30Dec

El aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Miguel Ángel Valero

A un día de cerrar 2025, toca hacer balance de cómo se han comportado las economías y qué podemos esperar para el próximo ejercicio. En el caso de Europa, y tras la última reunión del BCE en la que mantuvo los tipos al 2%, el equipo de análisis de Natixis CIB cree que, a pesar de las incertidumbres que aún prevalecen, parece probable que se mantenga durante un período prolongado una política monetaria sin cambios. “En ausencia de perturbaciones económicas adversas sustanciales, ahora no esperamos cambios en los tipos oficiales durante todo el año 2026”, adelantan.

Según se desprende del informe, “el ligero aumento del optimismo sobre el crecimiento económico y las perspectivas de inflación en las nuevas proyecciones del BCE sugiere que podría mantener sin cambios su postura de política monetaria durante todo el año 2026”.

No obstante, Natixis CIB enumera varios acontecimientos que pueden provocar riesgos para la inflación. En primer lugar, la probabilidad de que una resolución pacífica entre Ucrania y Rusia reduzca los precios de la energía a corto plazo, pero proporcione un crecimiento adicional a medio plazo para la reconstrucción de Ucrania. En segundo lugar, una escalada de la guerra comercial con EEUU puede tener dos efectos desinflacionistas: una disminución de las exportaciones de la zona del euro a EEUU mayor de lo que previsto actualmente, y un desvío de los productos chinos baratos de los Estados Unidos hacia la zona del euro. Y en tercer lugar, el aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Precisamente, Natixis CIB analiza en el informe la composición del FOMC en 2026, la probable dirección de los tipos de interés, las posibilidades para el próximo presidente de la Fed y otros acontecimientos importantes que podrían configurar las políticas de la Reserva Federal en el próximo año.

Eurizon: El impacto de la geopolítica será modesto

La atención de los inversores se centra en la publicación de los datos macroeconómicos de EEUU tras el cierre de Gobierno más prolongado de su historia. La atención se centra principalmente en el mercado laboral, tras la desaceleración registrada en el verano, en contraposición a la resiliencia del consumo y la inversión.

La Fed, tras recortar los tipos de interés en septiembre, octubre y diciembre, debería ralentizar el ciclo bajista a principios de 2026, considerando que se está alcanzando el tipo objetivo neutral del 3%.

En la Eurozona, el crecimiento se ha estabilizado tras la fase volátil relacionada con la guerra comercial desatada por Trump. Las expectativas para 2026 apuntan a un crecimiento sostenido, impulsado por el consumo, así como por los planes de gasto en defensa e infraestructuras. El BCE mantiene la postura a la espera, con los tipos alineados con el nivel de inflación y un impacto neutral en la política monetaria.

En China, el crecimiento en 2025 va camino de alcanzar el objetivo del 5% establecido para el año. En el primer trimestre del próximo año se fijará el objetivo de crecimiento para 2026, que probablemente volverá al 5%, aunque no se puede descartar una ligera reducción al 4,5%.El impacto de los acontecimientos geopolíticos sigue siendo modesto, con el precio del petróleo estable en el entorno de los 60$ por barril.

28Dec

Alemania debe cambiar de modelo económico en el peor momento posible: con una industria que pierde competitividad, un Gobierno incapaz de alinearse, una guerra que exige cada vez más recursos, y un socio estadounidense cada vez más reacio.

Miguel Ángel Valero

Alemania ha vivido durante décadas de un modelo que parecía inamovible: energía barata, industria exportadora fuerte, una automoción hegemónica y una disciplina fiscal que se vendía como ejemplo para toda Europa. Aquella combinación ya no existe. Y lo más inquietante es que Alemania debe reinventarse justo cuando su entorno político, económico y geopolítico hace que cualquier error sea más costoso que nunca.

El repunte de la producción industrial es una buena noticia, pero no cambia el diagnóstico: el viejo modelo está agotado. La industria química trabaja al 70% de su capacidad, la manufactura pierde peso y la ventaja competitiva de Alemania se erosiona. El país necesita un giro profundo hacia tecnologías limpias, digitalización y autonomía energética, pero ese giro requiere un consenso político que hoy no existe.

Y mientras Alemania discute consigo misma, dos amenazas externas presionan sin descanso.

La primera es China. Durante años fue un socio estratégico y un mercado clave para los fabricantes alemanes. Hoy se ha convertido en su principal rival sistémico. China exporta coches eléctricos a un ritmo que trastoca todo el equilibrio europeo, ofreciendo precios y volúmenes que la industria alemana no puede igualar sin una transformación acelerada. Los gigantes del automóvil alemán, que durante décadas marcaron el estándar global, se enfrentan ahora a un competidor que domina la cadena tecnológica y que cuenta con un respaldo estatal masivo. Para Alemania, es un choque frontal con su industria más emblemática.

La segunda amenaza es la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania. Berlín ha tenido que abandonar, casi de un día para otro, la comodidad estratégica que sostuvo durante décadas. Requiere miles de millones en defensa, en munición, en apoyo logístico y en un rearme que choca directamente con su tradicional aversión al gasto militar. Alemania tiene que reindustrializarse y rearmarse al mismo tiempo. Y eso es algo que no había tenido que hacer desde la posguerra.

A todo ello se suma un problema silencioso, pero clave: la pérdida de rigor fiscal. Las reglas que durante años definieron el ADN económico alemán se han ido flexibilizando una y otra vez, primero para capear crisis, luego para responder a la pandemia, después para amortiguar la crisis energética. La “Schuldenbremse”, el freno de deuda ha dejado de ser un pilar y ahora es un obstáculo para un Gobierno que necesita gastar, pero que ya no sabe justificar ante sus ciudadanos por qué todo lo que antes era imposible hoy se vuelve urgente.

Alemania debe cambiar de modelo económico en el peor momento posible: con una industria que pierde competitividad, un Gobierno incapaz de alinearse y una guerra que exige cada vez más recursos en un contexto en el que el socio estadounidense, que durante décadas financió buena parte de la seguridad europea, ha decidido que su compromiso tiene límites. 

"Alemania se enfrenta a un dilema histórico: cambiar rápido o perder centralidad. El problema no es solo económico, es estratégico. Sin un nuevo modelo industrial y energético, Alemania dejará de ser el ancla de Europa. Y si Alemania se debilita, el proyecto europeo entra en una fase mucho más incierta", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.


27Dec

El presidente de EEUU no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder, con confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

Miguel Ángel Valero

Trump termina 2025 de la misma forma que empezó el año, tensionando las relaciones con su principal rival, China. EEUU acaba de aprobar una de las mayores ventas de armas de su historia a Taiwán, por un importe superior a los 11.100 millones$ (9.428 millones€). El paquete incluye sistemas de misiles, artillería avanzada, drones y munición de precisión. Más allá del volumen o del detalle técnico, lo relevante es el mensaje político que encierra esta decisión.

Para China, Taiwán no es una cuestión negociable. Es una línea roja absoluta. Pekín lo ha repetido durante años de forma clara y explícita: cualquier paso que acerque a la isla a una independencia formal obligaría a una respuesta militar. No es retórica. Es doctrina de Estado.

En este contexto, la apuesta de Washington va mucho más allá de reforzar la capacidad defensiva de la isla. EEUU está elevando su nivel de implicación en un conflicto potencial que hasta ahora había gestionado desde la ambigüedad estratégica. Dotar a Taiwán de armamento avanzado no solo refuerza su defensa, también altera el equilibrio psicológico y político en la región.

La reacción china ha sido inmediata y dura, denunciando la violación del principio de “una sola China” y advirtiendo de represalias. Pero lo verdaderamente preocupante no es el cruce de declaraciones, sino la dinámica que se está generando. Cada venta de armas, cada maniobra militar y cada gesto diplomático reduce el margen de error y acerca a las partes a un escenario de confrontación directa.

La relación entre China y EEUU vuelve a tensarse por Taiwán. El Ministerio de Exteriores chino ha impuesto sanciones a 20 empresas (y a diez de sus directivos) estadounidenses del sector de la defensa y diez de sus altos directivos, en represalia por el último paquete de venta de armas a la isla. 

Esta operación, que aún debe completar su tramitación en el Congreso estadounidense, será el mayor acuerdo de suministro militar a Taipéi hasta la fecha.

La Cancillería china detalla en un comunicado que las sanciones, ya en vigor, incluyen la congelación de activos que esas compañías e individuos puedan tener en China, la prohibición de realizar nuevas inversiones en el país, y la restricción a la cooperación de cualquier tipo con organizaciones o particulares chinos. Además, los ejecutivos afectados tendrán vetada la entrada en el país, así como en Hong Kong y Macao.

Entre las empresas sancionadas figuran algunos de los principales pilares del complejo militar-industrial estadounidense, como Northrop Grumman Systems Corporation, uno de los grandes desarrolladores de sistemas de misiles, radares y plataformas aeroespaciales; L3Harris Maritime Services, especializada en sensores, sistemas de comunicación y tecnología naval avanzada (un ámbito estrechamente vinculado a la modernización de las capacidades defensivas de Taiwán frente a China); una filial de Boeing, uno de los mayores grupos aeronáuticos del mundo.

Las sanciones van dirigidas contra compañías y personas que han participado en la entrega de armamento a Taiwán “en los últimos años”, porque esas ventas suponen una “injerencia en los asuntos internos de China” y que “socavan su soberanía e integridad territorial”. 

Además, se trata de una “grave violación” de los marcos en los que se basan las relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington.

Taiwán es el lugar en el que se exiliaron las fuerzas nacionalistas tras perder la guerra civil china en 1949. La República Popular la considera una parte inalienable de su territorio y asegura que la reunificación es “inevitable”, no descartando el uso de la fuerza para lograr ese objetivo.

