15Jan

Todas las divisas del G10 ganaron terreno frente al dólar el año pasado ante la errática política comercial estadounidense. La corona sueca encabezó el ranking de rendimiento, seguida de cerca por el franco suizo y el euro, que estuvo impulsada por la sorprendente solidez que demostró la economía de la Eurozona.

Miguel Ángel Valero

El dólar pierde su trono tras la guerra arancelaria de Trump, asegura Ebury en sus Perspectivas para los Mercados Globales en 2026. Tras los anuncios realizados el Día de la Liberación en abril, la respuesta inmediata de los mercados fue una inusual huida hacia activos refugio y una venta masiva y simultánea de activos estadounidenses (dólar, bonos del Tesoro, acciones). El dólar perdió casi un 12% de su valor, ante el temor de que los aranceles pudieran provocar una desaceleración de la economía estadounidense, una recesión y una política monetaria mucho más acomodaticia por parte de la Reserva Federal.

Desde entonces, los temores sobre los aranceles se han atenuado considerablemente tras la firma de una serie de acuerdos clave entre Estados Unidos y sus principales socios comerciales, entre los que destacan la Unión Europea, Japón y China. El índice de incertidumbre sobre la política comercial de EEUU, que a principios de año alcanzó niveles sin precedentes, ha descendido significativamente. La firma de los acuerdos comerciales no solo ha aportado una mayor certidumbre a las empresas, sino que también ha dado lugar a una reducción de los tipos arancelarios mundiales: el tipo arancelario medio de Estados Unidos se estima que se encuentra ahora en un 15%. Se trata de un porcentaje muy inferior al máximo del 23%, aunque sigue siendo un salto cualitativo con respecto a los niveles previos a los mandatos de Trump, que se situaban entre el 2 % y el 3%.

También se observa un impacto más moderado de los aranceles en la economía mundial de lo que se temía en abril, y la mayoría de los países han capeado bastante bien el temporal arancelario hasta ahora. 

El aumento de los aranceles estadounidenses, los estímulos fiscales y los riesgos geopolíticos pueden contribuir a las presiones inflacionarias en 2026, aunque en Ebury creen que continuará la senda gradual de desinflación, gracias a la caída de los precios de las materias primas.

Todas las divisas del G10 ganaron terreno frente al dólar el año pasado, siendo las principales beneficiadas las europeas, que emergieron como alternativa ante la errática política comercial estadounidense. La corona sueca encabezó el ranking de rendimiento, seguida de cerca por el franco suizo y el euro, que estuvo impulsada por la sorprendente solidez que demostró la economía de la Eurozona.

2026: un año de optimismo cauteloso y crecimiento impulsado por la IA

Los expertos de Ebury avisan que "entramos en 2026 con una serie de incertidumbres clave que siguen pesando sobre los mercados". Aunque la incertidumbre arancelaria ha quedado prácticamente atrás, "aún estamos lejos de ver el efecto completo de los aranceles sobre la economía mundial", que "durará un par de años o más", ya que las empresas han absorbido parte de los sobrecostes.

La respuesta de las economías a los aranceles será clave para la trayectoria de la política monetaria en 2026. "Creemos que el crecimiento mostrará resiliencia este año, en parte debido a la moderación de la inflación y a la flexibilización de la política monetaria. La inversión en inteligencia artificial (IA) debería proporcionar un impulso al crecimiento, especialmente en EEUU", apuntan.

La inflación podría mantenerse elevada debido a los aranceles y al impacto de los cambios demográficos en el mercado laboral, pero se mantendrá cerca de los objetivos de los bancos centrales este año y muchos de ellos estarán pensando en el momento adecuado para subir los tipos de interés. En Estados Unidos, los mercados estarán más pendientes de la nueva composición del FOMC, y especialmente dela sustitución de Powell en mayo como presidente.

Las tendencias más importantes en los mercados este año, según Ebury, serán:

