaron refugio en el dólar, que se fortaleció frente a todas las divisas latinoamericanas. Además algunos factores domésticos lastraron especialmente a determinadas divisas como el real o el peso chileno. En Brasil, un escándalo que ha salpicado a Bolsonaro ha generado preocupación entre los inversores de cara a las elecciones electorales de octubre, mientras que la corrección sufrida del cobre ha impactado sobre las divisas chilenas y peruanas.

  • Real brasileño (BRL): fue la divisa latinoamericana que peor desempeño mostró la semana pasada, habiéndose depreciado más de un 2 % frente al dólat. A los factores globales que provocaron una huida hacia el dólar, se sumaron los domésticos que presionaron al real a la baja. Entre ellos destacamos los audios que vinculan a Flavio Bolsonaro con el banquero Daniel Vorcaro, acusado de fraude. El coste electoral de este escándalo está por determinar, aunque ya ha provocado un sorpasso en las probabilidades implícitas de Polymarket (45% de Lula vs 32% de Bolsonaro).  Contrarrestando a estos factores bajistas, el real debería continuar viéndose respaldado por unos precios del crudo elevados con respecto a los niveles previos al conflicto y un carry trade aún atractivo, a pesar de las bajadas que anticipamos a lo largo de este año.  
  • Peso chileno (CLP): continúa cotizando casi un 6% por encima de los niveles previos al conflicto de Irán, sin atisbo alguno de una resolución del mismo. El peso se vio lastrado, además, por una caída del cobre del 2,5% en la última semana. Tras el rally experimentado en el último mes, el cobre perdió algunas de sus ganancias dadas las perspectivas de un desaceleración de la actividad económica por la guerra de Irán y unos datos económicos de China que apuntan a un menor dinamismo en este segundo trimestre del año. Como guinda del pastel, los datos de PIB del primer trimestre confirmaron la desaceleración que venían anunciando las últimas publicaciones del Imacec, habiéndose producido una contracción interanual del 0,5 %. En este contexto, el listón para que el banco central suba tipos ahora está un peldaño más alto. 
  • Peso colombiano (COP): ha sufrido un mes desastroso, habiendo caído más de un 6% frente al dólar y perdido todas sus ganancias desde la guerra de Irán. A las preocupaciones por la independencia del banco central y la incertidumbre electoral, se suma la mayor emisión de bonos soberanos por el Ministerio de Hacienda para financiar un total return swap, que está presionado los rendimientos al alza. A dos semanas de las elecciones presidenciales, se espera que la incertidumbre y la volatilidad se mantengan elevadas. Las encuestas apuntan de forma consistente a una victoria de Cepeda en primera ronda. En segunda, sin embargo, existe menos claridad y parece que podría darse un resultado ajustado. A día de hoy, Polymarket daría por ganador al candidato de derechas, Abelardo de la Espriella, pero las probabilidad implícitas podrían continuar variando en las próximas semanas. 
  • Peso mexicano (MXN): también perdió algo de terreno la semana pasada, aunque sigue cotizando en torno a los niveles previos al estallido del conflicto en Irán. El inicio de conversaciones con EEUU en marzo en torno a la renegociación del T-MEC es una señal positiva. No obstante, la volatilidad podría intensificarse si la administración de Trump empieza a lanzar amenazas como herramienta de negociación. De momento, el gobierno de Sheinbaum está adoptando una posición bastante conciliadora, permitiendo cierta estabilidad en el cruce USD/MXN. Esta semana estaremos atentos a las últimas minutas de Banxico y a la publicación de múltiples datos económicos este viernes, de los cuales destacamos el PIB del T1 y la inflación de mitad de mes. Se espera una confirmación de que Banxico ha dado por cerrado el ciclo de recortes, lo cual evitará un estrechamiento mayor del diferencial de tipos con otras regiones económicas. 
  • Sol peruano (PEN) El cruce USD/PEN parece haberse estabilizado en torno a la cota de 3.43 en la última semana, tras la confirmación de una segunda vuelta electoral que se disputarán Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. El candidato preferido de los inversores es la primera y los mercados de apuestas apuntan a una victoria suya con una probabilidad implícita del 64% frente al 36% de Sánchez. De confirmarse, vemos margen para una mayor recuperación del sol peruano. En cuanto a política monetaria, el banco central mantuvo las tasas intactas la semana pasada, habiendo adoptado claramente una postura de 'esperar y ver'. Seguimos pensando queprolongará la pausa en el futuro inmediato, pero dados los riesgos inflacionarios y el buen comportamiento de la economía, no se debe descartar por completo un posible ajuste al alza este año.

UBS: más volatilidad y riesgos para el crecimiento

Las Bolsas globales han caído en medio de una venta masiva de bonos gubernamentales. "Creemos que la volatilidad de los rendimientos podría aumentar aún más a corto plazo a medida que se intensifican los riesgos inflacionarios, aunque también esperamos que los riesgos para el crecimiento cobren protagonismo. No creemos que unos rendimientos más altos vayan a frenar el actual rally bursátil. Los riesgos para el crecimiento siguen siendo un factor a tener en cuenta para los bancos centrales. Probablemente habrá suficiente demanda de bonos para estabilizar los rendimientos. Los mercados bursátiles deberían resistir unos rendimientos más altos gracias a un crecimiento sólido", señalan en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien la volatilidad de los rendimientos a corto plazo puede mantener a los mercados en tensión, los niveles actuales de rentabilidad y los riesgos para el crecimiento apuntan, en nuestra opinión, a una atractiva relación riesgo-retorno para los bonos de calidad con vencimientos cortos y medios. También mantenemos una visión positiva sobre la renta variable global y recomendamos a los inversores mantener una exposición diversificada entre sectores y regiones”.

“Nuestra visión sigue siendo que los inversores deben mantenerse invertidos, al tiempo que rebalancean posiciones concentradas desde una posición de fortaleza y aumentan la exposición a bonos de calidad”, insiste.

“El resultado más probable de las elecciones de medio mandato de 2026 es un gobierno dividido, poniendo fin a dos años de control unificado y redefiniendo el proceso legislativo. Sin embargo, los principales impulsores del comportamiento de los mercados —los beneficios empresariales, la política monetaria y el crecimiento económico— seguirán siendo determinantes”, aporta Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities.

“Tras el fuerte rally de los mercados durante las últimas siete semanas, no sería inusual ver un período de consolidación, y ahora esto podría ser incluso más probable. Sin embargo, esperamos que esta fase sea más bien una ‘pausa para tomar impulso’ y no una debilidad prolongada. En última instancia, los fundamentales de crecimiento y beneficios deberían prevalecer, a medida que los apoyos y errores de política queden atrás”, cree Jason Draho, Head Asset Allocation Americas.

Columbia  Threadneedle: tipos más altos durante más tiempo

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, señala que, al observar los mercados bursátiles estadounidenses, cabría esperar que todo fuera bien en la economía del país. Sin embargo, el panorama inflacionario es cada vez más preocupante. Se constató que los precios de los productos al salir de fábrica estaban subiendo en torno al 6%.Estas tendencias ponen de manifiesto que la inflación está empezando a repuntar de verdad, y todo ello en un momento en el que las expectativas apuntaban a que se moderaría a lo largo de 2026.

La subida repentina de los precios de la energía es el factor determinante de este cambio de tendencia, con el petróleo situándose en torno a los 110$ por barril. A más largo plazo, se espera que los precios se mantengan en torno a los 90$l, un nivel significativamente más alto que el registrado antes de que estallara el conflicto. Este cambio en los precios significa que la situación actual no es tanto un repunte puntual del precio del petróleo como un aumento sostenido de los costes energéticos. Esto, a su vez, aumenta los riesgos en torno a los datos de inflación a largo plazo y eleva las
posibilidades de que los bancos centrales tengan que subir los tipos de interés en algún momento.

Las condiciones financieras ya se han endurecido, una situación que se hace patente en los mercados de bonos mundiales, donde los rendimientos están subiendo considerablemente. Aunque el Reino Unido ha acaparado los titulares debido a los problemas políticos asociados, los rendimientos de los bonos tienden al alza en muchos mercados desarrollados. Esto refleja la expectativa de que la inflación probablemente se mantenga más alta durante más tiempo debido a los elevados costes energéticos. Y, por supuesto, el estrecho de Ormuz sigue cerrado. La situación allí sigue siendo incierta y hay pocas expectativas de que se alcance una solución a corto plazo, pero cualquier acuerdo sería acogido con gran satisfacción por los mercados

Estaremos muy atentos a las cifras de inflación del Reino Unido, cuya publicación está prevista para finales de esta semana. Se espera que la cifra supere el 3%, por lo que, al igual que en EEUU, los datos van en la dirección equivocada y existe margen para que sigan subiendo durante el verano. Prevemos algunas subidas de los tipos de interés en los próximos meses, y es probable que el Banco Central Europeo sea el primero en actuar en su próxima reunión. El Banco de Inglaterra podría esperar un poco más, pero esperamos que suba los tipos en julio. En cuanto a la Fed, las expectativas han cambiado mucho a lo largo del año, pasando de recortes agresivos bajo el nuevo liderazgo a que los mercados descuenten ahora subidas de tipos en los próximos 12-18 meses. En este contexto, no es de extrañar que los rendimientos de los bonos tiendan al alza, una situación que probablemente no cambiará hasta que lleguen mejores noticias de Oriente Medio.

UBP: la renta variable se toma un respiro

Por su parte, la última Perspectiva Semanal de UBP: El rally bursátil se detiene mientras los rendimientos se ajustan por la inflación, destaca que los mercados mundiales están entrando en una fase más equilibrada, en la que los tipos de interés elevados durante más tiempo, las renovadas presiones energéticas y la inflación persistente están empezando a poner a prueba el repunte bursátil impulsado por la IA, en lugar de revertirlo de forma abrupta. La renta variable se está tomando un respiro tras las fuertes ganancias, los rendimientos de los bonos han subido hasta máximos de un año y las divisas cíclicas, como el euro y la libra esterlina, parecen más vulnerables en el margen, mientras que el oro se ha corregido ante el aumento de los rendimientos, pero sigue beneficiándose de unos factores de demanda intactos y de la continua incertidumbre geopolítica.

Franklin Templeton: más optimistas sobre EEUU que la Fed y Wall Street

Un análisis de Chris Galipeau, Senior Market Strategist de Franklin Templeton Institute, señala que su previsión de crecimiento del PIB real para 2026 es del 2,5%, frente al 2,3% previsto por la Federal Reserve y al consenso de Wall Street, situado en torno al 2%. Los principales motores de esa previsión de PIB son la continuidad de las inversiones en capital (capex) por parte de las grandes compañías tecnológicas para desarrollar infraestructura de IA, la resiliencia del consumidor y el estímulo fiscal vinculado a la One Big Beautiful Bill Act of 2025. "La duración del conflicto entre EEUU e Irán constituye el principal riesgo para nuestra previsión. Los precios más altos del petróleo actúan como un impuesto para el consumidor, y los impactos negativos de unos mayores precios del petróleo y del gas se ampliarán con el tiempo. No obstante, creemos que la economía estadounidense se encuentra en una posición sólida para afrontar esta situación", subraya.

"Mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable estadounidense y hemos establecido un rango objetivo de cierre de año de entre 7.000 y 7.400 puntos para el S&P 500, impulsado por un crecimiento del beneficio por acción (BPA) de entre el 8% y el 13% interanual", añade, aunque matiza: "Esperaría cierta consolidación del movimiento del mercado, ya sea en términos de precio (movimientos más reducidos), de tiempo (movimientos más lentos), o ambos. Esperamos que la volatilidad persista hasta que el estrecho de Ormuz vuelva a estar completamente abierto al tráfico marítimo".

"Esperamos que la rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 10 años se mueva en un rango de entre el 4% y el 4,25% durante el año. Las rentabilidades han superado la parte alta de nuestro rango y actualmente se sitúan en el 4,58%"

Ofi Invest: la Eurozona se asoma a la estanflación

La francesa Ofi Invest AM cree que la prolongación del cierre del Estrecho de Ormuz acerca un escenario negativo para la economía como es la estanflación, especialmente en la zona Euro, que podría no alcanzar el 1% de crecimiento en 2026. En este escenario, la gestora francesa mantiene esencialmente su posicionamiento inversor tanto en renta fija como en renta variable, vigilando posibles caídas de TIR en deuda pública, lo que les llevaría a vender posiciones dados los riesgos de inflación. En bonos corporativos, mantiene sus posiciones por los buenos fundamentales, algo similar a lo que sucede con la renta variable, activo en el que los inversores todavía conservan su apetito por el riesgo apoyado en los atractivos fundamentales, a la espera de lo que suceda con el crecimiento de la economía.

Según Ombretta Signori, Head of Strategy de Ofi Invest AM, cada día que pasa con el Estrecho de Ormuz cerrado, se acerca el escenario alternativo peor para la economía: la aparición de efectos de segunda ronda en la inflación, que extenderían la inflación a otros bienes y servicios, debilitando el consumo y por tanto el crecimiento de las economías globales. Los datos de crecimiento muestran, una mayor exposición de la economía europea al conflicto de Irán que en Estados Unidos. En el primer trimestre, el crecimiento fue débil (+0,1% trimestral, o 0,4% anualizado), con una demanda interna que seguía siendo sólida solo en España (entre las cuatro mayores economías de la zona euro). La prolongación del conflicto podría debilitar el crecimiento de la zona Euro ya en esta primavera, y ahora es probable que no supere el 1% en 2026.

Sin embargo, en EEUU el crecimiento se ha mantenido sólido, un 2% anualizado en el primer trimestre, gracias a la resistencia del consumo y a las inversiones en tecnología. Los analistas de  explican que la inteligencia artificial aportó solamente 0,8 puntos al crecimiento del primer trimestre, porque el extraordinario incremento de las importaciones en IA debe restarse de las inversiones en tecnología. Para el segundo trimestre, es probable que las devoluciones fiscales, un 17% superiores a las de cierre de abril 2025, puedan compensar  la pérdida de poder adquisitivo provocada por la subida de la gasolina, preservando de esta forma el consumo. Pero si los precios del petróleo se mantienen elevados más allá del segundo trimestre, el gasto de los consumidores norteamericanos podría verse afectado.

28Apr

Ibercaja Gestión, Columbia Threadneedle, DWS, Pictet, no esperan cambios en lo que queda de año; Ebury cree que comenzarán a bajar en septiembre; Indosuez y Swiscanto coinciden en apostar por finales de año.

Miguel Ángel Valero

En una semana dominada por los bancos centrales (el de Japón se ha reunido hoy, 28 de abril, sin tocar tipos; la Fed se reúne mañana, 29 de abril; el BCE, y el Banco de Inglaterra, el 30), el que más atención recibe es la Reserva Federal, porque es la última reunión que preside Jerome Powell, y porque la llegada de su sucesor, Kevin Warsh, pendiente del trámite de su ratificación por el Senado, coincide con muchas dudas sobre la independencia que va a tener la Fed respecto de Donald Trump.

Ibercaja Gestión: no habrá bajadas de tipos en todo 2026

Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, destaca que el consenso de mercado no espera cambios en el tipo de intervención por parte de la Reserva Federal para la reunión de este próximo miércoles. Desde el punto de vista macroeconómico, los datos parecen indicar que la actividad se mantiene en niveles razonables, el consumo sigue robusto y el empleo está aguantando. En este contexto, el deterioro geopolítico y el shock energético que se puede producir con el consiguiente efecto sobre la inflación, da argumentos a la Reserva Federal para mantener inalterados los tipos. "Nuestro escenario es que no veremos bajadas en todo 2026", señala. 

Gran parte del interés, no obstante, se focaliza en las dudas que han aparecido en relación a la nueva presidencia de la autoridad monetaria norteamericana que debería tener lugar en mayo. El ruido surgido añade un punto adicional de incertidumbre a la ya de por sí complicada coyuntura económica y geopolítica que afronta la Fed.

En cualquier caso, la falta de visibilidad en cuanto a la duración del conflicto y sus posibles consecuencias, cada vez más complejas de definir en la medida que éste se alarga, hace posible que el escenario pueda cambiar en cualquier momento.

Ebury: los primeros recortes comenzarán en septiembre

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, cree que la Reserva Federal mantendrá los tipos de interés sin cambios en la reunión de abril, a pesar del aumento de la incertidumbre geopolítica derivada de la guerra en Irán. Para los analistas de Ebury, “la Fed considera que no es el momento de comprometerse en exceso, dado el impacto todavía incierto del conflicto sobre la inflación y la actividad. económica” Ebury recuerda que en esta reunión no se publicarán nuevas proyecciones económicas ni de tipos, lo que refuerza el enfoque prudente de la Fed mientras evalúa el impacto real de la guerra tanto sobre la inflación como sobre el empleo. Se espera que Jerome Powell adopte un tono moderadamente hawkish en su rueda de prensa, debido al temor a que el repunte de la inflación sea más persistente.

En paralelo, el futuro presidente de la Fed, Kevin Warsh, ha enviado las primeras señales, puesto que insinúa un giro que se aleja de la línea marcada por la Reserva Federal hasta ahora. Aunque Powell sigue liderando la comunicación, estos comentarios introducen incertidumbre sobre la futura estrategia monetaria, sin alterar de forma drástica las expectativas de tipos a corto plazo, señalan. 

“El escenario central es que la Fed mantenga los tipos estables durante los próximos meses, mientras analiza el impacto del conflicto en Irán. El repunte energético retrasaría, pero no cancelaría, los recortes de tipos, y la expectativa base sigue siendo que los primeros recortes comiencen en septiembre, una vez que el contexto inflacionario sea más claro y Warsh haya asumido plenamente la presidencia” argumentan en la fintech.

Pictet: el riesgo es que, en lugar de recortes, mantenga los tipos

Xiao Cui, economista para EEUU en Pictet WM: "Esperamos que la Reserva Federal mantenga su tipo de interés sin cambios en 3,5–3,75% y que la declaración probablemente enfatice 'implicaciones inciertas' y atención a riesgos para su doble mandato, de inflación y de empleo". 

La cuestión clave es si sigue contemplando futuros recortes de tipos de interés o ya ha adoptado no recortar este año. Es probable que el presidente Powell muestre cautela respecto a cualquier cambio a corto plazo, reiterando que son necesarias condiciones para justificar recortes de tipos y dejando claro que una subida de tipos no forma parte del escenario base. El principal riesgo es que suene abiertamente escéptico respecto a necesidad de recortar este año o la declaración elimine la referencia a ajustes "adicionales" de tipos. "Así que no esperamos que la Reserva Federal recorte tipos antes de septiembre y diciembre, con riesgos de que en lugar de recortes los mantenga más tiempo, dada la alta inflación y datos económicos sólidos", señala.

Además, los mercados van a estar atentos a cualquier novedad sobre los planes de Powell, pues puede ser su última rueda de prensa en el cargo. Le falta decidir si continúa como miembro de la Junta de Gobernadores.

Warsh, en la audiencia de su confirmación, ha evitado preguntas de perspectiva de política monetaria, afirmando repetidamente "no creo en la orientación a futuro" y enfatizando que "nunca se comprometió" con el presidente Trump a recortar los tipos de interés. Se ha mostrado positivo en cuanto a inflación y el mercado laboral, y defiende inmediatos recortes de tipos de tipos, argumentando que "la tendencia de la inflación es bastante favorable". Ha calificado los datos actuales de inflación como  "bastante imperfectos”, y rechaza la idea de que el exceso de inflación esté causado por los aranceles, atribuyéndolo a errores pasados de la Reserva Federal. De hecho, ha señalado posibles reformas del marco de política monetaria. Su primera prioridad puede ser un "proyecto de datos". Ha sido explícito en favorecer un menor balance de la Reserva Federal, de manera "deliberadamente lenta", para no "alterar los mercados financieros", en línea "con nuestra opinión que primero serán necesarios cambios en regulación", y en que el tipo de interés será la principal herramienta de política monetaria. Además, ha señalado que el potencial de la economía se expande rápidamente y que el lado de la oferta está cambiando drásticamente, con múltiples referencias a la IA. En cuanto al mercado laboral, lo caracteriza "cercano al pleno empleo".

DWS: la reducción del balance de la Fed es un proyecto a medio plazo

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, destaca que los efectos la guerra con Irán se reflejaron rápidamente en los datos económicos. La inflación general del IPC se disparó casi un punto, hasta alcanzar el 3,3% interanual en marzo, mientras que la confianza de los consumidores se desplomó hasta mínimos históricos. Afortunadamente, la inflación subyacente no muestra signos de verse afectada por los precios de la energía, y es probable que las expectativas de inflación a largo plazo sigan bien asentadas. Por ahora, el escenario teórico parece confirmarse, lo que debería permitir a la Reserva Federal hacer caso omiso del caos y mantener los tipos de interés sin cambios.

Esto no vendrá, sin duda, sin una postura restrictiva destinada a mantener ancladas las expectativas de inflación. Dado que en la reunión no se presentarán nuevas previsiones ni datos, es posible que los medios de comunicación se centren en los comentarios de Powell sobre la economía y en si abordará las recientes declaraciones de su sucesor, Kevin Warsh. En cuanto a hasta dónde podrían bajar los tipos bajo el mandato de Warsh, la audiencia resultó desalentadora para los partidarios de una política monetaria expansiva. Reveló que la reducción del balance (y el consiguiente recorte de tipos) es un proyecto a largo plazo más que una medida táctica. Además, las perspectivas de una desinflación impulsada por la IA y de posibles impulsos al crecimiento siguen sin estar claras. Quizás se le pregunte a Powell sobre esto durante la sesión de preguntas y respuestas.

Es probable que la principal tarea de la Fed a corto plazo siga siendo vigilar si los efectos de segunda ronda derivados de los precios del petróleo no se reflejan en la inflación subyacente y si las presiones sobre los precios provocadas por los aranceles han alcanzado su punto álgido o están empezando a remitir —dos condiciones necesarias para que se produzcan recortes de tipos a lo largo del año. 

El tercer elemento importante, la situación del mercado laboral, parece estar bien por el momento, pero "nos sorprendió que el posible sucesor de Powell aparentemente no prestara mucha atención a este aspecto del doble mandato". 

Indosuez: bajada de tipos a final de año

Lucas Meric, estratega de multiactivos en Indosuez Wealth Management, espera que la Reserva Federal mantenga sin cambios sus tipos. En el encuentro anterior, en un contexto de gran incertidumbre vinculada al conflicto en Irán, la FOMC destacó tanto los riesgos al alza para la inflación como a la baja para el crecimiento. "Seguiremos atentos a cualquier cambio en el equilibrio de estos riesgos: las tensiones geopolíticas se han relajado algo, descartando por ahora los escenarios más adversos, aunque las perturbaciones en los flujos de suministro energético siguen siendo significativas. Seguimos considerando que la Fed está bien posicionada para esperar y evaluar el impacto real del conflicto", subraya. 

La inflación sigue siendo persistente, independientemente de los acontecimientos recientes en Oriente Medio, con una subyacente del 3% en febrero y que se espera que aumente al 3,2% en marzo. Además, en los próximos meses debería reflejar nuevas presiones al alza derivadas de las disrupciones que afectan a la energía, los metales y los productos químicos procedentes de la región del Golfo.

Al mismo tiempo, los datos del mercado laboral han mejorado desde la última reunión del Comité, con una tasa de desempleo estabilizada en el 4,3% y un dinamismo positivo en la contratación. Esto podría dar un tono ligeramente más restrictivo (“hawkish”) a la comunicación de la FOMC. A mediados de abril, Christopher Waller, miembro de la Junta de Gobernadores que anteriormente había discrepado al favorecer una bajada de tipos en reuniones recientes, destacó la disminución del número de empleos necesarios para estabilizar la tasa de desempleo en Estados Unidos (cerca de cero actualmente, frente a unos 250.000 en 2023, y una media de 68.000 en los últimos tres meses). Esto sugiere una interpretación menos negativa de una desaceleración en la creación de empleo, un resultado que hasta ahora había sustentado sus recientes llamados a recortes de tipos.

"Seguimos anticipando una bajada de tipos para finales de 2026, asumiendo que el choque energético tendrá solo un impacto temporal en la inflación, que debería normalizarse en 2027, también ayudada por la desaparición progresiva de los efectos de los aranceles que contribuyeron aproximadamente con +80 pb a la inflación en 2025.

Columbia Threadneedle: triunfa el 'esperar y ver'

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, no espera cambios en ninguna de las reuniones de bancos centrales, que han optado claramente por un modo de “esperar y ver”. La escasa claridad sobre la duración, el alcance y el impacto del conflicto con Irán dificulta la adopción de un cambio de política bien fundamentado. "No obstante, hemos pasado de prever bajadas de tipos este año a un escenario de estabilidad en los costes de financiación o incluso de posibles subidas de tipos", avisa.

Los bancos centrales estarán atentos a posibles señales de contagio de los precios energéticos hacia la inflación subyacente. Si esto ocurriese, empezarían a encenderse las alarmas. Por ahora, la paciencia es clave y los bancos centrales evitarán precipitarse con movimientos agresivos. En última instancia, los tipos de interés no pueden contrarrestar el encarecimiento de la energía y podrían resultar más perjudiciales que beneficiosos. 

Swisscanto: tienen más relevancia las previsiones que las decisiones

En la misma línea, Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, opina que las decisiones que adopten los bancos centrales esta semana tendrán menos relevancia que las perspectivas para los próximos meses: "En línea con el consenso del mercado, no esperamos cambios en los tipos".   El principal reto es que deben evaluar en qué medida el encarecimiento de los precios de la energía puede impulsar la inflación en sus respectivas economías. Si bien los bancos centrales actuaron con relativa tranquilidad en sus reuniones celebradas a mediados de marzo, los mercados ya habían empezado a descontar activamente posibles subidas de tipos en los futuros.

"Seguimos considerando que, incluso en un escenario prolongado de precios del petróleo elevados, la inflación podría mantenerse contenida gracias a factores internos, como la moderación del precio de los alquileres en EEUU", argumenta. Las previsiones apuntan a tasas de inflación cercanas al 3,5% en EEUU. Aunque supera el objetivo del 2%, no es lo suficientemente alta como para forzar nuevas subidas de tipos, un escenario que el mercado ya da por descontado. Por el contrario, el mercado descuenta ahora una posible bajada de tipos por parte de la Fed hacia finales de año. 

Más allá de este escenario, cobra especial relevancia el próximo cambio en la presidencia de la institución. La continuidad institucional quedó asegurada en diciembre con la renovación de los representantes regionales. Sin embargo, se espera que el nuevo presidente, Kevin Warsh, adopte un enfoque menos explícito en la comunicación de futuras decisiones de política monetaria, centrando su estrategia en la reducción del balance. Este último punto será sin duda controvertido, debido al actual contexto de déficit presupuestario del Gobierno, que vuelve a situarse en un 6%. Al fin y al cabo, la reducción del balance tiende, por regla general, a provocar un aumento de los rendimientos de los bonos del Estado a largo plazo.

14Apr

La guerra en Oriente Medio ha entrado en otra fase de escalada híbrida: amenazas sin abandonar las conversaciones. Pero el riesgo de errores de cálculo que deriven en resultados materialmente peores ha aumentado claramente.

Miguel Ángel Valero

El ejército estadounidense, por orden de Trump, inició el bloqueo de la salida de buques vinculados a Irán en el estrecho, mediante una táctica similar a la empleada en el Caribe contra las narcolanchas. En esta ocasión, las fuerzas armadas norteamericanas emitirán una advertencia al buque comercial y, en caso de ser ignorada, procederán a su abordaje con unidades militares especializadas. Aunque el marco de intervención está bien definido, su aplicación a gran escala exigiría un despliegue militar mucho mayor que el actual, especialmente si finalmente se decide actuar también contra embarcaciones que hayan abonado la denominada tasa iraní y no solo sobre los de pabellón del país persa. La presión sobre las exportaciones iraníes persigue acelerar las negociaciones y lograr que Teherán comparta la urgencia de EEUU por restablecer cierta normalidad en el tránsito por el estrecho.

Sin embargo, China adopta una posición desafiante y dos de sus buques (sancionados por EEUU) han cruzado el estrecho. Desde que comenzó el bloqueo impuesto por EEUU, tres petroleros (el tercero tiene bandera panameña y su destino es Emiratos) han cruzado el estrecho de Ormuz.

Al mismo tiempo, Irán ha amenazado con atacar los puertos de los países del golfo Pérsico en caso de que el bloqueo se materialice con una intervención. Mientras tanto, por debajo del escenario público, ambas partes continúan dialogando. Trump aseguraba que había recibido llamadas de la “gente adecuada” y que existía disposición para alcanzar un acuerdo por parte de Irán. Desde Washington se habría propuesto una suspensión de 20 años del programa nuclear iraní, mientras que Teherán plantea un compromiso de 5 años. 

Se ha observado un aumento en el número de buques que atraviesan el estrecho –ya atraviesan más de una decena–, aunque todavía muy por debajo de los niveles habituales. El proceso de normalización en el estrecho de Ormuz se ha puesto en marcha y los mercados interpretan el ruido en torno al acuerdo como una fase habitual de cualquier negociación compleja. Trump tensa la cuerda y Teherán, con el respaldo implícito de China, responde en la misma dirección. No obstante, ninguna de las partes parece dispuesta a romperla, como demuestra el hecho de que, en menos de tres días, ya se esté buscando una nueva ronda de conversaciones para extender el cese al fuego.

En el contexto actual, la solución está más cerca –sea o no justa, como ocurre con el infame, pero funcional peaje iraní– y el mayor impacto negativo sobre los activos de riesgo ya ha quedado atrás, ante la confirmación de la voluntad negociadora de Teherán. 

Fidelity: habrá una resolución desordenada

 Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, insiste en que el camino hacia una resolución desordenada sigue abierto, "pero hasta que lleguemos a ese punto, es probable que el ruido y la volatilidad continúen siendo elevados". Cualquier acción “óptica” por parte de EEUU en ese ámbito -especialmente si no provoca una respuesta iraní- será un barómetro importante de la situación. "Es posible que estemos entrando en otra fase de escalada híbrida: amenazas a la vez que una apertura continuada a las conversaciones. Seguimos inclinándonos por una resolución desordenada, pero el riesgo de errores de cálculo que deriven en resultados materialmente peores ha aumentado claramente", opina.

