16May

A menos de seis meses de las elecciones legislativas de medio mandato en noviembre, el presidente republicano debería centrarse en revertir el signo de unas encuestas que, tras el inicio de la guerra, anticipan su pérdida de control de las dos cámaras.

Miguel Ángel Valero

A pesar de la enorme diferencia de fuerzas que existe entre EEUU. e Irán, a lo largo de la historia ha quedado probado que la hegemonía de los grandes imperios no viene exclusivamente determinada por su supremacía militar. Hay ocasiones en las que la humildad y la estrategia para abordar las contiendas puede llegar a condicionar enormemente su resultado. Bien lo saben los iraníes, que son conocedores del salvaje final de Ciro II, el gran fundador del imperio persa. Este colosal rey guerrero se apoderó de Babilonia y de Lidia, conquistó Mesopotamia y llevó la frontera de su imperio hasta las costas del mar Egeo. Nada se le resistía hasta que se adentró en la inmensidad de las estepas de Asia Central –el actual Uzbekistán– y batalló contra los masagetas de la reina Tomiris, cuyo hijo apresó. 

Tomiris juró ante su dios Sol que si los persas no le devolvían a su vástago sano y salvo se vengaría hasta que quedara saciada su sed de sangre. Ciro, como Trump en nuestros días, convencido de su extrema superioridad ignoró la amenaza, se rio de la reina de la tribu bárbara y liquidó a su hijo. A pesar de la enorme desigualdad de fuerzas Tomiris logró apresar a Ciro el Grande y cumplió con su promesa decapitándolo y enterrando su cabeza en un odre de vino. 

Aunque dos milenios y medio más tarde, el pescuezo de Trump no parece estar en juego, el presidente norteamericano se ha metido en un buen lío. Debe encontrar una salida rápida y el memorando de entendimiento que está sobre la mesa puede ser una buena alternativa para proclamar ante los suyos una “victoria suficiente” y reabrir el pulmón energético del Golfo Pérsico. Trump no puede empecinarse en alargar un conflicto que no es prioritario para EEUU, ni obcecarse en resolver un complicado pacto nuclear mientras sus ciudadanos comienzan a sufrir las consecuencias económicas del bloqueo de Ormuz con el encarecimiento de la gasolina (+50%), de los vuelos (+15%), o hipotecas al 6,4%.

A menos de seis meses de las elecciones legislativas de medio mandato en noviembre, el presidente republicano debería centrarse en revertir el signo de unas encuestas que, tras el inicio de la guerra, anticipan su pérdida de control de las dos cámaras. La disputa en el Senado está tan reñida que la victoria se dirimirá entre apenas siete Estados bisagra –principalmente Michigan, Maine y Ohio–. El tiempo corre y, mientras se intensifica la presión económica, la cumbre de Pekín con Xi Jinping no ha generado ningún avance en el conflicto, ni en la guerra comercial entre EEUU y China, ni en el frente geopolítico. 

Trump debe buscar un acuerdo antes de que se agote el poco margen adicional que le concede la Resolución de Poderes de Guerra para mantener la intervención en Irán sin la aprobación del Congreso, que concluye el 28 de mayo.

Irán, por su parte, también está sometido a gran presión. Aunque, a diferencia de lo que le ocurrió a Ciro II, la subsistencia de su régimen teocrático parece garantizada por el momento, éste ha sufrido enormes daños militares y el bloqueo de las fuerzas norteamericanas no solo limita la exportación del 98% de sus recursos energéticos, sino que, con una capacidad de almacenamiento ya al 92%, le obligará a frenar la producción energética en el plazo aproximado de una semana. De alargarse esta situación, complicaría de forma muy significativa el rearranque de sus pozos más antiguos, lo que supondría la pérdida permanente de aproximadamente el 13% de su capacidad productiva actual. Por este motivo, desde hace varias semanas y tras el alto el fuego, el país se ha mostrado dispuesto a negociar y ha presentado diversas propuestas concretas de acuerdo. 

En cuanto a las Bolsas, tras más de dos meses de conflicto, se ha demostrado válida la estrategia de mantener exposición y no dejarse arrastrar por los titulares alarmistas, confiando en la superioridad de los incentivos electorales frente a las ansias trumpistas de “imperializar” Irán. 

Las Bolsas 'pasan' del conflicto y suben por la IA y los resultados empresariales

El mercado sigue la pauta de que la revalorización mediana del S&P 500, tras un año del inicio de los principales conflictos bélicos, es del +7,8%. A pesar de las subidas y los nuevos máximos, EEUU y algunos mercados emergentes cotizan incluso a múltiplos más atractivos que a comienzos de año –un 8% y 13% respectivamente–, gracias gracias a la publicación de unos sólidos resultados empresariales.

Los beneficios del primer trimestre, favorecidos por la tecnología, han sorprendido de forma muy positiva y crecen al 29% frente al 14% que esperaba el consenso. Sin duda la inversión en inteligencia artificial (IA) se mantiene firme y la oleada de destrucción creativa continúa superando estimaciones con fuerza.

Como referencia, solo el capex que este año llevarán a cabo los cinco principales hiperescaladores –Amazon, Google, Meta, Microsoft y Oracle–, que se cifra en 800.000 millones$, es equivalente a todo lo que se gastaron el año pasado la totalidad de empresas no tecnológicas del S&P 500, y supone el doble de la inversión que llevaron a cabo en 2025, y el triple de 2024. Un contexto que sigue ofreciendo potencial a la renta variable de cara al extraordinario ciclo de inversión actual y que no tiene pinta de que vaya a desfallecer.

09May

Al margen de los hiperescaladores, empiezan a cobrar protagonismo compañías que participan en la cadena de valor de la IA y que capturan de forma indirecta el impulso del ciclo de inversión.

Miguel Ángel Valero

La revolución de la inteligencia artificial (IA) no solo sigue intacta, sino que está ampliando progresivamente su base de beneficiarios, dando lugar a un mercado más repartido, con un mayor número de compañías participando en las subidas y un liderazgo menos concentrado. Por eso, muchas firmas de inversión siguen defendiendo la necesidad de ampliar el espectro de inversión dentro de la tecnología. 

Al margen de los hiperescaladores, empiezan a cobrar protagonismo compañías que participan en la cadena de valor de la IA y que capturan de forma indirecta el impulso del ciclo de inversión. La fortaleza del ciclo de inversión actual queda reflejada en la demanda de centros de datos, que continúa en niveles excepcionalmente elevados. El 84% de la capacidad de los principales proyectos actualmente en construcción ya está prealquilada antes de su entrada en operación, una dinámica estrechamente ligada a la fuerte expansión de los hiperescaladores. En este contexto, los pedidos acumulados (backlogs) de cuatro de los principales hiperescaladores –Microsoft, Amazon, Alphabet y Oracle– se han triplicado en 2026, hasta alcanzar los 2 billones$, una magnitud que, puesta en perspectiva, supera entre un 1% y un 2% el PIB de la economía española en 2025.

Sin embargo, este fuerte crecimiento de los backlogs no se ha traducido en un liderazgo bursátil equivalente. Mientras que los hiperescaladores avanzan en promedio un 5% en el año, otros segmentos más vinculados a la inversión real están mostrando un comportamiento significativamente mejor. El índice global de infraestructuras y el sector industrial acumulan subidas del 11%, reflejando una rotación hacia activos que capturan de forma indirecta la expansión de capacidad asociada a la IA. 

Este patrón es aún más evidente en las compañías que forman parte de la cadena de valor de la IA, que han registrado avances muy superiores en el año. Empresas clave en el proceso de fabricación de semiconductores y componentes críticos —como la holandesa ASML, la estadounidense Micron Technology y las asiáticas Taiwan Semiconductors, Samsung y SK Hynix— acumulan una revalorización media del +97% en el año. Como consecuencia, el MSCI Emerging Markets avanza un 23%, con las tres compañías asiáticas explicando más del 60% de la rentabilidad total del índice pese a concentrar únicamente el 21% de su capitalización bursátil.

China provoca una guerra de precios en la IA

Por otra parte, la última ofensiva de DeepSeek no va de lanzar el modelo más potente del mercado. Va de algo mucho más disruptivo: hacer que la IA sea mucho más barata. "Y eso, aunque a primera vista parezca un simple ajuste comercial, puede cambiar por completo las reglas del juego", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

La compañía ha recortado hasta un 75% el coste de acceso a su nuevo modelo V4-Pro y ha reducido de forma drástica el precio de uso recurrente. Al mismo tiempo, mantiene capacidades avanzadas como una enorme ventana de contexto, lo que permite trabajar con volúmenes de información mucho mayores. En la práctica, esto significa que desarrollar y utilizar IA se vuelve accesible para muchos más actores.

Este movimiento llega en paralelo a la estrategia de gigantes como OpenAI, Google o Anthropic, que siguen centrados en mejorar la potencia y sofisticación de sus modelos, pero con costes todavía elevados. DeepSeek cambia el enfoque: no compite en la cima tecnológica, sino en la base del mercado. Y aquí está la clave, porque China tiene una desventaja evidente en el acceso a chips avanzados, dominados por compañías como Nvidia. Eso limita su capacidad para liderar en el desarrollo de los modelos más punteros. Pero en lugar de intentar cerrar esa brecha de inmediato, está utilizando el precio como arma para acelerar la adopción y ganar escala.

Este patrón no es nuevo. Ya lo hemos visto en otras industrias. En los vehículos eléctricos, por ejemplo, los fabricantes chinos comenzaron compitiendo en precio, con productos menos sofisticados. Sin embargo, con el tiempo, empresas como BYD han conseguido cerrar la brecha tecnológica hasta competir directamente con referentes globales como Tesla, manteniendo además su ventaja en costes. 

La cuestión es si ese mismo proceso puede repetirse ahora en la IA. Si China logra atraer volumen suficiente, puede acelerar su aprendizaje, mejorar sus modelos y reducir progresivamente la distancia tecnológica. Y, con el tiempo, intentar cerrar también la brecha en hardware.

Hasta ahora, el relato dominante era claro: la IA iba a generar crecimiento explosivo con márgenes muy elevados para las grandes tecnológicas estadounidenses. Sin embargo, la irrupción de estrategias agresivas en precio introduce una nueva variable: la compresión de márgenes.

Si el coste de la IA cae más rápido de lo previsto, los ingresos potenciales pueden no materializarse como se esperaba, especialmente teniendo en cuenta la inversión masiva que están realizando estas compañías en infraestructuras, chips y desarrollo. El mercado está descontando un escenario muy optimista, y este tipo de movimientos podría empezar a ponerlo en tela de juicio.

En el fondo, China no necesita ganar la carrera tecnológica en el corto plazo. Le basta con cambiar las reglas del juego. Si consigue imponer un entorno donde el precio y la accesibilidad sean determinantes, estará condicionando la evolución de toda la industria.

"Estamos entrando en una nueva fase. No es el final del liderazgo estadounidense, pero sí el inicio de una competencia más incómoda. Una en la que el valor no solo se va a medir por la capacidad tecnológica, sino por la capacidad de escalar y monetizar en un entorno cada vez más presionado por los precios. Y eso, para el inversor, cambia mucho las cosas: porque quizá el gran riesgo no sea que la IA no crezca… sino que crezca mucho, pero dejando bastante menos dinero del que hoy descuenta el mercado", subraya este experto.

La IA está eliminando la escalera de entrada al mercado laboral

Durante años nos dijeron que la inteligencia artificial destruiría empleos. Pero casi todos imaginábamos el mismo escenario: que los primeros trabajos en desaparecer serían los más repetitivos, menos cualificados y más manuales. Sin embargo, la realidad está empezando a ir en una dirección muy distinta. Los primeros afectados no están siendo los trabajadores menos formados, sino muchos perfiles junior relacionados con tareas cognitivas: programadores, analistas, desarrolladores, administrativos, perfiles de soporte o empleados que realizaban funciones básicas dentro de profesiones altamente cualificadas. Y eso introduce una paradoja enorme. Por primera vez, una tecnología no solo automatiza tareas manuales, sino también parte del propio proceso de aprendizaje profesional. "Ése quizá sea el verdadero cambio de fondo que todavía no estamos entendiendo del todo", apunta Pablo Gil.

Durante décadas, el mercado laboral funcionó de una manera relativamente estable. Un joven entraba en una empresa realizando tareas simples, repetitivas y poco productivas. La empresa asumía esa ineficiencia inicial porque sabía que, con el tiempo, esa persona adquiriría experiencia, desarrollaría capacidades y acabaría generando mucho más valor. Era, en el fondo, una inversión a largo plazo. Así se construía la experiencia. Así se formaban los futuros profesionales senior.

El problema es que la inteligencia artificial empieza precisamente por ahí. Herramientas como Copilot, ChatGPT, Claude, Gemini o los nuevos asistentes empresariales ya son capaces de realizar muchas de las tareas que tradicionalmente servían como puerta de entrada al mercado laboral. Redactar documentación, resumir información, programar código sencillo, analizar datos, elaborar informes preliminares o responder consultas rutinarias. Todo eso puede hacerse ahora de forma mucho más rápida y barata. Y eso cambia completamente la estructura tradicional de formación dentro de las empresas.

Porque la IA no sustituye necesariamente al experto. Lo que hace muchas veces es potenciar enormemente al profesional senior y reducir la necesidad de perfiles junior. Un programador experimentado apoyado en IA puede realizar el trabajo que antes requería varios perfiles de entrada. Un consultor puede automatizar gran parte del análisis preliminar. Un abogado puede resumir cientos de páginas en minutos. Un analista financiero puede generar informes mucho más rápido que hace apenas unos años. Nadie cuestiona que la productividad aumenta de forma exponencial. Pero el problema aparece inmediatamente después.

Si las empresas necesitan cada vez menos perfiles junior, ¿cómo se forma entonces la siguiente generación de profesionales? Ahí es donde empieza a surgir uno de los mayores riesgos estructurales de esta revolución tecnológica. Porque el mercado laboral no funciona únicamente como un sistema de producción. También funciona como un sistema de aprendizaje. Y si desaparecen las tareas básicas que permitían adquirir experiencia, millones de jóvenes podrían quedarse bloqueados antes siquiera de entrar realmente en el sistema.

De hecho, algunos datos empiezan a reflejar ya esta tendencia. En EEUU, muchos recién graduados tardan más en encontrar trabajo que personas con menor formación. En Europa, varias empresas tecnológicas han reducido contratación junior mientras aumentan sus inversiones en IA. Y en determinados sectores empieza a detectarse un fenómeno especialmente preocupante: trabajadores jóvenes que nunca llegan a desarrollar suficiente experiencia como para progresar profesionalmente. Y eso significa que el impacto de la IA no será únicamente económico o laboral. También puede alterar profundamente determinados equilibrios sociales.

Al mismo tiempo, se está generando otra paradoja muy difícil de gestionar políticamente. Las empresas ganan productividad mientras reducen plantilla. La IA mejora márgenes, aumenta eficiencia y permite hacer más con menos personas. Pero eso también alimenta el miedo de muchos trabajadores jóvenes, que empiezan a percibir la IA no como una herramienta de apoyo, sino como un competidor directo. Y quizá por eso empieza a crecer el rechazo. Porque el problema no es solo perder un empleo. El verdadero miedo es no llegar nunca a tener una oportunidad.

Ahora bien, todas las grandes revoluciones tecnológicas destruyeron trabajos y crearon otros nuevos. La mecanización transformó el campo. Internet cambió el comercio. La automatización modificó las fábricas. Y probablemente la IA también terminará generando nuevas profesiones que hoy ni siquiera imaginamos. El problema nunca ha sido el destino final. El problema siempre ha sido la velocidad del cambio. Y esta vez la velocidad es vertiginosa.

Nunca habíamos visto una tecnología avanzar tan rápido, integrarse tan deprisa en las empresas y afectar simultáneamente a tantos sectores relacionados con tareas cognitivas. Además, hay otra diferencia importante: por primera vez, son los propios creadores de esta tecnología quienes hablan abiertamente de destrucción masiva de empleo y de cambios radicales en el mercado laboral. Y eso multiplica todavía más la sensación de incertidumbre.

En este contexto, entender bien lo que está ocurriendo es fundamental. La IA no elimina profesiones completas de un día para otro. Lo que hace es volver irrelevantes determinadas tareas dentro de esas profesiones. Y quien dependa exclusivamente de esas tareas tendrá cada vez más difícil mantener su valor en el mercado.

Por eso, el futuro del trabajo dependerá menos de lo que sabes hacer hoy y mucho más de tu capacidad para adaptarte continuamente. Habrá profesiones difíciles de automatizar por su componente físico o humano. Habrá perfiles capaces de multiplicar su productividad utilizando IA como herramienta. Y habrá habilidades —como la creatividad, la comunicación, el pensamiento crítico o la capacidad de tomar decisiones complejas— que seguirán teniendo un enorme valor. Pero muchas funciones intermedias podrían desaparecer o reducirse drásticamente. Y ese ajuste probablemente será mucho más duro de lo que hoy imaginamos.

"El verdadero debate ya no es si la inteligencia artificial destruirá empleo o no. El verdadero debate es qué ocurre cuando una sociedad empieza a eliminar precisamente los trabajos que servían para formar a la siguiente generación de profesionales. Porque si desaparece esa escalera de entrada, el problema deja de ser únicamente tecnológico y pasa a convertirse en un desafío económico, educativo y social de enorme magnitud. Y probablemente todavía estamos infravalorando hasta qué punto eso puede transformar el mercado laboral durante la próxima década", recalca Pablo Gil.


07May

Los mercados renuevan su actitud optimista ante las expectativas de un acuerdo de paz en Oriente Medio.