  • 1) El crecimiento mundial mostrará resiliencia en medio del boom de IA. El crecimiento mundial mostró una resiliencia sorprendente en 2025 ante el proteccionismo estadounidense, impulsado por unos mercados laborales robustos, una inflación generalmente moderada y unas políticas monetarias y fiscales más acomodaticias. Está resiliencia se mantendrá en 2026. La incertidumbre arancelaria debería seguir pesando sobre el comercio, pero no esperamos que la actividad mundial se vea muy afectada ahora que se han reducido la mayoría de las restricciones comerciales. La bajada de tipos por parte de los bancos centrales debería permitir unas tasas de crecimiento sólidas, especialmente teniendo en cuenta el desfase temporal entre los recortes y el repunte de la actividad económica. Una cuestión clave es cómo afectará la IA a la economía mundial. Quienes esperan un crecimiento explosivo inmediato impulsado por la IA quizá tengan que esperar, ya que las mejoras significativas en la productividad tardarán varios años en llegar. Sin embargo, la inversión en IA por sí sola podría aumentar considerablemente el PIB, mientras que los primeros indicios de mejoras operativas (por ejemplo, la eliminación de tareas rutinarias y la optimización de la asignación de recursos) podrían dar lugar a ligeras mejoras en la eficiencia corporativa. Esto debería suponer una ventaja para el mundo desarrollado, más que para los mercados emergentes, y especialmente para EEUU y China, que lideran la inversión en IA. Con los mercados laborales abocados a enfriarse este año (el estadounidense y el británico parecen especialmente frágiles), el gasto fiscal debería apuntalar en cierta medida el crecimiento. Sin embargo, este gasto será desigual entre países. Europa es un buen ejemplo de ello. Los países con bajos niveles de deuda (Alemania y los países nórdicos) están en una posición más saneada para acometer grandes inversiones públicas, mientras que las naciones más endeudadas (Italia, Francia) tendrán mucho menos margen de maniobra. Este problema se ve agravado por la aparente incapacidad de las autoridades del bloque para aprobar reformas de pensiones, lo que supone una mayor carga para los contribuyentes, que deberán sostener económicamente a una proporción cada vez mayor de la población; un problema que no se da exclusivamente en la zona euro.
  • 2) Los principales bancos centrales adoptarán una postura agresiva. Gran parte de los ciclos de recortes ya han quedado atrás en el G10. El BCE parece haber terminado, la Fed y el Banco de Inglaterra no parecen tener mucho más margen (como mucho, quizá uno o dos recortes más), mientras que se espera que otros pocos (entre ellos el RBA, el RBNZ y el BoC) empiecen a subir tipos en 2026. Para finales de año, no solo creemos que los tipos de los bancos centrales habrán tocado fondo, sino que las condiciones económicas podrían justificar un moderado endurecimiento de las condiciones de financiación en algunas economías. Es probable que muchas de las economías avanzadas sigan experimentando una inflación superior al objetivo este año. Una posible caída de los precios de la energía, que se vería aún más intensificada por un alto el fuego entre Rusia y Ucrania, podría dar lugar a una inflación general más débil. Sin embargo, es probable que las presiones sobre los precios subyacentes sigan persistiendo, especialmente en el sector servicios. La relativa rigidez de los mercados laborales podría mantener elevado el crecimiento salarial, mientras que los aranceles estadounidenses y la erosión de la independencia de la Fed proporcionan más argumentos para una postura 'hawkish' por parte de los bancos centrales. La principal consecuencia de cualquier posible giro hacia una política monetaria más restrictiva es el impacto en los rendimientos de los bonos a nivel mundial. Los mercados financieros miran siempre hacia el futuro, por lo que un indicio de un cambio hacia una política monetaria más restrictiva podría provocar un aumento de los rendimientos en el extremo corto de la curva (y posiblemente en el largo si las expectativas de inflación se desanclan). Un aumento gradual y controlado de los rendimientos, provocado por las fuertes expectativas de crecimiento o las ligeras subidas de los tipos de interés, resultaría aceptable. No obstante, una subida de rendimientos más brusca haría sonar las alarmas, dado su impacto en las valoraciones bursátiles, los costes de financiación y el riesgo de recesión. "Por lo tanto, sugerimos a los bancos centrales que actúen con mucha cautela". La deuda soberana también supone un riesgo importante para los rendimientos de los bonos soberanos este año, ya que los gobiernos de muchas economías avanzadas se enfrentan a enormes déficits fiscales y elevados ratios de deuda sobre el PIB. El aumento del endeudamiento debido al envejecimiento de la población, la disminución de la población activa y las políticas antiinmigración deberían dar lugar a una mayor emisión de deuda y añadir una presión alcista adicional sobre los rendimientos. Los gobiernos están teniendo enormes dificultades para introducir recortes al gasto público, por pequeños que sean. Un aumento significativo de los rendimientos de los bonos soberanos a largo plazo es el mayor riesgo para la economía mundial en 2026.
