El 61% de los españoles es capaz de adaptarse y gestionar su economía para afrontar el día a día, pero con poco margen para afrontar imprevistos, según el Informe Europeo de Pagos de Consumidores de Intrum, que apunta que este perfil, denominado adaptativo, es el mayoritario en España. Le siguen los consumidores resilientes -el 23% de la población-, que muestran una mayor capacidad para afrontar situaciones adversas. En el otro extremo, los consumidores frágiles son el 14% y presentan mayores dificultades para hacer frente a sus obligaciones financieras.
El estudio muestra que algunos consumidores con ingresos superiores a la media pueden experimentar dificultades para gestionar sus deudas, mientras que otros con rentas más ajustadas logran mantener una situación financiera estable. En otras palabras, la manera de relacionarse con el dinero puede ser tan determinante como el propio nivel de ingresos.
La relación entre cuánto ganan los consumidores y su salud financiera no es estrictamente proporcional, ya que depende en gran medida de determinados hábitos, de su mentalidad, de experiencias pasadas y de las prácticas cotidianas con las que gestionan el dinero. El análisis también identifica que las personas de mayor edad presentan mayores niveles de resiliencia financiera, algo que se relaciona en parte con el aprendizaje acumulado a lo largo del tiempo.
Entre los comportamientos que aparecen con mayor frecuencia en situaciones de vulnerabilidad financiera destaca la ausencia de ahorro para emergencias. El perfil de consumidor frágil tiende a priorizar el consumo inmediato, incluso cuando ello implica renunciar a cierta seguridad financiera a largo plazo, lo que incrementa su dependencia del endeudamiento.
Por otra parte, algunos consumidores consideran que alcanzar la estabilidad económica o acumular riqueza es inalcanzable, independientemente de cuánto trabajen o ahorren.
El estudio detecta además mayores niveles de ansiedad ante decisiones económicas importantes, como la compra de una vivienda o la planificación de la jubilación, y señala que en algunos casos el gasto puede utilizarse como vía para aliviar el estrés, la ansiedad o el aburrimiento.
El consumo, como parte de la vida en sociedad, también introduce presiones. Los consumidores más vulnerables o frágiles tienden a sentir una mayor presión por mantener un nivel de vida similar al que observan en redes sociales o en su entorno cercano, lo que puede traducirse en decisiones de gasto poco sostenibles e incluso en problemas de salud mental.
A esta sensación se suma una mayor inquietud ante la evolución de la economía. Muchos de estos consumidores anticipan un posible aumento del desempleo en los próximos años, lo que incrementa la percepción de incertidumbre financiera y dificulta la toma de decisiones económicas relevantes.
La importancia de la infancia en la relación con el dinero
El informe también apunta al peso de las experiencias tempranas en la forma de gestionar las finanzas personales. El 35% de los españoles con dificultades en la gestión del dinero recuerda haber vivido discusiones relacionadas con las finanzas en su hogar durante la infancia.
En cuanto a la educación financiera recibida, el 56% de los consumidores en buena situación económica afirma haber recibido orientación financiera por parte de sus padres, mientras que esta proporción desciende de forma significativa entre quienes afrontan una peor situación económica.
En la misma línea, uno de cada cuatro consumidores con mala salud financiera considera que la terminología financiera resulta confusa, más del doble que entre quienes no encuentran problemas en la gestión de su economía. Además, estos consumidores son más propensos a afirmar que no disponen de tiempo para formarse en materia financiera, lo que refuerza un círculo que dificulta mejorar su situación económica.
La falta de información, tiempo o motivación para ampliar sus conocimientos también se refleja en la actitud en la edad adulta: solo el 31% de estos consumidores afirma haber intentado desarrollar hábitos financieros mejores que los de sus padres, y únicamente el 27% tiene una visión clara de cómo le gustaría vivir en el futuro, frente al 72% de los consumidores resilientes.
Estos datos reflejan la importancia del aprendizaje financiero en edades tempranas y su relación con una gestión más sólida del dinero en la vida adulta.
El informe de Intrum concluye que la estabilidad financiera no depende únicamente del nivel de ingresos, sino también comportamientos cotidianos relacionados con el dinero, que a menudo pasan desapercibidos. Fomentar la educación financiera desde la infancia y promover hábitos de consumo responsables se presenta como una de las claves para mejorar la salud financiera de los consumidores.