18May

Los mercados consideran cada vez más que el actual impulso inversor en torno a la inteligencia artificial se prolongará durante un periodo más largo, ya que los cinco grandes hiperescaladores han revisado nuevamente al alza sus estimaciones de gasto en capital.

Miguel Ángel Valero

Las perspectivas para el sector tecnológico estadounidense siguen siendo, en términos generales, positivas, con algunas áreas mostrando un impulso especialmente sólido. Los analistas han revisado significativamente al alza sus estimaciones de gasto en capital (capex) de los “Big 5” hyperscalers —Alphabet (Google), Amazon, Microsoft, Meta y Oracle— durante los últimos doce meses. La magnitud de estas revisiones ha sido más pronunciada que la observada en las previsiones de ingresos o beneficios. Esto resulta especialmente evidente al analizar horizontes más largos: mientras que los ajustes para 2026 ya son relevantes, los de 2027 son aún más significativos. En conjunto, esto sugiere que los mercados consideran cada vez más que el actual impulso inversor se prolongará durante un periodo más largo.

Mirar atrás ayuda a contextualizar los desarrollos recientes. Al igual que ocurrió en el verano y otoño de 2025, los mercados están reaccionando actualmente de forma intensa ante novedades y, en algunos casos, desarrollos inesperados, especialmente el renovado aumento de los planes de inversión anunciados por las grandes compañías tecnológicas. Las reiteradas revisiones al alza indican que los planes reales de gasto han superado con frecuencia las expectativas iniciales. Actualmente, se espera que las inversiones aumenten alrededor de un 70% en 2026. Como destaca Tobias Rommel, gestor de renta variable global de DWS, el gasto en infraestructura de inteligencia artificial se aproxima este año a los 800.000 millones$.

Uno de los principales motores de esta evolución es la continua expansión de la infraestructura de IA. Una gran parte de las inversiones parece dirigirse a capacidad computacional —incluyendo servidores, unidades de procesamiento gráfico (GPU) y almacenamiento—, mientras que el resto se destina a edificios, suministro energético y sistemas de refrigeración. Al mismo tiempo, los elevados volúmenes de pedidos pendientes entre los proveedores cloud apuntan a una demanda estructuralmente robusta. En este contexto, las compañías podrían seguir enfrentándose a presión para aumentar sus niveles de inversión con el fin de mantener su competitividad.

Esta dinámica inversora empieza a reflejarse en la evolución de los beneficios de aquellas compañías que suministran componentes de la infraestructura de IA. En particular, los segmentos de semiconductores y memoria están mostrando un fuerte crecimiento. Tobias Rommel señala: “Esperamos un crecimiento de beneficios de alrededor del 60% para las acciones tecnológicas este año”. Al mismo tiempo, las valoraciones en muchos segmentos vinculados a la IA se han normalizado respecto a los máximos anteriores. Como resultado, el foco se está desplazando gradualmente desde expectativas puramente futuras hacia la capacidad real de generación de beneficios.

Además, está emergiendo una mayor dispersión entre compañías. Aquellas más directamente expuestas a las tendencias de inversión relacionadas con la IA están, en general, superando el comportamiento del resto. Esto podría generar oportunidades adicionales con el tiempo, especialmente para las empresas que logren integrar con éxito la IA en sus modelos de negocio.

Para los inversores, esto dibuja un panorama más diferenciado. Aunque el mercado refleja claramente una fuerte confianza en el potencial a largo plazo del sector, la cuestión clave sigue siendo la velocidad a la que las inversiones se traducen en beneficios. Las primeras señales de monetización comienzan a hacerse visibles, respaldadas por el aumento de los ingresos relacionados con IA y por un fuerte incremento de los pedidos pendientes en servicios cloud, lo que apunta a un fortalecimiento del vínculo entre inversión y comercialización.

Banca March: fuerte caída de los precios de los bonos soberanos

Las negociaciones con Irán no avanzan, Ormuz sigue cerrado e iniciamos la semana con el precio del crudo nuevamente por encima de los 110$ el barril. La fragilidad del alto el fuego en Oriente Medio, evidenciada por ataques con drones registrados en los Emiratos Árabes Unidos y un nuevo cambio en la retórica del presidente Trump, que insta a que Irán se “mueva rápido”, vuelven a tensionar el tablero geopolítico. A ello, se unen las advertencias de la semana pasada de la Agencia Internacional de la Energía sobre los riesgos a un desabastecimiento de crudo si el estrecho de Ormuz continúa bloqueado.

En Irán las evidencias apuntan a que la capacidad de almacenamiento está alcanzando sus límites. Las imágenes satelitales reflejan que el almacenamiento visible se encuentra prácticamente lleno y, la Isla de Jark, principal centro logístico de exportación de petróleo para el país persa no ha registrado salidas de buques en seis días. Por su parte, Reino Unido y Francia anunciaron su compromiso para salvaguardar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, condicionado a la consecución de un alto al fuego “estable”. 

Con este telón de fondo, se endurecen las condiciones financieras. La preocupación por la inflación y los niveles de deuda pública han provocado una fuerte caída en los precios de los bonos soberanos a nivel mundial y el promedio de los tipos de interés a 10 años de los países del G-7 alcanzan su tasa más alta de las últimas dos décadas. Escalan con mayor celeridad las rentabilidades exigidas a la deuda de largo plazo, llevando a que la tasa a 30 años del bono estadounidense se acerque al 5,15% (máximos desde 2007), los de Alemania al 3,69% (máximo desde 2011) y de manera similar, los bonos japoneses han saltado a niveles no vistos desde 1996. 

Un impacto que se está viendo reflejado también en las expectativas de política monetaria y que han llevado a que el mercado, en apenas dos meses, ha pasado de descontar dos bajadas de tipos por parte de la Fed a considerar ahora una subida de tipos antes del final del año. Este agresivo giro pone mayor presión para lograr desbloquear el paso de buques por Ormuz, dado que el tensionamiento de las condiciones financieras va claramente en contra de los intereses del presidente Trump, que siempre ha defendido la necesidad de rebajar los costes de financiación a los hogares estadounidenses. 

Los datos macro de EEUU muestran una tendencia al alza en los precios y resiliencia del crecimiento, tanto por el lado de la oferta (producción industrial) como de la demanda (ventas minoristas). En primer lugar, el IPC de abril registró un fuerte repunte impulsado por el encarecimiento de la energía. El índice general aumentó un 3,8% interanual (frente al +2,4% de febrero, previo al conflicto con Irán). Esta aceleración se debió principalmente al componente energético, que creció un +8% interanual, con especial incidencia de la gasolina (+28%). En términos de contribución, la energía pasó de tener un impacto prácticamente nulo a aportar 0,8 puntos en marzo y 1,1 puntos en abril. Por su parte, el avance del índice subyacente (+2,8% frente al +2,5% de febrero) respondió en gran medida a un factor técnico puntual en la medición de los alquileres. Además, se observan presiones al alza en los precios de servicios discrecionales, como las tarifas aéreas y los servicios recreativos.

En cuanto a las ventas minoristas, encadenan su tercer mes al alza en términos nominales (+0,5% mensual), reflejando cierta resiliencia del consumo. No obstante, este comportamiento se ve explicado por el aumento de precios en gasolina y alimentos, apoyados por factores como las devoluciones fiscales y el efecto riqueza derivado del buen comportamiento bursátil. 

Por su parte, la producción industrial creció un +0,7%, impulsada principalmente por el repunte en los bienes duraderos –especialmente la producción de vehículos–, junto con el incremento en metales, minerales, maquinaria agrícola y electrónica, lo que apunta a que continúa la mejora de la actividad manufacturera.

Aunque la caída de los precios de los bonos contagia a las Bolsas, la renta variable sigue soportada por una favorable temporada de publicación de resultados empresariales. El miércoles 20 de mayo se conocerán las cifras trimestrales de Nvidia, la principal protagonista del actual auge de la inversión en IA. Las expectativas de la compañía apuntan a un crecimiento de los ingresos de nada menos que del 78% hasta superar los 78.000 millones$, lo que debería permitir alcanzar un beneficio por acción de 1,77$. La vigilancia del mercado estará también centrada en la evolución de los márgenes donde se espera confirmar que la transición desde la arquitectura de sus chips de Blackwell a Vera Rubin no esté suponiendo una compresión de los márgenes de la empresa, así como el impacto del incremento en los costes de fabricación. Los comentarios de Jensen Huang (CEO) sobre la inversión en capital (capex) de los hiperescaladores será otro de los puntos de atención principal: el gasto en IA de Amazon, Microsoft, Meta, Alphabet y Oracle (713.000 millones para este año) sigue siendo el motor fundamental de la tesis de crecimiento de Nvidia para la segunda mitad de 2026. 

Una vez más, los resultados de la mayor empresa por capitalización del S&P 500 serán una prueba de fuego para la demanda de chips y la inversión en la construcción de infraestructura relacionada con la IA. Unas cifras que llegan tras el fuerte avance de las Bolsas, donde las acciones de Nvidia se han anotado un +36% desde mínimos de marzo, mientras que el índice de semiconductores de Filadelfia (el conocido como SOX) se anota una subida de más del 60% en el mismo periodo. Además, en esta ocasión la publicación de estas cifras coincidirá con la realización de la principal conferencia de desarrolladores de Google, un evento que ofrece las últimas novedades de la empresa en inteligencia artificial y herramientas de programación.

Más allá de la tecnología, saldrán a escena empresas minoristas estadounidenses que permitirán medir la verdadera temperatura del consumo: destacarán el jueves 21 de mayo los resultados de Walmart, que ofrecerá detalles sobre cómo están afrontando los consumidores los altos precios de la energía. Home Depot y Target ya han recortado sus perspectivas de beneficios debido a la débil demanda de mejoras para el hogar y una menor afluencia en las tiendas, y los resultados que publicarán esta semana mostrarán si la tendencia continúa o comienza a estabilizarse.

Por el lado macro, está la reunión de los ministros de finanzas del G7, en un momento en el cual el tensionamiento de los tipos de interés y la crisis energética por el conflicto con Irán centrarán los debates, y que sigue el martes 19 de mayo. Por otro lado, la Fed publicará las actas de su última reunión (realizada en abril), una referencia que pierde algo de relevancia dado el reciente cambio de presidente (Warsh está al frente desde el 15 de mayo). Entre el 21 y 22 de mayo se conocerán los indicadores de confianza de los empresarios y de los consumidores a ambos lados del Atlántico.

UBS: IA, pero también longevidad

Los sólidos resultados empresariales y la sostenida demanda de inteligencia artificial han respaldado el rally tecnológico durante las últimas siete semana, con el Nasdaq subiendo más de un 26 % desde finales de marzo. "Mantenemos nuestra convicción en el crecimiento a largo plazo de las oportunidades vinculadas a la inteligencia artificial, pero también esperamos que la tendencia estructural de la longevidad genere oportunidades de varios billones$ durante la próxima década. Desde un punto de vista fundamental, los recientes resultados empresariales y los próximos catalizadores sugieren que la temática de la longevidad cuenta con el respaldo tanto de una fuerte demanda como de un ecosistema de innovación cada vez más sólido en distintas regiones. Los próximos resultados de ensayos clínicos deberían impulsar las perspectivas de crecimiento a largo plazo. La oportunidad de ingresos a largo plazo en el mercado de la obesidad resulta atractiva. La creciente capacidad de innovación en China ofrece nuevas oportunidades", apuntan en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos viendo oportunidades atractivas en el sector sanitario a nivel global, no solo porque ofrece características defensivas en medio de la actual incertidumbre geopolítica, sino también por el crecimiento a largo plazo asociado a la tendencia estructural de la longevidad”. Y añade: “Los inversores pueden considerar complementar sus posiciones actuales en inteligencia artificial con una exposición selectiva al sector sanitario, invirtiendo directamente en nuestra selección en evolución de compañías vinculadas a la longevidad o mediante enfoques diversificados y modulares que combinen líderes del sector salud con empresas ajenas al ámbito sanitario, a medida que madura la cadena de valor”.

“Los tipos de interés más altos no descarrilan los mercados alcistas cuando el crecimiento económico se mantiene sólido. Aunque puede haber correcciones bursátiles de corta duración mientras el mercado se ajusta a un entorno de tipos más elevados antes de retomar su tendencia alcista”, aporta Ulrike Hoffmann-Burchardi, directora de inversiones para las Américas y responsable global de renta variable.

Natixis: EEUU y China siguen sin resolver los conflictos de fondo

Tras la visita de Donald Trump a China, Alicia García Herrero, economista jefe para Asia Pacífico en Natixis CIB, subraya en un análisis que la cumbre en Pekín mostró públicamente un clima de cooperación económica y nuevos acuerdos comerciales, pero el verdadero objetivo fue reducir temporalmente las tensiones estratégicas entre EEUU y China. Detrás de los anuncios sobre inversiones y comercio, ambos países negociaron límites en la guerra tecnológica ligada a la inteligencia artificial y los semiconductores. 

EEUU mantiene el control sobre los chips avanzados y China domina minerales críticos y tierras raras, “por lo que ambos poseen herramientas capaces de dañar seriamente al otro”. La reunión sirvió para frenar momentáneamente esta escalada, aunque sin resolver los conflictos de fondo. “Washington exige que China deje de apoyar militarmente a Irán, mientras Pekín insiste en que EEUU reduzca su apoyo armamentístico a Taiwán. Ninguna de las dos partes cedió realmente en estos temas.” En conclusión, la cumbre no representa una reconciliación duradera, sino una tregua táctica para evitar una confrontación económica y tecnológica más peligrosa mientras continúa la competencia estratégica entre ambas potencias.

En el encuentro predominó el marketing político sobre la materialización de avances sustanciales. Se pactó que China adquiera al menos 17.000 millones$ anuales en productos agrícolas hasta 2028. También acordaron reducir aranceles sobre algunos productos –aún sin especificar– y la compra por parte de China de aviones estadounidenses Boeing (200 según declaraciones de Trump). En cuanto a cuestiones de mayor calado, los comunicados incluyeron referencias generales, pero sin detalles ni planes de acción concretos sobre la escasez de suministro de tierras raras y otros minerales críticos (China no se pronunció), sobre que Irán no puede tener un arma nuclear, y sobre la reapertura del estrecho de Ormuz (donde acordaron que ningún país u organización debe poder cobrar peajes).

Ebury: la caída del mercado de bonos empuja a los inversores hacia al dólar

Las noticias económicas estuvieron marcadas por la fuerte caída registrada en los mercados de bonos de todo el mundo. Se han acumulado varios factores que han generado inquietud entre los tenedores de bonos: la perspectiva de que los precios de la energía se mantengan elevados durante más tiempo, los indicios de efectos inflacionarios de segunda ronda y la inestabilidad política en países como el Reino Unido. Aunque resulta difícil de cuantificar, todos los inversores son conscientes de la falta de progreso en la reducción de los déficits públicos y de la perspectiva de una emisión continua de deuda pública. Estas tendencias se ven agravadas por las dinámicas demográficas en todo el mundo. Las Bolsas han mostrado cierta resiliencia a la fuerte subida de los rendimientos de bonos, "aunque no podemos decir lo mismo sobre el mercado de divisas", apuntan en Ebury. Todas las principales monedas perdieron terreno frente al dólar, con un comportamiento especialmente débil de la libra esterlina y el real brasileño por la agitación política doméstica.

  • EUR: La fuerte venta de bonos se ha extendido ya al tramo corto de la curva estadounidense, lo que ha impedido que el diferencial de tipos entre la Eurozona y Estados Unidos se haya estrechado aún más en las últimas dos semanas. Consideramos que este movimiento ha sido uno de los principales impulsores de la reciente depreciación del euro frente al dólar. Los otros dos factores clave han sido la búsqueda natural de refugio provocada por el conflicto en Irán y el mayor impacto negativo que el encarecimiento de la energía está teniendo sobre la economía europea en comparación con la estadounidense. Esta semana seguiremos con atención los PMI preliminares de mayo para evaluar si la subida de los precios energéticos sigue lastrando la actividad empresarial en la Eurozona. Los economistas esperan un ligero repunte del índice compuesto, aunque desde niveles consistentes con una clara contracción económica. Nuestra hipótesis base es un periodo de estancamiento económico en el segundo trimestre en la eurozona, si bien no puede descartarse un escenario de crecimiento negativo.
  • USD: Un par de sorpresas alcistas en los datos de inflación de abril avivaron la oleada de ventas en el mercado de bonos americano. Tanto la inflación general como la subyacente superaron las previsiones, con las presiones de precios extendiéndose desde el sector energético al resto de la economía. Los precios de producción también superaron ampliamente las expectativas, señal de que las tensiones inflacionistas se están propagando a lo largo de la cadena de suministro. En este contexto, los rumores sobre recortes de tipos han desaparecido prácticamente por completo. El mercado descuenta ahora que el próximo movimiento de la Reserva Federal será al alza, y la principal incógnita ahora es el momento exacto en el que se producirá. Un dato especialmente preocupante es que la inflación a largo plazo descontada por el mercado ha comenzado a repuntar, lo que genera inquietud en la Fed. La semana pasada se confirmó oficialmente el nombramiento de Kevin Warsh como nuevo presidente del FOMC. La reunión de junio será la primera que presida. Creemos que le resultará complicado conseguir el apoyo de los 'halcones', por lo que la principal preocupación de los inversores será que reduzca las orientaciones prospectivas (forward guidance, en inglés) de la Fed.
  • GBP: Las caídas en los mercados de bonos de la semana pasada se iniciaron en el Reino Unido por el temor a que Keir Starmer sea sustituido por un Gobierno aún más irresponsable desde el punto de vista fiscal, tras el mal resultado del Partido Laborista en las elecciones locales. La presión se extendió rápidamente al resto de países del G10. La libra se vio afectada por ello y cedió terreno frente a todas las principales divisas. El único punto positivo es que los datos económicos británicos han resistido razonablemente bien últimamente: el PIB creció un sólido 0,6% en el primer trimestre y los PMI recientes sugieren que el impacto del conflicto de Irán ha sido, hasta ahora, moderado. La avalancha de datos de esta semana pondrá a prueba esa resiliencia. Prestaremos especial atención a los datos de confianza empresarial ante la inestabilidad política actual. Aunque la libra ya descuenta un alto grado de incertidumbre política, un giro adicional hacia la izquierda en el Gobierno probablemente desencadenaría nuevas caídas de la divisa. El alcalde del Gran Mánchester, Andy Burnham —que primero deberá ganarlas elecciones parciales en Makerfield—, es actualmente el favorito de las casas de apuestas para suceder a Starmer. Consideramos que Burnham representaría el peor escenario posible para los bonos soberanos británicos y la libra, dada su clara preferencia por un mayor endeudamiento público, impuestos más altos y sus declaraciones que han pretendido quitar peso al mercado de bonos.
14May

Conviene no perder de vista que el bloqueo en Ormuz persiste desde hace más de dos meses y que el tiempo se acaba tanto para Irán como para EEUU.

Miguel Ángel Valero

Las bombas han dejado de caer en Irán, pero el estrecho de Ormuz sigue cerrado desde hace más de dos meses. El conflicto ha dado paso al bloqueo naval. EEUU ha cambiado las reglas: ahora Irán también tiene prisa. Todo dependerá de quien parpadee primero. De momento, ninguno de los dos parece querer dar su brazo a torcer, "aunque suponemos que lo que se filtra dista mucho de lo que realmente se está negociando", señala el equipo de Ibercaja Gestión. Los escenarios para acabar con el conflicto se centran cada vez más en una solución parcial del mismo, en el que la prima de riesgo implícita en el precio del petróleo se mantenga elevada. "Nuestro escenario base es el de un acuerdo de mínimos, de difícil cumplimiento y que no satisfaga a ninguna de las partes. Hemos subido también nuestra previsión de precios del crudo para lo que queda de año en todos los casos por la oferta que se ha perdido ya y que no se va a poder recuperar". añade.

Este shock del precio del petróleo ya pasa factura a las principales economías mundiales. Los datos del PIB del primer trimestre son robustos en EEUU y China, y más flojos en la Zona Euro. "A perro flaco, todo son pulgas", apunta. Las encuestas de confianza empresarial muestran que esta debilidad de la economía europea puede continuar. Los índices de manufacturas mejoran, pero no es suficiente para compensar la pérdida de visibilidad en el sector servicios tras el alza del coste energético.

La encuesta de confianza del consumidor del BCE muestra un importante repunte de las previsiones de inflación a medio y largo plazo. "Gasolina para los halcones del BCE", subraya.