  • 3) ¿Continuará la debilidad del dólar estadounidense? A pesar de la depreciación del dólar este año, seguimos siendo pesimistas en 2026. La incertidumbre comercial ha disminuido, pero no ha desaparecido, y creemos que los aranceles deberían mantener una prima de riesgo sobre el dólar, aunque sea modesta. Es probable que el mercado laboral estadounidense se enfríe aún más, sobre todo porque la economía sigue adoleciendo de una menor inmigración, el auge de la IA y los cambios demográficos, en particular el envejecimiento de la población activa. Hasta ahora, los datos apuntan a una economía que no genera empleo pero que tampoco lo destruye, y aunque no esperamos una desaceleración masiva, la congelación de las contrataciones suele preceder al aumento de los despidos. Los temores de un aumento de la inflación provocado por los aranceles están resultando infundados hasta ahora. No creemos que la Fed se vaya a precipitar, pero con la inflación en descenso y el mercado laboral enfriándose, se sentirá cómoda llevando a cabo nuevos recortes en 2026, lo cual debería pesar sobre el dólar. Esperamos al menos dos recortes de tipos este año, un ritmo de bajadas más agresivo que el esbozado en el gráfico de puntos del FOMC en diciembre de 2025
  • 4) La batalla por el control de la Fed. La incertidumbre en torno a la composición del Comité Federal de Mercado Abierto será clave para los mercados este año. No solo afectará a la posible trayectoria de los tipos de interés estadounidenses, sino también al grado en el que la Fed podrá mantener su independencia. Como es lógico, la atención se está centrando en quién sustituirá a Powell cuando termine su mandato en mayo. Los mercados de apuestas siguen apuntando al aliado de Trump y moderado Kevin Hassett, favorito según Polymarket (40%), aunque por un margen muy estrecho frente sobre Kevin Warsh (37%). Pero algunas figuras destacadas dentro de la Administración Trump se oponen a su  nombramiento. No creemos que el nombramiento de Hassett o Warsh vaya a cambiar drásticamente la trayectoria de los tipos de interés, a pesar de sus claras preferencias por una política monetaria flexible. Al fin y al cabo, solo representarían un voto dentro del comité y puede que les resulte difícil conseguir el apoyo de sus compañeros. Además la preocupación por salvaguardar la credibilidad de la institución actuará como contrapeso frente a las injerencias de la Casa Blanca. La rotación anual de los miembros con derecho a voto, que se producirá este mes, también debería ser un factor mitigante, ya que tres de los cuatro nuevos miembros con derecho a voto (Hammack, Logan y Kashkari) son considerados 'halcones'. En cualquier caso, tanto un presidente dovish de la Fed, como los temores persistentes sobre la independencia de la institución respaldan nuestra visión pesimista para el dólar. Curiosamente, los tipos a largo plazo de los bonos del Tesoro estadounidense se mantienen altos e incluso han aumentado, a pesar de las recientes comunicaciones dovish de la Reserva Federal. De momento, las expectativas de inflación en EEUU siguen contenidas, pero eso podría cambiar si la influencia de Trump sobre la política monetaria se intensifica y empieza a manifestarse de forma más evidente. En este sentido, la decisión del Tribunal Supremo sobre la gobernadora de la Fed, Lisa Cook, será clave, y es probable que se emita en algún momento del segundo trimestre.
  • 5) El estímulo alemán podría impulsar la recuperación europea. Tenemos una visión ligeramente optimista con respecto a la economía de la zona euro en 2026. Los indicadores recientes de actividad sugieren que la economía de la zona euro está evolucionando relativamente bien, con un crecimiento que ha superado las previsiones del BCE. La demanda interna parece estar compensando el impacto externo de los aranceles, una tendencia que creemos que continuará dada la menor inflación (en particular, la caída de los precios de la energía) y la reducción de los costes de financiación. También vemos indicios de que el bloque común se está adaptando rápidamente a los aranceles, diversificando los destinos de sus exportaciones, y apostando especialmente por los mercados asiáticos. La actividad debería verse respaldada por el enorme paquete fiscal alemán que prevé una inversión de 500.000 millones€ en infraestructura, cuyo impacto económico todavía no se ha materializado por completo. Prevemos que esta inyección fiscal aumente el empleo, el consumo interno y la inversión en 2026, lo que debería traducirse en un crecimiento más alto en la economía de la zona euro (Alemania representa entre el 25% y el 30%). Creemos que este año se pueden dar sorpresas al alza en el crecimiento europeo dada la renovación de las infraestructuras, la solidez del mercado laboral, una política monetaria más acomodaticia y la mayor inversión en IA. Estas sorpresas serían incluso más probables si el efecto negativo de los aranceles se disipa más rápido de lo previsto.
