08Mar

EEUU no sostiene solo a Europa. Europa sostiene buena parte de la capacidad operativa global de Estados Unidos. Y en un mundo cada vez más inestable, romper ese equilibrio no debilitaría solo a una orilla del Atlántico. Debilitaría a ambas.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump suele transmitir una idea muy clara: sin EEUU, la OTAN no es nada. Y es cierto que la capacidad militar norteamericana (en presupuesto, tecnología y poder de fuego) no tiene comparación dentro de la Alianza. Pero la pregunta incómoda es otra, para el analista Pablo Gil en The Trader: ¿qué sería de EEUU sin su red militar en Europa?

La actual guerra de Oriente Medio, iniciada por los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán, pone en evidencia que la relación no es de dependencia unilateral. Es de interdependencia estratégica. Hoy EEUU mantiene alrededor de 85.000 soldados en el continente europeo, distribuidos en más de 30 bases permanentes y decenas de instalaciones con acceso rotacional o logístico. No hablamos solo de presencia simbólica. Hablamos de una red operativa que convierte a Europa en la gran plataforma de lanzamiento del poder militar estadounidense hacia Oriente Próximo, África y el Ártico.

La base de la Base Aérea de Ramstein es el principal hospital militar para las operaciones del Mando Central estadounidense. Desde la Base Naval de Rota operan destructores clave en el escudo antimisiles. RAF Lakenheath en Reino Unido y Base Aérea de Morón en España son escalas fundamentales en cualquier despliegue hacia Oriente Próximo.

Cuando Washington ha protegido el espacio aéreo de Israel, cuando ha desplegado fuerzas para rodear a Irán o cuando ha proyectado poder hacia África, lo ha hecho apoyándose en esa infraestructura europea. Sin ella, el tiempo de respuesta no sería cuestión de días. Sería de semanas.

Un informe del Center for Strategic and International Studies advertía en 2024 que, en caso de perder el acceso a bases en Reino Unido, España o Italia, Estados Unidos tendría enormes dificultades para controlar el Atlántico en un escenario de conflicto europeo. No es un detalle menor. Es arquitectura estratégica.

Además, el cuartel general del Mando Africano de EEUU está en Stuttgart. La protección de aliados en Oriente Próximo pasa por corredores logísticos europeos. Incluso la creciente relevancia del Ártico, con el deshielo acelerado, incrementa el valor geopolítico del continente como plataforma avanzada.

Trump ha amenazado con relativizar el Artículo 5 de la OTAN. Eso tensiona la alianza políticamente. Pero nunca ha hablado seriamente de abandonar las bases. Porque el Pentágono sabe que las necesita. Y aquí está el punto clave: Europa no puede usar las bases como herramienta de presión, porque su seguridad depende en buena medida de la garantía estadounidense. Pero Estados Unidos tampoco puede prescindir de ellas sin asumir un coste operativo enorme.

Si Washington perdiera acceso a esa red logística: 

  • Su capacidad de disuasión en Eurasia se debilitaría.
  • Su tiempo de reacción ante crisis en Oriente Próximo aumentaría significativamente.
  • Su control estratégico del Atlántico se resentiría.
  • Su proyección hacia África y el Ártico sería más lenta y cara.

La OTAN no es solo un paraguas defensivo para Europa. Es la columna vertebral logística de la proyección global estadounidense. Durante décadas, esta interdependencia ha sido tan estable que casi nadie la cuestionaba. Hoy, en un mundo más fragmentado y con tensiones comerciales crecientes, el debate empieza a aflorar. Pero sigue sin plantearse en toda su profundidad.

Trump puede utilizar la OTAN como herramienta de presión política, pero la realidad estratégica es más tozuda que el discurso. Estados Unidos no sostiene solo a Europa. Europa sostiene buena parte de la capacidad operativa global de Estados Unidos. Y en un mundo cada vez más inestable, romper ese equilibrio no debilitaría solo a una orilla del Atlántico. Debilitaría a ambas.

07Mar

El déficit en 2026 se situará en el 5,8 % del PIB. En 2028, en el 6 %. Y en 2036 alcanzará el 6,7 %. La media de los últimos 50 años ha sido del 3,8 %. Además, el déficit superará el 5,6 % del PIB durante más de cinco años consecutivos, algo que no ocurría desde que existen registros.

Miguel Ángel Valero

La Oficina Presupuestaria del Congreso de EEUU, la Congressional Budget Office (la CBO), vuelve a lanzar una advertencia incómoda: la senda fiscal del país no es sostenible. Y lo hace con números encima de la mesa.

Según su último informe, las políticas aprobadas por Donald Trump (especialmente la extensión de los recortes fiscales de 2017 y el nuevo paquete tributario de 2025) incrementarán el déficit acumulado de la próxima década en 1,4 billones de dólares adicionales respecto a lo previsto anteriormente. Solo la prolongación y ampliación de los recortes fiscales sumará 4,7 billones en diez años. A eso hay que añadir unos 500.000 millones derivados del endurecimiento de la política migratoria.

Los aranceles, que han elevado el tipo efectivo medio por encima del 13 % (el nivel más alto desde los años 40), generarán ingresos adicionales. La CBO estima que reducirán el déficit en unos 3 billones. Pero no compensa. El saldo final sigue deteriorándose.

El problema no es solo el flujo anual. Es la dinámica acumulativa. El déficit en 2026 se situará en el 5,8 % del PIB. En 2028, en el 6 %. Y en 2036 alcanzará el 6,7 %. Para ponerlo en perspectiva: la media de los últimos 50 años ha sido del 3,8 %. Además, el déficit superará el 5,6 % del PIB durante más de cinco años consecutivos, algo que no ocurría desde que existen registros modernos. Y, mientras tanto, la deuda sigue creciendo.

La ratio deuda/PIB superará el récord histórico del 106 % alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora se prevé que lo haga en 2030, un año más tarde de lo estimado previamente, gracias a un crecimiento algo más fuerte en 2026 (2,2 %). Pero después, la economía volvería a una velocidad de crucero del 1,8 % anual. Muy lejos del 3 % que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha marcado como objetivo político.

El verdadero elefante en la habitación es el coste de los intereses. El pago por la deuda pasará de 1 billón en 2026 a 2,1 billones en 2036. Cada vez más recursos públicos se destinan simplemente a pagar los excesos del pasado.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, avisa: el nivel actual de deuda no es el problema inmediato. Lo es la trayectoria. EEUU está generando déficits enormes en un contexto de pleno empleo. Eso no es típico de una economía en expansión. Es típico de una economía que vive estructuralmente por encima de sus posibilidades fiscales.

En cuanto a la inflación, la CBO prevé que se modere hacia el 2 % a medio plazo, aunque este año seguirá en torno al 2,7 %. El desempleo podría repuntar al 4,6 % en 2026. Nada dramático en el corto plazo, pero sí inquietante en el largo. Porque cuando una economía crece al 1,8 %, mantiene déficits del 6 % del PIB y paga intereses crecientes sobre una montaña de deuda, el margen de maniobra se estrecha. Y cada crisis futura será más costosa de gestionar.

"El problema no es un presidente concreto ni una medida puntual. El problema es estructural. EEUU lleva años acostumbrándose a convivir con déficits que antes solo veíamos en guerras o recesiones profundas. Mientras el crecimiento no acelere de verdad y el gasto no se ajuste, la deuda seguirá aumentando a un ritmo difícil de sostener. El privilegio del dólar como moneda de reserva mundial compra tiempo, pero no elimina las matemáticas. Y en economía, cuando las matemáticas se ignoran demasiado tiempo, siempre terminan imponiéndose", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

05Mar

Los mercados temen un escenario de guerra prolongada de desgaste, con el estrecho de Ormuz bloqueado, ya que tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial.

Miguel Ángel Valero

Sexto día de conflicto entre Irán y EEUU-Israel, sin cambios significativos en la situación y con el estrecho de Ormuz aún cerrado de facto, a la espera de que se materialicen las promesas de Trump sobre los seguros y la escolta a los buques. Esas declaraciones moderaron las subidas en los precios de la energía, pero cada jornada adicional con el estrecho bloqueado tensiona la logística: el almacenaje en tierra de los exportadores de petróleo y gas del Golfo Pérsico comienzan a quedarse sin espacio ante la falta de barcos, lo que obligaría a detener, eventualmente, la producción.

En este contexto, China y Japón han optado por limitar las exportaciones de sus refinerías y priorizar el abastecimiento interno de diésel y gasolina ante la posible escasez de crudo en las próximas semanas, aunque por ahora no se han registrado problemas notables en el mercado físico. De hecho, las compañías refinadoras japonesas están en conversaciones con el Gobierno para acceder a las reservas estratégicas en caso de necesidad las próximas semanas.

A pesar del flujo de noticias, los mercados continúan descontando un conflicto breve y un cierre del estrecho limitado en el tiempo. Esta percepción se reflejó en una menor tensión en los precios de la energía, lo que proporcionó cierto alivio a los activos más castigados y permitió avances en las Bolsas globales, lideradas por las regiones que habían sufrido mayores caídas —Asia y Europa—. De igual modo, el sector tecnológico mostró una reacción favorable, impulsado además por los resultados de Broadcom. También destacó el sólido comportamiento de las compañías de ciberseguridad, en un entorno marcado por la habitual guerra informática en la sombra.

En renta fija, las ventas continúan presionando la parte larga de la curva, ante el repunte de los temores inflacionistas. Las expectativas de recortes de tipos en EEUU empiezan a desplazarse hacia finales de año, lo que podría seguir apoyando al dólar en el corto plazo.

"El conflicto no debería prolongarse en exceso y la presión diplomática china junto con las garantías americanas debería provocar una reapertura del estrecho de Ormuz más pronto que tarde. Si esto se materializa, la percepción de riesgo disminuirá; por ello, consideramos que realizar movimientos precipitados en este entorno podría tener efectos negativos sobre la rentabilidad a medio plazo. Un ejemplo reciente fue el fuerte rebote tras el giro de Trump en el Liberation Day: perderse esa sesión habría postergado la recuperación del inversor más de seis meses, y actualmente nos encontramos en un escenario igual de dual", argumentan en Banca March.

China reduce la producción

Mientras, China fijó su objetivo de crecimiento más modesto desde 1991, con una horquilla del 4,5% al 5% para este año, y apenas mostró disposición a impulsar el consumo pese al creciente desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil. El Gobierno mantendrá el apoyo fiscal en niveles similares a 2025 y recortará subvenciones para la compra de bienes de consumo, incluida la financiación del programa de renovación de electrodomésticos y vehículos, que caerá de 300.000 millones de yuanes a 250.000 millones ante el menor interés de unas familias presionadas por la inseguridad laboral y el débil crecimiento salarial.

En lugar de desplegar grandes paquetes de gasto general, Pekín centrará sus esfuerzos en los sectores emergentes y fija un aumento medio anual del 7% en I+D hasta finales de la década, priorizando la autosuficiencia tecnológica, la digitalización y la construcción de industrias modernas por encima del impulso a la demanda interna. Mientras tanto, mantuvo su objetivo de inflación en el 2%, después de un 2025 en el que los precios al consumidor permanecieron prácticamente estancados.

Por otro lado, y en pleno contexto del conflicto de Irán, China busca proteger el suministro interno de petróleo y combustibles ante la interrupción de los flujos de crudo procedentes de Oriente Medio. Para ello, ha solicitado a las empresas nacionales que suspendan la firma de nuevos contratos de exportación de combustibles refinados y que intenten cancelar envíos ya acordados. La medida excluye tanto el repostaje de aviones en vuelos internacionales como el abastecimiento de buques en régimen de depósito. Además, al menos dos refinerías —Zhejiang Petrochemical Corp y Fujian— ya han reducido su actividad alrededor de un 20% este mes, y se espera que más plantas apliquen recortes adicionales en la producción.

Mejora la confianza de los empresarios en EEUU y en Europa

La guerra en Oriente Medio contrasta con favorables datos de actividad que apuntan a una aceleración del crecimiento en EEUU: repunta la creación de empleo privado y mejora la confianza de los empresarios de los servicios en febrero. Según la consultora ADP el empleo privado aumentó en 63.000 nuevos puestos de trabajo en febrero, un repunte desde el débil dato del mes previo (en enero solamente se han creado 11.000 puestos de trabajo). Además, también se publicó una importante mejora de la confianza de los empresarios con el ISM de los servicios superando ampliamente las expectativas y escalando en febrero hasta 56,1 desde el 53,8 previo y muy por encima del 53,5 esperado. Una clara mejora de las expectativas, apoyada por el fuerte incremento del subíndice de nuevos pedidos, que subió hasta 58,6 desde el 53,1 anterior, y también la mejora del subíndice de empleo, que escaló hasta 51,8 desde el 50,3 previo. En conjunto cifras que apuntan a una aceleración de la actividad y mayor contratación en los próximos meses.

En la zona euro, también datos positivos con la tasa de paro bajando a nuevos mínimos históricos en la región y con la confianza de los empresarios manteniéndose en terreno expansivo. El paro del conjunto de la zona euro retrocedió en enero más de lo esperado al bajar hasta 6,1% desde el 6,3% anterior. Con ello, superó así las expectativas y alcanzó nuevos mínimos, mostrando que la actividad en la región ha comenzado el año 2026 con fortaleza. 

Por otro lado, la confianza de los empresarios, según el PMI compuesto, subió en febrero hasta 51,9, su mayor nivel desde noviembre. Por países, en Alemania este indicador subió hasta 53,2, muy por encima de la media de la región, mientras que en Francia se situó por debajo del umbral de expansión (49,9 el nivel actual). Entre las dos grandes economías de la región, en Italia subió hasta 52,1 desde el 51,4 previo, frente a ello, se deteriora la confianza en España, con el PMI compuesto bajando hasta 51,5 desde el 52,9 previo.

 The Trader: EEUU no sabe quién manda ahora en Irán

El analista Pablo Gil aporta interesantes reflexiones en The Trader sobre el conflicto de Irán, especialmente sobre el asesinato de Ali Jamenei, que durante más de tres décadas fue el eje alrededor del cual giraba todo el sistema iraní: "La tentación inmediata es pensar que, eliminado el líder, el sistema se desmorona. Pero la historia reciente nos obliga a ser prudentes. En 2003, cuando cayó Saddam Hussein, también parecía que el problema estaba resuelto. El dictador había desaparecido y el aparato militar había sido derrotado. Sin embargo, lo que vino después fue mucho más complejo. La desarticulación del Estado iraquí dejó un vacío que derivó en guerra civil, radicalización sectaria y el nacimiento del Estado Islámico. Derribar fue rápido. Reconstruir resultó casi imposible"

Irán no es Irak. Tiene una estructura de poder más cohesionada y un aparato de seguridad diseñado precisamente para sobrevivir a situaciones extremas. La Guardia Revolucionaria no es solo un brazo militar, es una red política, económica y estratégica profundamente arraigada. Aunque la figura del líder supremo desaparezca, el sistema puede reconfigurarse. De hecho, la Constitución prevé mecanismos de sucesión y el poder puede redistribuirse entre el presidente, la judicatura y la Asamblea de Expertos mientras se designa un nuevo líder, tal y como está ocurriendo en este momento.

Por eso el escenario más probable a corto plazo no es el colapso, sino la continuidad. Un régimen herido, pero cohesionado frente a una agresión exterior. Paradójicamente, los ataques externos suelen fortalecer la narrativa nacionalista. Cuando las bombas caen desde fuera, el resentimiento interno muchas veces se transforma en defensa patriótica. Lo vimos en Irak tras la primera Guerra del Golfo. Lo hemos visto en muchos otros lugares.

El segundo escenario es más inquietante. Si la estructura central se fractura, el vacío puede activar tensiones latentes. Irán es un país multiétnico con regiones kurdas y baluches donde ya existen movimientos armados. La oposición está profundamente fragmentada entre monárquicos, reformistas, grupos étnicos y movimientos en el exilio sin liderazgo unificado. La experiencia iraquí demuestra que cuando no existe una alternativa cohesionada, el vacío no genera democracia automática. Genera competencia por el poder. Y eso suele traducirse en violencia.

El tercer escenario es una guerra prolongada de desgaste. Irán ya ha demostrado capacidad de respuesta rápida contra las bases estadounidenses en el Golfo y contra su archienemigo Israel. El estrecho de Ormuz es una vía crítica, por donde transita cerca del 25% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transportado por mar, convirtiéndolo en un cuello de botella energético global. Una escalada que afecte a ese flujo durante semanas tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial. En un contexto económico frágil, el impacto sería enorme.

Además, hay un factor estratégico más amplio. Cada recurso militar que Washington concentra en Oriente Próximo es un recurso que no está en el Indo-Pacífico. En 2003, la implicación prolongada en Irak tuvo consecuencias geopolíticas globales. Hoy el tablero incluye a China y a un equilibrio internacional mucho más delicado.

"Por eso el verdadero debate no es si Jamenei debía o no ser eliminado. El debate es si existe un plan sólido para el día después. En Irak no lo hubo. Y el vacío fue ocupado por la violencia. En geopolítica existe una tendencia peligrosa a personalizar los problemas. Creer que eliminando al líder se elimina el sistema. Pero los regímenes autoritarios no se sostienen solo en una persona. Se sostienen en redes, estructuras, intereses y equilibrios de poder. Si esas piezas no se gestionan con precisión, el resultado puede ser peor que el punto de partida", señala este experto.

"Lo inquietante en esta ocasión no es solo la magnitud del golpe, sino la ausencia de un relato coherente sobre el día después. La propia Casa Blanca ha reconocido que no sabe con claridad quién está al mando ahora mismo en Irán", añade. Trump ha alternado en cuestión de horas entre hablar de cambio de régimen, destrucción del programa nuclear, intervención limitada de “cuatro o cinco semanas”, posibilidad de desplegar tropas o búsqueda de un acuerdo. Incluso ha admitido que no saben quién podría asumir el liderazgo en Teherán. Cuando el objetivo político cambia cada día, la estrategia deja de ser estrategia y pasa a ser reacción.

La historia demuestra que el vacío no se llena solo. En Irak se pensó que la caída del líder resolvería el problema. Lo que vino después fue una década de inestabilidad que reconfiguró todo el equilibrio regional. Hoy el riesgo no es únicamente militar. Es estratégico. Si no existe un plan sólido para gestionar la transición, el poder puede fragmentarse, radicalizarse o escaparse del control de quienes iniciaron la operación.
Irán entra ahora en una fase decisiva. Puede reforzar su cohesión interna frente a un enemigo exterior, puede fracturarse en luchas de poder o puede arrastrar a la región a un conflicto prolongado. Pero el verdadero interrogante no está solo en Teherán. Está en Washington. Porque en geopolítica, lo verdaderamente peligroso no es solo derribar un régimen. Es hacerlo sin tener claro qué se construye después.