La temporada de presentación de resultados del primer trimestre está siendo espectacular, sobre todo en EEUU. Con la mitad de las cuentas publicada, las compañías americanas sorprenden con un 18% al alza en beneficios y un 2% en ventas. Cifras que no veíamos hace mucho tiempo y que se están viendo reflejadas en las previsiones de crecimiento de beneficios para el conjunto de 2026, que ya se sitúan en el 20%, 4 puntos por encima de como empezaron el año. Toda esta mejora viene explicada por la revisión al alza en el sector de tecnología, con energía como único otro sector con aportación significativa aunque a bastante distancia. En Europa, los resultados tan solo cumplen con las expectativas, por ahora; pero las previsiones para el conjunto del año mejoran en casi 4 puntos, tanto como en EE.UU. En este caso, no obstante, es el sector de energía es el que más aporta a estas revisiones.

Hemos tenido el rebote de alivio sin reapertura del estrecho, con lo que debería haber algo de consolidación. No obstante, este rebote ha estado muy concentrado en tecnología y en servicios de comunicación, con otros sectores “descansando”. Si se llega finalmente a un acuerdo de paz, éstos pueden tomar el relevo. Por áreas geográficas, pasa parecido con EEUU como la zona más estresada técnicamente. Europa y China podrían recuperar algo de terreno.

A corto plazo, la niebla de la guerra sigue pero, de fondo, a largo plazo, lo que importa son los beneficios y las tendencias son robustas. "Todavía no podemos dar por concluida esta crisis y, posiblemente, no podamos hacerlo de una manera definitiva a corto plazo. Sin embargo, de nuevo se ha demostrado que mantener la calma en los momentos de nerviosismo es fundamental para obtener mejores resultados en el largo plazo. Las crisis generan oportunidades y hay que estar preparados para aprovecharlas", resaltan en la gestora de Ibercaja.

Tras las ampliaciones vividas en marzo junto a la mejora de sentimiento de abril, la TIR de los fondos de Ibercaja Gestión sigue en niveles atractivos y eso "nos lleva a estimar que la recuperación de los liquidativos de los fondos de renta fija llegará en los próximos dos meses para los fondos de corto plazo y 6 para los de mayor duración". Importante revalorización en abril, acompañada por una relajación de la volatilidad, favoreciendo especialmente a los mercados emergentes y también a los norteamericanos.

No obstante, "consideramos establecer ciertas coberturas parciales en nuestras carteras, pero sin que nos afectara a posibles movimientos alcistas en caso de que la solución del conflicto se produjera de forma rápida". Con las subidas de mercado el sentimiento se ha tornado bastante más optimista, mientras las noticias sobre la guerra cada vez dejan detener menos efecto. Las ratios de flujos se están estabilizando después de las fuertes salidas vistas en abril. El posicionamiento de los fondos de control de riesgo se ha incrementado conforme la volatilidad se iba relajando. Se está corrigiendo parcialmente el fuerte posicionamiento en commodities y están volviendo parcialmente los flujos a Treasury americano. Los niveles de valoración están lejos de extremos.

DWS: la inversión en IA impulsa las Bolsas de EEUU

El aumento de dos dígitos registrado en lo que va de año en el índice tecnológico estadounidense Nasdaq, frente al estancamiento del índice de referencia alemán Dax, ofrece una imagen clara de las diferencias en la forma en que las distintas regiones se están viendo afectadas por las repercusiones del conflicto en Oriente Medio. La aparente resistencia de los mercados bursátiles estadounidenses no es una coincidencia.

“El crecimiento de los beneficios de las empresas estadounidenses en el primer trimestre fue sorprendentemente sólido”, afirma el director de inversiones de DWS, Vincenzo Vedda. Los mercados dan por hecho actualmente que esta tendencia podría continuar. Los principales motores del rendimiento de la renta variable estadounidense son los de siempre. “El auge aparentemente imparable de la inversión en inteligencia artificial es actualmente la fuerza clave detrás de las fuertes subidas de precios en el mercado estadounidense”, señala Vedda. 

Europa, por el contrario, está mucho más expuesta a las consecuencias de la guerra con Irán, sobre todo en lo que respecta al suministro. “Por lo tanto, hemos rebajado la calificación de Europa a neutral y hemos elevado la de EEUU a neutral”, explica Vedda. Además de unas perspectivas de beneficios más favorables, la renta variable estadounidense también se ve respaldada por la posibilidad de recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, aunque estas medidas quizá no se materialicen hasta 2027. En la zona del euro, por el contrario, ahora parece más probable que se produzcan subidas de tipos de interés.

Pero el optimismo no está del todo libre de nubarrones. Esto se hace evidente en los mercados de bonos, que han sufrido mucho más por el conflicto de Oriente Medio que las acciones. Los rendimientos han subido bruscamente, mientras que los precios han caído en consecuencia. Si los rendimientos se mantuvieran en estos niveles elevados, podrían ejercer presión sobre las altas valoraciones observadas en los mercados de renta variable. Los precios de la energía representan otro factor de riesgo. “Es probable que se mantengan altos, ya que más del 10% de la producción mundial de petróleo sigue sin estar disponible para el mercado”, afirma Vedda. Además, la capacidad de refino mundial ha disminuido.

Temas que impulsan los mercados:

  • Economía: es probable que el crecimiento se ralentice en los mercados desarrollados, pero no en China. Se espera que el crecimiento económico en EEUU se modere ligeramente este año, debido en gran medida al aumento de los precios de la energía. Sin embargo, la actividad inversora y el gasto de los consumidores deberían seguir proporcionando apoyo. En Europa, los elevados precios de la energía están lastrando más la demanda. A diferencia de la mayoría de las economías desarrolladas, es probable que el crecimiento en China repunte ligeramente.
  • Inflación: los precios han subido considerablemente, sin que se vislumbre un final
    El aumento de los precios de la energía también ha contribuido a una mayor inflación en EEUU, donde la tasa se situó recientemente en el 3,5%. En 2026, se espera que la inflación se mantenga elevada, en torno al 3,2%. En Alemania, el coste de la vida subió un 2,9 % en abril, frente al 2,7 % de marzo. Los precios de la energía fueron el principal factor impulsor, con un aumento del 10,1 %. La evolución de la inflación a partir de ahora dependerá fundamentalmente de si se reabre el estrecho de Ormuz y de cuándo se haga.
  • Bancos centrales: es probable que EEUU y Europa sigan trayectorias divergentes en materia de tipos de interés. "Esperamos una subida de tipos en la zona del euro en los próximos meses", señala.
  • Riesgos: Nuevas subidas de los precios del petróleo, la inflación y los rendimientos de los bonos. Si los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 110$ por barril durante un periodo prolongado, esto podría obligar a los bancos centrales a adoptar una política monetaria más restrictiva, incluso en un contexto de desaceleración del crecimiento económico. Nuevas subidas de los rendimientos de los bonos podrían ejercer presión sobre las elevadas valoraciones observadas en los mercados de renta variable. 

Durante un breve periodo de tiempo, los mercados de renta variable parecieron adoptar una visión más crítica de la inteligencia artificial (IA). Pero ese escepticismo no duró más de unas pocas semanas. Las acciones de IA están impulsando de nuevo los mercados estadounidenses hacia máximos históricos cada vez más altos. ¿Siguen estando justificadas estas valoraciones? ¿Y existen paralelismos con la burbuja puntocom, el auge especulativo de las acciones de Internet y tecnología a finales de la década de 1990, que terminó de estallar en marzo de 2000? 

El estratega de inversiones Dirk Schlüter recurre al denominado enfoque CROCI, una metodología diseñada para hacer más comparable la creación de valor de diferentes empresas. CROCI son las siglas de Cash Return on Capital Invested (rendimiento en efectivo del capital invertido). Según Schlüter, la cuestión de si se está formando una burbuja no tiene una respuesta clara:“Una diferencia clave entre la situación actual y la era de las puntocom es el nivel significativamente más alto de rentabilidad empresarial. Las grandes empresas estadounidenses son hoy mucho más rentables de lo que lo eran hace 25 años”. Sin embargo, el lado negativo es el crecimiento de los ingresos entre las empresas que invierten fuertemente en IA. Tanto entonces como ahora, el gasto en inversión ha aumentado una media de alrededor del 20 %. En aquel entonces, los ingresos siguieron el mismo ritmo. Hoy, por el contrario, solo han aumentado una media de alrededor del 10 %. 

“Lo que estamos viendo en este momento es una apuesta por el futuro”, afirma Schlüter. Existe el riesgo de que la rentabilidad del capital invertido pueda disminuir en las empresas con una fuerte exposición a la inversión en IA. Como era de esperar, esto se aplica casi exclusivamente a EEUU, donde los volúmenes de inversión son muchas veces superiores a los de Europa. Otro factor de riesgo es la menor vida económica de las inversiones en la actualidad. La vida útil de los servidores, por ejemplo, oscila actualmente entre tres y seis años.

En el pasado, las inversiones a gran escala, como las centrales eléctricas, solían tener una vida útil de entre 20 y 30 años. Por lo tanto, las empresas disponían de mucho más tiempo para obtener rentabilidad de su capital. En el lado positivo, hasta ahora las empresas han financiado la mayor parte de sus inversiones con su propio flujo de caja. Quedan muchas preguntas sin respuesta, entre ellas si los gigantes actuales de la IA seguirán liderando el sector a medio plazo o si los verdaderos ganadores serán los futuros usuarios de la tecnología.

The Trader: Trump y Xi Jinping miden la voluntad de un equilibrio

El analista Pablo Gil asegura en The Trader que la reunión entre Trump y Xi Jinping en Pekín probablemente será una de las más importantes de los últimos años. No porque vaya a resolver los enormes problemas existentes entre ambas potencias, sino porque servirá para medir hasta qué punto todavía existe voluntad de mantener cierto equilibrio global o si, por el contrario, el mundo sigue avanzando hacia una etapa de bloques cada vez más enfrentados. Porque esto hace tiempo que dejó de ser una simple guerra comercial.

Durante décadas, la globalización se apoyó sobre una idea muy concreta: cuanto más comercio y más interdependencia económica existiera entre países, menor sería el riesgo de conflicto. Pero esa lógica empieza a romperse. Tanto EEUU como China han comenzado a asumir que la dependencia mutua ya no es una garantía de estabilidad, sino una vulnerabilidad estratégica.

Washington intenta mantener su liderazgo tecnológico, financiero y militar global. Pekín, por su parte, acelera su independencia estratégica para reducir su exposición al enorme poder económico y financiero estadounidense. Y esa rivalidad ya no afecta únicamente a los aranceles. Se extiende a la inteligencia artificial, los semiconductores, la energía, las materias primas críticas, las cadenas de suministro e incluso el sistema financiero internacional.

EEUU ha endurecido las restricciones sobre tecnología avanzada y chips para frenar el avance chino. Pero al mismo tiempo empieza a preocuparse seriamente por otra dependencia mucho más incómoda: las tierras raras y minerales estratégicos que China domina a nivel mundial. Son recursos esenciales para fabricar baterías, vehículos eléctricos, satélites, equipamiento militar o centros de datos ligados a la inteligencia artificial. Precisamente por eso Washington ha impulsado el “Project Vault”, un ambicioso programa destinado a reforzar sus reservas estratégicas de minerales críticos. EEUU ha comprendido que depender de Pekín para recursos esenciales puede convertirse en un enorme problema si la tensión geopolítica continúa aumentando.

La IA añade además una dimensión todavía más importante a esta disputa. Ya no hablamos únicamente de productividad o crecimiento económico. Hablamos de soberanía tecnológica, ciberseguridad y control del poder económico global durante las próximas décadas. Tanto Washington como Pekín consideran que quien domine la IA tendrá una ventaja estratégica decisiva en el siglo XXI.

Y en medio de todo esto aparece Oriente Medio. El rechazo por parte de Donald Trump al plan de paz planteado desde Teherán deja claro que Washington no busca únicamente una desescalada militar en la región. El mensaje también va dirigido a China. Pekín continúa comprando petróleo iraní pese a las sanciones occidentales y eso proporciona al régimen iraní una fuente de financiación esencial. Para EEUU, parte de la capacidad de resistencia económica y militar de Irán depende precisamente de esa relación energética con China, en una dinámica muy similar a la que ha permitido a Rusia amortiguar buena parte del impacto de las sanciones occidentales durante los últimos años.

Además, tanto Trump como Xi llegan a esta reunión con importantes problemas internos. En EEUU crecen las dudas sobre la sostenibilidad fiscal, el aumento de la deuda y el desgaste político derivado de la guerra en Oriente Medio. China, por su parte, sigue lidiando con un consumo interno débil, la crisis inmobiliaria y una enorme dependencia energética de Oriente Próximo.

Y mientras tanto, Taiwán continúa siendo probablemente el punto más peligroso de toda esta rivalidad. Pekín considera la isla una línea roja absoluta, mientras Washington mantiene su apoyo militar y estratégico. El temor es que cualquier error de cálculo pueda desencadenar una crisis mucho más seria de lo que actualmente descuentan los mercados.

Todo esto empieza a recordar cada vez más a otros momentos históricos de transición hegemónica. Cuando una potencia dominante percibe el ascenso acelerado de otra, la rivalidad deja de ser únicamente económica. Se vuelve tecnológica, política, militar e incluso ideológica.

"Estamos entrando en un mundo muy distinto al que hemos conocido durante las últimas décadas. Un mundo donde la estabilidad ya no dependerá tanto de la cooperación económica como de la capacidad de cada bloque para asegurar recursos, tecnología, energía y poder estratégico. Y eso probablemente implica más volatilidad, más fragmentación y también más incertidumbre para la economía global y los mercados", subraya Pablo Gil.

Por eso esta reunión entre Trump y Xi es mucho más importante de lo que parece. Porque detrás de las fotografías, los discursos diplomáticos y los posibles acuerdos comerciales, lo que realmente estamos viendo es a las dos mayores potencias del planeta preparándose para competir por el liderazgo del siglo XXI en un entorno de creciente desconfianza geopolítica.

Trump en China, entre malos datos macro, Taiwán e Irán

Por otra parte, el recibimiento de Xi Jinping a Donald Trump en el Gran Salón del Pueblo de Pekín muestra un despliegue colorido y cargado de simbolismo. Hay reuniones conjuntas de la delegación estadounidense, que incluye a varios de los principales empresarios del país con intereses comerciales en China. Entre ellos destacan figuras del sector financiero como David Solomon (Goldman Sachs) o Larry Fink (BlackRock), así como Elon Musk –que se vuelve a acercar a Trump tras su efímero paso por la Casa Blanca– y representantes industriales y tecnológicos de primer nivel, como Kelly Ortberg (Boeing), Jensen Huang (Nvidia) o Tim Cook (Apple). Cualquier anuncio de nuevos vínculos comerciales sería recibido con entusiasmo por los mercados, especialmente si se produjera algún avance en el acceso a chips de última generación, lo que abriría de nuevo la puerta de China a Nvidia. No obstante, más allá de declaraciones conciliadoras y de potenciales acuerdos favorables para las grandes cotizadas, no se esperan resultados extraordinarios de las reuniones que se celebrarán durante estos dos días.

Persisten, además, dos puntos especialmente incómodos. Por un lado, Taiwán, respecto al cual Xi Jinping dejó entrever la conveniencia de no tensar la cuerda. Por otro, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, señaló que uno de los objetivos de las conversaciones será solicitar a China una mayor implicación en el conflicto con Irán y una presión diplomática más intensa para facilitar la apertura del estrecho de Ormuz.

Mientras tanto, el régimen de los ayatolás parece estar aprovechando el alto el fuego para reconstruir sus capacidades militares. 

En este escenario, las Bolsas lograron sobreponerse a un dato de inflación superior a lo esperado y a un entorno de tipos más elevados, alcanzando nuevos máximos en el S&P 500. La fiesta en China está otorgando cierto margen a la renta variable, que continúa dando validez a que "la gasolina está en los beneficios" y que los mercados encuentran petróleo en los resultados de las empresas.

Pero  conviene no perder de vista que el bloqueo en Ormuz persiste y el tiempo se acaba tanto para Irán como para EEUU.

Porque los costes de producción (la inflación mayorista) en EEUUse aceleró en abril por encima de lo previsto, marcando su ritmo de avance más rápido desde 2022. El Índice de Precios de Producción (IPP) registró una variación mensual del +1,4%, elevando su tasa de crecimiento hasta el +6% interanual. Ambas cifras se sitúan sustancialmente por encima del +0,5% y del +4,8% esperados, respectivamente. Este tensionamiento no se limitó a los componentes más volátiles, ya que la tasa subyacente —que excluye alimentos y energía— también mostró una notable aceleración hasta el +5,2% interanual, su mayor avance en más de tres años.

El principal catalizador de esta escalada ha sido el encarecimiento de la energía, con un alza del +7,8% en abril. Este impacto se ha trasladado de forma directa a los costes de transporte y logística, como evidencia el avance del 5% en los precios de esos servicios. Es particularmente significativo el incremento del 8,1% en los costes del transporte de mercancías por carretera, el mayor desde 2009. Esta dinámica confirma la propagación de las presiones energéticas al resto de la estructura de precios. En consecuencia, estos datos añaden presión sobre la Reserva Federal y alejan la posibilidad de recortes de tipos en el corto plazo.

La Fed inicia nueva etapa

Precisamente, Kevin Warsh ha sido confirmado como nuevo presidente de la Reserva Federal con el margen más estrecho registrado hasta la fecha en una votación de este tipo. Tradicionalmente, los nombramientos al frente de la Fed han contado con un amplio respaldo bipartidista –como ocurrió en el año 2000, cuando Alan Greenspan fue ratificado por unanimidad–. Sin embargo, en esta ocasión la votación se ha saldado con 54 votos a favor y 45 en contra, reflejando una fuerte división política. El resultado pone de manifiesto la preocupación entre los demócratas, que temen que Warsh pueda ceder a las presiones de Trump. De hecho, solo un senador demócrata respaldó su candidatura.

Tras la ratificación del presidente de EEUU, se espera que Warsh asuma el cargo la próxima semana. El nuevo presidente de la Fed iniciará su mandato en un contexto económico complejo, marcado por un repunte significativo de la inflación e incertidumbres geopolíticas. Durante su audiencia de confirmación, subrayó que la política monetaria se mantendría “estrictamente independiente”, tratando de disipar dudas sobre posibles “interferencias” políticas en las decisiones de la Reserva Federal. También ha planteado la necesidad de reducir de forma progresiva el balance de la Fed, que actualmente se sitúa en 6,7 billones$.

Desaceleración de la actividad en Europa

Mientras, en la zona euro la primera revisión del PIB del primer trimestre confirmó la desaceleración de la actividad, manteniendo el crecimiento en el +0,1% trimestral (frente al +0,2% previo), el menor avance desde el segundo trimestre de 2024. Con ello, la tasa interanual se modera hasta un débil +0,8%, sin que se aprecien señales de reactivación. 

Por su parte, la producción industrial de marzo reflejó el impacto de los mayores costes energéticos, con un crecimiento mensual de solo el +0,2%. Este dato débil no impidió que la contracción interanual se intensificara hasta el -2,1% (frente al -0,8% del mes previo), confirmando la atonía del sector industrial en la región.

Ebury mejora sus previsiones sobre el yuan

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, señala en su informe de previsión sobre monedas asiáticas correspondiente a mayo que el yuan chino ha sido la divisa de la región que mejor ha resistido el impacto derivado de la guerra en Irán y del repunte de los precios del petróleo. Según explican los analistas de la compañía, “el yuan ha actuado como un pilar de estabilidad durante la crisis gracias a unos fundamentales sólidos, la gestión activa del Banco Popular de China (PBOC) mediante ajustes diarios y las importantes reservas estratégicas de crudo del país”. 

Ebury asegura además que está revisando al alza sus previsiones para la moneda china debido “al amplio superávit por cuenta corriente de China, su menor exposición directa al conflicto iraní y la aparente comodidad de las autoridades con una apreciación gradual del yuan como señal de confianza económica y mensaje político hacia sus socios comerciales”. 

La fintech considera que el auge de la inteligencia artificial constituye “un factor estructuralmente positivo tanto para el yuan como para el won surcoreano”, debido al fuerte posicionamiento de ambas economías en sectores vinculados a los semiconductores y al hardware asociado a la IA. 

En contraste, la exposición estructural de Asia como región importadora neta de energía ha penalizado a buena parte de las divisas asiáticas desde el inicio del conflicto. “Desde nuestra última actualización, tanto la rupia india como la rupia indonesia han caído hasta mínimos históricos. El won surcoreano también se ha debilitado hasta niveles próximos a mínimos de dos décadas por su elevada sensibilidad al apetito global por el riesgo y su dependencia energética del Estrecho de Ormuz”, explican los analistas. Ebury advierte de que un conflicto prolongado podría deteriorar las balanzas por cuenta corriente de varias economías asiáticas, aumentar las presiones inflacionistas y obligar a los bancos centrales de la región a mantener políticas monetarias más restrictivas.