  • 6) La economía británica se ralentizará ante los crecientes obstáculos fiscales. La economía británica se mantendrá en un estado de estanflación. En diciembre de 2025, el Comité de Política Monetaria afirmó que el presupuesto sería "ligeramente positivo" para el crecimiento del Reino Unido en 2026. No compartimos su optimismo y solo podemos suponer que esta valoración descansa sobre la asunción de que el presupuesto tendrá un efecto deflacionario que, a su vez, podría estimular la actividad. Vemos muy pocos elementos en el presupuesto que puedan considerarse favorables para el crecimiento. Dado que la presión fiscal en Gran Bretaña se encuentra ahora en máximos históricos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, vemos un mayor riesgo de que se produzca un "efecto de desplazamiento". Tampoco estamos convencidos de que un mayor gasto en bienestar social vaya impulsar de forma neta el crecimiento, ya que su "efecto multiplicador" es generalmente bajo en el Reino Unido. La naturaleza diferida de las subidas impositivas permitirá que el aumento de la presión fiscal sea moderado en el ejercicio fiscal de 2026. Sin embargo, las empresas y los consumidores no solo responden a las condiciones económicas actuales, sino que sus decisiones de gasto e inversión también se ven influidas por las expectativas a futuro. El rápido enfriamiento del mercado laboral (187 000 puestos de trabajo perdidos desde el presupuesto de 2024) dará  lugar a un menor consumo por parte de los hogares y a un crecimiento lento. La inflación en el Reino Unido ha tocado techo y debería seguir convergiendo hacia el objetivo del Banco de Inglaterra este año, tras haberse situado en noviembre más cerca del 3% que del 4% por primera vez en seis meses. Esto debería contribuir a aliviar la presión sobre los salarios reales y el poder adquisitivo de los consumidores, teniendo en cuenta que el crecimiento salarial nominal parece que se mantendrá relativamente alto. Sin embargo, la combinación de riesgos para las perspectivas nos ha llevado a revisar a la baja nuestras previsiones para la libra esterlina.
  • 7) China: la economía de Schrödinger: La ansiedad del mercado por las perspectivas de crecimiento de China se disparó tras la victoria electoral de Trump, alcanzando su punto álgido tras el Día de la Liberación. Sin embargo, desde entonces, las exportaciones chinas han demostrado una notable resiliencia gracias a una mayor diversificación hacia mercados no estadounidenses, al transbordo de mercancías y a sus precios competitivos. Además, las exportaciones se han sofisticado en los últimos años, lo que ha permitido una mayor integración de China en las cadenas de suministro mundiales. Los buenos resultados de las exportaciones y las sorpresas positivas del PIB indican que probablemente se haya alcanzado el objetivo de crecimiento para 2025, situado "en torno al 5%". No obstante, la demanda interna sigue siendo débil, el desplome del mercado inmobiliario continúa lastrando la confianza del consumidor, el desempleo juvenil sigue siendo elevado y persisten las presiones deflacionistas. La campaña destinada a frenar la competencia de precios, contribuirá en cierta medida a aliviar las presiones deflacionistas. Tenemos dos grandes dudas con respecto a China:
    • a) ¿Pondrán mayor énfasis las autoridades chinas en impulsar la demanda interna o seguirá predominando el modelo basado en las exportaciones? Las perspectivas a corto plazo apuntan solo a una desaceleración gradual del crecimiento. Las medidas para impulsar la demanda interna, como la ampliación hasta 2026 del exitoso programa de renovación de bienes de consumo, son positivas, pero los esfuerzos siguen pareciendo limitados. No se descarta la posibilidad de aplicar estímulos más contundentes, ya que la preocupación por la demanda interna parece estar cobrando mayor importancia.
    • b) ¿Cómo evolucionará la rivalidad económica entre EEUU y China? Las tensiones con EEUU se han atenuado por el momento, tras la firma de la tregua comercial a finales de octubre y las señales de que se están organizando nuevas reuniones entre Trump y Xi, pero los problemas subyacentes persisten. El tipo de cambio efectivo real seguirá respaldando la competitividad de las exportaciones chinas.
  • 8) Perspectivas favorables para las divisas de mercados emergentes. La mayoría de las divisas de los mercados emergentes deberían aprovechar un dólar más débil, especialmente bajo la presión de nuevas bajadas de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal. Estas divisas seguirán ofreciendo oportunidades de carry trade interesantes este año y muchas de ellas (especialmente las de América Latina) ofrecerán altas tasas de rendimiento real. El crecimiento en los mercados emergentes debería mantenerse sólido este año, especialmente tras la relajación de la política monetaria y el control de la inflación en gran parte de los países. Esta relajación de las presiones inflacionistas debería mejorar el atractivo de inversión en los países en desarrollo. La alta diversidad y la falta de homogeneidad entre los mercados emergentes garantizan que el rendimiento del mercado de divisas seguirá siendo desigual. Será interesante ver si el rápido auge de la IA provoca alguna divergencia en este sentido, ya que algunas economías asiáticas (en particular, China, India, Singapur, Malasia y Corea del Sur) parecen estar bien posicionadas para beneficiarse de cualquier impulso de crecimiento relacionado con ella. No obstante, el aumento de los riesgos geopolíticos podría suponer un obstáculo, en particular, la escalada de las tensiones comerciales entre EEUU y China, o un recrudecimiento de los conflictos en Oriente Medio. Se espera otro año de alto riesgo, sin la paz y la tranquilidad que anhelan los inversores.
30Dec

El aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Miguel Ángel Valero

A un día de cerrar 2025, toca hacer balance de cómo se han comportado las economías y qué podemos esperar para el próximo ejercicio. En el caso de Europa, y tras la última reunión del BCE en la que mantuvo los tipos al 2%, el equipo de análisis de Natixis CIB cree que, a pesar de las incertidumbres que aún prevalecen, parece probable que se mantenga durante un período prolongado una política monetaria sin cambios. “En ausencia de perturbaciones económicas adversas sustanciales, ahora no esperamos cambios en los tipos oficiales durante todo el año 2026”, adelantan.

Según se desprende del informe, “el ligero aumento del optimismo sobre el crecimiento económico y las perspectivas de inflación en las nuevas proyecciones del BCE sugiere que podría mantener sin cambios su postura de política monetaria durante todo el año 2026”.

No obstante, Natixis CIB enumera varios acontecimientos que pueden provocar riesgos para la inflación. En primer lugar, la probabilidad de que una resolución pacífica entre Ucrania y Rusia reduzca los precios de la energía a corto plazo, pero proporcione un crecimiento adicional a medio plazo para la reconstrucción de Ucrania. En segundo lugar, una escalada de la guerra comercial con EEUU puede tener dos efectos desinflacionistas: una disminución de las exportaciones de la zona del euro a EEUU mayor de lo que previsto actualmente, y un desvío de los productos chinos baratos de los Estados Unidos hacia la zona del euro. Y en tercer lugar, el aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Precisamente, Natixis CIB analiza en el informe la composición del FOMC en 2026, la probable dirección de los tipos de interés, las posibilidades para el próximo presidente de la Fed y otros acontecimientos importantes que podrían configurar las políticas de la Reserva Federal en el próximo año.

Eurizon: El impacto de la geopolítica será modesto

La atención de los inversores se centra en la publicación de los datos macroeconómicos de EEUU tras el cierre de Gobierno más prolongado de su historia. La atención se centra principalmente en el mercado laboral, tras la desaceleración registrada en el verano, en contraposición a la resiliencia del consumo y la inversión.

La Fed, tras recortar los tipos de interés en septiembre, octubre y diciembre, debería ralentizar el ciclo bajista a principios de 2026, considerando que se está alcanzando el tipo objetivo neutral del 3%.

En la Eurozona, el crecimiento se ha estabilizado tras la fase volátil relacionada con la guerra comercial desatada por Trump. Las expectativas para 2026 apuntan a un crecimiento sostenido, impulsado por el consumo, así como por los planes de gasto en defensa e infraestructuras. El BCE mantiene la postura a la espera, con los tipos alineados con el nivel de inflación y un impacto neutral en la política monetaria.

En China, el crecimiento en 2025 va camino de alcanzar el objetivo del 5% establecido para el año. En el primer trimestre del próximo año se fijará el objetivo de crecimiento para 2026, que probablemente volverá al 5%, aunque no se puede descartar una ligera reducción al 4,5%.El impacto de los acontecimientos geopolíticos sigue siendo modesto, con el precio del petróleo estable en el entorno de los 60$ por barril.

02Dec

Los mercados empiezan a tomarse en serio las negociaciones de paz en Ucrania. Los precios del gas en Europa han caído a mínimos desde marzo de 2024.

