“El problema de las identidades no humanas es especialmente urgente. Los agentes de IA reciben privilegios más rápido de lo que los equipos de seguridad pueden controlar, y las organizaciones que no se adelanten a esta realidad pagarán un precio cada vez más alto”, avisan en Sophos.

Las grandes tecnológicas "quieren controlarlo todo. No se fían ni del clima ni de sus proveedores. Tienen el dinero, el talento y la ambición para hacerlo. Y tienen miedo a que una disrupción externa las deje fuera de juego", avisa Pablo Gil en The Trader.