Miguel Ángel Valero
Con motivo del Día Internacional de las Pymes, Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, revela en un estudio que la exposición de las importaciones españolas al riesgo de tipo de cambio se ha incrementado en más de 12 puntos en los últimos 25 años. El análisis muestra que el 57,9% de las compras españolas proceden ya de economías fuera de la Zona Euro, lo que constituye el principal cambio estructural del sector exterior en el último cuarto de siglo y plantea nuevos desafíos para la gestión financiera de las empresas, especialmente de las pymes con actividad internacional.
“El comercio exterior español ya no se parece al de hace 25 años. Si en el año 2000 la economía española estaba fuertemente anclada a la Zona Euro, tanto en ventas como en compras, en diciembre de 2025 el patrón es más global y, desde el punto de vista financiero, más exigente”, declara Luis Merino, director general de Ebury en España. A su juicio, este nuevo entorno es especialmente sensible para las pequeñas y medianas empresas, “que cada día participan más en los mercados internacionales y deben gestionar adecuadamente el riesgo de tipo de cambio para proteger sus márgenes y mantener su competitividad”.
Las exportaciones siguen siendo europeas; las importaciones, más globales. Según el estudio de Ebury, basado en datos oficiales de comercio exterior de la Secretaría de Estado de Comercio correspondientes al periodo 2000-2025, aunque las exportaciones españolas siguen siendo principalmente intraeuro, el fuerte giro de las importaciones hacia Asia y EEUU ha transformado estructuralmente el mapa de riesgo cambiario de las empresas españolas.
En el año 2000, el 59,7% de las exportaciones españolas se dirigían a países de la Zona Euro, frente al 40,3% fuera de ella. En el caso de las importaciones, el 54,3% procedían de la Zona Euro y el 45,7% del resto del mundo. Sin embargo, 25 años después, tomando como fecha de referencia para el estudio diciembre de 2025, las exportaciones mantienen un perfil mayoritariamente europeo, aunque algo más diversificado: el 53,2% se destinan a la Zona Euro y el 46,8% a países fuera de ella. “La diferencia es moderada, en tanto que se ha registrado un descenso de 6,5 puntos en el peso de la Eurozona en las ventas exteriores”, continúa Luis Merino.
Ahora bien, el cambio es mucho más profundo en el lado de las compras. En diciembre de 2025, el 42,1% de las importaciones españolas proceden de la Zona Euro, mientras que el 57,9% llegan desde economías fuera del área común. En 25 años, la cuota de la Zona Euro en las importaciones ha retrocedido 12,2 puntos, mientras que las compras fuera del área del euro han aumentado en la misma magnitud, al pasar del 45,7% en 2000 a l57,9% en 2025. Por tanto, "España sigue vendiendo principalmente en euros, pero compra cada vez más en divisa extranjera", subraya Merino.
Cambio estructural en las importaciones
El estudio asegura que el verdadero giro estructural en el comercio exterior de España se ha producido en la geografía de las compras. En el año 2000, Asia representaba el 13,5% de las importaciones españolas y EEUU, e l5,2%. En diciembre de 2025, Asia alcanza el 22,3% del total importado, con China acaparando el 11,3%, y EEUU eleva su peso hasta el 6,8%.
Este desplazamiento tiene implicaciones directas para la gestión financiera delas empresas, según Ebury: “El aumento del peso de proveedores fuera de la Zona Euro implica una mayor exposición estructural al dólar y a divisas asiáticas, especialmente en sectores vinculados a tecnología, bienes intermedios, energía y cadenas globales de suministro”, comenta Luis Merino. “La consecuencia es una creciente asimetría monetaria: mientras una parte significativa de los ingresos exteriores de las empresas españolas se sigue generando en euros, una proporción cada vez mayor de sus costes está denominada en divisa extranjera”.
En el contexto actual, marcado por la revalorización del dólar frente al euro y otras monedas, esta configuración encarece las importaciones y aumenta parcialmente la presión sobre los costes, pero al mismo tiempo puede elevar la competitividad de precios de las exportaciones fuera de la zona euro y aumentar el contravalor en euros de los ingresos facturados en divisa.
“Sin una política activa de gestión y cobertura, la volatilidad cambiaria puede trasladarse igualmente a los márgenes, aunque por vías diferentes”, avisa el director general de Ebury en España. La transformación del mapa comercial español confirma que el riesgo de tipo de cambio ha dejado de ser una variable coyuntural asociada a episodios coyunturales de mercado para convertirse en un elemento estructural de competitividad: “En un comercio exterior más global y diversificado que hace 25 años —y con más de la mitad de las importaciones ya fuera del euro— la gestión del riesgo cambiario no es solo una herramienta financiera defensiva, sino una palanca estratégica que condiciona precios, márgenes y posicionamiento internacional”, concluye.
Intrum: el 42% de las pymes carece de margen para absorber impagos
Por otra parte, según el Informe Europeo de Pagos 2026 de Intrum, el 50% de las pymes españolas cree que la incertidumbre económica internacional aún no ha tocado techo, un porcentaje 15 puntos superior al registrado entre las grandes empresas. Este dato se produce en un contexto en el que el crecimiento sigue siendo una prioridad para el tejido empresarial español, ya que el 63% de las compañías lo sitúa entre sus principales objetivos de negocio.