Miguel Ángel Valero

¿Quién necesita a los Siete Magníficos?, se pregunta un análisis de Robeco, que habla de "una larga cola de oportunidades" Durante los últimos cinco años, los mercados de renta variable se han vuelto cada vez más concentrados, con rendimientos generales impulsados por un pequeño grupo de acciones de mega capitalización. Si bien los inversores no pueden reducir fácilmente el impacto que estas empresas tienen, sí pueden evitar que esta concentración domine la rentabilidad.

Los Siete Magníficos (Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia, Tesla) pueden definir el índice de referencia, pero no necesariamente el desempeño superior. La inversión sistemática y consciente del índice mantiene bajo control a las acciones individuales

Al 30 de octubre de 2025, las acciones de los Siete Magníficos han crecido hasta representar más de una cuarta parte de todo el índice MSCI World. El aumento de la concentración ha sido constante, pero la narrativa que lo rodea no lo ha sido, empezando por el nombre. 

En la última década, este pequeño y cambiante grupo de empresas dominantes ha sido rebautizado en repetidas ocasiones: de FANG (Facebook, Amazon, Netflix, Google)a FAANG (FANG más Apple), FAANG+ (incorpora a Microsoft y a Tesla), MAMAA (Meta, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet), Siete Magníficos e incluso BATMMAAN (Siete Magníficos más Broadcom).

Cada acrónimo intenta capturar la historia de mercado predominante del momento. Y esas historias han cambiado con la misma frecuencia: desde el auge de la economía de plataformas, el impacto de la flexibilización cuantitativa, la aceleración digital impulsada por el Covid, hasta, más recientemente, el auge del entusiasmo por la IA. Sin embargo, a pesar de los cambios de nombre y narrativa, ha habido una constante: la enorme escala de estas empresas y la influencia desproporcionada que siguen ejerciendo sobre los mercados bursátiles globales. Tal aceleración rara vez se observa fuera de períodos de alta euforia. En términos prácticos, ahora menos acciones impulsan una mayor proporción del rendimiento absoluto total del mercado, de más de 300 en 2005 a solo 84 en octubre de 2025. 

El mercado puede contener miles de empresas cotizadas, pero la experiencia de tener el índice se parece cada vez más a poseer solo unas pocas. La composición de los principales índices de mercados desarrollados, como el MSCI World Index, es un reflejo claro de la narrativa predominante, como se muestra en el gráfico.

No se puede negar que estas empresas han alcanzado un tamaño tal que son motores clave de la beta (indica la volatilidad o riesgo sistemático de un activo en comparación con el mercado) del mercado y seguirán siéndolo, al menos en el futuro previsible. La verdadera pregunta es si tu alfa (cuánto rinde una cartera por encima o por debajo de su índice de referencia, el valor que aporta la gestión frente al mercado) también debe ser dictada por este mismo pequeño grupo. 

Cuando un grupo tan reducido de acciones contribuye de manera tan significativa a los rendimientos del índice, las grandes posiciones relativas en conjunto —ya sea sobre o infra ponderadas— pueden convertirse en los principales factores determinantes de si una estrategia supera o no al mercado. Para muchas estrategias activas, esto ha concentrado tanto la oportunidad como el riesgo de una manera que cuestiona los fundamentos de la diversificación, con importantes implicaciones.

Para los inversores que apuestan en contra de los líderes actuales en anticipación a una reversión a la media, el riesgo es que el impulso continúe y persista durante más tiempo de lo que los modelos de valoración podrían sugerir, lo que genera un lastre persistente en el rendimiento relativo. Sin embargo, apostar fuertemente por los ganadores también es problemático. Las posiciones sobreponderadas concentradas pueden amplificar el riesgo de la cartera y crear una exposición incómoda a una narrativa que podría cambiar con rapidez, especialmente si el impulso de las ganancias se desacelera, el entorno regulatorio cambia o los modelos de negocio se ven alterados. La historia muestra que las reversiones suelen ocurrir no de manera gradual, sino abruptamente, y después de periodos prolongados en los que se afirmaba: “Esta vez es diferente”.

Robeco ofrece un tercer camino: un enfoque sistemático y consciente del índice de referencia que distribuye el riesgo a lo largo de todo el universo de renta variable. En lugar de hacer grandes apuestas por los Siete Magníficos –o quedar completamente fuera de ellos–, la estrategia toma muchas pequeñas posiciones sobreponderadas y subponderadas, guiada por señales de rentabilidad diversificadas y controles disciplinados de riesgo a nivel de acción, sector y país. Esto evita que una sola exposición domine la cartera.El resultado es una cartera con cientos de posiciones, cada una contribuyendo de manera modesta al riesgo y retorno activo. El alfa se construye a través de la amplitud, no de apuestas concentradas; buscando capturar oportunidades en todo el mercado en lugar de depender de los principales componentes del índice en un momento dado.