Pese a todo, nadie está señalizando una ruptura del alto el fuego, al menos por ahora. EEUU está destacando el asunto nuclear como principal escollo, pero queda claro que el Estrecho de Ormuz y el Líbano también forman parte de la ecuación negociadora. Siguen abiertos canales discretos a través de Pakistán, dado el elevado grado de confianza del que goza el país por parte de ambos actores. 

Nordea: el 'viaje sin problemas' se ha terminado

Por su parte, Henrik Stille, Gestor principal de carteras de la Estrategia Active Rates Opportunities de Nordea AM, sugiere que para los inversores, la era de un "viaje sin problemas" en efectivo y bonos de alta calidad ha terminado. La volatilidad de los bonos gubernamentales, la disminución de los rendimientos reales del efectivo y la creciente incertidumbre están transformando las carteras de renta fija.

Las tensiones geopolíticas, las presiones fiscales, las fluctuaciones inesperadas de los tipos de interés y la incertidumbre política han convertido los mercados de bonos en un entorno mucho más complejo. Incluso las carteras tradicionales de bonos gubernamentales de alta calidad siguen expuestas al riesgo de tipos de interés que puede provocar pérdidas considerables cuando éstos suben bruscamente.

Al mismo tiempo, grandes cantidades de capital permanecen en efectivo y depósitos a plazo fijo en toda Europa. Aunque esto pueda resultar tranquilizador, los rendimientos reales están cada vez más bajo presión. Incluso antes de los acontecimientos recientes en Oriente Medio, la inflación—a pesar de estabilizarse cerca de los objetivos de los bancos centrales—seguía erosionando el poder adquisitivo, un riesgo que podría intensificarse en un entorno de renovadas presiones sobre los precios.

Por tanto, los inversores se enfrentan a un dilema: los bonos gubernamentales tradicionales ya no proporcionan estabilidad indiscutible, mientras que mantener efectivo conlleva un coste de oportunidad creciente. Lo que se necesita son alternativas que combinen previsibilidad y potencial de retorno — sin comprometer la calidad.

Los bonos gubernamentales ofrecen solo una solución limitada, como demostraron los acontecimientos de 2022, cuando los fuertes aumentos de los tipos de interés provocaron pérdidas significativas en muchas carteras tradicionales de bonos. Mientras tanto, pasar a áreas de mayor rentabilidad como los bonos de alto rendimiento conlleva riesgos de crédito y de diferencial significativamente mayores. Por tanto, los segmentos de alta calidad, como los 'covered bonds', son especialmente interesantes. No ha habido ni un solo impago en este mercado en más de 200 años, y estos bonos cubiertos suelen ofrecer mejores rendimientos con una calidad crediticia similar. 

Sin embargo, invertir en el segmento adecuado es solo una parte de la ecuación. Los mercados de tipos de interés son estructuralmente menos predecibles que en el pasado. Las fases de aumento pueden cambiar abruptamente a entornos laterales o en declive. Por tanto, la posición de duración estática conlleva un riesgo significativo. Manteniendo una postura de baja duración y neutral respecto al mercado, las carteras pueden adaptarse a los regímenes cambiantes y aspirar a captar rentabilidad.

Históricamente, este enfoque ha ayudado a ofrecer rendimientos más estables en diferentes entornos de tipos de interés. La experiencia de 2022 fue especialmente destacable: aunque muchos índices tradicionales de bonos gubernamentales bajaron significativamente, las estrategias gestionadas activamente y centradas en la calidad pudieron demostrar resiliencia. Las bajas correlaciones con los indicadores tradicionales de bonos gubernamentales y corporativos refuerzan aún más los beneficios de diversificación de este enfoque, sirviendo como elemento estabilizador junto a acciones, bonos de mayor duración o asignaciones con fuerte carga crediticia.

En un mercado donde las nociones tradicionales de "seguro" se están redefiniendo, la gestión del efectivo requiere un enfoque más activo. El dinero en efectivo ya no puede considerarse un componente pasivo sin consecuencias. Aquí es precisamente donde la Estrategia Active Rates Opportunities de Nordea cobra protagonismo. Diseñado como una herramienta para activar el efectivo, permite que el exceso de éste se convierta en componentes productivos de la cartera en lugar de reservas inactivas. Su sensibilidad neutral en duración y su claro enfoque en el control de riesgos aplicados a los segmentos más seguros del espacio de renta fija (bonos cubiertos y de alta calidad del gobierno), buscan ofrecer rendimientos ajustados al riesgo consistentes y atractivos, manteniendo un alto grado de liquidez — cualidades especialmente relevantes para un inversor.

UBS: ambas partes tienen incentivos para encontrar una solución

El CIO Daily de UBS destaca que los mercados se mantuvieron volátiles mientras los inversores reaccionaban a los acontecimientos en Oriente Medio, con una mejora del sentimiento después de que el presidente Trump afirmara que Irán estaba dispuesto a llegar a un acuerdo: "Aunque esperamos que cualquier camino hacia la desescalada sea irregular, creemos que ambas partes siguen teniendo incentivos para encontrar una solución".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos la opinión de que los inversores a largo plazo deberían ceñirse a sus asignaciones estratégicas de cartera y aprovechar la volatilidad para mejorar la resiliencia de sus carteras mediante la diversificación y la cobertura”. Y añade: "Seguimos posicionándonos para un potencial alcista a medio plazo en la renta variable y vemos valor en bonos de calidad, oro y materias primas en general, estrategias de preservación de capital y alternativas como los hedge funds”. 

A pesar del fracaso inicial de las conversaciones entre EEUU e Irán, la evolución en la "región sigue en línea con nuestro escenario base, que contemplaba el fin de los ataques aéreos, con la posibilidad de que los inversores vuelvan a centrarse en los fundamentos económicos y de beneficios. Por lo tanto, mantenemos una calificación de Atractivo para la renta variable estadounidense y global”, subraya.

Columbia Threadneedle: algún tipo de acuerdo

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, opina que, aunque las 21 horas de negociaciones no lograron cerrar un pacto, el alto el fuego se mantiene, lo que constituye un elemento positivo. Los intermediarios continúan trabajando intensamente entre bastidores para garantizar que ambas partes sigan dialogando. A grandes rasgos, persisten diferencias relevantes entre las propuestas de paz de EEUU e Irán, lo que hace inevitable la necesidad de concesiones. Entre los puntos clave destacan el desbloqueo de activos iraníes, las capacidades nucleares y el control del estrecho de Ormuz, un elemento que otorga a Irán una significativa capacidad de influencia sobre la economía global. Desde la perspectiva iraní, que EEUU bloquee el estrecho supondría una escalada y podría restringir a corto plazo las exportaciones energéticas hacia Asia, especialmente hacia China, agravando así la tensión en los mercados de exportación.

EEUU mantiene presencia naval en el estrecho y ha estado despejando minas de las rutas marítimas. Estas operaciones buscan reforzar el control y facilitar una progresiva normalización del tráfico. Sin embargo, la situación dista aún de la normalidad: cerca de 900 buques siguen a la espera de abandonar el Golfo. Antes del conflicto, unos 140 buques transitaban diariamente por el estrecho. La normalización del tráfico requerirá tiempo, estimándose entre seis y ocho semanas. A medida que el flujo marítimo se recupere, previsible veremos una corrección a la baja en los precios del petróleo. No obstante, las tensiones en el suministro persistirán, dado que llevará tiempo que el petróleo y gas lleguen a sus destinos finales.

"Nuestro escenario base continúa apuntando a algún tipo de resolución del conflicto, pero hasta entonces los mercados energéticos permanecerán volátiles. Lo mismo cabe esperar de los mercados de renta variable, donde los activos de riesgo tenderán a repuntar conforme se consoliden avances hacia un cese duradero de las hostilidades. El consenso del mercado sigue confiando en que se alcance algún tipo de acuerdo en las próximas semanas. Mientras tanto, seguiremos monitorizando de cerca los acontecimientos", apunta.


13Apr

La contundente victoria del proeuropeo Péter Magyar facilita un realineamiento de Hungría con Bruselas y una mayor cohesión interna de la Unión Europea en un contexto de elevada tensión geopolítica.

Miguel Ángel Valero 

¿Acaso alguien esperaba que el conflicto iraní se resolviera en la primera ronda de negociaciones? Como se podía sospechar, a pesar de la prisa de EEUU (en realidad, de Trump ante las elecciones de noviembre), las conversaciones quedaron truncadas, pero desde luego no supone una vuelta a la casilla de salida. El giro de los acontecimientos nos introduce en una salvaje dinámica de tira y afloja, en la que ambas partes buscan maximizar su posición negociadora. Irán es plenamente consciente de que dispone de un elemento de presión clave y, hasta el momento, ha sabido explotar la baza del estrecho de Ormuz. Desde el lado estadounidense, el movimiento actual persigue estrechar el cerco en la negociación: si el bloqueo a los buques iraníes llegara a materializarse con éxito, el régimen se enfrentaría a una progresiva asfixia económica que comprometería su capacidad de supervivencia. Porque Irán continúa exportando petróleo, ya que sus propios barcos siguen atravesando Ormuz.

Trump ordenó a la Armada estadounidense bloquear el estrecho de Ormuz a las embarcaciones que operen con puertos iraníes, permitiendo el paso de los buques con origen y destino no vinculados al régimen de los ayatolás. De este modo, Trump busca impedir la exportación de petróleo iraní, lo que permitirá cortar una de las principales fuentes de financiación del régimen. La falta de un acuerdo entre EEUU e Irán radica en la exigencia estadounidense de que renuncie al desarrollo de capacidades de enriquecimiento de uranio, una condición rechazada por Teherán. Además, la Casa Blanca presionaba para que Irán abriese “completamente” el estrecho, que en los últimos días se encontraba “cuestionablemente abierto”, bajo las condiciones iraníes de pago de peajes en criptomonedas y amenazas hacia aquellos buques que transitaran sin autorización.

Swisscanto: el 'riesgo de titulares' seguirá siendo elevado

René Nicolodi, director de Renta Variable de Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos de Swisscanto, avisa que el entorno macroeconómico sigue caracterizándose por una mayor incertidumbre geopolítica, debida principalmente al conflicto en Oriente Medio. En marzo, la prima de riesgo de las acciones subió hasta el 3,7% para los valores estadounidenses y superó el 4,5% para los de la UE, acompañada de una volatilidad significativamente mayor debido a la elevada incertidumbre y, en ocasiones, a una comunicación incoherente.

A principios de abril, la situación se calmó tras el anuncio de un alto el fuego de dos semanas, y los mercados respondieron con un fuerte repunte de alivio. Sin embargo, por el momento, las condiciones del mercado siguen marcadas por una fragilidad pronunciada. Por lo tanto, cabe esperar que los mercados sigan experimentando una elevada volatilidad hasta que el alto el fuego dé paso a un acuerdo de paz estable y, sobre todo, hasta que se resuelva definitivamente el cuello de botella energético en el estrecho de Ormuz. La principal incógnita es hasta qué punto las partes en conflicto están dispuestas a negociar sus demandas. Hasta entonces, el denominado 'riesgo de titulares' seguirá siendo elevado y es probable que el sentimiento del mercado se vea impulsado más por el flujo de noticias que por acontecimientos concretos.

"Nuestra hipótesis de base no ha cambiado desde el inicio del conflicto: seguimos contando con una resolución oportuna del conflicto en Oriente Medio. La voluntad declarada de las partes beligerantes de negociar, manifestada a principios de abril, apunta a una normalización a corto plazo de la tensa situación. Desde una perspectiva política, EEUU sigue teniendo un gran interés en limitar las repercusiones económicas y políticas de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Es probable que China también esté trabajando entre bastidores para garantizar la normalización de las exportaciones de energía. Sin embargo, a lo largo del conflicto también ha quedado claro que la solución no depende únicamente de EEUU. Es difícil evaluar el progreso efectivo de las negociaciones, y no se puede descartar un repentino recrudecimiento del conflicto. Cualquier nueva escalada prolongaría la duración del conflicto y agravaría las implicaciones macroeconómicas a nivel mundial. Por el contrario, una reapertura total del estrecho de Ormuz podría acelerar significativamente el proceso de estabilización", argumenta.

En este contexto geopolítico, la confianza de los inversores se ha mantenido hasta ahora relativamente equilibrada: dada la perturbación del suministro energético mundial y las valoraciones históricamente elevadas, la corrección en los mercados de renta variable ha sido comparativamente moderada. Desde el inicio del conflicto, las pérdidas bursátiles (a 10 de abril de 2026) se han mantenido contenidas: renta variable global -1,5%, renta variable estadounidense -0,75%, renta variable UE -2,3% y de mercados emergentes -3,6%. Durante los periodos de tensión, el índice de volatilidad VIX solo alcanzó brevemente niveles superiores a 30 y actualmente cotiza en torno a los 20 puntos. El comportamiento del mercado sugiere que o bien no se esperan repercusiones graves para la economía mundial en este momento, o bien los participantes en el mercado muestran cierta complacencia ante una posible escalada a más largo plazo.

A principios de año, las expectativas eran relativamente optimistas. A pesar de la incertidumbre en torno al potencial de la inteligencia artificial (IA), el anuncio de nuevos aranceles comerciales y el aumento de las tasas de impago en el segmento del crédito privado, los mercados de renta variable registraron rentabilidades atractivas hasta finales de febrero, especialmente en Europa (+5,6 %) y en los mercados emergentes (+11 %).

El mercado reaccionó rápidamente en marzo y las valoraciones de la renta variable se revisaron a la baja. Al mismo tiempo, la relación precio-beneficio actual (a 10 de abril) de la renta variable estadounidense se sitúa en 21, claramente por encima de la media a largo plazo, que ronda el 17,7. Hasta la fecha, los analistas no han realizado ajustes en las previsiones de beneficios para 2026 y 2027.

Por lo tanto, el riesgo predominante para los mercados de renta variable sigue estando vinculado a la duración del conflicto en Oriente Medio y a la cuestión de si el alto el fuego se mantendrá y culminará en un acuerdo negociado. Cuanto más tiempo permanezca cerrado o con fuertes restricciones el estrecho de Ormuz para el transporte de petróleo y gas, más grave será la interrupción del suministro energético mundial. El precio del crudo Brent ha llegado a subir en algunos momentos casi un 60% con respecto a los niveles previos al conflicto. Incluso tras el alto el fuego de dos semanas acordado en abril, sigue cotizando en torno a los 100$ por barril.

Un período prolongado de escasez de suministro y unos precios de la energía significativamente más altos tendrían consecuencias de gran alcance, como el aumento de las expectativas de inflación y el deterioro de las previsiones de crecimiento mundial. En marzo, las expectativas de inflación en EEUU ya se dispararon del 2,4% al 3,3%, mientras que la confianza de los consumidores estadounidenses alcanzó en abril su nivel más bajo en varios años. Si, como consecuencia, se materializaran unas expectativas de beneficios más bajas, esto podría desencadenar nuevos ajustes en los precios de las acciones. Una desescalada del conflicto a lo largo de abril frenaría, a su vez, esta evolución.

El conflicto ha afectado con mayor severidad a aquellas zonas que dependen especialmente de las importaciones de energía procedentes de Oriente Medio. EEUU ha demostrado ser más resistente en este sentido; sigue beneficiándose de su condición de exportador neto de petróleo y, desde el punto de vista de la inversión, sigue siendo un 'refugio seguro' que atrae entradas de capital.

Por el contrario, Europa y los mercados emergentes se han visto más afectados por las turbulencias en Oriente Medio. Estos últimos se ven afectados por la incertidumbre en torno a las posibles repercusiones económicas - incluida una postura de política monetaria más restrictiva -, un dólar más fuerte y el riesgo de unas previsiones de crecimiento mundial más débiles. 

A nivel sectorial, los valores energéticos (+11,3%) fueron los claros ganadores a nivel mundial en marzo, mientras que los sectores cíclicos, como el industrial (-10,6%) y los materiales básicos (-10,7%), fueron los que más se quedaron atrás.

El conflicto en Oriente Medio también ha revertido algunas de las rotaciones del mercado de renta variable que han impulsado la rentabilidad desde principios de año. El rendimiento superior de los valores value se detuvo en marzo. La tendencia de las pequeñas capitalizaciones se invirtió, y los valores de pequeña capitalización registraron un rendimiento un 3% inferior al de los de gran capitalización en marzo, tras dos meses de fuertes ganancias relativas. Y la inversión en la rotación de estilos favoreció a los valores de alta calidad.

Los rápidos cambios en el flujo de noticias geopolíticas exigen cierta serenidad en este entorno volátil. "A la luz de nuestro escenario base, consideramos adecuada una asignación de renta variable entre neutral y ligeramente más defensiva, mediante posiciones en bienes de consumo básico, servicios públicos o salud. Del mismo modo, una mayor asignación a empresas de calidad puede contribuir a mejorar la resiliencia de la cartera", resalta este experto.

Al mismo tiempo, el papel de la IA como posible motor de crecimiento estructural sigue intacto. Es probable que los semiconductores, los equipos de red y los proveedores de infraestructura de centros de datos sean los principales beneficiarios de este ciclo de inversión, impulsado por los sustanciales gastos de capital de los principales hiperescaladores. En un entorno en el que la seguridad y la independencia energéticas cobran cada vez más importancia, el tema de la electrificación también está ganando protagonismo.

El alto el fuego ha proporcionado un respiro, aunque es probable que los riesgos de titulares sigan siendo elevados en los próximos días. Por lo tanto, las condiciones del mercado seguirán siendo frágiles por el momento.

Columbia Threadneedle: la incertidumbre no es temporal

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments,  destaca que "a medida que entramos en el segundo trimestre de 2026, la economía global está siendo moldeada por una combinación de transformación tecnológica, inestabilidad geopolítica y resultados económicos cada vez más divergentes entre regiones". La fuerza estructural más poderosa sigue siendo la inteligencia artificial. La inversión vinculada a la IA continúa acelerándose a un ritmo notable, liderada por un pequeño número de empresas tecnológicas globales que están comprometiendo niveles sin precedentes de capital en centros de datos, potencia de cálculo e infraestructuras. Esta inversión tiene el potencial de transformar la productividad y el crecimiento económico con el tiempo. Sin embargo, la magnitud del gasto también plantea una cuestión importante: no si la IA cambiará el mundo, sino si todo este capital generará finalmente rendimientos económicos aceptables. La historia muestra que los grandes cambios tecnológicos a menudo implican periodos de sobreinversión antes de que los ganadores a largo plazo queden claros.

Junto a este cambio tecnológico, la geopolítica ha vuelto con fuerza al centro de las perspectivas económicas. El conflicto en Oriente Medio ha tenido trágicas consecuencias humanitarias, pero también está reconfigurando los mercados a través de los precios de la energía y las cadenas de suministro. La interrupción de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz pone de manifiesto lo vulnerable que sigue siendo la economía global a los shocks regionales. Los precios de la energía aumentaron con fuerza durante marzo, y aunque el impacto inmediato se ha dejado sentir en los mercados, las consecuencias económicas completas podrían manifestarse solo en los próximos meses a medida que los mayores costes se trasladen a la producción y el consumo.

Esto crea un entorno difícil para los bancos centrales. La inflación en muchas economías sigue por encima del objetivo, y unos precios de la energía más altos añaden más presión. Al mismo tiempo, el impulso económico se está ralentizando y los mercados laborales se están enfriando gradualmente. Los responsables de política económica deben equilibrar el riesgo de responder de forma demasiado agresiva a una inflación impulsada por la energía frente al peligro de socavar un crecimiento ya frágil. Por esta razón, esperamos que los bancos centrales actúen con cautela, vigilando si los efectos inflacionarios persisten o si la debilidad de la demanda se convierte en la fuerza dominante.

Una de las características más importantes del entorno actual es la divergencia. Las regiones importadoras de energía, en particular partes de Europa, están más expuestas a los precios elevados y a las interrupciones del suministro que las economías autosuficientes en energía. El optimismo previo sobre el crecimiento europeo se ha visto cuestionado por estos acontecimientos, mientras que otras regiones podrían demostrar mayor resiliencia. Esta divergencia también es evidente en los mercados de divisas. La incertidumbre ha reforzado el papel del dólar estadounidense como activo refugio, y a pesar de las preocupaciones fiscales a largo plazo, "no vemos ninguna alternativa realista a la posición del dólar como principal moneda de reserva mundial", recalcan en Columbia

La incertidumbre política es otra característica persistente del panorama. Incluso si las tensiones en Oriente Medio disminuyen, la historia sugiere que la inestabilidad en la región es poco probable que desaparezca. Los periodos de calma han dado paso repetidamente a nuevos estallidos, y esta fragilidad subyacente seguirá influyendo en los mercados, los precios de la energía y la confianza.

En conjunto, estas fuerzas apuntan a un entorno definido menos por un único ciclo global y más por la fragmentación. Es probable que las políticas, las tasas de crecimiento y los resultados de mercado difieran notablemente entre países y sectores. La disrupción tecnológica derivada de la IA creará ganadores y perdedores significativos, los riesgos geopolíticos seguirán reconfigurando las cadenas de suministro, y la inflación seguirá siendo más volátil que en la década anterior a la pandemia. En este contexto, la incertidumbre no es una fase temporal, sino una característica definitoria de la actual era económica. Para gobiernos, empresas e inversores por igual, la capacidad de adaptación, más que las previsiones de estabilidad, será esencial a medida que navegamos el resto de 2026 y más allá

UBS: ambas partes buscan una solución

El UBS CIO Daily resalta que la falta de avances en las conversaciones entre EEUU e Irán ha puesto a prueba el optimismo de los mercados: "Esto refuerza nuestra opinión de que los inversores buscan mitigar riesgos mediante la diversificación y la cobertura. También seguimos recomendando mantenerse invertidos, ya que ambas partes están interesadas en encontrar una solución. Los esfuerzos por lograr una resolución del conflicto parecen destinados a continuar, a pesar del intento inicial fallido. Los recortes de tipos de la Reserva Federal siguen previstos para más adelante en el año, a medida que la inflación subyacente en EEUU se modera. Los resultados del sector tecnológico podrían reforzar la confianza de los inversores en la IA".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Para afrontar la incertidumbre a corto plazo, seguimos aconsejando a los inversores que aseguren la resiliencia de sus carteras mediante la diversificación y la cobertura. Vemos valor en bonos de calidad a corto plazo, en el oro y en un amplio conjunto de materias primas, así como en alternativas como los hedge funds para aquellos que puedan y estén dispuestos a gestionar riesgos inherentes como la iliquidez”.

“En el primer trimestre, esperamos un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 17% para el S&P 500, un 3% por encima del consenso y el ritmo de crecimiento más rápido en cinco años. El fuerte crecimiento de las empresas de semiconductores vinculadas a la IA impulsa un tercio de esta tasa de crecimiento”, apunta David Lefkowitz, Responsable de Renta Variable de EEUU.

“La demanda de combustibles para motores ha disminuido en muchos países. El precio es una forma de lograrlo, si los gobiernos no intervienen”, añade Paul Donovan, Economista jefe.

Ebury:; los mercados tratan de digerir la avalancha de titulares

"Aunque EEUU parece estar considerando la reanudación de ataques limitados contra Irán, la reacción de momento parece estar siendo relativamente contenida: los precios del petróleo han subido, los futuros bursátiles han retrocedido y el dólar ha repuntado ligeramente, pero sin llegar aún a los niveles previos al alto el fuego. Esto sugiere que los inversores interpretan el fracaso de las negociaciones más como un contratiempo temporal que como un obstáculo definitivo en el camino hacia la paz. No obstante, el colapso de las conversaciones supone un claro revés para los mercados", avisa el Análisis del Mercado de Divisas de Ebury.

 A partir de ahora, las declaraciones de la Casa Blanca y los acontecimientos militares seguirán marcando la pauta. Esta semana destacan la publicación el martes de los precios al productor (IPP) de marzo en EEUU, el miércoles la producción industrial de febrero en la zona euro y el jueves el PIB mensual de febrero del Reino Unido. Estos datos ofrecerán pistas sobre el impacto real de la guerra en la actividad económica y las presiones inflacionarias. Ante la posibilidad de nuevos ataques estadounidenses y el bloqueo de los puertos iraníes, la tendencia bajista del dólar podría frenarse temporalmente.

  • EUR. En Hungría, Viktor Orbán ha perdido las elecciones legislativas tras 16 años de en el poder. El resultado supone una buena noticia para la Unión Europea, después de que Orbán –aliado de Putin pero también amigo de Trump– utilizase de manera recurrente su derecho a veto para frenar decisiones comunitarias clave, erosionando la capacidad de la UE para actuar con rapidez en ámbitos como las sanciones a Rusia o la ayuda financiera a Ucrania. La contundente victoria del opositor Péter Magyar, de perfil proeuropeo, abre la puerta a un realineamiento de Hungría con Bruselas y a una mayor cohesión interna del bloque en un contexto de elevada tensión geopolítica. La derrota de Orbán debería haber supuesto, al menos, un ligero impulso para el euro, al eliminar a un euroescéptico recalcitrante y un obstáculo recurrente para la formulación de políticas en la Unión Europea. Sin embargo, el fracaso de las negociaciones de alto el fuego ha vuelto a centrar toda la atención en la guerra con Irán. A pesar del revés en las conversaciones, el EUR/USD se mantiene justo por debajo de 1,17. Este nivel sugiere que los operadores mantienen un optimismo cauteloso y confían en que, a la larga, prevalecerá la cordura y la paz. De momento, esperamos que la moneda única se vea influida por dos fuerzas contrapuestas. A su favor juega el tono cada vez más hawkish de los responsables del BCE, que está reduciendo la brecha de tipos de interés con respecto al dólar. En contra actúa, por un lado, la mayor vulnerabilidad de la zona euro al encarecimiento energético como importadora neta de petróleo y gas y, por otro, la tendencia natural de los inversores a refugiarse en el dólar mientras persista el conflicto.
  • USD: La inflación en EEUU se disparó en marzo, tal como se esperaba, impulsada por el fuerte repunte de los precios de la gasolina, que elevó el índice general casi un 1 % en un solo mes. El subíndice subyacente mostró un comportamiento más moderado, pero esta relativa buena noticia quedó en entredicho tras la publicación del PCE correspondiente a febrero, que registró una tasa anualizada a tres meses cercana al 5 %. El índice de precios al productor (IPP) de marzo, que se publica este martes, suele pasar desapercibido. Sin embargo, en el contexto actual, cobra especial relevancia como indicador del impacto que el encarecimiento de la energía está teniendo a lo largo de la cadena de producción. Otros datos sugieren que, hasta el momento, el impacto de la guerra en la economía estadounidense ha sido relativamente limitado, más allá del alza en los precios de la gasolina, cuyo repunte, además, no resulta tan dramático si se analiza en un contexto histórico. Los inversores siguen confiando en que la Reserva Federal hará caso omiso de estos picos temporales en la inflación general. No obstante, tras el colapso de las negociaciones de paz, los futuros de tipos han vuelto a descartar cualquier recorte de interés este año. Esta percepción podría cambiar rápidamente si se observan avances hacia una solución antes de que expire el alto el fuego el próximo miércoles
  • GBP: La guerra ha eclipsado por completo los acontecimientos domésticos a la hora de explicar el comportamiento de la libra esterlina. En condiciones normales, ya estaríamos analizando con preocupación las elecciones de mayo, el riesgo de una política fiscal más expansiva y un marco regulatorio menos favorable para las empresas. Sin embargo, las noticias procedentes del conflicto con Irán han relegado todo lo demás a un segundo plano y, al menos de momento, han aliviado considerablemente la presión sobre Keir Starmer. Los datos de febrero que se publicarán esta semana no nos podrán ofrecer una imagen clara del impacto de la guerra. Mucho más relevante será la intervención del gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, el martes. Esperamos que vuelva a descartar una subida inmediata de tipos. Dado que el Comité de Política Monetaria se mostraba dispuesto a recortar los tipos antes del estallido del conflicto, seguimos viendo difícil un endurecimiento agresivo de la política monetaria a lo largo del año, especialmente si se produce una mayor distensión en las próximas semanas. Salvo sorpresas, la libra esterlina tenderá a moverse en línea con el euro, en función de cómo evolucione la guerra.

Evli confía en una rápida resolución del conflicto

Evli, la gestora de activos de Finlandia, cree que es cada vez más probable una rápida resolución de la guerra con Irán porque EEUU no tiene interés en un conflicto prolongado. Una señal de ello es la tregua de dos semanas anunciada por Irán, y las negociaciones de paz en marcha. Si la guerra termina pronto, los mercados bursátiles globales podrían registrar un rebote significativo porque la economía mundial no se habría visto afectada de manera material.

Valtteri Ahti, estratega jefe de Evli, afirma que Donald Trump ha subestimado a Irán y busca una salida rápida a la guerra. The Wall Street Journal comparte esta visión y publica que Trump ha encargado a sus asesores encontrar vías para poner fin al conflicto lo antes posible. Como señala Valtteri Ahti, "está claro que Donald Trump está nervioso y bajo presión. A Trump no le gusta cuando cae la Bolsa. Además, se acercan las elecciones legislativas de mitad de mandato en EEUU, en las que el coste de la vida tendrá una gran influencia en los votantes. Por esa razón, Trump quiere evitar que los precios de la gasolina suban aún más".

El estratega jefe de Evli sostiene que será Teherán —y no Washington— quien decida cuándo termina la guerra. Irán sigue enviando petróleo a China y a otros países asiáticos a precios más altos, lo que significa que su capacidad para resistir la presión es mayor de lo esperado: "EEUU podría haber frenado los envíos de petróleo de Irán mediante un bloqueo si hubiera querido. Pero la Casa Blanca no se atreve a restringir aún más la oferta, porque eso llevaría a un mayor precio del petróleo y a más presión política».

Valtteri Ahti describe la postura de Donald Trump como un error estratégico, ya que Irán cuenta con un salvavidas económico y puede adoptar una posición dura en las negociaciones. Por otra parte, al igual que EEUU, Irán tampoco está interesado en que el conflicto se prolongue, para que el daño a la economía global no llegue a ser significativo: "Irán está en una posición ventajosa porque puede permitirse esperar. Sin embargo, si esa espera se alarga demasiado, EEUU no tendrá más remedio que abrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza. Y si eso sucede, Irán perdería todo su poder negociador y no tendría otras opciones para seguir lanzando amenazas".