El verdadero campo de batalla está en Ormuz

Cuando hablamos de tensiones en Oriente Medio, solemos pensar en misiles, portaaviones o amenazas cruzadas. Pero el verdadero campo de batalla, muchas veces, no está en tierra firme. Está en el agua. Y en concreto en un punto muy estrecho del mapa: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo, situado entre Irán y Omán, transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo, más un 10% de productos derivados y cerca del 20% del gas natural licuado que se comercializa globalmente. En el primer trimestre de 2025, cruzaron por allí una media de 20,1 millones de barriles diarios. Uno de cada cinco barriles del planeta depende de ese embudo de apenas 50 kilómetros de ancho y menos de 60 metros de profundidad.

Pero detrás de ese porcentaje hay nombres propios. Desde el lado de los exportadores, los países más expuestos son Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar. Arabia Saudí es el mayor exportador mundial de crudo y una parte esencial de sus envíos sale de terminales del Golfo Pérsico que necesariamente cruzan Ormuz. Irak depende casi por completo de esa vía para colocar su producción en los mercados internacionales. Kuwait y Emiratos tienen también una dependencia crítica. Y en el caso del gas natural licuado, Catar es el actor clave: es uno de los mayores exportadores mundiales de GNL y prácticamente todo su gas debe atravesar el estrecho.

Del lado de los importadores, el impacto sería especialmente severo en Asia. China es el principal comprador del crudo que sale del Golfo y el mayor cliente del GNL catarí. India, Japón y Corea del Sur también dependen en gran medida de esos flujos energéticos. Para ellos, Ormuz no es una variable secundaria, es una arteria vital. Europa recibe un porcentaje mucho menor del crudo que pasa por el estrecho, pero sí depende en parte del gas natural licuado catarí para diversificar su suministro tras la crisis con Rusia. EEUU importa relativamente poco crudo del Golfo en comparación con Asia, pero el precio internacional del petróleo marcaría igualmente su inflación.

Tras los bombardeos de EEUU e Israel sobre instalaciones iraníes, el tránsito marítimo se ha paralizado. No sería la primera vez que Teherán juega la carta de bloquear este acceso como arma. Lo hizo en 2008, en 2012, en 2018 y el pasado junio, cuando incluso su Parlamento aprobó el cierre tras ataques a sus instalaciones nucleares. Nunca llegó a ejecutarlo. Pero esta vez el entorno es distinto: mayor despliegue militar estadounidense, presencia de portaaviones y señales de que Irán habría preparado minas navales en semanas previas.

La clave es entender que no hace falta un cierre total para generar un shock. En un entorno bélico, el simple riesgo eleva las primas de seguro, encarece el transporte y ralentiza los envíos. El petróleo puede seguir fluyendo, pero más caro y con retrasos. Eso basta para tensionar el mercado.

Ahora bien, ¿qué alternativas existen si el estrecho se bloquea o se vuelve impracticable? Aquí es donde el coste económico empieza a ser tangible en términos de tiempo y logística. Tomando como referencia cargamentos que parten del este de Arabia Saudí (lo que implica cruzar Ormuz en condiciones normales), las rutas serían hacia la costa este de Estados Unidos vía canal de Suez, entre 32 y 36 días de tránsito. Si el canal de Suez no fuese viable y hubiera que rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, entre 47 y 51 días. Cruzando el Pacífico hacia la costa oeste estadounidense, entre 39 y 43 días. Cada alternativa supone más días en el mar, más combustible, más costes financieros por capital inmovilizado y mayor tensión en las cadenas de suministro. Y eso sin contar posibles cuellos de botella en otros puntos estratégicos.

En el plano terrestre, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos que permiten desviar parte del crudo evitando el estrecho. El gran oleoducto este-oeste saudí puede enviar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo. Emiratos cuenta con capacidad adicional hacia el golfo de Omán. Pero, en conjunto, solo podrían sustituir una fracción del volumen total que hoy atraviesa Ormuz. Irak, Kuwait y Catar, en la práctica, no tienen alternativa significativa. Y en el caso del gas natural licuado, la dependencia del tránsito marítimo es prácticamente total.

Por eso el escenario más probable no es un apagón energético global inmediato, sino un encarecimiento progresivo por fricción logística. Más días. Más riesgo. Más coste. Y, por tanto, más presión inflacionista. Y ahí es donde el impacto deja de ser regional y se vuelve global: afecta a las economías asiáticas que importan energía, golpea a Europa vía gas y presiona a Estados Unidos vía precios internacionales. Si el petróleo se disparase de forma sostenida, los bancos centrales que contemplaban recortes de tipos tendrían que replanteárselo. La inflación energética es el impuesto más regresivo que existe: afecta a transporte, alimentos, industria. El crecimiento se resentiría y los mercados, que hoy descuentan cierta estabilidad, tendrían que ajustar expectativas.

No se trata solo de mirar el precio del Brent cada mañana. Se trata de entender que una parte esencial del suministro energético mundial depende de un corredor marítimo extremadamente vulnerable. Los grandes exportadores del Golfo se juegan su principal fuente de ingresos. Las grandes economías asiáticas se juegan su seguridad energética. Y el resto del mundo se juega la estabilidad de precios. En un sistema tan interconectado, el cierre de Ormuz no sería un problema local. Sería un shock global. Y cuando la energía tiembla, la economía siempre termina sintiéndolo.

01Mar

Cuando el tablero cambia, el mayor error no es equivocarse de jugada, sino llegar tarde y seguir jugando con reglas que ya nadie respeta.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump no solo ha convertido la imprevisibilidad en una forma de gobierno. Ha ido un paso más allá: ha normalizado la distorsión sistemática de la realidad como herramienta política y el desorden como método de poder. No gobierna desde una ideología reconocible ni desde un proyecto coherente de largo plazo, sino desde el impacto emocional, la amenaza constante y la sensación de que siempre puede cruzar una línea que nadie más se atrevería a atravesar. Ese es el núcleo de lo que ya no es una anomalía, sino una auténtica doctrina del caos.

Trump ha demostrado que, en el ecosistema político y mediático actual, no es necesario que algo sea cierto para que funcione. Basta con repetirlo, amplificarlo y envolverlo en un relato emocionalmente potente. El escándalo permanente no es un efecto colateral: es la estrategia. Cuando todo es exagerado, contradictorio o directamente absurdo, la verdad deja de ser un ancla y se convierte en una pieza más del espectáculo. Esa lógica explica su insistencia en presentarse como gran pacificador global. 

Desde su regreso a la Casa Blanca repite que ha logrado poner fin a ocho conflictos armados. La afirmación encaja a la perfección con su imagen de líder fuerte, negociador implacable y aspirante, confeso al Premio Nobel de la Paz. El problema es que, cuando se analiza caso por caso, el balance real es mucho más ambiguo de lo que sugiere el eslogan. 

En algunos escenarios, como el alto el fuego entre Israel y Hamás, el papel de EEUU ha sido relevante. Pero incluso ahí hablamos de una tregua frágil, incompleta y permanentemente amenazada por nuevos episodios de violencia. Presentarlo como una guerra resuelta es una simplificación interesada, pensada más para el titular que para describir la realidad. En otros casos, el resultado ha sido directamente efímero. El supuesto acuerdo histórico entre Camboya y Tailandia apenas duró unas semanas antes de romperse, dando paso a enfrentamientos más intensos y a cientos de miles de desplazados. En África central, el acuerdo firmado en Washington entre la República Democrática del Congo y Ruanda no ha cambiado la situación sobre el terreno: los rebeldes del M23 siguen avanzando con apoyo externo, dejando en evidencia la falta de capacidad real para imponer una paz duradera. En Asia, el anuncio de un alto el fuego entre Pakistán e India volvió a mostrar el mismo patrón. Islamabad agradeció la mediación estadounidense, pero Nueva Delhi negó cualquier intervención extranjera y subrayó que el acuerdo fue bilateral. Más que un éxito diplomático claro, el episodio reveló la dificultad de separar hechos verificables de declaraciones políticas cuando el ruido domina el relato.

Pero lo verdaderamente preocupante es que esta forma caótica de ejercer el poder no se proyecta solo hacia el exterior. También está siendo aplicada, de forma cada vez más explícita, dentro de EEUU. La doctrina del caos no distingue entre política exterior y política doméstica. En varios estados gobernados por demócratas, la cuestión migratoria se ha convertido en un campo de confrontación directa. El Gobierno federal ha impulsado medidas punitivas, recortes de fondos y amenazas legales como forma de disciplinar a quienes no se alinean con su discurso, utilizando la inmigración no como un problema a gestionar, sino como un arma política para polarizar y castigar al adversario interno.

Algo similar ocurre con el poder judicial. Cada vez que un tribunal dicta una sentencia contraria a sus intereses, Trump no se limita a recurrirla: desacredita públicamente a los jueces, cuestiona la legitimidad del sistema y presenta cualquier fallo adverso como parte de una conspiración. El mensaje es claro y peligroso: la justicia solo es válida cuando confirma su relato. Cuando no lo hace, pasa a formar parte del enemigo.

Las universidades tampoco han quedado al margen. Presiones políticas, amenazas de retirar financiación, campañas públicas de descrédito y exigencias de alineamiento ideológico han convertido a algunos de los grandes centros académicos en objetivos directos del poder presidencial. No se trata solo de controlar el discurso, sino de domesticar espacios tradicionalmente críticos y autónomos.A esto se suma la persecución abierta de fiscales, funcionarios y empresarios que no se pliegan o no rinden pleitesía. Investigaciones, inspecciones, ataques personales y represalias administrativas forman parte de un ecosistema en el que la lealtad pesa más que la legalidad, y la sumisión más que la competencia. El mensaje vuelve a ser inequívoco: quien no se alinea, paga un precio.

Hay, además, un factor que marca un punto de inflexión histórico. Trump es el primer presidente de EEUU que no solo no oculta, sino que asume sin complejos, que utiliza el poder presidencial para favorecer sus negocios personales. Decisiones políticas, relaciones internacionales, concesiones regulatorias y visibilidad institucional se entremezclan con intereses privados de una forma inédita en la historia moderna del país. La frontera entre el cargo público y el beneficio personal no se difumina: se borra deliberadamente.Todo encaja en la misma lógica. Lo que importa no es la consistencia, ni la legalidad, ni siquiera la eficacia a medio plazo. Importa el impacto inmediato, el dominio del relato y la demostración constante de poder. 

Trump no busca cerrar conflictos complejos (internos o externos) que requieren tiempo, confianza y compromisos incómodos. Busca mantener a aliados, rivales y ciudadanos en un estado permanente de incertidumbre y dependencia. Ésta es la esencia de la doctrina del caos. La política deja de ser un ejercicio de previsión y responsabilidad para convertirse en una 'performance' continua. La amenaza sustituye al argumento, la exageración al dato y la improvisación al análisis. El desorden no es un fallo del sistema: es el sistema.

Ese uso recurrente de medias verdades, afirmaciones infladas o directamente falsas no es un detalle menor. Moldea percepciones, desplaza responsabilidades y convierte realidades complejas en relatos simples y emocionales. El patrón se repite una y otra vez. Como cuando Trump asegura haber sido quien más ha gastado en el apoyo a Ucrania, pese a que los datos muestran que la ayuda europea, en conjunto, es comparable o incluso superior, y que muchas de las cifras que utiliza mezclan compromisos futuros, préstamos o estimaciones presentadas como gasto efectivo. No es un error puntual: es una forma de ejercer el poder. La paz, la democracia y la verdad no se construyen con “slogans” ni con relatos grandilocuentes, sino con hechos verificables, contrapesos institucionales y respeto a las reglas. Hay una diferencia enorme entre anunciar resultados y asumir la complejidad de gobernar con responsabilidad. Esa diferencia marca la frontera entre la política entendida como propaganda permanente y la política entendida como servicio público. Y hoy, con Trump, esa frontera no solo está desdibujada: está siendo cruzada de forma consciente y sistemática.

Desmontando el orden internacional tras la II Guerra Mundial

En ese sentido, la Conferencia de Seguridad de Múnich ha sido una advertencia. El mensaje que sale de allí es claro: el orden internacional posterior a la Guerra Fría está siendo desmontado pieza a pieza. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, fue el encargado de verbalizarlo. Tono conciliador, pero fondo inequívoco. EEUU quiere actuar con Europa… pero actuará solo si lo considera necesario. La cooperación es preferible, no imprescindible. Y la alianza transatlántica ya no puede basarse en inercias del pasado. Rubio habló de errores compartidos: externalización de soberanía, desindustrialización, confianza excesiva en instituciones multilaterales incapaces de frenar a actores revisionistas. Cuestionó el modelo de globalización que definió las últimas décadas y defendió un liderazgo estadounidense dispuesto a fijar el marco estratégico de esta nueva etapa.No fue un discurso de ruptura. Fue un discurso de jerarquía.

En paralelo, Volodymyr Zelensky volvió a recordar que para Ucrania esto no es teoría geopolítica. Es supervivencia. Pidió claridad, garantías reales y una Europa que asuma que la guerra en su frontera redefine su seguridad estructural. Sin ambigüedades, sin debates eternos, y es precisamente ahí cuando aparece el gran problema europeo. Alemania ha empezado a hablar de una Europa que “regresa de sus vacaciones de la Historia”. Francia lleva tiempo defendiendo una mayor autonomía estratégica, incluso reforzando la disuasión nuclear europea como pilar de seguridad frente a una posible menor implicación estadounidense. En ese contexto, Pedro Sánchez se ha distanciado de la propuesta franco-alemana de reforzar la dimensión nuclear como herramienta disuasoria común. España mantiene una posición más clásica, más alineada con el discurso pacifista y con la apuesta por el multilateralismo tradicional. Hasta aquí, sería simplemente una diferencia estratégica legítima. El problema es la incoherencia estructural: España es, al mismo tiempo, uno de los países más reticentes al incremento del gasto militar dentro de la OTAN y uno de los territorios clave para la proyección estratégica de Estados Unidos. Las bases de Rota y Morón son nodos esenciales para operaciones hacia Oriente Próximo, África o incluso el flanco oriental. Sin esa infraestructura logística, la capacidad de respuesta estadounidense se vería seriamente limitada. Es difícil sostener un discurso pacifista y de contención presupuestaria mientras se es pieza central del engranaje militar de la mayor potencia del mundo. No se trata de criticar la existencia de las bases. Se trata de reconocer la contradicción entre el relato político interno y la realidad estratégica externa.

Mientras Washington redefine el orden, mientras Rusia actúa con lógica imperial, mientras China proyecta poder industrial y tecnológico, mientras Israel opera con una claridad estratégica brutal, e incluso Canadá ha reforzado su liderazgo político con posicionamientos claros, Europa sigue debatiendo su identidad. Y ese es el verdadero fondo de lo ocurrido en Múnich. "Estamos entrando en un mundo de bloques, de competencia entre potencias, de soberanía energética, tecnológica y militar. Un mundo menos normativo y más crudo. Más directo. Más jerárquico", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

EEUU tiene un liderazgo claro, con una visión que puede gustar o no, pero que es coherente con sus fines y sus ambiciones. Rusia tiene el suyo. China también. Israel no duda en actuar cuando considera que su seguridad está en juego. Incluso potencias medias como Canadá muestran una dirección política definida y parecen dispuestas a defender sus líneas rojas. Europa, en cambio, no tiene un campeón. No tiene una voz única. No tiene un liderazgo capaz de sintetizar intereses nacionales divergentes en una estrategia común sólida. Y eso, en el nuevo mundo que se está configurando, es un problema.

La reunión celebrada en Múnich no es un simple reajuste diplomático. Es el aviso de que el equilibrio global ha cambiado de fase. La seguridad vuelve a ser el eje central. La soberanía vuelve a importar. La capacidad industrial y militar vuelve a pesar más que los discursos. Europa tendrá que decidir si quiere asumir ese nuevo escenario con ambición estratégica o si seguirá instalada en la comodidad retórica. "Porque en el mundo que viene, la neutralidad confortable no existe. O influyes… o te adaptas a lo que otros decidan por ti", advierte.

Davos: la política del poder

En Davos 2026 no se habla de crisis. No hay pánico ni urgencia, pero sí algo más profundo y quizá más inquietante: la aceptación tácita de que el eje de la economía global ha cambiado. Ya no se debate cómo crecer más o ser más eficientes, sino quién tiene el poder para imponer las reglas y con qué objetivos está dispuesto a hacerlo. En conversaciones privadas se repite una idea que define el tono del foro: la economía ha dejado de ser el centro. El foco está en la política del poder. Seguridad nacional, soberanía tecnológica, control de recursos estratégicos y estabilidad social se han integrado de forma natural en el debate económico hasta volverse inseparables. Lo que hace pocos años habría sonado exagerado hoy se verbaliza sin complejos. 

En Davos se asume que la deuda es sostenible mientras nadie la cuestione; que la inteligencia artificial no es neutral, sino una ventaja estratégica comparable a la energía o la defensa; y que la transición energética será más lenta, más cara y desigual de lo prometido. La IA ha dejado de presentarse como una promesa abstracta de productividad para convertirse en un activo de poder: quien controle infraestructura, datos y acceso concentrará una parte creciente del peso económico, con implicaciones incómodas en términos de regulación, concentración y desigualdad. Algo similar ocurre con la transición energética. El discurso climático sigue presente, pero ha perdido idealismo. El pragmatismo ha sustituido al eslogan: los mercados funcionan mejor cuando se enfrentan a restricciones reales y no a objetivos políticamente deseables, pero económicamente inviables. No son provocaciones, son diagnósticos compartidos. Este cambio explica por qué la geopolítica lo impregna todo. 

Las decisiones de inversión ya no se toman solo por eficiencia, sino por alineamiento político y control estratégico. La neutralidad económica global ha desaparecido. El capital fluye hacia donde es políticamente aceptable, no necesariamente hacia donde es más rentable. Esto introduce un riesgo estructural nuevo, difícil de modelizar, que obliga a replantear estrategias de inversión y de política económica. En Davos no se habla de desglobalización, sino de fragmentación. Cadenas de suministro más cortas, más caras y menos eficientes, pero más controlables. El consenso es incómodo: el mundo será menos eficiente, pero más resiliente… para quienes puedan pagar ese coste. Y aquí hay un punto que los mercados aún no han descontado del todo: menores márgenes estructurales, inflación de costes más persistente y un crecimiento potencial más bajo.