13May

El mercado parece haber alcanzado un nuevo equilibrio, una opinión respaldada por las primas de riesgo de inflación a largo plazo estables, a pesar del reciente repunte de los precios de la energía.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump está en China. en el primer viaje de un mandatario estadounidense en casi una década, desde la visita del propio Trump en 2017. Este desplazamiento de tres días servirá, sobre todo, como ejercicio de marketing político para un presidente desgastado en el frente interno. El primer encuentro cara a cara tendrá lugar el jueves 14 de mayo, mientras que el viernes 15 ambos líderes compartirán una comida conjunta.

EEUU acude con una amplia comitiva de empresarios, interesados también en cerrar nuevos acuerdos comerciales. Paralelamente, la delegación estadounidense buscará que Pekín incremente la presión sobre Irán, uno de sus principales proveedores energéticos. A cambio, China intentará negociar la eliminación de las sanciones impuestas por Washington a varias de sus compañías petroleras por la compra de crudo iraní. 

Trump, además, se ha comprometido a poner sobre la mesa la situación de Taiwán, especialmente tras la reciente venta de armamento a la isla 'rebelde' por valor de unos 11.000 millones$. 

Mientras tanto, al otro lado del continente, el estrecho de Ormuz continúa sometido a un doble bloqueo, y comienzan a aparecer las primeras evidencias de que la capacidad de almacenamiento iraní está alcanzando sus límites. Imágenes satelitales muestran que la isla de Jark, principal centro de exportación de crudo iraní y con una capacidad de almacenaje de unos 35 millones de barriles, no ha recibido ningún buque durante tres días consecutivos, algo inédito desde el inicio del conflicto. Esto podría indicar una saturación de las instalaciones o problemas en la infraestructura de carga, especialmente después de que el pasado 6 de mayo se informara de una posible fuga de petróleo. Las mismas imágenes sugieren, además, que el almacenamiento visible se encuentra prácticamente lleno. Se trata de las primeras señales tangibles del impacto del bloqueo sobre las exportaciones de crudo iraní.

No obstante, las informaciones internas más recientes no apuntan a una moderación de la postura iraní. Se ha comunicado el nombramiento de Mehdi Khamoushi como jefe del equipo asesor del líder supremo, una figura estrechamente vinculada a la Guardia Revolucionaria que ocupa un puesto de elevado peso político. Kuwait ha denunciado que seis miembros de la Guardia Revolucionaria se han intentado infiltrar en la isla kuwaití de Bubiyan, y se han registrado ejercicios militares en las proximidades de Teherán, lo que podría indicar que Irán está preparando una reactivación de las hostilidades.

Reino Unido y Francia han anunciado su compromiso para salvaguardar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, condicionado a la consecución de un alto el fuego “estable”. Este anuncio se produjo en la cumbre de ministros de Defensa de 44 países, aunque no se han concretado qué socios participarán finalmente en la operación.

HelpMyCash: ¿vuelve la guerra por el ahorro?

Durante años, el dinero de millones de españoles ha permanecido inmóvil. Quieto en cuentas corrientes que no pagan intereses, atrapado en depósitos que apenas compensan la inflación y protegido bajo una idea profundamente arraigada en el país: más vale no arriesgar. Pero algo empieza a moverse en los escaparates bancarios. Y lo hace deprisa. “En apenas cuatro días, cuatro entidades financieras han elevado la remuneración de sus cuentas y depósitos hasta rozar —o alcanzar directamente— el 3% TAE”, explica Andrea Morales, experta del comparador HelpMyCash

Un movimiento inusual que ha devuelto al mercado una pregunta que parecía enterrada desde las últimas subidas de tipos del BCE: ¿vuelve la guerra por el ahorro? La escena recuerda, aunque todavía de forma más tímida, a la batalla comercial que vivió el mercado hipotecario el año pasado. Entonces, los bancos competían por captar a los clientes con mejores perfiles. Ahora el objetivo es otro: atraer liquidez. Captar ahorro. Conseguir clientes con dinero en cuenta a los que después poder vender otros productos financieros.

“Estamos ante el inicio de una nueva guerra de rentabilidad sin riesgo. Los bancos buscan nuevos clientes con pasivo, vinculables. Y para atraerlos están utilizando el gancho más efectivo para el ahorrador conservador: pagar más por su dinero”, añade.

La señal más visible llegó de la mano de Trade Republic, el neobanco alemán que el 12 de mayo elevó del 2% al 3,04%TAE la remuneración de su cuenta para nuevos clientes. No fue un movimiento aislado. Las subidas arrancaron el viernes de la semana pasada con la entidad lituana SME Bank, que llegó al 2,96%TAE; a inicios de esta semana el letón BluOr Bank subió al 3%TAE y solo un día después Mano Bank subió su plazo fijo a 12 meses al 3,05% TAE. 

“En HelpMyCash llevamos la cuenta y desde finales de abril, al menos ocho bancos han revisado al alza sus productos de ahorro”, detalla Morales. El dato tiene relevancia porque llega en un momento inesperado. El BCE dejó los tipos de interés en el 2% en su reunión del pasado 30 de abril, lo que en teoría reducía los incentivos delas entidades para seguir mejorando sus ofertas. Sin embargo, los neobancos y varias entidades europeas han decidido ir en dirección contraria. Y eso ha cambiado el tablero. La rentabilidad media de los mejores depósitos a un año vuelve a superar ya el 2,5%, después de meses estancada en torno al 2%. Puede parecer un movimiento pequeño, pero psicológicamente supone una frontera importante en un país donde la mayoría del ahorro sigue atrapado en productos que apenas generan rendimiento.

Porque España sigue siendo, por encima de todo, un país de ahorradores conservadores. Los hogares acumulan más de 1,1 billones€ entre cuentas corrientes y depósitos que prácticamente no dan nada, según los últimos datos del Banco de España. La remuneración media de los depósitos a la vista apenas alcanza el 0,26%, y a plazo ofrecen de media un 1,86%. Todo ello con una inflación que en abril se situó en el 3,2%, según el indicador adelantado del INE.

La consecuencia es sencilla, aunque muchas veces invisible para el ahorrador. El dinero no desaparece de la cuenta, pero pierde valor cada día. Un hogar que mantenga 50.000€ inmovilizados en una cuenta sin remuneración pierde alrededor de 1.500 de poder adquisitivo al año con una inflación del 3%. “No es que el ahorrador español quiera perder dinero. El problema es que muchas veces no es consciente de que lo está perdiendo”, señala Morales.

Esa preferencia por la seguridad explica también la enorme distancia entre el dinero depositado en cuentas y el invertido en productos financieros. Mientras los depósitos a la vista —este concepto comprende plazos fijos y cuentas bancarias— superan el billón€, el patrimonio en fondos de inversión ronda los 500.000 millones, según Inverco. Menos de la mitad. Y buena parte de ese crecimiento se explica por las fuertes subidas bursátiles de los últimos años.

Una batalla que aún no han liderado los grandes bancos. El resultado es un mercado profundamente desequilibrado. Los grandes bancos españoles—Santander, BBVA o CaixaBank— apenas necesitan captar liquidez porque ya cuentan con exceso de depósitos. Por eso no ofrecen remuneración salvo campañas concretas en las que ofrecen dinero a cambio de mayor vinculación. Son, sobre todo, los neobancos y las entidades europeas quienes están agitando el mercado. Ahí aparecen nombres como Trade Republic, Bankinter, Banca March, Deutsche Bank, EBN Banco, Wizink Arquia. Algunas entidades ofrecen cuentas remuneradas con liquidez inmediata; otras apuestan por depósitos a plazo fijo que exigen inmovilizar el dinero durante varios meses a cambio de asegurar un interés mayor.

Bankinter mantiene una cuenta remunerada que alcanza el 2,5% hasta 100.000€. Deutsche Bank, por su parte, arranca con su depósito a 12 meses a 2,25%TAE y bonifica progresivamente la rentabilidad si el cliente domicilia nómina o utiliza la tarjeta. Son fórmulas distintas para un mismo objetivo: atraer ahorro en un momento en el que el cliente empieza, por fin, a mirar cuánto le paga realmente su banco.

La cuestión es si este movimiento acabará convirtiéndose en una guerra abierta como la vivida entre 2022 y 2023, cuando las subidas constantes de tipos del BCE obligaban a las entidades a competir agresivamente por el pasivo. De momento, el fenómeno sigue siendo parcial y protagonizado sobre todo por actores digitales y bancos extranjeros. Pero la tendencia parece clara. Para el ahorrador, el mensaje también lo es. “Por primera vez en muchos meses vuelven a existir opciones conservadoras capaces, al menos parcialmente, de acercarse a la inflación y reducir la pérdida de poder adquisitivo. No se trata de construir grandes patrimonios ni de duplicar el capital. Para eso sigue siendo necesario asumir riesgo e invertir. Pero sí de evitar que el dinero permanezca completamente dormido”, puntualiza Morales.

Crédito y Caución: el bloqueo de Ormuz daña a la industria química

El cierre del estrecho de Ormuz y los elevados precios de la energía están teniendo un gran impacto en la industria química. La región del Golfo suministra aproximadamente la mitad de las exportaciones mundiales de etilenglicol y casi el 40% del metanol, ambos esenciales para los plásticos y los productos químicos industriales. Además, una amplia gama de bienes industriales requiere de productos químicos para su fabricación por lo que el aumento de los precios del petróleo y el gas repercuten en los costes de fabricación, los precios al productor y, en última instancia, la inflación al consumo. 

Crédito y Caución trabaja en dos escenarios, en función de la duración del conflicto. En el escenario base, que contempla la reapertura del estrecho de Ormuz en mayo, la producción mundial aumentaría apenas un 0,6% en 2026. Pero en el escenario pesimista, con el cierre del estrecho hasta septiembre, se reduciría un 1,7%. 

A la guerra del Golfo se suma la continua incertidumbre en materia de política comercial. Aunque los aranceles impuestos por EEUU en 2025 están paralizados por el Tribunal Supremo, las empresas químicas se enfrentan a una renovada incertidumbre en torno a los regímenes arancelarios y a los riesgos legales. 

En Europa, el informe de Crédito y Caución prevé una caída de la producción del 2,2%. El repetido repunte de los precios del gas en Europa está agravando los problemas de competitividad, especialmente en relación con China y EEUU. Por una parte, los productores chinos dependen cada vez más de materias primas basadas en el carbón. Por otra parte, en Estados Unidos el incremento de los precios del gas ha sido más moderado, lo que beneficia a los competidores estadounidenses. 

Además de estos factores perturbadores, las empresas químicas europeas se enfrentan a una presión creciente para invertir en automatización, transformación y digitalización. Las pymes sin cobertura energética y sin capacidad de inversión para la descarbonización corren un riesgo especial. Por todo ello, la Unión Europea está perdiendo cuota de mercado mundial de productos químicos en los últimos años. Mientras en 2014 contaba con una cuota cercana al 20%, en 2024 había descendido al 14%. En este contexto, Crédito y Caución ha rebajado la perspectiva de rendimiento empresarial y riesgo crediticio para la industria química en Bélgica, Italia, los Países Bajos y el Reino Unido. 

Otro importante reto para el sector es el posible desvío de mercancías chinas, que inicialmente iban destinadas a EEUU hacia otros mercados, en particular Europa. Este cambio podría suponer una acumulación de stock de productos chinos a menor coste impactando en la demanda de productos europeos, lo que reduciría la producción interna y, por extensión, de los productos químicos utilizados en su fabricación. 

En conclusión, la industria química se enfrenta a retos derivados del cierre del estrecho de Ormuz y la volatilidad de los precios de la energía. Junto a ello, las interrupciones en la cadena de suministro causadas por tensiones geopolíticas, el aumento del proteccionismo, desastres naturales o problemas logísticos suponen riesgos que supondrán un lastre para el crecimiento de la producción en 2026.

Coface: más insolvencias de empresas en EEUU

Desde que Donald Trump inició la guerra comercial en 2025, el debate sobre quién asume realmente el coste final de los aranceles sigue abierto. El presidente estadounidense afirma que son las empresas extranjeras las que, para preservar su acceso al mercado estadounidense, bajarían sus precios y, por lo tanto, absorberían la mayor parte del impacto. Sin embargo, tarde o temprano, es el consumidor quien lo termina pagando en forma de mayor inflación, según indican los economistas de Coface en un nuevo análisis sobre el coste arancelario y la resiliencia del comercio global, tras un año de la imposición de los aranceles de Trump.

Salvo algunas excepciones, los márgenes de los exportadores extranjeros se han mantenido prácticamente intactos y no se observa una tendencia generalizada de las empresas extranjeras a bajar sus precios para preservar su cuota de mercado en EEUU. 

Además, si bien se observa un aumento de la inflación al consumidor, por el momento es significativamente más moderada de lo estimado. De hecho, 2025 finalizó con una tasa de inflación anual promedio del 2,8 %, manteniéndose muy por debajo del 3,5-4% previsto, con aranceles promedio de alrededor del 15 %. Aunque es cierto que, de no haber existido una guerra comercial, lo más probable es que la tasa hubiera sido del 2%, estas cifras, por el momento, no sugieren un alto grado de repercusión de los costes en el consumidor. 

En conjunto, estas dos observaciones indican que, en esta etapa, son las empresas estadounidenses las que están absorbiendo la mayor parte de los costes. Asimismo, existen otros datos corroboran esta evaluación. Tal es el caso del índice de precios de importación, que aumentó un 0,7% en 2025 (una tasa muy cercana a su incremento anual promedio del 0,5% desde 2010). A pesar de esto, algunas categorías de productos registraron excepcionalmente caídas de precios significativas, en particular, bebidas alcohólicas, madera, cosméticos, acero y textiles.

Se ha producido un fuerte aumento en los costes de los insumos entre las empresas más expuestas a aranceles. Para finales de 2025, la inflación de los insumos se sitúa en el 20% en la industria metalúrgica, el 9% en electrodomésticos, el 8% en el sector automotriz, el 6% en maquinaria industrial y textiles, y el 5% en electrónica. En la mayoría de estos sectores, los márgenes brutos se encuentran estancados o, incluso, se contraen.

A primera vista, estos hallazgos pueden parecer contradictorios dada la resiliencia mostrada por la economía estadounidense. Sin embargo, aunque el PIB está creciendo, esto no significa que todas las empresas estén prosperando.  El aumento de las insolvencias lo confirma. La guerra comercial ha coincidido con un rápido incremento en las solicitudes de quiebra: actualmente, se sitúa un 15% por encima de la media de 2019, y esto se ha mantenido durante tres trimestres consecutivos por primera vez desde la pandemia. A pesar de que la mayoría de las empresas aún logran resistir este entorno adverso recurriendo a sus reservas de efectivo o compensando el impacto mediante mejoras en la productividad, un número creciente de ellas se encuentra en una posición vulnerable. 

También parece que los consumidores estadounidenses están ahora menos dispuestos a aceptar nuevas subidas de precios significativas tras el repunte inflacionario que siguió a la pandemia de la COVID-19. La sensación de que el coste de la vida se ha vuelto inaceptablemente alto está dando lugar a un discurso sobre una "crisis de asequibilidad" que podría costarles caro a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

La ofensiva arancelaria estadounidense ha provocado una importante turbulencia en el comercio mundial. Inicialmente, avivó la volatilidad en el flujo de mercancías: las importaciones estadounidenses aumentaron un 25 % en volumen en el primer trimestre de 2025, en comparación con el mismo período de 2024, ya que las empresas anticiparon la entrada en vigor de los aranceles. En abril, el anuncio de una tregua de 90 días desencadenó una nueva oleada de compras. Este repunte de la actividad afectó negativamente a las importaciones estadounidenses, lo que provocó un descenso en la segunda mitad del año. Finalmente, EEUU mantuvo un fuerte dinamismo en sus importaciones durante 2025.  Los precios subieron un 4,2 % durante el año, lo que supone una desaceleración moderada en comparación con el crecimiento del 5,2 % registrado en 2024. Este impulso contribuyó a la persistencia del déficit comercial estadounidense, a pesar de que reducirlo era uno de los objetivos declarados de la administración estadounidense a través de su política arancelaria.

Esta inestabilidad ha repercutido en el coste del transporte marítimo. Las tarifas de flete no se vieron afectadas en el primer trimestre, ya que las navieras habían previsto un aumento de mercancías antes de la imposición de aranceles. Sin embargo, no se había previsto la segunda oleada de demanda. Mientras tanto, las empresas habían reducido la capacidad en las rutas transpacíficas, anticipando una desaceleración sostenida. El resultado: las tarifas de flete de contenedores se dispararon un 70% en cuatro semanas desde principios de mayo, con un aumento espectacular de casi el 120 % en la ruta Shanghái-Los Ángeles.

También han propiciado una reconfiguración del comercio mundial, o más bien, la aceleración de este fenómeno. Y es que, los aranceles han vuelto a poner de relieve la importancia de los países 'puente', un concepto que surgió en el contexto de la guerra comercial entre China y EEUU que comenzó en 2018. Estos países actúan como nexos comerciales entre Estados Unidos y China, principal objetivo de la ofensiva arancelaria. No obstante, a diferencia de años anteriores, la elección de estos países puente también ha estado condicionada por la dinámica arancelaria relativa. En consecuencia, los países que ya actuaban como puente han visto cómo su papel adquiría una nueva dimensión, beneficiándose de aranceles más favorables que los aplicados a China. 

Vietnam es el ejemplo más llamativo. Entre 2017 y 2024, la participación de este país en las importaciones estadounidenses aumentó en un promedio de 0,3 puntos anuales, pasando del 2 % al 4,2 %. Solo en 2025, el aumento fue de 1,5 puntos, una aceleración de cinco veces más que en años anteriores. Las importaciones estadounidenses procedentes de Vietnam se dispararon un 42% en valor, lo que representa el 44% de la disminución de las importaciones procedentes de China. Al mismo tiempo, las exportaciones chinas a Vietnam aumentaron en una cantidad similar, lo que sugiere su papel como centro de intermediación. 

Si bien el aumento de las importaciones estadounidenses procedentes de Tailandia fue la mitad en valor, coincidió con el incremento de las exportaciones chinas a ese país. En cuanto a México, a menudo citado como país de conexión, el caso es más ambiguo: sus exportaciones a su vecino estadounidense aumentaron en 2025. Sin embargo, este incremento es cuatro veces mayor que el de las exportaciones chinas a México, lo que pone en perspectiva su papel como intermediario.

De los 272.000 millones$ recaudados en aranceles desde marzo de 2025, cerca de 166.000 millones —recaudados en virtud de la IEEPA— podrían ser reembolsados a las empresas estadounidenses que los pagaron.

En este contexto, se desprenden tres lecciones principales:

  • En primer lugar, la administración estadounidense sigue decidida a defender un régimen arancelario agresivo. Por lo tanto, una rápida flexibilización de las restricciones destinadas a amortiguar el posible impacto de la inflación energética tras la crisis del estrecho de Ormuz representaría un giro radical e incompatible con la línea política declarada. La hipótesis de que Trump “siempre se acobarde” parece, por consiguiente, muy improbable en este sentido.
  • En segundo lugar, al basarse en argumentos legales endebles, la administración Trump contribuye a aumentar la incertidumbre en torno al comercio. Si incluso los aranceles vigentes desde hace casi un año pueden revocarse, ¿cuándo podrán los agentes económicos considerar estable el régimen arancelario? Además, los nuevos aranceles anunciados tras la decisión de la Corte Suprema son, en sí mismos, impugnables legalmente, lo que alimenta aún más la incertidumbre.
  • En tercer lugar, no hay garantía de que las empresas sigan absorbiendo los costes indefinidamente sin trasladar una proporción cada vez mayor a los consumidores. La capacidad de reducir márgenes o depender de aumentos de productividad tiene sus límites. Tras la fase inicial de aranceles de 2025, la guerra comercial podría entrar ahora en una fase de "maratón": más lenta, más prolongada y potencialmente más inflacionaria.

Swisscanto: puede exigirse una prima de riesgo al bono de EEUU

Thomas Kirchmair, Senior Portfolio manager Global Fixed Income de Zürcher Kantonalbank / Swisscanto, comenta: "Hace solo unas semanas, el mercado anticipaba en gran medida que los principales bancos centrales relajarían sus tipos de interés de referencia o, al menos, los mantendrían estables. La Reserva Federal ya había bajado los tipos tres veces en 2025, y los inversores descontaban nuevas bajadas para 2026. Mientras tanto, la tasa de inflación estadounidense parecía acercarse gradualmente al objetivo del 2%. Se observaron tendencias similares en el BCE y el Banco de Inglaterra.  Pero entonces, el 28 de febrero, estalló el conflicto con Irán, lo que trastocó el panorama mundial de los tipos de interés en muy poco tiempo".