Por todo ello, aunque el riesgo de un conflicto prolongado y de una escalada de las hostilidades es elevado, ya se están produciendo negociaciones para poner fin a la guerra. Valtteri Ahti describe este conflicto como la culminación de una guerra encubierta entre ambos países durante 40 años, que ha alcanzado una fase final en la que cada parte pone a prueba la fortaleza de la otra. En este momento, el objetivo de Irán es obtener garantías de seguridad para que Estados Unidos no vuelva a intentar derribar al régimen iraní mediante bombardeos masivos.

Por eso, el hecho de que haya comenzado una fase de tregua implica que tanto Irán como EEUU no quieren infligir el máximo daño a la otra parte: la parte positiva es que, tras esta crisis, podríamos tener un Oriente Medio relativamente calmado, porque Irán ha demostrado que puede cerrar el Estrecho de Ormuz si lo considera necesario, algo que eleva el umbral para que otros países inicien una disputa con Irán

Esta posibilidad de que las negociaciones conduzcan al fin del conflicto a corto plazo es lo que lleva al estratega jefe de Evli a mostrarse optimista sobre las perspectivas de los mercados bursátiles globales. Según Valtteri Ahti, este escenario daría lugar a un rebote en forma de V, siempre que la crisis se resuelva antes de que la economía mundial sufra un daño significativo: "Los mercados se recuperarán relativamente rápido. Además, en ese escenario desaparecerían las tres o cuatro subidas de tipos del BCE que actualmente descuenta el mercado".

No obstante, Ahti subraya que cualquier escalada del conflicto podría tener consecuencias devastadoras para la economía global, y podrían surgir tensiones geopolíticas en otras partes del mundo: "Trump es bastante eficaz a la hora de orquestar crisis como esta, así que simplemente tendremos que esperar y ver con qué sale".

31Mar

Es evidente que los incentivos para prolongar el conflicto son cada vez menores.

Miguel Ángel Valero

Un día más de guerra en Oriente Medio y de cierre del estrecho de Ormuz. El problema se agrava porque la Administración Trump lanza cada jornada un mensaje distinto. En esta ocasión, la nueva maniobra comunicativa del Gobierno estadounidense apunta a que Trump contempla poner fin al conflicto sin reabrir el estrecho. Según Karoline Leavitt, secretaria de Prensa, el estrecho de Ormuz no constituye una prioridad estratégica en esta guerra –a pesar de que es una de las principales vías de exportaciones y, por tanto, de financiación del régimen iraní–.ç

Todo esto ocurre en una nueva jornada de enfrentamientos, marcada por los bombardeos de la coalición integrada por Israel y EEUU sobre objetivos militares y arsenales. Irán, por su parte, dirige sus ataques hacia infraestructuras críticas de sus vecinos, como plantas desalinizadoras en Kuwait, afectando suministros esenciales para la supervivencia en la región. 

Mientras tanto, la escasez de petróleo se hace cada vez más evidente. Europa ha puesto en marcha medidas de apoyo ante el incremento de precios —con España a la cabeza, seguida ahora por Italia y Francia—, Corea del Sur ha iniciado campañas de concienciación en las que insta a la población a reducir la duración de sus duchas, y Tailandia ha activado ayudas directas a los sectores más perjudicados.

En este contexto, las declaraciones del presidente de la Fed, Jerome Powell, apaciguaron el mercado de bonos. Asegura que las expectativas de inflación permanecen contenidas en el corto plazo y que, por ahora, es prematuro plantear una reacción agresiva de la Reserva Federal, prefiriendo adoptar una postura de prudencia. También lanza un mensaje de calma sobre el crédito privado, afirmando que la Fed monitoriza su impacto en el sistema financiero y que todavía no existen indicios de ser un problema.

Es evidente que los incentivos para prolongar el conflicto son cada vez menores, y la evidencia más reciente apunta a que EEUU no desea sobrepasar el plazo de seis semanas que fijó al inicio de la operación. Sin embargo, encontrar una salida digna –necesaria para la política interna de Trump– se está volviendo complejo ante un régimen iraní que no se muestra intimidado, aunque sí visiblemente debilitado. El juego del gato y el ratón continúa, y el desenlace, cuando llegue, probablemente será abrupto.

Mientras, el G-7 trata de activar un frente común pero que, por el momento, dejó más palabras que nuevas medidas. En una reunión de urgencia celebrada por videoconferencia, el G7 ha dejado un comunicado conjunto en el que los representantes de los siete países más industrializados –EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido–, expresan su disposición de adoptar “todas las medidas necesarias que garanticen la estabilidad y seguridad de los mercados energéticos”, pero no han desvelado posibles actuaciones. Insistieron en la necesidad de garantizar mercados energéticos "estables y transparentes", así como "abstenerse de imponer restricciones injustificadas a la exportación de hidrocarburos y productos relacionados" y tratar de mantener un suministro suficiente de petróleo y gas. Hace un par de semanas los países más industrializados decidieron la liberación de parte de sus reservas estratégicas de petróleo, una medida que permitió ganar tiempo a la espera de soluciones al bloqueo del paso de las exportaciones de petróleo y gas por el estrecho de Ormuz.

Mediolanum: oportunidades selectivas en mercados emergentes

Patrick McKenna, director adjunto de gestión de carteras multi-management en Mediolanum International Funds (MIFL), afirma: "Con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la posterior escalada del conflicto, las acciones de los mercados emergentes se han visto presionadas. En marzo, los inversores retiraron más de 2.000 millones$ de los mercados emergentes y de los fondos asiáticos (excluido Japón). Al mismo tiempo, numerosos índices de mercados emergentes cayeron con fuerza, sin que hasta ahora se observen señales claras de haber tocado fondo. Sin embargo, el último shock no está afectando a los mercados emergentes de forma uniforme, ni está generando únicamente perdedores".

Los mercados asiáticos importadores de petróleo son especialmente vulnerables en este momento. Con el cierre del estrecho de Ormuz, el crudo Brent subió hasta alrededor de 116 dólares por barril a 30 de marzo y se encamina a registrar un aumento mensual de casi el 60%. La reacción del mercado fue, en consecuencia, muy severa: el índice bursátil surcoreano Kospi llegó a desplomarse casi un 20%, y el MSCI Indonesia ha perdido cerca de un 25% desde el 27 de febrero. India también se vio afectada. Tras recuperarse de un periodo prolongado de debilidad en febrero, el MSCI India perdió casi un 15% en un mes a medida que aumentaban las tensiones en Oriente Medio.

Países como Corea del Sur, Indonesia e India dependen en gran medida de las importaciones de petróleo procedentes de Oriente Medio. El aumento de los precios de la energía está lastrando el crecimiento, los saldos por cuenta corriente y las divisas de estos países, al tiempo que incrementa las presiones inflacionistas. Esto reduce el margen de los bancos centrales para recortar los tipos de interés. Este aspecto resulta especialmente problemático para aquellos mercados que contaban con bajadas de tipos para impulsar el crecimiento y las valoraciones. Si las tensiones geopolíticas persisten y los precios de la energía se mantienen elevados a largo plazo, no solo es probable que se frenen los ciclos de relajación monetaria, sino que también se revisen a la baja las expectativas de beneficios.

En América Latina, la situación es distinta: la región se beneficia de su posición relativamente neutral y de sus reservas de materias primas. Los mayores precios del petróleo, los metales y los productos agrícolas pueden respaldar los ingresos por exportaciones, las finanzas públicas y, en cierta medida, el impulso del crecimiento. Esto hace que muchos mercados latinoamericanos sean significativamente más resilientes en el entorno actual que gran parte de Asia.A ello se suma una política monetaria más favorable. Brasil, por ejemplo, ya se encontraba en un ciclo de relajación monetaria antes de la escalada en Oriente Medio. Esto hace que el país resulte especialmente atractivo para los inversores: la caída de los tipos de interés apoya la economía, los beneficios empresariales y las valoraciones, mientras que la estructura económica, intensiva en materias primas, proporciona al mismo tiempo un colchón frente al shock del precio del petróleo. A diferencia de muchos mercados emergentes importadores de petróleo, Brasil combina así vientos de cola monetarios con una posición económica externa relativamente sólida.

Aunque América Latina sigue siendo atractiva para los inversores por su posición de partida más robusta y sus perspectivas favorables, las caídas de precios en los mercados asiáticos en dificultades están abriendo al mismo tiempo oportunidades de entrada selectivas. Regiones como India ya han corregido significativamente: la ratio precio/beneficio del MSCI India se sitúa en 19,7 veces en términos de los últimos 12 meses, por debajo de sus medias de cinco y diez años. Al mismo tiempo, las perspectivas siguen siendo prometedoras: el crecimiento estructural, los beneficios empresariales y las perspectivas macroeconómicas continúan siendo relativamente sólidas. Si el shock geopolítico resulta ser temporal, son precisamente aquellos mercados que han sido más castigados recientemente los que podrían ofrecer una sorpresa positiva.

La creciente divergencia dentro del universo de mercados emergentes exige un análisis detallado de los riesgos y oportunidades en las distintas regiones. La dependencia de las importaciones de energía, la sensibilidad a la inflación, los ciclos políticos, el grado de madurez de las economías y la especialización sectorial determinan cada vez más cómo reaccionan los países a las subidas del precio del petróleo, a las fluctuaciones del dólar estadounidense u otros shocks externos. Quienes deseen aprovechar las oportunidades en los mercados emergentes deben, por tanto, adoptar un enfoque selectivo, activo y con una amplia diversificación.

Columbia Threadneedle: las materias primas se tensionarán en abril

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, señala que el petróleo cotiza algo más de 115$ por barril, lo que representa un incremento del 59% desde el inicio del conflicto. La curva de futuros del crudo Brent sitúa los precios en torno a los 100$ por barril hasta julio, descendiendo a aproximadamente 85 dólares en diciembre. Aun así, estos niveles siguen implicando una prima significativa frente a las previsiones previas al estallido de la guerra. Como referencia, se estimaba que el petróleo se situaría en torno a los 60$ por barril a finales de 2026, al margen de riesgos geopolíticos como los actuales.

De cara a los próximos meses, persisten claros riesgos al alza, especialmente en caso de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz o de una mayor escalada del conflicto. Aunque las negociaciones de paz con mediadores están en curso, sigue vigente el ultimátum del 6 de abril fijado por el presidente Trump para que Irán acepte un acuerdo o se enfrente a ataques sobre su infraestructura energética, ante los que este país previsiblemente respondería.

En paralelo, durante el fin de semana, los hutíes en Yemen lanzaron su primer misil hacia Israel respaldados por Irán, marcando su entrada en el conflicto. Este episodio remite a los ataques de los hutíes en años recientes contra el tráfico marítimo en el mar Rojo, con el estrecho de Bab al-Mandeb como enclave estratégico de acceso, conectado a su vez con el canal de Suez, una arteria clave para el comercio con Europa. Además, esta vía podría servir como alternativa para la salida de petróleo desde el Golfo a través de un oleoducto hacia la costa occidental de Arabia Saudí. Cualquier interrupción en esta zona supondría otro gran obstáculo para las cadenas globales de suministro, incrementando las presiones al alza sobre los precios de las materias primas.

No obstante, también cabe la posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo de paz, idealmente incluyendo el estrecho de Ormuz. Un acuerdo que no contemple este punto difícilmente sería aceptable para Trump. De incorporarse, permitiría una progresiva normalización del tráfico marítimo.

Pero el impacto del conflicto no se limita al petróleo. Se están observando tensiones en los precios del gas, el helio, así como del amoníaco y la urea, insumos clave para la producción de fertilizantes y, en consecuencia, para los precios de los alimentos. Este efecto se extiende al conjunto del mercado de materias primas y previsiblemente se intensificará en abril a medida que se reduzcan las reservas. Las existencias actuales ya están disminuyendo y también se están utilizando reservas de emergencia, lo que apunta a un escenario de precios más elevados y crecientes preocupaciones sobre el suministro a medida que avance abril.

Por su parte, el oro, que había mostrado un comportamiento muy sólido en lo que va de año, ha registrado una caída significativa del 14% desde el inicio de la guerra. Los riesgos inflacionarios están superando su función tradicional como activo refugio frente a shocks geopolíticos en el corto plazo.

La evolución de la situación a partir de aquí sigue siendo esencialmente binaria y dependerá en gran medida de factores políticos: de si Trump opta por una vía de escalada o de desescalada, y de la respuesta de Irán. El estrecho de Ormuz no está actualmente cerrado ni minado, lo que implica que, en caso de alcanzarse un acuerdo, podría reabrirse con relativa rapidez. Sin embargo, un escenario de escalada podría derivar en ataques a infraestructuras energéticas, ante los que Irán ya ha anticipado una respuesta. 

Trump  menciona la posibilidad de controlar el petróleo iraní. Este escenario parece lejano, los riesgos al alza siguen siendo significativos para todas las materias primas en caso de una nueva escalada del conflicto. También veremos preocupaciones desde el punto de vista del suministro, con impactos potencialmente desiguales por regiones, si la situación se prolonga hasta abril.

Las próximas dos semanas deberían ofrecer señales más claras sobre sobre el lugar al que nos dirigimos. Al inicio del conflicto, Trump planteó un horizonte de entre cuatro y seis semanas para las operaciones militares, un plazo que está próximo a cumplirse. No obstante, es previsible que los precios de la energía se mantengan elevados durante algún tiempo debido a la prima de riesgo incorporada. No puede descartarse cierta corrección a la baja en caso de avances sustanciales hacia un acuerdo de paz.

En definitiva, el contexto sigue marcado por una elevada incertidumbre. Los mercados financieros permanecen tensionados y, en el corto plazo, los precios de las materias primas actúan como un obstáculo significativo. Con todo, persisten motivos para el optimismo a más largo plazo si se logra algún tipo de resolución del conflicto.

Fidelity: fase de escalada más desordenada

Salman Ahmed, Responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, cree que el carácter del conflicto en Irán ha vuelto a cambiar. Lo que empezaba a parecer una posible vía de salida (tras el giro de Trump del lunes 23 de marzo y la ampliación hasta el 5 de abril de la amenaza de destruir centrales eléctricas iraníes) está derivando ahora hacia una fase de escalada más desordenada -aunque cada vez más telegrafiada-. Las preguntas sobre cómo se resolverá este conflicto y a qué coste (a corto y a medio plazo) siguen siendo críticas.

Los esfuerzos de mediación -en particular los liderados por Pakistán y apoyados por actores regionales- parecen haberse quedado sin impulso. Al mismo tiempo, el conflicto se está ampliando. La actividad de misiles hutíes contra Israel refuerza el riesgo de desbordamientos regionales, incluso cuando puntos de estrangulamiento clave como Bab el‑Mandeb siguen operativos (por ahora). Las señales de EEUU siguen siendo inconsistentes. El mensaje oscila entre negociación y escalada, dejando una claridad limitada sobre la vía inmediata pretendida. Al mismo tiempo, el despliegue de marines en el teatro de operaciones introduce riesgos claros de escalada. El objetivo operativo sigue sin estar claro, pero el debate se ha centrado en dos posibilidades: una intervención vinculada a la extracción de activos de uranio enriquecido o una acción dirigida contra la isla de Kharg. De las dos, parece más probable un movimiento sobre instalaciones de uranio enriquecido. Atacar Kharg implicaría el riesgo de abrir un frente más directo y amplio, con implicaciones inmediatas para los flujos de energía. Aun así, cualquier forma de presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno representaría una escalada material. Las variables críticas serían el alcance, la duración y la claridad del estado final buscado. 2. 

Cambio de escenario: hacia una escalada telegrafiada en lugar de una destrucción generalizada de la infraestructura energética en Irán y el Golfo. No se trata de una escalada totalmente descontrolada o caótica. Está señalizada y, en cierta medida, gestionada con riesgos asociados de posibles errores de cálculo. La ausencia de una destrucción generalizada de infraestructuras en la comunicación de ambas partes sugiere que sigue existiendo contención. Los riesgos de cola han aumentado, pero son distintos. Al mismo tiempo, escalada y resolución ya no son mutuamente excluyentes. "La vía más probable es aquella en la que una mayor escalada se utiliza para forzar un desenlace, aunque sea incompleto, desordenado o inestable", apunta. 

El estrecho de Ormuz sigue estando, en la práctica, en disputa. El tráfico continúa a paso de caracol, pero bajo condiciones restringidas e inciertas determinadas por Irán (por ejemplo, Pakistán negoció el paso de 20 petroleros por el Estrecho, que el presidente Trump calificó de “regalo”). Incluso en un escenario de resolución, es poco probable que Irán renuncie por completo a esta palanca, especialmente teniendo en cuenta lo degradada que está ahora su capacidad militar tras los bombardeos sostenidos de EEUU e Israel. Un resultado más plausible es que el Estrecho se reabra en los términos de Irán, potencialmente con formas de control o “precio” (tácito o explícito) sobre los flujos. Eso podría incluir peajes informales, disrupción selectiva o primas de riesgo persistentes. Los informes sugieren que los planificadores militares occidentales no ven ninguna solución militar (salvo un cambio de régimen en Irán) para lograr una apertura incondicional del Estrecho. Esto importa porque la mayoría de los flujos que atraviesan el Estrecho se destinan a Asia, siendo China el mayor consumidor final. Por tanto, la carga económica de la disrupción recae de forma desproporcionada sobre las economías asiáticas, más que sobre EEUU, algo que también se refleja en la valoración relativa de los mercados. El “día después” es poco probable que se parezca al statu quo anterior al conflicto. La arquitectura de seguridad de los flujos energéticos del Golfo ha cambiado, en cierta manera, de forma estructural. 

"Seguimos trabajando con una hipótesis del barril de Brent en torno a 85$ para el resto del año. Esto refleja una prima geopolítica persistente más allá de una resolución inmediata de la guerra. Una normalización rápida de los precios del petróleo hacia el rango de los 40–50$(de la que se habla en algunos ámbitos) requeriría una resolución limpia, un Irán integrado internacionalmente y el consiguiente colapso de las primas de riesgo. Dada la complejidad del entorno actual, ese resultado nos parece extremadamente optimista. Al mismo tiempo, aunque los mercados físicos de energía están sometidos a una tensión severa, todavía no estamos en un escenario de pérdida sostenida y a gran escala del suministro, ya que eso exigiría daños generalizados a la infraestructura energética y un cierre completo del Estrecho mediante minas (o medidas similares)", argumenta. 

La transmisión económica se está concentrando cada vez más en Asia, seguida de Europa. Las respuestas de política económica en la región han sido rápidas y pragmáticas. Los gobiernos han desplegado una combinación de topes de precios, subsidios, controles a la exportación y liberaciones de reservas estratégicas para limitar el traslado a los precios domésticos del combustible. En las economías más vulnerables están surgiendo medidas del lado de la demanda, incluidas el racionamiento energético y ajustes de comportamiento. Estas intervenciones están, por ahora, conteniendo el impacto inflacionario inmediato. Sin embargo, si los precios elevados de la energía persistiesen, la carga cambiaría. La capacidad fiscal no es ilimitada y los bancos centrales podrían verse obligados a volverse menos dovish con el tiempo. A más largo plazo, este episodio refuerza el argumento a favor de la diversificación. Es probable que las renovables, la nuclear y, en algunos casos, un regreso al carbón, ganen más peso en los debates y la planificación de políticas, a medida que los riesgos de los puntos de estrangulamiento pasan a ser centrales en las evaluaciones. 

Las Bolsas asiáticas siguen de capa caída, con el índice MSCI Asia Pacific cayendo con fuerza durante la semana pasada y manteniendo la presión a la baja al inicio de esta. La presión sobre las divisas es evidente, especialmente en economías sensibles al petróleo como la India y Tailandia. Las respuestas políticas se están intensificando. El banco central de la India ha pasado a limitar las posiciones abiertas en divisas en un esfuerzo por estabilizar la rupia. En Japón, las autoridades han escalado la intervención verbal a medida que la debilidad del yen eleva las preocupaciones de inflación, con su banco central adoptando un tono más vigilante. Los mercados de bonos han sido menos direccionales después de centrarse en la inflación la semana pasada y ahora empiezan a equilibrar las preocupaciones de crecimiento frente a los riesgos inflacionarios. 

Las opiniones de China se están haciendo más visibles. Su implicación en los esfuerzos de mediación de Pakistán introduce otra capa en las dinámicas de las grandes potencias en el conflicto. Dada la exposición de China a los flujos energéticos del Golfo, tiene un fuerte incentivo para apoyar la estabilización ya que, pese a contar con colchones energéticos significativos, está expuesta al riesgo de una recesión global. Cualquier evolución adicional aquí será importante de vigilar, dada la relación estratégica del país con Irán. 

"Estamos entrando en una fase de escalada bastante telegrafiada pero dramática, con una mayor probabilidad de una resolución desordenada. Los riesgos de cola han aumentado de una manera distinta a la del fin de semana anterior, pero también ha aumentado el incentivo para que todas las partes contengan el conflicto, dada la escala y amplitud de la disrupción. El desenlace probable no será un final limpio, sino una resolución negociada y desordenada que dejará tensiones subyacentes sin resolver e Irán con un poder de influencia continuado sobre el Estrecho. Es poco probable que los mercados energéticos vuelvan rápidamente a los precios anteriores al conflicto. Cierta prima geopolítica permanente ya está incorporada en los mercados energéticos, y la carga del ajuste está recayendo con más fuerza sobre la Asia dependiente de la energía del Golfo, seguida de Europa. EEUU permanece relativamente más aislado, pero unos mayores precios energéticos son un factor macro que afectará a su crecimiento, inflación y resultados de su política económica", concluye este experto.

Ebury: el euro, el gran perdedor de la guerra en Oriente Medio

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, sitúa al euro, el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés entre las monedas más perjudicadas por la prolongación de la guerra en Irán, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y el aumento de la aversión al riesgo. El denominador común de estas monedas es su elevada dependencia de las importaciones de petróleo y gas, lo que las hace especialmente vulnerables a un shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz.

En el caso del euro, la exposición es particularmente significativa. La Eurozona afronta el conflicto con bajos niveles de reservas de gas y una fuerte dependencia de proveedores externos. Además, la acción militar estadounidense en Irán aumenta el riesgo de un conflicto más prolongado en Ucrania, pues los recursos militares de EEUU podrían desviarse de este conflicto hacia Oriente Medio. Por otro lado, la exposición de Europa a la inflación del petróleo importado significa que los mercados han aumentado agresivamente sus apuestas a favor de tipos más altos del BCE y, al menos hasta el momento, están más que presupuestados por completo dos recortes completos antes de que termine el año. 

Este patrón se replica en las divisas de Asia y, en particular, en el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés. Todas ellas destacan por su elevada exposición al crudo que transita por el Estrecho de Ormuz. El encarecimiento del petróleo actúa como un lastre para sus economías, deteriorando sus cuentas externas y aumentando las tensiones inflacionarias, lo que se traduce en una menor resiliencia de sus divisas. 

Ebury también incluye entre las perdedoras a algunas monedas de los países de África Oriental y Austral, cuyas economías que dependen de la región para alrededor del 75% de sus importaciones de combustible. En este grupo se encontrarían el rand sudafricano, el kwacha zambiano y el chelín ugandés. En América Latina, las monedas más vulnerables serían el peso chileno, dado que importa casi todo su consumo de petróleo y gas y, en menor medida, el sol peruano, que produce cantidades modestas de petróleo, es un exportador neto de gas natural y tiene cierta capacidad de refinado. 

Frente a este bloque de perdedores, Ebury identifica como principales beneficiarios al dólar estadounidense, el dólar canadiense, la corona noruega, el dólar australiano, el real brasileño o el peso colombiano. El dólar estadounidense lidera este grupo gracias a su papel como activo refugio en episodios de incertidumbre y al hecho de que Estados Unidos es exportador neto de energía, lo que le permite beneficiarse de un entorno de precios elevados. A su vez, divisas como el dólar canadiense, la corona noruega o el dólar australiano se ven respaldadas por su condición de grandes exportadores de petróleo y gas, lo que mejora sus términos de intercambio y refuerza sus cuentas externas. En América Latina, el real brasileño y el peso colombiano también encuentran apoyo en el aumento de los ingresos derivados de las exportaciones energéticas. Las divisas vinculadas al dólar, especialmente en Oriente Medio, han mostrado una notable resiliencia, al beneficiarse tanto de su anclaje al billete verde como del aumento de los precios del petróleo, que refuerza sus cuentas externas y reservas. 

En este grupo también se incluye el yuan chino, estrechamente gestionado frente al dólar y respaldado por amplias reservas energéticas y una menor exposición directa al conflicto. China, además, cuenta con proveedores diversificados y cierta protección en el tránsito por el Estrecho de Ormuz. 

Ebury señala a la libra esterlina como un caso intermedio dentro del bloque de divisas favorecidas. Sin llegar a considerarse un “ganador” pleno, la moneda británica ha mostrado un comportamiento relativo más sólido que sus homólogas europeas. Aunque el Reino Unido es importador neto de energía, su menor dependencia del suministro exterior —y, en particular, de Oriente Medio— limita su exposición al shock energético. A ello se suma una estructura económica más orientada a los servicios. 

En conjunto, el análisis de Ebury refleja una clara divergencia en el mercado de divisas: las monedas de economías importadoras de energía, como el euro o la rupia india, tienden a depreciarse, mientras que las de países exportadores o consideradas refugio, como el dólar estadounidense o la corona noruega, se ven reforzadas en un escenario de conflicto prolongado.

UBS: oportunidad constructiva de la corrección

Por su parte, el UBS CIO Daily destaca que una corrección abre la puerta en la renta variable suiza. El mercado bursátil suizo no ha quedado al margen de las ventas globales por aversión al riesgo vinculadas al conflicto en Oriente Medio, llegando a caer cerca de un 15% en su mínimo intramensual y entrando en territorio formal de corrección. Aunque el mercado ha rebotado modestamente desde entonces, subiendo cerca de un 5% desde su punto más bajo la semana pasada, sigue muy por debajo de los máximos alcanzados a principios de marzo. "Pero, a pesar de esta volatilidad, creemos que la reciente corrección ofrece una oportunidad constructiva para reposicionarse en la renta variable suiza: el liderazgo de valores defensivos es ahora más relevante; las valoraciones y el apoyo de los dividendos han mejorado; los vientos en contra sobre los beneficios podrían empezar a moderarse", explica la entidad.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Utilizamos este episodio de volatilidad para mejorar nuestra recomendación sobre la renta variable suiza a ‘Atractiva’, y sugerimos que los inversores consideren asignar parte de su capital de riesgo en renta variable al mercado tras la reciente corrección. Dentro del mercado, preferimos compañías de calidad y líderes en rentabilidad, junto con determinadas empresas de mediana capitalización y cíclicas, especialmente aquellas con un crecimiento de dividendos atractivo”.

“Nuestra opinión es que la caída del oro probablemente será relativamente breve. Aunque el momento exacto es difícil de precisar, sí esperamos que el oro se recupere y prevemos que el metal precioso alcance los 6.200$ por onza a finales de junio, para luego moderarse hasta 5.900 USD/onza a principios de 2027, desde los aproximadamente 4.500 actuales", añade.

Pictet: neutrales en acciones, bonos y liquidez

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, señala que la guerra contra Irán ha creado un estado de profunda incertidumbre para los inversores. Amenaza el suministro global de todo, de petróleo a alimentos y aumenta la posibilidad de estanflación mundial. En tiempos normales los mercados bajistas para las acciones tienden a favorecer a los bonos, pero esta vez ambas clases de activos están teniendo dificultades. Para complicar las cosas, las posibles consecuencias de la guerra no parecen reflejarse del todo en el índice de volatilidad VIX. La imprevisibilidad del presidente Trump hace imposible una visión racional de los mercados las próximas semanas. Cada tuit en Truth Social arrastra los mercados en diferente dirección, a menudo de forma violenta. El precedente es que tiende a cambiar de rumbo ante una una reacción negativa del mercado.

Como no creemos posible saber cómo o cuándo terminará el conflicto, tenemos una posición neutral en las tres principales clases de activos, en todas las regiones excepto en China, bonos y liquidez. Sobre ponderamos los sectores de salud y de servicios públicos e infra ponderamos consumo discrecional.

La incertidumbre geopolítica ha comenzado a tener impacto negativo. Las encuestas empresariales han empezado a mostrar expectativas de precios más altos del petróleo y los datos sugieren que el mercado es demasiado optimista respecto a la economía estadounidense y pesimista respecto a la mayor parte del resto del mundo. Pero EEUU no es inmune. Que cubra su demanda no significa que los precios de la gasolina y otros combustibles no estén subiendo allí. Su economía ya se había desacelerado cuando cayeron las primeras bombas, siendo su tasa de ahorro muy baja. Esperamos que su inflación se sitúe en 3,3% este año con crecimiento por debajo de 2%.

Es probable que Europa demuestre ser más resiliente. La Eurozona depende de las importaciones de petróleo, pero es menos intensiva en petróleo que EEUUU, con una proporción sustancial de necesidades energéticas cubiertas con renovables. Los mercados emergentes también son ahora más estables que en el máximo del petróleo en 2022. Nuestra previsión de mayor crecimiento respecto a economías desarrollados no ha cambiado de forma significativa y esperamos que su inflación se mantenga en los objetivos. Además, China, donde más de una cuarta parte de sus necesidades petrolíferas pasan por el Estrecho de Ormuz, cuenta con importantes reservas de petróleo y otras materias primas vitales, además de haber asegurado el acceso alternativo de países como Rusia. Su rápida adopción de energías renovables y vehículos eléctricos los últimos años debe ayudar a amortiguar el golpe.

El ciclo multianual de flexibilización global de los banco centrales está llegando a su fin. Incluso antes de la crisis nuestra opinión era que la Reserva Federal no tenía necesidad de relajar, pues la creación de crédito en el sector privado sigue sólida, sin impacto negativo hasta ahora en su sector financiero. Pero existe el riesgo de que el BCE se convierta en el primero entre los grandes bancos centrales en endurecer su política monetaria, especialmente si los Gobiernos deciden subvencionar el combustible, como en 2022. Por su parte Pekín mantiene condiciones monetarias moderadamente laxas y una política fiscal activa para sacar a la economía de su estancamiento deflacionario.