La deuda global sobrevuela todas las conversaciones. No hay soluciones claras, pero sí una aceptación explícita de que el ajuste será lento y políticamente gestionado. Inflación estructural, tipos reales bajos y distintas formas de represión financiera ya no son escenarios alternativos, sino parte del escenario central. Lo relevante no es la idea en sí, sino que ahora se diga abiertamente. También los bancos centrales reflejan este cambio. La inflación sigue importando, pero ya no es el único objetivo. La cohesión social y la estabilidad política han entrado de lleno en la ecuación. La política monetaria ha dejado de ser puramente técnica para convertirse en un instrumento de equilibrio social, complicando la lectura de los ciclos y la reacción de los mercados.

En este contexto encaja la frase más repetida en Davos, atribuida al primer ministro de Canadá, Mark Carney: los países medianos o se sientan a la mesa, o acaban formando parte del menú. Canadá lo está comprobando con nuevas amenazas de aranceles por parte de Donald Trump. Europa vive su propia prueba de estrés con Groenlandia, donde ya no se discute solo seguridad, sino soberanía, recursos estratégicos y control territorial. Poder, cadena de suministro y dominio tecnológico condensados en una sola negociación. En ese nuevo marco, donde las reglas ya no son las de antes, empieza a abrirse paso una advertencia incómoda, especialmente para EEUU: su liderazgo global no solo se mide por su poder militar o tecnológico, sino por algo mucho más frágil (la voluntad del resto del mundo de seguir financiando unos desequilibrios fiscales cada vez mayores.)

Davos 2026 no anuncia una ruptura, pero sí confirma un cambio de reglas. La economía ya no manda sola; mandan el poder, la seguridad y la capacidad de imponer condiciones. Para Europa, el riesgo no es crecer menos o quedarse atrás tecnológicamente. El verdadero riesgo es seguir actuando como si el mundo premiara la prudencia pasiva, cuando en realidad castiga la indefinición. En este nuevo escenario, no decidir también es una decisión… y suele ser la más costosa. Porque "cuando el tablero cambia, el mayor error no es equivocarse de jugada, sino llegar tarde y seguir jugando con reglas que ya nadie respeta", insiste Pablo Gil.

Gaza se ha convertido en un experimento

Por otra parte, Gaza ya no es solo un conflicto enquistado ni una tragedia humanitaria recurrente. Se ha convertido en algo más inquietante: un experimento. Un laboratorio donde se ensaya una nueva forma de gobernanza internacional en la que la estabilidad pesa más que la legitimidad y el derecho internacional queda subordinado a la correlación de fuerzas. Desde esa óptica, Gaza no es una anomalía, sino un precedente. Un territorio administrado desde fuera, con instituciones locales tuteladas, seguridad externalizada y decisiones estratégicas tomadas lejos del terreno. No se busca resolver el conflicto, sino contenerlo. No se persigue un orden justo, sino uno funcional.

La llamada Junta de la Paz impulsada por Donald Trump encaja perfectamente en ese esquema. Bajo una apariencia multilateral y con el paraguas formal de la Organización de las Naciones Unidas, el diseño real responde a una lógica muy distinta: una “pax americana” pragmática, jerárquica y reversible. Una paz concebida como instrumento de poder, no como expresión de legitimidad política. El gesto más revelador no está solo en la arquitectura del plan, sino en quiénes son invitados a sentarse en la mesa. Trump ha ofrecido formar parte del Consejo de Paz a Vladímir Putin y al líder de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko. No como actores marginales, sino como socios necesarios para administrar el nuevo equilibrio. 

Es una señal clara: en este modelo, el respeto al derecho internacional o al historial democrático deja de ser condición previa. Lo relevante es el peso, la capacidad de influencia y la utilidad estratégica.El entramado sobre el terreno es coherente con esa visión. Un gobierno tecnócrata palestino con margen mínimo de decisión, una supervisión político-estratégica internacional y una futura fuerza militar externa encargada de garantizar un orden básico. Tres capas de poder superpuestas sobre una población exhausta que no decide, no vota y no controla su propio destino. Gaza no se gobierna para construir un futuro, sino para evitar que vuelva a incendiar el tablero regional.

Lo verdaderamente relevante es cómo se interpreta este modelo fuera de Oriente Próximo. En Moscú no se percibe como una amenaza, sino como una confirmación. Putin ve en la Junta de la Paz y en el enfoque de Trump la prueba de que el mundo avanza hacia un sistema multipolar desordenado, donde las grandes potencias administran zonas de influencia y las reglas se aplican de forma selectiva.

Desde esa lógica, Gaza encaja en el mismo patrón que Ucrania, Venezuela, el Ártico o incluso Groenlandia. Escenarios distintos, pero una misma idea de fondo: la fuerza como criterio último, la seguridad nacional como justificación y el derecho internacional como marco flexible. Que Rusia observe este experimento con interés no es casualidad. Es parte del mismo tablero. La paradoja es evidente. Se habla de reconstrucción, de esperanza y de desarrollo, pero el modelo parte de una desconfianza total hacia los actores locales. Gaza no se gobierna para decidir su futuro, sino para que no vuelva a desestabilizar el equilibrio regional. Es una paz administrada, vigilada y, sobre todo, reversible.

Gaza está anticipando algo más profundo que su propio desenlace. Nos adelanta el tipo de mundo que se está configurando: uno donde los conflictos no se resuelven, se gestionan; donde la soberanía se fragmenta y la legitimidad se vuelve secundaria. Puede que este modelo funcione como solución provisional. Pero si el orden global se construye sobre la administración del desorden y el reparto de zonas de influencia, lo que hoy es un laboratorio mañana puede convertirse en norma. Y entonces el problema ya no será Gaza. Será el sistema entero.

28Feb

La política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos.

Miguel Ángel Valero

China es la mayor beneficiaria del fallo judicial estadounidense contra los aranceles basados en la ley de poderes económicos de emergencia (IEEPA), asegura un análisis de Natixis CIB. El fallo de la Corte Suprema de EEUU (SCOTUS) ha vuelto a generar conmoción en medio de incertidumbres geopolíticas inexploradas, pero aún puede ser prematuro celebrar un mundo con aranceles más bajos. Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares, lo que puede brindarle mayores ventajas. Para otros mercados, la reducción de la brecha plantea la cuestión de si tal compromiso vale la pena y cuáles serían sus posibles beneficios. 

En el nuevo escenario, China será la mayor beneficiaria, ya que el arancel efectivo estadounidense se reducirá un 15,6 % (del 36,8 % al 21,2 %). Con la medida de la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: del 9,9% con un arancel adicional del 10%, o del 7,1% con un arancel adicional del 15 %. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, por lo que los exportadores chinos o los importadores estadounidenses anticiparán sus envíos. 

Un factor de retroceso podría ser el ya reducido comercio directo entre EEUU y China. La exposición de EEUU a las exportaciones chinas ya ha disminuido del 19% en 2018 al 11% en 2025. La proporción también se redujo del 21% al 9% durante el mismo período para las importaciones estadounidenses procedentes de China. 

Suponiendo que los aranceles persistan y puedan cambiar pronto, las empresas chinas continuarán con su estrategia de globalización y utilizarán sus instalaciones de producción en el extranjero para ingresar al mercado estadounidense. 

Se espera que Japón termine enfrentando una tasa arancelaria efectiva ligeramente mayor debido a la decisión de la Corte Suprema de EEUU. Sin embargo, es probable que el efecto general en Japón sea marginalmente positivo, ya que se espera que el efecto indirecto de un mayor comercio mundial impulse las exportaciones. Para los mercados asiáticos (excluyendo China) en general, el impacto puede ser desigual debido a las menores ventajas sobre China y a la incertidumbre en torno a la inminente caja negra de los aranceles sectoriales bajo la Sección 232.

China mantiene una importancia moderada en los seis sectores reportados como objetivo, especialmente en baterías y telecomunicaciones. Esto refleja el objetivo de aumentar los aranceles en sectores estratégicos para reducir la exposición de EEUU a China y reactivar la manufactura. Por lo tanto, a pesar del fallo judicial, las corrientes geopolíticas persistirán y el comercio mundial no volverá a la normalidad. El impacto en Asia aún es incierto, en función de hasta dónde llegue EE. UU. con los aranceles sectoriales y de si existen exenciones preferenciales. Las futuras reacciones de Trump podrían empeorar la situación de China si se imponen grandes aranceles sectoriales. 

Si bien Trump ha alcanzado múltiples acuerdos comerciales, el fallo de la Corte Suprema ha vuelto a generar una conmoción en la nueva normalidad de incertidumbres geopolíticas inexploradas. Dado que el uso por parte de Trump de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional está ahora restringido, los aranceles recíprocos a nivel mundial y los adicionales relacionados con el fentanilo aplicados a China se consideran inválidos. Trump ha respondido invocando la Sección 122 para imponer aranceles adicionales (actualmente un 10%, con la posibilidad de aumentar al 15%) y ha amenazado con imponer aranceles sectoriales. Por tanto, puede ser demasiado pronto para celebrar un mundo con aranceles más bajos. 

Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares regionales, lo que puede brindarle mayores ventajas. Otros mercados han obtenido condiciones variadas y más favorables que China mediante diferentes promesas, incluyendo la inversión en EEUU. La reducción de la brecha ahora plantea la pregunta de si tal compromiso vale la pena para recuperar los beneficios relativos originales. 

China se ha enfrentado a las condiciones arancelarias más desfavorables desde el inicio de la guerra comercial. Esta decisión la convertirá en la mayor beneficiaria al aumentar sus exportaciones a EEUU. Según estimaciones de Global Trade Alert, la tasa arancelaria efectiva de EEUU sobre los productos chinos se reducirá un 15,6% (del 36,8 % al 21,2 %) con la eliminación de los aranceles de la IEEPA. Con la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: un 9,9 % con un arancel adicional del 10 %, o un 7,1 % con un arancel adicional del 15 %. La nueva tasa arancelaria efectiva se mantendrá vigente durante los próximos 150 días.

A pesar de la reducción, China sigue siendo el país con los aranceles más altos entre sus principales competidores, lo que significa que el impacto de la reducción será mayor. Bajo los dos escenarios arancelarios de la Sección 122, con tasas adicionales del 10% y el 15%, la tasa arancelaria efectiva promedio global impuesta por EEUU disminuye solo un 3,8% y un 2,2%, respectivamente. Si los aranceles temporales expiran después de 150 días, la ventaja de China volverá a una reducción del 15,6%, superior a la caída mundial del 7%. En ambos casos, China emerge como un beneficiario relativo significativo. 

Pero el panorama más allá de los 150 días sigue siendo muy incierto. Dado el estado actual de las relaciones entre EEUU y China, la posibilidad de que la administración busque medidas alternativas para restablecer los aranceles sobre China a niveles cercanos a sus niveles originales es alta. Este último escenario colocaría a China de nuevo en la posición desventajosa anterior. Por supuesto, cualquier decisión de este tipo también se vería influenciada por diversos factores, como la tasa de inflación estadounidense en ese momento.

Bajo el marco arancelario actual, los exportadores chinos tienen una ventana de oportunidad relativamente segura de menos de 150 días. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, y estas incertidumbres incentivarán a los exportadores chinos o a los importadores estadounidenses a predistribuir sus productos para aprovechar los aranceles más bajos. Estas actividades pueden impulsar temporalmente el crecimiento económico a corto plazo de China, especialmente en el primer semestre de 2026.

The Trader: la incertidumbre es más alta que los propios aranceles

Para el analista Pablo Gil, la sentencia del Tribunal Supremo que declara ilegales los aranceles impuestos por Donald Trump bajo la IEEPA "es, sin duda, la derrota más dolorosa de su segundo mandato". Seis de los nueve magistrados han dejado claro algo esencial: fijar aranceles es una competencia del Congreso, no del presidente.

"Pero la gran pregunta no es jurídica. Es económica y política. Porque el fallo no elimina todos los aranceles", avisa en The Trader. Solo tumba los aplicados mediante la IEEPA: los dirigidos a China, México y Canadá con el argumento del fentanilo y los llamados “recíprocos” de abril, que castigaban más a quien más exportaba a EEUU. Siguen en pie los sectoriales (acero, aluminio, automóviles) y cualquier otro que se ampare en leyes distintas. A Trump le han bastado unas pocas horas para reaccionar a la sentencia del tribunal. Activó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 e impuso un arancel global del 10%, que al día siguiente elevó al 15%, aunque solo puede mantenerlo 150 días sin pasar por el Congreso. Es una vía inédita, jurídicamente discutible y, casi con toda probabilidad, carne de nuevos recursos.

Pero merece la pena hacer una segunda lectura del fallo judicial. El Supremo limita la capacidad del presidente para usar los aranceles como arma inmediata de presión geopolítica. Sin embargo, algunos analistas sostienen que el fallo puede ser, paradójicamente, un regalo político. La sentencia ofrece a la Casa Blanca una oportunidad para recalibrar una política impopular entre los votantes preocupados por la inflación. Si el coste político empezaba a ser alto, ahora existe un “culpable institucional” al que atribuir el giro.

Mientras tanto, el mundo observa. El Parlamento Europeo ha congelado la ratificación del acuerdo entre la UE y EEUU hasta tener claridad jurídica. Francia habla de “adaptarse”, Alemania insiste en mantener una posición unida y Brasil asegura que el nuevo 10% no afectará a su competitividad. Corea del Sur subraya que su marco general de exportaciones se mantiene intacto.

Al margen de los comentarios internacionales de cada país, la realidad común es que hay más incertidumbre que antes. Y se da la paradoja de que muchos países que negociaron acuerdos bajo la amenaza de aranceles del 20% o 40% ahora se encuentran con un 10% general. A la espera de nuevos movimientos por parte de Trump, sienten que de momento han salido ganando. Mientras otros dudan sobre la validez política de compromisos firmados bajo presión.

Y luego está realmente 'el elefante en la habitación': los reembolsos. Si los tribunales inferiores obligan a devolver lo recaudado bajo la IEEPA, hablamos de hasta 170.000 millones$. Las empresas importadoras (no los consumidores) serían las beneficiarias. El proceso puede durar años de pleitos en tribunales. Y mientras tanto, la frontera comercial puede convertirse en un laberinto administrativo.

En el plano fiscal, el impacto es relevante. La Administración Trump esperaba recaudar billones en la próxima década gracias a los aranceles. Si la mitad de esos ingresos desaparece o se retrasa, el déficit se tensiona aún más en un país con deuda creciente y presupuestos bloqueados en el Congreso.

En términos macroeconómicos, la cuestión clave es otra: incluso con el fallo, el arancel efectivo medio seguirá muy por encima del 2% previo al regreso de Trump. Lo que está claro es que la política comercial no desaparece. Se transforma, se adapta y busca nuevas vías legales para seguir adelante.

El Supremo ha puesto límites formales al poder presidencial, pero no ha cerrado la etapa de tensión comercial. Lo que cambia es la forma, no el fondo. Pasamos de la discrecionalidad casi instantánea a un proceso más fragmentado, más litigioso y probablemente más caótico. El riesgo ha pasado de ser el nivel del arancel impuesto, a la falta de previsibilidad de qué será lo siguiente que sorprenda a empresas y consumidores. Y cuando no se sabe cuál será la regla dentro de seis meses, se producen retrasos en las decisiones, las inversiones y la contratación.

"En economía, la incertidumbre es un impuesto invisible. Y hoy, ese impuesto es más alto que el propio arancel", advierte este experto.

Trump empuja al mundo hacia China

Pero hay otro efecto de los aranceles de Trump. Durante décadas, la arquitectura económica y política internacional giró en torno a EEUU. Sus aliados orbitaban con naturalidad alrededor de Washington. La relación transatlántica era el eje. China era, en el mejor de los casos, la fábrica del mundo; en el peor, un socio incómodo. Ese equilibrio está cambiando. Y no solo por el ascenso estructural de Xi Jinping, sino también por las decisiones de Donald Trump.

En los últimos meses hemos visto un desfile constante de líderes occidentales por Pekín: Emmanuel Macron, Keir Starmer, Mark Carney, Friedrich Merz. Todos ellos representantes de países históricamente alineados con Washington. No es una anécdota diplomática. Es un cambio de fondo.

Mientras Trump ha tensado la cuerda con amenazas arancelarias, presión sobre el gasto en defensa y un discurso abiertamente transaccional con sus socios, Pekín ha optado por el mensaje contrario: estabilidad, multilateralismo y acceso a su mercado de 1.400 millones de consumidores. Donde Washington introduce incertidumbre, China ofrece previsibilidad. Donde EEUU levanta barreras, China tiende puentes comerciales.

Europa necesita exportar. Canadá necesita diversificar. Reino Unido busca oxígeno para su sector financiero y tecnológico. Y China, con su control de cadenas clave (baterías, paneles solares, tierras raras) sabe que tiene poder de negociación.

La ofensiva no es solo comercial. Es geopolítica. Pekín impulsa su propia arquitectura internacional, refuerza los BRICS y promueve una narrativa de “no injerencia” que seduce especialmente al Sur Global. Pero ahora también empieza a calar en el Norte. Las encuestas internacionales reflejan que la percepción de China mejora mientras la de EEUU se deteriora. No porque el modelo político chino resulte más atractivo, sino porque la volatilidad estratégica estadounidense genera fatiga. Los aliados quieren certidumbre. Y el comercio global odia la imprevisibilidad.

Paradójicamente, la política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos. No significa que Europa o Canadá vayan a romper con EEUU. Significa que están diversificando riesgos. Y cuando un aliado empieza a diversificar, es porque percibe vulnerabilidad en el liderazgo central. 

Estamos entrando en un mundo menos unipolar y más competitivo. El centro de gravedad ya no está en un solo lugar. Y la política exterior basada en la presión constante tiene un efecto secundario evidente: empuja a tus socios a buscar alternativas.

En economía y en geopolítica, la confianza es un activo estratégico de los más valiosos. Se tarda décadas en construirla y muy poco en erosionarla. Si EEUU continúa utilizando el comercio como arma permanente, puede ganar batallas arancelarias a corto plazo. Pero corre el riesgo de perder algo mucho más importante: la lealtad estructural de sus aliados.

27Feb

Tras las quiebras de First Brands Group o de Market Financial Solucions, Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, avisa que “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

Miguel Ángel Valero

La reciente calma en el mercado de crédito se ha visto alterada en las últimas semanas. Las vulnerabilidades en el sector del software, la suspensión de reembolsos en los fondos retail de crédito privado de la gestora estadounidense Blue Owl y la reciente quiebra de Market Financial Solucions en Reino Unido empiezan a generar presión, no solo en los mercados privados, sino también en el crédito cotizado. Este impacto es especialmente visible en los préstamos sindicados negociados en mercado y en la deuda corporativa de menor calidad crediticia (High yield), donde los diferenciales se han ampliado desde los mínimos en 25 puntos básicos (pb) en Europa y 32 pb en Estados Unidos. 