Miguel Ángel Valero

EEUU ha planteado a Irán un memorándum de entendimiento de una sola página que, según fuentes indirectas, contempla una moratoria nuclear que mantendría vivo el programa atómico iraní, junto con un levantamiento gradual de las sanciones. Este alivio permitiría a Teherán recuperar hasta 100.000 millones$ en activos actualmente congelados, condicionado a la eliminación de las restricciones al tránsito por el estrecho de Ormuz. Entre los detalles filtrados se señala que la moratoria nuclear tendría una duración de entre 12 y 15 años, permitiendo solamente enriquecer uranio a bajo nivel. Además, se establecería un régimen de inspección nuclear por parte de la ONU. También se señala que el desbloqueo de los activos congelados se llevaría a cabo de forma escalonada.

En caso de aceptarse el memorándum, ambas partes se concederían un periodo adicional de 30 días para concretar y desarrollar las líneas maestras del acuerdo. Los negociadores estadounidenses se han mostrado optimistas y han subrayado que representa el mayor acercamiento alcanzado en todas las rondas negociadoras desde el inicio del conflicto. La contraparte iraní tiene dos días para revisar el acuerdo. El régimen de los ayatolás continúa profundamente dividido y que el sector más duro mantiene como objetivo estratégico el control del estrecho de Ormuz. 

Paralelamente, la presión económica derivada del bloqueo persiste. En este contexto, funcionarios del Ministerio de Energía iraní admiten que ya se han iniciado recortes en la producción, aunque las previsiones son que la semana que viene la capacidad de almacenamiento iraní llegue a niveles críticos. A ello se suma el deterioro del mercado laboral: se calcula que se ha perdido cerca de un millón de empleos y algunos funcionarios públicos no han percibido su salario completo en, al menos, los últimos dos meses.

La percepción de una posible resolución del conflicto en torno al estrecho de Ormuz impulsó un renovado optimismo en los mercados, beneficiando especialmente a las regiones más rezagadas, como Europa. La corrección en los precios del petróleo también actuó como factor de apoyo para los mercados de bonos. En este sentido, la prima de riesgo asociada al conflicto bélico está prácticamente descontada en su totalidad. No obstante, economías especialmente sensibles a los costes energéticos, como la alemana, aún podrían experimentar recuperaciones más intensas tanto en el plano macroeconómico como en los mercados bursátiles.

El inicio de la normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz –sea éste libre o sujeto a algún tipo de pago– serviría para cerrar definitivamente uno de los principales focos de incertidumbre para los mercados. Lo que sí parece indiscutible es que las relaciones geopolíticas y de seguridad en el Golfo han cambiado para siempre.

Fidelity: la inversión en IA se vuelve más selectiva

Las empresas empezaron el año sintiéndose mejor que en ningún otro momento desde las caóticas secuelas de la pandemia de Covid, impulsadas por un auge de la inversión en inteligencia artificial (IA) que se produce una vez en una generación, según la Encuesta a Analistas 2026 de Fidelity International. La encuesta captó el sentimiento hasta principios de marzo; desde entonces, el prolongado conflicto en Oriente Medio, incluida la escalada de ataques a la infraestructura energética, ha introducido un choque de costes e inflación más persistente que está configurando el telón de fondo macroeconómico a corto plazo.

Aunque el sentimiento empresarial se ha fortalecido, la encuesta también pone de relieve las presiones emergentes bajo la superficie. Los elevados costes de las materias primas y la ralentización del crecimiento salarial presionan a los consumidores, creando riesgos para la economía mundial. Al mismo tiempo, el conflicto de Oriente Medio ha pasado a ser una interrupción del suministro que restringe la disponibilidad física y eleva los precios, con el riesgo de que su prolongación pueda mantener estas presiones durante más tiempo del previsto anteriormente.

La encuesta muestra que la proporción de analistas que informan de una mayor confianza de la dirección en la inversión empresarial durante el próximo año ha vuelto a subir hacia los máximos alcanzados tras la pandemia. Los analistas tienen claro el origen de ese optimismo. La economía mundial se encuentra en medio de uno de los mayores ciclos de inversión en años, impulsado por el gasto en inteligencia artificial y la infraestructura necesaria para apoyarla.

Esa inversión está reforzando la demanda en todas las cadenas de suministro y ampliando la visibilidad de los ingresos en los próximos años. La tecnología de la información es la beneficiaria más clara, pero los efectos también son visibles en los materiales y la energía, donde la demanda de electricidad y de las materias primas necesarias para construir centros de datos y ampliar la capacidad de generación está impulsando un auge en varias áreas.

Alrededor del 81 % de los directivos de empresas de tecnologías de la información se muestran moderada o significativamente más confiados de cara al próximo año, junto con un65 % en el sector de materiales.

Niamh Brodie-Machura, CIO de Renta Variable de Fidelity International, comenta: "La inversión en IA se está extendiendo en cascada por las cadenas de suministro eléctrico e industrial, ampliando el ciclo más allá de las mayores plataformas tecnológicas."

Sin embargo, la encuesta también pone de relieve la creciente presión sobre las bases de costes de las empresas. Sólo el 8% de los analistas espera que las presiones inflacionistas disminuyan en los próximos 12 meses. Alrededor de la mitad prevé que la presión de los costes se mantendrá en los niveles actuales, y un 40% prevé nuevos aumentos. Los sectores de materiales e industrial registran una presión alcista especialmente fuerte.

La subida de los precios de las materias primas, los costes de la energía y las fricciones comerciales, intensificadas por las tensiones geopolíticas, están sosteniendo la inflación por el lado de la oferta y añadiendo presión a la demanda. Los indicadores trimestrales de Fidelity también muestran que las expectativas de crecimiento de los costes laborales se están moderando hasta su nivel más bajo en tres años. La divergencia entre el sostenimiento de los costes de los insumos y el menor impulso de los salarios hace temer por el poder adquisitivo de los hogares.

Para los analistas que cubren las empresas de consumo básico y discrecional, los riesgos de asequibilidad y demanda son ahora la principal preocupación. Mientras que las industrias expuestas a la IA se benefician de la fortaleza de los mercados de capitales y del gasto en infraestructuras, los consumidores de rentas medias se enfrentan al aumento del coste del combustible y a un crecimiento salarial limitado.

Los analistas del sector sanitario señalan igualmente las compensaciones fiscales a medida que los gobiernos aumentan el gasto en defensa, lo que podría intensificar la presión sobre los presupuestos públicos de sanidad. 

El resultado es un panorama económico cada vez más desigual. Las empresas vinculadas directamente a la infraestructura de IA están viendo cómo mejoran la confianza, el despliegue de capital y los beneficios esperados. En cambio, los sectores dependientes de consumidores estirados o expuestos a presiones políticas sobre los precios se enfrentan a márgenes más estrechos y a vientos en contra de la demanda.

Niamh añade: "El contexto de inversión es favorable, pero se está volviendo más selectivo. Las empresas con capacidad de fijación de precios, balances sólidos y exposición a la IA se encuentran en una situación muy distinta a la de aquellas que dependen de consumidores más presionados. A medida que se amplía la brecha entre ganadores y perdedores, el análisis fundamental detallado y la selección activa de valores son cada vez más importantes. En un contexto geopolítico más volátil, el mensaje general de la encuesta sigue siendo que la inversión en IA está remodelando el ciclo empresarial. La amplitud del gasto en infraestructuras y cadenas de suministro sugiere que el impacto va más allá de los gigantes tecnológicos. Sin embargo, la interacción de los precios, la política y la dinámica salarial significa que los beneficios aún no se distribuyen uniformemente, lo que refuerza las señales de una economía mundial en forma de K."

DWS: hasta el 50% de las carteras institucionales están en IA

Por su parte, Xtrackers, de DWS Group, patrocina el informe Exuberancia y exposición: los inversores institucionales y el auge de la IA’, elaborado por Economist Impact. Los inversores institucionales ya no son meros observadores ante el auge de la IA, sino que están contribuyendo activamente a impulsarlo. Sus amplios volúmenes de capital los convierten en financiadores naturales de los activos más costosos de la IA, desde centros de datos a hiperescala hasta sistemas de entrenamiento. Sin embargo, estas inversiones conllevan riesgos específicos: elevados costes iniciales, rápida obsolescencia y crecientes tensiones geopolíticas en las cadenas de suministro. Estos riesgos plantean una cuestión más amplia: ¿hasta qué punto es sostenible el actual ciclo de inversión en IA? 

El auge de la IA guarda similitudes con anteriores olas de inversión industrial: transformadoras, pero con riesgo de exceso. El informe analiza cómo los inversores institucionales están gestionando esta tensión. El auge de la inversión en IA es frágil y está impulsado, en parte, por la inercia del mercado más que por fundamentos económicos. Más del 70% de los encuestados identifica al menos un factor vinculado al momentum —como el reciente comportamiento bursátil o la elevada concentración de rentabilidades en un reducido grupo de compañías dominantes— como un motor clave de la inversión. La subida de precios está contribuyendo a justificar nuevas inversiones. 

Sin embargo, el argumento a largo plazo es más sólido: alrededor de la mitad señala las mejoras de productividad a largo plazo como principal motivación, mientras que solo un 14% espera ahorros de costes en el corto o medio plazo. 

El auge se sustenta en una combinación de convicción y momentum, una mezcla potencialmente inestable. Los inversores institucionales anticipan una corrección significativa en las acciones vinculadas a la IA, pero podrían no estar preparados para absorber pérdidas de esa magnitud. Cerca del 80% espera caídas de al menos un 20% en los próximos 12 a 18 meses, mientras que menos del 1% afirma que podría soportar un descenso de ese nivel. A pesar de ello, más del 80% expresa confianza en sus carteras, aunque muchos matizan que se trata de una confianza “moderada”. Esta divergencia sugiere que la resiliencia podría estar sobreestimada. 

Las carteras ya presentan una elevada exposición a la IA —principalmente a través de renta variable—, lo que genera un riesgo significativo de concentración. Aproximadamente dos tercios de los encuestados señalan que entre el 25% y el 50% de sus carteras de renta variable incluyen compañías relacionadas con la IA, un porcentaje superior al de renta fija o inversiones alternativas. La exposición se distribuye a lo largo de todo el ecosistema, desde proveedores de infraestructuras hasta desarrolladores y usuarios finales. Las posiciones están especialmente concentradas en infraestructuras y fondos pasivos, lo que sugiere una preferencia por apuestas indirectas. Aun así, cerca de un tercio de los inversores reconoce tener sobreponderadas las acciones vinculadas a la IA respecto a sus asignaciones estratégicas, lo que deja a las carteras expuestas a cambios en las valoraciones. Esta elevada exposición a la renta variable incrementa el riesgo de una falsa diversificación: si las valoraciones caen de forma simultánea, la diversificación podría ofrecer menos protección de la esperada. 

Los inversores institucionales se están preparando para un entorno de volatilidad, pero muchos planean comprar en lugar de retirarse si las valoraciones caen. Las medidas de gobernanza —como un mayor control por parte de los comités de inversión y la definición de umbrales de rebalanceo— son las estrategias más extendidas. Pocos contemplan reducir su exposición. Por el contrario, la mayoría prevé incrementarla si las valoraciones bajan. Los inversores se posicionan así como compradores oportunistas en un contexto de corrección, más que como vendedores defensivos. 

Los inversores esperan que la IA genere rentabilidades en múltiples sectores, aunque tecnología y finanzas siguen siendo los principales beneficiarios. El sector tecnológico se percibe ampliamente como el que ofrecerá mayores ganancias vinculadas a la IA. El sector financiero también ocupa un lugar destacado, impulsado por expectativas de mejoras en eficiencia y el desarrollo de nuevos productos financieros basados en IA. Algunos inversores regionales, especialmente en Asia-Pacífico, prevén mayores oportunidades en sectores como medios de comunicación o logística. Aun así, las expectativas siguen concentradas en sectores ya estrechamente ligados a la tecnología.

Los inversores están apostando claramente por EEUU como líder en la carrera por la supremacía en IA. Más del 40% espera que las mayores rentabilidades provengan de este mercado en los próximos cinco años, muy por delante de cualquier otro. China queda rezagada con un 13%, lo que sugiere que su papel podría estar infravalorado. En conjunto, las expectativas se inclinan hacia los mercados desarrollados: un 27% prevé mayores retornos en ellos, frente a solo un 13% en mercados emergentes. 

Los inversores institucionales se están convirtiendo en actores centrales del ecosistema de la IA, tanto como financiadores como usuarios de la tecnología. Su exposición ha crecido rápidamente, especialmente a través de la renta variable, incluso cuando reconocen que las valoraciones pueden ser frágiles. En lugar de replegarse, se están preparando para la volatilidad: refuerzan la gobernanza, mantienen la diversificación y se posicionan para aprovechar oportunidades en un entorno de corrección. Sin embargo, esta confianza se basa en la premisa de que cualquier ajuste será limitado. En la práctica, la elevada concentración en renta variable y la creciente interconexión de los mercados dejan a las carteras expuestas a una posible repricing más amplia. Como gestores de capital a largo plazo, los inversores institucionales no solo condicionarán sus propios resultados, sino también la estabilidad del mercado y el ritmo futuro de la inversión en IA. 

UBS: oportunidad para reequilibrar las carteras

El S&P 500 subió un 1,5% hasta alcanzar un nuevo máximo histórico el miércoles, mientras que el precio del crudo Brent llegó a caer hasta un 11%, impulsado por un renovado optimismo ante la posibilidad de que EEUU e Irán estén cerca de alcanzar un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz.

"Nuestra recomendación durante el conflicto ha sido mantenerse invertidos y evitar 'hacer trading' en torno a acontecimientos geopolíticos. Hemos seguido considerando atractivas las acciones estadounidenses y globales, al tiempo que hemos preferido reducir progresivamente la exposición a mercados más dependientes de la energía. La reciente resiliencia de los mercados ofrece a los inversores una oportunidad para reequilibrar sus carteras desde una posición de fortaleza, con el objetivo de beneficiarse de nuevas subidas del mercado mientras diversifican riesgos potenciales", recuerdan en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos manteniendo una visión atractiva sobre la mayoría de los mercados bursátiles globales, incluidos EEUU, China, Japón y Suiza. Mantenemos una postura neutral sobre la eurozona y la India, que consideramos más sensibles a unos precios de la energía más elevados. También apostamos por la diversificación a través de nuestras oportunidades de Innovación Transformacional, incluidas las áreas de Longevidad y Energía y Recursos”.

UBP: los mercados se mantienen por los resultados de las empresas

El UBP Weekly View destaca que los mercados se mantienen gracias a los resultados empresariales, a pesar del aumento de los tipos de interés y las tensiones geopolíticas. La renta variable mundial subió, impulsada por los sólidos resultados de las empresas tecnológicas estadounidenses, mientras que los mercados de renta fija retrocedieron debido al aumento de los rendimientos y a que los bancos centrales mantuvieron una postura cautelosa. 

En el mercado de divisas, el dólar estadounidense se debilitó debido a la intervención japonesa, y el dólar australiano se fortaleció, mientras que el oro se consolidó por debajo de los máximos recientesa pesar de que la demanda subyacente sigue siendo sólida.

Eastspring: el potencial alcista a corto plazo puede ser limitado

Vis Nayar, Chief Investment Officer de Eastspring Investments, Ray Farris, Chief Economist, y Viola Wong, Economist,  afirman que dado que continúa sin resolverse el conflicto en Irán, la prima de riesgo del petróleo sigue creciendo lentamente, y  la presión hacia los bancos centrales para subir los tipos aumenta, especialmente en los países asiáticos por la debilidad de sus divisas, pese a que la inflación se mantiene estable. En este contexto, la  IA sigue siendo la temática que es el principal motor de las bolsas mundiales porque la demanda se mantiene resiliente pese a las amenazas de inflación, estanflación o desaceleración del crecimiento. Las previsiones de beneficios de los segmentos de la IA y de infraestructuras de la IA continúan subiendo, aunque también los costes. Las compañías que sean capaces de sostener el crecimiento de márgenes en este entorno serán las ganadoras.

Cuanto más se prolongue la guerra, mayor será la pérdida de suministro de petróleo y mayor la disposición del mercado a incorporar en los precios futuros unos costes energéticos más altos. La curva de futuros del crudo Brent se ha desplazado moderadamente al alza en el último mes. Es probable que le siga un movimiento mayor.

A pesar del aumento de los precios de la energía, los últimos datos de inflación se han mantenido en general contenidos en la mayoría de las grandes economías mundiales y asiáticas. En los mercados desarrollados, las reuniones de política monetaria de la Fed, el BCE, el Bank of England y el Bank of Japan, dejaron sin cambios los tipos la semana pasada.

Aunque el tono general fue ligeramente hawkish, las divisiones se han hecho más evidentes dentro de los comités de política monetaria, junto con una preocupación creciente acerca de la posibilidad de que una desaceleración del crecimiento pueda coincidir con una interrupción del suministro peor de lo esperado.

En este contexto, el mercado de tipos de interés parece estar yendo por delante de los responsables de política monetaria, eliminando las expectativas de recortes, y descontando subidas adicionales en el resto del año.

Aunque la convicción en torno a las subidas de tipos de interés suele ser menor en un entorno inflacionario impulsado por la oferta, esto no significa que la expectativa del mercado de una senda de tipos materialmente más elevada sea errónea. La cuestión clave es el calendario. La presión para subir tipos se está adelantando cada vez más en los mercados emergentes asiáticos, que afrontan una fase de debilidad de sus divisas. 

Los rendimientos de los bonos asiáticos han presentado una estrecha correlación negativa con las divisas desde el inicio de la guerra. Si bien algunos gobiernos asiáticos han optado por subvencionar los costes energéticos para contener la inflación, el aumento de las cargas fiscales conducirá eventualmente hacia un escenario de mayores costes, empeorando aún más las condiciones en el comercio y añadiendo presión sobre las divisas. 

