Miguel Ángel Valero
Desde principios de año, el estaño ha experimentado el mayor aumento de precio entre los metales no ferrosos, con un incremento del 70% interanual, hasta alcanzar los 50.000$ por tonelada. Esta volatilidad de los precios responde, según el último análisis de Coface, a las presiones especulativas vinculadas a las bajas existencias en las principales Bolsas de metales (LME, SHFE).
El estaño es un metal clave para la industria electrónica (en el que la soldadura representa por sí sola el 50% de la demanda mundial), que se está beneficiando enormemente de las transiciones energética y digital. Sin embargo, el crecimiento de la oferta sigue siendo limitado, especialmente en la República Democrática del Congo y Myanmar, lo que se prevé que provoque un déficit de suministro durante este año, el primero desde 2021.
“No hay duda de que la demanda de tecnologías basadas en datos impulsa la reciente subida de los precios del estaño. Esperamos que los precios medios se sitúen en torno a los 45.000 dólares estadounidenses por tonelada (+40% interanual) durante la primera mitad del año”, afirma Simon Lacoume, economista sectorial de Coface.
El encarecimiento del estaño se enmarca en una tendencia más amplia. Metales no ferrosos como el cobre, el aluminio o el níquel también registran fuertes subidas en los últimos meses, con una marcada aceleración en enero. El índice LME ha aumentado un 34% interanual, frente al 6% registrado el año anterior. Aunque la transición energética está respaldando esta tendencia, la digital -que requiere grandes volúmenes de metales-, combinada con las presiones especulativas, está reforzando aún más esta dinámica.
Tras el aumento de los precios del cobre, los efectos especulativos se han amplificado y han acentuado la tendencia al alza de los precios de otros metales, incluido el estaño. Además, las bajas existencias del mercado en 2025 y los niveles relativamente bajos de las principales Bolsas también han contribuido al aumento de los precios en los últimos meses. La reposición de existencias en un contexto de precios al alza ha amplificado el repunte de enero, aunque se espera que la volatilidad se modere a medida que disminuya la especulación.
A largo plazo, se espera que la demanda de estaño siga aumentando, impulsada por el incremento procedente de los componentes electrónicos, semiconductores y las infraestructuras de almacenamiento de datos (que consumen grandes cantidades de metales). Según el último informe de SEMI, los envíos mundiales de obleas de silicio —clave para la fabricación de semiconductores— crecerán un 5,2% interanual en 2026, hasta los 13.500 millones de pulgadas cuadradas (tras un +5,4 % en 2025). La innovación tecnológica podría mejorar la eficiencia, pero no lo suficiente para compensar la creciente demanda impulsada por la digitalización.
Las perspectivas de suministro, sin embargo, son limitadas. Se prevé que la producción mundial de estaño refinado crezca un 3% en 2026 (tras un+2% en 2025), insuficiente para compensar el aumento previsto del 3,5% de la demanda este año. Como resultado, se espera que el mercado pase a ser deficitario este año, una situación que podría prolongarse en los próximos ejercicios.
A largo plazo, el agotamiento de los yacimientos existentes y la falta de nuevas inversiones mineras amenazan la estabilidad de toda la cadena de valor. China representa el 50% de la producción mundial de estaño refinado y se prevé que mantenga un crecimiento sólido (+5 % en 2026), ya que este metal sigue siendo un activo estratégico en la búsqueda de la autosuficiencia en materia de infraestructura de gestión de datos. Por el contrario, la producción en Indonesia (el segundo mayor productor mundial de estaño) podría disminuir un 2% en 2026 (tras un -1 % el año anterior), dadas las restricciones normativas y la creciente aversión a los proyectos mineros.
La principal vulnerabilidad radica en el suministro de mineral de estaño, en particular, el procedente de la República Democrática del Congo y Myanmar, que juntos representan el 20 % de la producción mundial y el 60 % de las importaciones chinas de mineral de estaño. En Congo los frecuentes enfrentamientos entre las fuerzas rebeldes del M23 y el ejército regular congoleño están teniendo un impacto negativo en las operaciones mineras en Kivu del Norte y perturbando regularmente la minería, sobre todo en la mina de Bisie (casi el 6 % de la producción mundial). En Myanmar, una serie de incertidumbres operativas siguen limitando la extracción de estaño a niveles inferiores a las previsiones originales del mercado.