El caso es que los temores inflacionistas han impulsado al alza las rentabilidades a vencimiento de los bonos y la venta masiva de acciones hace que ahora sean solo ligeramente caras, mientras que las materias primas siguen muy caras. Las acciones están respaldadas por factores estacionales y posición bajista de los inversores y en las estadounidenses no hay señales de que el mercado vaya a capitular, con los minoristas comprando en las caídas.

El aumento de exportaciones vinculadas a tecnológica relacionada con IA y actividad industrial y manufacturera, deben seguir apoyando las acciones chinas, que sobre ponderamos. Pero un aumento del 50 % en los precios del petróleo cuatro meses puede suponer un golpe económico especialmente perjudicial para las naciones importadores netas, como Tailandia, Corea, India y Sudáfrica, afectando el PIB y saldos externos, con la apreciación del dólar endureciendo las condiciones financieras en estos mercados, inflación importada y fomento de salidas de capital.

En conjunto hemos adoptado a una inversión más defensiva, incluyendo compañías eléctricas, que se benefician de demanda estable, impulso con la electrificación y políticas orientadas a la independencia energética. Sobre ponderamos el sector de salud, defensivo, atractivo por valoración, que se debe se beneficiar de la innovación por IA. Sobre ponderamos tecnología. La reciente corrección ha hecho que las valoraciones bajen y la inversión relacionada con IA en centros de datos e infraestructuras digitales -600.000 millones$ este año- debe seguir apoyando la demanda de empresas de hardware y semiconductores. Pero infra ponderamos consumo discrecional, pues la inflación debe pesar en el gasto.

La amenaza de estanflación es negativa para la renta fija. Los mercados de bonos han pasado descontar recortes de tipos de interés a subidas de estos. Si el precio del petróleo se estabiliza en los niveles actuales añadirá 0,5 % a la inflación y reducirá el crecimiento global en 0,5%. Pero precio del crudo y expectativas de inflación y crecimiento pueden moverse considerablemente por encima o debajo, según lo rápido que termine el conflicto. En deuda del Tesoro de EEUU estamos neutrales. Su rentabilidad a vencimiento ya ha aumentado y la Reserva Federal va a prestar tanta atención a la inflación como al mercado laboral, lo que limita el margen de liquidación de bonos estadounidenses. También hemos reducido asignación a deuda soberana y empresarial de mercados emergentes a neutral. Hemos reducido oro a neutral. Ha llegado a caer caído 15% desde el inicio del conflicto, pues los bancos centrales que han acumulado grandes beneficios con sus reservas han vendido parte para financiar gastos adicionales en energía y defensa. Pero hemos aumentado exposición a yen y franco suizo, que pueden apreciarse si el conflicto continúa.

DWS: 'esperar y ver' es la mejor opción

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, destaca que el coste de la vida en la Eurozona aumentó significativamente en marzo, alcanzando el 2,5%, impulsado principalmente por un incremento interanual del 4,9% en los precios de la energía. En particular, los precios del diésel y la gasolina aumentaron a tasas de dos dígitos en muchos países. Sin embargo, otros componentes contribuyeron a moderar la inflación general. La inflación de los alimentos siguió desacelerándose, con precios que subieron un 2,4% en marzo, mientras que la inflación subyacente cayó del 2,4% en febrero al 2,3% en marzo.

Algunos países ya han introducido medidas fiscales para reducir los precios de la energía. Como resultado, los precios del diésel y la gasolina han bajado en España e Italia, lo que debería ayudar a aliviar las presiones inflacionarias en abril. Sin embargo, los precios del gas tienden a reaccionar con retraso, ya que los hogares en la mayoría de los países están sujetos a contratos a largo plazo.

Además, la temporada de viajes está a punto de comenzar. Es probable que algunos destinos sean evitados, lo que podría provocar un aumento de los precios de los billetes de avión y de los paquetes vacacionales en toda la eurozona. En un contexto de aumento de costes, las empresas también podrían trasladar subidas de precios más rápidas. Cuanto más tiempo continúe la guerra en Oriente Medio y cuanto más tiempo el estrecho de Ormuz permanezca efectivamente cerrado, mayor será el riesgo de repercusiones secundarias.

En la conferencia del BCE de la semana pasada, la presidenta Lagarde volvió a aclarar la función de reacción del banco central. No es el shock de los precios de la energía en sí lo que resulta decisivo, sino los posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación que puedan derivarse de él. En este contexto, no esperamos que el BCE adopte decisiones monetarias precipitadas. Seguimos creyendo que adoptar un enfoque de “esperar y ver” es la mejor opción por ahora.

Swisscanto: un escenario de estanflación es injustificado

En marzo, el suministro de energía ha desplazado a la inteligencia artificial en los titulares. Los mercados financieros están descontando una estanflación ante un aumento del 50% en el precio del petróleo, una narrativa injustificada similar a la de 2022. Lo más probable, por razones tácticas electorales, es que se produzca una rápida desescalada en Oriente Medio o, por el contrario, una escalada militar que ponga fin al bloqueo de los suministros de petróleo. 

"Lo que inicialmente, como la mayoría de los observadores, habíamos considerado como una breve intervención militar de Estados Unidos en una región delicada para la economía mundial, ha escalado a una escasez de suministro de petróleo y gas natural hacia Asia y Europa", señala un análisis de Swisscanto. Ante un aumento del 50% en el precio del petróleo, los mercados financieros han descontado un escenario de estanflación: la mayor inflación obligaría a los bancos centrales a subir los tipos de interés, frenando así la economía hasta la estancación. Esta narrativa recuerda a 2022. En ese entonces, los salarios aumentaron tras la pandemia de Covid-19 debido a la escasez de mano de obra, y los precios de bienes y servicios también subieron como resultado de los problemas en las cadenas de suministro. Aplicado a la situación actual, un escenario de estanflación nos parece injustificado, ya que el aumento de los precios se debe principalmente al alza de los costes energéticos. Por lo tanto, esperamos que los mercados financieros vuelvan pronto a centrarse en la inteligencia artificial y el crédito privado. Identificamos las mayores distorsiones del mercado en los bonos. 

La pérdida de poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses debido al aumento de los precios de la gasolina afecta negativamente a los republicanos en las próximas elecciones intermedias de noviembre. Nuestro escenario principal asume una pronta desescalada en Oriente Medio. Las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés han dado un giro: en febrero aún se esperaban bajadas de tipos, por ejemplo, por parte de la Reserva Federal, pero ahora el mercado está descontando aumentos de tipos. Consideramos que esto es exagerado. Aprovechamos esta situación y aumentamos la duración en bonos gubernamentales globales, que deberían beneficiarse de una disminución de los temores inflacionarios y de un relajamiento de los tipos de interés (ver gráfico). Solo la caída de los rendimientos en EEUU al nivel de principios de marzo generaría ganancias del 5% en un bono a 20 años. Por otro lado, cerramos la posición en bonos gubernamentales en AUD, que se beneficiaron de un aumento del 10% en la moneda de materias primas. Excepto en fases inflacionarias, seguimos considerando que la duración de los bonos gubernamentales tiene un importante efecto diversificador en una cartera mixta.

El mercado global de renta variable ha perdido alrededor del 8% en USD desde su máximo a finales de febrero. La euforia parcialmente notable de finales de febrero ha disminuido, lo que, junto con el continuo crecimiento de las ganancias corporativas, respalda nuestra sobre ponderación en renta variable. A nivel regional, se imponen ajustes específicos: EEUU ha perdido significativamente menos en la crisis de Irán, pero enfrenta vientos en contra por su mercado laboral (en parte debido a la IA) y el debilitado sector de crédito privado. Los mercados emergentes se han visto menos favorecidos que en trimestres anteriores, ya que los inversores están valorando expectativas demasiado ambiciosas en las grandes empresas de IA. Por el contrario, el mercado de renta variable suizo se presenta de manera diferente, con perspectivas demasiado pesimistas ya descontadas. No realizamos cambios en las inversiones alternativas y seguimos sobre ponderados en oro tras la corrección de precios. Cabe destacar que las inversiones alternativas, como los bonos vinculados a seguros, contribuyeron con éxito a la diversificación durante un mes de marzo turbulento. 

26Mar

Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Miguel Ángel Valero

Doce meses después del Día de la Liberación, el panorama financiero global ha completado un ciclo de contrastes extremos, subraya un análisis de Ibercaja Gestión. Lo que comenzó como un escenario de pánico ante el anuncio de aranceles globales por parte de la administración Trump, ha derivado en una compleja rotación de activos marcada por la resiliencia económica, la inteligencia artificial y, más recientemente, la inestabilidad geopolítica.

Pese a los vaticinios de las casas de análisis de Wall Street, que gritaban “recesión e inflación” la aplicación final a través de las "pausas arancelarias" permitió al mercado digerir la incertidumbre y a las empresas hacer sus deberes, reorganizar sus cadenas de suministro y llenar los almacenes. El resultado fue un PIB estadounidense que, en el segundo trimestre de 2025, sacó músculo con un 3,8%. En cuanto a los niveles de precios, tanto la inflación subyacente como la general no han registrado fuertes repuntes; de hecho, hoy lucen niveles más bajos que hace un año, cuando los aranceles eran todavía una amenaza lejana. Curiosamente, la inflación no fue acusada; las empresas, sabiendo que el tiempo es oro —y que los plazos de negociación tenían fecha de caducidad—, aplicaron un "goteo de precios" tan sutil que los consumidores apenas sintieron el pinchazo.

Sin embargo, el comportamiento del mercado de divisas ha roto los manuales de teoría económica. Rompiendo con la ortodoxia de 2018, el dólar se depreció fuertemente, impidiendo que la moneda amortiguase el coste de los aranceles y lastrando la rentabilidad de nuestras inversiones. 

El optimismo estival regado con el maná de pactos arancelarios favorables y la solidez de los resultados tecnológicos llevó a los índices a vivir un idilio de máximos históricos semana tras semana. Sin embargo, este impulso dio paso a una rotación sectorial a finales de 2025. El agotamiento de las grandes tecnológicas, lastradas por las dudas sobre la rentabilidad inmediata de la IA y el futuro del software tradicional, provocó un trasvase de capital hacia activos de valor y geografías anteriormente relegadas. En este nuevo baile de sillas, mientras Europa y Japón intentaban sacar pecho, el bloque emergente se consolidaba como el verdadero dueño de la pista.

Pero la paz de los mercados suele ser efímera, y todavía más desde que está Trump en la Casa Blanca. La relativa calma que teníamos se ha visto truncada por el estallido del conflicto en Oriente Medio, un incendio geopolítico que ha devorado las ganancias acumuladas en los dos primeros meses en un abrir y cerrar de ojos. Europa y Asia, con su crónica dependencia energética, han sido las que se han llevado la peor parte del golpe. 

La onda expansiva ha llegado, como no podía ser de otra forma, a la renta fija. La revalorización del crudo ha despertado al fantasma de la inflación, forzando al mercado a descontar hasta tres subidas de tipos por parte del BCE para 2026. Así, aquel benigno escenario de pausas con el que arrancó el año ahora ha pasado a mejor vida, dejando a los inversores en un entorno de cautela donde la solvencia y la gestión activa vuelven a ser las únicas brújulas fiables.

Y con esto llegamos al panorama actual, que está bajo el asedio de dos tipos de riesgos que, pese a que bailan por separado, podrían converger creando tensiones generalizadas. El principal riesgo se encuentra en la tensión geopolítica en general y en la guerra de Irán en particular. La escalada en Oriente Medio reintroduce el temor a la estanflación y se suma al uso de aranceles que, ya de por sí, son dañinos para el crecimiento de las economías. Por otro lado, el segundo foco de incertidumbre se encuentra en un posible frenazo en el CAPEX de los hiperescaladores. Estas compañías han sido el pulmón del PIB estadounidense, y si deciden cerrar el grifo de la inversión, el crecimiento tendrá que buscarse la vida por otros derroteros. Con un consumo que ya ha dado lo mejor de sí y un déficit fiscal desmedido, no hay muchos voluntarios para coger el relevo. 

Pese a la independencia de estos dos riesgos, no es descartable un escenario donde el aumento de la tensión geopolítica paralice o retrase momentáneamente las inversiones, afectando, en consecuencia, al CAPEX de los hiperescaladores. Un escenario así sería criptonita para la renta variable y podría desembocar en un empobrecimiento del ciudadano estadounidense -fuertemente invertido en Bolsa-, afectando al consumo y creando un bucle que se retroalimenta.

Sin embargo, "mantenemos una visión positiva de cara a 2026, ya que Trump tiene el mercado “entre ceja y ceja” y sabe que su examen en las elecciones de medio mandato, en parte, se corrige en Wall Street. Mientras las señales no lleguen, permaneceremos invertidos, ya que como dijo Peter Lynch: 'Se ha perdido mucho más dinero intentando predecir las correcciones que en las propias correcciones'”.

"En estos doce meses el mundo ha dado un vuelco de 360 grados para quedarse en una situación notan distinta a la que vivimos ese dos de abril. Durante este tiempo hemos visto aranceles venir e irse, capturas de presidentes, amenazas de invasión de territorios de aliados, una guerra en Oriente Medio y, pese a todo, nuestras rentabilidades han sido positivas. Y, es que, como se suele decir: 'hay décadas en las que no pasa nada y años en los que pasan décadas”, concluyen en Ibercaja Gestión.

Escenificación para un acuerdo a corto plazo

Irán rechaza las propuestas de Trump con un tono considerablemente agresivo, mientras los ataques continuaban, principalmente desde Israel. Con la posibilidad de que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se sumen al conflicto, el optimismo inicial respecto a una resolución rápida volvía a desvanecerse. A punto de cumplirse el mes de enfrentamientos, la presión de EEUU y de la diplomacia de los principales socios comerciales de Irán —Pakistán, India y China— alcanzaba su punto más alto. Esto ha llevado al Gobierno persa a plantear una estrategia más moderada en relación con el tránsito marítimo por el estrecho, aplicando restricciones únicamente a países “no hostiles” y, potencialmente, cobrando por la seguridad en la navegación mediante un peaje.

Turquía intenta contener el impulso de los estados árabes que buscan implicarse en el conflicto. En paralelo, Karoline Leavitt, secretaria de Prensa del Gobierno americano, se sumó al intercambio de mensajes, afirmando que Teherán está negociando tras la fachada de firmeza debido a su debilidad interna. Por otro lado, el envío de tropas estadounidenses a la región –aproximadamente 4.000 nuevas fuerzas de ataque anfibio y 3.000 de la fuerza aerotransportada, que se unirían a los 50.000 ya desplegados en la región– constituye probablemente la amenaza más seria que puede ejercer Washington y supone un arma de doble filo, ya que implicaría un gasto logístico y temporal mucho más elevado que el actual. 

Por su parte, Israel ha logrado sus primeros avances en el sur del Líbano, tras recientemente abrir un nuevo frente en el conflicto.

Los mercados interpretan el rechazo iraní como un paso más dentro de la escenificación que podría desembocar en un acuerdo en el corto plazo. Por ello, las caídas en los activos de riesgo han sido limitadas –el S&P 500 solo retrocede alrededor de un -5,5% desde máximos–. Las informaciones sobre una posible reapertura parcial del estrecho también han sido bien recibidas, especialmente en un contexto en el que la maniobra mafiosa de Irán podría ser asumida por las refinerías asiáticas, deseosas de crudo, con las referencias de precios árabes de crudo cayendo entre un -20% y un -30% desde máximos.

En este entorno, los hechos pesan más que las declaraciones. Aunque hay señales de acercamiento, la posibilidad de una invasión terrestre estadounidense aumenta ante un Irán que continúa resistiéndose. Los mercados centran su optimismo en la potencial reapertura del estrecho –a pesar de los potenciales costes– y en la ausencia de nuevos ataques relevantes contra infraestructuras energéticas en los últimos días. El marco negociador sigue siendo complejo, pero cada vez abundan los indicios de que el tiempo se agota para ambas partes. 

El Parlamento de Irán está elaborando un proyecto de ley destinado a imponer un peaje obligatorio a los buques que soliciten un paso seguro a través del estrecho de Ormuz. Según la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, la propuesta se ultimará la próxima semana y otorgará reconocimiento legal a la supervisión que Irán ejerce sobre esta estratégica vía marítima. Aunque la legislación aún no se ha aprobado, diversos operadores marítimos han informado de que ya se está aplicando un peaje informal que puede alcanzar los dos millones$ por buque. Para procesar la solicitud de tránsito, las autoridades iraníes exigen a los armadores información detallada sobre la tripulación, la carga y el itinerario.

A primera vista, el pago de un peaje podría recordar al aplicado en infraestructuras como el Canal de Suez o el Canal de Panamá, donde las tarifas responden a la necesidad de cubrir los enormes costes de construcción, operación y mantenimiento de canales que requieren un trabajo diario de ingeniería, dragado, sistemas de esclusas, personal técnico y servicios de pilotaje. En el caso de Irán, sin embargo, los legisladores justifican el cobro del peaje no por el mantenimiento de una infraestructura –el estrecho es una vía natural–, sino por la mera prestación de seguridad. 

Además, Irán distribuyó una carta en la que afirma permitir el tránsito seguro de aquellos buques considerados “no hostiles”. El Ministerio de Asuntos Exteriores definió esta categoría como naves que “ni participan ni apoyan actos de agresión contra Irán” y que no pertenezcan a Estados Unidos o Israel. 

The Trader: cuidado con la percepción de que todo está bajo control

"La estabilidad es inestable", recuerda Nicolai Tangen, el gestor del mayor fondo soberano del planeta, el de Noruega. Y no es una reflexión teórica. Es una advertencia directa. Hablamos de un fondo de más de 2 billones$, que posee alrededor del 1,5% de todas las acciones cotizadas del mundo. "No es un actor más del mercado. Es el mercado. Y precisamente por eso, cuando este tipo de inversor empieza a plantear escenarios extremos, conviene prestar atención", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

Lo más interesante no es tanto lo que está pasando hoy, sino lo que temen que pueda pasar. Tras su reciente visita a Oriente Medio (justo antes de que estallara el conflicto con Irán), el equipo del fondo ha empezado a trabajar con dos grandes riesgos que, combinados, son potencialmente explosivos:

  • El primero es el regreso de la inflación: No una inflación moderada, sino una derivada de un shock energético. Si el Estrecho de Ormuz se ve afectado y el petróleo se mantiene estructuralmente por encima de los 100 dólares, el impacto sería inmediato: encarecimiento de costes, tensiones en cadenas de suministro y presión directa sobre los bancos centrales.
  • El segundo es aún más estructural: la fragmentación geopolítica. Un mundo que se divide en bloques, donde el comercio se reduce, la eficiencia cae y el crecimiento se resiente. Y aquí entra un factor clave: las políticas de EEUU, que están tensando las relaciones con sus propios aliados en un contexto ya de por sí delicado.

Lo relevante no es solo el diagnóstico, sino la magnitud de lo que manejan en sus escenarios. Según sus propios stress test, un entorno de ruptura comercial y menor crecimiento podría provocar una caída cercana al 50% en su cartera de renta variable y más de un 35% en el valor total del fondo. El inversor más grande del mundo está contemplando escenarios donde prácticamente se destruye la mitad del valor de las Bolsas.

Pero no solo están preocupados por la geopolítica. También lo están por el mercado tecnológico. Tangen reconoce ser un firme creyente en la inteligencia artificial, pero al mismo tiempo advierte de algo que muchos prefieren ignorar: las valoraciones pueden haber ido demasiado lejos. Y en un escenario de corrección, el impacto sería brutal. Sus propios cálculos apuntan a que una caída del sector tecnológico podría borrar más de la mitad del valor de su cartera de acciones.

Aquí es donde encajan dos ideas que el mercado tiende a separar… pero que en realidad están profundamente conectadas: Complacencia geopolítica + complacencia tecnológica. Si ambas fallan al mismo tiempo, el ajuste podría ser mucho más violento de lo que la mayoría anticipa. Y mientras tanto, los mercados siguen relativamente tranquilos. Lo que encaja perfectamente con una de las reflexiones más conocidas de Hyman Minsky, “largos periodos de estabilidad generan una falsa sensación de seguridad… que acaba desembocando en crisis”. "Es exactamente el punto en el que podríamos estar ahora", avisa Pablo Gil.

Lo más peligroso de este entorno no es el riesgo en sí, sino la percepción de que todo está bajo control. Cuando el mayor fondo del mundo empieza a preparar escenarios de caída del 40% o 50%, no significa que vayan a ocurrir mañana. Pero sí indica que el sistema es mucho más frágil de lo que parece. Y, sobre todo lanza un mensaje muy claro: el mercado sigue confiando en un escenario de normalidad… en un mundo que cada vez se parece menos a uno normal. Y como nos recuerda Tangen, “la estabilidad no desaparece de golpe. Primero se cuestiona. Luego se erosiona. Y cuando queremos reaccionar… ya es demasiado tarde”.

Capacidad productiva dañada

Durante semanas, el mercado ha estado centrado en un riesgo muy concreto: el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz. Un cuello de botella por el que transita cerca de una cuarta parte del petróleo mundial y una parte muy relevante del gas natural licuado. Ese era el gran temor inicial. Un shock logístico. En ese primer escenario, el problema no era que faltara petróleo, sino que no pudiera llegar a su destino, una disrupción temporal del flujo. El mercado reacciona con subidas de precio, sí, pero impulsadas principalmente por la prima de riesgo geopolítico. En el fondo, los barriles siguen existiendo. La oferta global no desaparece, simplemente se retrasa o se encarece su transporte.

Pero lo que estamos viendo ahora es cualitativamente distinto.Los ataques sobre infraestructuras energéticas en Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait cambian completamente el tablero. Ya no hablamos de rutas bloqueadas, sino de capacidad productiva dañada. Y eso es otra historia. El ataque al complejo de Ras Laffan en Qatar (el mayor centro mundial de gas natural licuado) es especialmente relevante. Parte de sus instalaciones, responsables de un porcentaje significativo de las exportaciones globales de LNG, han quedado fuera de juego y podrían tardar entre dos y tres años en recuperarse completamente. No estamos ante una interrupción puntual, sino ante una pérdida estructural de oferta. A esto se suman incendios en refinerías, paradas en instalaciones clave y amenazas sobre puertos estratégicos como Yanbu en Arabia Saudí, que se ha convertido en una vía crítica de exportación ante las tensiones en Ormuz. 

El riesgo ya no es solo que el petróleo no circule… es que directamente haya menos petróleo y menos gas disponible. Y aquí es donde el mercado entra en una segunda fase mucho más peligrosa. A comienzos de año, muchos análisis apuntaban a un escenario de sobreoferta de alrededor de 3 millones de barriles diarios. Un contexto cómodo, con capacidad suficiente para absorber shocks y mantener los precios relativamente contenidos. Hoy, ese escenario ha saltado por los aires.

Si la destrucción de infraestructuras continúa, podríamos pasar rápidamente a un déficit estructural. No un desequilibrio puntual, sino una situación en la que la oferta global no es capaz de cubrir una demanda que sigue siendo sólida. En ese contexto, el precio deja de subir por miedo… y empieza a subir por necesidad.Y eso lo cambia todo. Porque una cosa es un petróleo caro por tensión geopolítica (que puede revertirse rápidamente si baja la escalada bélica) y otra muy distinta es un petróleo caro porque, simplemente, no hay suficiente. En este segundo caso, los precios no corrigen fácilmente. Se quedan altos durante más tiempo y generan efectos de segunda ronda en toda la economía: inflación persistente, presión sobre márgenes empresariales y un nuevo problema para los bancos centrales.

El mercado energético podría estar dejando de ser un mercado de flujos para convertirse en un mercado de escasez. Y eso es exactamente lo que convierte esta fase del conflicto en algo mucho más serio. Este tipo de cambios no son lineales ni inmediatos en su impacto, pero sí profundamente persistentes. El mercado siempre tiende a infravalorar los shocks de oferta estructurales, porque está acostumbrado a pensar en términos de ciclos, no de rupturas. Y lo que estamos empezando a ver se parece más a una ruptura que a un simple episodio de volatilidad.

Si esta dinámica se consolida, el problema ya no será solo energético. Será macroeconómico. Un petróleo estructuralmente caro actúa como un impuesto global: reduce el crecimiento, presiona la inflación y deja a los bancos centrales atrapados en un entorno donde cada decisión tiene un coste elevado. Bajar tipos puede alimentar aún más la inflación; mantenerlos altos puede agravar la desaceleración.

Además, está la complacencia con la que muchos mercados han venido descontando un escenario de normalización económica en 2026. Esa narrativa (basada en la idea de inflación controlada y crecimiento moderado) encaja mal con un shock de oferta energética de esta magnitud.

"Estamos entrando en una fase donde la energía vuelve a ocupar un papel central en la economía global. Y cuando eso ocurre, la volatilidad deja de ser un episodio puntual para convertirse en el nuevo entorno base. De modo que la pregunta ya no es si el petróleo y el gas pueden subir más… sino cuánto tiempo pueden mantenerse en niveles elevados. Y esa es una pregunta que debería estar planteándose el inversor en este momento", avisa Pablo Gil.

Los escenarios del BCE

Por su parte, el escenario base del BCE parte de una hipótesis relativamente benigna dentro de lo malo. Asume que el petróleo rondará un pico cercano a 90$ por barril y el gas unos 50€ por MWh en el segundo trimestre de 2026, para después ir moderándose. Incluso bajo esa visión relativamente contenida, la inflación de la Eurozona subiría al 2,6% en 2026, el crecimiento del PIB se frenaría al 0,9%, y la tasa de paro se movería alrededor del 6,3%. Además, el propio BCE ha revisado al alza el coste de financiación esperado: el euríbor a tres meses pasa a una media del 2,3% en 2026 y del 2,6% en 2027 y 2028, mientras la rentabilidad del bono público a diez años en la eurozona se sitúa en el 3,3% en 2026, 3,5% en 2027 y 3,7% en 2028. Es decir, incluso en el caso “central” o “Línea de base”, la energía aprieta, el crecimiento afloja y la financiación se encarece levemente. 

Pero lo realmente importante del informe no está en el escenario base, sino en los escenarios alternativos. En el adverso, el BCE contempla una interrupción del 40% de los flujos de petróleo y GNL que atraviesan Ormuz durante el segundo trimestre de 2026. Ahí el barril subiría hasta 119€ y el gas europeo hasta 87€ por MWh. El resultado sería una inflación del 3,5% en 2026, un crecimiento del PIB de solo el 0,6% y una economía claramente más debilitada, aunque con cierta normalización posterior. En el escenario grave, el shock sería mucho más persistente: petróleo en 145$, gas en 106€ por MWh, crecimiento del 0,4% en 2026 y del 0,9% en 2027, e inflación disparada al 4,4% en 2026 y al 4,8% en 2027. Ahí ya no hablamos solo de un susto inflacionista, sino de una forma de estanflación en toda regla.El problema para el BCE es que sus herramientas monetarias sirven de poco cuando la inflación viene de un shock de oferta. 

Subir tipos puede frenar los efectos de segunda ronda, contener salarios y evitar que la inflación energética se contagie al resto de precios, pero también corre el riesgo de agravar la desaceleración económica. Bajar tipos para apoyar la actividad económica sería todavía más delicado si el petróleo y el gas siguen marcando el ritmo de los precios, ya que aceleraría el problema de la inflación.

Por eso el mensaje del BCE fue tan prudente: no se compromete con ninguna senda de tipos y se reserva la posibilidad de usar todos sus instrumentos si fuera necesario. Incluso recordó que el TPI (Instrumento de Protección de la Transmisión) sigue disponible para evitar tensiones desordenadas en los mercados de deuda soberana y proteger la transmisión de la política monetaria.

Aun así, el informe deja una matización muy relevante: en sus escenarios adverso y grave no incorpora ninguna reacción adicional de política monetaria o fiscal respecto al escenario base. Eso significa que las cifras más duras son, en cierto modo, una fotografía del daño si los gobiernos y el BCE no compensan el golpe. 

Y ahí entra la segunda pata del problema: la política fiscal. El BCE reconoce que los gobiernos podrían responder con ayudas temporales, rebajas fiscales en la electricidad o medidas para amortiguar el precio energético, como ya ocurrió en 2022 y como hemos comenzado a ver ya. Pero también advierte de que el margen no es amplio. El déficit público de la Eurozona subiría al 3,4% del PIB en 2026 y al 3,6% en 2027 y 2028, mientras la deuda pública agregada seguiría aumentando hasta el 89,5% del PIB en 2028. Eso obliga a que cualquier apoyo sea muy quirúrgico: temporal, selectivo y bien enfocado.

Además, aunque el BCE no publica una trayectoria distinta de tipos oficiales para cada escenario, sí deja claro que el coste de financiación de mercado empeoraría. En el escenario grave, los diferenciales de crédito subirían en el pico unos 70 puntos básicos (pb) para los bancos y 35 para las empresas, mientras las cotizaciones bursátiles caerían en torno a un 10% para la banca y un 7% para las compañías no financieras. Es decir, incluso aunque el BCE no mueva los tipos de referencia de forma inmediata, el endurecimiento financiero llegaría igualmente por la vía de diferenciales más altos, menor apetito por el riesgo y peores condiciones de crédito.

En medio de todo esto, Europa vuelve a descubrir que su gran fragilidad estratégica no es solo militar ni industrial, sino energética. Y cuando la energía se encarece de forma persistente, todo se complica a la vez: sube la inflación, cae el crecimiento, empeoran las cuentas públicas y el banco central se queda atrapado entre dos fuegos. La política monetaria puede ganar tiempo y la política fiscal puede amortiguar el golpe, pero ninguna de las dos arregla el problema de fondo. Si Europa no reduce de verdad su exposición a shocks externos en gas, petróleo y cadenas de suministro, seguirá siendo una economía demasiado vulnerable, obligada a reaccionar siempre a la defensiva cada vez que el mundo se incendia.