El espacio fiscal limitado ya ha llevado al BSP (banco central de Filipinas) a subir tipos de interés, y vemos una probabilidad creciente de que BI (Banco de Indonesia) y RBI (Banco de la Reserva de la India) sigan el mismo camino.

Aunque la necesidad de subidas de tipos es menos urgente en Malasia y Tailandia, también han empezado a aparecer señales de estrés fiscal. En Tailandia, el gobierno anunció recientemente un nuevo paquete extrapresupuestario para aumentar el endeudamiento. Cabe esperar que el endeudamiento fuera de balance crezca aún más en economías donde las ratios oficiales de deuda sobre PIB ya están cerca de los límites legales.

Independientemente de que el mercado esté preocupado en la inflación, la desaceleración del crecimiento o la estanflación, ninguno de ellos parece estar inquietando por ahora a los mercados de renta variable. En EEUU los resultados sorprendieron con fuerza al alza: más del 60% de las compañías del S&P 500 publicaron beneficios del 1T por encima del consenso, muy por encima del promedio histórico.

A nivel de índice, el crecimiento de beneficios a 12 meses vista continúa revisándose al alza. Sin embargo, cada vez resulta más claro que estas expectativas de beneficios más sólidas están impulsadas por un conjunto cada vez más reducido de empresas. La narrativa del mercado sigue siendo, firmemente, la IA frente a todo lo demás.

Aunque el consenso a comienzos de año ya apuntaba una cifra cercana a 700 millones$ de gasto en capex por parte de los hyperscalers en 2026, esta cifra se ha revisado desde entonces al alza, en torno a un 20%, tras el anuncio de beneficios empresariales por parte de las compañías. Las previsiones de ingresos y beneficios para los segmentos de IA y de infraestructura para IA siguen una tendencia ascendente, lo que sugiere que los mercados, en gran medida, consideran que el crecimiento ligado a la IA está aislado de las tensiones geopolíticas. 

Sin embargo, con los beneficios a futuro del sector IT en máximos de varios años, el potencial alcista a corto plazo derivado de nuevas revisiones al alza podría ser más limitado, mientras que los riesgos ante cualquier novedad negativa probablemente se examinarán con mayor atención. En un entorno de costes al alza, se espera que los mercados den más importancia a un crecimiento sostenido de los ingresos y a la protección de márgenes. Por ahora, la demanda se mantiene resiliente, lo que sigue favoreciendo a los exportadores del norte de Asia con un alto peso tecnológico. Los datos del PMI manufacturero de abril muestran que, en todo el norte de Asia la cifra de nuevos pedidos ha repuntado, pero también han crecido los costes de producción.

Singular Bank, caso de uso de la IA en Banca Privada para OpenAI

OpenAI, la empresa de investigación e implementación de IA, ha seleccionado a Singular Bank como uno de los casos de uso destacados en la aplicación de inteligencia artificial al sector financiero, por el desarrollo y despliegue de Singularity, su plataforma de IA. Este reconocimiento sitúa a Singular Bank como la entidad de referencia en la adopción práctica de IA en Banca Privada, en un momento en el que el sector avanza desde la fase de experimentación hacia la implantación real de estas tecnologías en procesos clave del negocio.

Singularity está diseñada para ser utilizada por el banquero y reforzar su capacidad de análisis, preparación y respuesta para ofrecer un asesoramiento más ágil, consistente y personalizado, facilitando la conexión de todo el conocimiento que se genera en distintas áreas y departamentos del banco. La solución permite preparar reuniones en cuestión de segundos, analizar carteras y detectar oportunidades de mejora y optimización de carteras según las características de cada cliente, generar argumentarios de inversión en base al conocimiento del cliente y a la visión y recomendaciones del equipo de Inversiones y Productos, así como ayudar en la redacción de comunicaciones con clientes.

Todo ello se articula a través de la conexión de la plataforma con los principales sistemas y herramientas del banco, entre ellos el CRM, las plataformas de inversión, la documentación interna así como la de cada cliente y Outlook. Esta integración permite trabajar con mayor trazabilidad y consistencia, y facilita que el banquero disponga de la información y el contexto necesarios en un único entorno de trabajo.

La plataforma opera dentro del entorno tecnológico de Singular Bank, de modo que los datos no salen del perímetro del banco y se mantienen en ese entorno seguro, conforme a los más altos estándares de control, trazabilidad y cumplimiento normativo exigidos en una entidad de Banca Privada.

Singularity no es un piloto, sino una herramienta de uso real y transversal dentro del banco. Este avance permite a los profesionales dedicar más tiempo a estar con los clientes, al tiempo que mejora la consistencia y la personalización del asesoramiento.

Rubén Andrés Priego, director general de Tecnología y Operaciones de Singular Bank, señaló: “Este reconocimiento por parte de OpenAI valida nuestra estrategia tecnológica y nuestra apuesta por una inteligencia artificial aplicada a casos de uso reales, integrada en el día a día del banco y diseñada para reforzar la capacidad de nuestros banqueros. Singularity nos permite trabajar con más agilidad, consistencia y personalización, manteniendo siempre la información dentro de un entorno seguro y plenamente controlado por la entidad”.

06May

Las mastodónticas cifras de inversión destinadas al despliegue de la inteligencia artificial continúan impulsando el crecimiento, no solo dentro del ecosistema de centros de datos, sino también en el conjunto de la economía, un efecto que se refleja claramente en el peso de la inversión en las últimas cifras del PIB estadounidense.

Miguel Ángel Valero

Con una operación de apenas un día de duración, Project Freedom ha servido para que EEUU acuda el árbol iraní. Medios críticos con el régimen señalan que el presidente Masoud Pezeshkian estaría molesto con la decisión del general Ahmad Vahidi de lanzar ataques a buques comerciales con el fin de reafirmar el control del estrecho de Ormuz. Y que los sorpresivos ataques contra Emiratos Árabes Unidos forman parte de los intentos de Vahidi por sabotear las conversaciones con EEUU, incluso a costa de provocar un reinicio de las confrontaciones armadas.

En medio de este escenario de tensiones internas, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visitó China, precisamente la semana previa a la llegada de Donald Trump, lo que sugiere un posible intento de coordinar posiciones sobre el conflicto iraní.

Mientras tanto, los mercados bursátiles continúan celebrando la temporada de resultados. En EEUU se alcanzaron nuevos máximos y, tras el cierre de la sesión, se publicaron las cifras de AMD, principal competidor de Nvidia en el segmento de las GPU (pieza clave en la construcción de centros de datos para inteligencia artificial). Los resultados confirman la sólida dinámica que viene mostrando el sector de semiconductores. La compañía incrementó sus ingresos un 38%, superando por primera vez los 10.000 millones$ trimestrales, y sus beneficios operativos crecieron un +72%. Además, elevó su previsión de ventas para el segundo trimestre hasta los 11.200 millones$, con unos márgenes brutos que se mantendrán en torno al 56%. La acción reaccionó con una subida del 11% en el after market.

En consecuencia, el movimiento estadounidense parece estar sacudiendo el tablero interno iraní, acentuando las fracturas dentro del régimen y aumentando la presión a medida que el tiempo juega en su contra, especialmente por la limitada capacidad de almacenamiento de petróleo. 

Sin embargo, el verdadero ganador del conflicto está siendo el sector tecnológico. Las mastodónticas cifras de inversión destinadas al despliegue de la inteligencia artificial continúan impulsando el crecimiento, no solo dentro del ecosistema de centros de datos, sino también en el conjunto de la economía, un efecto que se refleja claramente en el peso de la inversión en las últimas cifras del PIB estadounidense.  

La UE trata de frenar los nuevos aranceles de Trump sobre los automóviles

Por otra parte, la Unión Europea ha pedido a EEUU que las principales disposiciones del acuerdo no se apliquen antes de julio. Trump amenazó con elevar los aranceles a los automóviles del 15% –establecido en el pacto comercial– al 25%, una medida que supondría incumplir lo acordado. El presidente estadounidense justificó esta amenaza por la demora del bloque comunitario en ratificar el acuerdo. Sin embargo, la UE sostiene que está siguiendo su procedimiento legislativo y prevé aprobarlo en junio. El retraso se debe a que el proceso se vio temporalmente interrumpido por el Parlamento Europeo, tras las amenazas de Trump de imponer nuevos gravámenes a los aliados europeos que no respaldaran su propuesta de adquisición de Groenlandia.

Noruega busca reforzar su producción futura de petróleo y gas mediante la reapertura de tres yacimientos de gas. En el contexto del esfuerzo europeo por diversificar sus fuentes energéticas y reducir la dependencia de Rusia y Oriente Medio, el país nórdico ha decidido reanudar la producción de estas instalaciones, que comenzará a partir de 2028. Los yacimientos en cuestión –West Ekofisk, Albuskjell y Tommeliten Gamma– situados en la costa sur del país, se cerraron en 1998, y se espera que su reapertura produzca durante dos décadas. Las reservas recuperables se estiman entre 90 y 120 millones de barriles equivalentes de petróleo (mboe), consistiendo principalmente en gas, con volúmenes limitados de condensado. Las exportaciones de gas se dirigirán a Emden (Alemania), mientras que el condensado se enviará a Teesside (Reino Unido). Paralelamente, el Gobierno noruego ha puesto en marcha una nueva ronda de licencias para la exploración de petróleo y gas, con el objetivo de asegurar niveles elevados de suministro energético a largo plazo.

UBS: los mercados sobrevaloran el riesgo de subidas de tipos

Los rendimientos de los bonos gubernamentales se mantienen muy por encima de los niveles previos al conflicto, ya que los elevados precios del petróleo han intensificado las preocupaciones sobre la inflación. "Pero seguimos creyendo que es menos probable que el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra suban los tipos, mientras que la Fed podría incluso recortarlos aún más", señalan en UBS. Mientras las expectativas de inflación a largo plazo permanezcan ancladas a nivel global, una revisión de las expectativas del mercado debería provocar descensos en los rendimientos de los bonos gubernamentales en los próximos meses. Los riesgos para el crecimiento deberían mantener al BCE sin cambios. Es probable que el Banco de Inglaterra también mantenga los tipos estables. La Fed tiene margen para seguir flexibilizando su política.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos la opinión de que los mercados han sobrevalorado el riesgo de que los bancos centrales suban, o no bajen, los tipos de interés. Esto crea una oportunidad potencial para que los inversores ‘fijen rendimientos’ en bonos de calidad a corto y medio plazo en USD, EUR y GBP”. Y añade: “Quienes busquen generar ingresos adicionales en sus carteras también pueden considerar una exposición selectiva a segmentos de mayor beta como mercados emergentes, high yield o deuda subordinada, así como estrategias de renta variable orientadas a ingresos e inversiones estructuradas que generen rentabilidad”.

“Prevemos una subida adicional de 25 puntos básicos, muy probablemente en agosto, y un tipo terminal del 4,6%. A corto plazo, nos mantenemos cautos con el AUDUSD en un contexto de fortaleza continuada del USD. A más largo plazo, sin embargo, unos fundamentos sólidos respaldan nuestra previsión de 0,75, con preferencia por posiciones largas en la divisa frente a ciertos cruces selectivos”, apuntan Wayne Gordon y Teck Leng Tan, estrategas.

Pictet: clima de inversión más favorable

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, habla de "un clima de inversión más favorable". Ante la persistencia del conflicto sin resolver en Irán mantenemos una posición global neutral en renta variable, renta fija y liquidez, aunque reintroduciendo cierto riesgo. Sobre ponderamos acciones estadounidenses y de mercados emergentes, los cuales presentan sólidos beneficios empresariales y resistencia a la crisis energética. Preferimos los sectores industrial y tecnológico. También sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes.Aunque persiste mucha incertidumbre, sin que se vislumbre el fin de la guerra en Irán, con barcos atrapados en el estrecho de Ormuz y precios del petróleo en alza, los peores escenarios no se han materializado y el balance de riesgos apunta a un clima más favorable de inversión. En este sentido los inversores pueden volver a centrarse en lo que, en general, son fundamentales positivos: amplia liquidez global, fuerte dinamismo de beneficios empresariales, crecimiento económico, aunque no espectacular, inflación moderada -aunque con riesgos al alza- y valoraciones en muchas clases de activos más atractivas que hace dos meses.

El contexto macroeconómico es en conjunto moderadamente positivo, con indicadores adelantados indicativos de que la actividad se mantiene resiliente en la mayoría de las economías desarrolladas y gran parte de Asia, siendo la transmisión del impacto energético, más allá de encuestas y precios, limitada hasta el momento. Nuestro escenario base es que la economía global crezca 2,8% este año, ligeramente por encima de su potencial, con la inflación alrededor de 3%. 

Pero los precios del petróleo rondan 110-120$/barril con la vía marítima del estrecho de Ormuz cerrada, en comparación con los 70$ previos a la guerra, siendo el valor razonable a largo plazo de unos 80$. Si el cierre se prolonga al verano es probable que desencadene una leve recesión en Europa y algunas economías emergentes, incluso EEUU. De hecho, en EEUU el consumidor es más vulnerable de lo que indica el crecimiento económico: los datos de consumo ya son débiles, el aumento de la renta disponible se ha desacelerado considerablemente, la confianza se encuentra cerca de mínimos históricos y se prevé que el aumento de precios del petróleo reduzca más la renta real, aunque sus productores de petróleo pueden obtener importantes beneficios.

En cambio, en Europa, la crisis del petróleo es negativa, haciendo que las expectativas de recuperación se desvanezcan, con amenaza de estanflación más presente y hemos rebajado la previsión de crecimiento en la euro zona este año a 0,9% desde 1,3% hace dos meses y aumentado la de inflación a 2,7% desde 2 %.

Pero en economías emergentes los exportadores de energía son beneficiarios y otros países se encuentran en posición más sólida que en crisis anteriores, con mayor crecimiento, menor vulnerabilidad externa y mayores reservas de liquidez.

Ante la incertidumbre sobre la duración del impacto inflacionario y posible intervención Gubernamental para mitigar sus efectos, los bancos centrales se han mostrado dispuestos a endurecer la política monetaria, aunque sin prisa. La liquidez global, por la oferta monetaria, reservas de divisas (excluido oro) y activos de los bancos centrales (excluido oro), crece cerca de 7,4 %, 1 % por encima de la tendencia histórica.Por su parte la Reserva Federal ha dejado de recortar tipos de interés y no prevemos más este año, pero la liquidez de su sector privado sigue abundante para protegerse de perturbaciones externas. Creemos que se debe a que los principales prestatarios -Gobierno, empresas relacionadas con inteligencia artificial (IA) y consumidores con mayor poder adquisitivo- no son especialmente sensibles a las variaciones de tipos de interés. 

Además, los balances bancarios gozan de sólida salud, bien protegidos de perturbaciones en los sectores más débiles del mercado crediticio. La liquidez monetaria y crediticia en EEUU aumentará a 2,5 billones$, 8 % de su PIB, frente a 1,7 billones en 2025.

La temporada de presentación de resultados ha sido sólida, especialmente en EEUU y en sectores de tecnología, finanzas y materiales. Las valoraciones en renta variable, a pesar de la fuerte recuperación, no parecen excesivas en precio/beneficio a 12 meses un 10 % inferior al máximo de octubre de 2025.  Los principales índices bursátiles están dominados en gran medida por empresas del sector servicios, siendo poco probable que el aumento del precio del petróleo tenga impacto inmediato en los beneficios agregados. Además, el sentimiento de los inversores se ha recuperado con fuerza hasta terreno alcista, pero sin señales de excesiva euforia: el apalancamiento neto se encuentra por debajo del promedio y los inversores siguen preparados para la volatilidad, como muestran los mercados de opciones.

En este contexto hemos aumentado nuestra recomendación en acciones estadounidenses a sobre ponderar.  Están respaldadas por sólidos resultados empresariales, liquidez y auge de la inversión industrial e IA. El consenso espera en las empresas del índice S&P 500 crecimiento de beneficios de alrededor del 20% este año y el próximo, máximo desde 2021. Además, es destacable el aumento de los márgenes de beneficio, prueba de control de costes y crecimiento nominal. Pero estamos neutrales en mercados desarrollados fuera de EEUU, donde las valoraciones de las acciones siguen ajustadas y persiste la incertidumbre sobre el impacto económico de la guerra.

También sobre ponderamos acciones de mercados emergentes, cuyas empresas experimentan fuerte aumento de beneficios y parecen relativamente protegidas del aumento de costes de la energía. Se prevé que su mayor crecimiento del PIB respecto a economías desarrolladas se amplíe a 2,6 % este año frente a 2,4 % de 2025. Estos países pueden beneficiarse del ciclo de IA, con algunos de los mayores fabricantes de chips del mundo, como la taiwanesa TSMC y coreanas Samsung y SK Hynix, que juntos representan casi una cuarta parte del índice de emergentes MSCI EM. Además, sobre ponderamos acciones chinas, donde un fuerte estímulo monetario y fiscal debe respaldar su demanda interna y el aumento de la producción industrial y exportaciones relacionadas con IA impulsar los beneficios, en un mercado con mayor capacidad que la mayoría para absorber perturbaciones externas.

Por sectores sobre ponderamos acciones industriales, favorecidas por el gasto global en infraestructura y mejora de tendencias manufactureras. La inversión en capital en EE. UU. está en auge, con aumento de 11 % interanual en pedidos de bienes de capital básicos en marzo. También sobre ponderamos acciones tecnológicas, pero preferimos empresas de hardware y semiconductores a las de software. El descuento en valoración con la reciente caída puede ser temporal y los planes de inversión de las grandes tecnológicas para centros de datos de IA e infraestructura digital este año -estimados en 700.000 millones$- justifican una prima.