UBS: entorno favorable a la renta variable global

Por su parte, UBS cree que un entorno favorable debería seguir apoyando a la renta variable global. Los mercados globales empezaron diciembre con cierta volatilidad tras las fuertes caídas en las criptomonedas, con el índice MSCI All Country World retrocediendo un 0,4%. Sin embargo, estas caídas llegan después de un notable repunte en noviembre, impulsado por el renovado optimismo sobre nuevos recortes de tipos por parte de la Reserva Federal.

"Llevamos destacando que la renta variable suele comportarse mejor cuando la economía no está en recesión y la Fed está recortando tipos. Creemos que los últimos datos económicos refuerzan este entorno constructivo", argumentan sus expertos, que mencionan tres claves:.

  • La moderación del mercado laboral mantiene el sesgo acomodaticio de la Fed.
  • La actual debilidad de la economía estadounidense probablemente será temporal y el crecimiento global debería acelerarse en 2026.
  • Las sólidas expectativas de crecimiento de beneficios deberían seguir impulsando las Bolsas.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “a medida que este entorno favorable se prolonga hacia 2026, creemos que los inversores con poca exposición a renta variable deberían incrementar su posicionamiento. En EEUU, preferimos tecnología, salud, utilities y banca. En Europa, vemos a los ‘líderes europeos’ bien posicionados para beneficiarse tanto de las políticas de apoyo como de las tendencias de crecimiento estructural. En Asia-Pacífico, nos gustan Australia, Japón, China y especialmente el sector tecnológico chino”.

DWS: precios de servicios al alza en la Eurozona

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, coloca el foco en la inflación en la zona del euro, que se mantiene persistentemente por encima de su objetivo. Mientras que el coste de la vida aumentó un 2,1% en octubre, os precios subieron un 2,2% en noviembre. Esto se debe principalmente a la desaceleración en la caída de los precios de la energía, que pasaron de -0,9 a -0,5% en noviembre. Por otro lado, la inflación subyacente se mantuvo sin cambios en el 2,4%, por tercer mes consecutivo. 

En comparación con los meses de verano, el aumento de los precios de los alimentos se ha ralentizado, pero se mantuvo en 2,5% en noviembre. No obstante, se requiere vigilancia sobre los precios de los alimentos. Cuando los precios de los productos cotidianos aumentan, esto puede llevar a mayores expectativas de inflación. En consecuencia, algunos miembros del BCE prestan más atención a la tasa de inflación, excluyendo energía, que se mantuvo sin cambios en 2,4% en noviembre.

Dentro de la inflación subyacente, la inflación de los bienes de consumo duraderos se mantuvo en 0,6% en noviembre. Sin embargo, la tendencia delos precios de los servicios sigue siendo motivo de preocupación. Mientras que los precios aumentaron un 3,1% en agosto, esta cifra subió a3,5% en noviembre. La escasez de mano de obra y los aumentos salariales en algunos países, como Alemania, parecen ser factores clave. En general, los datos de inflación del cuarto trimestre fueron ligeramente superiores a lo esperado. En los próximos meses, se anticipa un descenso temporal por debajo del 2%. En este contexto, la política monetaria está en una posición adecuada, y se espera que la tasa de interés clave se mantenga sin cambios durante el próximo año.

El mercado empieza a creerse la negociación sobre Ucrania

Steve Witkoff, figura clave en la nueva ronda de negociaciones con Rusia, ha viajado a Moscú para entablar conversaciones con Vladimir Putin sobre el plan de paz revisado entre Ucrania y EEUU. En paralelo a este acercamiento, el jefe del Estado Mayor ruso anunció la toma de la ciudad de Pokrovsk, un enclave estratégico en la defensa ucraniana, aunque las autoridades de Kiev insisten en que los combates continúan.

Uno de los puntos más controvertidos del plan es la cesión de territorio, especialmente en la región de Donetsk, donde se concentra un cinturón de ciudades que garantiza la defensa del interior del país. La entrega de esta zona podría comprometer la seguridad del resto de Ucrania, por lo que se busca que la parte no controlada por Rusia se convierta, al menos, en una zona desmilitarizada y no sea absorbida plenamente por Moscú.

Por su parte, Zelensky continúa su gira por Europa en busca de apoyos ante las crecientes presiones estadounidenses; ayer compareció junto a Emmanuel Macron. 