Una guerra de resistencia

Hay guerras que se libran con misiles, portaaviones y tecnología de última generación. Y hay otras que se libran en un terreno mucho más incómodo: el de la resistencia, el desgaste y la psicología colectiva. El conflicto actual en torno al Estrecho de Ormuz pertenece claramente a esta segunda categoría.

A simple vista, EEUU dispone de una superioridad militar abrumadora. Irán, en comparación, es una potencia regional con muchas más limitaciones. Pero no es una guerra convencional. Es una guerra de objetivos distintos. Para EEUU, ganar significa algo muy concreto: garantizar la libre circulación por el Estrecho de Ormuz. Es un objetivo binario. O se consigue, o no se consigue. Y si no se consigue, la percepción global será clara: ha perdido.

Para Irán, en cambio, el objetivo es completamente diferente. No necesita ganar en términos clásicos. Le basta con algo mucho más modesto —y al mismo tiempo mucho más difícil de combatir—: demostrar que no puede ser derrotado. Que tiene la capacidad de generar suficiente daño, suficiente inestabilidad y suficiente coste como para que el adversario se plantee si merece la pena seguir.

Ahí es donde cambia completamente el marco del conflicto. Irán no compite en fuerza. Compite en resistencia. Su estrategia pasa por alargar el conflicto, elevar progresivamente el coste y llevar la situación a un punto en el que la ecuación deje de ser militar y pase a ser política. Porque en una democracia, el límite no lo marca el ejército… lo marca la sociedad.

Y en ese terreno, en el político y psicológico, ha aparecido un nuevo factor que añade aún más incertidumbre: la forma de negociar de Donald Trump. En cuestión de horas hemos pasado de un ultimátum explícito (“tenéis 48 horas o destruiremos vuestras infraestructuras clave”) a un giro completo en el mensaje, hablando de negociaciones abiertas y ampliando los plazos a cinco días. Todo ello mientras desde Irán se niega que exista cualquier tipo de diálogo real.

Este tipo de movimientos no son anecdóticos. Forman parte de una estrategia de presión extrema, basada en la imprevisibilidad. El problema es que esa misma imprevisibilidad, que busca descolocar al adversario, también descoloca a los mercados. Y la reacción ha sido inmediata: volatilidad, caídas, rebotes, cambios bruscos en expectativas. Porque cuando el principal actor del conflicto cambia el mensaje en cuestión de horas, el mercado deja de intentar anticipar… y pasa a reaccionar.

Aquí es donde la guerra vuelve a cruzarse con la economía. Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Si el conflicto se alarga lo suficiente y el coste sigue aumentando, EEUU puede verse obligado a reducir su implicación o a buscar una salida que no necesariamente implique una victoria clara. Y en ese momento, el mensaje para el resto del mundo sería demoledor: incluso la mayor potencia del planeta tiene límites. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de Oriente Próximo. Porque en geopolítica, la percepción lo es todo. Los aliados observan. Los rivales también. Y los flujos de capital, las decisiones estratégicas y los equilibrios de poder empiezan a ajustarse en función de quién demuestra fortaleza… y quién muestra debilidad. En este contexto, el control del Estrecho de Ormuz no es solo una cuestión energética. Es una prueba de credibilidad global.

"La historia está llena de episodios en los que una potencia dominante pierde influencia no por una derrota total, sino por no ser capaz de imponer su voluntad en un punto crítico. No hace falta perder una guerra completa. A veces basta con no poder ganarla de forma clara", advierte Pablo Gil. Parafraseando a Ray Dalio, “cuando una potencia dominante muestra que no puede controlar un punto clave del sistema (ya sea una ruta comercial, una región estratégica o un conflicto relevante), lo que está en juego no es solo ese episodio concreto. Es la confianza en todo el orden que ha construido”. Y hoy, además, hay un matiz adicional que no conviene ignorar: cuando la estrategia se basa en la presión y la imprevisibilidad, no solo se tensiona al adversario… también se tensiona al propio sistema. Porque el poder no se mide solo por la capacidad de actuar, sino por la credibilidad de que puedes hacerlo de forma coherente y sostenida en el tiempo. Y cuando esa credibilidad se vuelve errática, el mundo no solo duda… empieza a protegerse. Y ahí es donde, casi sin darnos cuenta, se siembran las primeras grietas de cualquier hegemonía.

UBS: visión positiva sobre la renta variable de emergentes

El UBS CIO Daily insiste en evitar la tentación de intentar anticipar el mercado: "puede resultar atractivo en periodos de alta volatilidad. Sin embargo, creemos que este enfoque puede perjudicar el crecimiento del patrimonio a largo plazo. Consideramos que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada puede ayudar a los inversores a gestionar la incertidumbre. El market timing requiere mucho tiempo y recursos. Los mejores días suelen venir después de los peores, y perdérselos pone en riesgo la rentabilidad. La toma de decisiones emocionales también puede afectar negativamente al rendimiento".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Si bien los conflictos geopolíticos y la volatilidad del mercado pueden tentar a los inversores a intentar anticipar sus entradas y salidas del mercado, la historia y las estadísticas demuestran que este enfoque está lleno de riesgos. Seguimos creyendo que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada es la mejor manera de captar el crecimiento del mercado a largo plazo, y los inversores pueden considerar el oro, los bonos de calidad, las estrategias de preservación de capital y los hedge funds como coberturas y elementos diversificadores de la cartera”. 

Renta variable de mercados emergentes: "Mantenemos una calificación de Atractiva para la renta variable de mercados emergentes dentro de nuestras preferencias globales. A pesar de la reciente volatilidad derivada de las tensiones geopolíticas y el aumento de los precios del petróleo, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable de mercados emergentes, respaldada por unos fundamentales resilientes y por su exposición a tendencias estructurales de crecimiento como la IA y la demanda de memoria”, señalan Laura Smith, analista, y Alejo Czerwonko, director de inversiones de Mercados Emergentes Américas.

EEUU: La incertidumbre por los conflictos prolongará la pausa de la Fed hasta el tercer trimestre
“Ahora esperamos que el próximo recorte de tipos de la Fed se produzca en septiembre, seguido de un segundo recorte en diciembre, lo que situaría el tipo de interés en torno al 3,00%-3,25% a finales de año, cerca de niveles neutrales”, opina Andrew Dubinsky, economista.

“Nuestra estrategia preferida para la plata se mantiene sin cambios: favorecemos vender riesgos a la baja del precio para obtener rendimiento adicional durante los próximos tres meses”, aportan Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas. Sobre el cobre, "mantenemos una visión positiva a largo plazo, pero esperamos mayor claridad sobre la evolución en Oriente Medio; a corto plazo, preferimos monetizar el riesgo a la baja en torno a 11.250$ por tonelada métrica para mejorar el rendimiento durante los próximos seis meses”.

Swisscanto: el único sector con ganancias en Bolsa es el energético

René Nicolodi, responsable de Renta Variable de Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos Swisscanto, resalta que la renta variable afronta el arranque del segundo trimestre de 2026 condicionada por la incertidumbre geopolítica, el shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz, y una redefinición de las dinámicas de mercado.

La situación continúa siendo altamente volátil y se prevé que las rápidas fluctuaciones del mercado persistan hasta que se alcance un acuerdo formal y estable entre las partes implicadas.
En este contexto, la prima de riesgo de la renta variable estadounidense ha aumentado hasta el 3,6%, en paralelo con niveles muy elevados del Índice de Incertidumbre de Política Económica de EEUU. Se espera que el 'riesgo de titulares' impulse movimientos en las valoraciones, dado que el sentimiento del mercado está siendo más influenciado por el flujo de noticias que por acontecimientos concretos.

Swisscanto maneja un escenario base que contempla una resolución relativamente rápida del conflicto en Oriente Medio. Esta perspectiva está respaldada por el interés de EEUU en limitar sus consecuencias económicas y políticas antes de las elecciones de mitad de mandato. No obstante, su resolución no depende exclusivamente de este país. no puede descartarse en este momento la posibilidad de una escalada repentina, como el despliegue de fuerzas militares estadounidenses sobre el terreno, lo que podría provocar represalias militares por parte de Irán.

Desde el punto de vista del comportamiento inversor, por el momento, se sigue observando una relativa calma. La corrección en los mercados de renta variable ha sido bastante moderada en comparación con la magnitud del shock sobre el suministro energético global. El índice VIX ha repuntado, pero aún no ha alcanzado niveles por encima de 30 que hemos visto durante periodos recientes de estrés en los mercados. No obstante, un conflicto más prolongado, la ausencia de negociaciones o el bloqueo continuado del Estrecho de Ormuz podría agotar la paciencia de los inversores y desencadenar una reducción de riesgo más pronunciada.

Cuanto más tiempo permanezca cerrado el Estrecho de Ormuz, mayor será la disrupción en el suministro energético global. El precio del crudo Brent ha aumentado cerca de un 60% respecto a niveles previos al conflicto, superando los 100$ por barril. Un periodo prolongado de precios energéticos significativamente elevados podría tener efectos de gran alcance, como el aumento de las expectativas de inflación y el deterioro de las previsiones de crecimiento global. Estas eran relativamente optimistas al inicio del año a pesar de la incertidumbre derivada de las disrupciones en torno a la IA, el anuncio de nuevos aranceles comerciales y el aumento de las tasas de impago en el crédito privado. Si empezaran a materializarse unas menores expectativas de beneficios, la situación podría traducirse en ajustes adicionales en las valoraciones de renta variable.

El mercado ya ha reaccionado velozmente, con un ajuste del PER del S&P 500 desde 26,8 hasta 20,4 en apenas tres semanas, aunque la valoración media a 20 años se sitúa en 17,7 y está por encima del nivel actual.

Adicionalmente, se observa un mayor escrutinio en torno al mercado de crédito privado y sus actores. Este segmento ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos años al expandirse en áreas no institucionales con soluciones semilíquidas, que empiezan a mostrar ahora signos de fragilidad, especialmente en aquellas vinculadas al software. Dada su opacidad y su interconexión con la economía real, las tensiones sobre el mercado del crédito privado podrían actuar como catalizadoras de una inestabilidad financiera generalizada.

A nivel regional, el mercado ha penalizado especialmente a aquellas áreas con mayor exposición energética a Oriente Medio. EEUU ha mostrado mayor resiliencia, beneficiándose además de su condición de exportador neto de petróleo y del flujo hacia activos refugio. Por el contrario, Europa y los mercados emergentes han sufrido un impacto más significativo.

A corto plazo, la renta variable de mercados emergentes se ha visto más afectada por el conflicto en Oriente Medio debido a su mayor exposición a los mercados energéticos y a las posibles repercusiones económicas, incluyendo una postura monetaria más restrictiva, un dólar estadounidense más fuerte y el riesgo de un debilitamiento de las perspectivas de crecimiento global. Tras el inicio del conflicto, la región ha caído un 11%, [1]frente al -4% del S&P 500 y el -9% del Stoxx 600. Sin embargo, a pesar de la elevada volatilidad y la limitada visibilidad en torno a evolución de los conflictos geopolíticos, los expertos de Swisscanto mantienen una visión positiva sobre la renta variable de esta clase de activo.

En Europa, sectores defensivos han superado a los cíclicos en aproximadamente un 3% desde el inicio del conflicto. En EEUU, los sectores cíclicos han mantenido una mayor resiliencia en el S&P 500, aunque esta podría deteriorarse en favor de los defensivos si el conflicto se prolonga.

El conflicto en Oriente Medio ha revertido algunas de las rotaciones que estaban impulsando las rentabilidades desde el inicio del año. En primer lugar, el mejor comportamiento de las acciones value se detuvo en marzo. En segundo lugar, la tendencia se ha invertido para las small caps, que quedan rezagadas frente a las large caps en un 3% [2] en marzo, tras dos meses de fuerte rentabilidad. En tercer lugar, la reversión ha impulsado a las acciones de alta calidad, que a largo plazo muestran un rendimiento superior.

En este escenario, el único sector con rentabilidades positivas generalizadas ha sido el energético, mientras que el de materiales ha registrado caídas pronunciadas en todas las regiones.

Si bien deben considerarse reversiones repentinas debido al flujo de noticias geopolíticas en un entorno volátil, se considera adecuado un posicionamiento más defensivo, con exposición a consumo básico, utilities y salud. Una mayor asignación a compañías de calidad puede contribuir a reforzar la resiliencia de las carteras. Paralelamente, se mantiene intacto el papel de la inteligencia artificial como catalizador estructural de crecimiento. Los principales beneficiarios de este ciclo de inversión siguen siendo los semiconductores, las redes y los proveedores de infraestructuras de centros de datos, impulsados por el elevado nivel de gasto en capital de los grandes hiperescaladores.

Columbia Threadneedle: el conflicto refuerza la inversión en transición energética

Natalia Luna, Senior Investment Analyst, Sustainability Research en Columbia Threadneedle Investments destaca que el conflicto en Oriente Medio está causando una disrupción significativa en los mercados energéticos globales. El encarecimiento del petróleo y el gas vuelve a situar en primer plano la seguridad y la independencia energética, y está acelerando el respaldo político y la inversión en energías renovables y nuclear. Además, el impacto en los precios - especialmente en las economías de la UE y Asia, altamente dependientes de las importaciones de combustibles fósiles, a diferencia de Estados Unidos - refuerza la necesidad de reducir la exposición a estos combustibles y de impulsar la inversión en fuentes de energía limpia más competitivas en costes.

El conflicto refuerza la tesis de inversión en la transición energética, que abarca la generación doméstica no fósil, como las energías renovables y la nuclear, junto con iniciativas de eficiencia energética y electrificación que reducen estructuralmente la demanda total de energía. El aumento de los precios de la energía también plantea preocupaciones en torno a la asequibilidad, lo que podría dar lugar a compromisos políticos a corto plazo y ajustes en la regulación climática y los marcos normativos. En particular, la UE está considerando reformas en su mercado de carbono, incluidas propuestas para prolongar la asignación gratuita de derechos más allá de 2035 y para crear un fondo de descarbonización industrial de 30.000 millones€, orientado a reducir los costes energéticos y a respaldar a las industrias intensivas en energía.

El conflicto también podría llevar a los responsables políticos a poner mayor énfasis en acelerar la inversión en infraestructuras de red, que representan un cuello de botella clave en la transición energética, y en facilitar un despliegue más rápido de la energía nuclear. "Seguimos esperando un aumento de la inversión en la transición energética con el impulso existente reforzado por las preocupaciones sobre la seguridad y la independencia energética derivadas del conflicto", recalca.

25Mar

El prácticamente mes de conflicto ya se está percibiendo en la industria petroquímica mundial, especialmente en Asia, y amenaza con provocar una crisis en el sector agroalimentario europeo más grave que la generada por la pandemia o por la invasión rusa de Ucrania.

Miguel Ángel Valero

Los efectos negativos de prácticamente un mes de conflicto en Oriente Próximo sobre la economía mundial comienzan a reflejarse en la confianza de los empresarios, que en marzo cayó a ambos lados del Atlántico. Los indicadores adelantados más relevantes decepcionaron tanto en EEUU como en la zona euro, al caer el PMI compuesto en ambas economías lo que apunta a un menor dinamismo de la actividad en los próximos meses.

En la Eurozona, el deterioro de la confianza es mayor dado que se partía de un punto también más bajo. En marzo la confianza de los gestores de compras de las empresas europeas bajó hasta 50,5 desde el 51,9 previo, situándose en su menor nivel desde mayo del año pasado. Por sectores, este retroceso se concentró en los servicios que cayó hasta 50,1 desde el 51,9 previo, mientras que repuntó la confianza en el sector industrial al elevarse hasta 51,4 desde el 50,8 previo. Sin embargo, esta mejora de la confianza industrial tendrá poco margen de continuar dado que probablemente refleja un anticipo de las compras tratando de evitar posibles problemas de suministros futuros. Un factor clave de los datos de marzo fue una marcada aceleración de los costes de los insumos que según señalaron los empresarios estarían subiendo al ritmo más rápido desde febrero de 2023.

En EEUU, la lectura fue similar, aunque la confianza se mantiene en niveles más altos: el PMI compuesto bajó hasta 51,4 desde el 51,9 previo, manteniéndose así cómodamente en terreno de expansión. Por sectores, al igual que en la zona euro, se apreció un mayor deterioro de la confianza de los servicios (51,1 vs. 51,7 previo) mientras que repuntó la confianza en la industria (52,4 vs. 51,6 anterior).

Un mes sin atisbar el final

Una oportuna filtración asegura que EEUU ha enviado un plan de 15 puntos a Irán a través de Pakistán, que ejerce como mediador, lo que supone un paso adicional en la búsqueda de una desescalada. Aunque los detalles no se han hecho públicos, previsiblemente incluirá limitaciones al enriquecimiento de uranio, incluso para usos civiles. Las autoridades iraníes continúan negando estar inmersas en conversaciones con Washington. Sin embargo, Teherán ha emitido un comunicado indicando que permitirá el tránsito por Ormuz a embarcaciones “no hostiles”, sin especificar claramente los criterios y condicionándolo a una coordinación previa con las autoridades locales. Este giro en su postura, frente a las amenazas iniciales, sugiere que Irán también percibe la necesidad de frenar la escalada, presionado diplomáticamente por Pakistán, India y China.

Al mismo tiempo, la lista de actores potencialmente dispuestos a atacar a Irán podría ampliarse, ya que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos comienzan a mostrarse más proclives a implicarse en el conflicto tras otra jornada de ofensivas. Los estados del Golfo, sometidos a bombardeos constantes por parte de Irán, comienzan a plantearse seriamente participar en la guerra si Teherán ataca infraestructuras críticas como plantas energéticas o desalinizadoras. 

En un conflicto impulsado por EEUU e Israel, los países vecinos están siendo duramente golpeados por los ataques iraníes, pese a que hasta ahora habían optado por mantener la calma. Irán sostiene que los estados del Golfo son objetivos legítimos, alegando que EEUU utiliza su espacio aéreo y sus territorios para atacarlo. Emiratos Árabes Unidos ha recibido 1.806 drones y 372 misiles; Kuwait, Arabia Saudí, Baréin, Jordania y Catar también han sido blanco de ataques. En todos los casos han sido atacadas infraestructuras energéticas, y en Catar llegó a destruirse una parte de la planta de licuefacción, con daños que representan la pérdida del 17% de las capacidades exportadoras de gas del país.

La tolerancia frente a los ataques se está agotando. “La paciencia de Arabia Saudita con los ataques iraníes no es ilimitada”, advirtió el ministro de Exteriores saudí. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos han empezado a actuar contra activos de propiedad iraní, una medida que amenaza una fuente de ingresos crucial para el régimen de Teherán, al tiempo que debaten si enviar o no a sus fuerzas militares al conflicto.

Sin embargo, atacar directamente a Irán supondría convertirse abiertamente en parte beligerante contra un rival mayor. Además, los estados del Golfo temen quedar expuestos si Trump decidiera poner fin repentinamente a la guerra, dejándolos solos ante las consecuencias de una guerra que no es suya.

Israel tampoco ha reducido su presión, manteniendo los ataques, y extendiendo el conflicto a Líbano.

Las señales de que se están explorando vías de negociación son cada vez más evidentes, y los movimientos concretos, más allá de las declaraciones, serán determinantes. Con la llegada de la cuarta semana de conflicto, los costes para ambas partes empiezan a ser significativos –incluido el anuncio de nuevos despliegues de tropas estadounidenses en la región–, lo que acerca la posibilidad de un acuerdo que probablemente no será formalizado, dado que cada lado necesita proyectar internamente una imagen de victoria, pero sí efectivo en la práctica. Si se confirma que Irán acepta una apertura parcial del estrecho, esto reduciría uno de los principales riesgos actualmente sobre la mesa. Los mercados ya recogen este cambio de percepción con un renovado clima de optimismo.

Coface: impacto en la industria petroquímica mundial

La agitación geopolítica en Oriente Medio, junto con las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, está comenzando a impactar de forma significativa en la industria petroquímica mundial. La región del Golfo suministra una parte esencial de las materias primas clave del sector, como petróleo crudo, nafta, GLP, metanol y otros insumos clave y, como consecuencia a la actual escalada de tensiones, se ha disparado la volatilidad en los mercados de la energía y los productos químicos. En este contexto, Asia, altamente dependiente de materias primas procedentes del Golfo, está sintiendo las primeras repercusiones, enfrentándose a una rápida reducción de existencias y a un fuerte aumento de los precios, tal y como indican los expertos de Coface.

Y es que, para los productores asiáticos, esta dependencia es estructural: entre el 60% y el 70% de su nafta y el 45% de su GLP proceden de Oriente Medio. Como resultado, Asia es la primera región en absorber el impacto, incluso cuando la oferta se reduce y los precios suben rápidamente.

“La crisis ya no se limita al sector energético: se está extendiendo a lo largo de toda la cadena industrial. Dado que entre el 60 % y el 70 % de la nafta asiática pasa por el estrecho de Ormuz, una interrupción prolongada podría redefinir los flujos, los costes y, tal vez, la propia geografía de la industria petroquímica mundial” afirma Joe Douaihy, economista sectorial de Coface.

Las tensiones actuales se producen en un contexto de débil demanda —en los sectores de la construcción y la automoción— y de un exceso de capacidad persistente en China. Además, los productores asiáticos (por ejemplo, los surcoreanos y los japoneses) operan de forma estructural con bajos niveles de existencias de nafta y GLP, suficientes para cubrir solo unas pocas semanas de producción. El resultado: las existencias de nafta se están agotando rápidamente, lo que obliga a reducir la producción.

Oriente Medio desempeña un papel fundamental en la fase inicial de la cadena petroquímica. Más allá del petróleo, los países del Golfo exportan grandes cantidades de nafta y GLP, dos productos esenciales para las unidades de craqueo asiáticas, que alimentan una amplia cadena de derivados: plásticos, materiales compuestos, disolventes, textiles sintéticos y cosméticos. El estrecho de Ormuz canaliza la mayor parte de estos flujos hacia centros como China, Corea del Sur, Japón y Tailandia.

El metanol desempeña un papel igualmente central: Irán y los países del CCG suministran la mayor parte de los volúmenes que utiliza China para sus unidades de MTO (metanol a olefinas), que representan el 20 % de su producción de olefinas. Las olefinas (etileno, propileno, butadieno) son los «bloques de construcción» de la industria química mundial. Para compensar estas pérdidas, China ya está empezando a aumentar su producción de metanol a partir del carbón.

Ya están apareciendo los primeros indicios de perturbación. Varias refinerías asiáticas están reduciendo su volumen de producción petroquímica, mientras que importantes productores —como Yeochun NCC (Corea) y PCS (Singapur)— han invocado la fuerza mayor, alegando circunstancias que están perturbando sus operaciones y les impiden mantener su actividad habitual, en particular en lo que respecta al cumplimiento de sus compromisos con los clientes.

Los pedidos de polietileno y polipropileno se han suspendido en varios mercados, lo que indica una rápida contracción de la oferta. Incluso en el caso de una crisis de corta duración, reiniciar las unidades petroquímicas tras reducir la producción resulta difícil y caro, lo que podría prolongar el impacto mucho más allá del período de hostilidades.

Si la crisis persiste, el panorama del sector podría cambiar:

  • -EEUU: posibles ganadores gracias a los bajísimos costes del etileno, lo que podría permitirles aumentar las exportaciones a Asia. 
    -China: al estar diversificada, puede recurrir al carbón. Esto le permite producir productos químicos directamente (CTO), pero supone una importante fuente de emisiones de CO₂. El carbón también le permite producir metanol. Este alimenta sus unidades de MTO (metanol a olefinas), pero actualmente procede principalmente de Oriente Medio, donde los precios se están disparando. 
  • -Europa: en una posición vulnerable, lastrada por unos costes energéticos más elevados y una capacidad limitada para repercutir las subidas de precios. 
    -India: una posible sorpresa positiva, si logra producir más a partir del crudo ruso, con una ventaja geográfica para abastecer a los mercados asiáticos.

Roland Berger: una crisis agroalimentaria más grave en Europa

Por su parte, Roland Berger alerta de que la guerra de Irán y el consiguiente cierre del Estrecho de Ormuz pueden provocar una crisis potencialmente más grave que la vivida en 2021-2022 -tras el COVID-19 y el inicio del conflicto de Ucrania- en el sector agroalimentario europeo. En su análisis ‘Impacto de la subida de precios de fertilizantes’, la consultora advierte de que la interrupción del suministro amenaza con generar una subida significativa de costes en toda la cadena agroalimentaria, desde la producción agrícola hasta el precio final de frutas y verduras en el lineal del supermercado.

Las exportaciones diarias de fertilizantes a través del Estrecho de Ormuz se han desplomado desde niveles de 100-200 unidades diarias a prácticamente cero en cuestión de semanas. Por este corredor marítimo transita aproximadamente un tercio de las exportaciones globales de urea -el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo- y el 45% de las exportaciones mundiales de azufre, materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados.

La interrupción del tránsito por Ormuz introduce un factor diferencial respecto a la crisis anterior: no solo se encarece la producción por el aumento de los costes energéticos, sino que se limita físicamente la disponibilidad de materias primas clave al bloquearse uno de los principales canales del comercio internacional. Durante la crisis de 2021-2022, el precio de la urea se triplicó, el coste del MWh de electricidad se multiplicó por 12 y los precios del transporte marítimo de contenedores se dispararon un 80%. Ahora, esa combinación de factores se ve agravada por la escasez física de producto, sobre una base de precios que nunca regresó a los niveles pre-COVID.

El mercado español de agroinsumos, valorado en aproximadamente 5.600 millones de euros a precios de agricultor en 2025, se descompone en cuatro categorías con niveles de exposición a la crisis muy distintos. La nutrición vegetal (fertilizantes convencionales), que representa el 50% del mercado, será la más afectada al depender directamente de materias primas bloqueadas como la urea y el azufre. Por el contrario, los productos de sanidad vegetal -como bioestimulantes o fertilizantes orgánicos- presentan una exposición mucho menor, al apoyarse en cadenas de suministro más locales. Los fitosanitarios y las semillas registrarán impactos intermedios o limitados.

El análisis contempla distintos escenarios en función del tiempo que se prolongue la interrupción del tránsito en Ormuz. En un escenario de corta duración (1-3 meses), los fertilizantes podrían encarecerse entre un 30% y un 50%, mientras que en un escenario prolongado (más de seis meses) el incremento podría situarse entre el 150% y el 200%, superando los niveles alcanzados en la crisis anterior.

Otros segmentos, como los fitosanitarios o los productos biológicos, experimentarían aumentos más moderados, lo que refuerza su posicionamiento como alternativas más estables en entornos de alta volatilidad.

El encarecimiento se trasladará progresivamente al consumidor de forma desigual según el tipo de cultivo. Los cultivos de invernadero, como tomate, pimiento o pepino, especialmente intensivos en el uso de insumos, podrían registrar incrementos de entre el 15% y el 25%.

Otros productos como las hortalizas de hoja experimentarían subidas de entre el 12% y el 20%, mientras que categorías como el aceite de oliva, frutas frescas o cereales también se verán afectadas, aunque en menor medida. En el caso de los cereales, pese a su menor coste por hectárea, los reducidos márgenes del agricultor harán que el incremento se traslade prácticamente en su totalidad al precio final. Quedará ver el impacto de estos últimos con el acuerdo de Mercosur.

Por otra parte, el impacto será especialmente intenso en los agricultores individuales, que representan la mayor parte del sector y operan con márgenes muy ajustados. Durante la crisis anterior, muchos productores redujeron el uso de insumos para contener costes, una estrategia que previsiblemente se repetirá, con el riesgo añadido de abandono de explotaciones pequeñas.

En paralelo, el mercado de distribución de agroinsumos -con más de 700 operadores en España y altamente fragmentado- experimentará una aceleración de su proceso de consolidación. Los grandes distribuidores, con mayor capacidad financiera, podrán anticiparse a la subida mediante acopio de inventario, mientras que los pequeños afrontarán una fuerte presión sobre márgenes y un mayor riesgo de impago.

En este contexto, el análisis apunta a un cambio estructural en el sector: la aceleración de la adopción de soluciones biológicas como bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y productos de biocontrol. Estos productos presentan menor dependencia de materias primas importadas, menor intensidad energética en su producción y márgenes significativamente superiores, lo que los convierte en una alternativa más resiliente y atractiva tanto para fabricantes como para distribuidores. La crisis podría adelantar entre dos y tres años su adopción, especialmente en cultivos de alto valor.

“La crisis puede actuar como catalizador de la transición hacia modelos agrícolas menos dependientes de fertilizantes convencionales. Pero el mensaje va más allá de la coyuntura: cada vez que una crisis geopolítica golpea la cadena de suministro de fertilizantes sintéticos, se refuerza el argumento a favor de sistemas agrícolas más resilientes, con cadenas de suministro más cortas y mayor peso de la innovación biológica. La presión sobre costes está empujando al sector a buscar alternativas más eficientes y sostenibles, y esta vez la transformación puede ser irreversible”, señala Fernando López de los Mozos, senior partner de Roland Berger en Iberia y responsable del sector Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail.

Swisscanto: subir tipos es una exageración

Después de que Israel bombardease partes de la infraestructura energética de Irán y de que aún no haya señales de una distensión, los precios del petróleo y el gas han vuelto a subir y llevan más de una semana cotizando en torno a los 100$ por barril (WTI). "Desde el principio habíamos calificado este nivel de precios como crítico", subraya un análisis de Swisscanto.

Como resultado, los temores de inflación se han intensificado una vez más y los mercados están descontando ahora subidas significativas de los tipos de interés en Europa. El mercado espera incluso que el SNB y la Fed suban los tipos de interés," lo que, en nuestra opinión, es una exageración. El nivel de los rendimientos de los bonos también nos parece excesivo: en Europa, se sitúan ahora por encima de los niveles de 2022, pero en aquel momento las expectativas de inflación a medio plazo y los salarios estaban aumentando significativamente, una situación que no vemos hoy en día. Si la guerra en Irán se prolongara, cabría esperar un debilitamiento notable de la economía. Las subidas de tipos de interés en respuesta a los cuellos de botella en el suministro tendrían poco sentido en un entorno así", explican sus expertos. 