Estamos neutrales en el sector de salud, por el menor dinamismo y perspectivas de beneficios menos favorables en comparación con otros segmentos e infra ponderamos acciones de consumo discrecional, pues el aumento de la inflación debe afectar negativamente a los ingresos de los hogares.

Mantenemos una posición neutral en bonos de mercados desarrollados. Los inversores que buscan protección frente a la volatilidad pueden verse atraídos por esta deuda, pero las presiones inflacionarias pueden hacer que aumenten sus rentabilidades a vencimiento. El BCE y el Banco de Inglaterra ya han dado señales de que endurecerán su política monetaria y consideramos poco probable que la Reserva Federal -incluso bajo la presidencia de Kevin Warsh, aparentemente más moderado- recorte sus tipos de interés este año. Por otra parte, si el aumento de precios erosiona la confianza de consumidores y empresas aumentarán los riesgos de recesión, con aumento de precios de los bonos. Así que, por ahora, estas fuerzas contrapuestas dejan poco margen para la convicción.Pero sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes, que ofrece una relación riesgo-rentabilidad muy favorable. Su deuda soberana sobre PIB se sitúa en un promedio del 57 %, muy por debajo de 128 % en economías del G-7 y la situación fiscal es más sólida, con la calidad crediticia mejorando desde principios de 2024. Las rentabilidades a vencimiento reales, sobre todo en Latinoamérica, se mantienen muy por encima de la de mercados desarrollados, con sólido colchón de ingresos para los inversores. Además, la apreciación de divisas ofrece una fuente adicional de rentabilidad -la monedas de economías importadoras de petróleo se han comportado mejor que en crisis anteriores de la energía, lo que sugiere mejoras estructurales y demanda de los inversores-.

inAtlas: las empresas necesitan datos para tomar decisiones en comercio exterior

La reconfiguración del comercio internacional ya no es una hipótesis, sino una realidad operativa para miles de empresas. El aumento de los aranceles, la relocalización industrial y las tensiones entre grandes bloques económicos están obligando a revisar estrategias que durante años parecían consolidadas. En este contexto, muchas compañías españolas con fuerte exposición internacional están empezando a diversificar sus mercados. Sectores como el agroalimentario, el químico-farmacéutico, la maquinaria industrial o el textil están explorando nuevas geografías para reducir riesgos y mantener su competitividad en un entorno cada vez más fragmentado.

“Durante años, la internacionalización se ha apoyado en mercados considerados estables. Hoy, esa estabilidad es relativa. Las empresas necesitan identificar alternativas, pero hacerlo con criterio, porque los nuevos mercados también implican mayores niveles de complejidad”, explica Silvia Banchini, Cofundadora y Directora Comercial de inAtlas.

Este cambio de escenario está poniendo en evidencia los límites del análisis macroeconómico tradicional. Indicadores como el crecimiento del PIB o la evolución de la clase media resultan insuficientes para evaluar la viabilidad real de un mercado. La toma de decisiones exige ahora un nivel de precisión mucho mayor: conocer qué empresas operan en un territorio, identificar potenciales socios o distribuidores, evaluar riesgos comerciales específicos o analizar los flujos reales de importación y exportación por categoría de producto.

“Las empresas ya no pueden permitirse tomar decisiones basadas únicamente en tendencias generales. Necesitan entender el mercado a un nivel mucho más detallado, casi quirúrgico, para minimizar la incertidumbre”, añade Banchini.

La diversificación abre oportunidades, pero también introduce nuevos desafíos. Mercados que hasta ahora estaban fuera del radar empresarial, en regiones de Asia, África o América Latina, empiezan a ganar atractivo, aunque con estructuras comerciales más complejas y mayores riesgos asociados. En este contexto, el acceso a datos fiables y actualizados se convierte en un factor diferencial. El uso de herramientas basadas en microdatos permite a las empresas cruzar información empresarial, financiera y comercial para identificar oportunidades reales y tomar decisiones más informadas.

La transformación del comercio global no afecta por igual a todas las empresas. Aquellas que logren anticipar cambios y adaptar su estrategia de internacionalización tendrán una ventaja competitiva clara en los próximos años. En un entorno marcado por la incertidumbre, la capacidad de interpretar datos complejos y convertirlos en decisiones operativas se perfila como uno de los principales factores de éxito para las empresas exportadoras.

30Apr

Cada vez más, la atención de los inversores se centra en cómo se ejecutan los planes de inversión y en qué medida estos se traducen en crecimiento de ingresos o mejora de márgenes.

Miguel Ángel Valero

Tras el cierre de mercado, y en un intervalo inferior a dos minutos, se publicaron los resultados de los cuatro principales hiperescaladores —Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft—. En conjunto, las cifras fueron positivas, aunque con matices relevantes. Cada vez más, la atención de los inversores se centra en cómo se ejecutan los planes de inversión y en qué medida estos se traducen en crecimiento de ingresos o mejora de márgenes.

Bajo este prisma, los tres grandes proveedores de servicios de computación en la nube –Alphabet, Amazon y Microsoft– superan el listón y, en sus presentaciones de resultados, continúan mostrando indicadores de mejora operativa. Destaca especialmente Alphabet, cuyo negocio en la nube supera por primera vez los 20.000 millones$ en ingresos trimestrales. 

En el lado opuesto se sitúa Meta, que no termina de convencer: la materialización de su inversión en inteligencia artificial aparece diluida dentro de unos resultados sólidos, pero sin un plan estratégico claramente definido. A ello se suma el aumento del presupuesto de inversión para este año hasta los 145.000 millones –20.000 millones más de lo anunciado en enero–, sin una visión concreta sobre cómo se traducirán estas inversiones en creación de valor.

Un trimestre más, puede afirmarse que los planes de inversión continúan creciendo en paralelo al aumento de las necesidades de capacidad computacional. En este contexto, Amy Hood, directora financiera de Microsoft, sigue siendo una de las voces más claras del sector. En su intervención volvió a subrayar que el crecimiento de las capacidades de IA en su nube está limitado por la escasez de capacidad computacional, lo que justifica el incremento de la inversión prevista para 2026, que estima alcanzará los 190.000 millones$

Investing.com: el capex castiga a Meta y premia a Alphabet

Por su parte, Jesse Cohen, analista sénior en Investing.com, destaca que la sorpresa en el Capex opacó los resultados positivos de Meta. Los inversores están asimilando la realidad de que las ambiciosas apuestas de Meta en inteligencia artificial tienen un costo elevado que presionará la rentabilidad en el corto plazo. Las perspectivas más moderadas sugieren que monetizar estas enormes inversiones podría ser un camino más largo e incierto de lo que el mercado esperaba. En este momento, 2026 se perfila como el año decisivo para los grandes proveedores de infraestructura en la nube. 

Si el gasto de Meta en infraestructura de IA no se traduce en una aceleración del crecimiento de ingresos, una expansión sostenida de márgenes o nuevas vías claras de monetización, el mercado lo interpretará como un riesgo de sobredimensionamiento y no como un posicionamiento estratégico.

El umbral crítico será si observamos trimestres consecutivos en los que el Capex sigue aumentando mientras el crecimiento de los ingresos se desacelera. Si eso ocurre, el relato cambiará de forma permanente: de 'construyendo el futuro' a 'quemando efectivo en una visión especulativa' sin retorno garantizado.

Sobre los resultados de Amazon, "fue una clase magistral en ejecución". Amazon entregó otro trimestre sólido, con AWS mostrando un crecimiento robusto que continúa consolidando su liderazgo en la computación en la nube. La marcada reaceleración en el crecimiento de las ventas de AWS es el elemento más destacado, y demuestra que el ciclo de optimización en la nube ha quedado atrás y que las empresas están adoptando plenamente nuevas cargas de trabajo, especialmente en inteligencia artificial. Este impulso se está trasladando claramente a unas perspectivas mejores de lo esperado

Thomas Monteiro, analista sénior en Investing.com, cree que, quizás más importante aún que el impresionante ritmo de crecimiento en la nube de Alphabet, es la justificación más amplia de que el plan de inversión de 180.000 millones$ en Capex —que sorprendió al mercado el trimestre pasado— se encuentra perfectamente dentro de la capacidad de gasto de la compañía, considerando la solidez y calidad de la curva de ingresos mostrada hoy.

En este sentido, Alphabet ha vuelto a replantear el debate sobre el Capex, alejándolo de la inflación de costos y la contracción de márgenes, y acercándolo a la pregunta de quién puede generar la potencia necesaria en el lado de los ingresos para competir en un mercado de infraestructura de IA altamente inflado. Y la respuesta es que prácticamente nadie puede hacerlo en este momento. Mientras otros siguen quemando efectivo y escalando en el lado de la deuda, Alphabet continúa liderando con márgenes saludables y con margen adicional para acelerar si fuera necesario.

En este sentido, el mensaje clave es que Alphabet ya no le está pidiendo a los inversores que respalden el gasto en IA por fe. La compañía ya está mostrando un ciclo cerrado entre inversión en infraestructura, uso de productos, demanda empresarial y apalancamiento operativo.

Combinando todos los aspectos del negocio —desde el crecimiento de ingresos hasta los flujos de caja extremadamente saludables y una demanda sin parangón— Alphabet sigue proyectando un perfil de crecimiento más rápido y diversificado como líder en IA que casi cualquier otro competidor en el mercado.En un mercado donde todos necesitan más capacidad de cómputo, Alphabet está demostrando que puede costear la carrera mientras continúa expandiendo todos los flancos de su negocio.

A pesar de un trimestre excelente en todas las métricas financieras, Microsoft no ha logrado reformular completamente la narrativa del Capex en IA. Si bien la economía de varias iniciativas clave luce considerablemente mejor que el trimestre pasado —respaldada por una saludable expansión de márgenes, mayor eficiencia y una demanda resiliente en la nube e IA— la curva de Capex sigue siendo enorme. Esto ha dejado a los inversores enfocados en si la compañía está gastando desde una posición de fortaleza o si está tratando de ponerse al día en la carrera de infraestructura de IA.

Los resultados respondieron la pregunta de ejecución en el corto plazo, pero no la pregunta de intensidad de capital en el largo plazo. El crecimiento de Azure se situó en el extremo superior de las expectativas, la tasa de crecimiento de los ingresos por IA escala rápidamente y la demanda acumulada sigue siendo excepcional. Aun así, el mercado está tratando estos aspectos positivos como necesarios pero no suficientes, porque la próxima fase del debate gira en torno a los retornos sobre el gasto en infraestructura, no solo sobre la demanda.

El problema central es que la historia de IA de Microsoft es ahora demasiado grande para ser juzgada únicamente por las tasas de crecimiento. Los inversores quieren ver con qué rapidez ese crecimiento se convierte en dólares de margen duraderos, especialmente a medida que los compromisos de infraestructura siguen aumentando. En ese sentido, el trimestre fortaleció el argumento de la demanda, pero no resolvió completamente el argumento del retorno sobre el capital.

UBS: los retornos sobre el capital deben materializarse

Cuatro de las compañías del grupo de los 7 Magníficos publicaron sus resultados del primer trimestre, con tres de los grandes hyperscalers estadounidenses elevando sus previsiones de Capex en IA ante el fuerte aumento de la demanda y el encarecimiento de componentes. Los resultados de las grandes tecnológicas llegan en un momento clave para los mercados globales: tanto el S&P 500 como el Nasdaq han marcado nuevos máximos históricos esta semana, prolongando el fuerte rebote desde los mínimos de finales de marzo.

Aunque creemos que el rally tecnológico aún tiene recorrido, consideramos esta temporada de resultados como una prueba clave para los inversores en IA en torno a tres áreas fundamentales:

  • Los negocios principales deben seguir cumpliendo.
  • La disciplina en el Capex cobra ahora mayor importancia.
  • Los retornos sobre el capital deben materializarse.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos posicionados para capturar el potencial alcista de la oportunidad más amplia en IA, al tiempo que recomendamos a los inversores asegurar una adecuada diversificación dentro de esta temática”. Y añade: “Favorecemos un enfoque equilibrado de la IA a lo largo de las capas de habilitación, inteligencia y aplicación, incluyendo semiconductores y equipamiento para chips, energía y recursos, infraestructuras, así como compañías seleccionadas en EEUU, Asia y Europa que creemos se beneficiarán de la adopción de la IA".

24Apr

Deepseek ha lanzado su nuevo modelo de IA V4 Flash y V4 Pro para competir con las últimas versiones de los gigantes tecnológicos estadounidenses, pero sus resultados iniciales no superan a los de éstos.

Miguel Ángel Valero

Deepseek ha lanzado su esperado nuevo modelo de IA V4 Flash y V4 Pro para competir con las últimas versiones de los gigantes tecnológicos estadounidenses. La compañía china mantiene su apuesta por un modelo abierto, aunque ha advertido de que el acceso comercial a la versión Pro estará más limitado debido a la falta de capacidad computacional. Esta restricción, según la empresa, se aliviará en la segunda mitad del año con la incorporación de nuevos servidores equipados con chips de Huawei, una señal que disipa los temores de que una mayor eficiencia de los modelos reduzca la necesidad de invertir en capacidad de cómputo, lo que ha provocado un nuevo rally en el segmento de semiconductores, especialmente entre los proveedores chinos.

Las primeras impresiones apuntan precisamente en esa dirección: la eficiencia sigue siendo el principal valor diferencial del modelo, pero, a diferencia del año pasado, los resultados no superan a los de los modelos estadounidenses más avanzados.

En plena ronda de financiación, la compañía china ha despertado el interés de Tencent, que estaría dispuesta a adquirir un 20% del capital, y mantiene conversaciones con Alibaba como posible nuevo socio, a pesar de que ambas firmas cuentan también con desarrollos propios.

En la carrera por dominar el efervescente mercado de la inteligencia artificial (IA), cada lanzamiento cuenta, pero en esta ocasión parece que el empuje chino ha quedado por debajo de las expectativas creadas el año pasado. 

Ahora, el mundo aguarda el lanzamiento completo de Mythos, de Anthropic, un acontecimiento que está generando una notable inquietud en el ámbito de la ciberseguridad.

¿Qué está pasando con Mythos?

Jesús Cristóbal, profesor de OBS Business School y director de Sand, destaca que el ecosistema de la inteligencia artificial ha recibido una de las noticias más relevantes, e inquietantes, de lo que va de año. La protagonista es Anthropic, la empresa detrás del conocido modelo de lenguaje Claude. En el ámbito de los LLM (Large Language Models), los modelos son versiones entrenadas con identidad propia. Aunque suelen presentarse como sistemas independientes, en la práctica muchos evolucionan a partir de iteraciones anteriores mediante reentrenamiento parcial y técnicas de alineamiento. A esto se suman capas superiores, como el fine-tuning o el uso de principios de alineación, que determinan su comportamiento final, reducen sesgos y amplían sus capacidades.

A finales de marzo de 2026 comenzaron a circular filtraciones de documentación técnica interna de Anthropic. Se trataba de decenas de páginas que describían capacidades avanzadas de modelos aún no anunciados con un foco: la ciberseguridad ofensiva. En ese momento todavía no estaba confirmado el nombre, pero ya aparecían referencias a un modelo que semanas después se haría público bajo el nombre de Mythos. A principios de abril, el nombre quedó confirmado. Y entre el 8 y el 20 de abril llegó el anuncio clave: Anthropic no liberaría Mythos al público general. 

¿Por qué frenar un modelo aparentemente tan avanzado? La explicación oficial es que Mythos detecta vulnerabilidades de software y automatiza su descubrimiento y explotación. Según la propia compañía, el modelo ha identificado cientos, posiblemente miles de vulnerabilidades en distintos tipos de software, desde sistemas operativos hasta aplicaciones de gestión empresarial. Muchas de estas vulnerabilidades son lo que en ciberseguridad se denomina zero day: fallos desconocidos por el fabricante para los que no existe parche ni mecanismo de defensa. Esto significa que pueden ser explotados sin que el proveedor del software tenga capacidad de reacción inmediata. 

El problema no es solo la existencia de estas vulnerabilidades —que siempre han existido—, sino que Mythos reduce drásticamente el coste de encontrarlas y explotarlas. Lo que antes requería equipos altamente especializados durante semanas o meses, ahora puede ejecutarse de forma automatizada y a gran escala. 

Ante este escenario, Anthropic activó un programa cerrado de colaboración con más de 40 organizaciones tecnológicas y de ciberseguridad como Apple, Amazon, Microsoft, Google o Nvidia, junto a actores clave del ámbito de la seguridad como CrowdStrike y Palo Alto Networks, además de organizaciones del ecosistema open source como Linux Foundation y Mozilla.

La decisión abre interrogantes. No existe una lista pública completa de participantes, ni está claro el alcance real de las vulnerabilidades detectadas. Tampoco pasa desapercibido que el acceso se haya limitado a un grupo reducido de organizaciones.

Mythos representa un cambio importante: por primera vez la capacidad de descubrir y explotar vulnerabilidades deja de depender exclusivamente de expertos humanos y pasa a ser automatizable. El riesgo ya no reside en que existan más fallos, sino en que el coste de encontrarlos es minúsculo.

Más allá de la seguridad hay un factor menos visible pero igualmente relevante: el coste de operar modelos de este tipo requiere una capacidad de computación masiva. Cada consulta implica un consumo significativo de recursos, lo que se traduce en costes directos elevados y, sobre todo, en un importante coste de oportunidad en infraestructuras. En este contexto, algunos analistas plantean una hipótesis incómoda: la restricción de acceso a modelos como Mythos podría no responder únicamente a motivos de seguridad, sino también a una realidad económica. Por primera vez, los modelos más avanzados podrían quedar limitados no solo por su peligrosidad potencial, sino por quién puede permitirse operarlos.