Desde entonces, la fuerte subida de los precios de la energía provocada por el conflicto armado en Oriente Próximo ha reavivado los temores inflacionistas y ha modificado radicalmente las expectativas del mercado. La esperanza de una bajada de los tipos ha dado paso a la preocupación de que los bancos centrales se vean obligados a aplicar una política monetaria más restrictiva, con el fin de contener la inflación impulsada por los precios de la energía. La reacción de los inversores fue clara: en el mercado de bonos se produjo lo que se conoce como 'bear flattening'. Esto significa que los rendimientos aumentan en todos los plazos, pero especialmente en el extremo corto de la curva de tipos. Los bonos del Estado británico (los Gilts) fueron los más afectados por esta evolución. Pero también en EEUU y en la zona del euro los costes de refinanciación aumentaron considerablemente. Para EEUU, esta evolución llega en un momento de lo más inoportuno. El 17 de marzo de 2026, la deuda bruta del país superó por primera vez la barrera de los 39 billones$. El aumento de los tipos de interés intensifica la presión sobre una situación presupuestaria ya de por sí tensa, ya que una parte cada vez mayor del presupuesto debe destinarse al servicio de la deuda. En este contexto, resurge una y otra vez el debate sobre la condición de los bonos del Estado estadounidense, los Treasuries, como valor refugio.

Si bien el elevado endeudamiento de EEUU constituye un problema estructural, no debe sobrevalorarse, no desempeña un papel significativo en las decisiones a corto plazo sobre los tipos de interés del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC). Sin embargo, podría ser necesaria una prima de riesgo más elevada para los bonos estadounidenses, lo que a largo plazo se reflejaría sobre todo en el extremo largo de la curva de tipos.

La valoración actual de las subidas de tipos nos sugiere que el mercado podría haber alcanzado un nuevo equilibrio, una opinión respaldada por las primas de riesgo de inflación a largo plazo estables, a pesar del reciente repunte de los precios de la energía.   

Los bonos en USD a corto plazo siguen ofreciendo oportunidades de inversión interesantes. Los bonos del Tesoro, por su parte, se encuentran entre los activos más líquidos del universo de la renta fija, y esta liquidez puede resultar muy valiosa, especialmente en un entorno volátil. Permite actuar con rapidez cuando surgen oportunidades. Además, el nivel actual de los tipos de interés, especialmente en el extremo corto de la curva, es atractivo. "Vemos aquí potencial para beneficiarnos del aumento de los rendimientos corrientes", señala.

Es probable que los bonos europeos también alcancen sus máximos de rendimiento, a pesar de que el BCE mantendrá una postura cautelosa durante más tiempo debido al efecto retardado de la crisis energética en las cifras de inflación. En el caso de los bonos periféricos, "volvemos a ver algo más de valor, aunque en euros nos mantendríamos cerca de la duración del índice de referencia. Además, hemos abierto posiciones más pequeñas en CHF y CAD, que representan una beta más baja. En Europa, por el contrario, estamos reduciendo lentamente las posiciones en bonos indexados a la inflación, los llamados 'linkers'. Al mismo tiempo, seguimos aumentando las posiciones en linkers a más largo plazo en EEUU", explica.

Si, en este contexto, la Fed prestara mayor atención al mercado laboral, las expectativas de inflación a largo plazo en EEUU también podrían aumentar. Los linkers reflejan las expectativas de inflación y no la inflación actual, un aspecto que hace que la Fed parezca menos restrictiva que el BCE. 

Incluir bonos de mercados emergentes en las carteras también puede resultar interesante para los inversores con mayor apetito de riesgo. Los rendimientos reales, por lo general más elevados, y la estabilidad de las divisas deberían permitirles obtener un rendimiento superior al de los mercados desarrollados. Sin embargo, sigue existiendo cierta reserva: "nuestra estrategia se basa en la hipótesis de que los mercados de materias primas se estabilizarán en las próximas semanas y alcanzarán una 'nueva normalidad'. No obstante, si el conflicto se intensificara de nuevo y los precios de las materias primas provocaran también efectos de segunda ronda, reevaluaremos la situación rápidamente".

UBS: los bonos de calidad ofrecen una atractiva relación riesgo-recompensa

Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense subieron tras la publicación del índice de precios al consumo (IPC) de abril en EE. UU., y el rendimiento del bono a 10 años cerró en el 4,46 %, su nivel más alto en 10 meses. Los rendimientos de los bonos gubernamentales de referencia denominados en euros también aumentaron, con el rendimiento del bund alemán a 30 años situándose en su nivel más alto desde 2011 en medio del continuo cierre del estrecho de Ormuz. "Sin embargo, seguimos creyendo que el umbral para una subida de tipos por parte de la Fed continúa siendo elevado, y esperamos que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense caigan en los próximos meses a medida que la inflación en EEUU se modere y los inversores reajusten sus expectativas sobre la política monetaria de la Fed. Los rendimientos de los bonos gubernamentales de referencia en euros también deberían alejarse de sus recientes máximos debido a las preocupaciones sobre el crecimiento económico", apuntan en UBS. El BCE sigue atento a los riesgos para el crecimiento. La inflación en EE. UU. debería moderarse en los próximos meses. Los signos de debilidad en el mercado laboral estadounidense también deberían respaldar el argumento a favor de una mayor flexibilización monetaria.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos pensando que la valoración actual de los mercados de tipos es demasiado agresiva en términos de expectativas de endurecimiento monetario. Esto significa que los bonos de calidad ofrecen una atractiva relación riesgo-recompensa en el entorno actual, ya que los rendimientos deberían caer tanto si los inversores reducen sus expectativas de subidas de tipos como si los riesgos de recesión y los recortes de tipos pasan a ocupar el centro de atención. Favorecemos los bonos de calidad con vencimientos cortos y medios, así como una exposición selectiva a segmentos de mayor beta, como mercados emergentes, high yield o deuda subordinada”.

Banor: las grandes tecnológicas dejan las recompras de acciones

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, cree que el hecho de que grandes tecnológicas como Alphabet o Meta hayan dejado de recomprar acciones durante el primer trimestre de 2026 es una señal de que el “motor” de la renta variable global está empezando a desinflarse. Hasta la fecha, los mecanismos que han impulsado a la renta variable han sido el crecimiento de los beneficios, los dividendos y las recompras. Pero éstas dejan de ser uno de los impulsores de la renta variable, porque se están desinflando, e incluso desapareciendo, en algunas compañías muy relevantes en los índices. 

La ausencia de recompras de acciones significa que no hay exceso de caja disponible para devolver a los accionistas y, como la compañía no quiere aumentar su deuda bruta, se ve obligada a recortar de la forma más sencilla el gasto discrecional: eliminando las recompras de acciones. 

Todo esto significa que los inversores necesitarán evaluar la rentabilidad sobre el capital de las inversiones realizadas por estas compañías, y comprobar si otros sectores van sustituyendo a las grandes tecnológicas como impulsores de los mercados globales de renta variable.

09May

Al margen de los hiperescaladores, empiezan a cobrar protagonismo compañías que participan en la cadena de valor de la IA y que capturan de forma indirecta el impulso del ciclo de inversión.

Miguel Ángel Valero

La revolución de la inteligencia artificial (IA) no solo sigue intacta, sino que está ampliando progresivamente su base de beneficiarios, dando lugar a un mercado más repartido, con un mayor número de compañías participando en las subidas y un liderazgo menos concentrado. Por eso, muchas firmas de inversión siguen defendiendo la necesidad de ampliar el espectro de inversión dentro de la tecnología. 

Al margen de los hiperescaladores, empiezan a cobrar protagonismo compañías que participan en la cadena de valor de la IA y que capturan de forma indirecta el impulso del ciclo de inversión. La fortaleza del ciclo de inversión actual queda reflejada en la demanda de centros de datos, que continúa en niveles excepcionalmente elevados. El 84% de la capacidad de los principales proyectos actualmente en construcción ya está prealquilada antes de su entrada en operación, una dinámica estrechamente ligada a la fuerte expansión de los hiperescaladores. En este contexto, los pedidos acumulados (backlogs) de cuatro de los principales hiperescaladores –Microsoft, Amazon, Alphabet y Oracle– se han triplicado en 2026, hasta alcanzar los 2 billones$, una magnitud que, puesta en perspectiva, supera entre un 1% y un 2% el PIB de la economía española en 2025.

Sin embargo, este fuerte crecimiento de los backlogs no se ha traducido en un liderazgo bursátil equivalente. Mientras que los hiperescaladores avanzan en promedio un 5% en el año, otros segmentos más vinculados a la inversión real están mostrando un comportamiento significativamente mejor. El índice global de infraestructuras y el sector industrial acumulan subidas del 11%, reflejando una rotación hacia activos que capturan de forma indirecta la expansión de capacidad asociada a la IA. 

Este patrón es aún más evidente en las compañías que forman parte de la cadena de valor de la IA, que han registrado avances muy superiores en el año. Empresas clave en el proceso de fabricación de semiconductores y componentes críticos —como la holandesa ASML, la estadounidense Micron Technology y las asiáticas Taiwan Semiconductors, Samsung y SK Hynix— acumulan una revalorización media del +97% en el año. Como consecuencia, el MSCI Emerging Markets avanza un 23%, con las tres compañías asiáticas explicando más del 60% de la rentabilidad total del índice pese a concentrar únicamente el 21% de su capitalización bursátil.

China provoca una guerra de precios en la IA

Por otra parte, la última ofensiva de DeepSeek no va de lanzar el modelo más potente del mercado. Va de algo mucho más disruptivo: hacer que la IA sea mucho más barata. "Y eso, aunque a primera vista parezca un simple ajuste comercial, puede cambiar por completo las reglas del juego", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

La compañía ha recortado hasta un 75% el coste de acceso a su nuevo modelo V4-Pro y ha reducido de forma drástica el precio de uso recurrente. Al mismo tiempo, mantiene capacidades avanzadas como una enorme ventana de contexto, lo que permite trabajar con volúmenes de información mucho mayores. En la práctica, esto significa que desarrollar y utilizar IA se vuelve accesible para muchos más actores.

Este movimiento llega en paralelo a la estrategia de gigantes como OpenAI, Google o Anthropic, que siguen centrados en mejorar la potencia y sofisticación de sus modelos, pero con costes todavía elevados. DeepSeek cambia el enfoque: no compite en la cima tecnológica, sino en la base del mercado. Y aquí está la clave, porque China tiene una desventaja evidente en el acceso a chips avanzados, dominados por compañías como Nvidia. Eso limita su capacidad para liderar en el desarrollo de los modelos más punteros. Pero en lugar de intentar cerrar esa brecha de inmediato, está utilizando el precio como arma para acelerar la adopción y ganar escala.

Este patrón no es nuevo. Ya lo hemos visto en otras industrias. En los vehículos eléctricos, por ejemplo, los fabricantes chinos comenzaron compitiendo en precio, con productos menos sofisticados. Sin embargo, con el tiempo, empresas como BYD han conseguido cerrar la brecha tecnológica hasta competir directamente con referentes globales como Tesla, manteniendo además su ventaja en costes. 

La cuestión es si ese mismo proceso puede repetirse ahora en la IA. Si China logra atraer volumen suficiente, puede acelerar su aprendizaje, mejorar sus modelos y reducir progresivamente la distancia tecnológica. Y, con el tiempo, intentar cerrar también la brecha en hardware.

Hasta ahora, el relato dominante era claro: la IA iba a generar crecimiento explosivo con márgenes muy elevados para las grandes tecnológicas estadounidenses. Sin embargo, la irrupción de estrategias agresivas en precio introduce una nueva variable: la compresión de márgenes.

Si el coste de la IA cae más rápido de lo previsto, los ingresos potenciales pueden no materializarse como se esperaba, especialmente teniendo en cuenta la inversión masiva que están realizando estas compañías en infraestructuras, chips y desarrollo. El mercado está descontando un escenario muy optimista, y este tipo de movimientos podría empezar a ponerlo en tela de juicio.

En el fondo, China no necesita ganar la carrera tecnológica en el corto plazo. Le basta con cambiar las reglas del juego. Si consigue imponer un entorno donde el precio y la accesibilidad sean determinantes, estará condicionando la evolución de toda la industria.

"Estamos entrando en una nueva fase. No es el final del liderazgo estadounidense, pero sí el inicio de una competencia más incómoda. Una en la que el valor no solo se va a medir por la capacidad tecnológica, sino por la capacidad de escalar y monetizar en un entorno cada vez más presionado por los precios. Y eso, para el inversor, cambia mucho las cosas: porque quizá el gran riesgo no sea que la IA no crezca… sino que crezca mucho, pero dejando bastante menos dinero del que hoy descuenta el mercado", subraya este experto.

La IA está eliminando la escalera de entrada al mercado laboral

Durante años nos dijeron que la inteligencia artificial destruiría empleos. Pero casi todos imaginábamos el mismo escenario: que los primeros trabajos en desaparecer serían los más repetitivos, menos cualificados y más manuales. Sin embargo, la realidad está empezando a ir en una dirección muy distinta. Los primeros afectados no están siendo los trabajadores menos formados, sino muchos perfiles junior relacionados con tareas cognitivas: programadores, analistas, desarrolladores, administrativos, perfiles de soporte o empleados que realizaban funciones básicas dentro de profesiones altamente cualificadas. Y eso introduce una paradoja enorme. Por primera vez, una tecnología no solo automatiza tareas manuales, sino también parte del propio proceso de aprendizaje profesional. "Ése quizá sea el verdadero cambio de fondo que todavía no estamos entendiendo del todo", apunta Pablo Gil.

Durante décadas, el mercado laboral funcionó de una manera relativamente estable. Un joven entraba en una empresa realizando tareas simples, repetitivas y poco productivas. La empresa asumía esa ineficiencia inicial porque sabía que, con el tiempo, esa persona adquiriría experiencia, desarrollaría capacidades y acabaría generando mucho más valor. Era, en el fondo, una inversión a largo plazo. Así se construía la experiencia. Así se formaban los futuros profesionales senior.

El problema es que la inteligencia artificial empieza precisamente por ahí. Herramientas como Copilot, ChatGPT, Claude, Gemini o los nuevos asistentes empresariales ya son capaces de realizar muchas de las tareas que tradicionalmente servían como puerta de entrada al mercado laboral. Redactar documentación, resumir información, programar código sencillo, analizar datos, elaborar informes preliminares o responder consultas rutinarias. Todo eso puede hacerse ahora de forma mucho más rápida y barata. Y eso cambia completamente la estructura tradicional de formación dentro de las empresas.

Porque la IA no sustituye necesariamente al experto. Lo que hace muchas veces es potenciar enormemente al profesional senior y reducir la necesidad de perfiles junior. Un programador experimentado apoyado en IA puede realizar el trabajo que antes requería varios perfiles de entrada. Un consultor puede automatizar gran parte del análisis preliminar. Un abogado puede resumir cientos de páginas en minutos. Un analista financiero puede generar informes mucho más rápido que hace apenas unos años. Nadie cuestiona que la productividad aumenta de forma exponencial. Pero el problema aparece inmediatamente después.

Si las empresas necesitan cada vez menos perfiles junior, ¿cómo se forma entonces la siguiente generación de profesionales? Ahí es donde empieza a surgir uno de los mayores riesgos estructurales de esta revolución tecnológica. Porque el mercado laboral no funciona únicamente como un sistema de producción. También funciona como un sistema de aprendizaje. Y si desaparecen las tareas básicas que permitían adquirir experiencia, millones de jóvenes podrían quedarse bloqueados antes siquiera de entrar realmente en el sistema.

De hecho, algunos datos empiezan a reflejar ya esta tendencia. En EEUU, muchos recién graduados tardan más en encontrar trabajo que personas con menor formación. En Europa, varias empresas tecnológicas han reducido contratación junior mientras aumentan sus inversiones en IA. Y en determinados sectores empieza a detectarse un fenómeno especialmente preocupante: trabajadores jóvenes que nunca llegan a desarrollar suficiente experiencia como para progresar profesionalmente. Y eso significa que el impacto de la IA no será únicamente económico o laboral. También puede alterar profundamente determinados equilibrios sociales.

Al mismo tiempo, se está generando otra paradoja muy difícil de gestionar políticamente. Las empresas ganan productividad mientras reducen plantilla. La IA mejora márgenes, aumenta eficiencia y permite hacer más con menos personas. Pero eso también alimenta el miedo de muchos trabajadores jóvenes, que empiezan a percibir la IA no como una herramienta de apoyo, sino como un competidor directo. Y quizá por eso empieza a crecer el rechazo. Porque el problema no es solo perder un empleo. El verdadero miedo es no llegar nunca a tener una oportunidad.

Ahora bien, todas las grandes revoluciones tecnológicas destruyeron trabajos y crearon otros nuevos. La mecanización transformó el campo. Internet cambió el comercio. La automatización modificó las fábricas. Y probablemente la IA también terminará generando nuevas profesiones que hoy ni siquiera imaginamos. El problema nunca ha sido el destino final. El problema siempre ha sido la velocidad del cambio. Y esta vez la velocidad es vertiginosa.

Nunca habíamos visto una tecnología avanzar tan rápido, integrarse tan deprisa en las empresas y afectar simultáneamente a tantos sectores relacionados con tareas cognitivas. Además, hay otra diferencia importante: por primera vez, son los propios creadores de esta tecnología quienes hablan abiertamente de destrucción masiva de empleo y de cambios radicales en el mercado laboral. Y eso multiplica todavía más la sensación de incertidumbre.

En este contexto, entender bien lo que está ocurriendo es fundamental. La IA no elimina profesiones completas de un día para otro. Lo que hace es volver irrelevantes determinadas tareas dentro de esas profesiones. Y quien dependa exclusivamente de esas tareas tendrá cada vez más difícil mantener su valor en el mercado.

Por eso, el futuro del trabajo dependerá menos de lo que sabes hacer hoy y mucho más de tu capacidad para adaptarte continuamente. Habrá profesiones difíciles de automatizar por su componente físico o humano. Habrá perfiles capaces de multiplicar su productividad utilizando IA como herramienta. Y habrá habilidades —como la creatividad, la comunicación, el pensamiento crítico o la capacidad de tomar decisiones complejas— que seguirán teniendo un enorme valor. Pero muchas funciones intermedias podrían desaparecer o reducirse drásticamente. Y ese ajuste probablemente será mucho más duro de lo que hoy imaginamos.

"El verdadero debate ya no es si la inteligencia artificial destruirá empleo o no. El verdadero debate es qué ocurre cuando una sociedad empieza a eliminar precisamente los trabajos que servían para formar a la siguiente generación de profesionales. Porque si desaparece esa escalera de entrada, el problema deja de ser únicamente tecnológico y pasa a convertirse en un desafío económico, educativo y social de enorme magnitud. Y probablemente todavía estamos infravalorando hasta qué punto eso puede transformar el mercado laboral durante la próxima década", recalca Pablo Gil.


08May

El nuevo varapalo judicial a los aranceles de Trump se une a las escaramuzas en el estrecho de Ormuz y a los problemas del combustible de aviación En este contexto, los inversores deben aprovechar las oportunidades de las Bolsas, tanto en EEUU como en Europa.

Miguel Ángel Valero

Mickael Benhaim, director de estrategia en renta fija en Pictet Asset Management, destaca en un análisis que Kevin Warsh, crítico con la forma en que la Reserva Federal, será nombrado presidente el 15 de Mayo. Warsh está comprometido con la independencia de la Fed, y bajo su liderazgo puede permanecer operativamente libre de interferencias políticas. Pero al mismo tiempo, ha mostrado persistente crítica hacia la Fed en varios aspectos, incluyendo el enfoque actual para fijar los tipos de interés, desde datos de inflación empleados hasta la forma en que se ofrecen las previsiones.

Además, el creciente riesgo de dominio fiscal puede hacer que la política monetaria se vea influida por prioridades de gasto, crecimiento y comercio internacional del Gobierno. Si los inversores en bonos creen que es así, pueden exigir mayor prima a la deuda estadounidense a largo plazo, con curvas de rentabilidad a vencimiento más pronunciadas y mayor volatilidad del dólar.

Warsh prefiere la media o mediana recortada como medidor de inflación para guiar la política monetaria, lo que elimina lecturas más altas y bajas. Ello puede resultar en menor presión de precios que el indicador actualmente utilizado por la Reserva Federal, Gasto en Consumo Personal (PCE).  Esto sugiere que los tipos de interés puede ser menores con Warsh. Actualmente, la lectura media de inflación recortada es 2,3%, más de 0,5% inferior al indicador PCE y la máxima diferencia desde la pandemia.

