Miguel Ángel Valero
La dinámica de la denominada “destrucción creativa” de la inteligencia artificial (IA)continúa manifestándose en los mercados con ejemplos más allá del sector del software. El caso más reciente es el de la gestora y consultora inmobiliaria CBRE, que retrocedió un -12% en Bolsa a pesar de los buenos resultados, precisamente por la posible disrupción de la IA en su negocio.
El mercado se encuentra en modo “vende primero y pregunta después”, ya que resulta precipitado calibrar el impacto real en modelos de negocio tan diversos y se anticipan consecuencias sin evidencias empíricas.
No obstante, estos movimientos bruscos pueden representar oportunidades atractivas para la gestión activa, que además cuenta con el apoyo de una menor concentración en los retornos gracias a una ampliación en la base del crecimiento de beneficios: se espera que el 90% de las compañías del S&P 500 registre incrementos en ganancias en 2026, frente al 60% promedio de los últimos tres años.
Pero ese dato contrasta con este otro: solo el 30 % de los consejeros delegados de las empresas confía en el crecimiento de ingresos en 2026. Hace un año era el 38 %, en 2022 era el 56 %. "La caída no es solo macro. Es estructural", señala un análisis de The Trader sobre el último Global CEO Survey de PwC, que dibuja un escenario incómodo para muchas compañías: años invirtiendo en transformación digital y en inteligencia artificial… pero con retornos todavía muy desiguales y que pueden serlo más porque la IA se ha convertido en una línea divisoria.
Solo 12% de CEO dice que la IA ya ha generado beneficios en costes y en ingresos; 3 de cada 10 ve mejoras parciales, y más de la mitad no ve un impacto financiero relevante.
Las empresas que han integrado IA de verdad (en producto, decisión estratégica y experiencia cliente) están siendo los grandes beneficiados. La IA no está fallando, pero sí está ya exponiendo quién sabe ejecutarla… y quién no. El informe de la consultora muestra cómo los CEO están gestionando un entorno cada vez más hostil entre aranceles, riesgos del ciberespacio y la geopolítica. Curiosamente, la inflación deja de ser el centro del miedo; ahora a los que más asusta a los que dirigen es quedarse atrás estructuralmente. Y tal vez por ello más del 40% de empresas ya compiten en sectores nuevos.
La tecnología es el principal destino de expansión. Pero el problema con el que muchas empresas se encuentran a la hora de hacer negocios es la ejecución y el tiempo; los CEO pasan casi la mitad de su tiempo abordando problemas del próximo año y solo un 16 % dedicado a tomar decisiones en el medio plazo.
"2026 puede ser el año en el que el mercado deje de premiar el discurso de transformación… y empiece a premiar solo la ejecución real. La ventana para capturar el valor de la IA se está estrechando y las compañías que ganen esta década no serán las que experimentaron más. Serán las que apostaron antes, integraron mejor y ejecutaron con convicción", subraya el analista Pablo Gil.
SAS: un problema de confianza
En este contexto, un estudio de SAS realizado en el seno del sector asegurador demuestra que éste confía más en la IA generativa que en la tradicional, pero no siempre se invierte lo suficiente en gobernanza para que esa confianza esté justificada. El Informe sobre el impacto de la IA y los datos: La confianza como clave explica cómo, en un escenario marcado por el rápido avance de la tecnología, la confianza sigue siendo un territorio complejo y lleno de retos. Y precisamente por eso, en un momento donde se espera que la IA impulse el valor de negocio, las aseguradoras deben resolver los desafíos vinculados a la gobernanza, calidad del dato y madurez de las infraestructuras para alcanzar todo su potencial.
Óscar Saavedra, Consulting Manager de SAS para España, afirma: “La IA es un imperativo para las empresas, pero no es una píldora mágica. Para que genere valor en toda la organización, es necesario el talento, pero también datos fiables y conectados. Las aseguradoras que integren la IA en sus operaciones y establezcan la gobernanza necesaria para desplegar una IA segura y responsable a escala ganarán una ventaja competitiva en crecimiento, innovación y creación de valor para sus clientes”.
El informe identifica patrones que apuntan a un enfoque prudente del sector frente a la IA, en comparación con otros como la Administración Pública o la banca. Solo el 7% de las aseguradoras se considera “transformadora” (el porcentaje más bajo del conjunto) y el 14% mantiene infraestructuras de datos en silos, lo que frena la innovación y la adopción a nivel corporativo.
Además, sorprende que solamente un 8% prevé aumentar el gasto en IA un 20% o más en el próximo año; cerca de un 60% espera incrementos de entre el 4% y el 20%. Alrededor de un tercio anticipa subidas menores (3% o menos) o incluso reducciones. Al mismo tiempo, existen brechas de confianza: más del 40% se sitúa en escenarios de infrautilización (baja confianza en sistemas fiables) o dependencia excesiva (alta confianza en sistemas no probados).
Estos porcentajes, lejos de ser desalentadores, indican que las aseguradoras buscan una base de datos sólida para aplicar estas tecnologías emergentes de manera que aporten valor además de eficiencia. El 51% afirma carecer de una gobernanza de datos eficaz y el mismo porcentaje señala que sus bases de datos no están centralizadas u optimizadas. También combinar las herramientas emergentes con un equipo humano capaz de supervisar y acompañarlas, ya que el 44% percibe escasez de talento especializado en IA.
Kathy Lange, Research director, AI and Automation Practice (IDC), añade: “Nuestra investigación muestra que la industria aseguradora está en línea con otros sectores a la hora de ofrecer una IA fiable. Sin embargo, en lo relativo a la madurez de la IA y de las infraestructuras de datos, las aseguradoras se quedan atrás”.
A medida que las aseguradoras evolucionen hacia una mayor madurez, el foco tenderá a desplazarse hacia casos de uso con mayor impacto en crecimiento. El estudio de SAS indica que las iniciativas orientadas exclusivamente a reducir costes son las que ofrecen menor retorno dentro de los usos de IA analizados. Entre las principales oportunidades destacan la mejora de la experiencia de cliente, la expansión de cuota de mercado y el refuerzo de la resiliencia.