Durante décadas, los planes de pensiones se construyeron sobre una idea sencilla: ahorrar poco a poco, delegar la gestión en profesionales y asumir que la prudencia era la mejor forma de llegar con tranquilidad a la jubilación. Pero esa mentalidad está empezando a cambiar.
Cada vez más personas sienten que los modelos tradicionales ya no son suficientes para garantizar un retiro cómodo. Las bajas rentabilidades, la inflación y la incertidumbre están empujando a muchos ahorradores hacia inversiones mucho más agresivas dentro de sus propios planes de jubilación.
Australia es probablemente el ejemplo más extremo. Allí están creciendo con fuerza los llamados fondos autogestionados, donde el propio inversor toma todas las decisiones de inversión. El fenómeno refleja una idea muy clara: “es mi dinero y quiero decidir yo”.
"El problema es que la libertad total también implica asumir todos los errores", advierte el analista Pablo Gil. En The Trader, este experto narra el caso de un inversor australiano: "Durante un trayecto de apenas 25 minutos vio cómo su fondo de jubilación pasaba de unos 40.000 dólares australianos a poco más de 6.000 tras desplomarse una criptomoneda en la que había invertido prácticamente todos sus ahorros para el retiro".
Puede parecer un caso extremo, pero no lo es tanto. Las inversiones en criptoactivos dentro de estos fondos autogestionados se han disparado durante los últimos años. Y detrás de todo esto existe una realidad incómoda: mucha gente siente que siguiendo el camino tradicional simplemente no llegará con suficiente dinero a la jubilación. El exceso de riesgo no nace solo de la codicia, sino también del miedo.
En EEUU el fenómeno adopta otra forma, pero la lógica es parecida. Allí está creciendo el peso de vehículos menos transparentes y con regulación más flexible dentro de los planes de pensiones, incluyendo activos privados e ilíquidos como ciertos segmentos de alto riesgo de 'private equity' o crédito privado. La promesa es mejorar la rentabilidad. El problema es que muchos de estos activos funcionan bien… hasta que dejan de hacerlo.
En el fondo, tanto Australia como EEUU reflejan el mismo cambio de paradigma: el riesgo se está trasladando cada vez más desde las instituciones hacia el propio ciudadano. Antes el sistema intentaba limitar ciertos riesgos dentro de los planes de jubilación. Ahora el mensaje empieza a ser muy distinto: “si quieres aspirar a una jubilación mejor, tendrás que asumir más riesgo”.
"Estamos entrando en una etapa muy diferente a la que conocieron generaciones anteriores. El problema no es solo que algunos inversores puedan perder dinero. Eso siempre ha ocurrido en los mercados. Lo realmente importante es que cada vez más personas están convirtiendo sus ahorros para la jubilación en una apuesta mucho más incierta. Y si esta tendencia continúa, podríamos terminar descubriendo que muchos planes de pensiones dejaron poco a poco de ser herramientas de protección financiera para convertirse en vehículos de riesgo disfrazados de planificación de futuro", advierte este experto.