En su comunicado, la Cancillería china subraya que “la cuestión de Taiwán está en el centro de los intereses fundamentales de China y es la primera línea roja que no debe cruzarse”. “Cualquiera que intente traspasarla y provocar se encontrará con la respuesta firme de China, y pagará un alto precio por su ofensa. Ningún país debe subestimar jamás la determinación, voluntad y capacidad del Gobierno y el pueblo chino para salvaguardar su soberanía e integridad territorial”, zanja.

Curiosamente, EEUU no reconoce a Taiwán como Estado soberano, aunque desde 1979 (año en el que reconoció al Gobierno en Pekín como el representante de China) mantiene una estrecha relación de seguridad con Taipéi basada en el Acta de Relaciones con Taiwán, que le obliga a suministrar armas y asistencia defensiva para fortalecer su capacidad de autoprotección.

La Casa Blanca responde que las nuevas ventas contribuirán a salvaguardar “los intereses nacionales, económicos y de seguridad de Estados Unidos” porque respaldan “los esfuerzos del destinatario por modernizar sus fuerzas armadas y mejorar su capacidad defensiva”, y ayudarán a “mantener la estabilidad política, el equilibrio militar y el progreso económico en la región”.

Japón se implica en el pulso entre EEUU y China

El problema es que Taiwán ya no es un pulso exclusivamente entre EEUU y China. Japón se está involucrando cada vez más de forma explícita en el asunto. Las visitas continuas de parlamentarios japoneses a la isla y los mensajes políticos desde Tokio refuerzan la percepción de un alineamiento regional que China interpreta como un cerco estratégico. En Pekín no se lee como diplomacia parlamentaria, sino como una señal de escalada. Y cuando Japón entra en escena, la carga histórica y militar del conflicto se multiplica.

Hasta ahora, el gran choque entre EEUU y China había sido fundamentalmente económico y tecnológico: aranceles, semiconductores, cadenas de suministro. Un conflicto serio, pero contenido. Taiwán introduce una dimensión completamente distinta. Ya no es solo una cuestión de comercio o de poder económico, sino de soberanía, identidad nacional y prestigio geopolítico.

Geopolítica de la provocación

Este patrón de actuación se repite en otros frentes. Es lo que el analista Pablo Gil describe en The Trader como "geopolítica de la provocación". En Europa, con el último movimiento de Donald Trump respecto a Groenlandia. El nombramiento de un enviado especial,  Jeff Landry, gobernador de Luisiana, con el objetivo explícito de allanar una futura anexión ha provocado una reacción airada tanto del Gobierno danés como de las autoridades groenlandesas.

Dinamarca ha calificado el gesto como una provocación inaceptable y un ataque verbal directo a su soberanía. Groenlandia es un territorio autónomo bajo administración danesa, y cualquier intento de apropiación choca frontalmente con el derecho internacional y con los principios que, en teoría, sustentan la relación entre aliados.

Lo relevante no es solo el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia (minerales, posición geográfica, control del Ártico) sino la forma. Trump no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder. Da igual que sea frente a China en Asia, frente a un aliado histórico en Europa, apoyando sin matices a Israel en Oriente Medio o endureciendo la presión política y económica sobre Venezuela, como publicó Dinero Seguro. El patrón es siempre el mismo: confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

"La política exterior de Trump no reduce riesgos, los acumula. Empuja varias líneas rojas a la vez, involucra a más actores y estrecha peligrosamente el margen de error. Pero, más allá de Trump, lo que queda claro es que el mundo ha cambiado. Los equilibrios, las reglas no escritas y los valores que durante décadas sirvieron para contener los conflictos pesan cada vez menos. La geopolítica ya no se rige por consensos, sino por pulsos de poder. Y en ese nuevo escenario, la estabilidad que dábamos por sentada empieza a parecer una excepción, no la norma", avisa Pablo Gil.

28Nov

Los mercados estiman una probabilidad implícita del 87% de un recorte de tipos de la Fed en diciembre, frente al 39% de hace una semana. El Banco Central Europeo presentará las previsiones económicas de cierre de año, además de intensificar el debate sobre la reducción de su balance.

Miguel Ángel Valero

El 1 de diciembre comienza el periodo de reflexión de la Fed previo al encuentro del día 10 –además de terminar oficialmente la reducción de balance–, durante el cual no podrán realizar intervenciones públicas. Este evento será clave, ya que marcará su postura ante la escasez de datos recientes y el ritmo previsto de recortes de tipos. Además, se publicará una oleada de indicadores retrasados en EEUU, entre ellos la inflación —aunque no se difundirá el dato correspondiente a octubre— y el PIB del tercer trimestre.

En Europa, la reunión del BCE del 18 de diciembre tendrá un contenido más relevante que la anterior, pues se presentarán las previsiones económicas de cierre de año y se intensificará el debate sobre la reducción del balance, tras la finalización del proceso en EEUU.

De momento, en las actas de la última reunión celebrada en octubre, el BCE consideró que la incertidumbre justificaba mantener los tipos de interés en el 2% y que era necesario tener más información. La decisión, que fue tomada por unanimidad, se basó en unas perspectivas de inflación inalteradas y que los nuevos datos de actividad confirmaban que la economía seguía creciendo “pese al desafiante entorno global”. En cualquier caso, para el Consejo de Gobierno también era importante “mantener todas las opciones para las próximas reuniones y ser ágil con el fin de reaccionar rápidamente” a los riesgos o impactos en caso necesario. En este sentido, el BCE considera que las perspectivas de inflación son más inciertas de lo habitual y que hay riesgos de que se produzcan impactos grandes en la inflación y el crecimiento en ambas direcciones. Por ello el BCE no se quiso comprometer respecto a las próximas decisiones sobre los tipos de interés, en donde la reunión de diciembre será particularmente relevante al incluir las nuevas proyecciones macroeconómicas.

El BCE se reunirá tras conocer un ligero repunte de la confianza económica en la zona euro. El indicador adelantado elaborado por Eurostat repuntó dos décimas hasta el 97, en línea con el consenso de los analistas. Esta mejora vino explicada por la confianza de los servicios, que repuntó hasta el 5,7, por encima del 4,4 previsto y del 4,2 correspondiente a octubre (dato revisado al alza). En cambio, la confianza del sector industrial cayó más de lo estimado hasta el -9,3 (vs. -8,5 en octubre).

UBS: el Pentágono amenaza a Alibaba, Baidu y BYD

En EEUU la situación es muy diferente a la europea. El Pentágono concluyó que varias grandes empresas tecnológicas chinas, como Alibaba, Baidu y BYD, deberían añadirse a su lista de la Sección 1260H. Ésta identifica a las empresas que el Pentágono considera que ayudan al ejército chino mientras operan en EEUU. Las acciones de las tres empresas, que cotizan en Hong Kong, cayeron entre un 1,4 % y un 2,7 % el jueves 27 de noviembre, con un rendimiento ligeramente inferior al del índice Hang Seng Tech. 

La inclusión en la lista, que todavía no se ha confirmado oficialmente, es importante para las empresas chinas, dado el posible impacto en la reputación y la disposición de las empresas estadounidenses a colaborar y hacer negocios con las empresas designadas. 

La noticia se produce tras un período de volatilidad para las acciones tecnológicas chinas, en un contexto de cambios en la política entre Estados Unidos y China y un renovado compromiso diplomático. Las respuestas de las empresas han minimizado el impacto operativo: Alibaba declaró que no hay fundamento para su inclusión y que su negocio no está relacionado con las adquisiciones militares estadounidenses. 

"Si bien titulares como éstos pueden generar volatilidad o captar la atención de los medios, recomendamos a los inversores que no dejen que esto distraiga la atención de los resilientes fundamentos del sector tecnológico chino ni de la continua mejora en su política", subrayan en UBS.

Las empresas chinas de IA tienen margen para invertir en inversión de capital. Las tecnológicas chinas continúan avanzando en la innovación y la monetización de la IA. Si bien la inversión de capital en IA se ha convertido en una preocupación en EEUU, el gasto de China en IA sigue siendo comparativamente modesto. El gasto de capital en IA de China creció un 57 % interanual. Si se analiza el gasto de capital en IA en general durante el período 2023-25, el de China se sitúa en torno al 18% del de EEUU.

"Creemos que esto deja un amplio margen para el crecimiento y la convergencia, con las empresas chinas centradas en ampliar sus capacidades nacionales y su alcance global. Ahora prevemos que la demanda de los hiperescaladores chinos verá un aumento aún más rápido en la tasa de localización, y se prevé que la proporción de chips GPU de fabricación nacional alcance el 50 % para 2027 (frente al 40 % anterior)", añaden los expertos de UBS.

Las relaciones entre EEUU y China se están estabilizando, tras la tregua comercial pactada entre Trump y Xi Jinping. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sugiere que Trump podría reunirse con Xi Jing hasta cuatro veces en 2026, lo que refuerza el cambio hacia una mayor interacción. 

Otras informaciones apuntan a que Trump ha guiado a Japón para reducir las tensiones con Pekín sobre Taiwán, lo que refuerza la opinión de que la Casa Blanca sigue centrada en mantener la estabilidad y evitar una escalada. 

Las valoraciones, las ganancias y las entradas de capital del sector tecnológico chino son motivos de optimismo. El sector tecnológico chino continúa cotizando con un descuento considerable frente a sus pares globales, con el índice Hang Seng Tech en aproximadamente 18 veces su precio/beneficio anticipado, frente a las 27 veces del Nasdaq. Esto representa un descuento de casi el 32%, en comparación con el descuento promedio histórico del 17%. Las previsiones de crecimiento de las ganancias se mantienen sólidas, y se espera que el BPA del sector aumente un 37% en 2026. 