Aun así, los analistas de Banca March consideran que las insolvencias observadas hasta ahora son casos aislados, y los temores relacionados con el software todavía no se reflejan en los fundamentales. De hecho, diversas compañías privadas del sector, como McAfee o Rocket Software, han publicado sus resultados de forma anticipada con el objetivo de tranquilizar a los inversores.

Por otra parte, a nivel agregado, el endeudamiento corporativo no muestra signos de excesos: en EEUU se sitúa en el 73% del PIB —su nivel más bajo en una década— y en la Eurozona alcanza el 104%, cifras comparables a las de 2011.

"Ante el aumento del riesgo de crédito, nos reafirmamos en nuestra preferencia por la deuda de mayor calidad dentro del segmento corporativo cotizado, mientras que canalizamos la parte más arriesgada a través de mercados emergentes. No obstante, consideramos que es prematuro hablar de un contagio generalizado y mantenemos una postura vigilante. Por ello, seguimos confiando en la mejora del ciclo económico y entendemos que los episodios recientes son idiosincráticos y, en general, vinculados a entidades financieras fuera del sistema bancario tradicional, como evidencia el caso en Reino Unido", insisten en Banca March.

The Trader: el riesgo no ha desaparecido, se ha desplazado

El analista Pablo Gil aporta en The Trader otra visión. Durante más de una década, el mercado de crédito ha vivido instalado en una anomalía. Tipos de interés excepcionalmente bajos, liquidez abundante y una presión constante por encontrar rentabilidad llevaron a financiar empresas cada vez más endeudadas y con modelos de negocio poco probados. El crédito fluía con facilidad y el riesgo parecía diluirse. Hoy empezamos a comprobar que no había desaparecido. Solo se había desplazado… y camuflado.

El golpe de realidad llegó cuando First Brands Group se declaró en bancarrota tras años de crecimiento alimentado exclusivamente por deuda. Lo relevante no fue solo el tamaño del agujero, cercano a los 10.000 millones$, sino el perfil de los prestamistas: grandes fondos y entidades de primer nivel que, en muchos casos, desconocían el verdadero estado financiero de la compañía. El aviso fue tan gráfico como inquietante. Como señaló Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

El problema es estructural. En 2025 se concedieron más de 1,4 billones$ en deuda a empresas estadounidenses por debajo del grado de inversión. El universo del llamado 'leveraged finance' (bonos basura, préstamos sindicados y crédito privado) supera ya los 4 billones. Muchas de estas compañías no cotizan en Bolsa, lo que reduce drásticamente la transparencia. Además, buena parte del riesgo ya no está en los balances de los bancos, sino en fondos de crédito, planes de pensiones y aseguradoras, empujados ahí por la regulación posterior a 2008. El sistema parece más seguro porque los bancos están mejor capitalizados. Pero el riesgo no ha desaparecido: se ha desplazado hacia zonas menos visibles.

El crecimiento del crédito privado es paradigmático. Ha pasado de unos 500.000 millones$ en 2020 a más de 1,3 billones en apenas cuatro años. Se trata de un mercado poco líquido, con valoraciones que se revisan trimestralmente y que, en muchos casos, dependen del propio prestamista. No existe una referencia diaria de precios como en el mercado de bonos cotizados. Esa estabilidad aparente ha sido uno de sus grandes atractivos. Y también uno de sus mayores engaños.

Hay otro elemento preocupante: la erosión de las protecciones tradicionales para los acreedores. Durante el auge del dinero fácil, muchas compañías (respaldadas por fondos de capital privado) lograron flexibilizar cláusulas que antes permitían a los prestamistas vigilar el deterioro financiero. En los últimos años hemos visto reestructuraciones en las que los acreedores asumían pérdidas significativas mientras los accionistas mantenían el control. Es una señal clara de que la disciplina crediticia se ha debilitado.

Además, la opacidad no solo afecta a los inversores. También inquieta a los reguladores. El número de empresas cotizadas en Estados Unidos se ha reducido a la mitad en dos décadas, mientras miles de compañías han migrado a los mercados privados. El Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo o el Consejo de Estabilidad Financiera han advertido de “lagunas de datos” que dificultan identificar dónde se está acumulando el riesgo. Es un problema serio: no se puede mitigar lo que no se ve. El sistema puede parecer estable… hasta que deja de serlo.

En este contexto entra en juego el factor que acelera todos los riesgos latentes: la inteligencia artificial. La carrera por la IA está reconfigurando sectores enteros. En Bolsa ya hemos visto el impacto: el sector software ha sufrido correcciones relevantes mientras el índice general se mantiene fuerte. Muchos modelos tradicionales, especialmente los vinculados a tareas administrativas o de back office, están perdiendo atractivo a gran velocidad. Las empresas intentan adaptarse incorporando IA a sus productos, pero no siempre es suficiente ni llega a tiempo.

El verdadero foco de vulnerabilidad está en el crédito que financió esas compañías en el pico de valoración tecnológica de 2021 y 2022. Durante esos años, el crédito privado llegó a cubrir entre el 40% y el 70% de las operaciones de compra apalancada en el sector tecnológico. Hoy, una parte relevante de esas carteras está expuesta a negocios que pueden volverse obsoletos más rápido de lo previsto.

Las estimaciones apuntan a que entre un 25% y un 35% de las carteras de crédito privado podrían estar especialmente expuestas a la disrupción provocada por la IA. Algunos escenarios contemplan tasas de impago que podrían acercarse al 6%, e incluso escalar más si la disrupción es agresiva. Y aquí aparece un riesgo adicional que suele pasar desapercibido. Cuando quiebra una empresa industrial, el acreedor puede recuperar parte del dinero vendiendo activos físicos. En el software, los activos son intangibles: código, licencias, talento. Difíciles de valorar y aún más difíciles de liquidar. Las recuperaciones pueden ser mínimas.

Pero la IA no solo tensiona el crédito de baja calidad. También empieza a afectar al mercado de bonos de alta calificación. Los grandes “hyperscalers” tecnológicos están embarcados en una carrera de inversión histórica en centros de datos e infraestructura. Eso implica mayores emisiones de deuda en un mercado donde los diferenciales ya cotizan en niveles históricamente ajustados. Si la expectativa de retorno sobre esas inversiones se recalibra o si el crecimiento no cumple lo prometido, incluso el crédito de mayor calidad podría verse presionado.

Hay además prácticas que pueden retrasar el reconocimiento del problema. El uso creciente de instrumentos como los préstamos con pago en especie (PIK), que permiten diferir el pago de intereses, puede maquillar temporalmente la tensión financiera. Las valoraciones trimestrales, al no reflejar precios de mercado en tiempo real, suavizan la volatilidad. Todo ello contribuye a una sensación de estabilidad que puede ser engañosa.

Y todo esto sucede con una economía estadounidense que todavía crece. Si el ciclo se deteriora, el ajuste puede acelerarse. El riesgo no parece tanto un colapso inmediato al estilo 2008. Es algo más silencioso. Un “slow burn”: pérdidas que tardan en aflorar, valoraciones artificialmente estables y rentabilidades que decepcionan cuando el polvo se asienta.

El crédito privado no es, por definición, un mal activo. Ha cubierto necesidades reales de financiación y ha ofrecido rentabilidades atractivas durante años. Pero en un entorno de disrupción tecnológica profunda, exceso de deuda, protecciones debilitadas y menor transparencia, el margen de error se reduce drásticamente.

La inteligencia artificial no es un ciclo más. Está redefiniendo qué empresas serán relevantes dentro de cinco o diez años. En ese contexto, financiar modelos fácilmente sustituibles puede convertirse en un error muy caro.

"Si hablamos de invertir en Private Equity o en estrategias de crédito asociadas, la diferencia entre hacerlo bien o mal no está en el cupón prometido ni en el relato comercial. Está en la capacidad del gestor para analizar a fondo la viabilidad del negocio subyacente, anticipar cambios tecnológicos y mantener disciplina cuando el mercado se deja llevar por la euforia. Porque en épocas de disrupción, el mayor peligro no siempre está en el balance. Muchas veces está en la obsolescencia del modelo de negocio que ese balance financia", advierte este experto.

El CEO de JPMorgan Chase & Co. asegura que empieza a ver paralelismos en el momento actual con 2005, 2006 y 2007. La misma dinámica que precedió a la crisis financiera: Competencia agresiva, crédito fácil y una carrera por inflar el ingreso neto por intereses (INI). “La marea creciente elevaba todos los barcos y todos ganaban mucho dinero”, ha recordado ante inversores esta semana… Hasta que dejó de hacerlo.

Dimon afirma que JPMorgan no está dispuesto a relajar estándares para maquillar resultados, pero reconoce que ve competidores haciendo “cosas tontas” para generar más margen. Y deja una advertencia clave: el ciclo crediticio siempre termina deteriorándose. La única incógnita es cuándo… y dónde aparece la primera grieta.

El año pasado cayeron Tricolor Holdings y First Brands Group, entonces Dimon utilizó una metáfora clásica en Wall Street sobre las cucarachas. 

En paralelo al riesgo crediticio, varias industrias viven una “operación de susto” vinculada a la inteligencia artificial. “Esta vez podría ser el software por la IA.” Si la IA reduce barreras de entrada y altera modelos de negocio tradicionales, algunas valoraciones (especialmente en tecnología) podrían tensionarse. Y cuando coinciden una competencia financiera intensa, deuda elevada, innovación tecnológica disruptiva y expectativas extremadamente optimistas, la volatilidad suele aumentar.

El mensaje de fondo es claro: No estamos en 2008, pero cuando la competencia se intensifica y el crédito se relaja, la historia suele empezar a rimar. Si Dimon, que sobrevivió a la última gran crisis, advierte… conviene escuchar.

Guía estratégica para integrar la IA en las organizaciones

En un momento en el que muchas empresas hablan de inteligencia artificial, pero pocas saben cómo integrarla estratégicamente, Cómo transformar el enfoque de tu organización hacia la IA con marcos probados de líderes mundiales, de Michael Lewrick, experto en metodologías de innovación y diseño estratégico, y Omar Hatamleh, asesor jefe de IA en la NASA (Deusto),  aporta un marco claro y estructurado.

Propone una guía estratégica para integrar la inteligencia artificial en organizaciones que buscan innovar de forma estructurada y sostenible y convertir la IA en una ventaja competitiva real. Recogen marcos ya aplicados en compañías como Siemens, GE o Microsoft y los traducen en herramientas prácticas para diseñar una hoja de ruta de cambio.

El mensaje central es contundente: la ventaja en IA no depende solo de la tecnología, sino de la capacidad organizativa para adoptarla con coherencia, rapidez y visión de futuro. Una lectura recomendable para directivos, responsables de estrategia e innovación que quieran pasar del entusiasmo a la ejecución estructurada.

DWS: evita los campos de batalla, concéntrate en los cuellos de botella

La inteligencia artificial (IA) está desafiando los modelos de negocio y la capacidad de análisis de los mercados. Las opiniones sobre a quién afectará negativamente y quién se beneficiará cambian casi cada semana. "No vamos a dejar que este nerviosismo creciente nos afecte. Suponemos que la euforia por la IA continuará, dentro de un entorno general positivo para los mercados de renta variable. Pero también creemos que es difícil invertir en una amplia cesta de IA, la selección de valores es obligatoria", afirma Vincenzo Vedda, Chief Investment Officer de DWS.

El buen comienzo del año en los mercados bursátiles oculta el hecho de que bajo la superficie hay turbulencias considerables. Muchas acciones individuales están experimentando fuertes oscilaciones, y algunas caen un 10% o más en un solo día. Los sectores defensivos están superando a las acciones de crecimiento en un grado que no se veía desde períodos como el del COVID, la crisis financiera o la burbuja puntocom. Tras siete semanas, los productos básicos de consumo del S&P 500 han subido más de un 10%, mientras que el sector del software ha caído más de un 20%. El sector de la IA no suele ser lineal. Las supuestas certezas se desvanecen en un abrir y cerrar de ojos, y los ganadores y los perdedores cambian de posición. Los inversores están nerviosos. Aun así, estos movimientos del mercado concuerdan con nuestra convicción de que no estamos viviendo una burbuja de IA, sino un auge de la IA, al que el mercado se enfrenta con “exuberancia racional”.

El contexto económico favorable sigue beneficiando a las acciones, especialmente a las relacionadas con la inteligencia artificial. Esperamos un crecimiento económico sólido y un incremento aún mayor de los beneficios empresariales, con una probable subida de dos dígitos en el beneficio por acción de las empresas estadounidenses en los próximos años. Tanto en EEUU como en Europa, la política fiscal expansiva y las perspectivas de tipos de interés estables o más bajos proporcionan apoyo a los mercados. Consideramos que el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se sitúen por encima del 4,5% es muy bajo, lo que supone un importante impulso para las acciones de crecimiento. La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025 mostró que las empresas de IA siguen registrando un fuerte crecimiento de sus beneficios.

El impulso de la IA continuará en 2026. Se espera que los cinco principales 'hyperscalers' aumenten sus inversiones en más de un 50% interanual, superando una vez más las expectativas. Muchos lanzamientos de productos de IA también han superado las expectativas, y un número cada vez mayor de grandes empresas están informando del éxito en la implementación de la IA. La IA ya no es un tema nicho, sino un motor intersectorial de crecimiento de los ingresos y/o reducción de costes. A diferencia de lo que ocurrió durante la era puntocom, vemos casos aislados de sobrevaloración, pero no una burbuja en todo el mercado.  A esto lo llamamos "exuberancia racional", porque no hay signos de exceso de capacidad en el mercado ni de niveles peligrosos de endeudamiento en el sector.  La reciente venta de bonos por valor de 32 000 millones$ de Google, completada en 24 horas, ilustra la facilidad con la que se sigue obteniendo financiación para la IA.

Desde principios de 2026, los mercados han castigado duramente a sectores completos tan pronto como han surgido dudas sobre la resistencia de sus modelos de negocio frente a la disrupción provocada por la inteligencia artificial. Esto incluye a empresas de software, suministro y procesamiento de datos o mercados digitales. Como resultado, las valoraciones del software han caído con una rapidez y severidad inusuales. Seguimos manteniéndonos al margen de este campo de batalla, aunque algunos proveedores específicos de software empresarial esencial para la actividad puedan haberse estabilizado. Seguimos prefiriendo las empresas que operan en áreas de escasez estructural, en particular los fabricantes de semiconductores (asiáticos), especialmente en el ámbito de la memoria, los proveedores de infraestructuras que permiten la IA, como la electrificación, y los productores y distribuidores de energía. Estos cuellos de botella tienen otra ventaja: también ayudan a limitar el riesgo de exceso de capacidad.

A lo largo de la cadena de valor ampliada de la IA, pueden coexistir cuellos de botella y exceso de oferta. Por lo tanto, el bajo rendimiento del mercado no se limita a las empresas directamente amenazadas por la disrupción de la IA, sino que también puede afectar a sectores en los que la oferta crece más rápido que la demanda, lo que puede ocurrir incluso en un contexto de fuerte crecimiento. Dado el ritmo de desarrollo de la IA, la escasez actual puede convertirse rápidamente en un exceso de oferta mañana, lo que puede hacer tropezar incluso a los pioneros.

"Recientemente hemos rebajado la calificación de la renta variable estadounidense y hemos mejorado la de Japón y Europa. Creemos que los nuevos flujos de renta variable ya no serán una vía de sentido único hacia el mercado bursátil estadounidense, dado el temor a la disrupción de la inteligencia artificial, que se espera que limite una mayor expansión múltiple del S&P 500, con gran peso del sector tecnológico. Los inversores globales seguirán mostrando una preferencia creciente por la diversificación de las carteras de renta variable entre las distintas regiones", argumenta.

Desde la perspectiva de los inversores, es probable que el año 2026 esté menos condicionado por factores macroeconómicos y más por los fundamentos de los sectores y las empresas. Cabe esperar períodos de retrocesos y mayor volatilidad, tanto dentro de los sectores como entre ellos, pero esto no socava los argumentos a favor de las inversiones en IA, siempre que se sigan tres principios:

  • 1.    Dejar actuar a los ganadores: cuando el crecimiento y la creación de valor son claramente visibles, tiene sentido permitir que el impulso continúe. No creemos que los mercados de valores vayan a empeorar, siempre y cuando se mantenga el ciclo económico actual.
  • 2.    Evitar campos de batalla poco claros: mantenerse alejado de los sectores en los que aún no está claro hasta qué punto la IA puede alterar o dejar obsoletos los modelos de negocio existentes.
  • 3.    Centrarse en los cuellos de botella: dar prioridad a las áreas de escasez en las que la oferta limitada respalda el poder de fijación de precios y crea una visibilidad más clara de los beneficios.

En la configuración de la cartera, seguimos un enfoque claro en tres partes. Participamos en la innovación tecnológica a través de la renta variable, pero mantenemos deliberadamente una amplia diversificación en lugar de centrarnos únicamente en la inteligencia artificial en sentido estricto. Al mismo tiempo, mejoramos la estabilidad de la cartera mediante la diversificación entre clases de activos y regiones. Este enfoque permite a los inversores beneficiarse del potencial alcista estructural, al tiempo que se mantiene la resistencia ante posibles perturbaciones, que no pueden descartarse dado el actual entorno geopolítico.

UBS: preocupación por ir demasiado rápido

Por su parte, en el UBS CIO Monthly: ¿Demasiado, demasiado rápido?, Mark Haefele, Chief Investment Officer de tUBS Global Wealth Management, analiza las preocupaciones sobre un crecimiento demasiado rápido del Capex en IA, la continua elevada emisión de deuda pública y otros riesgos, así como cómo afrontarlos: "Creemos que los fuertes movimientos de mercado de los últimos meses deberían servir como catalizador para revisar las carteras. Nuestra estrategia consiste en utilizar nuestro marco de análisis de escenarios para rebalancear, diversificar y cubrir riesgo".

"Un gasto en capital mayor de lo previsto y el aumento de la competencia han elevado la incertidumbre en el ámbito de la IA, lo que hace que la selectividad y la diversificación sean aún más importante", señala.

En cuanto a la asignación de activos, afirma: "Calificamos la renta variable como Attractive y nos gustan EEUU, Europa, Japón, China y los mercados emergentes en general. También favorecemos bonos de calidad y el oro".

"La temática de energía y recursos sigue intacta pese a las dudas sobre un pico en el crecimiento del capex en IA. Mantenemos nuestra convicción en la temática de Power and resources y creemos que ofrece oportunidades atractivas para inversores que buscan ampliar su exposición más allá de la tecnología estadounidense”, añade.