No obstante, las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés que ya se han descontado están agravando las preocupaciones en torno al mercado crediticio privado, y el reciente aumento de las primas de crédito también está teniendo un impacto notable en las condiciones financieras. Los mercados bursátiles continúan su corrección: el viernes, varios índices rompieron importantes niveles de soporte (media móvil de 200 días) y, con la apertura asiática del lunes, el mercado bursátil mundial se acerca ahora a una corrección de alrededor del 10%.

"La semana pasada aumentamos nuestra posición en renta variable suiza y, a su vez, redujimos nuestra exposición a la renta variable estadounidense —y, por ende, también al dólar estadounidense—. Las valoraciones de la renta variable suiza y de los mercados emergentes se sitúan ahora ligeramente por debajo de su media de los últimos 10 años. En este contexto, nuestras consideraciones de asignación táctica se centran de nuevo en mayor medida en los bonos del Estado de alta calidad. Desde una perspectiva histórica, la pérdida media en los mercados de renta variable se alcanza aproximadamente cuando el VIX supera los 30 puntos, como ocurrió el 6 de marzo", apuntan.

Columbia Threadneedle: la incertidumbre es el principal problema

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, recuerda que la semana pasada estuvo marcada por una intensa ronda de reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales, y el tono ha cambiado por completo en relación con la futura trayectoria de los tipos de interés. En cuanto al conflicto, no hay señales de resolución. De hecho, los riesgos de una mayor escalada siguen al alza, dado el ultimátum del presidente Trump para reabrir el estrecho de Ormuz, acompañado de amenazas de ambas partes de nuevos ataques contra infraestructuras energéticas. Irán, por su parte, ha vinculado la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones económicas más amplias. La situación no parece tener una solución a corto plazo.

Mientras tanto, los bancos centrales se encuentran en una posición especialmente delicada. Los cuatro principales se reunieron la semana pasada y, aunque ninguno modificó su política monetaria, el cambio en su lenguaje es evidente. De cara a lo que viene, son plenamente conscientes del riesgo al alza para la inflación derivado de los precios energéticos. Como referencia, el Brent cotizaba el 23 de marzo en torno a los 114$  por barril, tras haberse mantenido por encima de los 100 dólares durante toda la semana pasada. Encadena cinco semanas consecutivas de subidas y acumula un alza del 56% interanual. 

Los bancos centrales han dejado atrás el “buen momento” al que Christine Lagarde se ha referido durante meses: ahora, las subidas de tipos están en el horizonte y los riesgos inflacionarios siguen sesgados al alza. Si se observa la curva de futuros del petróleo, los precios superan los 100$ por barril hasta julio y se sitúan aún entre 85 y 90$ para los contratos de diciembre. A comienzos de año, el consenso situaba el precio del petróleo en torno a los 60$ para 2026, en un contexto de abundante oferta. Ahora, ese escenario ha quedado claramente superado.

Desde la perspectiva de los bancos centrales, las subidas de tipos tienen un impacto limitado sobre un shock energético, pero el recuerdo de lo acontecido en 2022 sigue muy presente. Entonces, reaccionaron con lentitud ante la crisis energética, pese a que ya existían presiones inflacionarias y el contexto era distinto. Sin embargo, el lenguaje actual sugiere que los bancos centrales consideran necesario subir los tipos con relativa rapidez para contener los efectos de segunda ronda de la inflación tras el shock inicial de precios energéticos. También buscan influir en las expectativas de inflación. 

Todo apunta, por tanto, a que los bancos centrales continuarán subiendo tipos mientras persista el conflicto y no se produzca una desescalada en las próximas semanas. Las expectativas del mercado apuntan a que tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo acometerán tres subidas de tipos este año, un giro notable respecto a hace apenas unas semanas. En EEUU se espera que la Reserva Federal (Fed) no baje tipos este año, aunque podría hacerlo el próximo. 

Con todo, a estas alturas reina la incertidumbre. Como señaló la semana pasada el presidente de la Fed, Jay Powell, “nadie lo sabe”. Y ese es precisamente el problema: ni los bancos centrales, ni los políticos, ni los operadores petroleros… en definitiva, nadie dispone de visibilidad sobre lo que vendrá a continuación.

La historia demuestra que la solución para unos precios del petróleo altos son los propios precios. Con el tiempo, éstos frenan la actividad económica y destruyen demanda, lo que ha permitido en otras ocasiones a los bancos centrales - tras haber subido tipos- proceder a bajarlos. A corto plazo, la liberación de reservas está contribuyendo marginalmente a contener el precio del petróleo, pero no puede prolongarse indefinidamente. También persiste cierta esperanza de que el conflicto no se prolongue en el tiempo. Sin embargo, en el momento actual los escenarios son claramente binarios: es posible avanzar hacia una desescalada, pero también cabe una escalada significativa, en cuyo caso los 150 dólares por barril volverían a dominar los titulares.

Incluso ahora ya se observan riesgos relevantes: los mercados vuelven a registrar caídas y, aunque los movimientos no son especialmente bruscos, el apetito por el riesgo comienza a resentirse ante la posibilidad de un conflicto más prolongado, que implicaría unos precios del petróleo más elevados y unos tipos de interés altos.

23Mar

La brecha de 5 veces "sitúa a las small caps en un punto de entrada atractivo para inversores con horizonte de medio y largo plazo y tolerancia a la volatilidad", según Columbia Threadneedle.

Andrew Smith, Client Portfolio Manager de Columbia Threadneedle Investments, asegura que, desde un punto de vista fundamental, los beneficios de las empresas de pequeña capitalización (small caps) están entrando en una fase de clara recuperación tras el deterioro registrado en 2023 y 2024. A enero de 2026, el consenso bottom-up de Bloomberg apuntaba a un crecimiento interanual del 43% para el Russell 2000 en los siguientes doce meses, del 18% para el Russell 2500 y del 11% para el S&P 500. Aunque se prevé una expansión significativa de los beneficios en todo el mercado, se espera que las small caps lideren este crecimiento. En 2025, la evolución de los beneficios —más que los cambios en múltiplos— fue el factor determinante de la rentabilidad bursátil, por lo que una aceleración sostenida en los beneficios de las small caps podría seguir respaldando el comportamiento de sus cotizaciones.

Pese a este mayor dinamismo en beneficios, las small caps continúan cotizando con un descuento significativo frente a las large caps y, en términos generales, dentro de sus rangos históricos. Antes de la pandemia, era habitual que cotizaran con una ligera prima frente a las grandes empresas, reflejo tanto de su mayor riesgo como de su superior potencial de crecimiento. Sin embargo, a cierre de 2025, el Russell 2500 cotizaba a 18,5x en términos de PER adelantado a 12 meses, frente a las 23,0x del S&P 500, lo que implicaba una brecha cercana a 5 veces. Esta brecha de valoración se ha ampliado desde la pandemia, impulsada por la incertidumbre macroeconómica, la preferencia de los inversores por las mega caps y la extraordinaria capacidad de generación de beneficios de las mayores compañías, que ahora dominan los índices ponderados por capitalización. Desde un punto de vista de valor relativo, este descuento sitúa a las small caps en un punto de entrada atractivo para inversores con horizonte de medio y largo plazo y tolerancia a la volatilidad.

En los últimos años, el crecimiento de beneficios del S&P 500 ha estado fuertemente concentrado en un reducido grupo de grandes compañías tecnológicas —los denominados 7 Magníficos—, lo que ha impulsado el mejor comportamiento relativo de las large caps. Si las small caps consolidan la mejora en beneficios, esta brecha de rentabilidad podría comenzar a estrecharse, especialmente si los 7 Magníficos no logran sostener tasas decrecimiento tan elevados.

Otro factor detrás de la fortaleza de las mega caps es la elevada concentración de estas compañías dentro de los índices de gran capitalización: las tres mayores representan cerca del 21% del S&P 500 y las diez principales suman el 39%, aumentando la dependencia del mercado respecto a su comportamiento.

El sentimiento sobre los beneficios de las small caps, medido por la revisión al alza de estimaciones de BPA, mostró una mejora clara hacia finales de 2025. Esta tendencia refleja una creciente confianza del mercado en sus perspectivas relativas frente a las grandes compañías.

Diversificación, la mayor aportación

Durante muchos años, las empresas estadounidenses se centraron en externalizar la producción a países de menor coste. Dada la postura proteccionista de la administración Trump, el aumento de las tensiones geopolíticas y las disrupciones en las cadenas de suministro experimentadas durante la pandemia, ahora existe un mayor potencial para que esta tendencia se revierta.

Programas como la CHIPS Act, la Infrastructure Investment and Jobs Act o la One Big Beautiful Bill están impulsando el gasto de capital doméstico y el consumo interno. Dado su mayor sesgo hacia la economía nacional, las small caps están especialmente bien posicionadas para beneficiarse de este cambio estructural.

Un beneficio clave de tener small caps estadounidenses es la diversificación que aportan a las carteras de renta variable. Los índices de gran capitalización, como el S&P 500, presentan actualmente una elevada concentración en tecnología (34,4% frente al 14,3% del Russell 2500 a 31 de diciembre de 2025). Por el contrario, sectores más cíclicos como industrial y financiero tienen un mayor peso en small caps (37% frente a 22%), lo que les confiere un perfil más cíclico y una mayor sensibilidad al crecimiento económico de EEUU. Si la economía y el mercado laboral se mantienen resilientes, como hasta ahora, este sesgo hacia sectores sensibles al ciclo económico debería favorecer a las small caps.

En la segunda mitad de 2024, la Fed inició su giro dovish, recortando tipos en septiembre, noviembre y diciembre, seguido de tres reducciones adicionales en 2025.Estos movimientos llevaron el tipo de los fondos federales desde un máximo de dos décadas del 5,25–5,5% hasta su rango actual de 3,5–3,75%, con los mercados esperando más recortes en 2026. Las small caps tienden a comportarse mejor cuando la política monetaria se vuelve más acomodaticia, ya que suelen tener una mayor proporción de deuda a tipo variable y son más sensibles a los cambios en los costes de financiación. Unos menores costes de endeudamiento también hacen más atractivo para las empresas más pequeñas financiar iniciativas de crecimiento.

A pesar del ruido, las small caps también se benefician de un viento de cola plurianual de aumento del gasto de capital doméstico, impulsado en gran medida por importantes programas del gobierno estadounidense como la CHIPS Act, la Infrastructure Investment and Jobs Act  y la Inflation Reduction Act. Estas iniciativas siguen respaldando la renovación de la manufactura nacional y la modernización de infraestructuras críticas. 

Trump ya ha indicado que es poco probable que derogue la CHIPS Act, que incentiva la producción de semiconductores en EE. UU. Varios bancos asesores reconocen que el pipeline de fusiones y adquisiciones (M&A) en EEUU sigue lleno, con actividad que se espera aumente una vez que disminuyan la volatilidad y la incertidumbre política. Esto es especialmente evidente en salud y biotecnología. Muchas grandes farmacéuticas se enfrentan a un importante “patent cliff”, con aproximadamente 170.000 millones$ en ventas de 2024 que perderán patente antes de que termine la década. Reemplazar estos ingresos es esencial y, dada la concentración de compañías biotecnológicas en los índices de small caps, muchas podrían convertirse en objetivos de adquisición a medida que las grandes farmacéuticas buscan reponer sus carteras de medicamentos.

La volatilidad y la incertidumbre política también han llevado a algunos equipos directivos a retrasar transacciones, pero esto debería aliviarse a medida que los líderes corporativos obtengan mayor visibilidad sobre el entorno político.

Por otro lado, varias empresas tecnológicas de pequeña capitalización se están beneficiando indirectamente del enorme gasto en capital relacionado con la IA realizado por compañías más grandes. Estos actores más pequeños a menudo actúan como proveedores o habilitadores dentro del ecosistema, posicionándose para beneficiarse a medida que la inversión en IA sigue creciendo.

"Como inversores activos a largo plazo, nuestro objetivo es mirar más allá de la volatilidad a corto plazo y centrarnos en compañías con flujos de caja duraderos, márgenes en mejora y trayectorias de beneficios creíbles que puedan prosperar independientemente del ruido político o macroeconómico. Aplicamos un enfoque core/blend y asignamos la mayor parte de nuestro presupuesto de riesgo a la selección de valores. Al mantener sesgos sectoriales y factoriales ampliamente neutrales, permitimos que la investigación bottom-up impulse las rentabilidades y reducimos la sensibilidad a rotaciones de estilo", explica este experto.

Las small caps siguen siendo un componente importante de una cartera diversificada, y la dinámica actual sugiere que su papel podría fortalecerse a medida que evolucionen las condiciones del mercado. Las small caps estadounidenses están comenzando amostrar signos de un renovado impulso: la mejora de los fundamentales de beneficios, valoraciones atractivas y un entorno macro que se estabiliza gradualmente han ayudado a reducir la brecha entre las empresas más pequeñas y sus homólogas de gran capitalización en los últimos tiempos. Aunque la volatilidad a corto plazo sigue formando parte del escenario, los inversores a largo plazo pueden encontrar que el entorno actual ofrece un punto de entrada más atractivo que en años recientes.

10Mar

Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos. Ya se habla de un incremento entre junio/julio y de otro en septiembre.

Miguel Ángel Valero

Oriente Medio y sus interminables conflictos vuelven a colarse en la economía europea (y en la española) por la puerta de siempre: el petróleo. El barril, que rondaba los 60$, ha llegado a superar los 110 en 10 días, lo que supone más presión sobre la inflación, más dudas para el Banco Central Europeo (BCE) y más tensión sobre la economía doméstica. “La energía es el primer eslabón. Cuando esa pieza se mueve, todo lo demás empieza a tambalearse”, resume la cofundadora de HelpMyCash, Olivia Feldman.

El mecanismo es menos complejo de lo que parece. Si el precio del petróleo sube y se mantiene arriba,  la energía se encarece, transportar mercancías cuesta más. También producir alimentos, fabricar bienes o calentar edificios. Esa subida termina trasladándose al precio final que pagan los consumidores. “Eso es inflación. No es un concepto abstracto: es simplemente que cada vez necesitas más dinero para comprar lo mismo”, explica Feldman.

Europa llevaba años intentando cerrar el capítulo inflacionario que siguió a la pandemia y a la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. Y ahora, el encarecimiento del petróleo amenaza con reabrirlo. En ese escenario, el foco se desplaza inevitablemente hacia Frankfurt, sede del BCE, que tiene un mandato claro: mantener la estabilidad de los precios de la Unión Europea, lo que se traduce a mantener una inflación cerca del 2%. Y su herramienta principal para lograrlo es el precio del dinero, o sea, los tipos de interés.

Hasta hace apenas unas semanas, el mercado daba por hecho que los tipos se mantendrían estables en torno al 2% durante todo 2026. Pero la volatilidad del escenario energético ha cambiado las previsiones.“Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos otra vez”, señala Feldman. De hecho, varios analistas —entre ellos los de Goldman Sachs— contemplan ya dos posibles subidas en la segunda mitad del año, una entre junio/julio y otra en septiembre.

El problema es que ninguna decisión resulta cómoda. Subir los tipos enfría la inflación, pero también ralentiza la economía. Y las grandes locomotoras europeas, como Alemania o Francia, no atraviesan precisamente su momento más dinámico.

El Euribor ya está en el 2,31%

Los mercados no suelen esperar a que el banco central actúe, siempre se anticipan. Eso explica que el Euribor, el índice al que están ligadas la mayoría de hipotecas variables en España, haya reaccionado en cuestión de días. En una sola semana ha pasado del 2,22% al 2,31%, su nivel más alto desde marzo de 2025. Y los futuros apuntan a que podría acercarse al 2,5% a final de año. “No estamos en los niveles de tensión de 2023 o 2024, cuando llegó al 4%. Pero sí es un recordatorio de que el coste del dinero puede volver a subir”, advierte la experta del comparador financiero.

La consecuencia más directa llega a las hipotecas variables. Cuando se revisen, la cuota puede aumentar. Ahora bien, quienes tienen hipoteca fija están protegidos de ese movimiento. Pero la incertidumbre afecta también a quienes estén pensando en firmar una nueva: si el escenario empeora, las condiciones de financiación podrían endurecerse tanto para hipotecas variables, como mixtas o fijas. “En HelpMyCash llevamos al menos tres años, advirtiendo a los españoles de evitar contratar hipotecas variables y animando a quienes tienen una a cambiarse a una fija. Es la única forma de protegerse de las subidas del Euribor”, apunta Feldman.

El encarecimiento del dinero también tiene una cara menos visible. Cuando los tipos suben, los bancos en teoría deberían de pagar más por el ahorro. “Hay entidades, aunque en España no muchas, que trasladan a sus clientes el tipo de interés del BCE, lo hacen para captar ahorro y nos tenemos que aprovechar de estos movimientos”, añade Feldman. El matiz es importante: si la inflación repunta con fuerza, ese mayor interés puede no compensar del todo la pérdida de poder adquisitivo. “Pero peor es nada. Recordemos que la inflación ya se come nuestros ahorros, hay que intentar remunerar lo más que podamos nuestro dinero”, apunta.

El movimiento de los tipos también afecta a los mercados financieros. En particular, a los fondos de renta fija, donde muchos pequeños ahorradores buscan refugio. “Cuando suben los tipos, los bonos antiguos pierden valor. Por eso un fondo de renta fija puede mostrar pérdidas aunque el inversor no haya vendido nada”, señala la experta de HelpMyCash. 

“En episodios de alta volatilidad siempre hay inversores que entran en pánico y venden, pero la calma suele ser mejor consejera”, explica Olivia Feldman. “La inversión en Bolsa debe mirarse con una perspectiva de largo plazo: atraviesa ciclos de subidas y bajadas, pero históricamente mantiene una tendencia ascendente”. Por eso, añade, vender en mitad de una caída implica a menudo convertir en pérdida real lo que hasta entonces era solo un retroceso temporal sobre el papel. De hecho, hay inversores que aprovechan estos descensos para aumentar posiciones. Los mercados, por ahora, siguen apostando por que el conflicto no se prolongue demasiado. “Como vemos, en realidad, toda la ecuación depende de una única incógnita: el tiempo. Si el conflicto se resuelve en pocas semanas, el impacto económico será limitado. Pero si se enquista, Europa podría enfrentarse a un nuevo episodio de inflación y a tipos de interés más altos durante más tiempo”, concluye.

Ibercaja Gestión: hay motivos para ser optimistas

El petróleo se dispara por el nerviosismo acumulado del mercado durante el fin de semana, tras los anuncios de recortes de producción en el Golfo Pérsico y el temor a bloqueos prolongados en el estrecho de Ormuz, debido al conflicto bélico entre Irán y la alianza de EEUU e Israel. Pero también por el nombramiento de Mojtaba Jamenei, que sucede a su padre como líder supremo de Irán, ya que se interpreta que los partidarios de la línea dura siguen firmemente al mando en Teherán una semana después del inicio del conflicto, y, en todo caso, invita a pensar que -al menos en el muy corto plazo- estamos lejos de entrar en una fase de negociación.

No obstante, observando el precio actual (spot) del petróleo y los precios de los contratos a futuro, el mercado no está poniendo en precio un conflicto bélico lo suficientemente duradero como para mantener los precios del petróleo en los niveles actuales, destaca un análisis de Ibercaja Gestión. Esta situación es comúnmente conocida como backwardation (los precios para entrega futura son más bajos que los de entrega más cercana) y en este caso, se debe fundamentalmente a:

  • Escasez inmediata: existe una necesidad desesperada por barriles "físicos" hoy mismo para evitar paradas en refinerías, lo que dispara el precio a corto plazo.
  • Prima de riesgo geopolítico: el mercado está pagando un sobreprecio por la incertidumbre total sobre si el suministro de mañana llegará a su destino.
  • Expectativa temprana del fin del conflicto: a pesar del caos, los mercados de derivados sugieren que los inversores ven este choque como intenso, pero potencialmente breve. Por ello, los contratos futuros a largo plazo (6 meses o más) cotizan con descuentos significativos respecto al precio actual, esperando una normalización de la oferta o una caída de la demanda por los altos precios.

Entonces… ¿Cuándo podríamos ver el fin del conflicto? Ésta es, sin duda, la pregunta del millón y lo que todo el mundo quiere saber ahora mismo. "Seguimos pensando que el conflicto, o lo que verdaderamente importa -el cierre del estrecho de Ormuz-, no debería prolongarse más de unas pocas semanas", insisten en la gestora de Ibercaja, que trabaja con tres escenarios:

  • Desescalada rápida (30% de probabilidad): EEUU e Israel reducen sus ataques tras conseguir sus objetivos estratégicos. 
    • Para EEUU, y para Trump en particular, la guerra no es el escenario más atractivo porque no es popular para la mayor parte de la población estadounidense (solo la apoya el 30%); Trump se enfrenta a unas elecciones de medio mandato en noviembre, donde no parte con las encuestas a su favor, y su principal estrategia para tratar de ganar el voto pasa por reducir el coste de vida, lo cual choca por completo con un precio del petróleo por encima de los 80-100$ por barril. Y las muertes de soldados americanos tienen un gran impacto en el voto de la población. Además, buena parte de la población de EEUU se encuentra fuertemente invertida en renta variable. Un escenario de fuertes caídas es negativo para el inversor (y votante) americano.
    • Para Israel la situación es distinta: Acabar con el régimen de Irán es una cuestión existencial. Conseguir que Irán no desarrolle armamento nuclear o misiles balísticos de largo alcance es considerado vital para la supervivencia de su pueblo en la región. La opinión popular no es relevante para Netanyahu: los disidentes internos son aplacados y no suponen un riesgo para el gobierno actual.
    • Irán no tiene mucha opción. Su capacidad militar es muy inferior. Pese a la agresividad con la que respondió los primeros días, su actividad ha cesado mucho. No menos relevante es la dependencia que la economía iraní tiene de las exportaciones de crudo y sus derivados. El Banco Mundial estima que supusieron un 23% del PIB de Irán en 2024. Gran parte de sus reservas internas de crudo han sido destruidas con los últimos ataques de Israel y se está restringiendo la entrada de importaciones esenciales para el país.
    • China es uno de los mayores importadores de la región. Pese a que cuenta con meses de reservas, un precio elevado amenaza su competitividad y sería inflacionario. Tiene capacidad de influencia en el régimen y ha sido un aliado estratégico en los últimos años, con múltiples inversiones, compras, etc.
    • Las economías tienen margen para aguantar varias semanas con el estrecho de Ormuz cerrado, pero la situación no es sostenible en el largo plazo. Por este motivo, "creemos que es cuestión de tiempo que la situación se solvente y que los actores tomen medidas encaminadas para ello".
  • Guerra con estrecho de Ormuz abierto(55%): Este escenario puede llegar por dos vías y es probable que sea el primer paso que veamos antes de que termine el conflicto. Para que este escenario suceda es necesario que Irán garantice que no atacará a cargueros -a cambio, por ejemplo, de que dejen navegar también a los suyos-. O que el poder militar iraní con presencia en el estrecho se vea severamente debilitado. EEUU tiene la capacidad necesaria para desarmar a Irán y trabaja en esta dirección, pero no es un proceso rápido.
    • En este escenario, el estrecho de Ormuz podría reabrirse gradualmente, permitiendo que el petróleo fluya hacia los países de destino. Una situación así destensionaría la situación actual de desequilibrio entre oferta y demanda, aliviaría la presión sobre los inventarios de emergencia de las principales economías -sobre todo las orientales- y reduciría el precio del crudo.
    • Pese a esto, el peligro de nuevas tensiones seguiría existiendo y, salvo garantías explícitas, el mercado seguiría aplicando una prima de riesgo sobre el precio de equilibrio a largo plazo. En un escenario así, sin nuevos ataques a infraestructuras energéticas clave, el precio del crudo podría moverse en el rango de $80-100/barril.
    • "Creemos que el mercado reaccionará positivamente, asignando una mayor probabilidad al fin de la guerra y una menor a un escenario de inflación persistente. La apertura de Ormuz reflejaría la debilidad y dependencia estructural del régimen iraní al comercio de crudo para su propia subsistencia y reduciría las probabilidades de una nueva escalada.
  • Escalada intensa(15%): Este sería, sin lugar a duda, el peor escenario para los inversores, pero, a su vez, es el más improbable. El cierre del estrecho de Ormuz de forma prolongada es un problema para la economía global e implica no solo a EEUU, Israel e Irán. Actores que hasta ahora han tenido un papel secundario, como China, Japón o Europa probablemente traten de forzar, al menos, una reapertura del estrecho que garantice el suministro de petróleo.
    • El cierre del estrecho de Ormuz elimina aproximadamente entre 10-12mb/d, cerca de un 12% de la oferta mundial de crudo. "Creemos que un tensionamiento así, en un mercado con una demanda tan inelástica, podría llevar a cotizar el brent por encima de los 120$/barril, escenario al que podríamos llegar en cuestión de semanas en el caso de que el estrecho de Ormuz permanezca intransitable. Sin embargo, no creemos que sea una situación de equilibrio que pueda perdurar más allá de unos meses".
    • En un contexto así, la renta variable sería la gran perjudicada. Las economías más expuestas son, sin duda, las asiáticas (China, India, Japón y Corea), seguidas de cerca por Europa, que es muy dependiente de las importaciones de crudo. Para la renta fija, el principal riesgo vendría del repunte en la inflación y de la menor expectativa de bajadas de tipos de interés de los bancos centrales. El mercado ya ha puesto en precio este riesgo y ha penalizado a aquellas economías más expuestas.

"En conclusión, hay motivos para ser optimistas y para que no cunda el pánico. La curva forward del crudo refleja que el mercado cree que es un conflicto temporal y le asigna un riesgo moderado al escenario de clausura prolongada del estrecho. La situación actual ha provocado caídas en los mercados y repuntes en las curvas que pueden ser una oportunidad interesante para tomar posiciones y sembrar rentabilidades de cara al futuro", recalcan en Ibercaja Gestión.

Banca March: el inversor se quita el miedo a un conflicto prolongado

Las tensiones acumuladas en el golfo Pérsico se reflejaron en los mercados globales, con un repunte del precio del petróleo que llegó intradía a situarse en los 119 $/barril en la referencia Brent. Sin embargo, los mensajes sobre una posible liberación coordinada de reservas estratégicas por parte de los países del G‑7, junto con las declaraciones de Trump indicando que la contienda se resolverá “muy pronto”, relajaron gran parte de las presiones y provocaron ventas masivas en los futuros del crudo que hicieron que el precio del Brent terminase por debajo de los 100 $/barril. 

El guiño de Trump a los mercados impulsó también las compras en la renta variable estadounidense y generó un fuerte apetito comprador en las Bolsas asiáticas y europeas. Los inversores parecen sacudirse el temor a un conflicto prolongado, mientras que la Administración estadounidense explora mecanismos para mitigar el incremento en los costes energéticos: la liberación de reservas de emergencia, una posible intervención del Tesoro en el mercado de futuros, exenciones al petróleo ruso sancionado o incluso una suspensión temporal del impuesto a la gasolina. Además, Trump aseguró que la capacidad de lanzamiento de misiles en Irán se ha reducido al 10%. No obstante, el estrecho sigue cerrado y los países productores continúan ralentizando el bombeo —recorte acumulado de 6,7 millones de barriles diarios— debido a la falta de rutas de salida. Todo ello ocurre mientras se espera la implementación operativa de los convoyes de escolta y los seguros respaldados por el Gobierno estadounidense.

Al mismo tiempo, aumentan las presiones internas en EE.UU: los precios de la gasolina continúan escalando, los republicanos se muestran cada vez más incómodos con el desarrollo del conflicto y los demócratas exigen un mayor control sobre las operaciones militares, solicitando las comparecencias de Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Guerra).

En conjunto, todo apunta a una posible desescalada en el corto plazo, ya sea mediante una autoproclamada victoria que conduzca a una pausa en las hostilidades —el escenario más optimista— o mediante la obtención de garantías que permitan restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz.

Los ministros de Finanzas del G7 coincidieron en que están preparados para recurrir a las reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario, aunque consideran que aún no ha llegado el momento de hacerlo. En su comunicado, el grupo señaló que adoptará “las medidas necesarias” para sostener el suministro energético global en caso de que la situación lo exija. Tanto el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como el ministro de Finanzas de Portugal expresaron una visión similar: no existe un problema de suministro de petróleo en Europa ni en EEUU, pero sí una fuerte tensión en los precios. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son excepcionales: solo se han producido cinco veces en la historia, incluidas dos tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Los ministros de Energía del G7 siguen evaluando la situación, y se espera que los jefes de Estado y de Gobierno mantengan encuentros adicionales a lo largo de la semana.

Por otro lado, Emmanuel Macron anunció que, una vez superada la fase más crítica del conflicto, impulsará una misión defensiva para reabrir y asegurar el estrecho de Ormuz. La operación consistirá en escoltar a los buques que transportan crudo y gasóleo, y el presidente francés confía en que otros países se sumen a la iniciativa.

Robeco: fisuras en el mercado energético global

La designación del hijo de Jamenei como nuevo líder iraní y la perspectiva de un conflicto prolongado han supuesto un cambio importante para los mercados petroleros. El aumento del 32% en los precios del petróleo desde que estalló la tensión en Oriente Medio también pone de manifiesto las fisuras en el sistema energético global. Los precios del petróleo suelen dispararse cuando los participantes del mercado exigen una prima muy elevada para cubrirse frente a descensos inesperados en la capacidad sobrante de petróleo. El uso de esta capacidad sobrante solo reduce moderadamente la reacción inicial de los precios del crudo, señala un análisis de Robeco. El mercado petrolero necesita tener más certeza de que el conflicto iraní seguirá limitado en alcance (sin más ataques iraníes a refinerías) y en duración (semanas). Sin embargo, en la situación actual, puede que el mercado no obtenga lo que desea, incluso cuando ya hay conversaciones en marcha entre miembros del G10 sobre la liberación de reservas estratégicas.

Dado que es probable que los precios del petróleo se mantengan elevados en el corto plazo, los exportadores netos de energía como EEUU y Noruega han visto apreciarse sus monedas, mientras que las divisas de los importadores netos, como Corea y la Eurozona, siguen bajo presión. La dependencia neta de importaciones energéticas continúa siendo una brújula útil para identificar estas fisuras. Analizando las importaciones netas de energía como porcentaje del consumo interno, Japón (87%), Países Bajos (87%), Corea (85%), Italia (80%) y España (77%) se sitúan en el extremo más expuesto del espectro, mientras que EE.UU. (9%), Brasil (14%), Australia (214%) y especialmente Noruega (704%) permanecen estructuralmente protegidos.