Las fuertes entradas de capital  y la participación nacional, por otro lado, subrayan la confianza en el futuro a largo plazo. "Por lo tanto, sin adoptar una postura única, sugerimos a los inversores que ignoren cualquier indicio a corto plazo del informe del Pentágono. El sector tecnológico chino sigue siendo una de nuestras inversiones de renta variable de mayor convicción a nivel mundial, respaldada por la rápida innovación, un sólido apoyo político y un sólido crecimiento de las ganancias. En nuestra opinión, la reciente corrección ofrece un punto de entrada atractivo para los inversores con una asignación de capital insuficiente", apuntan en UBS. 

Si bien no se pueden ignorar los riesgos políticos y reputacionales, la mejora del contexto diplomático y la resiliencia de los fundamentos sugieren que el sector está bien posicionado para un mayor crecimiento en 2026. "Recomendamos aprovechar los períodos de volatilidad para aumentar la exposición a la tecnología china, manteniendo la diversificación y un enfoque disciplinado", insisten los analistas de UBS.

Por otra parte, el dólar cae y el oro sube ante la esperanza de un recorte de tipos por parte de la Fed en diciembre. El dólar se encamina a su mayor caída semanal desde agosto (-0,6%), y a una anual de más del 8%, lo que sería su peor rendimiento anual desde 2017. El oro, mientras tanto, ha repuntado hasta alcanzar un máximo de dos semanas de 4.183$ por onza. 

Los mercados monetarios estiman una probabilidad implícita del 87% de un recorte de tipos en diciembre, frente al 39% de hace una semana. "Nuestra opinión: Si bien creemos que la mayor parte de la caída del dólar estadounidense ya ha pasado, la trayectoria de menor resistencia para el dólar estadounidense sigue siendo a la baja en los próximos meses. La flexibilización de la Fed (incluido un recorte de tipos en diciembre), los persistentes déficits estadounidenses y la continua diversificación de activos que se alejan del dólar estadounidense son factores adversos. Mantenemos una calificación atractiva para el EUR, el AUD y la NOK, y preferimos posiciones largas seleccionadas en divisas de alto rendimiento sobre las de bajo rendimiento en los mercados del G10 y emergentes. Por el contrario, calificamos el USD como no atractivo. La debilidad del dólar estadounidense, la disminución de los rendimientos reales, la incertidumbre geopolítica y el aumento de las preocupaciones fiscales deberían impulsar la demanda de oro, que también consideramos atractivo", resaltan en UBS.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “el sector tecnológico chino sigue siendo una de nuestras ideas de renta variable más fuertes a nivel global, respaldada por una rápida innovación, un sólido apoyo político y un fuerte crecimiento de beneficios. La reciente corrección ofrece una oportunidad atractiva para los inversores infraasignados, en nuestra opinión. Aunque no se pueden ignorar los riesgos políticos y reputacionales, el entorno diplomático está mejorando y los sólidos fundamentos del sector sugieren que está bien posicionado para seguir creciendo hasta 2026”.

14Nov

Xi Jinping busca reforzar el potencial de crecimiento a largo plazo y compensar los obstáculos demográficos y la pérdida del sector inmobiliario como motor. Y lograr la autosuficiencia en tecnologías críticas.

Miguel Ángel Valero

El Partido Comunista de China celebró recientemente su 15º pleno, centrado en el próximo Plan Quinquenal (2026–2030), y con una conclusión clara: el futuro probablemente estará marcado por la alta tecnología. La cuota del sector de alta tecnología dentro de la demanda final total, medida como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB), ha crecido de forma sostenida y se prevé que alcance el 18,3% en 2026, prácticamente el doble de su peso de hace una década.

El enfoque en la autosuficiencia tecnológica parece ser más claro que nunca para el régimen presidido por Xi Jinping. China pretende aislarse de las presiones extranjeras, especialmente en el ámbito de los microchips, y está impulsando la innovación y la mejora tecnológica en sectores como informática, comunicaciones, electrónica, robótica y maquinaria eléctrica. Los responsables políticos parecen confiados en que impulsar la productividad total de los factores (PTF) mediante la manufactura de alta tecnología, que puede generar beneficios, ingresos fiscales y empleo, y que, en última instancia, conducen a un mayor nivel de consumo.

Las cifras hablan por sí solas: entre 2022 y 2024, la fabricación de alta tecnología aportó 1,1 puntos porcentuales al crecimiento anual del PIB, compensando parcialmente el lastre del sector inmobiliario, que restó de media 1,7 puntos por año. La demanda final de alta tecnología podría acercarse pronto al 20% del PIB, mientras que la cuota del sector inmobiliario ha caído desde su pico del 30–35% hasta situarse por debajo del 20%.

Los avances tecnológicos de China son visibles en todas partes: la densidad de robots industriales ha aumentado un 50% en los últimos cinco años, el país lidera el mundo en solicitudes de patentes y su cuota de patentes de inteligencia artificial está creciendo exponencialmente. En 2023, China concentró cerca del 70% de todas las patentes de IA concedidas a nivel global.

¿Por qué esta apuesta tan decidida? En primer lugar, para reforzar el potencial de crecimiento a largo plazo y compensar los obstáculos demográficos y la pérdida del sector inmobiliario como motor de crecimiento. En segundo lugar, para lograr la autosuficiencia en tecnologías críticas, un objetivo vital tanto para el ámbito civil como para el militar.

No obstante, el plan no se limita exclusivamente a la alta tecnología. Otro objetivo estratégico es aumentar la contribución del sector servicios a la economía, que ya representa más de la mitad del crecimiento del PIB. Existe margen para dinamizar el consumo de servicios, especialmente en ámbitos como el cuidado de mayores, la educación, la sanidad, el turismo y la hostelería, donde la demanda sigue superando a la oferta.

Impulsar la demanda interna también figura entre las prioridades. “El gobierno está trabajando para aumentar la renta disponible de los hogares y reformar el sistema de seguridad social”, señala Elke Speidel-Walz, Chief Economist Emerging Markets en DWS. “Son pasos clave orientados a reducir la elevada tasa de ahorro de China y fomentar el gasto”, apunta.

El nuevo Plan Quinquenal de China constituye una hoja de ruta ambiciosa hacia una economía impulsada por la tecnología, rica en servicios y basada en el consumo. El sector de alta tecnología no es solo un motor de crecimiento, es el eje central de la estrategia china para gestionar las incertidumbres y dependencias del entorno global.

13Nov

La gran diferencia en valoraciones convierte a las empresas chinas en “una gran oportunidad de crecimiento en términos de Precio sobre Beneficios en compañías de sectores punteros como vehículos eléctricos, robótica, coches autónomos, y otros”, recalca el advisor del fondo de renta variable china de Banor SICAV.

Miguel Ángel Valero

Dawid Krige, CEO de Cederberg Capital y advisor de Banor Capital por el fondo Banor SICAV - Greater China Equity, cree que la renta variable china es uno de los activos con mayor potencial alcista pese a que en lo que llevamos de 2025, ya se ha revalorizado un 35%. Argumenta que la economía china está al inicio de una etapa de fuerte recuperación, porque está siendo favorecida por una serie de factores:

  • El giro radical del gobierno chino, que apoya la economía con una visión muy a largo plazo y con medidas eficientes que refuerzan la productividad en los sectores de mayor innovación y capacidad de crecimiento.
  • El alto nivel de talento y las grandes capacidades de los ciudadanos y las empresas chinas, que facilitan una elevada eficiencia y alta productividad en sus modelos de negocios, generando unas valoraciones extremadamente más baratas que sus comparables en otros mercados.
  • La fuerte infra ponderación de los activos chinos en las carteras de los inversores tanto locales como globales. Entre los globales, por la mala reputación de los mercados chinos, que consideran “no invertibles”. Entre los locales, porque el peso de la renta variable en la riqueza es muy inferior a otros activos, sobre todo los inmobiliarios. La escasa presencia de inversores particulares extranjeros y domésticos en el capital de las empresas chinas cotizadas

En el último año China ha dado un giro de radical en las perspectivas de su economía por tres razones: 

  • El levantamiento de la prohibición de comprar Oro, que comenzó en 1949, cuando se fundó el actual Estado chino, y finalizó en 2004. Hoy, China es el mayor comprador de Oro del mundo.
  • La reapertura de la actividad en 2022 tras el intenso confinamiento provocado por el Covid 19. 
  • El fuerte cambio en la Confianza de los Consumidores hacia terreno positivo que se ha producido desde 2024. 

Estos factores llevan a afirmar que “la recuperación se encuentra todavía en una fase muy inicial”, por lo que el recorrido potencial del crecimiento económico chino es muy elevado. 

Además, grandes empresarios del sector tecnológico, como Elon Musk, propietario de Tesla, o Jensen Huang, CEO de Nvidia, han acreditado en diferentes ocasiones que “el talento de los ciudadanos y empresas chinas es enorme y poco conocido en el resto del mundo”. Como prueba de ello, “las innumerables horas que dedican al trabajo los ciudadanos chinos, seis días a la semana de media; la total automatización de los procesos de fabricación que aumenta la productividad y la eficiencia; o el nivel alcanzado por las compañías tecnológicas punteras chinas, prácticamente el mismo que las norteamericanas”, subraya Krige.

Un liderazgo del gobierno con visión a largo plazo que beneficia a la economía

El gobierno chino ha decidido impulsar la economía con medidas que promueven el crecimiento y que están enfocadas en los siguientes objetivos:

  • Apoyo a la subida de precios y de beneficios para empresas de sectores con exceso de oferta mediante la reducción del exceso de producción.
  • Mejora de la gobernanza corporativa y de la remuneración para los accionistas.
  • Apoyo a las industrias más innovadoras, como biotech, semiconductores, o inteligencia artificial (IA).
  • Impulso al consumo.
  • Estabilización del mercado inmobiliario y mejora de las finanzas de los gobiernos locales. 
  • Política monetaria anticíclica, estímulos fiscales, impulso a la oferta monetaria (quantitative easing). 
  • Apertura al exterior. 