"Mantenemos nuestra visión Attractive sobre la renta variable global. Nuestra confianza en una recuperación cíclica se mantiene, impulsada por la reducción de los vientos en contra arancelarios, los recortes de tipos previstos por la Fed y políticas fiscales cada vez más favorables. En este contexto, recomendamos una asignación diversificada por regiones y sectores”, aportan Fabian Deriaz, Strategist, y Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities.

"Calificamos la Eurozona como Attractive en nuestro universo global de activos. Vemos un potencial adicional moderado al alza en la renta variable de la Eurozona, respaldado por 

  • 1) una mejora del ciclo económico,
  • 2) un entorno estructural más favorable
  •  y 3) valoraciones razonables

”, apuntan Matthew Gilman, Strategist, y Rolf Ganter, Head Equities Europe, UBS Global Wealth Management

Renta variable suiza: "Neutral en nuestra estrategia global. La selección de valores y la diversificación siguen siendo clave. En general, preferimos centrarnos en compañías de calidad y líderes en rentabilidad, así como en determinadas mid-caps y valores cíclicos”, señala Stefan R Meyer, Strategist.

Renta variable británica: "Neutral en nuestras preferencias regionales. Favorecemos beneficiarios estructurales y cíclicos en la región. Seguimos prefiriendo los sectores bancario, industrial, IT e inmobiliario como beneficiarios de cambios estructurales globales, una mejora del ciclo y políticas favorables”, resalta Matthew Gilman, Strategist.

Renta variable estadounidense: “Mantenemos una visión Neutral en todos los segmentos por tamaño y estilo”, recalca David Lefkowitz, Head of US Equities.

Renta variable de mercados emergentes: "Attractive en nuestras preferencias globales. Dentro de emergentes, mantenemos nuestras preferencias por tecnología china, China, India, Brasil e Indonesia, y añadimos Malasia a esta lista”, precisan Laura Smith, Analyst, y Alejo Czerwonko, Chief Investment Officer Emerging Markets Americas.

Divisas: “Dado que el EURUSD ha alcanzado nuestro objetivo de 1,2, pasamos tanto el USD como el EUR a Neutral. Mantenemos una visión Attractive sobre AUD, NZD, NOK y CNY, y favorecemos posiciones largas selectivas en divisas de alto rendimiento”, explica Dominic Schnider, Head Global FX & Commodity. "Cambio en previsiones: introducimos estimaciones para marzo de 2027. Preferimos mantener posiciones largas en divisas pro-crecimiento que ofrezcan rendimiento y en aquellas con componente de materias primas. A nivel regional, creemos que las divisas asiáticas presentan la relación riesgo-recompensa más asimétrica, dado su peor comportamiento en 2025", explica.

Materias primas: “El oro y el cobre destacan entre las materias primas individuales. El aumento de precios beneficia estrategias orientadas a rentas y ayuda a diversificar carteras”, remarcan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, Strategists.“Nuestras oportunidades de la semana siguen centradas en el JPY. Favorecemos una posición corta en SGDJPY y, además, vemos atractivo en utilizar el JPY y las divisas escandinavas para estrategias de venta de volatilidad”, añade Dominic Schnider. Sobre el cobre, "orientación hacia precios más altos hasta 2027. Nuestra perspectiva de precios a corto plazo es prudente, pero esperamos que el precio del cobre suba de forma anual y hemos incrementado todas nuestras previsiones en 500$/tonelada métrica (proyectando 15.000$/tonelada a finales de marzo de 2027). En consecuencia, seguimos siendo positivos y sugerimos mantener posiciones largas en cobre”.

Renta fija: “Mantenemos nuestras recomendaciones Attractive en bonos high grade, investment grade y de mercados emergentes, y seguimos Neutral en high yield”, subraya Frederick Mellors, Strategist.

21Feb

La inteligencia artificial promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles.

Miguel Ángel Valero

Elon Musk ha dado uno de los pasos corporativos más agresivos (y menos convencionales) de los últimos años: SpaceX ha adquirido xAI, su empresa de inteligencia artificial. No se trata de una compra al uso. Es una reorganización interna de poder, capital y narrativa. La operación eleva la valoración del grupo por encima del billón$ y consolida a Musk como el mayor empresario privado del planeta. Pero más allá del titular, lo relevante es por qué lo hace ahora… y qué riesgos asume.

xAI llega tarde a la carrera de la inteligencia artificial. Ha tenido que gastar miles de millones para intentar alcanzar a competidores muy consolidados, con un modelo de ingresos todavía débil. La fusión con SpaceX es, en la práctica, un rescate financiero. SpaceX no es una empresa cualquiera: es un contratista clave de gobiernos, con flujos de ingresos relativamente estables y una reputación tecnológica sólida. Al absorber xAI, importa riesgos financieros, regulatorios y reputacionales que antes no tenía.

Y aquí aparece la primera gran pregunta estratégica de ese movimiento, ¿cuál es el verdadero plan?  Porque sinceramente hace falta un auténtico acto de fe para entender cómo una empresa que combina redes sociales con un chatbot de IA ayudará a SpaceX a lograr lo que Musk ha descrito durante años como su objetivo último: llevar seres humanos a Marte.

Desde el punto de vista del inversor, el intercambio es claro:

  • más ambición
  • más complejidad
  • más incertidumbre

El punto más revelador no es Grok, ni los chatbots, ni las redes sociales. Es esto: Musk quiere llevar centros de datos al espacio. El verdadero plan es infraestructura, no el software. Sin restricciones de suelo. Con acceso directo a energía solar. Y bajo una estructura privada, poco transparente y altamente centralizada.

No es ciencia ficción: es una apuesta a largo plazo por controlar la infraestructura crítica del futuro… como el lenguaje de Musk (como en el de Trump) todo es grandilocuente, no se descarta una posible IPO o salida a Bolsa en 2026, con el objetivo de levantar decenas de miles de millones.  

"La lógica es conocida: crecer primero, explicar después. Esto no va de IA. No va de Marte. No va de redes sociales. Va de algo mucho más clásico: control, escala y poder financiero. El problema es que cuando demasiadas piezas críticas (tecnología, datos, contratos públicos, narrativa y capital) se concentran en una sola estructura, el margen de error se vuelve peligrosamente pequeño", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Una fase completamente nueva para las grandes tecnológicas

Pero no es solo Elon Musk, SpaceX y xAI. Las grandes tecnológicas han entrado en una fase completamente nueva. Ya no compiten solo con software, talento o cuota de mercado. Ahora compiten a base de hormigón, electricidad, chips y cientos de miles de millones de dólares en inversión física.

Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén invertir conjuntamente cerca de 650.000 millones$ este año. Una cifra sin precedentes en este siglo, comparable solo con grandes episodios históricos de construcción de capacidad: la burbuja de las telecomunicaciones de los 90, el ferrocarril del siglo XIX o el New Deal estadounidense.

El destino de ese capital es claro: centros de datos, redes eléctricas, generación de energía, sistemas de refrigeración, infraestructuras de red y chips de alto rendimiento. La carrera por dominar el cómputo necesario para la IA se ha convertido en un mercado de “el ganador se lo lleva casi todo”. Y nadie quiere quedarse atrás.

Cada una de estas compañías va a gastar en un solo año más que cualquier gran corporación estadounidense en la última década. Amazon apunta a cerca de 200.000 millones$. Alphabet hasta 185.000 millones. Meta podría elevar su “capex” cerca de un 90 % interanual. Microsoft ya ha incrementado su inversión más de un 60 %. Todo para sostener modelos de IA que requieren miles de chips fabricados por Nvidia y producidos por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. 

Pero el problema ya no es solo el tamaño del gasto, sino cómo se financia y qué efectos secundarios está empezando a generar. Una parte creciente de esta inversión se está financiando a través del mercado de bonos corporativos de alta calidad. Gigantes como Oracle o Microsoft están aumentando de forma significativa sus emisiones de deuda para sostener esta carrera. El resultado es una presión creciente sobre un mercado que ya cotiza con diferenciales históricamente estrechos, muy cerca de los niveles de finales de los 90.

El mercado empieza a lanzar señales de advertencia. Las nuevas emisiones tecnológicas ya muestran un peor comportamiento relativo frente a los bonos del Tesoro. Los spreads se amplían tímidamente, pero desde niveles tan ajustados que dejan muy poco margen para errores. No hace falta una crisis: basta con una decepción en retornos, retrasos en monetización o una desaceleración inesperada.

Al mismo tiempo, la disrupción que promete la IA está empezando a reflejarse en el crédito. Los préstamos apalancados de empresas de software caen, los modelos tradicionales empiezan a ponerse en cuestión y sectores enteros ven cómo el mercado descuenta que parte de sus ingresos pueden quedar obsoletos. La IA no solo crea ganadores: también acelera la destrucción de modelos de negocio.

Todo esto está transformando la esencia de estas compañías. Durante años fueron negocios ligeros en activos físicos. Hoy, Meta ya gasta más en infraestructura que en ingenieros. Su balance en propiedades y equipamiento se ha multiplicado por cinco desde 2019. La tecnología se está volviendo intensiva en capital… y eso cambia radicalmente las reglas del juego.

Los inversores lo han entendido. A pesar de que los ingresos siguen creciendo y los negocios principales se mantienen sólidos, el mercado ha empezado a castigar los anuncios de gasto. No por dudar del potencial de la IA, sino por cuestionar el ritmo, el retorno y la rentabilidad real de esta inversión colosal. La historia demuestra que las grandes oleadas de inversión suelen ser potentes catalizadores económicos… pero no siempre buenos negocios para todos los accionistas ni para todos los acreedores.

La IA promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles. Y en paralelo, en cómo esa carrera se filtra al mercado de crédito, donde los precios dejan poco margen para decepciones. La verdadera criba bursátil —y crediticia— acaba de empezar.

El mensaje estratégico de Alphabet: un bono a 100 años

Por eso hay movimientos financieros que, más allá de la cifra, envían un mensaje estratégico muy potente. Alphabet ha emitido deuda por valor de 5.500 millones de libras (unos 7.530 millones$) dentro de un programa más amplio que también incluye 3.055 millones en francos suizos y hasta 20.000 millones con vencimiento en 2066. Pero el titular que realmente destaca es otro: un bono a 100 años por 1.000 millones de libras con un cupón del 6,125 % anual.

Ese 6,125% es el interés que la compañía pagará cada año a los inversores que han comprado ese bono. Durante un siglo. Y en 2126, además, devolverá el principal. No es una cifra menor. Supone fijar hoy el coste del dinero durante cien años, algo que solo pueden permitirse empresas con enorme fortaleza financiera y credibilidad en los mercados.

Ahora bien, la pregunta interesante no es por qué Alphabet emite ese bono. Es porque alguien lo compra. Ningún inversor particular adquiere un bono a 100 años pensando en esperar al vencimiento. Los compradores son grandes instituciones, fondos de pensiones y aseguradoras que necesitan activos capaces de generar flujos estables durante décadas. Tienen obligaciones futuras muy largas y necesitan emparejar esos compromisos con ingresos previsibles. Para ellos, un 6,125% anual en una compañía como Alphabet puede resultar atractivo dentro de una estrategia de largo plazo. Además, estos bonos cotizan en mercado secundario, por lo que no es necesario mantenerlos hasta el vencimiento.

Conviene también distinguir entre un bono a 100 años y un bono perpetuo. En el bono centenario existe una fecha concreta de devolución del principal, aunque esté muy lejana. El inversor sabe que, además de los cupones, hay una amortización final. En un bono perpetuo no hay vencimiento: el emisor paga intereses indefinidamente y no tiene obligación de devolver el principal. Desde el punto de vista del comprador, eso implica que toda la rentabilidad depende exclusivamente de los cupones futuros y que la sensibilidad a los tipos suele ser todavía mayor.

Pero lo verdaderamente relevante es el destino del dinero. La carrera por la IA se ha convertido en una competición de capital intensivo. Centros de datos, chips especializados, energía, talento, adquisiciones estratégicas… Todo exige miles de millones. Y las grandes tecnológicas han entendido que esto no va de pequeñas mejoras incrementales, sino de dominar infraestructuras críticas para la próxima década.

Si una empresa decide endeudarse a 100 años es porque percibe que el retorno esperado de esa inversión es superior al coste de la deuda durante un siglo. Es una apuesta implícita sobre el crecimiento futuro de la demanda de servicios basados en IA, sobre la monetización de modelos avanzados y sobre su capacidad para mantener márgenes elevados en un entorno cada vez más competitivo. Estamos viendo cómo la IA no solo transforma modelos de negocio, sino también estructuras financieras. Las tecnológicas ya no compiten solo con código y talento, sino con balances capaces de absorber inversiones históricas.

"Cuando una compañía es capaz de comprometerse financieramente durante cien años para acelerar su apuesta tecnológica, no está pensando en el próximo trimestre. Está construyendo una posición estructural para dominar el siguiente ciclo económico. Y como inversores deberíamos preguntarnos si estamos valorando estas decisiones con la profundidad temporal que realmente merecen", apunta Pablo Gil.

Quién define las reglas del juego

Durante años, los grandes líderes de la inteligencia artificial han repetido el mismo mensaje: Queremos regulación”. Pero cuando la regulación empieza a tomar forma, el discurso se vuelve más complejo. En EEUU se está librando una batalla poco visible pero muy relevante para el futuro del sector: una guerra de influencia política entre las propias empresas de IA, una batalla silenciosa por regular la inteligencia artificial.

Dos grandes actores del sector, OpenAI y Anthropic, están apoyando —directa o indirectamente— organizaciones políticas con visiones muy distintas sobre cómo debe regularse la inteligencia artificial. Por un lado, está OpenAI, creadora de ChatGPT y probablemente la empresa más reconocida del sector. Nació como organización sin ánimo de lucro con la misión de desarrollar una IA “segura y beneficiosa para la humanidad”, pero hoy opera bajo un modelo híbrido con fuertes alianzas estratégicas, especialmente con Microsoft. Es uno de los grandes impulsores de la adopción masiva de la IA generativa.

En el otro lado está Anthropic, fundada por antiguos investigadores de OpenAI y centrada desde el inicio en el desarrollo de modelos con fuertes mecanismos de seguridad. Su modelo Claude compite directamente con ChatGPT, pero su posicionamiento público ha sido más prudente y orientado al control de riesgos. Ambas compiten en el mismo mercado. Pero no comparten la misma visión regulatoria.

Anthropic ha anunciado estos días una aportación de 20 millones$ a un PAC o grupo que defiende reglas más estrictas en materia de seguridad y control de la IA. En paralelo, otro PAC respaldado por figuras cercanas a OpenAI ha reunido más de 100 millones para promover una regulación federal más uniforme y evitar un mosaico de leyes estatales que frene la innovación. No es solo una discusión técnica. Es una disputa estratégica sobre quién define las reglas del juego.

En EEUU, un PAC (Political Action Committee) es una organización que recauda dinero para influir en elecciones o en políticas públicas. Un 'super PAC' puede recaudar cantidades ilimitadas de dinero de empresas, inversores o particulares para financiar campañas publicitarias y apoyar candidatos o causas concretas. Aunque no pueden coordinar directamente con los políticos, su capacidad de influencia es enorme. En la práctica, son una herramienta clave para moldear el entorno regulatorio, o ganar elecciones.

Todo esto es relevante porque la regulación que se diseñe en EEUUU marcará el estándar global. La IA ya no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión geopolítica, económica y laboral. Mientras algunas empresas apuestan por menos restricciones para acelerar la innovación, otras temen que el desarrollo sin límites genere riesgos sistémicos: desde pérdida masiva de empleo hasta problemas de seguridad o de concentración de poder.

"Y aquí está la clave: la discusión ya no es si habrá regulación. La discusión es quién va a ser quien la escriba", resalta Pablo Gil.

15Feb

Con la estabilización gradual del mercado de la vivienda y la mejora de las tendencias del empleo, la confianza de los consumidores regresará. Eso debería contribuir a liberar el abultado ahorro de los hogares, activar la demanda embalsada y reforzar el papel del consumo como pilar clave del crecimiento duradero.

Miguel Ángel Valero

Tras un buen año en los mercados internacionales, 2026 ha comenzado con más volatilidad, arrastrado por los rápidos sucesos geopolíticos y los cambios en las prioridades económicas en el mundo. Mientras los inversores se enfrentan a este panorama cambiante, las perspectivas de China para el año que acaba de comenzar adquieren una relevancia mayor. Fidelity International pone de relieve la evolución de los argumentos de inversión en China, ahora que se adentra en el Año del Caballo, asociado tradicionalmente con el dinamismo, la fortaleza y la volatilidad en la astrología china. 

En el Año del Caballo también se pondrá en marcha el 15º Plan Quinquenal, una hoja de ruta esencial que fija las políticas y el rumbo de la siguiente etapa de desarrollo del país. Con una mayor claridad en las prioridades estratégicas, los inversores pueden esperar que se preste más atención a la ejecución, a medida que las políticas se traduzcan en actuaciones tangibles en sectores clave durante los próximos meses.

Peiqian Liu, Economista para Asia de Fidelity International, comenta: “A pesar de que el cuadro interno es complejo, se observa un mayor equilibrio y resistencia en las perspectivas macroeconómicas de China en 2026, a las que contribuyen la estabilidad institucional y la fortaleza que siguen mostrando los grandes motores de crecimiento. En ausencia de un giro radical en sus políticas, se prevé que China mantenga el patrón de crecimiento de dos vías, caracterizado por una pérdida de vigor de la demanda interna y unas exportaciones fuertes. El crecimiento real del PIB probablemente alcance o supere la previsión actual del 4,2% que maneja el FMI. Las expectativas del mercado apuntan a un objetivo de PIB cercano al 5%, cimentado en el dinamismo constante de las manufacturas, unos mercados de exportación cada vez más diversificados y una inversión sostenida en infraestructuras. Sin embargo, este año la atención de los inversores debería desplazarse progresivamente hacia el crecimiento nominal, que será crucial para evaluar el potencial de generación de beneficios en los diferentes sectores”. La reflación, una evolución ligeramente más probable“.

Aunque la estabilización controlada sigue siendo la hipótesis de trabajo para el entorno macroeconómico de China, las primeras señales de políticas de apoyo para la demanda interna aumentan la probabilidad de que se imponga la reflación en 2026. Un aspecto importante es que el riesgo de desaceleración grave parece limitado, ya que la coyuntura exterior sigue siendo en general favorable, y el sector inmobiliario emite nuevas señales de estabilización.