Lo que está en juego con Mythos no es solo un nuevo avance tecnológico, sino el inicio de una nueva etapa en la relación entre inteligencia artificial y seguridad digital. Una etapa en la que la pregunta ya no es qué pueden hacer estos modelos, sino quién debería tener acceso a ellos.

23Apr

Alemania reduce a la mitad su previsión de crecimiento este año, y 4 décimas la de 2027. Mientras la IA acelera, las empresas logísticas buscan alternativas a Ormuz, y los mercados ponen el foco en la recuperación posguerra.

Miguel Ángel Valero

El tránsito por el estrecho de Ormuz se complica aún más, con intervenciones iraníes sobre buques occidentales y acciones estadounidenses contra embarcaciones vinculadas al petróleo iraní. Un doble candado en el paso reduce la capacidad de circulación, en un contexto de táctica del desgaste por ambas partes. Los mercados energéticos han reaccionado de forma contenida ante esta nueva situación, conscientes de que la postura iraní resulta difícilmente sostenible en el tiempo, dado el creciente desgaste económico que se suma a un ya significativo desgaste militar.

Mientras, la factura de la situación en Oriente Medio la paga Europa. En Alemania, el Ministerio de Economía ha recortado a la mitad su previsión de crecimiento para este año, del +1% al +0,5%, como consecuencia del conflicto. Según explicó la ministra de Economía, Katherina Reiche, está provocando un encarecimiento de la energía y de las materias primas, lo que supone una mayor carga financiera para empresas y hogares. También revisó a la baja sus estimaciones para 2027, reduciendo el crecimiento esperado del +1,3% al +0,9%. En materia de precios, el Gobierno prevé que la inflación se sitúe en torno al +2,7% este año y alcance el +2,8% en 2027. Pese a este escenario, la recuperación económica está siendo impulsada sobre todo por la demanda interna. Con el incremento de los ingresos reales, el consumo privado continúa siendo uno de los pilares de la economía alemana, a pesar de la pérdida de poder adquisitivo derivada del shock energético. En términos reales, se espera que el consumo crezca un 0,4% este año y un 0,5% en 2027. El gasto público –especialmente en infraestructuras y defensa– contribuirá al crecimiento económico, con un aumento estimado del 2%.

En la zona euro, la confianza de los consumidores sigue reflejando el efecto significativo del encarecimiento de la energía, alcanzando niveles no vistos desde diciembre de 2022. En abril, el indicador adelantado elaborado por Eurostat retrocedió hasta -20,6, por debajo del -17,2 estimado y del -16,4 correspondiente a marzo. 

Investing.com: Tesla muestra el crecimiento en IA

En cambio, la guerra no parece afectar a la IA. Thomas Monteiro, analista senior de Investing.com, destaca que Tesla fue el primer gran indicador de esta temporada de resultados en cuanto a la narrativa de inversión en capital (capex) en IA frente al crecimiento, que volverá a dominar el sentimiento del mercado, y lo hizo sorprendentemente bien tanto en el frente de gastos como en el de monetización. Si bien la empresa continúa lidiando con varios desafíos estructurales y macroeconómicos en su negocio principal —lo que debería seguir presionando el crecimiento de los beneficios a lo largo del año—, la verdadera historia aquí fue el flujo de caja. Esto, sin duda, le otorga a Elon Musk y a su equipo significativamente más capacidad —y, lo más importante, tiempo— para volver a competir en la economía de la innovación, que ahora se extiende mucho más allá de los vehículos eléctricos hacia la monetización de servicios impulsados por IA.

En ese sentido, el trimestre ofreció las primeras señales tangibles de que el agresivo ciclo de inversión en IA de la compañía ya podría estar traduciéndose en ingresos reales más rápido de lo esperado. En un mundo donde la demanda de vehículos eléctricos y los créditos regulatorios siguen siendo difíciles de escalar, un giro hacia una base de ingresos más diversificada y centrada en servicios debería ayudar a sostener los márgenes a largo plazo. Además, la combinación de un crecimiento en las suscripciones de FSD y un entorno regulatorio que mejora gradualmente debería seguir respaldando la próxima narrativa de innovación.

Si bien todavía hay numerosos desafíos por delante para Elon Musk y su empresa, estos resultados mejores de lo esperado mantienen viva la posibilidad de que Tesla pueda recuperar su posición en la vanguardia de la economía de la innovación, un lugar que, sin duda, nunca debería haber abandonado. Pero "todavía necesitamos ver que la innovación se traduzca en ofertas escalables y listas para el mercado antes de adoptar una postura más optimista sobre la acción", avisa este experto.

UBS: enfoque diversificado en toda la cadena de valor de la IA

La carrera de la IA sigue acelerándose en los mercados públicos y privados. Desde la actividad de capital riesgo hasta la demanda de chips, las últimas señales apuntan a un impulso continuo en todo el ecosistema. Para los inversores, "creemos que la próxima fase de la inversión en IA recompensará cada vez más la ejecución y la rentabilidad, no solo la exposición al tema. El desequilibrio entre oferta y demanda sigue respaldando precios elevados en el hardware. La adaptación marcará la diferencia entre los beneficiarios tradicionales y los rezagados. El capital privado sigue viendo un largo recorrido para la IA", señalan en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, añade: “Los desarrollos de esta semana refuerzan que la IA sigue expandiéndose en financiación, hardware y adopción empresarial, incluso mientras el mercado se vuelve más selectivo sobre dónde se generarán los retornos. A medida que se acerca la temporada de resultados, creemos que los inversores deberían observar tres aspectos: la solidez de los negocios principales que respaldan la inversión en IA, cualquier aumento en los planes de gasto de capital y la perspectiva de las direcciones sobre la rentabilidad del capital. Nuestra preferencia sigue siendo un enfoque diversificado a lo largo de la cadena de valor de la IA, en línea con nuestro posicionamiento AI TRIO, equilibrando sólidos fundamentos a largo plazo con riesgos geopolíticos, creciente competencia y presiones sobre el flujo de caja libre”.

KLN refuerza sus soluciones logísticas alternativas a Ormuz

El cierre del Estrecho de Ormuz está provocando una reorganización significativa de las rutas comerciales globales. Esta vía estratégica para el transporte energético y marítimo internacional, conecta Europa, Asia y África, y su interrupción ha obligado a navieras y operadores logísticos a rediseñar rutas, asumir mayores costes operativos y afrontar mayores tiempos de tránsito e incertidumbre. En paralelo, la presión sobre el transporte aéreo y los principales hubs internacionales ha aumentado, generando tensiones en la capacidad disponible y complicando la planificación de inventarios en sectores como automoción, retail, industrial o farmacéutica.

En este contexto, KLN está reforzando su red de soluciones logísticas alternativas con el objetivo de mantener la continuidad de las cadenas de suministro hacia Oriente Medio, especialmente hacia los países del Golfo, en la medida de lo posible. Porque el cierre de Ormuz no representa únicamente una interrupción puntual, sino un factor que acelera una tendencia estructural: la necesidad de cadenas de suministro más flexibles, diversificadas y resilientes frente a cambios geopolíticos. En la actualidad, el transporte marítimo se enfrenta a mayores tiempos de tránsito y menor previsibilidad, mientras que el transporte aéreo opera con una capacidad más ajustada y costes elevados. Este escenario incrementa la complejidad en la planificación logística y afecta directamente a la disponibilidad de productos y a la estabilidad de los flujos comerciales entre Europa y Oriente Medio.

Con presencia en 59 países y más de 18.000 empleados, KLN, integrada en SF Holding, está impulsando un modelo logístico multimodal basado en la combinación de distintos medios de transporte para aumentar la flexibilidad operativa. Air-Truck, la solución diseñada para envíos urgentes, combina transporte aéreo desde Europa hasta Abu Dabi, donde se centraliza la operación logística, con distribución por carretera hacia los distintos países del Golfo. Este sistema permite reducir los tiempos de tránsito entre uno y seis días, siendo especialmente adecuado para mercancías de alto valor o con requisitos de entrega críticos. En Sea-Truck, orientada a envíos en los que el equilibrio entre coste, capacidad y fiabilidad es prioritario, la mercancía se transporta por vía marítima desde puertos del Mediterráneo y continúa por carretera hasta su destino final en el Golfo. El servicio incluye gestión aduanera y coordinación logística integral, con tiempos de tránsito estimados de entre 15 y 20 días y una mayor previsibilidad frente a rutas actualmente afectadas por desvíos y congestión.

Desde KLN señalan que el impacto del cierre del Estrecho de Ormuz refleja una transformación estructural en la logística global: “El sector logístico está entrando en una fase en la que la eficiencia ya no depende únicamente del coste o del tiempo, sino también de la capacidad de adaptación ante disrupciones”.

Eastspring Investments: el foco se traslada a la recuperación posguerra

Vis Nayar, Chief Investment Officer de Eastspring Investments, Ray Farris, Chief Economist, y Viola Wong, Economist, creen que los mercados son optimistas tras la prórroga del alto el fuego el 22 de abril. Porque piensan que los buenos resultados empresariales, junto a los datos sólidos del mercado laboral estadounidense, seguirán soportando una tendencia favorable. 

Respecto a los mercados asiáticos, los expertos de la gestora identifican oportunidades en renta variable por la mayor demanda de infraestructura vinculada a la IA, y en sectores del universo de empresas de China que gozan del apoyo del gobierno o con márgenes resilientes frente a la subida de los precios de la energía. En renta fija, la guerra ha generado oportunidades por la subida brusca de rendimientos de la deuda soberana en algunos países, y por la subida de diferenciales en Crédito de segmentos con menor calificación crediticia que no se justifican por fundamentales. 

Los mercados están desplazando el foco desde Oriente Medio hacia el potencial de una recuperación posguerra de la oferta mundial de energía, más que en escenarios peores. La resiliencia de los beneficios en EEUU también está respaldando a los mercados. Aunque hasta ahora sólo el 10% de las empresas del S&P han presentado resultados del 1T, el 88% ha superado las estimaciones, con beneficios un 10,8% por encima de lo previsto. Estos porcentajes de sorpresas positivas están por encima de las medias en los últimos 5 y 10 años. A nivel macro, la caída de las solicitudes iniciales y continuadas de subsidio por desempleo en EE.UU. a principios de abril, sugiere que la economía estadounidense está creciendo pese a los mayores precios de la energía.

Esta combinación de sólidos beneficios en EEUU y un mercado laboral estadounidense que sigue siendo robusto, refuerza la confianza del mercado en las recientes revisiones al alza de las estimaciones de beneficios en la mayoría de los mercados asiáticos.

17Apr

Jonathan Brill, coautor de 'La IA y la organización pulpo' (Editorial Almuzara), defiende en Abante Asesores que para convertir la IA en una verdadera ventaja competitiva hay que mirar más allá de la tecnología y aplicar un enfoque del trabajo y de la gestión que permita a los equipos pensar y, al mismo tiempo, actuar de forma veloz.

Miguel Ángel Valero

La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa. Es una realidad que se está extendiendo con rapidez en el tejido empresarial. En España, el porcentaje de empresas que la utilizan se ha duplicado en apenas tres años, pasando del 13% al 21%, especialmente en sectores como el tecnológico y los servicios.

"Si uno se queda en la superficie, la lectura parece tranquilizadora. Los sectores más expuestos a la IA no han destruido empleo; de hecho, han sido los que más han crecido desde 2019. Durante ese periodo, a mayor exposición, mayor creación de empleo. Pero esa relación se ha ido debilitando con la irrupción de la IA generativa hasta prácticamente desaparecer. La IA ya no impulsa el empleo como antes… pero tampoco lo destruye de forma evidente. Y ahí está el error de interpretación", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

El verdadero cambio no está en el volumen total, sino en su distribución. Cuando se analizan los datos por edades, el patrón es claro: los jóvenes, especialmente los menores de 25 años empiezan a quedarse fuera de las ocupaciones más expuestas a la IA. No porque pierdan empleo, sino porque cada vez acceden menos a él. Las empresas no despiden perfiles juniores. Dejan de contratarlos.

Los trabajadores con experiencia se benefician: son más productivos y aportan más valor en un entorno donde la tecnología amplifica sus capacidades. Pero los jóvenes dependen de ese primer empleo para empezar. Si esas posiciones desaparecen o se reducen, el impacto no es inmediato en los datos, pero sí profundo a nivel estructural. Sin entrada, no hay aprendizaje. Y sin aprendizaje, no hay progresión.

Lo que empieza a confirmarse es que el impacto de la IA no es lineal. Surge del equilibrio entre automatización, reasignación de tareas y crecimiento de las empresas que adoptan la tecnología. El resultado puede parecer neutro, pero esconde cambios importantes. Y uno de los más relevantes es la pérdida de oportunidades en los primeros escalones del mercado laboral.

La inteligencia artificial no está destruyendo empleo de forma masiva, pero está alterando las reglas del juego de forma silenciosa y profunda. El problema ya no es cuántos empleos se crean o se destruyen, sino quién tiene acceso a ellos. Y si no se corrige, el riesgo no es solo económico. Es generacional. Porque un mercado laboral que deja fuera a los más jóvenes no solo reduce su presente… compromete su futuro.

Mythos: la IA que mete miedo

Durante años, los riesgos del sistema financiero eran los de siempre: crédito, liquidez, tipos de interés o crisis de confianza. Pero está emergiendo una amenaza distinta, que no encaja en ninguno de esos bloques tradicionales… y que además está escalando con rapidez.

Los grandes bancos de Wall Street (como JPMorgan, Goldman Sachs, Citigroup o Bank of America) han empezado a probar un modelo de IA desarrollado por Anthropic: Mythos. Lo relevante no es que mejore procesos o automatice tareas. Es que puede detectar vulnerabilidades… y también tiene la capacidad potencial de explotarlas. Entramos en una fase en la que la misma herramienta sirve tanto para defenderse como para atacar. Y eso cambia las reglas del juego.

La Administración de Donald Trump ya ha elevado el nivel de alerta. El Tesoro ha reunido a los grandes bancos para analizar su impacto, en un contexto en el que la carrera tecnológica ha dejado de ser solo una cuestión de eficiencia para convertirse en un problema de seguridad sistémica. Porque el riesgo no es solo lo que hagan los bancos con estas herramientas… sino quién más pueda utilizarlas. Aquí es donde se entiende la magnitud del cambio. Hasta ahora, los ciberataques requerían equipos humanos, tiempo y tenían limitaciones. Con modelos como Mythos, esa barrera desaparece. Se multiplica la velocidad, la escala y la capacidad de encontrar fallos, incluso vulnerabilidades desconocidas (los llamados “zero-days”) que pueden explotarse automáticamente.

El nivel de sofisticación del riesgo está dando un salto. Y no llega en un momento cualquiera. Coincide con un sistema financiero que ya arrastra otras tensiones menos visibles, como el crecimiento del crédito privado o la acumulación de deuda en sectores tecnológicos. No sustituye riesgos, los suma.

Esto explica también el cambio de enfoque de los reguladores. Ya se obligaba a los bancos a cubrir riesgos operativos, incluidos los ciberataques, pero este tipo de amenaza es distinta: es difusa, incierta y ahora, además, automatizada. La seguridad deja de ser estática. Pasa a ser una carrera permanente.

"Estamos ante un cambio de naturaleza similar al que vemos en otros frentes de la economía global. Igual que el control de rutas estratégicas ha puesto en duda principios que dábamos por garantizados, en el ámbito financiero empieza a cuestionarse otro pilar básico: la capacidad de proteger los sistemas", insiste Pablo Gil.

"La IA no solo transforma la productividad o el empleo. Está redefiniendo el concepto de riesgo… y lo hace a una velocidad muy superior a la capacidad de adaptación de las instituciones. Por eso, el problema no es si habrá un ataque. Es que el equilibrio entre defensa y vulnerabilidad ha cambiado de forma estructural. Y cuando eso ocurre, ya no hablamos de un riesgo puntual… sino de un nuevo entorno permanente".

La organización pulpo

En este contexto, Editorial Almuzara, en colaboración de Fundación Abante y Executive Excellence, organizaron un debate entre Santiago Satrústegui, presidente y CEO de Abante Asesores y de EFPA España, y Jonathan Brill, experto en transformación digital y coautor (junto a Stephen Wunker) de La IA y la organización pulpo. En la presentación de la obra editada por Almuzara, dos claros mensajes: el verdadero reto es cómo gestionar el cambio; la IA no está para sustituir al humano sino para mejorar las organizaciones, facilitar la toma de decisiones y, sobre todo, su aplicación efectiva. 

Para Jonathan Brill, "la diferencia entre las empresas que tendrán éxito en el ámbito de la IA y las que no, realmente no tiene nada que ver con la tecnología, sino con cómo trabajamos juntos como equipos, cómo colaboramos como personas, para ser más creativos, más innovadores, para apoyarnos mutuamente y para trabajar con la inteligencia artificial con el fin de que nos ayude a coordinarnos, a crear, a inventar y a conquistar el futuro".

El tradicional modelo de las organizaciones se basa en la idea de una mente central que decide todo. Pero así no es cómo funcionan realmente. Un pulpo tiene una mente descentralizada, tiene un cerebro principal, pero la mayoría de su inteligencia está distribuida en los tentáculos. Cada tentáculo puede actuar de forma independiente. Ésta es la clave: la inteligencia, la creatividad y la toma de decisiones están distribuidas. Diferentes partes exploran cosas distintas, comparten información y toman decisiones de abajo hacia arriba. La innovación ocurre en la base, no en la cima, eso requiere coordinación entre equipos. "Las empresas que triunfen no serán las que mejor usen la tecnología, sino las que mejor gestionen a las personas", insiste este experto.