En este contexto, el BCE ha rechazado la posibilidad de financiarse mediante activos rusos congelados, una de las claves para desbloquear recursos destinados a la guerra en caso de que Washington finalmente ceda tras este intento de paz. Rechaza actuar como prestamista de última instancia en el plan para conceder a Ucrania un préstamo de 140.000 millones de euros respaldado por activos rusos congelados. 

La Comisión Europea busca movilizar los activos del Banco Central de Rusia retenidos en Euroclear –entidad belga que custodia valores internacionales–, para financiar la reconstrucción de Ucrania. En este contexto, la Comisión propuso que el BCE proporcionara liquidez a Euroclear en caso de que esta se enfrentara a problemas para adelantar los fondos. Sin embargo, los análisis del BCE concluyen que esa intervención equivaldría a ofrecer financiación directa a Gobiernos, ya que la autoridad monetaria asumiría obligaciones financieras de los Estados miembros. El BCE rechazó la propuesta porque “probablemente vulneraría la normativa europea que prohíbe la financiación monetaria”.

Más allá de los detalles, los mercados empiezan a tomarse en serio las negociaciones. Los precios del gas en Europa han caído a mínimos desde marzo de 2024, con el contrato TTF cotizando en torno a 27 €/MWh. Asimismo, las acciones vinculadas al sector defensa en Europa han corregido un -15 % desde los máximos alcanzados en septiembre, aunque en las últimas sesiones han recuperado terreno y mantienen un rendimiento extraordinario en el año, con una subida del +62%.

Aunque el acuerdo de paz aún debe superar varios filtros, incluidos los de los líderes europeos que han criticado las presiones sobre el Gobierno ucraniano, este intento es el más avanzado desde el verano. En caso de un alto el fuego, los planes de defensa europeos no se modificarán, con el programa Readiness 2030 en marcha; sin embargo, podrían surgir nuevas oportunidades, esta vez vinculadas a la futura reconstrucción de Ucrania.

Por otro lado, la Unión Europea propone destinar al menos 3.000 millones€ en 2026 para reducir su dependencia de tierras raras chinas. El plan, denominado RESourceEU, incluye la creación de un Centro Europeo de Materias Primas Críticas, el desarrollo de cadenas de suministro locales y la coordinación de compras conjuntas. Además, prevé inversiones en proyectos estratégicos como una mina en Groenlandia y la extracción de litio en la República Checa, junto con 2.000 millones anuales en financiación del Banco Europeo de Inversiones. La iniciativa responde a las crecientes restricciones de Pekín sobre minerales clave y a la competencia que esto supone contra las empresas estadounidenses, que están asegurando contratos a largo plazo con rapidez. 

Mal dato de PMI manufacturero, tanto en EEUU como en Europa

Por otro lado, decepciona la confianza de los empresarios de las manufacturas en EEUU, que sigue en contracción y apunta a que la debilidad del sector industrial norteamericano se extenderá. El índice ISM manufacturero cayó más de lo esperado al retroceder en noviembre hasta niveles de 48,2 desde el 48,7 anterior y alejándose del 49 esperado. Como resultado, noviembre es el noveno mes consecutivo en el que la confianza se mantiene en terreno de contracción, un territorio que entró justo un mes antes del anuncio de las fuertes subidas de aranceles de inicio de abril (Liberation Day). 

Además, tampoco fue positiva la lectura de los componentes, dado que tanto el subíndice de empleo como el de nuevos pedidos cayeron, situándose ahora en 44 y 47,4, respectivamente, cifras que están señalando un deterioro adicional de la actividad en los próximos meses. Por otro lado, se registraron incrementos del subíndice de precios pagados (58,5 vs. 58 anterior), lo que refleja un incremento de los costes. En conjunto, tanto la tasa general como la composición del indicador de confianza de las manufacturas fueron peores de lo previsto y no dan señales de estabilización.

En la zona euro, poca novedad en el dato final de confianza de los empresarios de las manufacturas, con el índice PMI confirmando que, por unas décimas, vuelve al terreno de contracción (por debajo de 50). Se revisó a la baja en una décima hasta 49,6 desde el 49,7 preliminar y por debajo del 50 anterior, un dato que sigue mostrando debilidad en la reactivación de la industria europea. Entre las grandes economías, disparidad con mejor comportamiento de las periféricas con Italia abandonando la contracción y situándose en 50,6, en España en 51,5, mientras que en Alemania se sitúa en 48,2 y en Francia en 47,8, en ambos casos en contracción.