Se espera que las presiones deflacionistas se mantengan a corto plazo, ya que todavía tiene que asentarse una recuperación duradera en el consumo interno. Por ahora, "creemos que el principal impulsor del crecimiento real sigue siendo la oferta", señala este experto.

"Se espera que la política presupuestaria siga siendo favorable, pero contenida, y que el déficit se mantenga en el entorno del 4%. Las cuotas de emisión de bonos especiales de las Administraciones locales podrían aumentar moderadamente para apoyar la inversión en infraestructuras. Aunque el perfil concreto de las políticas en materia presupuestaria sigue evolucionando, una novedad positiva para la demanda interna sería un cambio en forma de mayores ayudas directas a los hogares", añade Liu.

También se espera que "el Banco Popular de China mantenga una postura moderadamente expansiva, lo que incluye recortes de los tipos de interés de referencia de alrededor de 10 puntos básicos (pb) y reducciones del coeficiente de reservas obligatorias de 50pb durante el año. Las presiones inflacionistas son escasas y los indicadores de crecimiento siguen de capa caída, por lo que el banco central chino probablemente desarrolle un ciclo de relajación muy medido en el que conjugará el apoyo al crecimiento con la estabilidad cambiaria, los objetivos en materia de empleo y los márgenes de intermediación del sistema bancario”.

Los sectores orientados al crecimiento tirarán de la Bolsa

Stuart Rumble, responsable de Dirección de Inversiones para Asia-Pacífico de Fidelity International, cree que “a medida que nos adentramos en el Año del Caballo, el mercado chino está empezando a mostrar a los inversores un dinamismo renovado. Las condiciones de liquidez y los flujos de capitales siguen siendo favorables, tanto en el mercado interno como en los mercados externos de China, en un momento en el que las autoridades siguen impulsando una agenda de políticas moderadas centradas en el apoyo al consumo, la estabilidad del mercado de la vivienda y las reformas estructurales. No obstante, persisten algunos grandes riesgos, sobre todo en relación con la tenue recuperación de la vivienda, la incertidumbre geopolítica y las prolongadas presiones deflacionistas. Sin embargo, la coherencia en la ejecución de las políticas y la mejora de la visibilidad de los beneficios probablemente sostengan la liquidez interna y atraigan a los inversores extranjeros hacia los activos chinos".

Hace entre 12 y 18 meses, las valoraciones estaban por los suelos. Aunque el entorno a corto plazo sigue siendo desigual, el efecto combinado de los estímulos presupuestarios focalizados, la relajación monetaria y las iniciativas de modernización industrial sigue apuntalando la confianza en las perspectivas a medio plazo. Las valoraciones bursátiles han experimentado un ascenso moderado, pero siguen siendo razonables frente a las medias históricas y otros mercados internacionales.

El índice MSCI China subió un 31,4% en 2025, con lo que superó tanto a la Bolsa estadounidense como a los mercados desarrollados. Las temáticas impulsadas por la innovación, sobre todo la tecnología y la IA, propiciaron este rebote tras el anuncio del modelo de IA de DeepSeek a comienzos de 2025. El buen momento ha continuado, lo que se refleja en las salidas a bolsa de empresas chinas de IA y tecnología en Hong Kong a finales de 2025, que atrajeron un gran interés inversor. La postura anticíclica del gobierno ha ayudado a estabilizar la dinámica de crecimiento durante el último año y ha sentado las bases para una recuperación más duradera. 

La pregunta clave es si esta fortaleza obedece a una mejora de los fundamentales o, en cambio, constituye una subida de las valoraciones motivada por el sentimiento. La mejora de la coyuntura macroeconómica y la aparición de nuevos motores de expansión contribuyen al buen comportamiento de los sectores orientados al crecimiento. La tecnología y la innovación siguen presentando oportunidades atractivas. El éxito de DeepSeek es el resultado de inversiones constantes en I+D y una tendencia de innovación más amplia en China. La innovación se extiende más allá de la IA y llega a la robótica, la conducción autónoma, la movilidad del futuro y la fabricación avanzada. 

Junto a eso, las reformas estructurales -como la liberalización de los mercados de capitales-, la modernización de la oferta, las medidas antiinvolución y las políticas para prestar apoyo a la iniciativa privada están ayudando a crear un entorno de inversión más saludable y favorable a la innovación. Estas reformas están elevando la eficiencia en la asignación del capital y alentando un crecimiento a golpe de innovación en diversos sectores. El consumo sigue siendo fundamental para las metas de crecimiento a largo plazo de China. Aunque el gasto de las familias es bajo a corto plazo y confirma que la cautela se mantiene, los cimientos están fortaleciéndose. Con la estabilización gradual del mercado de la vivienda y la mejora de las tendencias del empleo, la confianza de los consumidores regresará. Eso debería contribuir a liberar el abultado ahorro de los hogares, activar la demanda embalsada y reforzar el papel del consumo como pilar clave del crecimiento duradero. De este modo, se crean oportunidades para que los inversores activos accedan a empresas de consumo líderes en la segunda mayor economía del mundo a unas valoraciones atractivas. 

Las medidas de las autoridades tienen como finalidad impulsar la actividad en el sector servicios y fomentar un consumo orientado al bienestar y las experiencias. Esta transición estructural está creando fuertes divergencias entre sectores y categorías y están surgiendo ganadores claros en áreas como los servicios prémium, la salud, las plataformas en línea, el ocio y la gran distribución basada en experiencias.

Diversificación por medio de la renta fija

La diversificación de una cartera se puede mejorar significativamente invirtiendo en mercados de renta fija con bajas tasas de correlación con otras grandes plazas internacionales. Stuart continúa: “El mercado de renta fija de China ofrece en 2026 una atractiva combinación de carry elevado, duración relativamente baja y riesgos sistémicos en descenso aunque, para que la asignación de activos sea satisfactoria, se necesita cada vez más una selección de emisores rigurosa.La coyuntura macroeconómica de China -caracterizada por una estabilización controlada, una inflación baja y una elevada liquidez interna- favorece la inversión en renta fija pública, bonos del sector financiero, deuda de empresas estatales y deuda cuasipública, y crea un marco estable para los títulos investment grade".

Al mismo tiempo, las persistentes tensiones en el sector inmobiliario y la baja confianza del sector privado siguen provocando fuertes divergencias en la deuda corporativa, lo que deja a los bonos high yield muy dependientes del carry y de los fundamentales de cada título. Los sectores high yield no inmobiliarios, como los servicios financieros, los servicios públicos y los videojuegos, ofrecen perfiles de flujos de efectivo más resistentes, mientras que la exposición inmobiliaria debe seguir estando muy cuidada y centrada en emisores de primer nivel o con vínculos estatales que muestren trayectorias de refinanciación claras

.Las dinámicas de la geopolítica y el comercio, como el aumento de las primas de riesgo estructural y la volatilidad de los tipos en todo el mundo, añaden una capa adicional de incertidumbre, lo que justifica una postura entre neutral y moderadamente favorable con un sesgo claro hacia la calidad. En conjunto, la renta fija china sigue encontrando apoyo en una elevada liquidez interna, la mejora de los indicadores técnicos y el descenso de las tasas de impago, pero la alta dispersión y unas valoraciones ajustadas desde una perspectiva histórica aconsejan un posicionamiento selectivo, una duración entre corta y media y un énfasis en la generación de rentas a través de inversiones en títulos investment grade de calidad y oportunidades en high yield cuidadosamente seleccionadas”.

The Trader: China lleva una década reduciendo su exposición a la deuda de EEUU

Por su parte, un análisis de The Trader subraya que China lleva más de una década reduciendo de forma sostenida su exposición a la deuda de EEUU. El gráfico es claro: desde el pico alcanzado en torno a 2013, las tenencias de bonos del Tesoro han caído de manera casi ininterrumpida hasta situarse en niveles no vistos desde la crisis financiera de 2008.

No ha sido una decisión puntual ni un movimiento táctico ligado a un momento concreto del mercado. Ha sido una estrategia prolongada en el tiempo, coherente y deliberada. Menos dependencia de la deuda estadounidense y más diversificación de reservas.

¿Hacia dónde ha ido parte de ese capital? Principalmente hacia el oro. China ha incrementado de forma muy notable sus reservas de oro en los últimos años, reforzándolo como activo refugio alternativo. No genera rentabilidad, pero no depende de la política fiscal de ningún país, no puede sancionarse y no está expuesto al riesgo de inflación monetaria. Para un banco central que busca autonomía y estabilidad a largo plazo, el mensaje es evidente.

A esta tendencia estructural se suma ahora la recomendación reciente de los reguladores chinos a sus bancos: limitar la exposición a los Treasuries. El argumento con el que lo justifican es la “prudencia”: evitar en lo posible una concentración excesiva del riesgo de las carteras y protegerse ante un potencial aumento de la volatilidad. 

Pese a que muchos piensan que esta estrategia de China intenta desestabilizar la capacidad de financiación de EEUU., la realidad es que ésta vive su mejor momento. Las compras internacionales de deuda estadounidense están en máximos históricos. Las tenencias extranjeras superan los 9,4 billones de dólares y siguen creciendo, con Europa, Japón y fondos institucionales compensando con creces la menor presencia china, como se puede ver en el gráfico.

Mientras China se retira gradualmente, otros entran en un mercado de Treasuries que sigue siendo líder por profundidad, liquidez y que, además, hoy por hoy, no cuenta con una alternativa real a escala global. El dólar puede ser cuestionado en el discurso, pero en los datos continúa dominando.

Lo relevante es la tendencia de fondo que ha tomado China, que lleva años reduciendo su dependencia financiera de EEUU, reforzando el oro como activo refugio y ahora trasladando esa prudencia a su sistema bancario. Para un competidor por la hegemonía mundial, no depender de su adversario parece una medida razonable. Pero al mismo tiempo, el mercado demuestra que la deuda estadounidense sigue encontrando comprador sin dificultad. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. Y entender esa dualidad es clave para no confundir una estrategia de largo plazo con una señal de crisis inmediata.

Xi Jinping blinda su poder

Por otra parte, la caída del general Zhang Youxia ya no puede interpretarse como una purga más dentro del ritual disciplinario del Partido Comunista chino. Con el paso de los días, y a medida que emergen nuevas informaciones, su destitución adquiere un significado mucho más inquietante: revela hasta qué punto Xi Jinping está dispuesto a dinamitar incluso los pilares que él mismo levantó para blindar su poder.

La versión oficial habla, como casi siempre, de “graves violaciones de la disciplina”. Un eufemismo que en China sirve para abarcar desde corrupción hasta deslealtad política. Pero las filtraciones apuntan a algo más delicado: redes de favores dentro del Ejército Popular de Liberación, venta de ascensos, pérdida de control sobre determinadas cadenas de mando e incluso, según versiones no confirmadas, posibles filtraciones de información sensible. Nada de esto ha sido reconocido públicamente por Pekín, pero el patrón es claro y consistente con purgas anteriores.

Zhang no era un general cualquiera. Era un aliado histórico, un “hermano jurado”, una figura clave en la toma de control del estamento militar tras la llegada de Xi al poder. También era uno de los últimos mandos con suficiente peso, experiencia y redes internas como para representar un contrapeso real, aunque fuera silencioso. Su desaparición deja a la cúpula militar no solo descabezada, sino profundamente politizada.

Este tipo de decisiones suelen interpretarse como una demostración de fortaleza. En realidad, suelen ser lo contrario. Un liderazgo que empieza a eliminar a sus hombres más cercanos no está proyectando seguridad, sino desconfianza. El problema no es la corrupción en sí (endémica en muchos sistemas), sino la obsesión por erradicar cualquier atisbo de autonomía. El resultado es un ejército más obediente, sí, pero también más temeroso, menos transparente y peor preparado para escenarios complejos. La historia demuestra que los ejércitos gobernados por el miedo tienden a ocultar errores y a paralizar la iniciativa.

Este patrón no es exclusivo de China. Es una constante en los sistemas personalistas. Vladimir Putin lleva más de dos décadas aplicándolo: oligarcas, generales y jefes de seguridad han ido cayendo no tanto por lo que hicieron, sino por lo que podían llegar a representar. La lealtad deja de medirse por competencia o resultados y pasa a medirse por sumisión absoluta. Y aun así, el sistema vive atrapado en una paranoia permanente.

Lo interesante es que esta lógica empieza a asomar, con formas distintas, en democracias sometidas a fuerte tensión institucional. Donald Trump ha mostrado una dinámica sorprendentemente similar: eleva figuras a posiciones de enorme influencia y, cuando estas introducen fricción o discrepan, pasan automáticamente al campo del enemigo. El caso de Elon Musk es ilustrativo. De aliado estratégico y símbolo de genialidad empresarial a problema político en cuanto dejó claro que no obedecería sin matices.

El paralelismo es evidente: los liderazgos que no toleran el desacuerdo acaban rodeándose de silencio. Y el silencio, en política, rara vez es neutral. En el caso chino, las implicaciones son profundas. Afectan a la credibilidad del mando militar, a la planificación sobre Taiwán, a la sucesión prevista para 2027 y a la estabilidad interna del Partido. Un sistema donde el líder ya no confía ni en su núcleo duro se vuelve más opaco, más rígido y, paradójicamente, más frágil.

No deja de ser paradójico que cuanto más poder concentra el líder, más amenazas percibe. Y cuantas más amenazas percibe, más limpia su entorno. El resultado final no es un régimen más fuerte, sino un régimen más solo.

La destitución de Zhang Youxia no es una anécdota ni un episodio aislado. Es una señal de alarma sobre cómo funcionan los sistemas de poder cuando dejan de confiar en las instituciones y dependen exclusivamente de una figura. China, Rusia y, en menor medida, EEUU muestran que el verdadero riesgo no siempre viene de fuera. "Cuando el liderazgo se basa en eliminar contrapesos en lugar de gestionarlos, el mayor peligro no es la oposición externa, sino el vacío interno que deja el miedo", subraya el analista Pablo Gil.

13Feb

Los aranceles están perjudicando a los consumidores al aumentar los precios de los productos, incluidos los moldes para tartas y las latas de alimentos y bebidas. Algo que preocupa al equipo de Trump y a los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

Miguel Ángel Valero

Trump lo vuelve a hacer. La Casa Blanca reconoce que estudia reducir y acotar el alcance de los aranceles del 50% aplicados a las importaciones de acero, aluminio y productos derivados. Estos aranceles, que se habían introducido inicialmente bajo el argumento de tratar de frenar las importaciones y devolver a EEUU la fortaleza industrial, están derivando en quejas internas y dificultades operativas de las empresas norteaamericanas, dada la elevada dificultad que se encuentran en calcular el contenido de acero y aluminio en los productos y con ello aplicar esta tasa del 50% decidida por Trump. 

El año pasado, el Departamento de Comercio de EE UU aumentó los aranceles al acero y al aluminio sobre más de 400 productos, incluyendo turbinas eólicas, grúas móviles, electrodomésticos, excavadoras y otros equipos pesados, además de vagones de ferrocarril, motocicletas, motores marinos, muebles y cientos de otros productos.

Esta decisión surge horas después de haberse conocido un estudio de la Fed de Nueva York que revela que el 90% de los aranceles los están pagando los propios consumidores y las empresas estadounidenses, contradiciendo el discurso oficial de que lo pagan los exportadores extranjeros. 

Además, este arancel es uno de los escollos en los acuerdos comerciales con otros países –entre ellos la UE–, dado que, debido a la amplitud de productos que caerían sobre las tarifas que se aplican al acero y el aluminio, podría debilitar el acuerdo que contemplaba un tope arancelario del 15% para la UE.

Esta nueva marcha atrás de Trump, haciendo bueno el TACO (Trump Always Chickens Out, Trump Siempre Se Acobarda) popularizado por los demócratas, tiene también mucho que ver con el encarecimiento del coste de la vida en EEUU y con el índice de popularidad más bajo de un presidente de EEUU desde Nixon y el caso Watergate, como publicó Dinero Seguro el 11 de febrero.

Los aranceles están perjudicando a los consumidores al aumentar los precios de los productos, incluidos los moldes para tartas y las latas de alimentos y bebidas. Algo que preocupa al equipo de Trump y a los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

Pendientes del Supremo

Mientras, todos están pendientes del Tribunal Supremo, que debe determinar si los aranceles impuestos por Donald Trump durante su segundo mandato se ajustan a la legalidad. No es solo un debate jurídico. Es, sobre todo, un pulso político y económico. Los aranceles del llamado “Liberation Day”, con gravámenes de entre el 10% y el 50% sobre la mayoría de las importaciones, han sido el emblema de esa estrategia. Los tribunales inferiores ya han cuestionado su encaje legal al apoyarse en una ley de emergencia de 1977 pensada para contextos muy distintos. Ahora, la última palabra la tiene el Supremo.

Desde el punto de vista fiscal, la Casa Blanca ha logrado su objetivo a corto plazo. La recaudación por aranceles se ha disparado y en 2025 ha superado ampliamente los 160.000 millones$, un salto histórico impulsado por el uso extensivo de poderes ejecutivos. Los ingresos han sido reales y cuantiosos, aunque el coste ha recaído principalmente en las empresas y ciudadanos estadounidenses. Pero ese coste no solo se refleja en “mayores impuestos” sino que empieza a ser evidente en otros frentes. El mercado laboral muestra un deterioro significativo desde la entrada en vigor de los aranceles, con una clara pérdida de dinamismo en la creación de empleo. La industria y los sectores más expuestos al comercio exterior están ajustando márgenes, inversión y contratación. 

El resultado es evidente: más ingresos fiscales, pero menos creación de empleo, como se comprueba en los gráficos aportados por The Trader.

Si el Supremo falla contra la Casa Blanca, habrá ganadores inmediatos. Sectores intensivos en importaciones (textil, bienes de consumo, mobiliario) aliviarían costes rápidamente. Pero el problema de fondo no desaparecería. Una sentencia contraria abriría una nueva batalla política y legal para buscar vías alternativas que mantengan los aranceles sin afrontar devoluciones masivas, con implicaciones fiscales y presupuestarias relevantes.

Además, menos ingresos por aranceles significan más presión sobre el déficit en un momento en el que la deuda estadounidense y los tipos a largo plazo ya están bajo vigilancia constante del mercado.

"Más allá del fallo del Supremo, el mensaje para los mercados es claro: las reglas pueden cambiar en cualquier momento. La recaudación vía aranceles ha sido elevada, pero el deterioro del empleo sugiere que el precio económico empieza a ser alto. Si los aranceles caen, la incertidumbre no se disipará; simplemente cambiará de forma. Y mientras la política económica se gestione a golpe de excepción, la volatilidad podría dejar de ser un episodio puntual para convertirse en el escenario base", advierte el analista Pablo Gil.