Para capturar la enorme oportunidad de la IA, el equipo de una organización debe pensar y actuar como un pulpo, ser veloz, flexible e inteligente. Para ello, hay que organizarlo para lograr el máximo impacto de la IA, pero también gestionar la dimensión emocional del cambio impulsado por la IA, que pone patas arriba conceptos tan tradicionales como crecimiento, coordinación y cultura.

Porque la IA redefine lo que las empresas son capaces de hacer, cómo crean valor y cómo compiten. No es una herramienta, sino un multiplicador de capacidades que impregna cada función de la organización. Las empresas que logren integrar la IA de manera efectiva no solo automatizarán tareas; reinventarán sus modelos de negocio, su manera de innovar y la forma en que sus personas toman decisiones. 

La IA es una fuente de conocimientos para acelerar el camino hacia la creación de valor. Las herramientas ya existen, lo que falta es imaginación organizativa: rediseñar roles, incentivos y salvaguardas para que personas y máquinas puedan pensar juntas a gran escala mientras se preservan la autonomía y la creatividad. Cuando se logre, la IA se convertirá en un catalizador que permitirá a las personas (y a las organizaciones) lograr juntos lo que nadie ni siquiera podría intentar por su cuenta. 

Si las organizaciones quieren sobrevivir, deben volverse fluidas como un pulpo, utilizando la IA para distribuir y acelerar la toma de decisiones rutinarias; descompartimentar las funciones y gestión; desarrollar y agudizar los sentidos respecto a los del entorno competitivo y el de las propias empresas. 

Esto se concreta en:

  1. 1.-Comenzar con los "puntos de dolor", no con la tecnología: Muchas empresas lanzan decenas de pilotos de IA que nunca se traducen en resultados de negocio. A menudo, el problema es que el piloto no se diseñó para resolver un desafío estratégico, sino para probar un problema técnico concreto. Una empresa obtendrá mucho más valor de sus primeros experimentos con IA si se los plantea como oportunidades para resolver un problema real del negocio.
  2. 2.-Hacer menos y esperar más. Las empresas líderes en IA se concentran en menos iniciativas, pero anticipan aproximadamente el doble de retorno sobre la inversión que las que las siguen. Incluir métricas cuantificables en los primeros pilotos puede ayudar a centrarse en aquellos que parezcan más prometedores y generen apoyo ejecutivo.
  3. 3.-Fortalecer los fundamento de datos. Los datos que alimentan las aplicaciones de IA deben estar integrados, limpios, y ser accesibles. Si los datos de la empresa están fragmentados en distintos sistemas de mala calidad o difíciles de acceder, escalar la IA en el ámbito empresarial estará siempre fuera del  alcance.
  4. 4.-Implementar «Machine Learning Ops» para la gestión del ciclo de vida: Las soluciones de IA puntuales pueden elaborarse artesanalmente; pero docenas, no. Aquí es donde entra en juego MLOps, un conjunto de prácticas y herramientas para gestionar el ciclo de vida del machine learning.
  5. 5.-Mantener la seguridad y la fiabilidad. A gran escala, la IA pasa a formar parte de procesos críticos para el negocio, por lo que la infraestructura de ciberseguridad de la empresa debe ser sólida y segura. También hay que incorpora los sistemas de IA a los modelos de amenaza cibernética, ya que la IA introduce nuevos riesgos como el envenenamiento de datos (si alguien introduce de forma maliciosa datos erróneos para reentrenar un modelo) o los inputs de adversario (entradas especialmente diseñadas para engañar a un modelo). Y garantizar controles de acceso adecuados sobre los datos y los modelos: quién puede desplegar cambios, quién puede ver los datos sensibles de entrenamiento, etc.
07Apr

Las economías más ricas y las más orientadas a los servicios cognitivos son las más expuestas a la automatización, mientras que los países en los que el empleo sigue estando más orientado al comercio, servicios personales, construcción, o transporte muestran una exposición más moderada.

Miguel Ángel Valero

Más de tres años después del lanzamiento de ChatGPT, el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el empleo sigue siendo, en gran medida, invisible en las estadísticas agregadas. Sin embargo, está empezando a manifestarse de forma marginal en determinados segmentos del mercado laboral, especialmente en puestos de nivel inicial dentro de los sectores más vulnerables. En este contexto, España presenta una exposición a la automatización impulsada por la IA ligeramente inferior a la media europea.

En el escenario Special Agent, un 15,2% del contenido de las tareas en la población activa española se encuentra en riesgo, situando al país dentro de un grupo de economías del sur de Europa —junto a Portugal e Italia y, de forma más difusa, Grecia, Bulgaria, Rumanía y Turquía— con niveles de exposición moderados, según el estudio ‘La próxima frontera de la automatización: un mapa de escenarios sobre la exposición laboral a la IA’, elaborado por Coface y el Observatorio de Empleos Amenazados y Emergentes (OEM), con el objetivo de analizar a nivel internacional qué tareas y profesiones están más expuestas a la automatización por IA y anticipar su impacto en el mercado laboral.

Y es que, al ofrecer un análisis único de la exposición a la automatización impulsada por la IA de las tareas que componen las diferentes profesiones, este análisis pone en relieve un cambio en la frontera de la automatización: con la IA, son ahora las tareas cognitivas, complejas y cualificadas las que parecen estar cada vez más en peligro, lo que plantea un riesgo de trastorno en la estructura del empleo.

De esta forma, la posición de España en el mapa global refleja tanto la estructura económica como la del empleo del país, donde sectores como el comercio minorista, el transporte, los servicios de alojamiento y restauración, la construcción y el sector inmobiliario desempeñan un papel más importante que en la media europea. Por el contrario, la industria manufacturera, la información y comunicación, los servicios profesionales y científicos, y el amplio bloque de los servicios públicos tienen una presencia relativamente menor. 

Como consecuencia, el empleo está menos concentrado en ocupaciones corporativas y digitales altamente expuestas —más predominantes en el noroeste de Europa— y más orientado hacia funciones de atención al cliente y administrativas propias de la economía de servicios. En esta configuración, la exposición a la IA se ve impulsada principalmente por profesionales de ventas y atención al cliente, empleados administrativos generales, y puestos empresariales y administrativos, así como determinadas ocupaciones de ingeniería y técnicas aplicadas; mientras que el menor peso de los segmentos corporativos de gama alta y con un uso intensivo de las TIC actúa como factor moderador de la exposición global.

El estudio destaca una ruptura importante con las oleadas de automatización anteriores: la IA no representa una continuación de tecnologías como la robótica o el software, sino que desplaza el foco hacia tareas cognitivas que son complejas y no repetitivas. Su impacto es muy variado: se percibe primero a nivel de tarea, antes de tener un impacto desigual en las profesiones, los grupos profesionales y, más allá de eso, en los sectores en los que se concentran.

En el escenario principal estudiado, relativo al despliegue de la IA basada en agentes, aproximadamente una de cada ocho profesiones a nivel mundial supera el umbral del 30% de tareas automatizables, lo que el estudio identifica como un umbral para una profunda transformación de la profesión, allanando el camino para una redistribución potencialmente significativa del personal, sin que ello signifique necesariamente su desaparición. Las profesiones más expuestas se concentran en campos altamente cognitivos y con un uso intensivo de la información: ingeniería, TI, funciones administrativas, finanzas, derecho y ciertas profesiones creativas y analíticas.

Por el contrario, las ocupaciones menos vulnerables siguen siendo en gran medida manuales o implican interacciones humanas difíciles de estandarizar: la industria manufacturera, la construcción, el mantenimiento, el transporte, la restauración, la limpieza y determinadas actividades de cuidados y asistencia.

El estudio también mide el contenido real del trabajo en riesgo en cada mercado laboral examinado, comparando la proporción de tareas automatizables en cada una de las 923 ocupaciones con su volumen de empleo. Al agruparlas en ocho categorías amplias, identifica los grupos ocupacionales con mayor riesgo.

Las conclusiones son claras: más de una cuarta parte del contenido del trabajo podría automatizarse en los sectores de gestión y administración, profesiones creativas, derecho y finanzas, así como en ingeniería y tecnologías de la información. Por el contrario, los servicios presenciales y las ocupaciones técnicas, artesanales y de producción industrial se mantienen por debajo del umbral del 10 %. Los empleos en el ámbito de los cuidados, la educación, las ventas y, en términos más generales, las profesiones de cara al público ocupan una posición intermedia: algunas de sus tareas están en riesgo, pero su dimensión humana sigue actuando como factor protector.

El estudio destaca que la exposición de los países a la automatización impulsada por la IA varía significativamente, oscilando entre alrededor del 12% del contenido laboral expuesto a la automatización (definido como la proporción de tareas automatizables en relación con el empleo total) en Turquía y casi el 20% en el Reino Unido. Estas diferencias se explican en gran medida por la estructura de las economías, que determina en gran parte la estructura del empleo y, en consecuencia, la proporción de tareas que pueden automatizarse potencialmente.

Las economías más ricas y las más orientadas a los servicios cognitivos parecen, por tanto, ser las más expuestas a la automatización. Además del Reino Unido, los Países Bajos, Irlanda y Luxemburgo presentan una mayor concentración de ocupaciones intensivas en información, mientras que los países en los que el empleo sigue estando más orientado al comercio, los servicios personales, la construcción, el transporte u otras actividades más intensivas físicamente muestran una exposición más moderada. El estudio identifica cinco grupos de países con perfiles similares.

Dado que afecta a profesiones cualificadas y bien remuneradas, la implantación de la IA podría acabar alterando los equilibrios económicos y sociales. Al automatizar algunas de las tareas que se realizan en las profesiones más cualificadas, podría desplazar de manera notable una parte significativa del valor añadido del trabajo hacia el capital. Para los países cuyos sistemas fiscales dependen en gran medida de la tributación directa o indirecta del trabajo, esta evolución plantearía un doble desafío presupuestario, al reducir los ingresos fiscales (cotizaciones a la seguridad social, impuesto sobre la renta, IVA, etc.) y, al mismo tiempo, aumentar el gasto público (seguro de paro, formación).

El estudio también nos invita a considerar de manera más amplia el valor de la educación y las titulaciones que se otorgan actualmente al final de diversos itinerarios educativos. Si algunas de las tareas para las que preparan los estudios de larga duración se vuelven más fácilmente automatizables, el vínculo entre el nivel educativo, la remuneración y la seguridad laboral podría debilitarse. Sin llegar (todavía) a la conclusión de que la educación superior ya no es necesaria, estos hallazgos sugieren que los empleadores podrían dar menos importancia a las titulaciones por sí solas y centrarse, en cambio, en habilidades que sigan siendo complementarias a la IA, como el criterio, la adaptabilidad o la capacidad de supervisar su uso.

El auge de la IA podría dar lugar a nuevas vulnerabilidades geopolíticas, logísticas y operativas debido a la concentración de sus activos más críticos (semiconductores, modelos de lenguaje, centros de datos) en un número limitado de empresas y países que controlan las tecnologías.

Aunque la trayectoria exacta de estas transformaciones sigue siendo incierta, y la transición de la exposición técnica de las tareas a sus efectos netos sobre el empleo no es automática, hay un punto que destaca claramente: la IA no se está implementando en los márgenes del trabajo, sino en una parte de sus funciones cognitivas, no rutinarias y cualificadas, percibidas desde hace tiempo como las más seguras. Dado que estas funciones forman parte de ocupaciones que desempeñan un papel fundamental en la generación de ingresos, valor añadido y recaudación fiscal, parece poco probable que tal transformación pueda tener lugar sin remodelar, en mayor o menor medida, la naturaleza de los puestos de trabajo y los equilibrios que los sustentan.

Claves para gobernar la IA 

Por su parte, Millán Berzosa, autor de Gobernar con lo que viene. Tecnología y liderazgo estratégico para CEOs y consejeros (LID Editorial), comenta que "si hablamos de inteligencia artificial, esta puede llevarnos rápido a muchos lugares, pero difícilmente lo hará en la dirección correcta y al destino deseado sin orden práctico y la guía adecuada de las instancias de decisión. Es por ello que, para gobernar con lo que viene, debemos entender qué tecnologías importan, liderar para propiciar un cambio real y positivo, tener  criterio anticipativo, idear para construir el mejor futuro posible y ampliar nuestra mirada":

  • 1. Entender qué tecnologías importan y por qué. Hay que poner orden en todo: desde los agentes, los sistemas multiagente, o los retos de los entornos de pruebas, a las implicaciones para los equipos y la cultura corporativa. Los líderes tienen el reto de conectar la realidad con el valor que tiene la tecnología, y poner el énfasis en tomar decisiones informadas, sin dejarse arrastrar solo por los elementos de novedad.
  • 2. Qué cambio queremos liderar. Es momento de aprovechar herramientas con enorme capacidad de procesamiento para aligerar tareas y ganar en eficiencia en términos de tiempo, capacidades y optimización del talento. Pero a la vez, en estos tiempos de aceleración y de estrés por no quedarse atrás, evitar sucumbir al FOMO (Fear of Missing Out, miedo a quedarse fuera) y acabar en una suerte de seguidismo irreflexivo, ante sistemas que muchas veces predicen un conjunto de variables típicas y lo hacen con un resultado que tienen toda la apariencia de ser verosímil, pero que sin buenas riendas pueden tumbar nuestros objetivos por las imprecisiones.
  • 3. Qué riesgos deben ser anticipados. Para establecer un marco claro, lo primero es empezar por visualizar qué operaciones y decisiones se están ya produciendo de una manera en la que la clave está en los automatismos. Deberemos observar y brindar la asistencia adecuada a quienes validan los diferentes modelos, con énfasis en si hay trazabilidad clara de todos los procesos, revisiones significativas e, incluso, margen para el sentido común, algo tan humano como necesario.
  • 4. Qué sistemas conviene robustecer. Implementar un sistema de inteligencia artificial no debe ser una cuestión de todo o nada, y es importante entender qué sistema, o mejor, qué sistemas, son los más convenientes para nuestra empresa y para nuestros equipos, sin monodependencia en lo posible de un único proveedor y con los niveles de supervisión deseables. La inteligencia artificial puede ayudar en multitud de operaciones, desde apoyo en el filtrado de solicitudes para una posición a reducir tiempo en gestión de grandes cantidades de información, pero es importante entender cómo funciona y tener un cierto conocimiento de las potenciales aristas desde todos los puntos de vista, desde nuestros valores a la propia regulación que resulte de aplicación.
  • 5. Qué decisiones requieren una mirada más profunda. En inteligencia artificial se liga al concepto de deep learning o aprendizaje profundo, con sistemas basados en modelos complejos y que, al ser difíciles de interpretar, acaban en lo que popularmente se conoce como caja negra, con el reto de trazabilidad en las variables empleadas. Cada palabra, cada símbolo, cada elemento ligado a conocimiento, es convertido a una unidad digital o token, como ficha que concede acceso o permiso a diferentes tipos de recursos. Los modelos de inteligencia artificial traducen ese lenguaje de unidades de significado, de tokens, gracias a diferentes modelos aplicados y que anticipan qué elemento tiene sentido que venga de seguido, basándose en cómo se aglutinan de manera típica. Desde la base, de lo general a lo particular, los procesos de inteligencia artificial están diseñados para, ante una misma pregunta, generar respuestas diferentes pero plausibles. Para mantener las riendas, conviene remarcar el valor único del criterio humano en las decisiones más sensibles.
15Mar

La IA puede generar un mundo en el que, en promedio, todos sean más ricos, pero donde las diferencias entre quienes se benefician de la tecnología y quienes quedan desplazados se amplíen considerablemente. Algo que ya ocurrió en otras grandes transformaciones económicas, desde la revolución industrial hasta la globalización.

Miguel Ángel Valero

El Banco de Inglaterra estudia realizar simulaciones de crisis o pruebas de resistencia, los llamados stress tests en la jerga financiera, para analizar qué ocurriría en la economía británica si la inteligencia artificial (IA) provocara un shock en el empleo y en el tejido empresarial. El banco central anticipar qué pasaría si la adopción masiva de esta tecnología destruye millones de puestos de trabajo, reduce la capacidad de pago de familias y empresas y termina trasladando ese impacto al sistema financiero.

No se trata de ciencia ficción ni de un ejercicio teórico. Es planificación económica. El Banco de Inglaterra quiere entender cómo reaccionaría el conjunto de la economía si se produjera una transformación tecnológica de gran escala. Y el simple hecho de que un banco central esté planteándose estos escenarios dice mucho sobre la magnitud del cambio que algunos economistas creen que se avecina.

El debate se ha intensificado después de que el CEO de Anthropic, Dario Amodei, advirtiera que la inteligencia artificial podría sustituir hasta el 50% de los empleos administrativos de nivel inicial en los próximos cinco años. Puede parecer una previsión extrema, pero empiezan a aparecer señales que alimentan esa preocupación. La empresa tecnológica Block anunció un recorte cercano al 50% de su plantilla citando explícitamente la adopción de inteligencia artificial como uno de los factores clave. Y su fundador, Jack Dorsey, advertía que muchas otras compañías terminarán siguiendo ese mismo camino.

En Reino Unido, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria ha calculado que el desplazamiento tecnológico provocado por la IA podría añadir medio millón de desempleados adicionales sin generar necesariamente más crecimiento económico. Ese escenario implicaría más gasto público, más endeudamiento y tensiones sociales importantes. Por eso el Banco de Inglaterra quiere analizar con calma posibles escenarios extremos: qué pasaría con los préstamos de familias y empresas, cómo se comportarían los mercados financieros o qué impacto macroeconómico tendría una adopción masiva de esta tecnología.

La coyuntura y la situación geopolítica convulsa (como las guerras comerciales por los aranceles, y los conflictos armados por el petróleo, como los ataques de EEUU e Israel a Irán o el asalto de Trump a Venezuela) pueden estar distrayendo la atención de lo que realmente será el gran cambio estructural de las próximas décadas: la inteligencia artificial. El verdadero desafío económico no estará en las tensiones comerciales entre países, sino en la destrucción de empleo y en las transformaciones profundas que esta tecnología puede provocar en el mercado laboral.