Ahora bien, esto no implica una oleada de recortes una vez que Warsh sea nombrado presidente. Hay que tener en cuenta que también ha declarado que quiere que la Fed abandone el objetivo de inflación media -aceptar un aumento temporal de la inflación por encima o por debajo del objetivo del 2%- en favor de un régimen más estricto. De manera que la Reserva Federal puede resultar más propensa a subir sus tipos de interés si la inflación supera el 2%. 

Como los precios de la energía han aumentado, el escenario probable es que se mantengan los tipos de interés reales más altos más tiempo, con mayor rentabilidad a vencimiento de los bonos.

Además, Warsh quiere eliminar la 'orientación a futuro', establecida desde la crisis financiera de 2008, que pretende guiar la trayectoria futura de tipos de interés a inversores, empresas y hogares. En teoría ello reduce el riesgo de que los mercados se vean sorprendidos. Sin embargo, Warsh lo considera contraproducente, pues limita posibles cambios de dirección de la Reserva Federal ante nueva información. 

Si Warsh reduce la dependencia de la orientación a futuro, se puede ampliar el abanico de políticas monetarias entre reuniones, con aumento de la incertidumbre. Si la comunicación es menos regular y clara en cada publicación de datos económicos y reunión puede haber más información, siendo mayor el riesgo de movimientos repentinos del mercado y de volatilidad de los tipos de interés.

Warsh también considera que, la tenencia de bonos gubernamentales de la Reserva Federal, siete billones$, es demasiado grande. No ha ocultado su deseo de reducirlo como herramienta de política monetaria lo antes posible. Así que no necesariamente se puede confiar en que la Reserva Federal haga de cortafuegos frente a una turbulencia económica o de mercado severa futura.

Con el tiempo, su preferencia por un menor balance, junto con reglas de liquidez que animan a los bancos a mantener más Letras del Tesoro y menos reservas, puede crear primas estructuralmente mayores en la deuda a largo plazo y obligar a los inversores privados a mantener renta fija de menos sensibilidad a variaciones de tipos de interés.

Aunque en conjunto los inversores en bonos con carteras diversificadas no necesitan reformular radicalmente sus asignaciones ante una Reserva Federal liderada por Warsh, hay medidas prudentes a considerar. "Dados los posibles efectos, más negativos en los bonos más sensibles a variaciones de tipos de interés, puede convenir reducir riesgo, centrando las inversiones en bonos de menos sensibilidad. Otra medida de mitigación es aumentar la asignación a crédito calificación grado de inversión, también menos sensible. Además, los inversores pueden aumentar activos de renta fija en deuda soberana de mercados emergentes. Esta última opción implica asumir más riesgos, pero estamos ante mejoras estratégica en muchas economías emergentes, con balances sólidos, bancos centrales ortodoxos y unos mercados locales más profundos", apunta el experto de Pictet.

Nueva derrota judicial de Trump con los aranceles

Nuevo varapalo judicial para Trump. El Tribunal de Comercio Internacional de EEUU ha declarado ilegales los aranceles del 10% introducidos en febrero bajo la sección legislativa 122. Aunque la suspensión de los gravámenes no constituye una “orden judicial universal”, sino que solo se aplica a los demandantes: un grupo de pequeñas empresas y el estado de Washington, esta resolución supone un nuevo revés judicial para la política arancelaria de la Administración Trump.

En febrero, el Tribunal Supremo eliminó los aranceles recíprocos impuestos al amparo de la sección IEEPA al considerarlos ilegales y, ordenó la devolución a los contribuyentes de los importes recaudados (166.000 millones$), que ya han empezado a reembolsarse. El Gobierno, para sustituir los gravámenes anulados, recurrió a un mecanismo legal diferente, la sección 122, que permitió la aplicación inmediata de una tasa del 10%. Solo en el mes de marzo han conseguido recaudar 8.000 millones$ por esta sección.

Los jueces concluyeron que la motivación de Trump de imponer los aranceles no se identificaba con lo previsto por la Ley de Comercio de 1974. Según la ley, el presidente puede adoptar este tipo de medidas únicamente en situaciones de “déficits grandes y graves de la balanza de pagos de Estados Unidos” o ante una “depreciación inminente y significativa del dólar”. Sin embargo, la Administración Trump fundamentó su decisión en la existencia de un déficit comercial de bienes “grande y grave”. 

El tribunal consideró que los déficits comerciales no constituyen déficits de balanza de pagos del sentido provisto por la ley de 1974. El concepto de déficit de balanza de pagos se refería a situaciones que exigían la intervención del gobierno estadounidense para sostener un sistema de tipos de cambio fijos, vigente en la era de Bretton Woods, y no era equivalente a un mero déficit comercial. Por ello, bajo esta interpretación, la Sección 122 quedó obsoleta tras el abandono del patrón oro y la transición a un régimen de tipos de cambio flotantes.El Departamento de Justicia de Estados Unidos aún podría recurrir la decisión ante el Tribunal de Apelaciones del Circuito Federal, que deberá pronunciarse sobre la validez del fallo.

Escaramuzas en Ormuz: ¿el canto del cisne de Irán?

Mientras tanto, con el memorándum de entendimiento aún sobre la mesa, regresaron las escaramuzas al estrecho de Ormuz. Trump señaló que tres destructores estadounidenses atravesaron el paso mientras eran objeto de ataques por parte de Irán. La respuesta de EEUU neutralizó el origen de las agresiones, y los buques cruzaron sin daños. Esta acción busca demostrar la capacidad estadounidense para sostener un eventual bloqueo del estrecho. El Mando Central de EEUU indicó que estas actuaciones no constituyen una violación del alto el fuego y que no persiguen una escalada del conflicto.

Mientras tanto, en el ámbito interno iraní, la Guardia Revolucionaria mantiene su postura beligerante con nuevos ataques contra Emiratos Árabes Unidos. En este contexto, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, se reunió con el líder supremo con el objetivo de consensuar una posición más moderada que la defendida por el jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, el único miembro de la cúpula con el que se había reunido. Sin embargo, la ausencia de un comunicado oficial o de detalles sobre el encuentro sugiere que el líder supremo continúa alineado con una estrategia más agresiva que la promovida por el ala civil del Gobierno. Paralelamente, Irán está acelerando el desarrollo del marco legal y administrativo destinado a reforzar su control sobre el estrecho.

Expira el plazo fijado por Trump para alcanzar un entendimiento en torno al memorándum. El tránsito sin daños de los tres destructores estadounidenses parece indicar que Washington está poniendo a prueba las capacidades iraníes para controlar el paso. La operación Project Freedom podría reactivarse esta misma semana si no se alcanza un acuerdo. En caso de que EEUU logre desarticular la percepción de control iraní sobre el estrecho y establezca un dispositivo militar que garantice el tránsito, el principal eslabón de presión negociadora de Teherán quedaría seriamente debilitado. 

La próxima semana será especialmente crítica. La capacidad de almacenamiento de crudo iraní se encuentra cerca de su límite, lo que podría forzar una detención de la producción. El reinicio posterior de las operaciones sería costoso y entre 300.000 y 500.000 barriles diarios de producción pueden perderse de forma permanente si se ven obligados a cerrar los pozos más antiguos.

En este contexto, es posible que estemos asistiendo al último intento por parte de Irán antes de que el bloqueo comience a dañar de forma más severa su economía. Todo ello se produce, además, en un escenario en el que las dos principales potencias (EEUU y China) tienen previsto reunirse la próxima semana, y ninguna parece dispuesta a tolerar un cierre prolongado del estrecho. Por ahora, la línea dura del estamento militar iraní parece imponerse sobre el poder civil y considera esencial tratar de controlar el el estrecho de Ormuz, aunque la combinación de presión económica, diplomática y militar podría terminar pronto por inclinar la balanza.

Buenos datos macro en EEUU

En EEUU, la productividad continúa incrementándose. Aunque el ritmo se frenó en el primer trimestre al crecer un 0,8% trimestral anualizado frente al +1,6% del trimestre previo, en el último año la producción por hora de los trabajadores se incrementó un 2,9%, su mayor avance desde 2024. Esta mejora de la productividad es uno de los factores que está permitiendo mantener los costes laborales contenidos, que registraron un aumento del 2,3% frente al +4,6% previo. 

Además, las peticiones de subsidio por desempleo semanales continúan siendo reducidas: en la primera semana de mayo se situaron en 200.000, ligeramente por encima de las 190.000 y mínimos de las últimas décadas que fueron registradas en la semana previa. 

Los datos de despidos de la consultora Challenger, Gray & Christmas muestran un +38% en abril, hasta los 83.387. Sin embargo, esta cifra también significa una caída frente al mismo mes del año pasado del -21% y, más relevante si cabe, es que, con los datos acumulados en el año, los despidos se sitúan ligeramente por encima de las 300.000 personas, la mitad de los registrados en el mismo periodo del año pasado. El repunte mensual es elevado pero hay una mejora en la tendencia y los despidos siguen contenidos.

La encuesta de expectativas de inflación, realizada por la Fed de Nueva York, señala que a 12 meses se elevó hasta el +3,6% frente al +3,4% previo y comienza así a reflejar las mayores presiones producidas por las subidas de los costes energéticos. 

UBS: los mercados deben volver a centrarse en los fundamentos

Los mercados de renta variable global han protagonizado una recuperación contundente en las últimas semanas, superando con una agilidad sorprendente la incertidumbre reinante. Tras caer durante cinco semanas consecutivas hasta finales de marzo, el S&P 500 va camino de lograr su sexta semana consecutiva de ganancias, y tanto el Nasdaq como el S&P 500 se mantienen cerca de máximos históricos.  

Las ganancias recientes se han visto impulsadas por las esperanzas de una desescalada más convincente en el Estrecho de Ormuz, lo que se suma a factores favorables como los sólidos resultados empresariales, unos fundamentos resilientes, la tendencia de la Fed a mantener una política monetaria flexible y el entusiasmo relacionado con la IA. 

Con un panorama geopolítico menos negativo para los mercados, en UBS creen que éstos pueden volver a centrarse en los fundamentos que realmente sustentan el repunte de la renta variable global:

  • El gasto en IA, un pilar clave, se muestra más fuerte que nunca.
  • La base del repunte es más amplia de lo que sugieren los líderes del mercado estadounidense.
  • Los máximos históricos no son motivo de pánico.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos una visión Atractiva sobre las acciones estadounidenses y esperamos que el S&P 500 suba hacia finales de año, respaldado por un crecimiento saludable de los beneficios y un entorno monetario que sigue siendo favorable. Dentro de la renta variable estadounidense, seguimos favoreciendo los sectores de consumo discrecional, financiero, salud, industrial y servicios públicos, mientras mantenemos una postura constructiva en las áreas del mercado vinculadas a la IA".  
Y añade: "También seguimos viendo sólidas oportunidades fuera de EEUU. En Europa, aunque mantenemos una postura Neutral global en la renta variable de la Eurozona debido a su mayor sensibilidad a los precios de la energía, creemos que los inversores no deberían pasar por alto los valores cíclicos con exposición estructural —incluidos el sector tecnológico, industriales, Alemania y líderes europeos— junto con oportunidades en el sector salud, Suiza y consumo discrecional".

"La atención del mercado se centrará en los datos de inflación de abril. Esperamos que las cifras generales aumenten debido al encarecimiento de la energía, aunque la inflación subyacente podría mantenerse contenida por el momento”, señalan Constantin Bolz, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas.

  • Suecia: “A pesar de la presión a corto plazo derivada de los elevados precios de la energía, las perspectivas a medio plazo para la corona sueca siguen siendo constructivas, respaldadas por el sentimiento de riesgo y las expectativas de crecimiento global. Seguimos esperando un retorno del EURSEK a 10,5 a finales de junio”, vaticinan Clémence Dumoncel y Constantin Bolz, estrategas.
  • Noruega: “El Norges Bank elevó los tipos al 4,25% en mayo para contrarrestar una inflación persistente, pero creemos que son poco probables nuevas subidas, ya que los recientes movimientos del mercado de divisas y una política monetaria más restrictiva deberían contribuir a contener las presiones sobre los precios”, añaden estos expertos.
  • Reino Unido: “Esperamos que los inversores vuelvan a centrarse en los fundamentos de la economía británica. Unos tipos de interés relativamente elevados, con un Banco de Inglaterra previsiblemente en pausa este año, junto con una mejora gradual de la situación fiscal, deberían respaldar a la libra esterlina, especialmente frente a divisas de bajo rendimiento como el franco suizo”, opina Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y Reino Unido.

DWS: Cuando el combustible de aviación deja de ser un mercado de nicho

“¿Hay alguien a bordo que sepa pilotar un avión?”. Una vez más, esa frase ligeramente inquietante de la película clásica Airplane! vuelve a sentirse incómodamente actual. "Sin un final a la vista para el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que podrían parecer mercados de combustible muy específicos están revelando vulnerabilidades económicas mucho más amplias", advierte un análisis de DWS.

Éste compara las reservas normalizadas de combustible de aviación en Estados Unidos y la Eurozona desde 2015. Las reservas estadounidenses se han movido dentro de una banda relativamente estrecha. En cambio, los inventarios de la Eurozona muestran fuertes oscilaciones, con repetidos picos y caídas. Esto importa porque estos movimientos pueden ser una señal temprana de cómo el estrés se transmite a través de sistemas altamente optimizados.

En el caso del combustible de aviación, los mecanismos son estructurales. No puede producirse simplemente bajo demanda, ya que compite con el diésel y otros destilados medios, por la capacidad de refino. Europa también tiene menos margen para absorber interrupciones, debido a una mayor dependencia de las importaciones y a restricciones logísticas y regulatorias más estrictas. Las aerolíneas pueden transportar combustible adicional en determinados vuelos y, con planificación, parte del suministro puede enviarse desde otros mercados. Pero eso solo redistribuye el suministro existente, no lo crea.

El Golfo es doblemente importante: no solo es un punto crítico energético, sino también la columna vertebral de la conectividad aérea intercontinental, a través de hubs como Dubái, Doha y Abu Dabi, especialmente para el transporte aéreo de mercancías entre Europa y Asia. Cuando las rutas se alargan, los costes aumentan y los márgenes de seguridad se reducen, los primeros impactos recaen sobre las cadenas de suministro sensibles al tiempo y sobre los flujos de pasajeros, con posibles efectos en cascada sobre los procesos de fabricación. Las reservas de combustible de aviación podrían convertirse así en un indicador adelantado de vulnerabilidades más amplias en comercio, producción y capacidad de fijación de precios.

Como señala Darwei Kung, codirector de materias primas y renta variable en recursos naturales en DWS: “Cuando los problemas logísticos se prolongan, los mercados dejan de tratar la disrupción como algo temporal y comienzan a poner precio a una vulnerabilidad estructural”. En ese sentido, el mercado del combustible de aviación está poniendo a prueba una suposición conocida: que la resiliencia inicial necesariamente se traducirá en estabilidad duradera. En Airplane!, un piloto de combate retirado y convertido en taxista termina regresando a la cabina para salvar la situación. En los mercados energéticos, encontrar finales igual de felices está resultando últimamente mucho más complicado.

Natixis: Trump llegará a China en una posición extraordinariamente débil

El equipo de análisis de Natixis CIB ha elaborado el informe ‘Pekín presionará a Trump sobre Taiwán, lo que podría tener consecuencias a escala mundial’, donde hablan de la visita de Donald Trump a Pekín los días 14 y 15 de mayo. En el informe analizan que Trump “necesita un acuerdo con China que pueda vender como una victoria en su país, especialmente antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026, pero llegará a Pekín en una posición negociadora extraordinariamente débil para un presidente que ha hecho de la fuerza su seña de identidad”. Se encuentra empantanado en el conflicto con Irán, en el que los aliados europeos no le están prestando apoyo, mientras que la economía nacional estadounidense sufre por los aranceles que él mismo impuso y que el Tribunal Supremo ha bloqueado. 

Según se explica, el Gobierno chino planea utilizarla principalmente para abordar lo que considera un asunto interno, inalienable e indiscutible: la reunificación con la isla de Taiwán. “Xi Jinping quiere detener una enorme venta de armas de EE. UU. a Taiwán”, subraya el informe.

Los analistas de Natixis CIB argumentan que el futuro de Taiwán no es un problema abstracto, ya que “el estrecho de Taiwán es la arteria por la que fluye el recurso más crucial de la revolución de la inteligencia artificial. Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) fabrica alrededor del 90% de los semiconductores avanzados del mundo. Éstos alimentan los centros de datos de IA, los sistemas de armamento de última generación y la infraestructura digital de las democracias occidentales. Una crisis en el estrecho, o incluso una amenaza creíble, tendría un impacto comparable o incluso mayor en la economía mundial que el actual cierre virtual del estrecho de Ormuz”. 

"Trump llegará a Pekín con un margen de negociación limitado. O, más precisamente, llegará habiendo hecho ya algunas concesiones. Lo que negocie con Xi Jinping en la cumbre determinará no solo el futuro de Taiwán, sino también el equilibrio de poder tecnológico y militar mundial, con efectos potencialmente duraderos", remarcan los expertos de Natixis.

25Apr

Cuando el país que sostiene el orden global deja de actuar como su garante, el resto del mundo no se queda esperando. Se protege, se reorganiza

Miguel Ángel Valero

Durante décadas, el mundo ha funcionado sobre una idea muy simple: EEUU no solo era la mayor potencia, sino también el eje de confianza sobre el que giraba todo lo demás. El dólar, los mercados, las alianzas militares, el comercio global… todo descansaba sobre una premisa básica: Washington era predecible. Ahora ese pilar se está resquebrajando.

La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca no ha sido simplemente un cambio político. Ha sido un cambio de comportamiento. Y lo más preocupante no es lo que hace hacia fuera, sino lo que está provocando hacia dentro: un deterioro progresivo de la confianza en el propio sistema interno. 

Cuando el Tribunal Supremo tiene que frenar decisiones económicas clave del presidente, cuando la política comercial cambia en función del momento o del interés táctico, o cuando la estrategia internacional responde más a impulsos que a una hoja de ruta, la economía deja de ser una brújula para convertirse en un reflejo de la incertidumbre política. Y eso tiene consecuencias.

El ejemplo más reciente es especialmente revelador. Tras el fracaso de las negociaciones con Irán, Trump ha decidido imponer un bloqueo naval sobre el tráfico marítimo que entre o salga de puertos iraníes. Teherán ya ha advertido que, si sus puertos son amenazados, ningún punto del Golfo será seguro. Este conflicto comienza a extenderse más allá del petróleo, y empiezan a aparecer efectos en cadena: suben los costes del transporte marítimo, aumentan las primas de seguros, se tensionan las materias primas y varios países asiáticos estudian medidas de racionamiento energético. 

"Los mercados pueden adaptarse a casi todo… menos a la falta de reglas. La base del poder estadounidense ha sido siempre su red de alianzas. Un entramado global donde Washington ofrecía seguridad a cambio de influencia. Pero ese equilibrio se rompe en el momento en que sus aliados empiezan a dudar de si esa protección sigue existiendo. La pregunta que antes era impensable ahora se formula abiertamente: ¿realmente Estados Unidos va a defender a sus socios si llega el momento?", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

En Europa, esa duda ya no es teórica. Es evidente que el modelo anterior ha dejado de funcionar, de modo que ahora el debate ya no gira en torno a cómo coordinarse con EEUU, sino en cómo reducir la dependencia de él, porque la relación ha dejado de ser entre aliados para convertirse en una relación de conveniencia… cuando no de desconfianza. No se trata solo de declaraciones o de tensiones puntuales, sino de algo mucho más profundo.

EEUU ha empezado a cuestionar los pilares de su propia red: presiona a sus socios, amenaza con retirarse de compromisos históricos, interfiere en la política interna de países aliados y redefine las reglas en función de sus intereses a corto plazo. Todo ello erosiona la cohesión de un sistema que tardó décadas en construirse. Y mientras tanto, el mundo se adapta. El concepto de globalización eficiente está dando paso a un modelo mucho más fragmentado, donde cada país busca asegurarse sus propios recursos, su propia energía y seguridad. Es un sistema más caro, menos eficiente y con mayor riesgo de conflicto. Pero es el sistema que emerge cuando desaparece la confianza.

Europa tiene ahora una oportunidad… pero también un problema. Por un lado, la debilidad relativa del liderazgo estadounidense abre la puerta a reforzar su papel global. Atraer capital, avanzar en la integración financiera, fortalecer el euro como alternativa y construir una mayor autonomía estratégica. Por otro, exige tomar decisiones que durante años se han evitado: invertir en defensa, coordinar políticas fiscales, integrar mercados de capitales y, sobre todo, actuar con unidad.

Porque el verdadero riesgo no es Trump. El verdadero riesgo es que Europa siga paralizada esperando a que todo vuelva a ser como antes. Porque eso no va a pasar. La historia demuestra que los imperios rara vez caen solo por factores externos. Suelen deteriorarse desde dentro, y no desaparecen de golpe, sino que se debilitan poco a poco, erosionando sus propios fundamentos.