El advisor de Greater China Equity Fund señala dos ejemplos clarificadores del apoyo del gobierno chino: el radical cambio regulatorio, donde se ha pasado de restringir a apoyar las actividades de las compañías tecnológicas, y el enorme aumento de la producción de energía eléctrica en China, que se ha llevado a cabo para soportar la transición energética futura, y para apuntalar el crecimiento económico. En 2024, China produjo más electricidad que EEUU, Europa, Reino Unido, y la India juntos.  

Uno de los efectos de la política del gobierno ha sido la mejora de las cifras de negocio de las empresas a través de la mejora de la productividad y la mayor eficiencia en costes. De forma que las empresas chinas presentan cifras muy altas en ventas y en rentabilidad respecto a sus comparable.

El impacto en términos de valoración ha sido significativo. Las compañías chinas presentan unos niveles muy inferiores a sus comparables. Un ejemplo es BYD, empresa de componentes electrónicos con presencia en automoción, electrónica, o baterías para vehículos eléctricos. La comparativa de BYD y Tesla, uno de sus principales competidores, es muy clara. Con unos ingresos similares (107.000 millones$ BYD, 97.000 millones Tesla), la capitalización bursátil de Tesla es 10 veces superior (1,28 billones frente a 127.000 millones de BYD).

Otro ejemplo es la comparativa de la plataforma de comercio electrónico PDD frente a su competidor Walmart. PDD alcanza una cifra de transacciones diarias por valor de 700.000 millones$,frente a los 710.000 millones de Walmart. Sin embargo, la ratio Enterprise Value (valor total de la empresa incluyendo deuda y caja) de PDD es 138.000 millones frente a 881.000 millones de Walmart. 

La gran diferencia en valoraciones, convierte a las compañías chinas en “una gran oportunidad de crecimiento en términos de Precio sobre Beneficios en compañías de sectores punteros, tales como vehículos eléctricos, robótica, coches autónomos, y otros”, recalca el advisor del fondo de renta variable china de Banor SICAV.

Además, el bajísimo peso de los activos chinos en las carteras de los inversores extranjeros y locales es otro de los factores que impulsan el atractivo de la renta variable china. Los inversores de EEUU y Europa redujeron en los últimos años hasta 60.000 millones$ el total de sus inversiones en activos chinos. Sin embargo, más de la mitad de las compañías globales que cotizan diariamente una cifra superior a 10 millones de $, son chinas, frente al 21% de EEUU  y 23% del resto del mundo. 

Esto supone “un argumento muy potente para que los inversores extranjeros regresen a la bolsa china. Existe una percepción errónea de que invertir en China no es posible, y esto lo demuestra”, asegura el advisor del fondo Greater China Equity.

La distribución media de la riqueza de los ciudadanos chinos da un peso muy fuerte a las inversiones inmobiliarias, frente a otros activos como la renta variable, con un peso mucho menor. Se trata de una diferencia muy ostensible frente a otros países como EEUU o Taiwan. “La estabilización del mercado inmobiliario gracias al apoyo del gobierno chino, ha aportado la tranquilidad necesaria a sus ciudadanos, que ahora están más predispuestos a invertir en otra clase de activos  como la renta variable”., insiste Krige.

Por último, la debilidad del dólar es otro factor que favorece la inversión en renta variable china. Tal y como sucedió durante la primera presidencia de Donald Trump, sus esfuerzos por debilitar el dólar y aumentar las exportaciones dieron fruto, aunque el dólar volvió a reforzarse tras el cambio de presidencia. Ahora, en la segunda etapa de Trump “estamos en el mismo proceso, y el dólar se está debilitando, lo que favorece el crecimiento de las economías emergentes, y especialmente de China”, concluye el advisor de Greater China Equity.

Banca March: habrá nuevos estímulos en 2026

Por su parte, la visión de Banca March sobre China en su último House View coloca el foco en que en los últimos trimestres ha crecido la divergencia entre oferta y demanda en esta economía. La flexibilidad y resiliencia de su sector exterior fue la principal sorpresa positiva y las exportaciones totales se sitúan un 6% por encima del año pasado. Un resultado sorprendente, dado que las exportaciones hacia el resto del mundo han logrado más que compensar la fuerte caída de las ventas hacia EEUU (-18%). En términos de PIB, permitió el avance de la industria en un +5,8% interanual durante el 3T, consolidándose como el principal motor de crecimiento. 

Esto contrasta con la debilidad del consumo privado, que continúa castigado por la crisis inmobiliaria, que también derivó en una caída de la inversión fija, algo no visto en China desde la pandemia. En este entorno, el Partido Comunista ha comenzado a publicar lo que serán las líneas maestras de su 15º Plan Quinquenal, que abarcará el periodo entre 2026 y 2030. El objetivo se centra en reequilibrar la economía y sitúan la tecnología y la seguridad como temas centrales del progreso económico para el próximo lustro.

El Gobierno aspira elevar el PIB per cápita desde los actuales 14.000$ hasta superar los 25.000$ para 2035 y una de las principales metas del nuevo plan se centra en aumentar "significativamente" la tasa de consumo de los hogares, aunque las medidas de acción específicas no se revelarán hasta que se publique la versión final en marzo de 2026. Para lograr este objetivo de aumentar el consumo privado, a medida que se incrementan los ingresos, será necesario normalizar las altas tasas de ahorro de los hogares (superan el 31% de los ingresos). 

Por tanto, en marzo de 2026 llegarán nuevos estímulos en China, con medidas más concretas que, por un lado, elevarán el gasto en I+D para mantener la competitividad en la carrera de la IA. Al mismo tiempo, a nivel interno, se implementarán acciones destinadas al fortalecimiento de las redes de seguridad social en educación, atención médica y cuidado de niños y ancianos, que logren liberar fondos desde el ahorro al consumo.

10Nov

EuropeG plantea duplicar los fondos comunitarios de innovación, reformar la política de competencia y avanzar hacia una mayor integración política si Europa quiere preservar su soberanía económica y tecnológica.

Miguel Ángel Valero

EuropeG, el Grupo de Opinión y Reflexión en Economía Política dirigido por Antoni Castells, advierte que la Unión Europea (UE) se enfrenta a una brecha tecnológica persistente frente a EEUU y China, y corre el riesgo de quedar atrapada en la “trampa tecnológica media”. Con un gasto en I+D (Investigación y Desarrollo) equivalente al 2,3% del PIB frente al 3,5% estadounidense, la UE invierte un 35% menos en innovación, una diferencia que se mantiene estable en 2025, según afirma el Policy Brief nº 22, “La nueva política industrial en la Unión Europea”, firmado por Rafael Myro (Universidad Complutense de Madrid) y Vicente Salas (Universidad de Zaragoza).

El documento llama a duplicar los fondos comunitarios de innovación, reformar la política de competencia y avanzar hacia una mayor integración política si Europa quiere preservar su soberanía económica y tecnológica.

EuropeG subraya que la política industrial ha pasado de ser un asunto marginal para convertirse en un eje central de la agenda económica europea con el objetivo de lograr una Europa más competitiva.

El Policy Brief analiza la nueva estrategia comunitaria impulsada tras los informes Letta y Draghi y plasmada en la Brújula de la Competitividad de la Comisión Europea, que reconoce la necesidad de combinar mercado, regulación y acción pública estratégica. 

La UE afronta un cambio estructural en la gobernanza económica global: de un modelo basado en reglas a uno basado en bloques, donde la intervención selectiva de los Estados y la coordinación europea serán decisivas para asegurar resiliencia, autonomía y liderazgo tecnológico.

El informe plantea un “trilema” entre política industrial, regulación y defensa de la competencia, y describe tres escenarios: 

  • mercado regulado (predominio de regulación y competencia, modelo tradicional de la UE), 
  • mercado concertado (predominio de regulación y política industrial, cercano al modelo de EEUU desde 1980), 
  • y mercado dirigido (predominio de competencia y política industrial, similar al modelo chino). 

Los informes Letta y Draghi se inclinan por modelos entre el mercado dirigido y el concertado.

El déficit de innovación: una debilidad estructural

El informe identifica el déficit de innovación privada como la principal causa de la pérdida de competitividad europea. Mientras EEUU y China concentran su inversión en tecnologías emergentes —inteligencia artificial, biotecnología o semiconductores—, las empresas europeas siguen centradas en sectores maduros como la automoción o la maquinaria industrial.

La UE dedica un 2,3% de su PIB a I+D, frente al 3,5% de EEUU. Esta diferencia —más de un 35% menos de esfuerzo innovador— explica el retraso acumulado en productividad, rentabilidad empresarial y liderazgo tecnológico. El Policy Brief propone duplicar el presupuesto del Programa Marco de I+D hasta 200.000 millones€ y crear una agencia europea inspirada en el modelo estadounidense ARPA, famosa por haber impulsado avances como Internet o el GPS. Esta nueva agencia, integrada en el European Innovation Council, permitiría financiar proyectos tecnológicos de alto riesgo e impacto, con una gestión más ágil y flexible para competir con EEUU y China en innovación disruptiva.

Una de las conclusiones del documento es la necesidad de revisar el equilibrio entre la defensa de la competencia y la intervención pública. El marco comunitario se ha basado durante décadas en evitar distorsiones del mercado, pero hoy esa ortodoxia limita la capacidad de respuesta ante los grandes competidores globales. EuropeG plantea que la UE debe permitir estrategias industriales comunes, flexibilizar las ayudas de Estado y adaptar su política de competencia para promover campeones europeos en sectores estratégicos.

El informe insiste en que la escala de la transición tecnológica requiere instrumentos financieros europeos más potentes y coordinados. Propone ampliar el alcance del Banco Europeo de Inversiones, fortalecer los fondos de inversión pública, y movilizar el ahorro privado hacia proyectos industriales y tecnológicos. También sugiere mejorar la integración de los mercados de capitales y avanzar en una unión fiscal parcial que permita financiar proyectos comunes de innovación y sostenibilidad.

Transiciones verde y digital: avances insuficientes

EuropeG aplaude las iniciativas europeas —Chips Act, Critical Raw Materials Act e InvestIA—, pero advierte que su despliegue sigue siendo lento y burocrático. En el vehículo eléctrico, las importaciones chinas ya representan más del 50% del mercado europeo, y la empresa de EEUU Tesla continúa expandiendo su producción en la UE. De igual forma, en materia de inteligencia artificial, la inversión privada europea (11.000 millones€), es seis veces inferior a la estadounidense (67.000 millones€). En la digitalización, la UE se encuentra muy retrasada en áreas clave como la IA. 

La UE destaca en computación cuántica gracias a iniciativas como Quantum Flagship, pero necesita fortalecerse en sectores como salud, farmacia, defensa yaeroespacial, donde existen dependencias o se ha perdido cuota de mercado. 

Sin una coordinación real entre los Estados miembros, la UE corre el riesgo de quedar rezagada en la carrera tecnológica global. La política industrial solo puede prosperar en una Unión Europea con instituciones más fuertes y una visión común. La intervención selectiva del Estado beneficia a unos sectores y territorios más que a otros, y por tanto requiere una legitimidad política que hoy la UE aún no tiene plenamente desarrollada.

EuropeG considera que el avance hacia una Europa más integrada en materia económica y tecnológica será inevitable si la Unión quiere mantener su peso en la economía mundial. El documento concluye que Europa no puede seguir siendo un regulador global sin músculo industrial propio y que debe convertir la nueva política industrial en la base de un pacto de competitividad, soberanía y crecimiento sostenible.

El protagonismo de la política industrial en la UE enfrenta la dificultad de compatibilizar un intervencionismo selectivo con una estructura política débil que requiere unanimidad y el difícil encaje con la regulación y la defensa de la competencia, políticas tradicionalmente alejadas del dirigismo estatal.

La política industrial implica un intervencionismo selectivo del Estado en la economía para influir en la asignación de recursos productivos bajo criterios de interés general. La política industrial beneficia a unos colectivos más que a otros y, por tanto, necesita de un Estado fuerte y convencido de que el resultado final es positivo para el interés general. Los órganos políticos de la UE, en su diseño actual, tienen una hegemonía muy limitada sobre las políticas de los Estados nacionales. Si la UE quiere que la política industrial comunitaria adquiera más protagonismo en el conjunto de las políticas públicas, tal como demanda el escenario de política de bloques y no de reglas a la que parece dirigirse el mundo actual, el avance de Europa hacia una mayor integración política parece inevitable.

El nuevo Plan Quinquenal tiene como objetivo ampliar la clase media, que crezca, consuma más, y ahorre menos.

Miguel Ángel Valero

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, pone el foco en dos acontecimientos clave ocurridos en China en las últimas semanas que, con gran probabilidad, influirán de manera decisiva en sus perspectivas futuras. El primero es la publicación del nuevo Plan Quinquenal, que en gran medida continúa con el planteamiento existente. El segundo es la reunión entre los presidentes Trump y Xi Jinping, en la que se estableció un marco para las negociaciones comerciales para los próximos 12 meses.

El plan quinquenal busca mantener el crecimiento económico anual dentro de un “rango razonable”, que este experto estima en torno al 4-5 %. Uno de sus principales objetivos es aumentar de forma significativa el consumo de los hogares en proporción al PIB. Esto refleja la continuación de un cambio estructural: un giro progresivo desde la industria manufacturera - que ha impulsado el crecimiento chino durante las últimas dos décadas- hacia una economía más orientada al consumo interno.

También hace hincapié en garantizar que el crecimiento de los ingresos de los hogares siga el ritmo del crecimiento del PIB, lo que sugiere de nuevo un objetivo de alrededor del 4-5%. Además, tiene como objetivo ampliar aún más la población que recibe ingresos medios, un tema clave en los mercados emergentes. A medida que esta clase media crezca, se espera que consuma más y, en el caso de China, que ahorre un poco menos.

Otro aspecto clave es el impulso de China hacia la autosuficiencia tecnológica, especialmente relevante en la actual era de las 'guerras de chips'. Esta ambición viene acompañada de esfuerzos por reforzar la base manufacturera del país y del reconocimiento de que, aunque China avanza hacia un modelo más orientado al consumo, la industria manufacturera continúa desempeñando un papel esencial en su economía.

China sigue avanzando en su programa contra la “involución”, una política vigente desde hace tiempo. Esta iniciativa busca frenar la competencia excesiva y el exceso de capacidad en sectores clave como los vehículos eléctricos y la energía solar. El objetivo es promover la consolidación del sector y limitar las guerras de precios, a fin de estabilizar los beneficios empresariales, prevenir presiones deflacionarias y fomentar el crecimiento sostenible. Es probable que China mantenga esta estrategia en el tiempo, impulsando a empresas líderes nacionales en industrias estratégicas.

Tierras raras como herramienta estratégica y de influencia

China parece haber jugado bien sus cartas en la reciente escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos. Las tierras raras se han convertido en una herramienta estratégica para que China ejerza influencia, y han sido un factor clave para que EEUU volviera a la mesa de negociaciones. China domina tanto los recursos como la producción de elementos de tierras raras, y parece haber aprovechado esa posición con eficacia. 

China insinuó la posibilidad de restringir las exportaciones de tierras raras, lo que provocó que EEUU respondiera amenazando con la imposición de aranceles del 100% que desencadenó una escalada de tensiones en las últimas semanas. Curiosamente, los mercados se han mantenido imperturbables en gran medida, con la creencia generalizada de que las conversaciones concluirían de forma positiva.

China se ha comprometido ahora a comprar soja estadounidense, lo que debería aliviar la presión sobre los agricultores estadounidenses. También ha acordado limitar las exportaciones de materiales utilizados en la producción de fentanilo, una droga altamente adictiva que actualmente está causando importantes problemas sociales en EEUU.

Por otro lado, Estados Unidos ha retirado su amenaza de imponer aranceles del 100% a los productos chinos y ha suavizado algunas de las restricciones y los costes que se iban a aplicar al transporte marítimo chino.

La exitosa reunión entre los presidentes Trump y Xi la semana pasada ha puesto de manifiesto que probablemente podremos dejar atrás las preocupaciones sobre los aranceles del 100%, al menos durante los próximos 12 meses. Hay programadas dos reuniones más entre estos líderes para 2026, lo que debería ayudar a mantener un tono constructivo durante este período.

Pero ¿podemos dar por terminada esta historia? Quizá no. Se trata de las dos mayores superpotencias económicas del mundo, y es improbable que siempre actúen en perfecta armonía. Esto podría ser simplemente una pausa, más que una conclusión. 

China sigue manteniendo una perspectiva a largo plazo. Ha logrado avances significativos en la diversificación de su economía, reduciendo su fuerte dependencia de las exportaciones a EEUU, lo que la dota de mayor resiliencia ante futuros cambios en la dinámica del comercio mundial. Las exportaciones chinas a EEUU han disminuido un 27% interanual, pero las totales han aumentado un 8%. Actualmente, las exportaciones a EEUU representan solo el 12% del comercio total de China, frente al 20% en 2018, cuando el presidente Trump inició la primera ronda de guerras comerciales.

Actualmente, el arancel efectivo estadounidense es significativamente mayor sobre los productos chinos: alrededor del 47%, en comparación con el 20% existente a principios de año. A pesar de esto, China parece estar adaptándose bien. En los últimos años, se ha diversificado eficazmente, aprovechando al máximo la Iniciativa Belt & Road para abrir nuevos mercados y expandir su influencia global. A medida que China continúe evolucionando hacia una economía más orientada al consumo, esta transición debería impulsar el crecimiento a largo plazo. 

"Nuestras perspectivas sobre los mercados emergentes siguen siendo constructivas y mantenemos una visión positiva sobre China. Somos conscientes de que los mercados han experimentado un fuerte repunte en los últimos 12 meses, pero aún vemos margen para un mayor impulso positivo", concluye el experto de Columbia.

04Nov

El Gobierno justifica el uso unilateral –sin pasar por el Congreso– de los aranceles dado que el déficit comercial representa una emergencia nacional. Su ilegalización pondría en riesgo la seguridad económica de EEUUU y generar complicaciones para el Tesoro en caso de tener que reembolsar las tasas recaudadas.

Miguel Ángel Valero

Christy Tan y Lawrence Hatheway, estrategas de inversión del Franklin Templeton Institute, analizan en el informe Beyond the Summit: Mapping Asia’s Emerging Trade Alliances las implicaciones económicas de la cumbre entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en Busan (Corea del Sur), así como los nuevos acuerdos comerciales entre EEUU, Corea del Sur y Japón. Los acuerdos incluyen importantes compromisos de inversión y compras de bienes estadounidenses.

La cumbre Trump–Xi concluyó sin un anuncio formal, pero con señales de progreso tangible. Entre los acuerdos alcanzados destacan la compra de soja y productos agrícolas estadounidenses por parte de China, la reducción de los aranceles sobre las exportaciones chinas de fentanilo del 20% al 10%, y un pacto prorrogable de un año, que garantiza la exportación de tierras raras chinas sin restricciones. 

Posteriormente, Donald Trump ha declarado que los chips de inteligencia artificial más avanzados de Nvidia (modelo Blackwell) deben comercializarse únicamente a empresas estadounidenses. No solo se refiere a una restricción para China, sino que deja entrever que esta limitación podría extenderse a otros países. Estas declaraciones contrastan con la postura más flexible que había adoptado en las anteriores semanas, en la que se mostraba dispuesto a negociar esta cuestión con el país asiático. 

Sin embargo, se ha confirmado que durante la reunión de la semana pasada entre Trump y el presidente chino Xi Jinping, el tema de la exportación de chips avanzados no fue tratado, debido a la firme oposición de los principales asesores de la Administración estadounidense. 

La decisión supone un revés importante para Nvidia, ya que China representa un mercado estratégico: alberga aproximadamente a la mitad de los investigadores en IA del mundo. En sus últimas declaraciones, Trump reafirmó que no permitirá la venta de los chips Blackwell más avanzados a empresas chinas, aunque dejó abierta la posibilidad de que puedan acceder a una versión menos potente. 

Corea del Sur ha comprometido inversiones por 350.000 millones$ en sectores estadounidenses (200.000 millones procedentes de entidades públicas a lo largo de la próxima década y 150.000 millones del sector privado, especialmente en construcción naval), además de nuevas compras de equipamiento aeroespacial. 

Japón invertirá 550.000 millones$ en sectores estratégicos de EEUU, aumentará sus importaciones de bienes aeroespaciales y militares, y adquirirá productos agrícolas por valor de 8.000 millones. A cambio, EEUU acordó reducir los aranceles al 15%, incluidos los del sector del automóvil. 

La reducción de tensiones comerciales supone un impulso adicional para los mercados globales, respaldados por beneficios corporativos sólidos y una economía mundial resistente. Aunque la Reserva Federal ha señalado que no están garantizados nuevos recortes de tipos, el sentimiento inversor sigue apoyado por los fundamentos económicos y ahora una mayor estabilidad en el comercio transpacífico. 

Como principal riesgo, el Instituto de Franklin Templeton advierte que la política comercial de EEUU sigue siendo volátil y sujeta a posibles reversiones, especialmente a la espera de la decisión del Tribunal Supremo sobre la constitucionalidad de los aranceles por país, que podría modificar la política comercial en 2026.

Advertencias sobre una corrección en Bolsa

Los avances de las Bolsas se toman un respiro. Las advertencias de Ted Pick, CEO de Morgan Stanley, y David Solomon, de Goldman Sachs, han moderado el entusiasmo del rally bursátil, al señalar que una corrección en los próximos meses sería algo “normal”. No obstante, ambos coinciden en que la reducción del riesgo geopolítico ha sido un factor clave en el impulso de los mercados en las últimas semanas, y que una corrección no debería interpretarse como una señal para abandonar el mercado, sino como un proceso natural dentro del actual ciclo alcista que ya dura más de tres años –aun por debajo de los 5 años y medio del ciclo promedio desde 1949–. 

Con pocas referencias económicas en el corto plazo debido al cierre del Gobierno y una temporada de resultados ya bastante avanzada, la política monetaria vuelve a ocupar un lugar central en el debate. En este contexto, Lisa Cook ha reavivado las dudas sobre una posible bajada de tipos en la próxima reunión de diciembre, aunque sigue percibiendo más riesgos en el mercado laboral que en la inflación.

Pero todos están pendientes del Tribunal Supremo, que el miércoles 5 de noviembre escuchará los argumentos del demandante, un empresario de juguetes educacionales, quien cuestiona la legalidad del esquema arancelario basado en la IEEPA (Ley de Poderes Económicos en Emergencias Internacionales, promulgada en 1977). El Gobierno justifica el uso unilateral –sin pasar por el Congreso– de los aranceles dado que el déficit comercial representa una emergencia nacional. Scott Bessent, secretario del Tesoro, ha advertido que declarar ilegales dichos aranceles comprometería la capacidad diplomática del presidente y pondría en riesgo la seguridad económica del país. Además, podría generar complicaciones para el Tesoro en caso de tener que reembolsar las tasas recaudadas.

Con unos beneficios empresariales que siguen sorprendiendo al alza, el fin de la reducción de balance de la Fed que apunta a una política monetaria menos restrictiva a partir del 1 de diciembre —más allá del debate sobre los tipos en diciembre— y una guerra comercial menos intensa, "consideramos que los vientos favorables para el ciclo económico y los mercados bursátiles continúan presentes. Por ello, permanecer invertidos, incluso ante posibles episodios de volatilidad, volverá a ser relevante en los próximos meses", señalan en Banca March.

Mientras tanto, jueces federales ordenan al Gobierno de EEUU reanudar parcialmente las ayudas alimentarias del programa SNAP suspendidas por el cierre del Gobierno Dos jueces federales han dictaminado que la suspensión de las ayudas alimentarias del programa SNAP, vigente desde el 1 de noviembre, es ilegal. Esta interrupción marca la primera vez en seis décadas que se detiene la financiación del mayor programa contra el hambre del país, que proporciona subsidios a más de 42 millones de beneficiarios (12% de la población) para la compra de productos básicos. 

Los jueces han exigido al Gobierno que utilice el fondo de contingencia, del cual hay disponibles 5.000 millones$, frente a los 8.000-9.000 millones necesarios para cubrir un mes completo de los beneficios alimenticios. En documentos judiciales presentados el lunes 3 de noviembre, la Administración Trump confirmó que ha decidido no recurrir a otros 4.000 millones$ de fuentes alternativas para cubrir la totalidad de los beneficios correspondientes a noviembre.

Por otra parte, la confianza empresarial de la industria cede terreno en octubre, pero el saldo es mixto dado que mejoran las perspectivas de nuevos pedidos y también del empleo por parte de los empresarios. En octubre el ISM manufacturero decepciona al caer hasta 48,7 desde el 49,1 previo, interrumpiendo así la tendencia de mejora de los meses previos y manteniéndose por octavo mes consecutivo en terreno de contracción. Sin embargo, más alentador fue la composición, dado que mejoraron las perspectivas de empleo (46 vs. 45,3 anterior) y también repuntó el subíndice de nuevos pedidos (49,4 vs. 48,9 previo). Además, también se frenaron las presiones inflacionistas con el subíndice de precios pagados moderándose hasta 58 desde el 61,9 previo.

31Oct

Se sugiere una estrategia más ambiciosa a largo plazo, en la que se sacrifica parte del crecimiento inmediato para situarse como líderes en el efervescente mercado global de la inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

A falta de Nvidia, que los presenta el 19 de noviembre, las grandes tecnológicas de EEUU han hecho públicos sus resultados en los nueve primeros meses de 2025 y sus previsiones para el próximo ejercicio. Tanto Microsoft como Meta superaron las expectativas, pero decepcionaron con sus expectativas para 2026. 

Ambas compañías comienzan a reflejar en sus cuentas el impacto de sus apuestas por la inteligencia artificial (IA) y los costes asociados que se esperan para los próximos ejercicios. Amy Hood, directora financiera de Microsoft, reconoce que, a pesar del fuerte incremento en la inversión, no están logrando satisfacer la demanda de capacidad para IA. Los ingresos de la división Azure mantienen un ritmo de crecimiento de doble dígito (+27%). 

Por su parte, Meta anticipó un aumento sustancial de los gastos en 2026 y, además de algunos costes extraordinarios, no ofreció cifras claras sobre cómo la inversión en IA está impulsando sus ingresos. Y su línea de gafas inteligentes continúa generando pérdidas, esta vez por valor de 4.400 millones$ en el trimestre, aunque según Mark Zuckerberg, CEO y fundador de la empresa, se trata de una gran oportunidad. Admite que podría producirse una sobreinversión en capacidad computacional, en cuyo caso se plantearían venderla a terceros, aunque aclara que aún no se ha dado esa situación.

Alphabet, que indicó que su asistente Gemini tiene ya 650 millones (+44% desde el último trimestre) de usuarios activos al mes –frente a los más de 3.000 millones que se estiman para Chat GPT– y ofreció cifras mejores a las esperadas en su negocio de computación en la nube.

Google (Alphabet) está reabriendo una central nuclear en Iowa para alimentar sus centros de datos.

Entre las tres compañías, han gastado 78.000 millones$ en inversión de capital este trimestre, un 89% más que el año pasado. Esta tendencia continuará en los próximos meses.

Por su parte, Amazon superó ampliamente las expectativas, con una sorpresa positiva del +25%. Sus cifras reflejan que la demanda de capacidad computacional sigue siendo sólida: el negocio en la nube continúa creciendo a un ritmo interanual superior al 20%. De hecho, Andy Jassy, CEO de la compañía, destacó que la demanda actual es la más fuerte desde 2022.

Precisamente, Amazon ha anunciado que reducirá alrededor de 14.000 puestos corporativos (el 4% de su plantilla) en una decisión que, "lejos de reflejar debilidad, simboliza la nueva fase de la revolución de la inteligencia artificial", opina el analista Pablo Gil en The Trader. El ajuste afectará a un máximo de 1.200 trabajadores de sus oficinas corporativas en España (Madrid y Barcelona), pero no a empleados de entregas o de los centros logísticos.

El movimiento encaja con el mensaje que su CEO, Andy Jassy, lleva meses repitiendo: la IA permitirá a Amazon operar con menos personas y más productividad. Menos gasto en salarios, más inversión en algoritmos. Y deja muy claro que no será el último ajuste: la compañía planea seguir “eliminando capas” en 2026.

Aunque el despido masivo previo a Navidad pueda parecer impopular, el mensaje subyacente es claro: las tecnológicas siguen priorizando la eficiencia y el capital intensivo en IA sobre el empleo humano. Esto sugiere que el ciclo de inversión en inteligencia artificial aún está en plena expansión, y que la 'burbuja' que muchos temen no muestra señales de pincharse. Lejos de entenderse como debilidad, Amazon está reconfigurando su estructura para alimentar el mayor cambio tecnológico de las próximas décadas y adelantarse siempre gusta a los mercados.

Apple —una de las tecnológicas más alejadas de la ola de inversión en inteligencia artificial— presentó unos resultados que convencieron a los mercados, registrando el mejor tercer trimestre de su historia en términos de ventas, al superar la barrera de los 100.000 millones$. Su segmento más rentable, el de servicios, creció a una tasa interanual del 15%. Tim Cook, CEO de la empresa, anunció que se incrementarán los gastos operativos relacionados con el desarrollo de IA, aunque serán apenas 1.500 millones$, una cifra significativamente inferior a la de otras compañías del sector.

Además, Apple recibió buenas noticias en el ámbito comercial: el único arancel que paga actualmente —relacionado con el fentanilo y China— se reducirá a la mitad. La obligación de pago del resto de aranceles fue eliminada tras el compromiso de aumentar la inversión doméstica. En este trimestre, la compañía abonó 1.100 millones en aranceles, y estima que esta cifra podría ascender a 1.400 millones en el último trimestre del año.

 No obstante, la nota negativa vino precisamente de China, donde la demanda sigue siendo débil debido al aumento de la competencia local. En los últimos tres años, la participación de China en las ventas de Apple ha descendido del 20% al 14%.Llama la atención la diferente evolución en Bolsa tras presentar resultados: Alphabet (+2,5%), frente a los retrocesos de Microsoft (-2,9%) y sobre todo Meta (-11,3%). 

En el caso de la propietaria de Facebook, los mercados censuran sobre todo la decisión de Mark Zuckerberg de emitir deuda por 30.000 millones$, en una petición al mercado para seguir impulsando la inversión en IA, que tuvo en cualquier caso una demanda récord cercana a los 110.000 millones.

OpenAI pide a EEUU duplicar su capacidad energética anual (100 GW/año) para sostener el boom computacional. Y Qualcomm entra en el negocio de chips para servidores de IA, llegando a subir un 11% en Bolsa.

Todo esto apunta a un patrón: las grandes tecnológicas están reorientando su gasto hacia infraestructura, chips y energía para sostener el crecimiento del sector. Según estimaciones de analistas, el capex de las grandes nubes (Amazon, Microsoft, Google) crecerá más del 50% este año. En 2026, ese crecimiento bajaría al 20%, y ahí llegará el examen real: demostrar retornos tangibles de la inversión.

Las grandes tecnológicas han superado con creces las expectativas de crecimiento trimestral. Sin embargo, los cuatro principales “hiperscalers” —Amazon, Meta, Microsoft y Alphabet— comienzan a mostrar señales de que los costes operativos y la fuerte inversión en inteligencia artificial podrían empezar a limitar la expansión de márgenes que han disfrutado en los últimos años. Esto sugiere una estrategia más ambiciosa a largo plazo, en la que se sacrifica parte del crecimiento inmediato para posicionarse como líderes en el efervescente mercado global de la IA.

Puede que las cifras trimestrales recientes de las grandes tecnológicas generen ciertas dudas, pero la carrera por el dominio de la IA sigue su curso, en un entorno geopolítico más estable y con una Reserva Federal menos restrictiva. Estos tres factores, junto con la buena estacionalidad de los últimos meses del año, permitirán a estas empresas y a las Bolsas seguir avanzando.

30Oct

La gira asiática de Trump ha servido para enviar un mensaje de poder y reafirmar alianzas, pero también ha dejado claro que la guerra comercial entra en una nueva fase. China y EEUU ya no compiten solo por aranceles o minerales: disputan el liderazgo del futuro económico del continente.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump fue a Asia con un objetivo claro: fortalecer alianzas estratégicas, reordenar las reglas del comercio global y reafirmar el papel de EEUU como potencia dominante en la región. En una gira que combina gestos diplomáticos, acuerdos comerciales y una narrativa de poder, el presidente de EEUU ha buscado reforzar lazos con viejos aliados como Japón y recuperar terreno frente a una China que responde con rapidez, ampliando su influencia en el Sudeste Asiático.

Su primera parada fue Malasia, donde participó en la cumbre de la ASEAN. Allí selló acuerdos con cuatro países (Malasia, Tailandia, Vietnam y Camboya) destinados a garantizar el acceso estadounidense a minerales críticos, clave para las industrias tecnológica y militar. Estos pactos también contemplan exenciones arancelarias para algunos productos regionales, en un intento de contrarrestar la creciente dependencia de China en la cadena de suministros global. Sin embargo, los documentos firmados fueron deliberadamente vagos: más gestos políticos que compromisos tangibles, en la línea del estilo negociador que Trump ha mantenido desde su primer mandato.

El contraste llegó al día siguiente, cuando Pekín respondió con su propia jugada estratégica. China anunció la expansión del Acuerdo de Libre Comercio ASEAN-China (CAFTA 3.0), un pacto que profundiza su integración económica en el bloque. El nuevo tratado incluye cláusulas para reducir barreras comerciales, impulsar la economía verde y coordinar estándares regulatorios en sectores como los vehículos eléctricos y la energía limpia. En la práctica, es una maniobra para absorber parte de la presión de los aranceles estadounidenses y abrir nuevos mercados para sus exportaciones industriales. Mientras Trump busca aislar a China mediante acuerdos bilaterales, Pekín refuerza su liderazgo regional apelando a la unidad multilateral y a la transición verde.

El segundo capítulo de la gira tuvo lugar en Tokio, donde Trump se reunió con la recién elegida primera ministra Sanae Takaichi, la primera mujer en liderar Japón. Ambos reafirmaron la alianza entre sus países, calificada por Trump como “la más fuerte del mundo”. Firmaron documentos sobre comercio y minerales estratégicos, pero nuevamente sin detalles concretos. En teoría, Japón se compromete a financiar 550.000 millones$ en proyectos estadounidenses, aunque el origen y destino de esos fondos siguen siendo difusos. El encuentro tuvo varios componentes simbólicos, pero más allá de los gestos, la nueva mandataria japonesa aprovechó la visita para anunciar un aumento del gasto en defensa hasta el 2 % del PIB antes de marzo de 2026, adelantando dos años el calendario original. Con ello busca reforzar la capacidad militar japonesa frente a las amenazas de Corea del Norte y la presión creciente de China en el Pacífico.

La visita a Japón cierra un tramo clave de una gira que culmina con un encuentro entre Trump y Xi Jinping en Corea del Sur, durante la cumbre de APEC. Después de años de tensiones arancelarias, restricciones tecnológicas y políticas de “friend-shoring” que pretenden trasladar las cadenas de suministro y producción a países aliados o “amigos”, el diálogo directo entre ambos líderes marca un punto de inflexión. 

En Busán (Corea del Sur), Trump y Xi Jinping firman la pipa de la paz. Al menos, hasta el siguiente desencuentro. El esperado encuentro, descrito como "increíble" por Trump, entre los líderes de las dos principales economías del mundo concluyó con una tregua en la guerra comercial. Siguiendo el patrón del Trump 1.0, tras las hostilidades llega el entendimiento: ambas partes han cedido, conscientes de que se necesitan mutuamente para continuar su competición estratégica. 

Por un lado, EEUU se muestra más dispuesto a permitir la exportación de semiconductores de alta gama a China y, además, reduce del 20% al 10% los aranceles vinculados al fentanilo, situando la tasa total sobre China en torno al 45% (incluyendo los gravámenes ya impuestos en el Trump 1.0). Esto supondría una disminución de aproximadamente un punto en el arancel teórico promedio. 

Por su parte, China aplaza durante un año las restricciones sobre las tierras raras y se compromete a retomar las compras de soja. 

Así, Trump resuelve un problema autoinducido, generando una sensación de victoria en una batalla geopolítica que perdurará más allá de su mandato político. Y anuncia visita a China en 2026.

Trump asegura que “vamos a trabajar juntos para ver si podemos hacer algo” para que finalice la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania.

EEUU ha aceptado suspender un año más los aranceles recíprocos del 24% impuestos por Trump a China. Éstos ya se habían pausado durante 90 días en mayo tras una tregua entre los dos países, y se habían prorrogado en agosto. La pausa expiraba el 10 de noviembre, pero ahora se extiende un año adicional. Pekín se compromete igualmente a suspender un año “las medidas de represalia” adoptadas contra estos gravámenes.

Washington ha aceptado suspender durante un año la ampliación de la lista de entidades sometidas a controles de exportaciones, según el portavoz. Este cambio normativo introducido por Washington en septiembre, y que afectaba potencialmente a miles de subsidiarias de empresas chinas, había desatado la furia de Pekín: su repuesta fue aprobar poco después la batería de restricciones adicionales a las tierras raras, que despertó a su vez la ira de Washington. Ahora, las restricciones quedan en un limbo los próximos 12 meses. 

“China suspenderá durante un año la aplicación de las medidas de control de exportaciones correspondientes anunciadas el 9 de octubre, y estudiará la formulación detallada de planes específicos”, ha señalado el portavoz de Comercio. Ambas parte han acordado, además, dejar en pausa, también durante un año, las nuevas tarifas portuarias recíprocas introducidas hace un par de semanas. Y el Gobierno chino ha asegurado que se han alcanzado consensos sobre “la cooperación antidrogas en materia de fentanilo, la ampliación del comercio agrícola. y el tratamiento de casos empresariales específicos”.

También se recupera el principio de acuerdo para la venta de TikTok en EEUU, tal y como se había pactado en septiembre durante un encuentro de los negociadores comerciales chinos y estadounidenses en Madrid.

Sin embargo, los analistas no anticipan un deshielo inmediato: las posiciones siguen lejos en materia de comercio, energía y control de cadenas de suministro. Los acuerdos de Washington con la ASEAN buscan garantizar acceso a minerales y productos estratégicos, pero el CAFTA 3.0 chino podría diluir parte de su impacto, consolidando la influencia de Pekín en los sectores verdes y manufactureros. El resultado es un tablero más fragmentado, donde los países del Sudeste Asiático juegan a equilibrar fuerzas entre las dos superpotencias.

Trump parece decidido a replicar su estrategia de 2018: presión arancelaria, nacionalismo económico y diplomacia directa con los líderes más relevantes de la región, el contexto hoy es distinto. Pero China tiene un papel mucho más sólido en Asia, Japón acelera su rearme, y la ASEAN se ha convertido en el campo de batalla comercial más importante del planeta. 

La gira asiática de Trump ha servido para enviar un mensaje de poder y reafirmar alianzas, pero también ha dejado claro que la guerra comercial entra en una nueva fase. China y EEUU ya no compiten solo por aranceles o minerales: disputan el liderazgo del futuro económico del continente. 

"En el fondo, lo que está en juego no es solo el comercio entre naciones, sino el control de las rutas del crecimiento global. Cada arancel, cada acuerdo y cada gesto diplomático forman parte de una estrategia mayor: asegurar quién marca las reglas del juego en la próxima década. Los inversores lo saben, y por eso observan con tanta atención esta nueva fase del pulso entre Washington y Pekín", comenta el analista Pablo Gil en The Trader.

En juego el dominio marítimo

Por otra parte, Trump ha reactivado uno de los frentes más estratégicos de su rivalidad con Pekín: el dominio marítimo. Ya había expresado su preocupación por la influencia china en infraestructuras críticas como el Canal de Panamá (donde la compañía CK Hutchison, de Hong Kong, gestiona terminales a ambos extremos del paso por el que circula el 40% del tráfico de contenedores estadounidense). Ahora, con las tensiones comerciales de nuevo al alza, el presidente ha incluido el sector marítimo y logístico en su nueva ronda de aranceles, advirtiendo que no permitirá que “China controle los puntos de estrangulamiento del comercio mundial”. 

Para la visión de Trump, la gestión de estos puertos equivale a tener a Pekín con una mano sobre la garganta de la cadena global de suministros, lo que justificaría la necesidad de “recuperar” el control estadounidense.

Pero la preocupación va mucho más allá de Panamá. China lleva dos décadas construyendo una red de influencia marítima que abarca más de noventa puertos de aguas profundas repartidos por todos los continentes. Empresas estatales como Cosco Shipping o conglomerados como Hutchison controlan o gestionan terminales en algunos de los enclaves más estratégicos del planeta: el Pireo en Grecia, Chancay en Perú, Lekki en Nigeria o Darwin en Australia. En total, las compañías chinas están presentes en un tercio de los puertos africanos y en un 10% de la capacidad portuaria europea. Esa red no solo garantiza ventajas comerciales, sino también geopolíticas. China exporta el 15% de los bienes mundiales y necesita mantener abiertas sus rutas marítimas, pero cada nueva concesión portuaria le da algo más que seguridad logística: le da influencia. En África, América Latina y el Mediterráneo, los puertos construidos con financiación china ya han recibido buques de guerra del Ejército Popular de Liberación. Y en el Cuerno de África, el que empezó como un “puerto comercial” en Yibuti, se transformó en la primera base militar china en el extranjero.
Washington teme que ese patrón se repita. Si China controla puertos clave, puede condicionar despliegues militares, obstaculizar rutas o recabar inteligencia. Los analistas del Pentágono advierten que, en caso de conflicto por Taiwán, Pekín podría retrasar la llegada de buques estadounidenses a la región simplemente limitando operaciones en los puertos que administra. Por eso, Trump ha pedido a Panamá revocar la concesión china y ha aplaudido los intentos de Australia por recuperar el control del puerto de Darwin, alquilado a una compañía china por 99 años. Pero revertir el avance chino ya no parece posible. Pekín ha construido una red demasiado grande e integrada en el comercio global como para desmantelarla sin consecuencias económicas.

El poder de China en los mares no se mide solo en barcos o bases, sino en puertos, grúas y contratos. Xi Jinping lo entendió hace tiempo: quien controla las rutas controla el comercio, y quien controla el comercio controla el poder. Trump lo ha comprendido ahora, cuando el mapa del comercio mundial ya está, en buena medida, dibujado con tinta china", subraya Pablo Gil.

Acuerdo con Corea del Sur

Mientras tanto, EEUU y Corea del Sur han anunciado la conclusión del acuerdo comercial, que había quedado estancado desde la presentación de su borrador en julio. Como parte del pacto, los aranceles sobre las importaciones de automóviles surcoreanos se reducirán del 25% al 15%, igualando las condiciones de sus competidores japoneses, quienes ya disfrutan de ese tipo impositivo desde que cerraron su propio acuerdo en septiembre. 

Además, los productos de madera y los fármacos procedentes de Corea del Sur estarán sujetos a los aranceles más bajos entre todos los países, mientras que las piezas de aeronaves y los medicamentos genéricos quedarán completamente exentos. En el sector de los semiconductores, se garantiza que las empresas surcoreanas no estarán en desventaja frente a sus competidores taiwaneses debido a barreras comerciales.

Por su parte, Corea del Sur se ha comprometido a invertir un total de 350.000 millones$ en Estados Unidos. De ese monto, 200.000 millones se desembolsarán en efectivo mediante cuotas escalonadas, con un límite anual de 20.000 millones. Estas cuotas escalonadas permitirán que el mercado local de dólares-won permanezca estable a pesar de la salida de capitales, ya que el Banco de Corea indicó recientemente que 20.000 millones al año sería probablemente el máximo que Seúl puede aportar sin afectar el mercado de divisas. Los 150.000 millones restantes se destinarán a la cooperación en el sector naval.

29Oct

La confianza de los consumidores sigue débil y aumenta el número de los que vaticinan un deterioro del mercado laboral.

Miguel Ángel Valero

Trump busca intensificar los esfuerzos diplomáticos en materia comercial. En relación con China, el presidente estadounidense ha expresado su intención de reducir los aranceles aplicados a las importaciones chinas vinculadas al fentanilo y planea abordar la exportación de chips Blackwell de Nvidia

Las negociaciones entre ambos países han avanzado significativamente: el pasado domingo, alcanzaron un acuerdo marco que establece una hoja de ruta para mejorar las relaciones comerciales, y el viernes 31 de octubre se reunirán presencialmente Trump y Xi Jinping

En este acuerdo, China se comprometió a reanudar las importaciones de soja estadounidense –interrumpidas desde mayo– y a flexibilizar los controles sobre la exportación de tierras raras. A cambio, EEUU propuso evitar una escalada arancelaria, y el negociador secretario del Tesoro, Scott Bessent, descartó la aplicación del arancel amenazado por Trump del 100%, que estaba previsto para entrar en vigor el 1 de noviembre. 

En este sentido, China ya ha dado el primer paso al retomar las compras de soja, y los primeros envíos se entregarán antes de fin de año. Por su parte, Trump reiteró su intención de reducir los aranceles, y podría bajar los relacionados con el fentanilo del 20% actual a un mínimo del 10%.

Respecto a los chips de Nvidia, la administración Trump ha mostrado una postura cambiante. En abril, ordenó a la empresa detener las ventas del chip H20, diseñado específicamente para el mercado chino por ser menos avanzado que el modelo Blackwell. Posteriormente, en agosto, Trump propuso permitir la venta de los chips H20 a cambio de que el gobierno estadounidense recibiera un 15% de las ventas realizadas en China. Sin embargo, Nvidia informó que no ha enviado ningún chip H20 al país asiático, ya que aún no se han definido las reglas para el reparto de ingresos, y China ha desalentado a sus empresas nacionales de adquirir estos chips.

Por otro lado, con Japón: Trump y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi firmaron un acuerdo marco para impulsar la cooperación en el desarrollo de reactores nucleares de nueva generación y asegurar el suministro de tierras raras –Japón representa el 6% de las importaciones americanas de estos materiales–.

El pacto busca contrarrestar la dependencia del país estadounidense con China. Como parte del acuerdo, ambos países crearán un grupo de trabajo encargado de identificar minerales prioritarios y vulnerabilidades en la cadena de suministro, con el fin de elaborar un plan que acelere las entregas de estos componentes críticos para sectores como la automoción, la defensa y la tecnología avanzada.

Trump cierra también un pacto comercial con Corea del Sur, mientras confía en un resultado “positivo” de las negociaciones con China, y se muestra receptivo a un encuentro con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.

La confianza de los consumidores de EEUU sigue débil

En medio de las negociaciones comerciales, Trump tiene que afrontar malos datos macro en EEUU. La confianza de los consumidores se mantiene débil. En octubre el índice realizado por la Conference Board bajó hasta 94,6, pero se revisaron al alza los datos del mes previo y con ello, a pesar del retroceso visto en octubre, el indicador quedó ligeramente por encima de las expectativas (93,4). 

Por otro lado, poco alentadora fue la lectura de los componentes, dado que subió la lectura de situación actual (129,3 vs. 127,5) mientras que el subíndice de expectativas cayó hasta 71,5 desde el 74,4 previo. Además, un mayor número de encuestados apuntaron que anticipan un deterioro del mercado laboral: un 27,8% (vs. 25,7% anterior) apuntan a que habrá un menor número de empleos disponibles frente a un 15,8% (vs. 16,6% anterior) de los encuestados que esperan una mejora del empleo. Más allá de las cifras mensuales que están sufriendo varias revisiones, en promedio durante todo este año este indicador se situó en 96 frente al 105 promedio visto en los dos años anteriores (2023-24), lo que confirma que la mayor incertidumbre está pesando en el ánimo de los consumidores.

También datos de precios de la vivienda que repuntaron en agosto. Se anunciaron dos indicadores: el índice de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda (FHFA) sobre compraventas repetidas en viviendas unifamiliares, el precio aumentó un +0,4% mensual y, por otro lado, según el índice realizado por S&P Case-Shiller para las 20 principales ciudades del país, aumentó un +0,2% mensual, lo que sitúa en el +1,6% el ritmo de crecimiento interanual.