13May

El sector muestra, además, una frecuencia de impagos en línea con la media nacional, pero con mejor comportamiento en términos de importe.

Miguel Ángel Valero

Un informe elaborado por Guillermo Lucas Belmonte, Analista de Riesgos de Solunion España, muestra que las insolvencias de empresas en el sector de la distribución alimentaria se contienen durante 2025 y principios de 2026. El sector, que se ha movido en una media de unas 120 insolvencias al año, se modera ligeramente en los últimos meses, presentando niveles estables por debajo de los 100 concursos en los últimos 12 meses, por primera vez desde 2022. De las 5.604 insolvencias de empresas declaradas en España en 2025, solamente el 1,7% fueron relativas a empresas de retail food.

El sector muestra, además, una frecuencia de impagos en línea con la media nacional, pero con mejor comportamiento en términos de importe. En términos de frecuencia, en número de impagos declarados, se observa una correlación muy alta con el comportamiento de la media nacional desde 2024, con una moderación continua desde el pico de febrero de 2024.

En términos de impacto (impagados de alto importe), se encuentra claramente por debajo de la media nacional, y su tendencia es a la baja desde finales de 2024. En este sentido, no se espera un repunte a corto plazo.

Ese gap positivo con el que cuenta el sector retail food comparado con el global de retail (incluyendo parte de no alimentación) se debe a buen comportamiento de la distribución alimentaria (el sector ha evolucionado históricamente con ventaja respecto a la media nacional). Que el consumo de alimentación en España haya crecido en el último año, tanto en volumen (+0,5% LTM a noviembre de 2025) como en valor (+4,3% LTM a noviembre de 2025) puede impulsar todavía más al sector..

El supermercado acapara el 68% de las compras de alimentación

El canal supermercado se mantiene líder indiscutible con una cuota del 68% del volumen de las compras de alimentación, a noviembre 2025 (según el Panel consumo alimentario MAPA), reforzando su posición a costa de la fuga de consumo del resto de canales.

El canal tradicional (pescaderías, carnicerías, charcuterías, fruterías, panaderías o similares) se encuentra en un proceso de pérdida estructural de peso. La caída se produce tanto en volumen como en valor, aunque en valor muestra una reducción menos significativa por el contexto de unos precios medios más elevados.

En cuanto a alimentación fresca (principal negocio de la tienda tradicional), este canal mantiene un peso de casi el 25% del total, aunque ya supone un 1% menos que el mismo mes del año anterior y más de 5 puntos menos que respecto a hace 4 años donde alcanzaba una cuota del 30%.

Por su parte, el hipermercado cae en alimentación a noviembre de 2025 en términos de volumen un 2% (acumulado de los últimos 12 meses) y solamente es el segmento supermercado el que crece en todas las categorías de alimentación.

El cambio en los hábitos de consumo, caracterizado por un menor ticket medio y una mayor frecuencia de compra, junto con la fuerte presión en precios ejercida por los hogares en los últimos años, ha convertido al canal tradicional de frescos en uno de los principales perjudicados del trading down que se está produciendo en alimentación. Este contexto ha provocado un desplazamiento del consumo hacia alternativas más ágiles, de proximidad y de menor coste, ventajas que actualmente concentra el canal de supermercados, aumentando su cuota en este segmento de mayores márgenes.

02Nov

En 2026, Crédito y Caución espera que el impacto negativo de los aranceles sea más evidente, especialmente en Estados Unidos.

Miguel Ángel Valero

Los datos de los tres primeros trimestres de 2025 indican que los niveles de insolvencia se están incrementando, superando las previsiones de estabilización realizadas por Crédito y Caución en el mes de abril. La incertidumbre política y las tensiones comerciales están provocando un crecimiento económico a nivel global más débil de lo previsto, impactando en la salud financiera de las empresas. En 2026, se espera que las compañías se adapten al nuevo entorno económico. 

A nivel mundial, las insolvencias aumentaron significativamente en 2024 hasta alcanzar un 19 % interanual.  La perspectiva inicial era que se mantuvieran estables en 2025 para iniciar un ligero descenso en 2026. Sin embargo, los últimos datos y Crédito Caución indican que han seguido al alza en la mayoría de los mercados en lo que va de año, siendo especialmente significativas en algunos como Singapur o Brasil.  En Europa, Alemania se sitúa entre los diez países con peor evolución. 

Las empresas se enfrentan a una demanda especialmente débil, al aumento de los costes y a la persistente incertidumbre política. El resultado es que el nivel de insolvencias en el primer semestre de 2025 alcanzó su nivel más alto en diez años. En base a la tendencia registrada entre enero y septiembre de este año, se prevé que las insolvencias aumenten un 5% a cierre de 2025, antes de descender un 3% en 2026. En regiones como Asia-Pacífico, la previsión es más pesimista, ya que los impagos podrían alcanzar un incremento del 7% este año.  

Dentro de Europa, hay mercados con peor comportamiento en los que las insolvencias siguen una tendencia al alza como Austria, Finlandia, Francia, Alemania, Irlanda y Suecia. En España, han ido aumentando gradualmente desde 2015. Se espera que esta tendencia estructural persista, con un incremento previsto del 2% en 2025 y estabilidad en 2026. En el lado opuesto se sitúa Portugal donde se prevé una caída del 8% para este año. 

La continua fortaleza de la actividad económica en 2026 debería favorecer un modesto descenso del 1%. Aunque el nuevo régimen arancelario normal está tomando forma, persisten las incertidumbres sobre cómo podría evolucionar la guerra comercial. Hasta ahora, se está observando una resistencia de la economía mundial frente a la incertidumbre política que se debe, en gran medida, a la anticipación del comercio y la actividad por parte de las empresas y los hogares en previsión de un aumento de los aranceles. Además del incremento de las existencias, las empresas han aceptado hasta ahora menores beneficios en lugar de repercutir los mayores costes a los consumidores. En 2026, se prevé que el impacto negativo de los aranceles sea más evidente, especialmente en Estados Unidos.