22 Jun
22Jun

Miguel Ángel Valero

Tras un fin de semana marcado por la retórica política y el ruido mediático —con los habituales mensajes de Trump y de Irán insinuando que el estrecho de Ormuz continúa cerrado—, los datos evidencian que la actividad en la zona sigue incrementándose desde la firma del memorándum. El día de la firma, con datos actualizados a 22 de junio, más de 20 buques atravesaron el estrecho, y en los días posteriores la cifra se ha mantenido cerca de la decena. Estas cifras reflejan solo los navíos que mantienen el transpondedor activado durante el tránsito, las travesías “en la sombra” podrían conocerse con cierto retraso en los próximos días. Al mismo tiempo, países como Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait ya están indicando a sus clientes que envíen buques a los centros de carga del Golfo. A lo largo de la semana seguiremos atentos a nuevos episodios de esta fase negociadora. No obstante, lo más relevante es que esta tragicomedia política no parece estar afectando al proceso de normalización del tráfico en el estrecho. Es probable que surjan nuevos episodios y que la reapertura no sea lineal, pero la tendencia hacia la normalización se consolida.

De cara a los próximos meses, la evolución de la inflación dependerá de una rápida normalización del tráfico energético, condición necesaria para evitar efectos de segunda ronda. En este contexto, el flujo de crudo comienza a normalizarse, con un repunte del tránsito marítimo y la reactivación operativa en puertos del golfo Pérsico: a mediados de semana, más de 10 millones de barriles diarios de petróleo atravesaban la zona, mientras que los datos de transpondedores estimaban que el jueves 23 embarcaciones cruzaron el estrecho –máximo desde comienzos de marzo–. En paralelo, algunas aseguradoras han comenzado a reducir primas para ganar cuota ante la reapertura. 

En este contexto, la recuperación del tránsito vendrá acompañada de una progresiva normalización de la producción. Catar ya ha iniciado este proceso y, pese a algunos incidentes operativos recientes, asegura que puede alcanzar el 80% de su capacidad en apenas dos meses. Kuwait, por su parte, ya está en condiciones de reanudar la carga de refinado en sus puertos y prevé recuperar su producción en unas semanas. En términos generales, las estimaciones sitúan el retorno a niveles normales de producción en un horizonte de dos a tres meses. Mientras tanto, el mercado seguirá abasteciéndose de las reservas existentes, que superan los 140 millones de barriles en almacenamiento flotante en el Golfo. En este sentido, las últimas cifras indican que este fin de semana han salido al mercado 7 millones de barriles iraníes, lo que supone el primer movimiento desde el inicio del bloqueo estadounidense.

Ebury: la nueva Fed de Kevin Warsh impulsa al dólar

Casi la mitad de los miembros del FOMC anticipan al menos una subida de tipos de interés en 2026, en línea con las expectativas actuales del mercado. El resultado inmediato fue un repunte de los tipos a corto plazo y una apreciación generalizada del dólar frente a las principales divisas del mundo. El mercado bursátil estadounidense registró cierta volatilidad tras la reunión de la Fed, aunque recuperó la mayor parte de las pérdidas antes de que terminara la semana. Las monedas de la región del Pacífico obtuvieron un mejor comportamiento relativo, favorecidas por la caída de los precios dela energía tras el anuncio del acuerdo de paz con Irán.

Con las grandes reuniones de bancos centrales ya cerradas, la atención se desplaza esta semana hacia los datos macroeconómicos. El foco principal recaerá en los índices PMI de actividad empresarial - los indicadores adelantados más fiables para medir el impacto del acuerdo de paz en la confianza de las empresas-, que se publicarán el martes 23 de junio. También será especialmente relevante el dato de inflación PCE de junio en EEUU, dada la renovada prioridad que la Reserva Federal parece otorgar ahora a la estabilidad de precios. Además, seguiremos de cerca las posibles consecuencias para los activos británicos tras la dimisión de Keir Starmer.

  • EUR: Los bonos soberanos a largo plazo de la zona euro reaccionaron al tono hawkish de la Reserva Federal con fuertes caídas, aunque esto no impidió que el euro siguiera perdiendo terreno frente al dólar. Los datos macroeconómicos de la Eurozona han mostrado recientemente un giro moderadamente positivo. Este hecho, unido al repunte de la inflación subyacente, proporciona más argumentos a los miembros más restrictivos del BCE, que abogan por una segunda subida de tipos en septiembre. Los índices PMI que se publicarán el martes cobrarán especial importancia esta semana, ya que serán los primeros indicadores relevantes tras el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán. El fin del conflicto en Oriente Medio debería resultar favorable para el euro, aunque la moneda única cotiza actualmente cerca de sus mínimos desde mediados de marzo. Atribuimos esta debilidad, en parte, al daño económico causado por la guerra y, en parte, a la cautela de los inversores que siguen esperando un acuerdo de paz más duradero.
  • USD: La mejoría de los datos de empleo en EEUU y el aumento de la inflación derivado del conflicto en Irán han acabado con las esperanzas de Donald Trump de que se produzcan recortes de tipos en el corto plazo. En su primera rueda de prensa como presidente la semana pasada, Kevin Warsh dejó claro que la prioridad de la Fed es garantizar la estabilidad de precios. Además, su comunicado eliminó cualquier atisbo de orientación futura, un elemento que Warsh ha criticado reiteradamente en el pasado. A menos que produzca una sorpresa negativa de gran magnitud, la próxima acción de la Reserva Federal será una subida de tipos, aunque el calendario sigue siendo incierto. La inversión empresarial impulsada por la IA parece estar compensando una demanda de consumo más moderada, pero el repunte del empleo y los efectos riqueza derivados de la subida de las Bolsas hacen probable que el consumo se recupere en los próximos meses. Los futuros ya descuentan casi por completo una subida de tipos en septiembre, y el marcado giro hacia una postura más agresiva reflejado en el 'dot plot' de la semana pasada sugiere que bastará poco para que la balanza se incline definitivamente en esa dirección.
  • GBP: Andy Burnham ha dado un paso decisivo hacia el cargo de primer ministro. Su amplia victoria : en las elecciones parciales de Makerfield el viernes y la dimisión de Keir Starmer le allanan el camino hacia el 10 de Downing Street. El plazo para presentar candidaturas se abrirá el 9 de julio, aunque todo apunta a una investidura sin oposición más que a una pugna prolongada por el liderazgo. La libra ha reaccionado con calma a estas novedades. No obstante, las preferencias de Burnham por una mayor expansión fiscal, subidas de impuestos y un aumento de la emisión de deuda pública generan cierta inquietud. La cuestión clave será quién ocupe el Ministerio de Hacienda. La continuidad de Rachel Reeves sería la opción más favorable para los mercados, pero cualquier indicio de que el nuevo ministro pretenda relajar o abandonar las reglas fiscales actuales podría desencadenar nuevas ventas de activos británicos. También será relevante observar si el cambio de liderazgo tiene alguna repercusión en el Banco de Inglaterra. La semana pasada, el Comité de Política Monetaria mantuvo los tipos sin cambios por 7votos a 2, aunque dejó abierta la puerta a una subida más adelante en el año si las circunstancias lo justifican. Sin embargo, con una inflación de mayo más moderada de lo esperado y un mercado laboral aún débil, creemos que el Banco de Inglaterra mantendrá una postura de espera al menos durante el verano y, muy probablemente, durante el resto del año.
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