El economista jefe del Banco de Inglaterra, Huw Pill, cree que  el escenario más probable no es necesariamente una economía peor. De hecho, es posible que la riqueza agregada aumente gracias a los avances tecnológicos y a la mejora de la productividad. El problema es cómo se distribuirá esa riqueza. La IA podría generar un mundo en el que, en promedio, todos sean más ricos, pero donde las diferencias entre quienes se benefician de la tecnología y quienes quedan desplazados se amplíen considerablemente. Algo que ya ocurrió en otras grandes transformaciones económicas, desde la revolución industrial hasta la globalización.

Por eso algunos gobiernos empiezan a discutir ideas que hasta hace poco parecían casi utópicas: desde programas masivos de reconversión laboral hasta nuevas formas de redistribución fiscal o incluso la posibilidad de implantar una renta básica universal en los sectores más afectados por la automatización. No significa que esas políticas se vayan a aplicar mañana, pero el simple hecho de que estén sobre la mesa demuestra que algunos países están empezando a pensar seriamente en cómo gestionar una transición tecnológica que podría ser muy abrupta.

También las empresas se están moviendo en esa dirección. En la  junta de accionistas de Mapfre se dedicó un apartado destacado a la IA, mencionando expresamente los procesos de reciclaje profesional y apoyo para nuevas tareas (más de 4.500 empleados han recibido formación en IA). "La mejor IA es la que multiplica el valor de las personas, a la vez que hace a la compañía más productiva, eficiente y cercana", aseguraba su presidente, Antonio Huertas. En apenas un año de existencia, el Centro de IA del grupo ha desarrollado más de 150 casos de uso. "Nos hemos comprometido públicamente a que no usaremos la IA para acometer reducciones de plantilla, sino para mejorar las capacidades de nuestros empleados y colaboradores", señala José Manuel Inchausti, vicepresidente 1º del grupo asegurador.

Y aquí aparece una reflexión incómoda. Mientras en algunos países bancos centrales, universidades y gobiernos analizan escenarios de disrupción tecnológica, en España el debate público, salvo algunas excepciones, sigue centrado casi exclusivamente en el corto plazo. La política gira alrededor de conflictos partidistas, cálculos electorales y estrategias para conservar o alcanzar el poder. Sin embargo, apenas se discute sobre los cambios estructurales que podrían afectar de forma profunda al mercado laboral en los próximos años.

Y eso debería preocuparnos. Porque si algo nos enseña la historia económica es que "las revoluciones tecnológicas no esperan a que los países estén preparados. Simplemente ocurren. La revolución industrial hizo desaparecer profesiones enteras y creó otras nuevas. Internet transformó sectores completos y cambió la forma en la que trabajamos, consumimos y nos comunicamos. Y todo apunta a que la inteligencia artificial puede provocar un cambio aún más profundo", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

El verdadero problema, por tanto, no es que la IA vaya a transformar la economía. Eso parece inevitable. El verdadero riesgo es no prepararse para ello. Los países que anticipen el cambio podrán adaptar su sistema educativo, su mercado laboral y sus políticas económicas. Los que no lo hagan simplemente reaccionarán cuando el impacto ya sea inevitable. Y entonces gestionar las consecuencias será mucho más difícil.

"Quizá dentro de unos años miremos atrás y entendamos que el gran debate económico de esta década no eran los aranceles, ni las guerras comerciales, ni las tensiones políticas del momento. Quizá el verdadero cambio que estaba empezando a gestarse era otro mucho más profundo: una transformación radical del trabajo, de la productividad y del propio funcionamiento del sistema económico. La pregunta que deberíamos hacernos no es si ese cambio llegará. La pregunta es si estaremos preparados cuando lo haga", insiste este experto.

Las lecciones del caso Anthropic

La decisión de Donald Trump de ordenar a todas las agencias federales que dejen de utilizar la tecnología de Anthropic no es solo un episodio más en la batalla cultural estadounidense. Es una señal de advertencia para el mercado. El detonante ha sido la negativa de Anthropic a permitir determinados usos de su IA por parte del Pentágono, especialmente en ámbitos como la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y el desarrollo de drones autónomos armados. La compañía defendió que esos usos cruzaban una línea ética y tecnológica que no estaba dispuesta a traspasar. La respuesta presidencial fue fulminante: ruptura de contratos, orden de desconexión progresiva y amenaza de designarla como riesgo para la seguridad nacional. Lo verdaderamente relevante no es el choque ideológico. Es el precedente que se crea.

Aquí es donde entra en juego el movimiento de Sam Altman OpenAI, y es precisamente ahí donde surge la mayor sorpresa del mercado. OpenAI anunció rápidamente un acuerdo para desplegar sus modelos en la red clasificada del Departamento de Defensa, ocupando el espacio que dejaba Anthropic. Hasta ahí, podría parecer simplemente una jugada competitiva. Pero el matiz es clave: Altman afirmó públicamente que OpenAI mantiene exactamente las mismas líneas rojas que defendía Anthropic: no permitir el uso de su tecnología para vigilancia masiva nacional ni para sistemas de armas letales autónomas sin supervisión humana. Entonces, ¿qué cambia?

Si ambas compañías comparten los mismos límites éticos, el desenlace resulta desconcertante. O bien el Gobierno ha aceptado con OpenAI lo que negó a Anthropic (lo que plantearía dudas sobre la coherencia del conflicto) o bien las condiciones reales del acuerdo no son exactamente las mismas. En ambos casos, la sensación que se transmite al mercado es de opacidad y discrecionalidad. Y eso es lo que introduce un nuevo riesgo.

Hasta ahora, el gran debate en torno a la inteligencia artificial era si las inversiones multimillonarias en centros de datos, chips y energía generarían retornos suficientes. Ahora se suma una variable adicional: el alineamiento político como factor determinante para acceder a contratos estratégicos. No hablamos de una regulación clara y previsible. Hablamos de decisiones ejecutivas que pueden alterar de forma drástica el posicionamiento competitivo de una empresa de un día para otro. Si el mensaje implícito al sector es que la relación con el poder puede pesar tanto como la superioridad tecnológica, la prima de riesgo cambia. Porque entonces el valor ya no depende solo de innovación, cuota de mercado o ventajas competitivas, sino también de la estabilidad institucional y de la cercanía al Ejecutivo.

El episodio de Anthropic/OpenAI marca un antes y un después. Durante años hemos analizado a las grandes tecnológicas como si operaran en un entorno casi autónomo, donde el riesgo principal era el ciclo económico o la competencia. Pero cuanto más estratégicas se vuelven (especialmente en defensa y seguridad nacional) más expuestas están al poder político. Y lo más inquietante no es que el Gobierno castigue a una empresa. Lo más inquietante es que otra ocupe su lugar defendiendo públicamente los mismos principios y, aun así, el acuerdo salga adelante. Eso deja una pregunta flotando en el aire: ¿cuál fue realmente la línea roja? ¿La ética declarada… o la relación con el poder?

"Creo que el mercado todavía no ha interiorizado del todo lo que implica este episodio. No estamos hablando de una simple disputa contractual. Estamos hablando de la señal que se envía a todo un sector que concentra una parte enorme del crecimiento esperado para la próxima década. Si las compañías tecnológicas entienden que su acceso a contratos estratégicos puede depender de decisiones políticas cambiantes, ajustarán su comportamiento. Y si los inversores perciben que la seguridad jurídica es menos sólida de lo que pensaban, ajustarán sus valoraciones", explica Pablo Gil.

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Las inversiones seguirán llegando. Pero el entorno ya no es el mismo. Cuando el poder ejecutivo demuestra que puede alterar el tablero competitivo en cuestión de horas, la ecuación riesgo-rentabilidad cambia. Y en un momento en el que ya empiezan a surgir dudas sobre el retorno real de las gigantescas inversiones en IA, añadir incertidumbre política a la ecuación puede ser el factor que transforme la euforia en prudencia. Porque al final, lo que más penaliza el mercado no es el riesgo conocido. Es la sensación de que las reglas pueden cambiar en cualquier momento.

La oportunidad de la Artificial General Intelligence

Por otra parte, en el mundo de la inteligencia artificial hay una palabra que se repite constantemente: AGI, o Artificial General Intelligence. En teoría, se refiere a una inteligencia artificial capaz de hacer todo lo que puede hacer un ser humano, en cualquier campo: pensar, razonar, aprender, crear, decidir. Muchos líderes del sector creen que ese momento está cerca. Sam Altman, CEO de OpenAI, ha llegado a sugerir que podríamos verla antes de 2030.Pero no todo el mundo está de acuerdo.

Uno de los grandes referentes históricos del sector, Yann LeCun (considerado uno de los 'padrinos' de la IA), plantea una reflexión muy interesante: quizá estamos persiguiendo el objetivo equivocado. Según LeCun, la idea de una IA artificial completamente generalista puede no ser ni necesaria ni realista. Y propone una alternativa que cambia el enfoque: lo importante no es que una máquina sepa hacerlo todo, sino lo rápido que puede aprender cosas nuevas. A esto lo llama Superhuman Adaptable Intelligence (Inteligencia Adaptable Superhumana). 

La idea es bastante sencilla si la comparamos con cómo funcionan los humanos. Tenemos la capacidad de aprender prácticamente cualquier cosa: tocar un instrumento, programar, cocinar o pilotar un avión. Pero nadie sabe hacerlo todo. Cada persona se especializa en ciertas áreas y aprende nuevas habilidades cuando las necesita. Con la inteligencia artificial podría ocurrir algo parecido.

En lugar de intentar construir un único sistema que lo sepa todo desde el principio, el objetivo sería crear modelos capaces de adaptarse muy rápido a nuevas tareas, aprender con pocos ejemplos y aplicar lo que ya saben a problemas distintos. En otras palabras: no una IA que lo sepa todo, sino una IA que pueda aprender casi cualquier cosa rápidamente.

Mientras tanto, el debate en el sector sigue abierto. Algunos investigadores incluso empiezan a plantear otra pregunta inquietante: si estas máquinas podrían llegar a desarrollar algún tipo de conciencia. Pero quizá la cuestión más importante no es cuándo llegará la AGI, sino algo más práctico. Porque, mientras discutimos sobre el futuro, ya tenemos delante sistemas de inteligencia artificial mucho más potentes de lo que la mayoría de empresas y profesionales saben utilizar. Y ahí es donde probablemente está la verdadera oportunidad de los próximos años.

09Mar

Europa sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que que la deja rezagada en materia de inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

La producción de productos electrónicos y de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) mantendrá este año los mismos niveles de crecimiento que en 2025, en el entorno del 10,3% y sufrirá un descenso en 2027 (6,5%), según un estudio de Crédito y Caución. Estas sólidas tasas de crecimiento se deben principalmente al auge actual de la inteligencia artificial, tanto por su importancia para las empresas como para las estrategias geopolíticas. 

Todo ello está generando grandes inversiones en este sector. Sin embargo, la imposición de aranceles a los productos electrónicos importados sin exenciones sigue siendo un escenario negativo. Además, un deterioro de las relaciones entre China y EEUU puede afectar negativamente a las cadenas de suministro mundiales de TIC y electrónica.

Por el momento, se espera que las ventas mundiales de semiconductores crezcan un 18,8% este año, tras un 22,8% en 2025, impulsadas por los chips de última generación para centros de datos de inteligencia artificial. 

Europa, sin embargo, se sitúa a la cola del crecimiento de este sector, con unas previsiones para 2026 de 1,3%, frente al 10,3% de la media global. La zona euro está perdiendo competitividad ya que no está especializada en la producción de chips de alta gama utilizados para la IA, ni existe un fuerte auge de la inversión en ello hasta ahora. 

La región sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que podría dejar a Europa rezagada en materia de inteligencia artificial, a pesar de los esfuerzos que se están haciendo por parte de las autoridades europeas. La Ley de Chips de la Unión Europea prevé invertir 43.000 millones€ en la producción y la investigación locales de semiconductores, con el objetivo de reducir la dependencia de las importaciones procedentes de Asia y alcanzar una cuota del 20% de la producción mundial de chips para 2030. Sin embargo, las estimaciones actuales sugieren que ese objetivo sea muy difícil de conseguir. 

A largo plazo, el aumento del gasto militar en la región debería contribuir al crecimiento del sector. Este es especialmente el caso de Alemania, donde un cambio en las normas fiscales está proporcionando margen para ampliar el gasto.

27Feb

Tras las quiebras de First Brands Group o de Market Financial Solucions, Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, avisa que “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

Miguel Ángel Valero

La reciente calma en el mercado de crédito se ha visto alterada en las últimas semanas. Las vulnerabilidades en el sector del software, la suspensión de reembolsos en los fondos retail de crédito privado de la gestora estadounidense Blue Owl y la reciente quiebra de Market Financial Solucions en Reino Unido empiezan a generar presión, no solo en los mercados privados, sino también en el crédito cotizado. Este impacto es especialmente visible en los préstamos sindicados negociados en mercado y en la deuda corporativa de menor calidad crediticia (High yield), donde los diferenciales se han ampliado desde los mínimos en 25 puntos básicos (pb) en Europa y 32 pb en Estados Unidos. 

Aun así, los analistas de Banca March consideran que las insolvencias observadas hasta ahora son casos aislados, y los temores relacionados con el software todavía no se reflejan en los fundamentales. De hecho, diversas compañías privadas del sector, como McAfee o Rocket Software, han publicado sus resultados de forma anticipada con el objetivo de tranquilizar a los inversores.

Por otra parte, a nivel agregado, el endeudamiento corporativo no muestra signos de excesos: en EEUU se sitúa en el 73% del PIB —su nivel más bajo en una década— y en la Eurozona alcanza el 104%, cifras comparables a las de 2011.

"Ante el aumento del riesgo de crédito, nos reafirmamos en nuestra preferencia por la deuda de mayor calidad dentro del segmento corporativo cotizado, mientras que canalizamos la parte más arriesgada a través de mercados emergentes. No obstante, consideramos que es prematuro hablar de un contagio generalizado y mantenemos una postura vigilante. Por ello, seguimos confiando en la mejora del ciclo económico y entendemos que los episodios recientes son idiosincráticos y, en general, vinculados a entidades financieras fuera del sistema bancario tradicional, como evidencia el caso en Reino Unido", insisten en Banca March.

The Trader: el riesgo no ha desaparecido, se ha desplazado

El analista Pablo Gil aporta en The Trader otra visión. Durante más de una década, el mercado de crédito ha vivido instalado en una anomalía. Tipos de interés excepcionalmente bajos, liquidez abundante y una presión constante por encontrar rentabilidad llevaron a financiar empresas cada vez más endeudadas y con modelos de negocio poco probados. El crédito fluía con facilidad y el riesgo parecía diluirse. Hoy empezamos a comprobar que no había desaparecido. Solo se había desplazado… y camuflado.

El golpe de realidad llegó cuando First Brands Group se declaró en bancarrota tras años de crecimiento alimentado exclusivamente por deuda. Lo relevante no fue solo el tamaño del agujero, cercano a los 10.000 millones$, sino el perfil de los prestamistas: grandes fondos y entidades de primer nivel que, en muchos casos, desconocían el verdadero estado financiero de la compañía. El aviso fue tan gráfico como inquietante. Como señaló Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

El problema es estructural. En 2025 se concedieron más de 1,4 billones$ en deuda a empresas estadounidenses por debajo del grado de inversión. El universo del llamado 'leveraged finance' (bonos basura, préstamos sindicados y crédito privado) supera ya los 4 billones. Muchas de estas compañías no cotizan en Bolsa, lo que reduce drásticamente la transparencia. Además, buena parte del riesgo ya no está en los balances de los bancos, sino en fondos de crédito, planes de pensiones y aseguradoras, empujados ahí por la regulación posterior a 2008. El sistema parece más seguro porque los bancos están mejor capitalizados. Pero el riesgo no ha desaparecido: se ha desplazado hacia zonas menos visibles.

El crecimiento del crédito privado es paradigmático. Ha pasado de unos 500.000 millones$ en 2020 a más de 1,3 billones en apenas cuatro años. Se trata de un mercado poco líquido, con valoraciones que se revisan trimestralmente y que, en muchos casos, dependen del propio prestamista. No existe una referencia diaria de precios como en el mercado de bonos cotizados. Esa estabilidad aparente ha sido uno de sus grandes atractivos. Y también uno de sus mayores engaños.

Hay otro elemento preocupante: la erosión de las protecciones tradicionales para los acreedores. Durante el auge del dinero fácil, muchas compañías (respaldadas por fondos de capital privado) lograron flexibilizar cláusulas que antes permitían a los prestamistas vigilar el deterioro financiero. En los últimos años hemos visto reestructuraciones en las que los acreedores asumían pérdidas significativas mientras los accionistas mantenían el control. Es una señal clara de que la disciplina crediticia se ha debilitado.

Además, la opacidad no solo afecta a los inversores. También inquieta a los reguladores. El número de empresas cotizadas en Estados Unidos se ha reducido a la mitad en dos décadas, mientras miles de compañías han migrado a los mercados privados. El Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo o el Consejo de Estabilidad Financiera han advertido de “lagunas de datos” que dificultan identificar dónde se está acumulando el riesgo. Es un problema serio: no se puede mitigar lo que no se ve. El sistema puede parecer estable… hasta que deja de serlo.

En este contexto entra en juego el factor que acelera todos los riesgos latentes: la inteligencia artificial. La carrera por la IA está reconfigurando sectores enteros. En Bolsa ya hemos visto el impacto: el sector software ha sufrido correcciones relevantes mientras el índice general se mantiene fuerte. Muchos modelos tradicionales, especialmente los vinculados a tareas administrativas o de back office, están perdiendo atractivo a gran velocidad. Las empresas intentan adaptarse incorporando IA a sus productos, pero no siempre es suficiente ni llega a tiempo.