EEUU está cambiando. Y ese cambio tiene una consecuencia directa: el mundo deja de girar en torno a certezas y empieza a hacerlo en torno a intereses. Y Europa tiene ahora que decidir qué papel quiere jugar en ese nuevo escenario: seguir siendo un actor secundario dependiente… o empezar a comportarse como una potencia con voz propia. Porque en este nuevo orden, ya no basta con confiar. Hay que posicionarse.

Al final, todo esto va mucho más allá de Trump. Él es el catalizador, pero no el origen del problema. Lo que estamos viendo es cómo EEUU empieza a dejar de creer en el sistema que él mismo creó… y eso es lo realmente peligroso. Porque cuando el país que sostiene el orden global deja de actuar como su garante, el resto del mundo no se queda esperando. Se protege, se reorganiza… y empieza a prepararse para un entorno donde decisiones como un bloqueo naval en Ormuz pueden convertirse en una herramienta más de presión política. Y en ese mundo, la confianza (que es el verdadero pegamento de la economía y la geopolítica) deja paso a la incertidumbre estructural.

Tierras raras, el talón de Aquiles de EEUU

El dominio de China en el mercado de las tierras raras es uno de los grandes desequilibrios estratégicos del mundo actual. No solo porque estos materiales son imprescindibles para la transición energética, la defensa, la inteligencia artificial o los semiconductores, sino porque otorgan a China una palanca de poder enorme en cualquier negociación comercial. China no domina las tierras raras porque tenga muchas más que el resto del mundo. Las tiene, sí, pero la clave está en otra parte. Durante décadas ha construido un ecosistema industrial completo: minería, refinado, procesado, imanes, componentes intermedios y producto final. Todo integrado, todo coordinado, todo bajo una estrategia de Estado.

EEUU, en cambio, llega tarde. Tiene recursos, tiene tecnología y tiene capital, pero le falta justo lo más difícil de replicar: la cadena industrial completa. El ejemplo más claro es la mina de Mountain Pass, en California. Allí se extrae mineral, pero durante años el refinado y el procesado se han hecho… en China. El eslabón crítico sigue fuera.

El debate ya no es si EEUU puede competir, sino cómo hacerlo sin engañarse. Y aquí es donde entra una visión más realista, como la que plantea Heidi Crebo-Rediker desde el Council on Foreign Relations. La clave no está en copiar el modelo chino, sino en diseñar uno propio, apoyado en tres pilares: asegurar el procesado en suelo estadounidense o aliado, invertir en nuevas tecnologías de separación menos contaminantes y utilizar la política industrial sin complejos, incluyendo subsidios, contratos públicos y alianzas estratégicas con países afines.

Éste no es un problema de mercado, sino geopolítico. Si EEUU deja esto solo en manos del sector privado, no llegará a tiempo. China aceptó durante años costes medioambientales y márgenes bajos para dominar el mercado. Occidente no ha querido pagar ese precio… y ahora descubre la factura estratégica. El horizonte temporal es clave. Incluso en el mejor de los escenarios, EEUU necesitaría entre 8 y 12 años para construir una cadena de valor mínimamente comparable: nuevas plantas de procesado, permisos medioambientales, formación de personal especializado y escalado industrial. No es algo que se solucione con una ley o con un par de incentivos fiscales. Es una carrera de fondo.

Las tierras raras son un recordatorio incómodo de algo que solemos olvidar: la globalización no eliminó la geopolítica, solo la escondió. EEUU puede reducir su dependencia de China, pero no rápido ni gratis. El mundo que viene será menos eficiente, más caro y mucho más estratégico. Y en ese mundo, quien controle los cuellos de botella industriales no tendrá solo ventaja económica, tendrá poder.

Franklin Templeton: larga vida al dólar

Por otra parte, Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, recuerda que la 'necrológica' del dólar estadounidense se ha escrito muchas veces, con una frecuencia cada vez mayor durante el último año, pero la mayoría de los análisis catastrofistas sobre la divisa se centran en un solo lado de la ecuación y pasan por alto el panorama completo. La tesis del 'petrodólar' se sustenta en que el comercio del petróleo está denominado en dólares (USD), y que el desplazamiento de las exportaciones de crudo de Oriente Medio hacia Asia y la localización del gasto en defensa del Golfo señalan el inicio del fin de la hegemonía del dólar. 

"Esta visión es notablemente simplista y, además, invierte parcialmente la relación de causalidad. Los países exportadores de petróleo tienen un fuerte interés propio en recibir pagos en USD por lo que los dólares representan: acceso a los mercados de capital más profundos y líquidos del mundo, respaldados por un marco institucional y legal que protege los derechos de propiedad y hace cumplir los contratos, y apoyados por una economía fuerte, dinámica e innovadora", argumenta.

Tres pilares sostienen este sistema: la escala y dinamismo de la economía estadounidense, la credibilidad institucional y una profundidad de mercado inigualable. Tampoco existe una alternativa creíble; el euro carece de un activo seguro unificado a gran escala; el renminbi opera bajo controles de capital; y las monedas digitales pueden liquidar transacciones, pero no ofrecen la función de reserva de valor que exige el estatus de moneda de reserva. Los datos refuerzan esta idea en ámbitos como las reservas, los pagos, el volumen de operaciones de divisas y la profundidad del mercado de bonos del Tesoro, métricas que no son propias de una moneda en declive. 

"La debilidad del dólar es cíclica, no estructural, aunque su verdadera vulnerabilidad reside en la política fiscal de EEUU. Para los inversores, mantengo una visión constructiva sobre el estatus del dólar como moneda de reserva en el horizonte previsible y recomendaría mantenerse ágiles en los márgenes y centrarse en los fundamentales. Creo que los inversores deberían fijarse en los movimientos de los tipos de cambio bilaterales, en lugar de apostar por el fin del régimen de dominancia del dólar", concluye este experto.

13Apr

Las grandes transformaciones no las ganan los que reaccionan mejor, sino los que planifican más lejos. El verdadero riesgo no es que China crezca más rápido. Es que piense mejor a largo plazo. Porque cuando un país alinea estrategia, industria y tecnología durante décadas, no compite por el presente… construye el futuro.

Miguel Ángel Valero 

En su cuarto viaje a China como presidente del Gobierno, Pedro Sánchez pide, en la Universidad de Tsinghua, "un templo del saber", la mejor cantera para las élites políticas y económicas del país (allí estudió ingeniería química el presidente chino, Xi Jinping), que el gigante asiático “se abra para que Europa no tenga que cerrarse”. Y reclama medidas para corregir un déficit comercial “insostenible por los movimientos aislacionistas que alimenta y por los agravios y el dolor social que provoca”.

También ha mantenido un encuentro con el fundador de Xiaomi, Lei Jun, para explorar oportunidades de colaboración, sobre todo en el coche eléctrico.

"Hay momentos en los que el ruido lo ocupa todo. La guerra en Oriente Medio, la tensión energética, los movimientos de Estados Unidos… y, sin embargo, mientras el foco está en lo urgente, lo verdaderamente importante se mueve en silencio. Y ahí es donde aparece China. Porque mientras Occidente reacciona, China planifica", resalta el analista Pablo Gil en The Trader.

China ha aprobado su XV Plan Quinquenal. Y esto no es un simple documento económico. Es una hoja de ruta estratégica a cinco años donde se decide qué sectores dominar, qué vulnerabilidades eliminar y qué posición ocupar en el mundo dentro de una década. No están pensando en el próximo trimestre. Ni siquiera en el próximo ciclo económico. Están pensando en la próxima fase del poder global.

Ése es el primer gran contraste si lo comparamos con EEUU y Europa, que parecen vivir atrapados en el corto plazo. Sus decisiones están condicionadas por elecciones, crisis, ciclos de mercado o presiones sociales. Cada movimiento responde a lo inmediato. Cada política intenta apagar el incendio del momento. Y eso genera algo muy peligroso: inconsistencia estratégica.

China juega otro juego. No busca maximizar el crecimiento hoy, sino reducir riesgos mañana. No prioriza la rentabilidad inmediata, sino el control estructural. Por eso su plan no gira en torno a crecer más rápido, sino a ser menos vulnerable: autosuficiencia tecnológica, dominio de la inteligencia artificial, control de materiales críticos, seguridad energética y liderazgo industrial. 

Y aquí entra otro punto clave que en Europa no estamos terminando de entender: la energía ya no es solo energía. Puedes producir electricidad dentro de tus fronteras, pero si dependes de otros para las baterías, los paneles solares, los electrolizadores o las redes, en realidad no eres autónomo. Solo has cambiado una dependencia por otra.

China lo ha entendido perfectamente. No solo quiere participar en la transición energética. Quiere dominarla. Quiere fabricar las baterías, procesar los materiales, producir los paneles, controlar la cadena de suministro y marcar los estándares. Es decir, quiere situarse en el centro del nuevo sistema industrial global.

Europa, en cambio, ha hecho lo contrario. Ha apostado por la descarbonización sin asegurarse el control de las tecnologías clave. Ha sustituido dependencia energética por dependencia tecnológica. Y lo más preocupante: lo ha hecho en nombre de una supuesta autonomía estratégica que, en la práctica, cada vez es menor. 

Pero la diferencia no se queda ahí. China no separa economía, tecnología y defensa. Lo integra todo en una misma visión de poder. Industria, innovación y capacidad militar avanzan juntas. Mientras tanto, en Occidente seguimos tratando estos ámbitos como compartimentos estancos.

Ese enfoque integrado le permite algo fundamental: ganar tiempo. En el escenario geopolítico actual, China evita exponerse, mantiene un perfil bajo en conflictos como Ucrania o Irán, pero al mismo tiempo refuerza su posición interna y amplía su influencia. No necesita confrontar directamente. Le basta con esperar, consolidar y aprovechar los errores de otros.

Y aquí está la clave de todo. China no necesita ser más fuerte que Occidente hoy. Solo necesita que Occidente siga siendo incoherente. Porque mientras Europa discute, Estados Unidos cambia de rumbo según el ciclo político y los mercados reaccionan al titular del día, Pekín sigue avanzando paso a paso, sin ruido, pero sin pausa.

Y la historia nos enseña algo muy claro: las grandes transformaciones no las ganan los que reaccionan mejor, sino los que planifican más lejos. Por tanto, el verdadero riesgo no es que China crezca más rápido. Es que piense mejor a largo plazo. Porque cuando un país alinea estrategia, industria y tecnología durante décadas, no compite por el presente… construye el futuro. Y cuando ese futuro llega, ya es demasiado tarde para reaccionar.

19Mar

Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos.

Miguel Ángel Valero

Los ataques a infraestructuras energéticas marcan una nueva fase del conflicto en Oriente Medio. Por primera vez, Israel inició la escalada con un ataque unilateral sobre refinerías iraníes en Pars Sur, un yacimiento de 9.700 km2 cuya explotación se reparte entre Irán (40%) y Catar (60%), y que suministra un 70% del gas doméstico iraní. En represalia, Irán dirigió su respuesta a la zona industrial de Ras Laffan, centro industrial catarí que, antes de paralizar su actividad a principios de mes, representaba un 19% de las exportaciones globales de gas natural licuado (GNL). Como resultado de este cruce, el Brent se dispara por encima de los 110 $/barril  el gas europeo avanza un 23%.

Aunque todavía se desconoce el alcance del daño en Ras Laffan, destacan dos elementos. El primero es el carácter unilateral del ataque israelí, sin el apoyo de EEUU (al menos oficialmente) ni de Catar. Trump asegura que Israel actuó por libre y se compromete a que no se repetirán los ataques sobre Pars Sur, revelando las primeras fisuras en la alianza. 

El segundo es que el golpe a infraestructuras energéticas eleva significativamente el riesgo de un conflicto más extenso y profundo, un escenario no deseado por Trump, quien ya sufre la presión de una gasolina a 3,9 $/galón (+30% desde el inicio de los ataques) a menos de ocho meses para las elecciones.

La prioridad sigue siendo la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización del flujo energético. 

Universidad Carlemany: puede haber una crisis de suministro global

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, explica que el yacimiento de South Pars (la parte iraní) y el de North Dome (la parte catarí, también conocido como Ras Laffan) no son dos yacimientos distintos y distantes. Son, en realidad, el mismo campo de gas, una única estructura geológica submarina compartida por Irán y Catar en medio del Golfo Pérsico. La distancia entre ambos no es un factor relevante ya que la estructura geológica es la misma y continua. La frontera entre ambos países divide lo que la naturaleza creó como un todo. 

Por eso, un ataque a la infraestructura de una de las partes (como el reciente bombardeo israelí a South Pars o el iraní a Ras Laffan) se considera un golpe directo a la integridad y seguridad de la principal fuente de riqueza energética de ambos países. Comprender esta unidad geológica explica por qué las recientes amenazas del presidente Trump de "destruir masivamente todo el yacimiento de South Pars" son tan alarmantes. No es solo una amenaza solo contra Irán. Un daño severo a la integridad del yacimiento del lado iraní podría, en teoría, afectar a la presión y la productividad del lado catarí dado que comparten el mismo sistema. La destrucción de la planta de Ras Laffan en Catar no solo paraliza la producción catarí, sino que también impide el procesamiento del gas de una parte fundamental de este yacimiento compartido, desencadenando una crisis de suministro global.

¿Afectará este ataque a España? "La respuesta corta es que sí", contesta este experto. El suministro de gas proveniente del yacimiento puede ser sustituido parcialmente, pero no completamente a corto plazo. La crisis en Catar ha dejado al descubierto una vulnerabilidad estructural del mercado global de GNL: no hay capacidad de reemplazo inmediato para el 20% de la oferta mundial. 

Para España la situación es compleja pero no catastrófica gracias a su infraestructura diversificada, trabajo realizado durante años y que ahora es una ventaja clave. Según datos de Cores (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), la cesta de suministro español incluye el gasoducto de Medgaz (Argelia), que a pesar de las tensiones diplomáticas ha ampliado su capacidad recientemente; EEUU, que se ha convertido en uno de nuestros principales proveedores de GNL en los últimos años; Nigeria, nuestro proveedor tradicional de GNL; Rusia, que aunque con tendencia a la baja por razones políticas, aún nos envía algunos cargamentos.

Pero aún hay más. Un efecto colateral menos conocido pero crítico de estos ataques es el impacto en el mercado del helio. Ras Laffan también es una fuente clave de este gas. De hecho, Catar produce alrededor de un tercio del helio mundial y su producción, ligada al procesamiento de gas, también está paralizada. El principal uso del helio es, sin duda, su aplicación crítica en la industria de alta tecnología, específicamente en la fabricación de semiconductores y chips electrónicos. Por eso esta crisis se puede convertir en una de las gordas.

The Trader: Trump está favoreciendo a sus competidores estratégicos

"La política internacional está llena de paradojas, pero pocas tan evidentes como la que estamos viendo en estos momentos. Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos", explica el analista Pablo Gil en The Trader.

La última muestra de esta dinámica se está produciendo en el mercado energético. En medio de la guerra con Irán y de las tensiones que amenazan con bloquear el Estrecho de Ormuz (por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado) la Casa Blanca ha decidido flexibilizar temporalmente algunas restricciones sobre el petróleo ruso que ya se encontraba en tránsito por el mercado internacional. El objetivo es evidente: evitar que una interrupción brusca del suministro dispare aún más los precios de la energía y termine trasladando ese impacto a la inflación y al crecimiento económico dentro de Estados Unidos.

Desde un punto de vista táctico, la decisión tiene lógica. Si el suministro global se reduce de forma abrupta en un momento de tensión geopolítica extrema, el precio del petróleo puede dispararse. Permitir que ese petróleo ruso llegue al mercado ayuda a compensar parte de esa pérdida de oferta. Pero la otra cara de la moneda es mucho más incómoda. El propio Kremlin reconoce que esta flexibilización podría permitir a Moscú ingresar hasta 10.000 millones$ adicionales si el precio del crudo se mantiene cerca de los 100$ por barril. En un momento en el que Occidente llevaba años intentando limitar la capacidad financiera de Rusia para sostener su guerra en Ucrania, una decisión adoptada en Washington puede terminar proporcionando a Moscú un inesperado balón de oxígeno. Y Rusia no es el único beneficiado.

El conflicto con Irán está obligando a EEUU a concentrar enormes recursos militares en Oriente Medio. Solo en los primeros días de la campaña se han empleado centenares de misiles de largo alcance y el coste de las operaciones ya supera los 10.000 millones$, lo que sugiere un ritmo de gasto cercano a los 1.000 millones diarios. Pero más allá del coste económico, hay un elemento aún más relevante: parte de esas municiones y capacidades proceden del mismo arsenal estratégico que abastece a otros frentes. Eso implica que, para sostener esta guerra, EEUU no solo está gastando, sino también redistribuyendo recursos militares, debilitando su capacidad operativa en otras regiones clave.

Eso significa que, mientras Washington centra su atención y sus recursos en el Golfo, el frente europeo pierde prioridad… pero también el Indo-Pacífico. Y ahí es donde entra China. Desde Pekín, este conflicto se está observando con enorme atención. No solo porque EEUU está desviando activos militares desde Asia hacia Oriente Próximo (incluyendo unidades, sistemas de defensa y capacidad logística) sino porque la guerra está ofreciendo algo aún más valioso: información.

China está analizando en tiempo real cómo opera el ejército estadounidense, cómo responde ante ataques con drones de bajo coste, cómo consume sus reservas de munición y hasta qué punto su capacidad militar puede verse tensionada en un conflicto prolongado. Cada día de guerra es, en la práctica, un laboratorio estratégico. Además, el simple hecho de que EEUU tenga que repartir sus recursos entre varios frentes altera el equilibrio global. Cuanta más atención y capacidad se destine a Oriente Próximo, menor será la presión efectiva sobre China en su entorno natural.

Rusia gana por los precios del petróleo. China gana por el desgaste estratégico. Y EEUU empieza a enfrentarse a un problema clásico en geopolítica: el riesgo de sobreextensión.

Mientras tanto, la guerra tampoco se está quedando confinada al enfrentamiento directo entre EEUU, Israel e Irán. Como suele ocurrir en Oriente Medio el conflicto está empezando a extenderse a través de una red de actores indirectos. Milicias iraquíes vinculadas a Teherán han intensificado sus ataques contra bases donde permanecen desplegadas fuerzas occidentales en el norte de Irak. La escalada ya está teniendo consecuencias visibles. Algunos países europeos han comenzado a retirar parte de sus tropas ante el deterioro de la seguridad. Italia ha iniciado la salida de parte de su contingente, mientras que Alemania, Noruega o Suecia también han puesto en marcha repliegues temporales. Irak se está convirtiendo, poco a poco, en otro escenario de la guerra indirecta entre EEUU, Israel e Irán.

Este tipo de dinámicas sigue un patrón bastante conocido en geopolítica: el de las guerras por delegación. Las grandes potencias rara vez se enfrentan de manera directa. En su lugar utilizan aliados regionales, milicias o grupos armados para desgastar al adversario y ampliar la presión estratégica sin desencadenar una guerra abierta entre Estados. El problema es que este tipo de conflictos tienen una característica muy peligrosa: una vez que empiezan a multiplicarse los frentes, resulta extremadamente difícil controlar su evolución. Cada ataque genera represalias. Cada represalia abre un nuevo frente. Y cada nuevo frente aumenta el riesgo de errores de cálculo o incidentes que nadie había planeado.

En paralelo, la guerra está empezando a provocar un segundo problema para Washington: el aislamiento diplomático. La Casa Blanca está intentando ahora formar una coalición internacional para garantizar el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz y escoltar petroleros en la zona. El propio Trump ha pedido públicamente ayuda a varios países (incluidos aliados europeos, Japón, Corea del Sur o incluso China) argumentando que todos ellos dependen de esa ruta energética. Pero la respuesta está siendo, por ahora, fría.

Japón ha dejado claro que no tiene planes de enviar buques de guerra. Australia ha descartado participar con barcos militares. En Europa, países como Reino Unido se muestran reticentes a implicarse directamente en operaciones navales en la zona. Incluso algunos gobiernos del Golfo han expresado en privado su frustración por el hecho de que la guerra se iniciara sin una consulta previa real con los aliados.

Éste es quizá uno de los aspectos más llamativos de la situación actual. La decisión de lanzar la ofensiva militar contra Irán se tomó en Washington sin una coordinación significativa con muchos de los países que ahora se consideran socios estratégicos de EEUU. Sin embargo, cuando el conflicto empieza a generar consecuencias económicas globales (especialmente en el mercado energético) la Casa Blanca pide ahora a esos mismos aliados que se impliquen para estabilizar la situación.

