Miguel Ángel Valero
Muchos piensan que los criptoactivos terminarán debilitando el dominio del dólar. La idea parecía lógica: un sistema financiero digital, descentralizado y global debía reducir el poder de las monedas tradicionales y, especialmente, el de EEUU. "Pero está ocurriendo justo lo contrario", alerta el analista Pablo Gil en The Trader.
El dólar no solo sigue dominando el comercio mundial, las reservas de dinero Fiat (término en latín que significa "hágase" o "que así sea", se refiere a una moneda de curso legal cuyo valor depende de la confianza en el Estado que la emite) de los bancos centrales o los mercados financieros. Ahora también está conquistando el ecosistema cripto.
Y ahí aparece una de las claves más importantes de esta nueva batalla monetaria: las stablecoins. Son criptoactivos cuyo valor está vinculado normalmente al dólar y respaldado por activos líquidos o deuda pública estadounidense de corto plazo. El dato es revelador: cerca del 99% de las stablecoins del mundo están referenciadas al dólar.
Incluso dentro del mundo cripto, el dinero que realmente se utiliza sigue siendo dólar digital. Esto tiene implicaciones enormes. Las stablecoins permiten realizar pagos instantáneos, baratos y operativos las 24 horas desde cualquier lugar del planeta. Para millones de personas ya representan una especie de cuenta bancaria en dólares accesible desde el móvil, especialmente en países con monedas débiles o alta inflación.
En la práctica, EEUU está exportando su moneda al mundo digital. Y además obtiene un beneficio adicional gigantesco: cuanto más crecen las stablecoins, mayor es también la demanda de deuda pública americana. Empresas como Tether acumulan enormes cantidades de bonos del Tesoro para respaldar sus monedas digitales. Lo que muchos creían que iba a debilitar el dominio monetario estadounidense está ayudando a reforzarlo.
Europa empieza a darse cuenta de que llega tarde a este proceso. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, reconoce la lentitud del proyecto del euro digital, cuya llegada no se espera hasta 2029. Mientras Europa sigue atrapada entre regulación, burocracia y falta de coordinación, Estados Unidos ya ha tomado ventaja impulsando un ecosistema privado global apoyado sobre el dólar.
Y lo verdaderamente importante del trasfondo de esta historia es que no hablamos de un tema tecnológico, sino de geopolítica. Porque controlar la moneda dominante significa tener influencia financiera, capacidad de sanción, acceso privilegiado a financiación y poder internacional. Rusia lo descubrió tras la invasión de Ucrania. China lleva años intentando construir alternativas. Y Europa empieza ahora a asumir que depender monetariamente de infraestructuras ajenas puede convertirse en una enorme vulnerabilidad estratégica.
La gran paradoja es que el mundo cripto, que nació con vocación antisistema y antiestatal, está ayudando a consolidar todavía más el liderazgo financiero de EEUU.
"La batalla por el dinero del futuro ya no consiste en sustituir las monedas tradicionales, sino en controlar la infraestructura digital sobre la que circulará ese dinero. Y al menos por ahora, el dólar vuelve a partir con mucha ventaja", subraya este experto.
CaixaBank, Sabadell y BBVA, en Qivalis
En este contexto, un consorcio integrado por trece banco europeos, entre los que se encuentra CaixaBank, Sabadell y BBVA, impulsa Qivalis para lanzar la primera stablecoin en euros y combatir la "dolarización digital" de los mercados financieros.
Aunque el euro representa entre el 20% y el 25% de la actividad económica global tradicional, su presencia en las redes de cadena de bloques (blockchain) es residual, pues supone solo el 0,2% de las transacciones, frente a un mercado dominado en un 99% por el dólar estadounidense a través de 'tokens' (fichas digitales) como USDT y USDC.
Qivalis no se centra en el cliente minorista, sino en ofrecer soluciones para empresas y el sector mayorista: pagos transfronterizos instantáneos, capacidad para gestionar la liquidez de las compañías o la automatización de pagos a través de la red.
En diciembre de 2025, la alianza Qivalis, con sede en Ámsterdam, solicitó formalmente una licencia de Institución de Dinero Electrónico (EMI) ante el Banco Central de los Países Bajos (DNB), lo que permite a una entidad emitir dinero electrónico y ofrecer servicios de pago siempre bajo una supervisión regulatoria.
El activo digital operará bajo el marco del Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA) de la Unión Europea, lo que garantiza seguridad jurídica para inversores institucionales y corporativos.
Para asegurar la estabilidad del precio, cada 'token' estará respaldado al 100% por reservas reales: se prevé que al menos el 40% se mantenga en depósitos bancarios en instituciones de alta calificación, mientras que el resto se invertirá en deuda soberana a corto plazo de diversos países de la Eurozona para evitar riesgos de concentración.
Junto a los bancos españoles, el proyecto incluye a BNP Paribas (Francia), ING (Países Bajos), UniCredit (Italia), Danske Bank (Dinamarca), SEB (Suecia), Raiffeisen Bank (Austria), DZ BANK y DekaBank (Alemania), KBC (Bélgica) y Banca Sella (Italia).