Las pymes presentan una percepción propia del contexto económico. Aunque solo el 26% muestra inquietud por los aranceles, frente al 37% de las grandes compañías, su preocupación por la deflación alcanza el 35%, siete puntos por encima del dato registrado entre las grandes empresas. Esta combinación refleja que, pese a estar menos expuestas a algunos factores internacionales, las pequeñas y medianas empresas sí perciben riesgos relevantes para su actividad.
Uno de los principales desafíos para este segmento, que en España está integrado por casi tres millones de empresas, es su menor margen para absorber retrasos o impagos de sus clientes. El 42% de las pymes reconoce esta dificultad, siete puntos más que las grandes corporaciones. Además, el 17% afirma haber registrado un aumento de las pérdidas por crédito en 2025 frente al periodo anterior, mientras que entre las grandes empresas este porcentaje se sitúa en el 13%.
Los clientes de las pymes presentan algo más de dificultad para pagar sus facturas. Este problema afecta al 62%, tres puntos por encima del dato registrado entre las grandes compañías. Esta situación puede generar un efecto en cadena, ya que las dificultades para cobrar acaban trasladándose, en muchos casos, a los proveedores. De hecho, el 52% de las empresas españolas reconoce haber incumplido plazos de pago con sus proveedores por haber sufrido impagos por parte de sus clientes, un impacto que se produce de forma similar en ambos segmentos, aunque es ligeramente superior entre las grandes empresas, donde alcanza el 59%.Aun así, las pymes parecen contener algo mejor algunos efectos del impago.
El 59% muestra preocupación por el retraso en los pagos, frente al 63% de las grandes corporaciones. Esta diferencia apunta a una mayor confianza de la pequeña y mediana empresa en su capacidad de resistencia y continuidad, pese a operar con menores recursos y márgenes de maniobra. En cuanto a las consecuencias del retraso en los pagos, el deterioro de la relación con los clientes afecta al 16% de las pymes. Sin embargo, el impacto sobre la contratación es más acusado: el 39% señala dificultades para incorporar nuevo personal, cinco puntos más que en el caso de las grandes empresas.
El Informe Europeo de Pagos de Intrum también muestra un amplio consenso empresarial sobre la necesidad de reforzar el marco regulatorio frente a la morosidad. El 57% de las empresas españolas solicita que los gobiernos impulsen regulaciones más estrictas para apoyar a las compañías afectadas por los retrasos en los pagos, con un nivel de acuerdo muy similar entre pymes y grandes empresas. En este contexto, una posible reforma de la Directiva 2011/7/UE, relativa a la lucha contra la morosidad en las operaciones comerciales, plantea limitar el plazo de pago a 30 días para las pymes, manteniendo condiciones negociables para las grandes empresas.
Sin embargo, la presión regulatoria internacional no afecta por igual a todos los segmentos. Las grandes compañías perciben una mayor presión al reclamar cobros en otros países de la Unión Europea: el 62% afirma experimentar esta situación, frente al 25% de las pymes.
La adopción de nuevas tecnologías en la gestión de pagos avanza más despacio entre las pymes. El 39% no ha utilizado inteligencia artificial en este ámbito, frente a solo el 10% de las grandes empresas, aunque más del 60% confía en que puede mejorar de forma significativa la gestión de pagos atrasados.La diferencia también se refleja en la percepción sobre su utilidad. El 53% de las grandes compañías valora la capacidad de bots y asistentes para actuar de forma firme pero justa, frente al 19% de las pymes. Además, el 54% de las grandes empresas cree que los clientes prefieren interactuar mediante IA, frente al 18% de las pequeñas y medianas empresas.Si bien las pymes generan más de la mitad de los empleos en empresas en España, entre los principales frenos para este tipo de compañías destaca la falta de talento interno y, en este sentido, el 58% reconoce dificultades para extraer valor real de la IA. A ello se suman la inversión inicial, los costes asociados y la complejidad de los sistemas nacionales, factores que retrasan los beneficios inmediatos de la digitalización.Mientras las grandes compañías priorizan la IA como vía para acelerar cobros, con una diferencia de 14 puntos respecto a las pymes, estas apuestan más por otras herramientas, como el análisis de datos para predecir impagos y la posibilidad de ofrecer distintas opciones de pago a sus clientes, una práctica en la que superan en siete puntos a las grandes empresas. Esta tendencia podría cambiar a medida que avance la digitalización del segmento: el 32% de las pymes aún no utiliza estas herramientas de IA, pero prevé invertir en ellas, frente al 9% de las grandes compañías.Las pymes españolas representan más del 96% del tejido empresa Las pymes españolas representan más del 96% del tejido empresarial y afrontan riesgos específicos en un entorno marcado por la incertidumbre económica, los retrasos en los pagos y la necesidad de avanzar en digitalización. Reforzar su capacidad de adaptación, mejorar el marco regulatorio e impulsar la inversión tecnológica será clave para consolidar su crecimiento.