Intentar evitar una crisis energética hoy (una crisis que, en buena medida, ha sido provocada precisamente por la decisión de EEUU de sumarse a Israel en su ofensiva para neutralizar la amenaza militar que representa el régimen de los ayatolas) puede terminar financiando indirectamente la guerra de Rusia mañana… y facilitando el reposicionamiento estratégico de China en el largo plazo.

Abrir un nuevo conflicto en Oriente Próximo no solo desvía recursos. También ofrece información, tiempo y oportunidades a sus principales rivales. Rusia obtiene ingresos. China obtiene aprendizaje y margen de maniobra.

Trump ha demostrado que no necesita consultar a nadie cuando decide iniciar una guerra. Sin embargo, cuando esa guerra empieza a enquistarse, cuando los precios del petróleo se disparan y cuando el impacto económico amenaza con trasladarse a la inflación y al crecimiento global, entonces sí reclama que el resto del mundo se involucre para ayudar a estabilizar la situación.

"En geopolítica, como en los mercados, las decisiones rara vez producen un solo efecto. Cada movimiento en el tablero genera consecuencias que van mucho más allá de la intención inicial. Y en este caso, la paradoja es difícil de ignorar: una guerra diseñada para reforzar la posición de Estados Unidos está terminando por abrir nuevos frentes, tensionar sus alianzas… y fortalecer, al mismo tiempo, a Rusia y China", recalca Pablo Gil.

Columbia Threadneedle: el precio del petrólo es un impuesto efectivo

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments, avisa que la escalada del conflicto en Oriente Medio ha intensificado la tensión geopolítica y ha provocado fuertes oscilaciones en los mercados energéticos. Dado que el mpacto económico depende del flujo de petróleo, los inversores deben mantenerse disciplinados y centrarse en los fundamentales a largo plazo por encima de titulares cambiantes.

Desde una perspectiva de inversión, la cuestión central es si el conflicto en Oriente Medio permanece contenido o evoluciona hacia una disrupción más prolongada, con implicaciones más amplias para los mercados globales. 

Los precios del petróleo han mostrado una considerable volatilidad a medida que el conflicto ha evolucionado, llegando casi a duplicarse en su punto extremo. Aunque estos movimientos generan titulares llamativos, no siempre reflejan la realidad económica subyacente. Si asumimos que los precios del petróleo más elevados persisten, el efecto inmediato es un aumento de los costes asociados. Esto suele interpretarse como inflacionario, lo que suscita preocupaciones sobre la posibilidad de que los bancos centrales deban endurecer la política monetaria. 

"Sin embargo, creemos que esta interpretación puede resultar engañosa. Consideramos los altos precios del petróleo menos como una fuente de inflación  sostenida y más como un impuesto efectivo sobre la economía global. La demanda de energía tiende a ser bastante inelástica. Hogares y empresas no pueden prescindir fácilmente del combustible y la electricidad. Por ello, cuando los precios de la energía aumentan, una mayor proporción de los ingresos se destina a cubrir estos costes. El resultado es una reducción de la renta disponible", explica.

Desde un punto de vista macroeconómico, esta dinámica reduce la demanda en lugar de generar inflación. Es cierto que los precios más altos del petróleo elevan los niveles generales de precios a corto plazo, pero simultáneamente frenan la actividad económica. Por esta razón, tratar los aumentos del precio dela energía únicamente como inflacionarios supone diagnosticar erróneamente el problema.

Aunque la duración del conflicto importa - especialmente desde una perspectiva humanitaria -, el impacto económico final depende del flujo físico de energía. Oriente Medio es un nodo crítico del sistema energético global, con el Estrecho de Ormuz actuando como un cuello de botella para las exportaciones de la región. Aproximadamente el 20% del crudo mundial, los productos refinados y el gas natural licuado transitan por este estrecho. La economía global puede tolerar un elevado grado de tensión geopolítica siempre que este petróleo continúe llegando a los mercados internacionales. Si así ocurre, podríamos experimentar precios más altos y cierta volatilidad, pero el impacto general podría seguir siendo manejable. Rutas alternativas de exportación, como a través del Mar Rojo, también pueden contribuir a aliviar la presión.

Sin embargo, si los flujos de petróleo se contienen o restringen, la situación sería muy distinta. En ese escenario, el impacto económico sería mucho más acusado. En términos macroeconómicos, el entorno resultante probablemente se asemejaría a la estanflación: niveles de precios más altos impulsados por los costes energéticos, combinados con una actividad económica más débil. Tal combinación complica la labor de los bancos centrales y podría presionar los precios. En última instancia, podría llevar a las autoridades monetarias a adoptar un enfoque más cauteloso, esperando evaluar si los aumentos de los precios dela energía son temporales o persistentes antes de realizar ajustes significativos de política.

Pese a los temores iniciales de que el crecimiento chino se vería gravemente afectado por los aranceles, hasta ahora no se ha observado el impacto negativo previsto. Además, la disposición del presidente Xi Jinping a interactuar con el sector privado, reconociendo su papel esencial en el crecimiento económico de China, ha favorecido una recuperación en los mercados del país. Este desarrollo subraya la importancia de mantenerse atento a las dinámicas geopolíticas y a sus implicaciones económicas.

Los mercados financieros han respondido hasta ahora con cierto grado de resiliencia. A nivel agregado, las principales clases de activos - con la excepción de las materias primas y la energía - no han experimentado desajustes significativos. Sin embargo, bajo la superficie han surgido divergencias. Dentro de los mercados de renta variable, por ejemplo, distintos sectores han estado influidos por fuerzas diferenciadas. Las empresas energéticas se han beneficiado del aumento de los precios del petróleo, mientras que sectores como el software se han visto condicionados por tendencias estructurales como el auge de la inteligencia artificial.

De forma similar, los mercados de renta fija se han mantenido relativamente estables en su conjunto, aunque han aparecido focos de volatilidad. Los diferenciales de crédito se han ampliado de forma moderada, y ciertos segmentos del crédito muestran una mayor sensibilidad que antes. En partes del crédito privado y otros mercados menos líquidos comienzan a observarse señales de tensión.

Ninguno de estos desarrollos es atribuible exclusivamente a la geopolítica, pero ilustran que los mercados podrían estar entrando en una fase más compleja y frágil, en la que la diferenciación adquiere mayor relevancia.

Los periodos de tensión geopolítica suelen fomentar la toma de decisiones reactivas. Los titulares cambian rápidamente, el sentimiento del mercado oscila y los inversores pueden reposicionar sus carteras en respuesta a desarrollos a corto plazo, solo para revertir esas decisiones cuando la situación vuelve a cambiar. "Nuestra experiencia sugiere que estas reacciones a corto plazo rara vez producen buenos resultados. En su lugar, nos centramos en el horizonte de medio a largo plazo y en las áreas donde contamos con mayor convicción. Nuestro posicionamiento ya reflejaba cierto grado de cautela incluso antes del conflicto actua", señala. 

Por ejemplo, las valoraciones en determinadas áreas de los mercados de crédito parecían tensionadas desde hace tiempo, y los riesgos más amplios - incluido el apalancamiento en los balances gubernamentales, la evolución de las dinámicas del crédito y los cambios tecnológicos estructurales - ya eran evidentes. "Por ello, hemos preferido créditos de mayor calidad frente a emisores más débiles y hemos mantenido una postura relativamente conservadora en las carteras. No obstante, cuando existe una convicción clara, estamos dispuestos a reflejarla en las carteras. Y cuando predomina la incertidumbre, tratamos de protegerlas frente a riesgos no intencionados", añade.

Una realidad que los inversores deben afrontar es que el riesgo geopolítico se está convirtiendo en un rasgo cada vez más persistente del entorno global de inversión. En los últimos años, los mercados se han enfrentado repetidamente a eventos geopolíticos - desde tensiones comerciales hasta conflictos-. En muchos casos, los peores temores de los inversores no se han materializado y los mercados han acabado recuperándose. Esta experiencia sirve como un recordatorio importante: rara vez es prudente extrapolar el peor resultado posible de acontecimientos que aún están en desarrollo. Al mismo tiempo, sería complaciente asumir que los shocks geopolíticos siempre serán temporales. En algún momento, un evento puede tener un impacto económico más duradero. El reto para los inversores es que rara vez resulta evidente cuál será el acontecimiento decisivo. Esta realidad refuerza la importancia de la disciplina, la diversificación y la convicción.

En última instancia, los mercados seguirán reaccionando a los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente a través del prisma del suministro energético. La duración del conflicto sigue siendo incierta y la situación continuará evolucionando. Sin embargo, la variable económica más relevante sigue siendo clara: si el petróleo puede continuar fluyendo desde el Golfo. Si así ocurre, la economía global puede enfrentarse a precios más altos y a una mayor incertidumbre, pero probablemente absorberá el shock. Si no es así, las implicaciones serán significativamente más graves. "Para los inversores, la respuesta adecuada no es seguir cada titular y cada movimiento del mercado, sino mantenerse centrados en los fundamentales, preservar la disciplina en la construcción de carteras y actuar con decisión allí donde la convicción sea mayor", insiste.

Swisscanto: el oro no se mantiene como activo refugio

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, resalta que, desde el estallido del conflicto en Irán, el precio del oro no ha logrado mantener su condición de “activo refugio” ni sostenerse en sus máximos. Por el contrario, ha perdido alrededor de un 10 % de su valor desde comienzos de marzo. Las principales razones de esta caída se explican por tres factores clave:

  • Fortaleza del dólar estadounidense: La continua apreciación del dólar está ejerciendo una presión significativa sobre el precio del oro. Al cotizar en dólares, el oro se encarece para los inversores fuera de Estados Unidos, lo que reduce la demanda.
  • Inflación y evolución de los tipos de interés: El aumento de los precios del petróleo ha intensificado las preocupaciones inflacionistas. Como consecuencia, el mercado ha descartado las bajadas de tipos previamente previstas por los bancos centrales y han aumentado las rentabilidades en los tramos largos de la curva. Dado que el oro no genera intereses, pierde atractivo frente a activos que sí ofrecen rentabilidad.
  • Toma de beneficios: Tras dos años excepcionalmente positivos para el oro, la recogida de beneficios también está influyendo de forma relevante en la evolución reciente del precio y no debe subestimarse. A corto plazo, la toma de beneficios podría seguir presionando al precio del oro hasta que encuentre un suelo sólido. 

"No obstante, mantenemos una visión positiva a medio y largo plazo. En particular, la tendencia hacia la desdolarización, el aumento de los niveles de deuda pública y las continuas compras de oro por parte de los bancos centrales apuntan a un contexto favorable en el futuro", precisa.

12Mar

China es hoy socio comercial preferente del mayor número de países de la Tierra, tiene la mayor flota comercial y una completa red de enclaves estratégicos para controlar su circulación.

Miguel Ángel Valero

La Administración Trump ha iniciado investigaciones contra sus principales socios comerciales –entre ellos la Unión Europea– con el objetivo de restablecer los aranceles. El mes pasado, el Tribunal Supremo de EEUU suspendió los aranceles vinculados a la ley IEEPA, incluidos los llamados "recíprocos”, lo que podría obligar a devolver a las empresas hasta 175.000 millones$ recaudados. 

Sin embargo, Trump ha activado una vía alternativa que le permitiría reintroducir los aranceles, aunque requiere previamente abrir investigaciones individuales sobre cada país al que se pretenda gravar. Mientras tanto, mantiene la capacidad de imponer temporalmente un arancel universal del 15%. Aunque ha amenazado con aplicarlo, por ahora solo ha ejecutado un gravamen del 10%.

Según explicó el Representante de Comercio, las investigaciones se iniciarán sobre más de una docena de economías, entre ellas la Unión Europea, China, México, India y Japón. Llama la atención que Canadá, por el momento, no figure entre los países investigados. Además, señaló que su intención es concluir los expedientes antes de que expiren los aranceles temporales actuales, lo que permitiría sustituirlos de forma inmediata.

OBS: China amenaza la hegemonía de EEUU

Por su parte, el informe Escenarios y tendencias geopolíticas que cambiarán el mundo en 2026, dirigido por el profesor de Entorno económico global de OBS Business School (grupo Planeta Formación y Universidades),   Eduardo Irastorza, defiende que "vivimos en el mundo la confrontación de dos modelos económicos: uno ultraliberal, con Argentina o EEUU como claros ejemplos, y otro decididamente intervencionista, con Rusia y China como sus máximos exponentes". Rusia y China, junto a Brasil o India, entre otras naciones, forman los llamados BRICS, "la más poderosa alianza del mundo, con unas cifras apabullantes que sacan los colores a las envejecidas economías y poblaciones occidentales. Juntos, estos países representan más de un tercio de la población mundial; son las economías con mayor crecimiento y más futuro y tienen las mayores reservas energéticas y minerales; además son unos poderosos generadores de tecnología avanzada. Si estos países estuviesen de acuerdo en todo, el mundo tendría que seguir su dictado; pero no es así y el resto de las potencias harán lo imposible para que así siga siendo".

China es hoy socio comercial preferente del mayor número de países de la Tierra, tiene la mayor flota comercial y una completa red de enclaves estratégicos para controlar su circulación tanto para su “Ruta de la Seda”, como para su “Collar de Perlas”.

EEUU es consciente de que su hegemonía está siendo amenazada y la va a defender cueste lo que cueste. Este es el motivo real de sus intervenciones en diferentes partes del mundo. En Latinoamérica, con la detención de Nicolás Maduro en Venezuela, sus interferencias en la política mexicana o la manutención económica de Argentina; todo ello en búsqueda de los recursos de petróleo, gas y minerales raros tan vitales para su reconquista delos mercados.

Europa por su parte es considerado por el presidente Trump su vasallo, y se aprovecha de la desunión de los miembros en campos tan importantes como el armamento o los bloqueos comerciales. Dinamarca es hoy el centro de la diana por su soberanía sobre Groenlandia, una isla vital para EEUU, China y Rusia no solo por sus enormes recursos sino también por su estratégica posición en la ruta del Ártico, que quieren desbloquear para ahorrar miles de kilómetros a los buques mercantes. Rusia cuenta con veinte rompehielos nucleares capaces de hacerlo; EEUU solo tiene uno. 

El resto de Europa es para Trump prácticamente inexistente. Francia ha reducido prácticamente a nada su peso internacional a pesar de su tradicional sentido de la autosuficiencia, y no sería de extrañar que EEUU quiera quedarse con las pocas islas del Pacífico Sur que todavía posee. Hungría, junto a otros países del Este, planta cara a los del oeste cada vez de manera más descarada y habla directamente con el presidente norteamericano. Y Ucrania puede servir a EEUU de moneda de cambio a la hora de contar con el apoyo de Rusia cara a un posible enfrentamiento con China.

En Oriente Medio, el cierre del estrecho de Ormuz debido a la guerra en Irán provocará la escasez de petróleo en Occidente (el 20% de la producción mundial pasa por él) y por tanto un aumento de los precios, que ya está ocurriendo. En estas circunstancias EEUU busca controlar toda la producción que queda, incluida la de Venezuela, y determinar los precios en todo el mundo. Además, obligará a que las transacciones se realicen en dólares. 

En el Lejano Oriente, EEUU sigue empleando Taiwan como su gran portaviones en el Mar de la China Meridional, pero sabe que tarde o temprano tendrá que ceder a las exigencias de Xi Jinping. Eso sí, no será antes de que haya conseguido su propia autonomía en producción de chips. El posible conflicto con China está ahora mucho más al norte, en el Ártico, y también mucho más al sur, en Myanmar.

Además, las guerras militares tradicionales ya no existen. Las batallas de hoy tienen lugar sobre todo en el terreno económico, el terrorismo, el ciberespacio y la manipulación de la opinión pública. El objetivo es el colapso del enemigo a todos los niveles: la inutilización de sus armas, la destrucción de su economía, la desaparición de su dinero, la paralización de todas sus estructuras, el desabastecimiento energético… y todo ello a solo un “click” de distancia. ¿Para qué romper algo valioso que puede ser tuyo? ¿Para qué robar fondos si los puedes transferir?¿Para qué matar gente si la puedes poner de rodillas?

El gasto militar orientado al ciberespacio se ha disparado en la última década y crece aritméticamente. De hecho, es la partida que más aumenta. Ya se han producido incluso maniobras para tantear el colapso de bolsas internacionales. Hace unos años, Israel destrozó con un ataque cibernético todas las centrifugadoras de uranio en Irán. Sencillamente las volvió locas con un troyano y además sin levantarse de su silla. Definitivamente, la “guerra virtual” es el futuro y la inmensa mayoría no estamos preparados para ella.

En el nuevo y difícil contexto, empresas como de Musk, Palantir de Thiel, Microsoft de Gates o Amazon de Bezos son las que sostienen los mercados financieros y reparten los mayores beneficios. Estos personajes poseen información de absolutamente todo el mundo y consideran la legalidad como una línea de defensa que pretende proteger a los que no entienden “su extraordinaria misión”. Por el momento, Trump juega a entenderse con ellos, pero mira con sospecha sus intenciones.

28Feb

La política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos.

Miguel Ángel Valero

China es la mayor beneficiaria del fallo judicial estadounidense contra los aranceles basados en la ley de poderes económicos de emergencia (IEEPA), asegura un análisis de Natixis CIB. El fallo de la Corte Suprema de EEUU (SCOTUS) ha vuelto a generar conmoción en medio de incertidumbres geopolíticas inexploradas, pero aún puede ser prematuro celebrar un mundo con aranceles más bajos. Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares, lo que puede brindarle mayores ventajas. Para otros mercados, la reducción de la brecha plantea la cuestión de si tal compromiso vale la pena y cuáles serían sus posibles beneficios. 

En el nuevo escenario, China será la mayor beneficiaria, ya que el arancel efectivo estadounidense se reducirá un 15,6 % (del 36,8 % al 21,2 %). Con la medida de la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: del 9,9% con un arancel adicional del 10%, o del 7,1% con un arancel adicional del 15 %. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, por lo que los exportadores chinos o los importadores estadounidenses anticiparán sus envíos. 

Un factor de retroceso podría ser el ya reducido comercio directo entre EEUU y China. La exposición de EEUU a las exportaciones chinas ya ha disminuido del 19% en 2018 al 11% en 2025. La proporción también se redujo del 21% al 9% durante el mismo período para las importaciones estadounidenses procedentes de China. 

Suponiendo que los aranceles persistan y puedan cambiar pronto, las empresas chinas continuarán con su estrategia de globalización y utilizarán sus instalaciones de producción en el extranjero para ingresar al mercado estadounidense. 

Se espera que Japón termine enfrentando una tasa arancelaria efectiva ligeramente mayor debido a la decisión de la Corte Suprema de EEUU. Sin embargo, es probable que el efecto general en Japón sea marginalmente positivo, ya que se espera que el efecto indirecto de un mayor comercio mundial impulse las exportaciones. Para los mercados asiáticos (excluyendo China) en general, el impacto puede ser desigual debido a las menores ventajas sobre China y a la incertidumbre en torno a la inminente caja negra de los aranceles sectoriales bajo la Sección 232.

China mantiene una importancia moderada en los seis sectores reportados como objetivo, especialmente en baterías y telecomunicaciones. Esto refleja el objetivo de aumentar los aranceles en sectores estratégicos para reducir la exposición de EEUU a China y reactivar la manufactura. Por lo tanto, a pesar del fallo judicial, las corrientes geopolíticas persistirán y el comercio mundial no volverá a la normalidad. El impacto en Asia aún es incierto, en función de hasta dónde llegue EE. UU. con los aranceles sectoriales y de si existen exenciones preferenciales. Las futuras reacciones de Trump podrían empeorar la situación de China si se imponen grandes aranceles sectoriales. 

Si bien Trump ha alcanzado múltiples acuerdos comerciales, el fallo de la Corte Suprema ha vuelto a generar una conmoción en la nueva normalidad de incertidumbres geopolíticas inexploradas. Dado que el uso por parte de Trump de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional está ahora restringido, los aranceles recíprocos a nivel mundial y los adicionales relacionados con el fentanilo aplicados a China se consideran inválidos. Trump ha respondido invocando la Sección 122 para imponer aranceles adicionales (actualmente un 10%, con la posibilidad de aumentar al 15%) y ha amenazado con imponer aranceles sectoriales. Por tanto, puede ser demasiado pronto para celebrar un mundo con aranceles más bajos. 

Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares regionales, lo que puede brindarle mayores ventajas. Otros mercados han obtenido condiciones variadas y más favorables que China mediante diferentes promesas, incluyendo la inversión en EEUU. La reducción de la brecha ahora plantea la pregunta de si tal compromiso vale la pena para recuperar los beneficios relativos originales. 

