02 May
02May

Miguel Ángel Valero. Fotografías de Lucía Valero Merchante

Un doble cumpleaños es un buen motivo para volver a disfrutar de la magia gastronómica de El Ancla del Lago (Casa de Campo, Paseo María Teresa, 2, Madrid; 913 543 607; info@restauranteelancladellago.com). Esta vez, además, con un argumento de peso: probar el salmorejo con el que el restaurante que lleva años marcando el paso en la Casa de Campo celebraba la Feria de Abril (todos los sábados y domingos de ese mes, de 11,00 a 12,00, invitaba a una degustación de esa deliciosa crema espesa que tomamos fría, sobre todo, en primavera y verano , y que se compone de tomates, pan de telera, aceite de oliva virgen extra y sal, y como añadido excepcional, un diente de ajo, jamón serrano, yema de huevo picada, más el cariño y la sabiduría del chef, Luis García).

Desde luego, el salmorejo (después de un aperitivo con un impresionante queso y unas no menos deliciosas aceitunas) no solo no defraudó sino que satisfizo hasta las más altas expectativas. Fresco, sabroso, a la altura del paladar más exigente. Todo un descubrimiento en un entorno mágico como es el lago de la Casa de Campo, el pulmón de la capital de España.

Luego llega el momento más difícil: elegir entre los manjares que ofrece la carta de El Ancla del Lago. Una de las homenajeadas no tuvo duda alguna: pulpo braseado con patatas revolconas. La otra no terminaba de decantarse hasta que optó por el arroz con carabineros, una de las especialidades del restaurante, que se sirve para dos personas, y del que pueden alimentarse fácilmente cuatro.

Aunque rimen, no siempre casan cantidad y calidad. En este caso, sí. La abundancia no se logra a costa de los alimentos: carabineros, almejas, pota, entre los ingredientes de un plato que dejaría harto al mismísimo Pantagruel.

Para amenizar la espera, unos tomates con aceite de Jaén de primera prensada, una delicia que hace que el tiempo pase volando.

Todo regado con unos excelentes tintos de verano. Tan frescos como buenos, que un cervecero de pro como yo traicionó su pasión por la caña por esa gran bebida en tiempos de calor.

Finalmente, los postres, tan grandes como efectivos: tarta de queso y tarta de chocolate, ambas en raciones que parecían para dos personas. Pero los comensales dieron buena cuenta de esos espléndidos manjares.

Luego, el café (en mi caso, té rojo). Y algo que se está perdiendo, desgraciadamente, en muchos restaurantes de la capital, sobre todo los de gran nivel a la hora de cobrar: el chupito. Orujo y crema. Un magnífico broche para un doble cumpleaños que comenzó con la idea de degustar el salmorejo de El Ancla del Lago.

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