12Feb

Si la actividad económica está fuerte, el mercado laboral muestra estabilización, la tasa de paro baja y los salarios crecen, ¿qué urgencia existe para volver a bajar tipos? Más aún cuando la inflación todavía no está plenamente controlada.

Miguel Ángel Valero

A pesar de las fuertes revisiones de la serie histórica, dejando a 2025 como el año de menor creación de empleo promedio sin una recesión, las buenas cifras de enero alejan la posibilidad de una bajada de tipos en los próximos meses. El empleo inicia el año con buen pie en EEUU. Las esperadas cifras oficiales del mercado laboral estadounidense de enero fueron positivas y mostraron que la economía ha creado 130 mil nuevos puestos de trabajo, duplicando las expectativas y registrando así el mayor ritmo de creación de empleo desde diciembre de 2024. 

Los sectores cíclicos de la economía aportaron 25.000 nuevos empleos, siendo especialmente destacado el buen desempeño de la construcción (+33.000). Además, destaca cierta reactivación en el empleo manufacturero, que aumentó en enero en 5.000 personas, siendo éste el primer mes con creación de empleo en este sector desde la llegada de Trump. 

Por otro lado, también la encuesta de empleo a los hogares fue positiva, al mostrar que la tasa de paro bajó una décima en enero hasta situarse ahora en el 4,3%, su segundo descenso mensual consecutivo y volviendo así a los niveles de agosto. Esta bajada del paro estuvo acompañada de un aumento de la tasa de participación que se elevó una décima hasta el 62,5%. En cuanto a la evolución de los salarios, siguen mostrando crecimientos sólidos que permitirán mejorar los ingresos de los hogares, pero su ritmo de crecimiento se va normalizando: en enero los salarios por hora avanzaron un 3,7% interanual, una décima menos que en el mes previo.

Pero estas cifras deben interpretarse con cierta cautela debido a que enero es un mes particular en la publicación de los datos del mercado laboral en EEUU, a causa de factores estacionales y sobre todo a que coincide con las habituales revisiones estadísticas anuales. En esta ocasión la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) revisó a la baja en menos 898.000 puestos de trabajo las cifras del año pasado, una corrección notable frente a lo publicado anteriormente (equivale al 0,5% del total del empleo), pero que se mantuvo dentro del rango previsto –en septiembre el BLS ya había señalado una cifra similar (-911.000)–. Esta revisión de los datos publicados el año pasado, nos deja un mercado laboral con menor dinamismo de lo esperado. En el conjunto de 2025 la economía estadounidense apenas habría creado 181.000 empleos, una cifra débil y que correspondería a una media de 15 mil nuevos puestos de trabajos mensuales, muy por debajo de los 49.000 publicados previamente y lejos de los 121.000 de media registrados en 2024 previos al inicio del mandato de Trump. 

En cualquier caso, con una tasa de paro reduciéndose y con señales de fortalecimiento en la contratación parece que los argumentos de los miembros de la Fed más proclives a la reducción de tipos oficiales se desvanecen. La probabilidad implícita en el mercado de futuros para una primera bajada en 2026 se ha desplazado una reunión adicional, hasta julio. El mercado, a falta del dato de inflación (que se conocerá el 13 de febrero) mantiene su previsión de dos reducciones de tipos este año.

The Trader: ¿qué urgencia existe para bajar tipos?

El analista Pablo Gil en The Trader profundiza en la cuestión: El mercado laboral estadounidense ha comenzado 2026 con una sorpresa positiva. En enero se crearon 130.000 empleos, el doble de lo previsto, y la tasa de paro descendió al 4,3 %. Los salarios avanzaron un 0,4 % mensual. A simple vista, el mensaje es claro: el empleo resiste y la economía no se está enfriando con la intensidad que muchos temían.

Los sectores que impulsaron el dato fueron principalmente salud, asistencia social y construcción. En cambio, el gobierno federal y el sector financiero recortaron plantilla. No es un crecimiento homogéneo, pero sí suficiente como para alejar, al menos por ahora, el fantasma de un deterioro rápido del mercado laboral. 

Sin embargo, el verdadero giro no está solo en el dato de enero. Está en lo que el Bureau of Labor Statistics (BLS) revisó al mismo tiempo. El ajuste anual mostró que en los doce meses hasta marzo de 2025 se habían creado 862.000 empleos menos de lo que inicialmente se había publicado. El total de empleos estimados para 2025 pasó de 584.000 a apenas 181.000 tras cruzar la información con registros administrativos más completos.

"El presente luce mejor… pero el pasado fue bastante más débil de lo que creíamos. Este contraste cambia el marco de interpretación. Porque si uno se queda solo con enero, podría concluir que la economía está acelerando. Pero si incorpora la revisión, entiende que venimos de un periodo mucho más frágil de lo que indicaban las cifras oficiales", argumenta.

La Reserva Federal había justificado tres bajadas de tipos a finales de 2025 por la debilidad del empleo y el riesgo de aumento del paro. Luego hizo una pausa en enero, argumentando señales de estabilización. El nuevo dato refuerza esa pausa y aleja la probabilidad de un nuevo recorte del mes de junio hacia julio o incluso más adelante.

"Y aquí surge el dilema político. Si la actividad económica está fuerte, el mercado laboral muestra estabilización, la tasa de paro baja y los salarios crecen, ¿qué urgencia existe para volver a bajar tipos? Más aún cuando la inflación todavía no está plenamente controlada", razona.

Pese a la falta de argumentos, Donald Trump no ha tardado en celebrar el dato e insistir en que Estados Unidos debería tener los tipos más bajos del mundo. Kevin Warsh, señalado como posible sucesor de Jerome Powell al frente de la Fed, ha mostrado también una postura más favorable a recortar pese a que los números actuales no parecen exigirlo con claridad.

"Si en los próximos meses vemos una bajada de tipos con un mercado laboral estabilizándose y una actividad que no da señales de colapso, la pregunta no será si el recorte era posible, sino cuál será el argumento utilizado para justificarlo. Porque cuando los datos no presionan con urgencia, el relato se convierte en protagonista. Y en política monetaria, la credibilidad lo es todo", advierte.

UBS: recortes de 25 pb en junio y en septiembre

El UBS CIO Daily va en esa línea: "los datos de empleo de enero moderaron las expectativas de los inversores sobre un recorte de tipos a corto plazo. Pero creemos que el ciclo de relajación monetaria no es probable que se altere. Las acciones estadounidenses tienen margen para seguir subiendo en un contexto de ampliación del rally. La renta fija de calidad y los bonos de mercados emergentes ofrecen rentabilidades atractivas. El mercado alcista del oro sigue intacto".

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos nuestro escenario base de dos recortes de tipos de 25 puntos básicos este año, comenzando en junio y seguido de otro en septiembre, creando un entorno favorable para la renta variable, la renta fija y el oro".

Robeco: no será fácil reducir el balance de la Fed

En este contexto, un análisis de Robeco subraya que Kevin Warsh ha sido retratado como un 'halcón' de la inflación, pero el panorama es mucho más matizado. En realidad, sus opiniones sugieren margen para tipos de interés más bajos (no más altos), y su objetivo de reducir el balance de la Fed podría resultar ser más un deseo que una realidad.

Durante su etapa como gobernador de la Reserva Federal, el candidato a presidente se mostró preocupado por los riesgos inflacionistas derivados de la flexibilización cuantitativa (QE) y se convirtió en uno de sus críticos internos más vehementes. Hoy conocemos la QE principalmente como una política que ha engrosado el balance de la Fed. Por ello, no sorprende que, en un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal en noviembre de 2025, sostuviera que "el balance abultado de la Fed… puede reducirse de forma significativa". Esta postura ha afianzado su reciente retrato como un 'halcón' de la inflación. Sin embargo, también ha matizado que "si hiciéramos que la imprenta funcionara un poco más silenciosamente, entonces podríamos tener tipos de interés más bajos". 

Así que no es un halcón puro. Es más: ya en julio criticó la "reticencia" de la Fed a recortar tipos en una entrevista con CNBC, algo que difícilmente suena a postura agresiva. En cuanto a la idea de Warsh de que el balance de la Fed debería disminuir, los inversores podrían interpretarla como negativa para el soporte de los tramos de mayor vencimiento del mercado de Treasuries de EEUU, algo que el actual secretario del Tesoro, Scott Bessent, sin duda no celebraría

Hay otra dificultad práctica que conviene tener en cuenta: reducir de forma agresiva el balance de la Fed podría reavivar las tensiones en los mercados monetarios de EEUU. Una caída rápida de las reservas corre el riesgo de empujar al sistema de nuevo hacia la escasez, aumentando la volatilidad de los tipos de financiación a un día y de los mercados de repos. De hecho, para evitarlo, la Fed ha decidido recientemente —tras varios años de Quantitative Tightening (QT)— volver a expandir su balance, principalmente mediante un mayor volumen de compras de letras del Tesoro.

"Creemos que la imagen de Kevin Warsh como un 'halcón' está exagerada y esperamos que respalde una nueva reducción de los tipos oficiales para junio, lo que probablemente sería su primera reunión como presidente. En cuanto a su opinión de que el balance de la Fed puede ser excesivamente grande, creemos que, en la práctica, será difícil reducirlo de manera significativa sin ajustes regulatorios al régimen de “reservas abundantes” del sistema bancario", argumentan los expertos de Robeco.

Un resultado plausible es que el balance —actualmente en torno al 20% del PIB— crezca más lentamente que la economía estadounidense en los próximos años y/o que Warsh abogue por acortar más rápidamente el vencimiento medio de la cartera de bonos de la Fed. "Esto haría que nuestra preferencia por el tramo de 2 a 5 años de la curva del Tesoro frente a los vencimientos a 10 años esté lejos de ser un mero deseo: sería, más bien, una consecuencia lógica de una Fed que, bajo Warsh, probablemente se incline por el pragmatismo antes que por la ideología", concluyen en Robeco.

Más problemas para Trump

Los propios republicanos se han rebelado contra Trump: en la Cámara de Representantes, seis legisladores del Partido Republicano se desmarcaron y votaron a favor de suspender los aranceles a las importaciones procedentes de Canadá. Aun así, el resultado es meramente simbólico, dado que es improbable que llegue a convertirse en ley; incluso si obtuviese la aprobación del Senado, Trump tiene la facultad de vetar cualquier legislación aprobada por el Congreso.

En cualquier caso, la votación supone un revés político para Trump al evidenciar que no solo pierde apoyos entre los votantes, sino también dentro de su propio partido, a pocos meses de unas elecciones legislativas midterm que serán clave: en ellas podría perder el control republicano de ambas cámaras del Congreso. Antes de la votación, Trump había lanzado advertencias a los suyos dentro del partido, asegurando que cualquier republicano que votara en contra de su política arancelaria “sufrirá las consecuencias en época electoral”

.Mientras tanto, los demócratas han superado las expectativas en varias citas electorales recientes, como la alcaldía de Miami y las gubernaturas de Nueva Jersey y Virginia. En las últimas semanas, un escaño del Senado estatal de Texas quedó vacante tras la renuncia del senador, lo que obligó a convocar una elección especial para ese escaño concreto. En esa votación –en un distrito tradicionalmente republicano–, los demócratas lograron la victoria con un giro de 31 puntos.

12Feb

Las iniciativas orientadas exclusivamente a reducir costes son las que ofrecen menor retorno. Entre las principales oportunidades destacan la mejora de la experiencia de cliente, la expansión de cuota de mercado y el refuerzo de la resiliencia.

Miguel Ángel Valero

La dinámica de la denominada “destrucción creativa” de la inteligencia artificial (IA)continúa manifestándose en los mercados con ejemplos más allá del sector del software. El caso más reciente es el de la gestora y consultora inmobiliaria CBRE, que retrocedió un -12% en Bolsa a pesar de los buenos resultados, precisamente por la posible disrupción de la IA en su negocio. 

El mercado se encuentra en modo “vende primero y pregunta después”, ya que resulta precipitado calibrar el impacto real en modelos de negocio tan diversos y se anticipan consecuencias sin evidencias empíricas. 

No obstante, estos movimientos bruscos pueden representar oportunidades atractivas para la gestión activa, que además cuenta con el apoyo de una menor concentración en los retornos gracias a una ampliación en la base del crecimiento de beneficios: se espera que el 90% de las compañías del S&P 500 registre incrementos en ganancias en 2026, frente al 60% promedio de los últimos tres años.

Pero ese dato contrasta con este otro: solo el 30 % de los consejeros delegados de las empresas confía en el crecimiento de ingresos en 2026. Hace un año era el 38 %, en 2022 era el 56 %. "La caída no es solo macro. Es estructural", señala un análisis de The Trader sobre el último  Global CEO Survey de PwC, que dibuja un escenario incómodo para muchas compañías: años invirtiendo en transformación digital y en inteligencia artificial… pero con retornos todavía muy desiguales y que pueden serlo más porque la IA se ha convertido en una línea divisoria.

Solo 12% de CEO dice que la IA ya ha generado beneficios en costes y en ingresos; 3 de cada 10 ve mejoras parciales, y más de la mitad no ve un impacto financiero relevante.

Las empresas que han integrado IA de verdad (en producto, decisión estratégica y experiencia cliente) están siendo los grandes beneficiados. La IA no está fallando, pero sí está ya exponiendo quién sabe ejecutarla… y quién no. El informe de la consultora muestra cómo los CEO están gestionando un entorno cada vez más hostil entre aranceles, riesgos del ciberespacio y la geopolítica. Curiosamente, la inflación deja de ser el centro del miedo; ahora a los que más asusta a los que dirigen es quedarse atrás estructuralmente. Y tal vez por ello más del 40% de empresas ya compiten en sectores nuevos.

La tecnología es el principal destino de expansión. Pero el problema con el que muchas empresas se encuentran a la hora de hacer negocios es la ejecución y el tiempo; los CEO pasan casi la mitad de su tiempo abordando problemas del próximo año y solo un 16 % dedicado a tomar decisiones en el medio plazo.

"2026 puede ser el año en el que el mercado deje de premiar el discurso de transformación… y empiece a premiar solo la ejecución real. La ventana para capturar el valor de la IA se está estrechando y las compañías que ganen esta década no serán las que experimentaron más. Serán las que apostaron antes, integraron mejor y ejecutaron con convicción", subraya el analista Pablo Gil.

SAS: un problema de confianza

En este contexto, un estudio de SAS realizado en el seno del sector asegurador demuestra que éste confía más en la IA generativa que en la tradicional, pero no siempre se invierte lo suficiente en gobernanza para que esa confianza esté justificada. El Informe sobre el impacto de la IA y los datos: La confianza como clave explica cómo, en un escenario marcado por el rápido avance de la tecnología, la confianza sigue siendo un territorio complejo y lleno de retos. Y precisamente por eso, en un momento donde se espera que la IA impulse el valor de negocio, las aseguradoras deben resolver los desafíos vinculados a la gobernanza, calidad del dato y madurez de las infraestructuras para alcanzar todo su potencial.

Óscar Saavedra, Consulting Manager de SAS para España, afirma: “La IA es un imperativo para las empresas, pero no es una píldora mágica. Para que genere valor en toda la organización, es necesario el talento, pero también datos fiables y conectados. Las aseguradoras que integren la IA en sus operaciones y establezcan la gobernanza necesaria para desplegar una IA segura y responsable a escala ganarán una ventaja competitiva en crecimiento, innovación y creación de valor para sus clientes”.

El informe identifica patrones que apuntan a un enfoque prudente del sector frente a la IA, en comparación con otros como la Administración Pública o la banca. Solo el 7% de las aseguradoras se considera “transformadora” (el porcentaje más bajo del conjunto) y el 14% mantiene infraestructuras de datos en silos, lo que frena la innovación y la adopción a nivel corporativo.

Además, sorprende que solamente un 8% prevé aumentar el gasto en IA un 20% o más en el próximo año; cerca de un 60% espera incrementos de entre el 4% y el 20%. Alrededor de un tercio anticipa subidas menores (3% o menos) o incluso reducciones. Al mismo tiempo, existen brechas de confianza: más del 40% se sitúa en escenarios de infrautilización (baja confianza en sistemas fiables) o dependencia excesiva (alta confianza en sistemas no probados).

Estos porcentajes, lejos de ser desalentadores, indican que las aseguradoras buscan una base de datos sólida para aplicar estas tecnologías emergentes de manera que aporten valor además de eficiencia. El 51% afirma carecer de una gobernanza de datos eficaz y el mismo porcentaje señala que sus bases de datos no están centralizadas u optimizadas. También combinar las herramientas emergentes con un equipo humano capaz de supervisar y acompañarlas, ya que el 44% percibe escasez de talento especializado en IA.

Kathy Lange, Research director, AI and Automation Practice (IDC), añade: “Nuestra investigación muestra que la industria aseguradora está en línea con otros sectores a la hora de ofrecer una IA fiable. Sin embargo, en lo relativo a la madurez de la IA y de las infraestructuras de datos, las aseguradoras se quedan atrás”.

A medida que las aseguradoras evolucionen hacia una mayor madurez, el foco tenderá a desplazarse hacia casos de uso con mayor impacto en crecimiento. El estudio de SAS indica que las iniciativas orientadas exclusivamente a reducir costes son las que ofrecen menor retorno dentro de los usos de IA analizados. Entre las principales oportunidades destacan la mejora de la experiencia de cliente, la expansión de cuota de mercado y el refuerzo de la resiliencia.

06Feb

""En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA", señalan en Ibercaja Gestión.

Miguel Ángel Valero

Toda disrupción tecnológica termina produciendo cambios en la forma en la que vivimos y trabajamos. Como en todo proceso de cambio, aparecen modelos de negocio ganadores, que impulsan la nueva tecnología y se aprovechan de ella para crecer, y perdedores, que terminan desapareciendo o pasando a un segundo plano. En este sentido, la inteligencia artificial (IA) y el desarrollo de agentes está impulsando una narrativa que prevé el fin de los negocios de servicios de Software (SaaS), destaca un análisis de Ibercaja Gestión.

La creciente penetración de la IA, su continua mejora y la previsión de que sea capaz de reemplazar a un elevado número de trabajadores ha provocado un cambio en las expectativas de los inversores. La preocupación se ha acrecentado en los últimos seis meses, provocando grandes caídas en buena parte de los valores cotizados que cuentan con un modelo de negocio centrado en el SaaS.

Los inversores que tienen una visión negativa del sector cuentan con múltiples argumentos que la avalan. En 2024 el sector ha pasado de vivir en un entorno con incontables vientos de cola (nula competencia, expectativa de bajadas de tipos de interés, elevados márgenes e inversores centrados en el largo plazo) a un escenario completamente opuesto, con expectativas de entrada de nuevos competidores, necesidad de sacrificar márgenes para competir con la IA y un cambio en las expectativas de los inversores acerca del valor terminal.