Sin embargo, la dependencia incondicional de las importaciones no refleja completamente la dispersión interregional de la dependencia energética. Ahora, los mercados financieros también deben analizar la intensidad energética de las economías, el grado de sustituibilidad de importaciones energéticas (a través de renovables), los niveles de subsidios a los combustibles fósiles y la rapidez con la que la inflación por los precios de importación de energía se traslada al usuario final, para evaluar las implicaciones tanto en política fiscal como monetaria.Energía renovable: ¿amortiguador o cuello de botella? En teoría, las economías con una alta cuota de energías renovables deberían amortiguar los impactos externos del petróleo. Las cuotas de energía renovable en las principales economías europeas han aumentado considerablemente en los últimos años (Alemania cubre actualmente alrededor del 25% de su consumo energético con renovables). Sin embargo, la producción renovable solo compensa la demanda de combustibles fósiles si las redes pueden absorber y distribuir esa energía. La congestión y las limitaciones de las redes siguen dificultando la sustitución, obligando a recurrir a respaldo de fuentes fósiles cuando los picos de generación renovable no se pueden aprovechar. El resultado es una vulnerabilidad persistente, a pesar del ambicioso despliegue renovable.

Regionalmente, la asimetría en los términos relativos de intercambio es clara. Asia es la zona con mayor riesgo directo, ya que al momento de redactar este informe el Estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado y el 83% del petróleo que lo transita tiene como destino compradores asiáticos. Europa le sigue, limitada por una baja capacidad de sustitución y una rápida transmisión de precios al consumidor final. Australia, Noruega y Estados Unidos se mantienen como ganadores relativos, respaldados por su producción interna, baja intensidad energética (en EEUU, el peso de la manufactura en el PIB ha disminuido de manera constante en las últimas décadas) y la capacidad potencial de respuesta de los productores de shale si los precios altos persisten.

Columbia Threadneedle: el petróleo caro supone economía débil

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que el petróleo ha subido alrededor de un 47%desde los ataques de EEUU e Israel a Irán, y acumula casi un 76% de subida en lo que va de año. Aunque el nivel es elevado, aún está bastante por debajo del máximo de junio de 2008, cuando alcanzó los 147$ por barril. No obstante, abundan los comentarios que sugieren que volveremos a ver esas cifras si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz. La historia muestra que, en 2008, y después de nuevo en 2012-2014 y en 2022, un precio del petróleo superior a los 100$ por barril conduce a un entorno económico débil.

¿Es probable que el resultado sea diferente esta vez? No realmente. EEUU es ahora en gran medida autosuficiente en términos de suministro de petróleo. Aun así, el precio del petróleo es global y EEUU seguirá viéndose afectado. La gasolina en EEUU está ahora en 3,5$ por galón tras haber aumentado significativamente durante la semana pasada. El petróleo de Oriente Medio se dirige principalmente a Asia y (en menor medida) a Europa, pero el impacto de los precios globales hace que el efecto económico adverso se extienda a todas partes, especialmente en los países que dependen de recursos energéticos.

El camino a partir de aquí depende de varios factores y hay muchas personas que predicen que el petróleo superará los 150$. Sin embargo, para realizar previsiones precisas necesitaremos mayor claridad. En primer lugar, la dirección del conflicto sigue siendo una gran incógnita. No está del todo claro cuáles son los objetivos de EEUU, no sabemos exactamente qué buscan lograr antes de declarar “misión cumplida”. Cualquier señal de que el conflicto se está desescalando ayudará sin duda al sentimiento del mercado. 

El “cierre” del estrecho de Ormuz es crucial: normalmente pasan por él alrededor de 90 petroleros cada día y ahora hay unos 500 barcos “atascados”. Los informes sugieren que hasta ahora han sido alcanzados 10 buques. El cierre también afecta a la producción de los países de Oriente Medio debido a la falta de capacidad de almacenamiento. Como resultado, la producción debe ralentizarse o detenerse por completo. Además, existe preocupación por que Irán lleve a cabo nuevos ataques contra infraestructuras de petróleo y gas en países vecinos, lo que podría tener un impacto perjudicial sobre la producción.

¿Qué ocurrirá a continuación en términos de esfuerzos para mitigar el shock en el precio del petróleo? El G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se reunieron el lunes: la AIE dispone de un volumen significativo de reservas, que podrían aliviar la presión a corto plazo. Eso sería positivo. Otra posible mitigación podría venir del uso de oleoductos a través de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que permiten evitar este cuello de botella marítimo. Sin embargo, éstos tienen una capacidad limitada y ciertamente no pueden compensar todo el impacto del cierre del estrecho. 

Una opción a más largo plazo podrían ser convoyes navales que reproduzcan las medidas adoptadas durante la guerra entre Irán e Irak. Tales convoyes tardarían tiempo en organizarse y requerirían recursos significativos. Probablemente EEUU lideraría la operación, pero sus recursos militares están claramente centrados en otros frentes en el corto plazo.

Hasta ahora Irán no ha tomado medidas para colocar minas en los canales de navegación. Esto es positivo y aceleraría cualquier reapertura. Por supuesto, es crucial que los barcos cuenten con seguros y la tolerancia al riesgo entre los proveedores es baja. El progreso en los escoltas navales sería muy útil.

En el corto plazo, todo apunta a que la incertidumbre pesará fuertemente sobre el apetito por el riesgo. Sin embargo, si el precio del petróleo se mantiene por encima de los 100$ durante un periodo prolongado, "tendremos que reconsiderar nuestra perspectiva global. A medida que surja mayor claridad sobre la duración probable del conflicto, podremos adoptar una visión más equilibrada sobre perspectivas", concluye.

02Mar

Por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial. Y la inflación subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico.

Miguel Ángel Valero

Aurelio García del Barrio, director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, recuerda que el conflicto entre EEUU e Irán se remonta a la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante los últimos años, los principales puntos de fricción han sido el programa nuclear iraní. La preocupación estadounidense por la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares ha sido un factor constante en la política de Washington. Las administraciones estadounidenses anteriores han reforzado sanciones para limitar la economía iraní y su influencia en la región, el apoyo de Irán a grupos en Líbano (Hezbolá), Gaza (Hamás) o Iraq.

En junio de 2025, EEUU bombardeó instalaciones nucleares en suelo iraní, pero esto sólo fue una escaramuza, ya que los ataques del 28 de febrero, coordinados con Israel, han marcado una escalada mayor en el conflicto. En ese ataque murieron Alí Jameini,líder supremo del régimen de los ayatolas, el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi y elministro de Defensa Aziz Nasirzadeh, entre otros.

Ante esta situación, Irán ha respondido con ataques a Israel y las bases americanas en la región (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin) y Jordania, Irak, Siria y Arabia Saudí también se han visto afectados por el contraataque iraní. Ahora habrá que ver si otros países, como Francia, Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí o Emiratos, podrían actuar contra Irán también.

El, históricamente inestable, equilibrio en la región, es ahora mucho más volátil e incierto, ya que puede desatar un caos en Oriente Medio.  Irán es el país de referencia chiita en el mundo musulmán. El régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio. 

Es un conflicto que tiene evidentemente, consecuencias económicas clave para los mercados internacionales. La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, punto crítico por donde transita un 20% del crudo mundial y una gran cantidad de gas natural licuado, ha empujado a los inversores hacia activos refugio, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales.

Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba más de un 7%, respecto al cierre del viernes, alcanzando los 78,5$, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba un 7,5% hasta alcanzar los 72$. Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%.

El dólar ha vuelto a demostrar su hegemonía. Actuando como activo de aversión al riesgo por excelencia, se ha fortalecido frente al euro y otras divisas principales. Su condición de valor líquido y el hecho de que EEUU sea un exportador neto de energía refuerzan su atractivo en este escenario de shock de oferta. También el oro ha visto incrementado su precio un 3%, como activo refugio.

Si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, EEUU y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica. Una escalada del conflicto podría tener efectos sobre el comercio internacional; Oriente Medio es un nodo estratégico para numerosas rutas marítimas y cualquier alteración de la seguridad en la región podría afectar al transporte de mercancías y encarecer los costes logísticos.

Los líderes iraníes ya han amenazado con represalias, pero aún está por verse cómo se desarrollará. La economía de Irán es lo suficientemente frágil como para no ser capaz de sostener un conflicto prolongado tanto con EEUU como con Israel. Irán enfrenta un colapso económico sistémico con hiperinflación, devaluación extrema del rial y escasez crítica de productos básicos, agravado por sanciones internacionales y conflictos internos. 

A principios de 2026, el rial iraní ha perdido prácticamente todo su valor, alcanzando niveles de 1,47 millones de riales por dólar en el mercado libre. La moneda nacional ha dejado de ser útil como reserva de valor, y el dólar se ha convertido en la principal moneda de transacción para aproximadamente el 90% de las operaciones privadas. Esta devaluación ha sido acelerada por la reactivación de sanciones de la ONU y la eliminación de subsidios para la importación de productos básicos, lo que ha generado aumentos drásticos en los precios de alimentos y medicinas. La inflación general supera el 42%, y la de alimentos alcanza un 75%. El aumento de precios se ha visto intensificado por la implementación de un sistema de precios escalonados para la gasolina, que elevó el combustible a 50.000 riales por litro sin subsidio.

Estas presiones han reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y han generado descontento social masivo. El país enfrenta escasez de productos esenciales, incluyendo alimentos y medicinas, debido ala combinación de sanciones, devaluación y problemas logísticos internos.

Pero teniendo una visión estratégica y un poco más amplia, lo que subyace aquí, es lo siguiente:

  • Por ahora, con la captura de Maduro, EEUU ya controla alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo. Ahora, si en Irán se estableciera un nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
  • China, principal comprador del crudo iraní, podría ver como su factura energética se incrementa.
  • Si cayera el actual régimen iraní, Putin perdería otro aliado, después de Maduro.

Un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es, si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida bajo la influencia de la administración estadounidense.

Banca March: la economía mundial tiene resiliencia

Por su parte, Banca March destaca que una escalada militar sin precedentes entre Irán, por un lado, y EEUU e Israel por otro, ha provocado víctimas en varios países de la región, además de protestas en Pakistán e Irak en apoyo a Irán. El conflicto también ha afectado infraestructuras civiles, con interrupciones de vuelos y daños en ciudades del Golfo, elevando las tensiones geopolíticas a nivel global.

En reacción a los acontecimientos, la respuesta de los diferentes activos de riesgo ha sido más bien racional, pero vigilante, concentrándose el mayor ajuste en energía. La referencia Brent se sitúa a las puertas de los 80$/barril, en niveles similares a los vistos en junio de 2025 (con el anterior ataque a Irán de EEUU e Israel). También se ha disparado la referencia europea de gas (TTF), hasta niveles de 39,7 €/MWh, igualando precios de finales de enero de 2026.

Las Bolsas se sitúan en mínimos de un mes. Los bonos descuentan aparentemente una rápida conclusión del conflicto militar en Irán. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años sube 3 puntos básicos (pb), hasta el 3,97% tras haber caído previamente a un mínimo de 11 meses, 3,92%.El dólar gana posiciones hasta niveles de 1,174€ sin actuar como activo refugio sino más bien como consecuencia del encarecimiento del crudo y el reajuste del riesgo energético. 

La eliminación fulminante del ayatolá Jameneí –líder supremo desde 1989– y otros altos mandos en un solo día provoca la desarticulación abrupta del núcleo del régimen iraní, algo que en conflictos anteriores como en la Irak de Saddam Husein llevó nueve meses, limitando la cohesión estratégica del país. Si bien intenta extender el conflicto a lo largo de la región presionando a aliados y milicias, su posición política internacional es relativamente aislada, careciendo de un respaldo político sólido de potencias regionales para una guerra a gran escala. Pese al cese temporal de operaciones de transporte de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, no tiene grandes incentivos para un cierre permanente, dado que también afectaría las relaciones energéticas con sus propios aliados.

Desde la perspectiva estadounidense, y en un año electoral, no existe un interés claro en una contienda muy larga ni en una invasión terrestre que pudiera conllevar grandes pérdidas humanas. Esto favorece una presión militar controlada en lugar de una escalada total. 

En cuanto al petróleo, a diferencia de episodios anteriores, este ataque se produce en un mercado caracterizado por un elevado superávit, con EEUU y la propia OPEP como protagonistas. En el caso estadounidense, el fuerte aumento reciente de la producción –acelerado tras la llegada de Trump– ha consolidado al país como exportador neto de crudo. Para 2026, la producción de petróleo y otros líquidos de la primera potencia rondaría los 20,5 mb/d en promedio, de los cuales 3,1 mb/d estarán destinados a exportaciones frente a 2,8 mb/d registrados en 2025.

La OPEP, por su parte, ha adoptado una estrategia de incrementos sucesivos en sus cuotas de producción: el cártel aprobó este domingo un aumento de 206.000 b/d a partir de abril, un 50% superior al ajuste realizado en diciembre. En este sentido, Irán desempeña un papel clave dentro de la organización, con una producción de 4,7 mb/d (equivalentes a un 5,6% de la oferta global), situándose solo por detrás de Arabia Saudí (11,8 mb/d) y Emiratos Árabes (4,8 mb/d)

El mercado registrará en 2026 un superávit en torno a los 2,8 mb/d, lo que amortiguará parcialmente el impacto del conflicto y evitará escenarios similares a los observados durante la invasión rusa de Ucrania, en donde el mercado presentaba un déficit de 1,1 mb/d. El mayor riesgo se concentra en un potencial cierre del estrecho de Ormuz. Hasta el momento, las interrupciones en el tráfico responden a decisiones preventivas de las propias compañías, motivadas por dos factores principales. En primer lugar, varias aseguradoras han comenzado a cancelar coberturas y a encarecer las pólizas –en algunos casos hasta el 50%– para buques que operan en la zona. Segundo, algunos exportadores –entre ellos Arabia Saudí e incluso Irán– aceleraron sus envíos en los días previos al ataque: las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico fueron casi un 10% superiores en febrero, lo que implica que una parte significativa de esos cargamentos ya se encuentra el tránsito hacia sus destinos finales.

Ante un eventual cierre de Ormuz, Asia sería la región más perjudicada, al concentrar el 84% del petróleo y el 83% del GNL que transitan por esta ruta. Tan solo China –principal socio energético de Irán– absorbe el 38% del petróleo y el 23% del GNL que cruza este punto estratégico. Europa, por su parte, afrontaría un impacto moderado en el suministro de gas, dado que solo adquiere el 13,5% del GNL que circula por el corredor, en un contexto en el que las reservas de gas en la región se sitúan en niveles inusualmente bajos para esta época del año. 

El conflicto en Oriente Medio y la fuerte subida de los precios de la energía impactará el crecimiento, pero la economía mundial tiene elementos de resiliencia que deberían evitar una fuerte contracción. El principal canal de contagio proviene del previsible encarecimiento del precio del crudo. Ahora bien, aunque el riesgo es muy elevado dado que la disrupción total del tráfico marítimo de petróleo por el estrecho de Ormuz conllevaría a que casi un 20% de toda la oferta de crudo se viera afectada, por el momento no ha habido importantes ataques contra la infraestructura petrolera de la región. 

El aumento de los costes energéticos, si se mantuviera en el tiempo, tendría un efecto negativo directo en el crecimiento económico mundial: por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial

Pero también habría productores de energía fuera de Oriente Medio, como Rusia, Canadá, Noruega y algunas economías latinoamericanas que saldrían beneficiadas. Frente a ello, economías como la europea y en particular China e India que son los grandes importadores de crudo iraní saldrán más castigadas.

Por el lado de la inflación, el impacto sería más intenso. En un escenario en el que se elevara en 10$ el precio promedio del barril de petróleo durante todo el año, la inflación prevista subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico. Una situación que en un primer momento pondría mayor presión sobre la política monetaria dado que conllevaría a que la inflación se alejara temporalmente de los objetivos de los bancos centrales. Sin embargo, consideramos que las autoridades monetarias no se precipitarían girando la política monetaria, dado que el principal riesgo para la economía mundial proviene ahora de un mayor tensionamiento de las condiciones financieras, algo que los bancos centrales tratarán de evitar a toda costa

Aunque la geopolítica vuelve a agitar los mercados, la historia demuestra que los periodos de conflicto no suelen ser momentos adecuados para tomar decisiones de inversión precipitadas. Más allá del corto plazo, es fundamental analizar el impacto estructural a medio y largo plazo, con una visión más profunda que el mero temor asociado a la guerra. Si analizamos el comportamiento histórico, observamos que en los primeros meses suelen producirse retrocesos. Sin embargo, tras tres o cuatro meses, en la mayoría de los episodios el mercado recupera la caída inicial y, doce meses después del punto de partida, el S&P 500 ha mostrado retornos positivos en la mayor parte de los casos, con una mediana en torno al +5%. Las excepciones se han producido cuando el conflicto ha tenido un efecto real sobre la economía, provocando una recesión o, más recientemente, una respuesta contundente de los bancos centrales ante presiones inflacionistas crecientes. En este caso, todo apunta a ver cierta volatilidad en el corto plazo que genere oportunidades de compra en las próximas semanas, con unos mercados sobre reaccionando ante un choque geopolítico que no debería tener un impacto profundo ni sobre la actividad económica ni sobre los precios.

"Conservamos nuestro posicionamiento, destacando el valor de los sectores defensivos —como salud e infraestructuras—, que actuarán como puntos de estabilidad en un entorno marcado por la volatilidad. Por otro lado, la evolución de los tipos de interés a largo plazo continúa sorprendiendo, ya que todos los factores parecen alinearse en contra de los bonos de mayor duración: el repunte de las presiones inflacionistas derivadas de los precios energéticos, el incremento del gasto público y una economía que vuelve a ganar tracción. Habitualmente, tras un buen comportamiento en las fases iniciales de un conflicto, la tendencia suele invertirse. Por ello, mantenemos una postura prudente respecto a la duración.  En paralelo, se pone de manifiesto el valor de la protección en metales preciosos, que vuelven a mostrar un comportamiento positivo ante el incremento del riesgo geopolítico. Mantendríamos las posiciones actuales, aunque no incrementaríamos la exposición a estos niveles. En cuanto al dólar, estas tensiones deberían favorecerle, ya que el repunte de los precios de la energía incrementará los costes de importación de los países dependientes, proporcionando soporte adicional a la divisa estadounidense. Mantenemos nuestro rango objetivo en 1,15 – 1,19€", subrayan los analistas de Banca March.

Lombard Odier: escenario de escalada limitada

Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, explica que "hemos modelizado dos escenarios para el conflicto entre EEUU-Israel e Irán. El primero, que consideramos que se está materializando en la actualidad, es un escenario de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo. El segundo, que no es nuestro escenario principal, es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50$ por barril en el precio del petróleo. Es importante destacar que, "en ambos casos, esperamos que el precio del petróleo vuelva a sus rangos recientes tras seis meses".

En el escenario base de "escalada limitada", se espera un aumento de la inflación general media en EEUU del 2,5% al 2,6% en 2026, con el crecimiento real del PIB sin cambios en el 2,2%, y se mantiene sin cambios el escenario de tres recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, "ya que esperaríamos que la Fed pasara por alto cualquier aumento moderado de la inflación general".

En el escenario de riesgo de un choque petrolero global, los efectos incluirían un aumento de la inflación y una disminución de diversas medidas de actividad, especialmente la producción industrial, donde los precios de la energía son un insumo importante. El crecimiento real del PIB en EEUU disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil. Si las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran ancladas, como ocurrió durante la pandemia y durante las incertidumbres arancelarias, "esperaríamos que la Fed considerara los efectos sobre la inflación como temporales". Si el aumento del desempleo fuera relativamente contenido, "esperaríamos que priorizara la estabilidad frente a recortes agresivos. Sin embargo, si la tasa de desempleo superara el 5,5 % —un nivel mucho peor de lo que indica nuestro modelo—, entonces la Fed pasaría a una estrategia agresiva de recorte de tipos hacia el 2,5% o menos".

"Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior”, advierte el experto de Lombard Odier.

"Mantenemos una postura moderadamente favorable al riesgo en nuestra estrategia de inversión, con una exposición infra ponderada a los bonos soberanos globales, una exposición sobre ponderada a los activos de mercados emergentes y al oro", concluye.

Columbia Threadneedle: el bloqueo prolongado de Ormuz, clave

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, coloca el foco en si se desarrolla un conflicto regional más amplio y si existe la posibilidad de un bloqueo sostenido del transporte de energía a través de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un repunte de los precios del petróleo plantea el riesgo de que aumente la inflación, lo que impactaría sobre las trayectorias tanto de la inflación como de los tipos de interés.

Un cierre total de la vía navegable, algo que Irán nunca ha decretado, tendría un impacto significativo en el transporte de crudo y productos refinados. Un cierre significativo y prolongado de Ormuz, junto con los ataques iraníes a las instalaciones de refinado y exportación de petróleo de la región, probablemente llevaría al precio del petróleo hasta los 100$ por barril. Puede producirse una mayor escalada en el conflicto si Irán intentase atacar centros de procesamiento de petróleo y terminales de carga en la región. Irán puede carecer de los recursos para mantener un cierre prolongado del estrecho, pero, aun así, podría generar un impacto la reducción del tránsito debido al aumento delos costes de los seguros de transporte, o la decisión de las navieras de no operar esta ruta.

La OPEP ha señalado que aumentará la producción de petróleo en abril en 206.000 barriles diarios en un movimiento para contener los precios. Irán en sí no es crítico para la producción mundial de petróleo, ya que produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios en enero, lo que equivale a menos del 3% del suministro global. El excedente de capacidad de la OPEP podría compensar todas las exportaciones iraníes perdidas. Además, EEUU y otros países de la OCDE cuentan con alrededor de 4.000 millones de barriles de crudo y productos refinados almacenados, que podrían actuar como colchón a corto plazo. EEUU es en gran medida autosuficiente en energía, pero no sería inmune a los aumentos globales del precio del petróleo, que se trasladarían a los precios de la gasolina y a la inflación. Un coste del petróleo a 100 dólares probablemente llevaría el IPC de EEUU más cerca del 4% desde el 2,4% registrado en enero, según estimaciones de ING. Por su parte, Asia se vería impactada significativamente por el cierre de Ormuz, dado que la mayoría del petróleo (84%) y del GNL (83%) tiene ese continente como destino.

Por el momento, los mercados financieros se mantienen relativamente tranquilos y esperarán a observar cómo evoluciona la situación. El apetito por el riesgo se ha mantenido positivamente frente a los desafíos recientes. La historia indica que, aunque los shocks geopolíticos pueden producir movimientos en los mercados, los fundamentales deberían cambiar para que el impacto sea prolongado. La mayor parte del tiempo, los mercados financieros suelen demostrarse ser bastante hábiles para “ver más allá” de los conflictos geopolíticos. Los fundamentales siguen siendo benignos - tanto en términos de beneficios corporativos como de crecimiento económico - y, como resultado, los mercados han mostrado resiliencia. Pero debemos estar pendientes de cómo evolucionan los acontecimientos

DWS: un conflicto prolongado presiona a Trump en año electoral

La presencia militar estadounidense “carece del tamaño y las capacidades necesarias para operaciones de combate importantes o un cambio de régimen”, lo que requeriría fuerzas terrestres. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales informa de que, basándose en la presencia actual, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al anunciar que “los bombardeos... continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para lograr nuestro objetivo de paz en todo Oriente Medio y, de hecho, en todo el mundo”. 

Aunque el cambio de régimen es uno de los objetivos anunciados por Trump, puede que no sea una condición necesaria para poner fin al ataque. La mayoría de los estadounidenses no apoyaba ninguna acción militar en Irán y temía un conflicto prolongado, lo que ejerce una presión significativa sobre el presidente de EEUU en un año de elecciones intermedias. En cambio, Trump ha pedido al pueblo iraní que tome el control del Gobierno.

Las tensiones geopolíticas tienden a afectar poco o nada a los mercados, siempre y cuando no tengan repercusiones en los fundamentos económicos. El precio del petróleo ha sido tradicionalmente un importante mecanismo de transmisión de los conflictos a los fundamentos económicos y los mercados. Un ejemplo clásico de este tipo de evolución fue la invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1990. El precio del petróleo, que hasta el 31 de julio de 1990 había sido de 18$ de media, subió a 36. En EEUU comenzó una recesión y el S&P 500 cayó de 369 a mediados de julio a 295, cumpliendo así por poco la definición de mercado bajista (una caída de al menos el 20%). Aunque la recesión continuó hasta abril de 1991, el mercado bursátil tocó fondo en octubre de 1990 y superó su nivel anterior a la guerra en febrero de 1991.

Además del precio del petróleo, las cadenas de suministro se han convertido en otro importante mecanismo de transmisión de los acontecimientos geopolíticos en la economía y los mercados. Sin embargo, en el caso de Irán, la dependencia de la cadena de suministro mundial es muy baja, por lo que el principal impacto debería provenir del precio del petróleo.

Para el precio del petróleo, lo más importante es si el conflicto provoca una interrupción prolongada del suministro o solo una perturbación a corto plazo. Tanto Venezuela como el ataque del año pasado en Irán fueron perturbaciones a corto plazo y su efecto sobre el precio del petróleo se disipó con bastante rapidez. Ahora hay que ver el impacto sobre el suministro iraní y cualquier perturbación del comercio en el estrecho de Ormuz.

Irán produjo 3,13 millones de barriles diarios (mb/d) en enero de 2026, lo que equivale aproximadamente al 4% del crudo mundial. Dada la muy baja elasticidad de la oferta y la demanda a corto plazo, cualquier disminución de esa oferta podría provocar importantes subidas del precio del petróleo, aunque parte de ese movimiento ya se había producido antes de la huelga. La posterior recuperación del precio del petróleo también dependería de la rapidez con la que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pudiera compensar la pérdida de suministro. 

“La capacidad excedentaria de la OPEP es aproximadamente la mitad de la producción total de Irán”, afirma Darwei Kung, director de materias primas de DWS.

Irán controla la parte norte del estrecho de Ormuz y podría interrumpir el tráfico marítimo mediante minas, submarinos, misiles y embarcaciones. Ya ha advertido a los barcos que eviten el estrecho de Ormuz. Algunos operadores ya han suspendido o reducido los tránsitos por el estrecho, dada la deteriorada situación de seguridad.

Hay muy pocas alternativas para transportar petróleo desde cualquiera de los Estados del Golfo si se bloquea el estrecho. Solo Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que evitan el estrecho, pero su capacidad es limitada. Kung señala: “Si el ataque hundiera un barco en el estrecho de Ormuz, por ejemplo, este quedaría bloqueado durante meses, lo que provocaría una interrupción prolongada del suministro. Una invasión terrestre también sería mucho más perjudicial para el suministro que los ataques aéreos”.

Cualquier interrupción supondría una presión significativa para los mercados energéticos. Dada la producción de esquisto y GNL de Estados Unidos, el impacto se sentiría más en Europa y Asia que en EEUU

DWS dibuja tres escenarios operativos de interrupción del suministro de petróleo:

  • Las fricciones logísticas de corta duración moderarán la interrupción de las exportaciones (sin obstáculos al tránsito). Este escenario supone que la acción militar estadounidense evita la infraestructura energética y que el estrecho de Ormuz permanece abierto, con Irán respondiendo de manera calibrada para evitar una escalada importante. Aunque cualquier interrupción comenzaría como fricciones logísticas de corta duración —principalmente breves retrasos en los buques cisterna que durarían entre una y tres semanas y reducirían el suministro en hasta 0,5 mb/d—, un ataque más amplio dirigido a activos estratégicos adicionales podría provocar interrupciones temporales en las terminales de exportación y cortes de energía o comunicaciones a corto plazo. Como resultado, las exportaciones de crudo de Irán podrían disminuir de forma más significativa, entre 0,8 y 1,5 mb/d durante 4-10 semanas, dependiendo de la rapidez con la que se normalicen las operaciones. Los precios del oro y del petróleo aumentarán, pero volvieran a niveles ligeramente inferiores a los anteriores al conflicto, ya que los mercados anticipan el fin de la interrupción.
  • Deterioro del tránsito: Este escenario describe un ataque importante de EEUU y una fuerte respuesta iraní, en la que Irán aumenta la presión marítima en el Golfo, pero evita cerrar completamente el estrecho de Ormuz para no perjudicar su propia economía y la de China, que depende del petróleo iraní. Irán emplearía tácticas como el acoso con lanchas rápidas, la incautación selectiva de petroleros y demostraciones con drones o misiles para aumentar el riesgo. El transporte marítimo se ralentizaría, con la retirada de algunos buques, el aumento de los costes de los seguros y la posible necesidad de escoltas navales, lo que reduciría la productividad de la flota. Stephan Werner, director de estrategia de inversión en renta variable de DWS, avisa que "esta pérdida de productividad se traducirá en una reducción efectiva del suministro de aproximadamente 2,5 mb/d durante varias semanas. Esto podría provocar un aumento de los precios del Brent y un ensanchamiento de los diferenciales, al igual que a principios de 2022, ya que los participantes en el mercado competirían por el suministro inmediato de petróleo». Al igual que en el escenario anterior, se espera que los precios bajen una vez que se vislumbre el fin de la interrupción.
  • Bloqueo del tránsito en el estrecho de Ormuz: Este escenario supone un cambio sustancial. El impacto en los precios de las materias primas será más prolongado y sostenido. El precio del petróleo puede dispararse y mantenerse elevado hasta que el estrecho se reabra y vuelva a estar plenamente operativo. Además de la pérdida de barriles iraníes, las exportaciones de otros Estados del Golfo también podrían verse interrumpidas hasta que el estrecho vuelva a estar libre para el tráfico marítimo. Es probable que el precio del oro alcance nuevos máximos. Los precios de otras materias primas también podrían subir, especialmente los de las que se exportan desde el Golfo. El GNL de Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar se vería afectado por interrupciones, aunque algunos flujos podrían desviarse a través de gasoductos. Dado que Irán es el tercer exportador mundial de urea, es probable que los precios de este producto aumenten, lo que elevaría los costes de los fertilizantes y los productos industriales y podría provocar un aumento de los precios de los alimentos. Frank Kelly, fundador y socio gerente de Fulcrum Macro Advisors LLC, señala que, además del posible cierre del estrecho de Ormuz, también está siguiendo de cerca si se produjeran ataques contra infraestructuras petroleras críticas del Golfo, lo que “podría ser tan o más perjudicial para las exportaciones de petróleo del Golfo”. Sin embargo, Darwei Kung, director de materias primas de DWS, señala: “EEUU ha demostrado un fuerte deseo de mantener la producción de petróleo. Durante la Guerra del Golfo de 1990-91, las fuerzas estadounidenses y aliadas hicieron todo lo posible por proteger los yacimientos petrolíferos con tropas terrestres. Durante los conflictos más recientes, EEUU e Israel han demostrado una intención muy clara de evitar la destrucción de las infraestructuras petroleras tanto de Irán como de Venezuela. Irán podría intentar interrumpir la producción de petróleo, y cabría esperar que EEUU aplicara toda su fuerza para proteger las infraestructuras petroleras”.

