Miguel Ángel Valero
China acaba de publicar un atlas que ubica todos los minerales que posee en el lecho marino: tierras raras, cobre, hierro, manganeso. Da, por tanto, el primer golpe estratégico en la carrera global por los recursos que contienen los mares en su profundidad.
El atlas fue elaborado tras más de dos décadas de investigación y se basa en más de 20.000 puntos de observación en los mares de Bohai, Amarillo y de China Oriental. Supone una herramienta sin precedentes para localizar y gestionar estos recursos marinos.
Además de reducir la incertidumbre (y, por tanto, los costes) en la exploración de los mares que controla, China pretende reforzar su posición dominante en el mercado global de minerales estratégicos. Sobre todo, en las denominadas las tierras raras (un grupo de 17 elementos esenciales para tecnologías como vehículos eléctricos, turbinas eólicas y dispositivos electrónicos), donde China controla actualmente más del 70% de su producción mundial y más del 80% de su refinamiento.
Más allá del interés económico, el atlas también tiene implicaciones geopolíticas, y es que las zonas cartografiadas existen áreas en disputa, especialmente con Japón, en el mar de China Oriental.
En ese sentido, Japón logró extraer lodo rico en tierras raras a gran profundidad cerca de la isla Minamitori, en una zona fuera del alcance del atlas chino, como parte de una estrategia más amplia para fortalecer su autonomía en la cadena de suministro, en especial después de las restricciones impuestas por Pekín a la exportación de estos minerales.
El proyecto incluye además un componente de protección del medio ambiente, ya que permitirá establecer límites de conservación y gestionar mejor los riesgos ecológicos asociados a la explotación del fondo marino.
El atlas elaborado por China convierte las profundidades marinas en un nuevo escenario de competencia global, sobre todo con EEUU. Aunque los yacimientos submarinos pueden ser mucho más ricos que los terrestres, su explotación implica desafíos tecnológicos y legales significativos, lo que convierte esta carrera en un complejo equilibrio entre innovación, poder y sostenibilidad.
The Trader: "una noticia geopolítica de primer orden"
"A primera vista puede parecer una noticia científica. En realidad, es una noticia geopolítica de primer orden", subraya el analista Pablo Gil en The Trader. El fondo marino contiene recursos críticos como cobalto, níquel, manganeso y tierras raras. Materiales imprescindibles para fabricar baterías, tecnologías limpias, sistemas de defensa, semiconductores e infraestructuras digitales, "buena parte de la economía del siglo XXI".
Pero el mapa no solo sirve para localizar minerales. También permite conocer con enorme precisión el relieve submarino en zonas estratégicas. Y eso tiene implicaciones militares evidentes: quien conoce el fondo del mar tiene ventaja en navegación, vigilancia y posible guerra submarina.
China lo entiende perfectamente. Ya domina buena parte del refinado mundial de tierras raras y ahora busca posicionarse también en la minería oceánica. No es una jugada aislada: es una estrategia de largo plazo para reducir vulnerabilidades, reforzar su autonomía tecnológica y aumentar su capacidad de presión frente a Occidente.
EEUU y Japón ya están reaccionando con sus propios programas de minería submarina. La carrera por los recursos críticos ha dejado de limitarse a minas terrestres, cadenas de suministro y fábricas de chips. Ahora también se juega a miles de metros de profundidad.
"La gran pregunta es si el mundo está preparado para abrir esta nueva frontera. Porque el fondo oceánico sigue siendo uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta, y explotarlo puede tener consecuencias ambientales difíciles de revertir". advierte este experto.
La lectura para el inversor es clara: las grandes tendencias de los próximos años no se entienden mirando solo los tipos de interés o los resultados empresariales. Hay que mirar también a la geopolítica de los recursos. Energía, defensa, tecnología, inteligencia artificial y materias primas críticas forman parte de una misma cadena. Y quien controle esa cadena tendrá una ventaja enorme.
"El próximo gran tablero económico quizá no esté en Silicon Valley ni en Wall Street. Puede estar bajo el mar", recalca.