Todo esto se ha visto reflejado en cifras de crecimiento de los ingresos por debajo de lo habitual, con escasas revisiones y una compresión en el múltiplo derivada de la menor seguridad y visibilidad en el crecimiento de los ingresos y la estabilidad de los márgenes.

La lista de riesgos antes no contemplados -ya sea por su baja probabilidad de producirse o porque no existían-,es material. El inversor no solo tiene la obligación de conocerlos, sino que además debe contar con una respuesta definida ante ellos. Dentro de esta lista se incluye:

  • La diferenciación de las plataformas tiende a cero, con aceleración en la tendencia de que toda plataforma es capaz de ofrecer múltiples soluciones.
  • Las empresas que nacen en este nuevo ecosistema con IA ofrecerán un valor enorme a precios más bajos, reduciendo la cuota de mercado de los SaaS actuales.
  • A medida que los agentes de IA realizan más trabajos, el modelo de ingresos basado en el cobro por licencia/trabajador pierde atractivo.
  • Los SaaS actuales se enfrentan a complejidades para evolucionar a un modelo de ingresos distinto y su adopción de la IA es más lenta.
  • Los márgenes se deterioran por una degradación en el poder de fijación de precios y por el mayor coste computacional que necesitan los agentes.
  • El coste de adquisición de los clientes (CAC) se incrementará por un cambio en los usos de internet, a medida que crece el uso de los LLM.

El mercado es un agregador de expectativas que pone en precio los riesgos al alza y a la baja de forma veloz. De este modo, la negatividad de los inversores se ha trasladado a una caída de los múltiplos de valoración. La valoración por múltiplos suele ser el reflejo de dos factores:

  • las expectativas acerca de la capacidad decrecimiento
  • y la incertidumbre -o el riesgo- a la que se expone el inversor.

La compresión actual del múltiplo promedio de las compañías del sector refleja los riesgos. En los últimos meses, se ha producido una convergencia entre el múltiplo del promedio de las compañías de SaaS y el resto del índice SPX. En el gráfico se observa como el SaaS ha vuelto a su promedio histórico de x24 veces los beneficios de los próximos 12 meses, mientras que el mercado en su conjunto se encuentra en máximos, cotizando a x21 veces.

El cambio de narrativa ha afectado negativamente a las empresas de SaaS, pero ha fortalecido las valoraciones del sector de semiconductores. Históricamente el sector del software ha cotizado con una prima de valoración frente a los semiconductores, por las mayores fortalezas y expectativas de crecimiento. Desde el lanzamiento de Chat GPT, esta prima ha pasado a ser negativa y se encuentra en mínimos de los últimos 20 años.

"Es pronto para ver una recuperación, pero buen momento para tomar posiciones en compañías sólidas cuyos fundamentales no se han visto tan deteriorados. Tras las caídas experimentadas durante los últimos meses muchos inversores se preguntan si hemos tocado mínimos. Por valoraciones ya hemos visto que los niveles actuales son atractivos, pero también es cierto que el paradigma actual es diferente. Por ahora, es difícil saber si estamos ante una equivocación del mercado en la valoración o ante una trampa de valor. El sentimiento de los inversores se mantiene en mínimos, pero un cambio de narrativa -como el que vimos con Google a mediados de 2025- podría resultar en una revalorización rápida de estas compañías", explican en Ibercaja Gestión.

"En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA. En este sentido, creemos que tiene más sentido analizar las empresas desde una visión bottom-up (de la micro a la macro) para llegar a detectar las oportunidades. Ante la amenaza actual, preferimos estar expuestos a esos SaaS que se dirigen a sectores regulados, con un alto coste de error para el cliente y con un ciclo de adopción largo. Estas características aumentan la defensividad delos negocios y ralentizan una posible caída en las ventas. Por otro lado, preferimos aquellos Software con una complejidad técnica elevada, que ofrecen beneficios de estar integrados en una única plataforma y tienen la propiedad de los datos", concluyen.

Banca March: la  IA como motor de crecimiento económico

Los avances tecnológicos son una fuente de disrupción, pero también el principal motor del crecimiento económico. Así ocurrió durante la revolución industrial, la electrificación de los años 20 – llegando al 68% de los hogares estadounidenses en tan solo una década–, o el desarrollo de internet, periodos en los que la enorme inversión supuso un destacado impulso de la productividad. A pesar de las fortísimas inversiones que actualmente se están llevando a cabo, equivalentes a un 7% del PIB norteamericano, "no nos encontramos en niveles desproporcionados si tenemos en cuenta la tendencia histórica de inversión en tecnología e I+D. De hecho, la variación de la inversión como porcentaje del PIB fue mucho mayor en otros ciclos previos de progreso tecnológico, como la minería en Australia a comienzos del milenio (+5,1 puntos desde 2005 a 2012), o el petróleo en EE.UU. en los 70’ (+1,5 puntos)", señala el House View de Banca March.

Hoy en día, la inversión agregada supone un 27% del flujo de caja mientras que, en el año 2000, llegó a alcanzar el 90%. Es fundamental tener en cuenta que las actuales inversiones se están abordando con mucha menos deuda que en el pasado. Dentro de los hiperescaladores –grandes proveedores globales de servicios y computación en la nube– hay compañías como Alphabet que, aunque están destinando a inversión la mitad de su flujo de caja, no tienen deuda neta. Otros, como Microsoft, Meta o incluso Amazon, tienen una deuda neta contenida respecto a sus beneficios que se sitúa ampliamente por debajo de las 1,6x del promedio de compañías que componen el S&P 500.

En cualquier caso, por más que se vayan a extender las inversiones en IA y que la deuda esté contenida, la visión de los expertos de Banca March para 2026 es que hay que continuar “ampliando el espectro de inversión”. No debemos limitarnos exclusivamente a los hiperescaladores, los desarrolladores de código o a las compañías de semiconductores porque la ola de destrucción creativa generará ganadores adicionales en esta revolución tecnológica. 

Como ejemplo, los centros de datos necesarios para ofrecer más capacidad de computación necesitarán grandes redes de conexión, compañías de infraestructuras, energía y agua. Simplemente por tener una referencia del tipo de cambio al que nos enfrentamos, la demanda de electricidad para abastecer a los centros de datos en EE.UU. en el año 2030 supondrá un 20% del total estadounidense y a nivel mundial alcanzará consumos equivalentes a los que actualmente soporta la India –tercer mayor consumidor del mundo con más de 1.500 millones de habitantes–. En conclusión, la evidencia es clara: la inversión asociada a la ola tecnológica, lejos de agotarse, está entrando en una frase más profunda y transversal con implicaciones estructurales para un número creciente de sectores. 

Tras los resultados presentados por Amazon el 5 de febrero, es evidente que las grandes tecnológicas volverán a acelerar su inversión en centros de datos e inteligencia artificial en 2026. En esta ocasión, el gigante del comercio electrónico anticipó que destinará 200.000 millones$ a infraestructura de centros de datos, chips y equipamiento, abarcando no solo proyectos vinculados con la IA, sino también otras áreas como su división aeroespacial o la robótica aplicada a la logística. La compañía espera que este esfuerzo inversor le permita consolidar su liderazgo en el mercado de servicios en la nube a través de Amazon Web Services (AWS), cuyos ingresos crecieron un 24%, el mayor avance de los últimos tres años.

Al igual que los directivos de Microsoft y Alphabet, el CEO Andy Jassy considera que el actual escenario representa una oportunidad excepcional y observa una demanda de capacidad computacional que continúa estando por encima de la oferta disponible. Este contexto explica el incremento de la inversión en un 50% con respecto al año anterior.

Si agregamos las inversiones previstas para este ejercicio por los cinco principales hiperescaladores —Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle—, la cifra asciende a 670.000 millones$, frente a los algo más de 500.000 millones estimados antes de las presentaciones de resultados. En definitiva, el volumen de inversión sigue creciendo ante una demanda de computación que no da muestras de desaceleración. Las grandes tecnológicas mantienen una estrategia alineada y un objetivo claro: no quedarse atrás en el desarrollo, despliegue y soporte de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mercado sigue escéptico en la capacidad de rentabilizar estas inversiones y continuó castigando al sector tecnológico. 

The Trader: la IA ya no es Software, es infraestructura

En el Foro de Davos se dijo en voz alta algo que los mercados empiezan a asumir en silencio: la IA ya no es Sofware, la IA es infraestructura. La inteligencia artificial no es una moda tecnológica, sino el mayor despliegue de infraestructuras de la historia moderna. La frase la pronunciaba el CEO de Nvidia, Jensen Huang, quien puso cifra al fenómeno: 85 billones$ en 15 años destinados a energía, chips, centros de datos y fábricas de IA. No lo hizo como previsión o visión futurista, sino como confirmación de lo que ya está en marcha. El mercado reaccionó con fuerza porque esta vez el relato es tangible.

La IA no empieza en una app ni en un modelo matemático. Empieza mucho antes:

  • Energía y generación eléctrica
  • Redes y capacidad de transporte
  • Chips y fabricación avanzada
  • Centros de datos, suelo, refrigeración
  • Infraestructura cloud
  • Y solo al final, la capa de aplicaciones

Cuando todo ese 'pastel de capas' tiene que construirse y operarse, lo que aparece no es un ciclo tecnológico, sino un cambio de régimen económico. Si el capital sigue comprometiéndose a esta escala, la IA deja de ser una historia de productividad digital y pasa a convertirse en infraestructura básica, al nivel de la electricidad, las carreteras o las telecomunicaciones.

Este despliegue, explicaban en el Foro de Davos, no destruye empleo: elimina tareas. La IA libera tiempo y amplía capacidades en sanidad, industria o servicios financieros, desplazando el trabajo desde la ejecución mecánica hacia el propósito, o dicho de otro modo, la automatización libera tiempo para que las personas hagan mejor aquello que realmente aporta valor.

Este despliegue está teniendo, además, una consecuencia poco comentada: la IA está impulsando una reindustrialización silenciosa. La demanda ya no es solo de ingenieros de software, es de electricistas, técnicos de redes, obreros de construcción, fontaneros, diseñadores industriales, arquitectos y operadores de centros de datos entre otros. La economía digital vuelve a necesitar mundo físico. Y eso explica por qué los grandes inversores no están tratando este momento como una burbuja, sino como una fase larga, desigual y estructural de construcción.

Si hay una idea clave que se repite en todo el discurso del Foro de Davos es que el mayor beneficio económico llegará en la capa de aplicaciones: sanidad, industria, servicios financieros, logística, robótica, educación, donde por primera vez los modelos son lo suficientemente buenos como para construir negocios encima. No es casualidad que el capital riesgo esté fluyendo de forma masiva hacia empresas nativas de IA.

"La pregunta incómoda hoy no es si hay una burbuja. La pregunta es otra: ¿y si el riesgo es quedarse fuera de la mayor inversión estructural de las próximas décadas? Nadie duda de si cambiará el mundo. Eso ya está ocurriendo. Lo que ahora inquieta a los expertos el momento en el que una tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en infraestructura (como la energía o las finanzas), también se convierte en poder. Y el poder, si no se regula, no desaparece: se concentra", señala en The Trader  el analista Pablo Gil

Mustafa Suleyman: una ola de poder sin precedentes

En The Coming Wave, la Ola que viene, Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, aborda el gran dilema tecnológico del siglo XXI: la inteligencia artificial y la biología sintética avanzan más rápido que nuestra capacidad para gobernarlas. El libro publicado por Debate sostiene que no estamos ante una innovación más, sino ante una ola de poder sin precedentes, comparable a la Revolución Industrial, pero mucho más rápida y difícil de contener. La tecnología ya no solo impulsa productividad: redistribuye poder, amplificando lo que individuos, empresas y Estados pueden hacer.

Suleyman no adopta un tono apocalíptico ni optimista. Reconoce el enorme potencial económico y social de la IA, pero advierte que, sin reglas claras, coordinación global y responsabilidad institucional, el riesgo no es el colapso tecnológico, sino la desestabilización política, económica y social. Es un libro incómodo con una conclusión clave, la ola no se puede detener, pero sí gobernarse. 

Morgan Stanley: las empresas británicas han  perdido el 8% del empleo por la IA

En este sentido, el Reino Unido se ha convertido en el primer gran laboratorio donde la inteligencia artificial empieza a mostrar su cara más incómoda. No por falta de avances tecnológicos, sino por la velocidad a la que esos avances se están traduciendo en destrucción neta de empleo.

Según un estudio de Morgan Stanley, las empresas británicas han registrado en los últimos doce meses una pérdida neta de empleo del 8% atribuible directamente a la adopción de IA. Es la cifra más elevada entre las principales economías desarrolladas y duplica la media internacional. Alemania, EEUU, Japón o Australia están lejos de ese impacto.

Lo llamativo es que el problema no es la productividad. Las empresas británicas que han incorporado IA reconocen mejoras medias del 11,5%, prácticamente idénticas a las observadas en EEUU. La diferencia está en la reacción empresarial. Mientras en EEUU la ganancia de eficiencia se ha acompañado de creación de nuevos puestos, en Reino Unido se ha optado por recortar plantilla o no reemplazar vacantes.

Este fenómeno no llega en un buen momento. La economía británica ya venía lastrada por bajo crecimiento, costes laborales al alza, subidas del salario mínimo y mayores cotizaciones sociales. El resultado es un mercado laboral tensionado, con despidos al ritmo más rápido desde 2020 y una tasa de paro en máximos de casi cinco años.

La IA está afectando especialmente a empleos de 'cuello blanco' y perfiles cualificados. Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, las vacantes en ocupaciones expuestas a la automatización (desarrolladores, consultores, servicios profesionales o IT) han caído un 37%, frente a un 26% en el resto de los sectores. No hablamos de trabajos precarios, sino de la base tradicional de la clase media urbana.

El impacto es aún más duro entre los jóvenes. Muchos de los puestos recortados son empleos de entrada, aquellos que permiten acumular experiencia y progresar dentro de una empresa. La tasa de paro juvenil ha subido hasta el 13,7%, el nivel más alto desde la pandemia, y crece más rápido que el desempleo general. La IA está cerrando la puerta de acceso antes incluso de que los trabajadores puedan demostrar su valor.

La paradoja es evidente. Instituciones como el Banco de Inglaterra y la oficina presupuestaria británica señalan que la IA podría elevar el crecimiento de la productividad hasta 0,8 puntos en la próxima década, mejorando el nivel de vida y las cuentas públicas. El potencial está ahí. El problema es el reparto de sus beneficios… y de sus costes.

El caso británico es una advertencia para Europa. La IA no destruye empleo por sí sola. Lo hace cuando se introduce en economías con bajo crecimiento, márgenes estrechos y empresas más preocupadas por sobrevivir que por reinventar su modelo productivo. Si la eficiencia solo sirve para recortar costes y no para crear nuevas oportunidades, la tecnología deja de ser progreso y se convierte en un acelerador de desigualdad. La pregunta ya no es si la IA cambiará el mercado laboral, sino qué países sabrán convertirla en crecimiento inclusivo y cuáles pagarán el precio de hacerlo mal y deprisa.

investing.com: Amazon deberá hacer más hincapié en la eficiencia

Thomas Monteiro, analista senior en investing.com, señala: "Los últimos resultados financieros de Amazon ponen de relieve la rapidez con la que el ciclo de inversión en IA está poniendo a prueba los balances de las grandes empresas tecnológicas. Si bien la decepcionante reacción general del mercado no es una sorpresa en sí misma, especialmente en un mercado que se ha mostrado implacable con los grandes errores tecnológicos, el alcance de las pérdidas en ambos lados del balance sin duda es motivo de alarma".

Para Amazon, este trimestre deja claro que la escala de la IA ya no es una cuestión de ambición, sino de resistencia del balance. Por un lado, la combinación del debilitamiento de la demanda de los consumidores, principalmente en los segmentos de ingresos bajos y medios, y las presiones sobre los precios derivadas de las continuas repercusiones de los aranceles ha creado una situación difícil para el negocio tradicional de Amazon de cara al resto de 2026, especialmente en lo que respecta a los márgenes.

Por otro lado, los continuos retos competitivos en el ámbito de la nube, observados a lo largo de esta temporada de resultados, están empezando a sembrar dudas sobre la suposición del mercado de que Amazon podrá seguir ampliando masivamente el crecimiento de AWS gracias a unos vientos favorables en gran medida incrementales. Aunque la trayectoria a largo plazo sigue siendo alcista para AWS, estas cifras indican que la empresa tendrá que realizar un gran gasto en infraestructura. 

Mantener un crecimiento trimestral del 20% no será barato. A medida que la competencia sigue aumentando tanto el CapEx como el OpEx, duplicando lo que ahora parece ser un ciclo sostenido de inflación a largo plazo de la infraestructura de IA en lugar de una fase de aceleración temporal, la capacidad de generar un flujo de caja libre creciente a partir de ofertas ya monetizadas y operativas se ha convertido en el campo de batalla clave para las grandes tecnológicas. "En este contexto, es posible que Amazon tenga que hacer mayor hincapié en la eficiencia. También es posible que tenga que recurrir a sus sustanciales reservas de efectivo más pronto que tarde", añade.

UBS: las tendencias estructurales de la IA siguen intactas

El UBS CIO Daily subraya que la volatilidad del mercado no descarrila las tendencias estructurales: "Los inversores que se centran en los movimientos de valores individuales pueden sentirse inquietos ante la avalancha de resultados empresariales publicada en los últimos días. Creemos que esta volatilidad en el comportamiento de las acciones pone de relieve la necesidad de diversificación. Igualmente importante es que los detalles de estos resultados recientes sugieren que las tendencias estructurales de la inteligencia artificial, el envejecimiento demográfico y la electrificación siguen intactas. Seguimos esperando que la innovación transformacional sea un motor clave de la rentabilidad de los mercados de renta variable en los próximos años":

  • Los mercados están premiando a las compañías que pueden demostrar beneficios financieros tangibles derivados de la IA.
  • Los productos y servicios que favorecen vidas más largas, más sanas y más activas deberían beneficiarse de los cambios demográficos globales.
  • El aumento de la demanda mundial de energía y de infraestructuras de red debería impulsar un gasto sostenido.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos la visión de que los cambios estructurales en la IA, las infraestructuras energéticas y la atención sanitaria transformarán industrias y ampliarán los beneficios globales, y esperamos que las oportunidades alineadas con estas temáticas ofrezcan un crecimiento estructural sólido y duradero, que vaya mucho más allá de la volatilidad de corto plazo de los mercados".