El verdadero foco de vulnerabilidad está en el crédito que financió esas compañías en el pico de valoración tecnológica de 2021 y 2022. Durante esos años, el crédito privado llegó a cubrir entre el 40% y el 70% de las operaciones de compra apalancada en el sector tecnológico. Hoy, una parte relevante de esas carteras está expuesta a negocios que pueden volverse obsoletos más rápido de lo previsto.

Las estimaciones apuntan a que entre un 25% y un 35% de las carteras de crédito privado podrían estar especialmente expuestas a la disrupción provocada por la IA. Algunos escenarios contemplan tasas de impago que podrían acercarse al 6%, e incluso escalar más si la disrupción es agresiva. Y aquí aparece un riesgo adicional que suele pasar desapercibido. Cuando quiebra una empresa industrial, el acreedor puede recuperar parte del dinero vendiendo activos físicos. En el software, los activos son intangibles: código, licencias, talento. Difíciles de valorar y aún más difíciles de liquidar. Las recuperaciones pueden ser mínimas.

Pero la IA no solo tensiona el crédito de baja calidad. También empieza a afectar al mercado de bonos de alta calificación. Los grandes “hyperscalers” tecnológicos están embarcados en una carrera de inversión histórica en centros de datos e infraestructura. Eso implica mayores emisiones de deuda en un mercado donde los diferenciales ya cotizan en niveles históricamente ajustados. Si la expectativa de retorno sobre esas inversiones se recalibra o si el crecimiento no cumple lo prometido, incluso el crédito de mayor calidad podría verse presionado.

Hay además prácticas que pueden retrasar el reconocimiento del problema. El uso creciente de instrumentos como los préstamos con pago en especie (PIK), que permiten diferir el pago de intereses, puede maquillar temporalmente la tensión financiera. Las valoraciones trimestrales, al no reflejar precios de mercado en tiempo real, suavizan la volatilidad. Todo ello contribuye a una sensación de estabilidad que puede ser engañosa.

Y todo esto sucede con una economía estadounidense que todavía crece. Si el ciclo se deteriora, el ajuste puede acelerarse. El riesgo no parece tanto un colapso inmediato al estilo 2008. Es algo más silencioso. Un “slow burn”: pérdidas que tardan en aflorar, valoraciones artificialmente estables y rentabilidades que decepcionan cuando el polvo se asienta.

El crédito privado no es, por definición, un mal activo. Ha cubierto necesidades reales de financiación y ha ofrecido rentabilidades atractivas durante años. Pero en un entorno de disrupción tecnológica profunda, exceso de deuda, protecciones debilitadas y menor transparencia, el margen de error se reduce drásticamente.

La inteligencia artificial no es un ciclo más. Está redefiniendo qué empresas serán relevantes dentro de cinco o diez años. En ese contexto, financiar modelos fácilmente sustituibles puede convertirse en un error muy caro.

"Si hablamos de invertir en Private Equity o en estrategias de crédito asociadas, la diferencia entre hacerlo bien o mal no está en el cupón prometido ni en el relato comercial. Está en la capacidad del gestor para analizar a fondo la viabilidad del negocio subyacente, anticipar cambios tecnológicos y mantener disciplina cuando el mercado se deja llevar por la euforia. Porque en épocas de disrupción, el mayor peligro no siempre está en el balance. Muchas veces está en la obsolescencia del modelo de negocio que ese balance financia", advierte este experto.

El CEO de JPMorgan Chase & Co. asegura que empieza a ver paralelismos en el momento actual con 2005, 2006 y 2007. La misma dinámica que precedió a la crisis financiera: Competencia agresiva, crédito fácil y una carrera por inflar el ingreso neto por intereses (INI). “La marea creciente elevaba todos los barcos y todos ganaban mucho dinero”, ha recordado ante inversores esta semana… Hasta que dejó de hacerlo.

Dimon afirma que JPMorgan no está dispuesto a relajar estándares para maquillar resultados, pero reconoce que ve competidores haciendo “cosas tontas” para generar más margen. Y deja una advertencia clave: el ciclo crediticio siempre termina deteriorándose. La única incógnita es cuándo… y dónde aparece la primera grieta.

El año pasado cayeron Tricolor Holdings y First Brands Group, entonces Dimon utilizó una metáfora clásica en Wall Street sobre las cucarachas. 

En paralelo al riesgo crediticio, varias industrias viven una “operación de susto” vinculada a la inteligencia artificial. “Esta vez podría ser el software por la IA.” Si la IA reduce barreras de entrada y altera modelos de negocio tradicionales, algunas valoraciones (especialmente en tecnología) podrían tensionarse. Y cuando coinciden una competencia financiera intensa, deuda elevada, innovación tecnológica disruptiva y expectativas extremadamente optimistas, la volatilidad suele aumentar.

El mensaje de fondo es claro: No estamos en 2008, pero cuando la competencia se intensifica y el crédito se relaja, la historia suele empezar a rimar. Si Dimon, que sobrevivió a la última gran crisis, advierte… conviene escuchar.

Guía estratégica para integrar la IA en las organizaciones

En un momento en el que muchas empresas hablan de inteligencia artificial, pero pocas saben cómo integrarla estratégicamente, Cómo transformar el enfoque de tu organización hacia la IA con marcos probados de líderes mundiales, de Michael Lewrick, experto en metodologías de innovación y diseño estratégico, y Omar Hatamleh, asesor jefe de IA en la NASA (Deusto),  aporta un marco claro y estructurado.

Propone una guía estratégica para integrar la inteligencia artificial en organizaciones que buscan innovar de forma estructurada y sostenible y convertir la IA en una ventaja competitiva real. Recogen marcos ya aplicados en compañías como Siemens, GE o Microsoft y los traducen en herramientas prácticas para diseñar una hoja de ruta de cambio.

El mensaje central es contundente: la ventaja en IA no depende solo de la tecnología, sino de la capacidad organizativa para adoptarla con coherencia, rapidez y visión de futuro. Una lectura recomendable para directivos, responsables de estrategia e innovación que quieran pasar del entusiasmo a la ejecución estructurada.

DWS: evita los campos de batalla, concéntrate en los cuellos de botella

La inteligencia artificial (IA) está desafiando los modelos de negocio y la capacidad de análisis de los mercados. Las opiniones sobre a quién afectará negativamente y quién se beneficiará cambian casi cada semana. "No vamos a dejar que este nerviosismo creciente nos afecte. Suponemos que la euforia por la IA continuará, dentro de un entorno general positivo para los mercados de renta variable. Pero también creemos que es difícil invertir en una amplia cesta de IA, la selección de valores es obligatoria", afirma Vincenzo Vedda, Chief Investment Officer de DWS.

El buen comienzo del año en los mercados bursátiles oculta el hecho de que bajo la superficie hay turbulencias considerables. Muchas acciones individuales están experimentando fuertes oscilaciones, y algunas caen un 10% o más en un solo día. Los sectores defensivos están superando a las acciones de crecimiento en un grado que no se veía desde períodos como el del COVID, la crisis financiera o la burbuja puntocom. Tras siete semanas, los productos básicos de consumo del S&P 500 han subido más de un 10%, mientras que el sector del software ha caído más de un 20%. El sector de la IA no suele ser lineal. Las supuestas certezas se desvanecen en un abrir y cerrar de ojos, y los ganadores y los perdedores cambian de posición. Los inversores están nerviosos. Aun así, estos movimientos del mercado concuerdan con nuestra convicción de que no estamos viviendo una burbuja de IA, sino un auge de la IA, al que el mercado se enfrenta con “exuberancia racional”.

El contexto económico favorable sigue beneficiando a las acciones, especialmente a las relacionadas con la inteligencia artificial. Esperamos un crecimiento económico sólido y un incremento aún mayor de los beneficios empresariales, con una probable subida de dos dígitos en el beneficio por acción de las empresas estadounidenses en los próximos años. Tanto en EEUU como en Europa, la política fiscal expansiva y las perspectivas de tipos de interés estables o más bajos proporcionan apoyo a los mercados. Consideramos que el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se sitúen por encima del 4,5% es muy bajo, lo que supone un importante impulso para las acciones de crecimiento. La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025 mostró que las empresas de IA siguen registrando un fuerte crecimiento de sus beneficios.

El impulso de la IA continuará en 2026. Se espera que los cinco principales 'hyperscalers' aumenten sus inversiones en más de un 50% interanual, superando una vez más las expectativas. Muchos lanzamientos de productos de IA también han superado las expectativas, y un número cada vez mayor de grandes empresas están informando del éxito en la implementación de la IA. La IA ya no es un tema nicho, sino un motor intersectorial de crecimiento de los ingresos y/o reducción de costes. A diferencia de lo que ocurrió durante la era puntocom, vemos casos aislados de sobrevaloración, pero no una burbuja en todo el mercado.  A esto lo llamamos "exuberancia racional", porque no hay signos de exceso de capacidad en el mercado ni de niveles peligrosos de endeudamiento en el sector.  La reciente venta de bonos por valor de 32 000 millones$ de Google, completada en 24 horas, ilustra la facilidad con la que se sigue obteniendo financiación para la IA.

Desde principios de 2026, los mercados han castigado duramente a sectores completos tan pronto como han surgido dudas sobre la resistencia de sus modelos de negocio frente a la disrupción provocada por la inteligencia artificial. Esto incluye a empresas de software, suministro y procesamiento de datos o mercados digitales. Como resultado, las valoraciones del software han caído con una rapidez y severidad inusuales. Seguimos manteniéndonos al margen de este campo de batalla, aunque algunos proveedores específicos de software empresarial esencial para la actividad puedan haberse estabilizado. Seguimos prefiriendo las empresas que operan en áreas de escasez estructural, en particular los fabricantes de semiconductores (asiáticos), especialmente en el ámbito de la memoria, los proveedores de infraestructuras que permiten la IA, como la electrificación, y los productores y distribuidores de energía. Estos cuellos de botella tienen otra ventaja: también ayudan a limitar el riesgo de exceso de capacidad.

A lo largo de la cadena de valor ampliada de la IA, pueden coexistir cuellos de botella y exceso de oferta. Por lo tanto, el bajo rendimiento del mercado no se limita a las empresas directamente amenazadas por la disrupción de la IA, sino que también puede afectar a sectores en los que la oferta crece más rápido que la demanda, lo que puede ocurrir incluso en un contexto de fuerte crecimiento. Dado el ritmo de desarrollo de la IA, la escasez actual puede convertirse rápidamente en un exceso de oferta mañana, lo que puede hacer tropezar incluso a los pioneros.

"Recientemente hemos rebajado la calificación de la renta variable estadounidense y hemos mejorado la de Japón y Europa. Creemos que los nuevos flujos de renta variable ya no serán una vía de sentido único hacia el mercado bursátil estadounidense, dado el temor a la disrupción de la inteligencia artificial, que se espera que limite una mayor expansión múltiple del S&P 500, con gran peso del sector tecnológico. Los inversores globales seguirán mostrando una preferencia creciente por la diversificación de las carteras de renta variable entre las distintas regiones", argumenta.

Desde la perspectiva de los inversores, es probable que el año 2026 esté menos condicionado por factores macroeconómicos y más por los fundamentos de los sectores y las empresas. Cabe esperar períodos de retrocesos y mayor volatilidad, tanto dentro de los sectores como entre ellos, pero esto no socava los argumentos a favor de las inversiones en IA, siempre que se sigan tres principios:

  • 1.    Dejar actuar a los ganadores: cuando el crecimiento y la creación de valor son claramente visibles, tiene sentido permitir que el impulso continúe. No creemos que los mercados de valores vayan a empeorar, siempre y cuando se mantenga el ciclo económico actual.
  • 2.    Evitar campos de batalla poco claros: mantenerse alejado de los sectores en los que aún no está claro hasta qué punto la IA puede alterar o dejar obsoletos los modelos de negocio existentes.
  • 3.    Centrarse en los cuellos de botella: dar prioridad a las áreas de escasez en las que la oferta limitada respalda el poder de fijación de precios y crea una visibilidad más clara de los beneficios.

En la configuración de la cartera, seguimos un enfoque claro en tres partes. Participamos en la innovación tecnológica a través de la renta variable, pero mantenemos deliberadamente una amplia diversificación en lugar de centrarnos únicamente en la inteligencia artificial en sentido estricto. Al mismo tiempo, mejoramos la estabilidad de la cartera mediante la diversificación entre clases de activos y regiones. Este enfoque permite a los inversores beneficiarse del potencial alcista estructural, al tiempo que se mantiene la resistencia ante posibles perturbaciones, que no pueden descartarse dado el actual entorno geopolítico.

UBS: preocupación por ir demasiado rápido

Por su parte, en el UBS CIO Monthly: ¿Demasiado, demasiado rápido?, Mark Haefele, Chief Investment Officer de tUBS Global Wealth Management, analiza las preocupaciones sobre un crecimiento demasiado rápido del Capex en IA, la continua elevada emisión de deuda pública y otros riesgos, así como cómo afrontarlos: "Creemos que los fuertes movimientos de mercado de los últimos meses deberían servir como catalizador para revisar las carteras. Nuestra estrategia consiste en utilizar nuestro marco de análisis de escenarios para rebalancear, diversificar y cubrir riesgo".

"Un gasto en capital mayor de lo previsto y el aumento de la competencia han elevado la incertidumbre en el ámbito de la IA, lo que hace que la selectividad y la diversificación sean aún más importante", señala.

En cuanto a la asignación de activos, afirma: "Calificamos la renta variable como Attractive y nos gustan EEUU, Europa, Japón, China y los mercados emergentes en general. También favorecemos bonos de calidad y el oro".

"La temática de energía y recursos sigue intacta pese a las dudas sobre un pico en el crecimiento del capex en IA. Mantenemos nuestra convicción en la temática de Power and resources y creemos que ofrece oportunidades atractivas para inversores que buscan ampliar su exposición más allá de la tecnología estadounidense”, añade.

"Mantenemos nuestra visión Attractive sobre la renta variable global. Nuestra confianza en una recuperación cíclica se mantiene, impulsada por la reducción de los vientos en contra arancelarios, los recortes de tipos previstos por la Fed y políticas fiscales cada vez más favorables. En este contexto, recomendamos una asignación diversificada por regiones y sectores”, aportan Fabian Deriaz, Strategist, y Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities.

"Calificamos la Eurozona como Attractive en nuestro universo global de activos. Vemos un potencial adicional moderado al alza en la renta variable de la Eurozona, respaldado por 

  • 1) una mejora del ciclo económico,
  • 2) un entorno estructural más favorable
  •  y 3) valoraciones razonables

”, apuntan Matthew Gilman, Strategist, y Rolf Ganter, Head Equities Europe, UBS Global Wealth Management

Renta variable suiza: "Neutral en nuestra estrategia global. La selección de valores y la diversificación siguen siendo clave. En general, preferimos centrarnos en compañías de calidad y líderes en rentabilidad, así como en determinadas mid-caps y valores cíclicos”, señala Stefan R Meyer, Strategist.

Renta variable británica: "Neutral en nuestras preferencias regionales. Favorecemos beneficiarios estructurales y cíclicos en la región. Seguimos prefiriendo los sectores bancario, industrial, IT e inmobiliario como beneficiarios de cambios estructurales globales, una mejora del ciclo y políticas favorables”, resalta Matthew Gilman, Strategist.

Renta variable estadounidense: “Mantenemos una visión Neutral en todos los segmentos por tamaño y estilo”, recalca David Lefkowitz, Head of US Equities.

Renta variable de mercados emergentes: "Attractive en nuestras preferencias globales. Dentro de emergentes, mantenemos nuestras preferencias por tecnología china, China, India, Brasil e Indonesia, y añadimos Malasia a esta lista”, precisan Laura Smith, Analyst, y Alejo Czerwonko, Chief Investment Officer Emerging Markets Americas.

Divisas: “Dado que el EURUSD ha alcanzado nuestro objetivo de 1,2, pasamos tanto el USD como el EUR a Neutral. Mantenemos una visión Attractive sobre AUD, NZD, NOK y CNY, y favorecemos posiciones largas selectivas en divisas de alto rendimiento”, explica Dominic Schnider, Head Global FX & Commodity. "Cambio en previsiones: introducimos estimaciones para marzo de 2027. Preferimos mantener posiciones largas en divisas pro-crecimiento que ofrezcan rendimiento y en aquellas con componente de materias primas. A nivel regional, creemos que las divisas asiáticas presentan la relación riesgo-recompensa más asimétrica, dado su peor comportamiento en 2025", explica.

Materias primas: “El oro y el cobre destacan entre las materias primas individuales. El aumento de precios beneficia estrategias orientadas a rentas y ayuda a diversificar carteras”, remarcan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, Strategists.“Nuestras oportunidades de la semana siguen centradas en el JPY. Favorecemos una posición corta en SGDJPY y, además, vemos atractivo en utilizar el JPY y las divisas escandinavas para estrategias de venta de volatilidad”, añade Dominic Schnider. Sobre el cobre, "orientación hacia precios más altos hasta 2027. Nuestra perspectiva de precios a corto plazo es prudente, pero esperamos que el precio del cobre suba de forma anual y hemos incrementado todas nuestras previsiones en 500$/tonelada métrica (proyectando 15.000$/tonelada a finales de marzo de 2027). En consecuencia, seguimos siendo positivos y sugerimos mantener posiciones largas en cobre”.

Renta fija: “Mantenemos nuestras recomendaciones Attractive en bonos high grade, investment grade y de mercados emergentes, y seguimos Neutral en high yield”, subraya Frederick Mellors, Strategist.