China se ha enfrentado a las condiciones arancelarias más desfavorables desde el inicio de la guerra comercial. Esta decisión la convertirá en la mayor beneficiaria al aumentar sus exportaciones a EEUU. Según estimaciones de Global Trade Alert, la tasa arancelaria efectiva de EEUU sobre los productos chinos se reducirá un 15,6% (del 36,8 % al 21,2 %) con la eliminación de los aranceles de la IEEPA. Con la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: un 9,9 % con un arancel adicional del 10 %, o un 7,1 % con un arancel adicional del 15 %. La nueva tasa arancelaria efectiva se mantendrá vigente durante los próximos 150 días.

A pesar de la reducción, China sigue siendo el país con los aranceles más altos entre sus principales competidores, lo que significa que el impacto de la reducción será mayor. Bajo los dos escenarios arancelarios de la Sección 122, con tasas adicionales del 10% y el 15%, la tasa arancelaria efectiva promedio global impuesta por EEUU disminuye solo un 3,8% y un 2,2%, respectivamente. Si los aranceles temporales expiran después de 150 días, la ventaja de China volverá a una reducción del 15,6%, superior a la caída mundial del 7%. En ambos casos, China emerge como un beneficiario relativo significativo. 

Pero el panorama más allá de los 150 días sigue siendo muy incierto. Dado el estado actual de las relaciones entre EEUU y China, la posibilidad de que la administración busque medidas alternativas para restablecer los aranceles sobre China a niveles cercanos a sus niveles originales es alta. Este último escenario colocaría a China de nuevo en la posición desventajosa anterior. Por supuesto, cualquier decisión de este tipo también se vería influenciada por diversos factores, como la tasa de inflación estadounidense en ese momento.

Bajo el marco arancelario actual, los exportadores chinos tienen una ventana de oportunidad relativamente segura de menos de 150 días. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, y estas incertidumbres incentivarán a los exportadores chinos o a los importadores estadounidenses a predistribuir sus productos para aprovechar los aranceles más bajos. Estas actividades pueden impulsar temporalmente el crecimiento económico a corto plazo de China, especialmente en el primer semestre de 2026.

The Trader: la incertidumbre es más alta que los propios aranceles

Para el analista Pablo Gil, la sentencia del Tribunal Supremo que declara ilegales los aranceles impuestos por Donald Trump bajo la IEEPA "es, sin duda, la derrota más dolorosa de su segundo mandato". Seis de los nueve magistrados han dejado claro algo esencial: fijar aranceles es una competencia del Congreso, no del presidente.

"Pero la gran pregunta no es jurídica. Es económica y política. Porque el fallo no elimina todos los aranceles", avisa en The Trader. Solo tumba los aplicados mediante la IEEPA: los dirigidos a China, México y Canadá con el argumento del fentanilo y los llamados “recíprocos” de abril, que castigaban más a quien más exportaba a EEUU. Siguen en pie los sectoriales (acero, aluminio, automóviles) y cualquier otro que se ampare en leyes distintas. A Trump le han bastado unas pocas horas para reaccionar a la sentencia del tribunal. Activó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 e impuso un arancel global del 10%, que al día siguiente elevó al 15%, aunque solo puede mantenerlo 150 días sin pasar por el Congreso. Es una vía inédita, jurídicamente discutible y, casi con toda probabilidad, carne de nuevos recursos.

Pero merece la pena hacer una segunda lectura del fallo judicial. El Supremo limita la capacidad del presidente para usar los aranceles como arma inmediata de presión geopolítica. Sin embargo, algunos analistas sostienen que el fallo puede ser, paradójicamente, un regalo político. La sentencia ofrece a la Casa Blanca una oportunidad para recalibrar una política impopular entre los votantes preocupados por la inflación. Si el coste político empezaba a ser alto, ahora existe un “culpable institucional” al que atribuir el giro.

Mientras tanto, el mundo observa. El Parlamento Europeo ha congelado la ratificación del acuerdo entre la UE y EEUU hasta tener claridad jurídica. Francia habla de “adaptarse”, Alemania insiste en mantener una posición unida y Brasil asegura que el nuevo 10% no afectará a su competitividad. Corea del Sur subraya que su marco general de exportaciones se mantiene intacto.

Al margen de los comentarios internacionales de cada país, la realidad común es que hay más incertidumbre que antes. Y se da la paradoja de que muchos países que negociaron acuerdos bajo la amenaza de aranceles del 20% o 40% ahora se encuentran con un 10% general. A la espera de nuevos movimientos por parte de Trump, sienten que de momento han salido ganando. Mientras otros dudan sobre la validez política de compromisos firmados bajo presión.

Y luego está realmente 'el elefante en la habitación': los reembolsos. Si los tribunales inferiores obligan a devolver lo recaudado bajo la IEEPA, hablamos de hasta 170.000 millones$. Las empresas importadoras (no los consumidores) serían las beneficiarias. El proceso puede durar años de pleitos en tribunales. Y mientras tanto, la frontera comercial puede convertirse en un laberinto administrativo.

En el plano fiscal, el impacto es relevante. La Administración Trump esperaba recaudar billones en la próxima década gracias a los aranceles. Si la mitad de esos ingresos desaparece o se retrasa, el déficit se tensiona aún más en un país con deuda creciente y presupuestos bloqueados en el Congreso.

En términos macroeconómicos, la cuestión clave es otra: incluso con el fallo, el arancel efectivo medio seguirá muy por encima del 2% previo al regreso de Trump. Lo que está claro es que la política comercial no desaparece. Se transforma, se adapta y busca nuevas vías legales para seguir adelante.

El Supremo ha puesto límites formales al poder presidencial, pero no ha cerrado la etapa de tensión comercial. Lo que cambia es la forma, no el fondo. Pasamos de la discrecionalidad casi instantánea a un proceso más fragmentado, más litigioso y probablemente más caótico. El riesgo ha pasado de ser el nivel del arancel impuesto, a la falta de previsibilidad de qué será lo siguiente que sorprenda a empresas y consumidores. Y cuando no se sabe cuál será la regla dentro de seis meses, se producen retrasos en las decisiones, las inversiones y la contratación.

"En economía, la incertidumbre es un impuesto invisible. Y hoy, ese impuesto es más alto que el propio arancel", advierte este experto.

Trump empuja al mundo hacia China

Pero hay otro efecto de los aranceles de Trump. Durante décadas, la arquitectura económica y política internacional giró en torno a EEUU. Sus aliados orbitaban con naturalidad alrededor de Washington. La relación transatlántica era el eje. China era, en el mejor de los casos, la fábrica del mundo; en el peor, un socio incómodo. Ese equilibrio está cambiando. Y no solo por el ascenso estructural de Xi Jinping, sino también por las decisiones de Donald Trump.

En los últimos meses hemos visto un desfile constante de líderes occidentales por Pekín: Emmanuel Macron, Keir Starmer, Mark Carney, Friedrich Merz. Todos ellos representantes de países históricamente alineados con Washington. No es una anécdota diplomática. Es un cambio de fondo.

Mientras Trump ha tensado la cuerda con amenazas arancelarias, presión sobre el gasto en defensa y un discurso abiertamente transaccional con sus socios, Pekín ha optado por el mensaje contrario: estabilidad, multilateralismo y acceso a su mercado de 1.400 millones de consumidores. Donde Washington introduce incertidumbre, China ofrece previsibilidad. Donde EEUU levanta barreras, China tiende puentes comerciales.

Europa necesita exportar. Canadá necesita diversificar. Reino Unido busca oxígeno para su sector financiero y tecnológico. Y China, con su control de cadenas clave (baterías, paneles solares, tierras raras) sabe que tiene poder de negociación.

La ofensiva no es solo comercial. Es geopolítica. Pekín impulsa su propia arquitectura internacional, refuerza los BRICS y promueve una narrativa de “no injerencia” que seduce especialmente al Sur Global. Pero ahora también empieza a calar en el Norte. Las encuestas internacionales reflejan que la percepción de China mejora mientras la de EEUU se deteriora. No porque el modelo político chino resulte más atractivo, sino porque la volatilidad estratégica estadounidense genera fatiga. Los aliados quieren certidumbre. Y el comercio global odia la imprevisibilidad.

Paradójicamente, la política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos. No significa que Europa o Canadá vayan a romper con EEUU. Significa que están diversificando riesgos. Y cuando un aliado empieza a diversificar, es porque percibe vulnerabilidad en el liderazgo central. 

Estamos entrando en un mundo menos unipolar y más competitivo. El centro de gravedad ya no está en un solo lugar. Y la política exterior basada en la presión constante tiene un efecto secundario evidente: empuja a tus socios a buscar alternativas.

En economía y en geopolítica, la confianza es un activo estratégico de los más valiosos. Se tarda décadas en construirla y muy poco en erosionarla. Si EEUU continúa utilizando el comercio como arma permanente, puede ganar batallas arancelarias a corto plazo. Pero corre el riesgo de perder algo mucho más importante: la lealtad estructural de sus aliados.

20Feb

“Me avergüenzo de los jueces que votaron en contra; son una vergüenza para nuestro país, porque se dejaron influir por intereses extranjeros y no han tenido el coraje de hacer lo correcto”, proclama Trump horas después del fallo del Supremo, que tacha de “profundamente decepcionante”.

Miguel Ángel Valero

El día, que empezó mal para Trump al constatarse que los aranceles no han  servido para frenar el deterioro del déficit comercial de EEUU, termina peor, con un abrumador fallo de 170 páginas del Tribunal Supremo, anulando los los llamados aranceles recíprocos, aprobados por el presidente el 2 de abril de 2025 (pomposamente autoproclamado como Día de la Liberación Arancelaria) invocando la ley de poderes de emergencia de 1977 (IEEPA son sus siglas en inglés).

El argumento aprobado por seis votos a favor y tres en contra por los jueces del Supremo, es demoledor: “El Presidente ejerce la facultad extraordinaria de imponer unilateralmente aranceles de monto, duración y alcance ilimitados. Considerando la amplitud, la historia y el contexto constitucional de dicha facultad, debe identificar una autorización clara del Congreso para ejercerla”. Por tanto, "sostenemos que la IEEPA no autoriza al Presidente a imponer aranceles”.

La IEEPA fue aprobada por Jimmy Carter para limitar el poder presidencial en materia de economía exterior tras los intentos de Richard Nixon de saltarse las normas. En ese casi medio siglo de vida nunca fue utilizado para imponer aranceles.

La consecuencia es que EEUU puede tener que afrontar la devolución de hasta 175.000 millones$.

"Una vergüenza para nuestro país"

“Me avergüenzo de los jueces que votaron en contra; son una vergüenza para nuestro país, porque se dejaron influir por intereses extranjeros y no han tenido el coraje de hacer lo correcto”, proclama Trump horas después del fallo del Supremo, que tacha de “profundamente decepcionante”.

“Con efecto inmediato, todos los aranceles de seguridad nacional bajo la Sección 232 y los aranceles existentes bajo la Sección 301, están vigentes. Siguen vigentes, plenamente vigentes y en pleno vigor. Firmaré una orden para imponer un arancel global del 10% bajo la Sección 122, además de los aranceles habituales que ya se aplican. Además, estamos iniciando varias investigaciones bajo la Sección 301 y otras para proteger a nuestro país de las prácticas comerciales desleales de otros países y empresas”, anuncia.

El artículo en el que Trump se apoya para esa nueva tasa global permite imponerla durante 150 días, mientras recibe la aprobación de Congreso.

Los aranceles no frenan el deterioro del déficit comercial

En cualquier caso, y a pesar de los aranceles, el déficit comercial de EEUU está lejos de corregirse. En el conjunto de 2025, se situó en -901.500 millones$, prácticamente el mismo que en 2024 (-903.532 millones). Se evidencia que la guerra arancelaria desatada por Donald Trump no han frenado el déficit comercial. 

Este saldo negativo se explica por un déficit de la balanza comercial de bienes, que alcanzó un máximo histórico de 1,24 billones, un aumento del 2,1%. Es el mayor déficit comercial de la historia. En los servicios, EEUU sí logró un superávit (339.472 millones de saldo positivo), lo que supone un incremento de casi el 9% frente a 2024. 

Las compras al exterior (bienes y servicios) ascendieron a 4,33 billones, un crecimiento del 4,8% frente al año previo, y las exportaciones también marcaron un récord con un volumen total de 3,43 billones, un 6,2% más. 

El déficit comercial con China bajó hasta -202.000 millones$ (295.510 millones en 2024), su menor nivel desde 2004, pero se dispararon las compras a Taiwán y el déficit prácticamente se duplicó alcanzando -146.760 millones.

En el caso de Canadá, el déficit comercial cayó (-46.440 millones$ vs. -61.980 millones en 2024), y aumentó el saldo deficitario con México (-196.910 millones$ vs. -171.490 millones del año previo).

En diciembre de 2025, llama la atención el fuerte crecimiento de las importaciones de bienes de capital, 5,5% mensual, que eleva el crecimiento interanual de las importaciones hasta el +28,1%, un indicador que apunta a que la inversión empresarial comenzará con un elevado dinamismo en 2026. Además, uno de los segmentos con mayor dinamismo fueron las importaciones de tecnología (ordenadores y electrónica) que avanzaron un 8,1%, reflejando la expansión de la infraestructura relacionada con la inteligencia artificial.

Por otra parte, las peticiones de subsidio por desempleo en la última semana bajaron más de lo esperado y se situaron en 206.000, por debajo de las 229.000 previas y superando las previsiones, siendo este dato acorde con una economía con un bajo nivel de despidos. 

En cambio, decepcionó el índice de indicadores adelantados al caer un 0,2% mensual y mantenerse así en terreno de contracción, aunque se trataba de un dato relativo a diciembre. Frente a ello, en febrero de este año el índice de confianza empresarial de la Fed de Filadelfia repuntó hasta 16,3 desde el 12,6 previo.

Los aranceles tampoco sirven para estimular la economía de EEUU. El PIB creció un 2,2% durante 2025, seis décimas menos que en 2024, el último año de Joe Biden en la Casa Blanca (2,8%), aunque hay que tener en cuenta el cierre de la Administración más prolongado de la historia del país, 43 días, en el cuarto trimestre (0,4%, frente al 1,1% del tercero).

Además, en el primer año del segundo mandato de Trump han desaparecido 250.000 puestos de trabajo en la Administración federal. 2025 ha sido el peor año excluyendo los periodos de recesión.

Ultimátum a Irán

Mientras tanto, las tensiones en Oriente Medio han escalado con fuerza tras el ultimátum de Trump a Irán, al que concedió entre 10 y 15 días para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear. Considerando la importancia del país de los ayatolás en el mercado del crudo –es el sexto mayor productor a nivel global con casi 3,5 millones de barriles diarios– y su peso en el suministro de China –un 11% de las compras del gigante asiático provienen de Irán–, la cotización no ha tardado en reaccionar. El petróleo opera ahora en máximos de seis meses, acumulando un avance superior al 6% en el cómputo semanal.

En paralelo, la acumulación militar en la región se ha intensificado hasta niveles que superan el despliegue previo a la invasión a Irak en 2003 y eclipsa el incremento de fuerzas que Trump ordenó frente a las costas de Venezuela semanas atrás. Todo esto hace pensar en la posibilidad de una campaña más extensa, aunque es un escenario que los analistas consideran poco probable, y que generaría presiones adicionales sobre el precio de la energía, un riesgo incómodo para Trump que encara las elecciones de mitad de mandato con las encuestas en su contra. 

Los mercados ven más factible una intervención militar limitada y selectiva, similar a la de junio de 2025 sobre las instalaciones nucleares de Irán, aunque en esta ocasión con un impacto acotado en el petróleo. El objetivo es llevar a Teherán a la mesa de negociación.

El FMI 'regaña' a China

Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha instado a China a recortar las subvenciones públicas destinadas a sus sectores estratégicos. Según sus estimaciones, estos apoyos ascienden al 4% del PIB, y deberían reducirse a alrededor del 2% en el medio plazo. La cifra contrasta con el 1,5% que, en promedio, destinan los países de la Unión Europea. 

El informe del FMI reconoce que esta política industrial ha impulsado avances tecnológicos, pero concluye que, en conjunto, su impacto macroeconómico ha sido negativo. En los últimos años, China ha recurrido a las exportaciones de estos sectores como motor para sostener la actividad ante la debilidad de la demanda interna. 

Las autoridades chinas rechazan las conclusiones del FMI y sostienen que sobreestima la cuantía de los subsidios.

18Feb

La producción mundial de estaño refinado crecerá un 3% en 2026 (tras un+2% en 2025), insuficiente para compensar el aumento previsto del 3,5% de la demanda. A largo plazo, el agotamiento de los yacimientos existentes y la falta de nuevas inversiones mineras amenazan la estabilidad de toda la cadena de valor.

Miguel Ángel Valero

Desde principios de año, el estaño ha experimentado el mayor aumento de precio entre los metales no ferrosos, con un incremento del 70% interanual, hasta alcanzar los 50.000$ por tonelada. Esta volatilidad de los precios responde, según el último análisis de Coface, a las presiones especulativas vinculadas a las bajas existencias en las principales Bolsas de metales (LME, SHFE). 

El estaño es un metal clave para la industria electrónica (en el que la soldadura representa por sí sola el 50% de la demanda mundial), que se está beneficiando enormemente de las transiciones energética y digital. Sin embargo, el crecimiento de la oferta sigue siendo limitado, especialmente en la República Democrática del Congo y Myanmar, lo que se prevé que provoque un déficit de suministro durante este año, el primero desde 2021.

“No hay duda de que la demanda de tecnologías basadas en datos impulsa la reciente subida de los precios del estaño. Esperamos que los precios medios se sitúen en torno a los 45.000 dólares estadounidenses por tonelada (+40% interanual) durante la primera mitad del año”, afirma Simon Lacoume, economista sectorial de Coface.

El encarecimiento del estaño se enmarca en una tendencia más amplia. Metales no ferrosos como el cobre, el aluminio o el níquel también registran fuertes subidas en los últimos meses, con una marcada aceleración en enero. El índice LME ha aumentado un 34% interanual, frente al 6% registrado el año anterior. Aunque la transición energética está respaldando esta tendencia, la digital -que requiere grandes volúmenes de metales-, combinada con las presiones especulativas, está reforzando aún más esta dinámica.

Tras el aumento de los precios del cobre, los efectos especulativos se han amplificado y han acentuado la tendencia al alza de los precios de otros metales, incluido el estaño. Además, las bajas existencias del mercado en 2025 y los niveles relativamente bajos de las principales Bolsas también han contribuido al aumento de los precios en los últimos meses. La reposición de existencias en un contexto de precios al alza ha amplificado el repunte de enero, aunque se espera que la volatilidad se modere a medida que disminuya la especulación.

A largo plazo, se espera que la demanda de estaño siga aumentando, impulsada por el incremento procedente de los componentes electrónicos, semiconductores y las infraestructuras de almacenamiento de datos (que consumen grandes cantidades de metales). Según el último informe de SEMI, los envíos mundiales de obleas de silicio —clave para la fabricación de semiconductores— crecerán un 5,2% interanual en 2026, hasta los 13.500 millones de pulgadas cuadradas (tras un +5,4 % en 2025). La innovación tecnológica podría mejorar la eficiencia, pero no lo suficiente para compensar la creciente demanda impulsada por la digitalización.

Las perspectivas de suministro, sin embargo, son limitadas. Se prevé que la producción mundial de estaño refinado crezca un 3% en 2026 (tras un+2% en 2025), insuficiente para compensar el aumento previsto del 3,5% de la demanda este año. Como resultado, se espera que el mercado pase a ser deficitario este año, una situación que podría prolongarse en los próximos ejercicios.

A largo plazo, el agotamiento de los yacimientos existentes y la falta de nuevas inversiones mineras amenazan la estabilidad de toda la cadena de valor. China representa el 50% de la producción mundial de estaño refinado y se prevé que mantenga un crecimiento sólido (+5 % en 2026), ya que este metal sigue siendo un activo estratégico en la búsqueda de la autosuficiencia en materia de infraestructura de gestión de datos. Por el contrario, la producción en Indonesia (el segundo mayor productor mundial de estaño) podría disminuir un 2% en 2026 (tras un -1 % el año anterior), dadas las restricciones normativas y la creciente aversión a los proyectos mineros.

La principal vulnerabilidad radica en el suministro de mineral de estaño, en particular, el procedente de la República Democrática del Congo y Myanmar, que juntos representan el 20 % de la producción mundial y el 60 % de las importaciones chinas de mineral de estaño. En Congo los frecuentes enfrentamientos entre las fuerzas rebeldes del M23 y el ejército regular congoleño están teniendo un impacto negativo en las operaciones mineras en Kivu del Norte y perturbando regularmente la minería, sobre todo en la mina de Bisie (casi el 6 % de la producción mundial). En Myanmar, una serie de incertidumbres operativas siguen limitando la extracción de estaño a niveles inferiores a las previsiones originales del mercado.