Swisscanto: efectos limitados sobre economía y mercados mundiales

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, también cree que los efectos sobre la economía mundial y los mercados globales deberían seguir siendo limitados: "Por lo tanto, por el momento, mantenemos los ajustes en nuestra asignación de activos decididos para marzo". 

La escalada en Oriente Medio y el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz están provocando un aumento de los precios de la energía (precio del petróleo +35% en lo que va del año, +10% hoy), lo que dificulta nuevas bajadas de los tipos de interés. Los mercados bursátiles globales registran pérdidas de alrededor del 2%.El oro y el dólar estadounidense son buscados como refugios seguros, y la volatilidad se mantiene alta. El aumento de la producción anunciado por la OPEP+ contrarresta el alza de los precios de la energía. Los vínculos económicos globales con Irán son limitados. El principal riesgo sigue siendo una escalada del conflicto y precios de la energía elevados a largo plazo.  

Aunque la escalada en Irán tiene el potencial de cambiar el equilibrio de poder en la región, "consideramos que los riesgos para los mercados financieros globales son limitados". A medio plazo, incluso es posible una relajación de las tensiones. El ataque no ha sido completamente inesperado. Están especialmente amenazadas la producción y el suministro de petróleo y gas natural que se exportan a Extremo Oriente (por ejemplo, a Corea e India). Sin embargo, "esperamos que otros productores puedan cubrir al menos parcialmente posibles cuellos de botella en la oferta. Por lo tanto, suponemos que se repetirá el patrón histórico de las crisis geopolíticas y que el aumento del precio del petróleo será temporal".

A nivel macroeconómico, la dependencia de la economía mundial del petróleo ha tendido a disminuir y la diversificación regional ha aumentado. En una primera reacción, los refugios seguros típicos como el oro, el franco suizo, el dólar estadounidense y, dentro de las acciones, las empresas defensivas de consumo o farmacéuticas, se verán beneficiados. En general, los mercados financieros globales están respaldados por la caída de los tipos de interés y los sólidos y crecientes beneficios empresariales, lo que hace que la economía sea más resistente frente a un choque exógeno limitado. 

"En conjunto, no esperamos un efecto significativo, ya que hemos creado posiciones compensatorias mediante la compra de materias primas, dólares estadounidenses y acciones del sector de materiales básicos, así como con los sobrepesos existentes en oro e inversiones alternativas. A corto plazo, nuestra táctica de inversión, con un beta superior a 1, sufrirá bajo el actual sentimiento risk-off. Es probable que reaccionen negativamente, en particular, los valores secundarios y los mercados emergentes, ya que ambos segmentos han tenido un buen desempeño recientemente y, por lo tanto, son más susceptibles a la toma de beneficios. Además, son sensibles a un aumento del precio del petróleo. Los bonos soberanos muestran actualmente pocos movimientos, por lo que el efecto en la parte de renta fija probablemente será limitado", explica.

"Estamos convencidos de que los riesgos geopolíticos suelen estar sobreestimados y rara vez tienen efectos duraderos en los mercados financieros. La economía mundial es sólida y no esperamos un efecto negativo significativo en los beneficios empresariales. Por ello, seguimos siendo constructivos y mantenemos una sobre ponderación en acciones. Sin embargo, si el precio del petróleo superara los 100$, contrariamente a nuestras expectativas, reconsideraríamos una reducción del riesgo".  

Franklin Templeton: incertidumbre sobre duración, desenlace e impacto

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, avisa en un análisis que el conflicto en Irán "conlleva una incertidumbre significativa en torno a su duración, el desenlace para el propio país y las repercusiones en la región y más allá". Trump ha sugerido que la actividad militar podría prolongarse hasta un mes, con el objetivo declarado de degradar de forma drástica las capacidades militares de Irán y, potencialmente, propiciar un cambio de régimen. La respuesta inicial de Irán ya ha incluido ataques de amplio alcance en toda la región, dirigidos no solo contra bases militares estadounidenses, sino también contra infraestructuras civiles e instalaciones petroleras. La evolución de estos acontecimientos determinará el impacto económico y sus efectos en los mercados financieros.

A corto plazo, el aumento de los precios del petróleo debería elevar las expectativas de inflación y llevar a los inversores a anticipar una postura menos acomodaticia por parte de los bancos centrales. Es probable que el dólar estadounidense se fortalezca temporalmente, reflejando tanto una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed como el hecho de que la economía estadounidense es mucho menos vulnerable a un shock petrolero que el resto del mundo.

Los bonos del Tesoro de EEUU podrían recibir flujos hacia activos refugio, "aunque, dado el riesgo inflacionario, no espero un rally sostenido en el tramo largo de la curva". Los mercados emergentes se verán puestos a prueba, especialmente aquellos países importadores de petróleo, que son más vulnerables.

"Los riesgos para el crecimiento global se intensificarán cuanto más se prolongue el conflicto; no obstante, sería necesario un shock sustancial y prolongado en la oferta y los precios del petróleo para desencadenar una recesión global, siendo EEUU, de nuevo, menos vulnerable que el resto del mundo", explica.

Ebury: Los activos refugio cotizan al alza tras los bombardeos a Irán

Los primeros indicios sugieren que las repercusiones de los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán en los mercados financieros "serán moderadas, en parte porque los inversores ya habían anticipado en cierta medida un recrudecimiento de las tensiones", señala el je de Estrategia de Mercados de Ebury, Mattheu Ryan. Además, el hecho de que el ataque se produjera con los mercados cerrados ha ayudado a contener las reacciones iniciales: los índices saudíes solo retrocedieron un 2% durante el fin de semana. Aunque al inicio de la sesión bursátil del lunes 2 de marzo en Asia se observó una compra de divisas refugio como el dólar y el franco suizo, los movimientos han permanecido contenidos hasta el momento. 

En cambio, el precio del petróleo ha experimentado un alza más pronunciada, superior al 10%, tras conocerse que el estrecho de Ormuz, vital para el suministro de crudo hacia los mercados asiáticos, permanece cerrado a efectos prácticos en el corto plazo. En los próximos días, la atención de los inversores se centrará en la evolución del conflicto. Los aspectos clave serán si la guerra se resuelve con rapidez o se prolonga, y si el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tráfico marítimo. 

Paralelamente, los operadores seguirán de cerca el informe de empleo de Estados Unidos, que se publicará el viernes, ya que resulta poco probable que la Reserva Federal implemente nuevos recortes de tipos si no se produce un deterioro sostenido del mercado laboral. 

  • EUR: El informe preliminar del IPC del martes debería confirmar que el BCE ha logrado devolver la inflación a su objetivo. El riesgo geopolítico podría presionar a la baja al euro a corto plazo, aunque cabe destacar que la mayor parte del crudo que transita por el estrecho de Ormuz se dirige a Asia y no a Europa. Sin embargo, un aumento sostenido de los precios del petróleo tendría un impacto negativo en la moneda común, dada la condición de Europa como importadora neta de energía y el consiguiente deterioro de sus términos de intercambio. La duración del conflicto será determinante. El presidente Trump ha señalado que las operaciones en Irán van "por delante de lo previsto", aunque por ahora no hay indicios de negociaciones ni de alto el fuego. Además, ni Rusia ni China parecen dispuestas —o capaces— de brindar apoyo significativo a su aliado iraní, lo que representa una señal positiva para los mercados. 
  • USD: En circunstancias normales, la atención esta semana se habría centrado principalmente en el informe de empleo del viernes. Se espera que continúe mostrando una creación de puestos de trabajo moderada, escasos indicios de despidos masivos y un crecimiento salarial saludable pero no excesivo, en línea con la tendencia reciente. Los datos de precios al productor de la semana pasada confirmaron la ausencia de una desinflación, con el índice de precios al consumidor aún por encima del objetivo. El repunte de los precios del petróleo no ayudará en este sentido, aunque el rol de EEUU como exportador neto de crudo convierte este factor, en términos generales, en positivo para el dólar. Dado que el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio en periodos de conflicto geopolítico, es previsible que su tendencia bajista se interrumpa en las próximas semanas. La intensidad de esta recuperación dependerá en gran medida de la duración y la escala del conflicto. Aunque varios líderes clave de la Guardia Revolucionaria Islámica han sido eliminados, aún no está claro si esto marca el inicio de un cambio de régimen histórico o si sus sucesores simplemente llenarán el vacío de poder. Cualquier indicio de que se esté produciendo este segundo escenario reforzaría el respaldo al dólar. 
  • GBP: Es probable que la libra esterlina se deprecie en las próximas semanas. El conflicto con Irán ha elevado las primas de riesgo en todos los activos, lo que suele perjudicar especialmente a monedas como la libra. A ello se suman riesgos políticos internos crecientes. La reciente pérdida de un escaño (tradicionalmente poseído por el Partido Laborista) a manos de los Verdes ha fortalecido a las corrientes más izquierdistas dentro de la formación de Starmer, incrementando la incertidumbre sobre la disciplina fiscal y augurando un peor desempeño para el mercado de bonos soberanos y la libra. Como factor positivo, el respaldo de los tipos de interés elevados se mantiene sólido y los últimos datos económicos han superado las expectativas. Aunque se anticipa que el Banco de Inglaterra recorte nuevamente los tipos en su próxima reunión del Comité de Política Monetaria a finales de mes, las sorpresas alcistas recientes en indicadores de actividad, especialmente el informe de ventas minoristas de enero, sugieren que el comité podría adoptar una postura algo más cautelosa de lo previsto.
25Feb

El punto clave es que la retirada del paraguas de la IEEPA elimina una parte significativa del margen de maniobra política de Trump. Hasta ahora ha utilizado los aranceles tanto como herramienta económica como de política exterior para imponer sus posiciones frente a otros países.

Miguel Ángel Valero

Más de 1.400 empresas han demandado a la Administración Trump para reclamar la devolución de los pagos efectuados por los aranceles anulados por el Tribunal Supremo de EEUU. Entre los grandes grupos que han presentado esas reclamaciones figuran FedEx, L’Oréal o Dyson. 

Sin embargo, esta avalancha de demandas no es nueva: ya antes de la sentencia, cuando el Tribunal Supremo ya mostraba cierto escepticismo respecto a los aranceles, cientos de compañías habían iniciado procesos similares. En diciembre de 2025, más de 700 empresas —entre ellas el gigante de la distribución Costco— ya habían actuado.

La sentencia del Supremo no aclara si los 175.000 millones de dólares recaudados deberán devolverse. El proceso para determinarlo deberá resolverse en una instancia inferior y podría prolongarse durante meses o incluso años. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya ha señalado que es improbable que esas devoluciones se efectúen pronto: “tengo la sensación de que los americanos no lo verán”.

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, aporta su análisis sobre la cuestión arancelaria tras el fallo del Supremo, que ha declarado ilegal el actual régimen de aranceles aplicado en virtud de la IEEPA. La sentencia confirma los pronunciamientos de dos tribunales inferiores del año anterior y no ha supuesto una sorpresa, a la luz del tono y el alcance de las consideraciones que el propio Supremo ya había anticipado en sus deliberaciones en noviembre de 2025.

Persiste, no obstante, un elevado grado de incertidumbre, ya que el Supremo ha dejado en manos de los tribunales inferiores la determinación del procedimiento para la eventual devolución de los aranceles ya abonados. Esta decisión anticipa un periodo de notable confusión en los próximos meses. El propio Trump ha señalado quela cuestión podría “derivar en cinco años de litigios”.

Dado que la Casa Blanca dispone de múltiples instrumentos alternativos para imponer aranceles, la reacción del Ejecutivo no ha resultado especialmente sorprendente. El presidente ha anunciado formalmente el recurso a la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que autoriza la imposición de un arancel general de hasta el 15% durante un periodo máximo de 150 días. El viernes comunicó un gravamen inicial del 10%, que elevó al 15% apenas 24 horas después, para posteriormente rectificar y dejarlo en el 10%.

El “nuevo” régimen arancelario ha entrado en vigor el martes 24 de febrero y se extenderá durante 150 días, hasta julio. En teoría, podría prorrogarse mediante votación en el Congreso. Sin embargo, con una mayoría muy ajustada y las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, no es evidente que los republicanos respalden la aprobación de nuevos aranceles.

Aunque jurídicamente podría ser cuestionable, el presidente de EEUU podría dejar expirar el plazo de 150 días, declarar una nueva emergencia y reimplantar los aranceles por otro periodo equivalente. En la práctica, esto supondría la renovación constante de aranceles.

No obstante, la Administración estadounidense dispone de mecanismos potencialmente más eficaces y, previsiblemente, más sólidos desde el punto de vista jurídico. Entre ellos destaca la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite abrir investigaciones sobre sectores específicos, y bajo la cual ya se han impuesto determinados aranceles.

La Sección 301 de esa misma ley se aplica a países concretos y a “prácticas desleales”. Estos aranceles requieren investigaciones que, en promedio, han tardado alrededor de nueve meses. No obstante, ese plazo podría acortarse en el futuro, lo que permitiría a EEUU implantar aranceles más focalizados en lugar de recurrir a un gravamen general del 10%.

Por su parte, la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 autoriza la imposición de aranceles significativamente más elevados, de hasta el 50%, frente a “prácticas desleales”, y que también requieren de una investigación previa. Con todo, no parece que Trump aspire a un nivel del 50%; un promedio en torno al 15% se perfila como un umbral que los mercados y las empresas podrían asimilar con mayor comodidad.

La eliminación de los aranceles ilegales bajo la IEEPA implica que el tipo efectivo global descenderá ligeramente hasta alrededor del 14%, desde el 15%-16%. 

El punto clave es que la retirada del paraguas de la IEEPA elimina una parte significativa del margen de maniobra política de Trump. Hasta ahora ha utilizado los aranceles tanto como herramienta económica como de política exterior para imponer sus posiciones frente a otros países. 

"Todo indica que entraremos en un régimen arancelario persistente. Éste siempre ha sido nuestro escenario base, aunque la sentencia del Tribunal Supremo añade más confusión a corto plazo. Los aranceles en el entorno del 14%-16% son significativamente más elevados que a comienzos de 2025, pero los mercados y las empresas se han acomodado a estos niveles", señala Willis.

En cuanto a las devoluciones, si finalmente se tramitasen, serán ligeramente positivas para los beneficios empresariales en EE. UU. y para la economía. La contrapartida esque el Gobierno estadounidense percibirá ingresos fiscales algo menores.

Visión muy optimista de la economía

En medio de esta situación, el discurso del Estado de la Unión de Trump -el más largo de la historia de EEUU- se centró en una visión muy optimista de la economía, subrayando la caída de la inflación, el descenso de las hipotecas y del precio de la gasolina, así como el aumento de los ingresos datos que él presentó como prueba de una recuperación contundente. 

Aun así, evitó detallar nuevas medidas sobre el coste de la vida y responsabilizó a los demócratas de los problemas de asequibilidad de la vivienda, lo que generó críticas por minimizar las preocupaciones ciudadanas.

La intervención combinó mensajes económicos con momentos patrióticos y de espectáculo, como el reconocimiento a atletas olímpicos y referencias al Mundial y a los Juegos de 2028. 

Paralelamente, afrontó fuertes tensiones políticas al atacar las políticas migratorias demócratas y provocar reacciones en directo, especialmente en torno al caso de Minnesota y la congresista Ilhan Omar. 

Pese al tono triunfalista, encuestas recientes muestran que amplias mayorías desaprueban su gestión económica, inflacionaria y arancelaria, lo que pone en duda el impacto real de su mensaje en el electorado.

Mientras tanto, sorprende positivamente la confianza de los consumidores en EEUU, con importantes revisiones al alza en las cifras de enero. El índice elaborado por la Conference Board repuntó en febrero hasta el 91,2 desde el 89 previo (dato revisado al alza en 4,5 puntos), batiendo así las previsiones de 87,1. Por componentes, la lectura también fue positiva, con el subíndice de situación actual situándose en niveles de 120 (vs. 115,8 estimado) y el de expectativas posicionándose en 72 (vs. 68,6). 

La lectura del mercado laboral fue mixta, con un 28%señalando que había más puestos de trabajo disponibles (vs. 25,8% registrado en enero), aunque un 20,6% indicó que eran más difíciles de conseguir (vs. 19% anterior). 

Con todo esto, el consumo se mantendrá resiliente y que el deterioro en la confianza observado a comienzos de año estuvo muy afectado por la fecha de cierre de la encuesta en un momento de elevada incertidumbre geopolítica. 

UBP: rotación persistente

En este contexto, la Perspectiva Semanal de UBP: Inflación moderada, rotación persistente apunta que el mercado parece estar lidiando con una contradicción: por un lado, existe la creencia de que la IA va a perturbar significativamente sectores enteros; por otro, hay escepticismo sobre si las empresas que invierten en la infraestructura que respalda la IA lograrán generar rendimientos suficientes. Aunque esto aún no está claro, los resultados corporativos recientes sugieren lo contrario.

.Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cerraron la semana en el 4,05%, frente al 4,30% de la semana anterior. En Europa, tras la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de mantener los tipos en el 2%, el consenso del mercado sugiere ahora que no habrá más recortes de tipos hasta finales de año. Sin embargo, con una inflación que actualmente ronda el 1,7% en la zona euro, los responsables de la política monetaria han indicado que el BCE está preparado para actuar si la inflación disminuye aún más.

Los datos de EE. UU. fueron mixtos, con cifras de nóminas no agrícolas (NFP) superiores a lo esperado, compensadas por cifras del IPC más débiles de lo previsto.

UBS: garantizar la resiliencia de la cartera

Por su parte, el UBS CIO Daily pone el foco en garantizar la resiliencia de la cartera en un entorno de volatilidad. La renta variable estadounidense recuperó la compostura, con el S&P 500 subiendo un 0,8% y el Nasdaq, con mayor peso tecnológico, avanzando un 1%. "No obstante, reconocemos que la volatilidad probablemente persistirá a corto plazo, ya que los mercados debaten y tratan de valorar los 'valores terminales' de compañías que podrían verse afectadas por la disrupción de la IA, al tiempo que evalúan las implicaciones de los cambiantes objetivos arancelarios de Trump. Para los inversores, esto significa que es clave asegurarse de que sus carteras puedan resistir los riesgos de mercado:

  • Diversificar la exposición a renta variable por sectores y regiones.
  • Considerar inversiones estructuradas con características de preservación de capital.
  • Garantizar asignaciones suficientes a bonos de calidad y activos alternativos".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Creemos que una cartera bien diversificada, con un uso prudente de estrategias estructuradas, puede ayudar a los inversores a resistir la volatilidad al tiempo que se posicionan para futuras ganancias. Aquellos con afinidad por el oro también pueden considerar una asignación de hasta un dígito medio en porcentaje como posible protección frente a riesgos geopolíticos".

18Feb

Los mercados están descontando la disrupción relacionada con la IA en diversos sectores y, en las últimas semanas, se ha evaporado más de un billón$ en valor bursátil.

Miguel Ángel Valero

EEUU registra un mayor reparto en los avances de su Bolsa, lo que deja una imagen distorsionada. Aunque el S&P 500 apenas se mueve en lo que va de año, su versión equiponderada (+5,5%), el Dow Jones —de perfil más industrial— (+3,2%) y el Russell 2000 (+6,7%) acumulan subidas cercanas por encima del 3% en todos los casos. Las dudas sobre las enormes inversiones previstas por los cinco grandes hiperescaladores y la posible disrupción que la inteligencia artificial (IA) pueda generar dentro del propio sector tecnológico cuestionan, por primera vez en mucho tiempo, la capacidad de este grupo de grandes tecnológicas para seguir creciendo de manera sostenida por encima del resto del índice. 

En esta línea, la publicación de los informes 13F —obligatorios para los gestores institucionales— reveló que el conglomerado de Warren Buffett había reducido casi por completo su testimonial posición en Amazon (pasa del 0,9% al 0,1% de la cartera de renta variable de Berkshire Hathaway).

A ello se suman indicadores de sentimiento empresarial en Estados Unidos que apuntan a una aceleración económica y un impulso fiscal que está llegando a manos de los contribuyentes. Durante las dos primeras semanas de la campaña de Declaración de la renta, las devoluciones promedio han sido 200$ superiores a las del año pasado.

Con este impulso cíclico y un crecimiento de beneficios más repartido, es previsible que el reequilibrio en las bolsas estadounidenses continúe a lo largo del año. No obstante, aún quedan por delante los resultados de Nvidia (25 de febrero) y Oracle (9 de marzo, pendiente de confirmación), que podrían suponer los últimos catalizadores para las grandes tecnológicas hasta la siguiente temporada de publicaciones en abril.

En el otro epicentro de la inteligencia artificial, China, sus principales compañías tecnológicas están lanzando intensas campañas de captación de usuarios coincidiendo con las festividades del Año Nuevo Lunar –regalos, sorteos, cupones de descuentes, etc…– . Su objetivo es ampliar la base de utilización de los nuevos chatbots de IA desarrollados por firmas como Alibaba o Bytedance, que permiten realizar compras en sus plataformas de comercio electrónico mediante conversación, en lugar del recorrido tradicional por la tienda online. Aunque el regulador mantiene reservas respecto a estas prácticas, la carrera por monetizar la inteligencia artificial toma una cara diferente y más agresiva a la usada por las compañías americanas.

El factor geopolítico  

Mientras, Irán y EEUU aseguran haber alcanzado un entendimiento que sienta las bases para un posible acuerdo futuro sobre el programa nuclear del régimen de los ayatolás, aunque aún queda mucho por concretar y el contexto sigue marcado por las amenazas mutuas. Los diplomáticos hablan de avances, pero subrayan que lo más complejo serán los detalles: el siguiente paso es que ambos países redacten sus propios borradores y los pongan en común. Esta segunda ronda de negociaciones se celebró después de que EEUU desplegara una fuerza naval y de que Irán iniciara maniobras en el estrecho de Ormuz.

Trump advirtió que “no creo que quieran las consecuencias de no alcanzar un acuerdo”, mientras que el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, amenazó señalando que “incluso los ejércitos más poderosos del mundo pueden verse golpeados de tal manera que sean incapaces de volver a ponerse en pie”.

La Unión Europea votará la próxima semana la Ley de Aceleración Industrial, que introduce el concepto “Made in Europe”. La norma establecerá requisitos mínimos de contenido europeo y de bajas emisiones de carbono para los productos adquiridos mediante contratación pública o que reciban subvenciones industriales. La contratación pública del bloque asciende a más de 2 billones€ —el 14% del PIB europeo— y dará prioridad a los bienes producidos en Europa. 

La legislación fijará criterios específicos para cada sector estratégico. En el caso del automóvil, los fabricantes deberán garantizar que los vehículos eléctricos, híbridos y de pila de combustible se ensamblen en la UE y que el 70% de sus componentes —medidos por valor y excluyendo la batería— tengan origen europeo. Para que los productores de aluminio reciban subvenciones, se exigirá un mínimo del 25% de contenido europeo y de bajas emisiones de carbono, mientras que en el cemento el umbral será del 5%.

Columbia Threadneedle: ¿Estamos ante la Gran Rotación?

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, comenta que el S&P 500 se encuentra apenas un 2% por debajo de sus máximos históricos y las acciones estadounidenses no han registrado variaciones significativas en lo que va de año. Sin embargo, dentro del mercado, las tecnológicas conocidas como las “Magnificent 7”, que han disfrutado de un sólido comportamiento en los últimos años, acumulan una caída cercana al 7%. 

"Desde una perspectiva de estilo, estamos observando una rotación, con el estilo value superando al growth y un mejor desempeño de las small caps. ¿Estamos ante una gran rotación? Observamos mucho movimiento en el mercado estadounidense. La temporada de resultados ha sido sólida, pero los inversores están mostrando cada vez más cautela respecto a los compromisos de inversión en IA de muchas compañías tecnológicas", argumenta.

Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft prevén gastar conjuntamente 660.000 millones$ en los próximos 12 meses. Esta cifra es muy superior a lo esperado y plantea interrogantes sobre los retornos esperados de este enorme gasto. Anteriormente, un gasto de capital tan significativo era bien recibido, pero ahora los inversores han empezado a observarlo con cierto escepticismo. 

"En un plano másamplio, estamos viendo cómo los mercados están descontando la disrupción relacionada con la IA en diversos sectores y, en las últimas semanas, se ha evaporado más de un billón$ en valor bursátil. En cuanto a la disrupción percibida en los modelos de negocio, vemos cómo varios sectores se han visto afectados. Entre ellos se encuentran el software, los servicios jurídicos, la consultoría IT, la gestión patrimonial, la logística y el inmobiliario. Con el tiempo se obtendrá una mayor claridad sobre la realidad de esta disrupción, pero por ahora parece que algunas áreas están siendo excesivamente castigadas en las ventas", apunta.

"En 2025, toda empresa relacionada con la IA era considerada 'ganadora'. En lo que llevamos de 2026 estamos viendo una diferenciación significativa entre ganadores y perdedores esperados. En el ámbito tecnológico, por ejemplo, las compañías de hardware han superado a las de software. En los otros sectores mencionados abundan los titulares sobre disrupción, pero hay poca evidencia concreta de lo que esto significa en la práctica", subraya.

"Es demasiado pronto para afirmar hasta dónde llegará esta rotación, pero estamos presenciando cambios en el sentimiento respecto a cómo evolucionará la IA. Nos encontramos en una fase temprana de adopción y al inicio de una tendencia de largo plazo. Con el tiempo surgirá una mayor claridad, pero por ahora los inversores están siendo algo más prudentes con respecto a las grandes tecnológicas", añade.

"Un aspecto positivo de las recientes dificultades del sector tecnológico es que otros sectores que habían pasado desapercibidos están recibiendo mayor atención. Hemos visto a las small caps, las acciones value y otras regiones demostrar un mejor comportamiento, entre ellas Japón, Asia y América Latina. ¿Cómo se refleja esta situación en nuestras perspectivas y posicionamiento de nuestras carteras? Recientemente hemos reducido nuestra asignación a EEUU hasta neutral tras un prolongado período de sobre ponderación. No obstante, seguimos observando abundantes oportunidades en EEUU, especialmente en compañías de menor capitalización (small caps). La economía estadounidense se mantiene en una situación razonablemente sólida, con un crecimiento económico firme y unos estímulos fiscales que podrían aportar apoyo adicional en los próximos meses. Además, existe la posibilidad de que la Reserva Federal desarrolle una política monetaria más laxa. Los verdaderos ganadores y perdedores de la IA tardarán en definirse y, a medida que esto ocurra, es probable que muchos inversores busquen oportunidades más amplias, quizá con una perspectiva más global y prestando mayor atención a las acciones value y a las small caps", concluye este experto.

UBS: redoblar la apuesta por la diversificación

Por su parte, el UBS CIO Daily se pregunta si ¿Es momento de redoblar la apuesta por la diversificación?: "Las últimas semanas han sido de todo menos tranquilas. Las preocupaciones sobre la disrupción impulsada por la IA han provocado fuertes movimientos en Bolsa y pérdidas estimadas de capitalización bursátil superiores a 1 billón$. A diferencia de episodios anteriores de turbulencias en los sectores tecnológico y de servicios de comunicación, el reciente ajuste de valoraciones se ha extendido a un abanico más amplio de sectores donde se teme que la aplicación de la IA tenga consecuencias más disruptivas. Entre ellos, software, servicios jurídicos, logística, seguros e inmobiliario comercial".

Y se responde: "una volatilidad más generalizada refuerza la necesidad de diversificación en las carteras, un principio cuya eficacia está respaldada por décadas de evidencia empírica:

  • La diversificación ayuda a gestionar la dispersión de resultados entre y dentro de las distintas clases de activos.
  • La diversificación depende de cómo se mueven los activos entre sí.
  • La diversificación puede extenderse a filosofías de inversión alternativas.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Nuestra visión sobre la inteligencia artificial sigue siendo que los inversores deberán ser ágiles; responder a cambios rápidos y a una creciente difuminación entre las capas de habilitación, inteligencia y aplicación dentro de la cadena de valor de la IA; y estar muy atentos a lo que el economista Joseph Schumpeter denominó ‘destrucción creativa’, inherente a las innovaciones tecnológicas".

“Dentro de nuestras preferencias sectoriales en renta variable estadounidense, mejoramos industriales a Attractive y rebajamos servicios de comunicación a Neutral. Aun así, los fundamentos de la economía estadounidense son sólidos. Seguimos calificando la renta variable estadounidense como Attractive y esperamos que un crecimiento saludable de beneficios y una Fed favorable impulsen las bolsas al alza. Nuestro objetivo para el S&P 500 a cierre de año se mantiene en 7.700”, señala David Lefkowitz, Head US Equities

“A medida que se intensifica la competencia por el liderazgo en IA, las necesidades de financiación del ecosistema privado de IA están emergiendo como un posible talón de Aquiles para los mercados públicos. Si el acceso al capital se endurece, el riesgo de una caída en la demanda de capacidad de cómputo podría afectar tanto a compañías de cloud como de semiconductores”, avisa Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities.