23Aug

La naviera china Sea Legend lanzó el primer servicio regular de contenedores programado a lo largo de la Ruta Marítima del Norte de Rusia, navegando desde Ningbo hasta Felixstowe y Rotterdam en unos veinte días, aproximadamente la mitad del tiempo de la ruta habitual a través del Canal de Suez.

Miguel Ángel Valero

China prepara nuevas medidas de apoyo fiscal para la segunda mitad del año. El viceministro de Finanzas, Liao Min, anunció una ampliación de las subvenciones a los préstamos dirigidos a empresas privadas y consumidores. El programa cubrirá un punto del tipo de interés de los créditos elegibles durante un periodo máximo de dos años.

Esta iniciativa forma parte de la estrategia de Pekín para reforzar la demanda interna y sostener el crecimiento económico. La medida llega después de que el PIB creciera un 4,3% interanual en el segundo trimestre, por debajo del objetivo anual del Gobierno, situado entre el +4,5%-5%, aunque el incremento acumulado en lo que va de año se mantiene en el +4,7%.

Por otro lado, el viceministro reiteró la intención de las autoridades de combatir la denominada “deuda oculta” de los gobiernos locales, el endeudamiento asumido fuera de los balances oficiales a través de vehículos de financiación y empresas públicas locales. Además, Pekín quiere reforzar el control sobre los incentivos concedidos por las administraciones locales. En este sentido, ya se ha elaborado una lista de subvenciones y exenciones fiscales que dejarán de estar permitidas, con el objetivo de fortalecer la disciplina fiscal.

China tiene otro problema: los préstamos de sus bancos sufren su mayor caída mensual en al menos 6 años. Cuando el motor del crédito se gripa en la segunda economía del mundo, tiembla la demanda global de todo lo que China compra. Y eso afecta, por ejemplo, a las empresas mineras y a las dedicadas al lujo de todo el mundo, entre otras.

Natixis: China ya tiene su Ruta de la Seda Ártica

Un análisis de Alicia García Herrero, de Natixis CIB, subraya que la Ruta de la Seda Ártica de China es ahora una realidad, y EEUU no puede hacer mucho al respecto. China comenzó a operar una nueva ruta comercial hacia Europa a través del Ártico. La naviera china Sea Legend lanzó el primer servicio regular de contenedores programado a lo largo de la Ruta Marítima del Norte de Rusia, navegando desde Ningbo hasta Felixstowe y Rotterdam en unos veinte días, aproximadamente la mitad del tiempo de la ruta habitual a través del Canal de Suez. 

Lo novedoso no es que un buque chino haya llegado al Ártico (Cosco realizaba travesías ocasionales hace años), sino que el servicio ahora opera con un horario semanal fijo, lo que convierte un experimento en una ruta comercial. Los volúmenes siguen siendo pequeños: siete buques portacontenedores de tamaño modesto en una ruta abierta solo unos cuatro meses al año, insignificante comparado con el Canal de Suez, que todavía transporta cerca de una octava parte del comercio mundial. Pero el tonelaje no es lo importante. Un corredor que se puede programar, presupuestar y repetir se puede integrar en las cadenas de suministro, y su atractivo crece a medida que las alternativas se deterioran: el transporte marítimo a través del Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz se ha vuelto más arriesgado y más caro. 

La ruta ártica debe entenderse no como un avance comercial, sino como una estrategia de contención: modesta hoy, pero un indicador de las aspiraciones de China en el futuro. Es importante precisar qué constituye este corredor, ya que la «libertad de navegación» no se aplica a él. La Ruta Marítima del Norte no es una vía marítima internacional abierta. Rusia la controla de principio a fin, emitiendo los permisos y recaudando las tasas a través de su empresa nuclear estatal, Rosatom. 

Washington ha argumentado durante décadas que la extensa reivindicación rusa sobre estas aguas es incompatible con el Derecho del Mar y que deberían ser tratadas como estrechos internacionales. China, al pagar a Rosatom y navegar bajo las condiciones rusas, hace lo contrario: acepta y, por lo tanto, legitima el control ruso. No se trata de navegación por derecho, sino con permiso ruso, que es la clave del asunto. China no es un Estado ártico; en el Consejo Ártico solo ostenta la condición de observador, sin costa ni reivindicación territorial. Su acceso depende enteramente de Rusia y se ha obtenido deliberadamente. 

Al mantener a flote la economía rusa bajo las sanciones occidentales —comprando su crudo, suministrando sus importaciones y ayudando a sostener su guerra en Ucrania— Pekín ha convertido a Moscú en un socio dependiente y ha obtenido el acceso al Ártico como parte del precio. Aislada de los mercados europeos y dependiendo de China como su comprador de último recurso, Rusia ha abierto su vía marítima más estratégica a cambio de derechos de tránsito, construcción naval conjunta, formación de tripulaciones y alineación política. En la relación más amplia, China es el socio principal; en el Ártico, Rusia aún controla la geografía, pero la está vendiendo bajo presión. El acceso de China no fue concedido; fue orquestado. 

EEUU lo ha previsto desde hace tiempo y ha examinado dos maneras de asegurar su propia ruta ártica. Una es el Paso del Noroeste a través del Ártico canadiense, obstaculizado por aguas poco profundas e impredecibles y por una disputa no resuelta en la que Washington trata el paso como un estrecho internacional y Ottawa lo trata como aguas internas. La otra opción, más ambiciosa, es la Ruta Marítima Transpolar, que atraviesa el Ártico central a través de alta mar más allá de la jurisdicción de cualquier país, lo que no requeriría permiso de nadie. El obstáculo, sin embargo, no es el permiso sino la capacidad. Ambas rutas requieren rompehielos pesados, y aquí EEUU está muy rezagado. Rusia opera alrededor de 45, varios de ellos de propulsión nuclear; China ha construido los suyos y está agregando un buque nuclear; EEUU, hasta el verano pasado, tenía un rompehielos pesado operativo y uno mediano. Su respuesta es reveladora: ha firmado un contrato de 6.100 millones$ para que Finlandia construya rompehielos, y varios de los once patrulleros de seguridad ártica planeados se construirán en el extranjero, porque los astilleros estadounidenses no pueden entregarlos a tiempo. 

Éste es el punto más importante, y el Ártico simplemente lo ilustra. El avance de China no es principalmente militar o diplomático. Es una empresa industrial. Su liderazgo en la construcción naval —y en drones, baterías y muchos otros productos que se pueden fabricar a gran escala— es el verdadero terreno de la competencia, y en el que EEUU ha estado perdiendo terreno. La escasez de rompehielos es un síntoma; el problema subyacente es una base industrial que ya no puede construir lo que la estrategia requiere. Washington no puede fabricar ni la dependencia de Rusia respecto a China ni, por el momento, sus propios rompehielos.

The Trader: China usa robots para adelantarse a la falta de trabajadores

China tiene un problema gigantesco que probablemente marcará buena parte de su futuro económico: se está quedando sin trabajadores. Durante décadas, una de las grandes ventajas competitivas del país fue disponer de una enorme población en edad de trabajar. Esa abundancia de mano de obra permitió convertir a China en la fábrica del mundo y fue uno de los motores de su espectacular crecimiento económico.

Pero ese modelo tiene fecha de caducidad. La población china en edad de trabajar llegó a rozar los 1.000 millones de personas y, según las proyecciones de Naciones Unidas, antes de terminar este siglo podría reducirse hasta apenas 300 millones. De confirmarse esas estimaciones, supondrá la desaparición potencial de unos 700 millones de trabajadores. 

Y Pekín parece haber decidido que una parte de la solución tendrá piernas, brazos y aspecto humano. China está construyendo una enorme infraestructura destinada a entrenar robots humanoides para trabajar en fábricas, almacenes, hospitales, comercios e incluso hogares. En Shijingshan, un antiguo distrito industrial de Pekín, funciona ya la que se presenta como la mayor escuela de entrenamiento de robots humanoides del mundo. Allí, cientos de máquinas repiten una y otra vez los movimientos realizados por instructores humanos equipados con sensores y gafas de realidad virtual. Aprenden a coger objetos, doblar ropa, clasificar paquetes, transportar cajas o manipular piezas industriales. Se equivocan, repiten y cada error genera nuevos datos.

Esos millones de datos alimentan posteriormente los modelos de inteligencia artificial (IA) que controlan las máquinas. Es lo que se conoce como “inteligencia encarnada”: unir el cerebro proporcionado por la IA con un cuerpo capaz de actuar físicamente sobre el mundo real. Hasta ahora hemos vivido fundamentalmente la revolución de una IA encerrada dentro de nuestros ordenadores, capaz de escribir, programar, analizar imágenes o mantener conversaciones. Pero cuando esa inteligencia adquiere brazos, piernas, cámaras y sensores, puede empezar a realizar también trabajo físico.

Y esto ya está saliendo de los laboratorios. Algunos de esos robots trabajan en las complejos del fabricante automovilístico FAW Hongqi transportando cajas, clasificando piezas y realizando tareas repetitivas. Según Leju Robotics, alcanzan aproximadamente el 70% de la productividad de un trabajador experimentado. Todavía no pueden sustituir muchos trabajos especializados, pero lo verdaderamente relevante es la velocidad a la que están aprendiendo.

China está creando centros similares en Pekín, Shanghái y Shenzhen y pretende desarrollar incluso una infraestructura común que permita que robots fabricados por distintas compañías compartan datos y aprendan unos de otros. Y aquí aparece un patrón que ya hemos visto anteriormente: la combinación de planificación industrial, financiación pública, subsidios, economías de escala y un enorme mercado doméstico que permitió a China convertirse en una potencia mundial en paneles solares, baterías y vehículos eléctricos. Ahora Pekín intenta repetir la fórmula con los robots humanoides.

Y parte con ventaja. Los fabricantes chinos representaron alrededor del 85% del mercado mundial de robots humanoides en 2025. Morgan Stanley estima que las ventas en China podrían superar las 28.000 unidades este año y que los envíos anuales de robots avanzados chinos podrían superar el millón de unidades en 2030. Además, Pekín ha anunciado un fondo de un billón de yuanes —unos 120.000 millones€— para impulsar durante las próximas dos décadas sectores estratégicos como IA, computación cuántica, biotecnología y robótica.

Pero detrás de toda esta inversión existe una razón mucho más profunda que ganar otra carrera tecnológica. China necesita los robots. La política del hijo único, la caída de la natalidad y el rápido envejecimiento están provocando una transformación demográfica difícil de revertir. Cada vez habrá menos trabajadores sosteniendo una población más envejecida, lo que implica mayor presión sobre el sistema de pensiones y sanitario y, potencialmente, un menor crecimiento económico. La robotización puede convertirse en una de las pocas herramientas capaces de compensar parcialmente ese deterioro.

Aquí aparece una paradoja especialmente interesante. En Occidente solemos analizar la IA y la robótica preguntándonos cuántos empleos destruirán, mientras China empieza a plantearse exactamente la pregunta contraria: ¿qué ocurrirá si dentro de unas décadas no tenemos suficientes trabajadores? El fundador de JD.com, Richard Qiangdong Liu (Liu Qiangdong), ya ha pronosticado que, tarde o temprano, los robots podrían sustituir a sus más de 700.000 repartidores.

Por supuesto, la transición no será sencilla. China también tiene hoy millones de personas que necesitan empleo y una automatización demasiado rápida podría generar importantes tensiones sociales. Pero el problema estructural apunta en la dirección contraria: a largo plazo, China no necesita únicamente robots porque puedan ser más baratos o productivos, sino porque cada vez tendrá menos seres humanos disponibles para trabajar.

Durante décadas, el enorme dividendo demográfico chino ayudó a convertir al país en la fábrica del mundo. Ahora ese dividendo está desapareciendo y Pekín está intentando sustituirlo por algo completamente diferente: un dividendo tecnológico. Si además consigue dominar la fabricación mundial de robots, como anteriormente hizo con los paneles solares, las baterías o los vehículos eléctricos, habrá convertido la solución a uno de sus mayores problemas estructurales en otra gran industria de exportación.

Estamos cometiendo un error al analizar la revolución de la IA y la robótica exclusivamente desde el miedo a la destrucción de empleo. Ese riesgo existe. Habrá profesiones que desaparecerán, otras que cambiarán radicalmente y millones de trabajadores tendrán que adaptarse a una realidad completamente distinta. Pero existe otra cara del problema de la que hablamos mucho menos.

China, Japón, Corea del Sur y buena parte de Europa están entrando en sociedades cada vez más envejecidas, con menor natalidad y una población activa que tenderá a reducirse. Mantener nuestro nivel de vida con menos trabajadores exigirá necesariamente producir mucho más con cada persona empleada. Ahí es donde la IA y la robótica pueden dejar de ser únicamente una amenaza para convertirse en una necesidad.

China parece haberlo entendido antes que muchos otros países. Si consigue desarrollar robots suficientemente útiles, fiables y baratos como para incorporarlos masivamente a la economía real, habrá logrado algo extraordinario: convertir su deterioro demográfico en un dividendo tecnológico y, al mismo tiempo, construir alrededor de él otra industria estratégica de alcance mundial.

"Tal vez dentro de unos años dejemos de preguntarnos cuántos puestos de trabajo van a destruir los robots y empecemos a hacernos una pregunta muy distinta: ¿cómo mantendríamos nuestro nivel de vida sin ellos?", vaticina el analista Pablo Gil en The Trader.

China quiere poner las reglas en la IA

Cuando pensamos en la carrera por la IA solemos imaginar una competición entre empresas como OpenAI, Google, Nvidia o Alibaba. Hablamos de quién desarrolla el modelo más potente, quién construye más centros de datos o quién fabrica los chips más avanzados. Sin embargo, un discurso de Xi Jinping en Shanghái apunta en una dirección mucho más profunda. China ya no parece conformarse con ser una de las grandes potencias en IA. Su objetivo es mucho más ambicioso: quiere convertirse en el país que lidere las reglas bajo las que funcionará esta tecnología durante las próximas décadas. Y esa diferencia es enorme.

Hasta ahora, EEUU ha centrado buena parte de su estrategia en mantener su ventaja tecnológica. Las restricciones a la exportación de semiconductores avanzados y los controles sobre determinadas tecnologías responden a una lógica muy clara: impedir que un rival estratégico alcance el mismo nivel de desarrollo. Xi Jinping, en cambio, proyectó una imagen completamente distinta. Defendió la cooperación internacional, el código abierto, el intercambio de conocimiento y la necesidad de que la inteligencia artificial beneficie a todos los países, especialmente a las economías emergentes. También insistió en que no debe utilizarse la seguridad nacional como excusa para restringir el acceso a esta tecnología.

Sobre el papel, el mensaje resulta difícil de rechazar. ¿Quién podría estar en contra de que la IA sea más accesible, más colaborativa y beneficie al conjunto de la humanidad? Sin embargo, detrás de ese discurso existe una estrategia geopolítica mucho más amplia. China entiende que la IA no será únicamente una revolución tecnológica. Será también una revolución institucional. Y quien consiga definir los estándares, las normas y los organismos internacionales que regulen su desarrollo tendrá una influencia enorme sobre la economía mundial.

En ese contexto debe entenderse la creación en Shanghái de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (Waico). No se trata simplemente de una nueva institución, sino del intento de construir un espacio internacional desde el que China lidere la cooperación tecnológica con decenas de países, especialmente del denominado Sur Global. La iniciativa viene acompañada de compromisos concretos. Pekín ofrecerá miles de programas de formación en IA para países en desarrollo, impulsará centros internacionales de cooperación y compartirá aplicaciones prácticas de IA en ámbitos como la meteorología. 

La estrategia recuerda a lo que China lleva años haciendo con la Nueva Ruta de la Seda. Primero fueron las infraestructuras. Después la financiación. Más tarde el comercio. Ahora le toca el turno a la IA. Ya no se trata solo de vender tecnología, sino de crear dependencia tecnológica y convertirse en el socio preferente de buena parte del mundo emergente. 

Mientras tanto, EEUU sigue apostando por una estrategia más defensiva para proteger su ventaja competitiva. Y eso plantea una cuestión muy interesante. Porque quizá la carrera de la IAal ya no consista únicamente en quién desarrolla el mejor modelo, sino en quién consigue que el resto del mundo adopte su forma de entenderla. Porque están surgiendo dos modelos distintos. Uno prioriza el control de las tecnologías estratégicas por motivos de seguridad nacional. El otro busca construir una red internacional de cooperación bajo el liderazgo chino utilizando la apertura tecnológica como herramienta de influencia. Ambos persiguen el mismo objetivo: aumentar su poder. Simplemente utilizan caminos diferentes para conseguirlo.

"Muchos inversores siguen analizando la IA únicamente desde el punto de vista empresarial: quién venderá más chips o quién desarrollará el mejor modelo. Pero la historia demuestra que las grandes transformaciones tecnológicas no dependen solo de la innovación. También dependen de quién establece los estándares, las instituciones y las reglas que terminan utilizando los demás. Y esa es precisamente la batalla que Xi Jinping acaba de dejar entrever. Puede que la mayor ventaja competitiva del futuro no sea tener la mejor IA, sino conseguir que el resto del mundo juegue con tus reglas", advierte Pablo Gil.

27Mar

Cuanto más tiempo se mantengan los precios de la energía elevados, más pegajoso se mantendrá el índice de referencia para las hipotecas variables en torno a los niveles actuales, por encima del 2,8%.

Miguel Ángel Valero

Trump ha extendido el periodo de negociación con Irán y ha pospuesto sus amenazas hasta el 6 de abril, manteniendo la tensión en unos mercados que volvieron a mostrar dudas sobre una solución a corto plazo. Mientras tanto, las tropas anfibias estadounidenses continúan su despliegue hacia el Golfo, reforzando la presión sobre el régimen iraní, que por otro día consecutivo ha evitado ataques contra las infraestructuras energéticas de los países vecinos. En esta fase, Trump ha optado por intensificar la retórica, pero postergar la actuación real –Not Actually Choosing Hormuz Offensive (NACHO), en vez del crítico Trump Always Chicken Out (TACO) , lo que revela que sigue priorizando un acuerdo, consciente de que una operación terrestre o una invasión desembocaría en el peor escenario para sus intereses políticos.

Por su parte, el régimen iraní tiene un objetivo claro: asegurar su supervivencia ante la mayor amenaza desde su fundación en 1979, contando con un arma estratégica de primera magnitud como es la capacidad de bloquear el estrecho.

El tercer actor es Israel, que permanece al margen de las conversaciones y continúa ejecutando su campaña militar, debilitando posiciones iraníes mediante nuevos ataques sobre enclaves relevantes. 

Una paz duradera exigiría el acuerdo de las tres partes, aunque lo único verdaderamente determinante ahora mismo es la operatividad del estrecho, por lo que los mercados reaccionarán con optimismo ante señales de que el paso se abre.

De momento, Irán permitirá el tránsito de buques españoles por el estrecho de Ormuz. Así lo confirmó la Embajada de Irán en España, que destacó el compromiso de nuestro país con el derecho internacional y señaló que Teherán se muestra “receptivo a cualquier solicitud procedente de Madrid”. Con esta decisión, España pasa a formar parte de un grupo muy reducido de países a los que Irán ha concedido autorización expresa de paso. En una carta distribuida por las autoridades iraníes a la Organización Marítima Internacional, aprobaron el paso seguro a aquellos buques considerados “no hostiles” y que “no participen ni apoyen actos de agresión contra Irán”, aunque no detallaron qué países cumplen exactamente ese criterio. Entre los que sí fueron mencionados por el ministro de Asuntos Exteriores iraní figuran también India, China, Rusia, Pakistán e Iraq.

Ebury: el Euribor se mantendrá en torno al 2,8% mientras dure la guerra

Diego Barnuevo, Analista de Mercados de Ebury, destaca que el Euribor a 12 meses ha repuntado con fuerza en las últimas semanas, situándose en el 2,812%, lo que supone un alza de casi 60 puntos básicos (pb) respecto a finales de febrero. Esta marcada escalada en el principal índice de referencia de las hipotecas variables responde directamente al aumento de las expectativas de que el Banco Central Europeo (BCE) suba los tipos de interés a lo largo de este año. El detonante principal ha sido el conflicto en Irán, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz y el consiguiente repunte en los precios del petróleo y del gas natural.

Como importador neto de energía, Europa es especialmente vulnerable a este tipo de disrupciones en el suministro, tal como ya se comprobó al inicio de la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. Esta exposición no solo genera un riesgo de inflación importada, sino también de desaceleración económica. De hecho, los primeros indicadores de alta frecuencia publicados desde el estallido del conflicto ya apuntan a una actividad económica más débil.

El tono de los miembros del BCE ha cambiado de forma notable tras el conflicto, contrastando fuertemente con el mensaje transmitido en la reunión de febrero. En marzo, el BCE abandonó la idea de que se encontraba en una “buena posición” y puso especial énfasis en los riesgos derivados de la situación en Oriente Medio, en particular en los posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación. En consonancia, revisó al alza sus proyecciones de inflación, especialmente para finales de 2026 (del 1,9% al 2,6%).

Aunque Christine Lagarde evitó dar pistas concretas sobre los próximos pasos durante la rueda de prensa, los mensajes posteriores tanto de la presidenta como del entorno del BCE han sido claramente hawkish. De hecho, han dejado abierta la posibilidad de una subida de tipos tan pronto como en la reunión de abril. En línea con este giro, los mercados de swaps están descontando actualmente una probabilidad del 60% de que el BCE suba los tipos en abril, y un total de 80 pb de incrementos a lo largo del año. Tras la traumática experiencia inflacionaria que siguió a la invasión rusa de Ucrania, el BCE parece decidido a no repetir errores y está mostrando una elevada predisposición a actuar con rapidez en el corto plazo, incluso si el repunte de la inflación resultara finalmente transitorio.

"Nuestro escenario base contempla que no se alcance una tregua hasta algunas semanas o mes más, y que el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz permanezca siendo prácticamente nulo durante este tiempo. En este periodo, creemos que los mercados continuarán descontando subidas de tipos. Cuanto más se extienda el conflicto y el bloqueo del estrecho —y mayores sean los ataques a infraestructuras energéticas—, mayor será la probabilidad de que estas expectativas se materialicen en alzas efectivas de los tipos de interés en la Eurozona. Por todo ello, creemos que el Euribor podría estabilizarse en torno a los niveles actuales, al menos hasta que aparezcan señales más sólidas y creíbles de desescalada en el conflicto y de acercamiento de posturas entre ambas partes. Si ello ocurre en un periodo de tiempo relativamente acotado, cabría esperar una corrección en las expectativas de subidas de tipos y del Euribor a 12 meses. Sin embargo, cuanto más tiempo se mantengan los precios de la energía elevados, más pegajoso se mantendrá el índice de referencia para las hipotecas variables en torno a los niveles actuales", advierte este experto.

Natixis: riesgo de una contracción económica prolongada

Por su parte, el equipo de análisis de Natixis CIB, dirigido por Alicia García Herrero, ha elaborado el informe El conflicto de Oriente Medio de 2026 y sus repercusiones en la economía mundial: posible caos en la cadena de suministro más allá del petróleo’donde se destaca que el actual conflicto geopolítico en Oriente Medio ha perturbado las cadenas de suministro mundiales, limitando el tránsito por el estrecho de Ormuz y retrasando las exportaciones internacionales de energía. Más allá de los precios del crudo, el impacto económico estructural más amplio se debe a la repentina escasez de insumos industriales refinados, en particular azufre elemental, nitratos agrícolas y helio de grado semiconductor.

La suspensión generalizada del transporte marítimo ha creado cuellos de botella logísticos, lo que ha generado un doble choque macroeconómico: un choque negativo de la oferta que impulsa la inflación general, junto con una moderación de la demanda, ya que el aumento de los costes de los insumos comprime los márgenes de beneficio de las empresas.

Los bancos centrales se enfrentan a un complejo dilema de política monetaria que recuerda a la década de 1970. Una política monetaria restrictiva a gran escala para combatir la inflación impulsada por las materias primas conlleva el riesgo de empujar a una economía mundial en transición hacia una contracción económica prolongada.

Lombard Odier: menos Bolsas emergentes para reducir el riesgo

El Informe Mensual de Estrategia de Inversión de Lombard Odier correspondiente a abril de 2026, subraya que "nuestro escenario base sigue contemplando un impacto macroeconómico contenido derivado del conflicto en Oriente Medio; no obstante, también incorporamos escenarios de riesgo con una mayor duración y un impacto más elevado". La economía global se encuentra en una posición muy distinta a la de 2022, durante el último shock energético, con una inflación más baja y una mayor holgura en los mercados laborales.

"Neutralizamos nuestra asignación global a renta variable en carteras y recogemos beneficios en nuestra sobre ponderación en renta variable de mercados emergentes. Mantenemos nuestra preferencia por la deuda de mercados emergentes y dejamos la deuda soberana como la opción menos atractiva. La apreciación del dólar estadounidense debería moderarse, y mantenemos una visión constructiva sobre el oro", señala.

"Dentro de nuestro posicionamiento neutral en renta variable de mercados desarrollados, nuestra visión sobre la renta variable estadounidense ha mejorado hasta neutral, mientras que se ha tornado negativa para el Reino Unido. Mantenemos nuestra preferencia por Japón. El aumento de las tensiones en Oriente Medio nos ha llevado a neutralizar nuestra sobre ponderación en mercados emergentes para reducir el riesgo", añade.

"Mantenemos una postura neutral en renta fija global, con preferencia por la deuda de mercados emergentes frente a la de mercados desarrollados. Seguimos infra ponderados en deuda pública global y ahora favorecemos vencimientos de entre 3 y 5 años en los bonos del Tesoro estadounidense", apunta.

"El dólar estadounidense debería mantenerse respaldado durante el conflicto en Oriente Medio, pero esperamos una renovada debilidad una vez finalice, dada su elevada valoración y las futuras bajadas de tipos por parte de la Fed. El oro se vio afectado durante la guerra y el shock energético de 2022. Prevemos un mejor soporte en 2026 y mantenemos una visión constructiva sobre el metal precioso", concluye.

UBS: oportunidades en energía

El UBS CIO Daily resalta que el conflicto de Oriente Medio y su impacto en los flujos de energía a través del Estrecho de Ormuz han afectado a las áreas más sensibles al crecimiento dentro de "nuestra Oportunidad de Innovación Transformacional en Energía y Recursos (TRIO)". Esto ocurre tras un periodo en el que la actividad manufacturera global apenas comenzaba a mejorar, después de tres años de desaceleración: "Sin embargo, creemos que las tendencias estructurales de electrificación y el aumento de la demanda energética deberían seguir respaldando un crecimiento sostenido y la inversión de capital en la oportunidad de Energía y Recursos. Las empresas industriales deberían seguir apoyadas por la demanda de largo ciclo. Las empresas de servicios públicos suelen ofrecer estabilidad en periodos de incertidumbre.La demanda de centros de datos se mantiene fuerte".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos una perspectiva positiva sobre las oportunidades en Energía y Recursos, que creemos están respaldadas por tendencias alentadoras en resiliencia de redes y en infraestructuras de transmisión, generación eléctrica y energías renovables, electrificación de edificios, automatización industrial y minerales críticos. Proyectamos un gasto acumulado de 32 billones$ en infraestructura eléctrica durante la próxima década”.

30Dec

El aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Miguel Ángel Valero

A un día de cerrar 2025, toca hacer balance de cómo se han comportado las economías y qué podemos esperar para el próximo ejercicio. En el caso de Europa, y tras la última reunión del BCE en la que mantuvo los tipos al 2%, el equipo de análisis de Natixis CIB cree que, a pesar de las incertidumbres que aún prevalecen, parece probable que se mantenga durante un período prolongado una política monetaria sin cambios. “En ausencia de perturbaciones económicas adversas sustanciales, ahora no esperamos cambios en los tipos oficiales durante todo el año 2026”, adelantan.

Según se desprende del informe, “el ligero aumento del optimismo sobre el crecimiento económico y las perspectivas de inflación en las nuevas proyecciones del BCE sugiere que podría mantener sin cambios su postura de política monetaria durante todo el año 2026”.

No obstante, Natixis CIB enumera varios acontecimientos que pueden provocar riesgos para la inflación. En primer lugar, la probabilidad de que una resolución pacífica entre Ucrania y Rusia reduzca los precios de la energía a corto plazo, pero proporcione un crecimiento adicional a medio plazo para la reconstrucción de Ucrania. En segundo lugar, una escalada de la guerra comercial con EEUU puede tener dos efectos desinflacionistas: una disminución de las exportaciones de la zona del euro a EEUU mayor de lo que previsto actualmente, y un desvío de los productos chinos baratos de los Estados Unidos hacia la zona del euro. Y en tercer lugar, el aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Precisamente, Natixis CIB analiza en el informe la composición del FOMC en 2026, la probable dirección de los tipos de interés, las posibilidades para el próximo presidente de la Fed y otros acontecimientos importantes que podrían configurar las políticas de la Reserva Federal en el próximo año.

Eurizon: El impacto de la geopolítica será modesto

La atención de los inversores se centra en la publicación de los datos macroeconómicos de EEUU tras el cierre de Gobierno más prolongado de su historia. La atención se centra principalmente en el mercado laboral, tras la desaceleración registrada en el verano, en contraposición a la resiliencia del consumo y la inversión.

La Fed, tras recortar los tipos de interés en septiembre, octubre y diciembre, debería ralentizar el ciclo bajista a principios de 2026, considerando que se está alcanzando el tipo objetivo neutral del 3%.

En la Eurozona, el crecimiento se ha estabilizado tras la fase volátil relacionada con la guerra comercial desatada por Trump. Las expectativas para 2026 apuntan a un crecimiento sostenido, impulsado por el consumo, así como por los planes de gasto en defensa e infraestructuras. El BCE mantiene la postura a la espera, con los tipos alineados con el nivel de inflación y un impacto neutral en la política monetaria.

En China, el crecimiento en 2025 va camino de alcanzar el objetivo del 5% establecido para el año. En el primer trimestre del próximo año se fijará el objetivo de crecimiento para 2026, que probablemente volverá al 5%, aunque no se puede descartar una ligera reducción al 4,5%.El impacto de los acontecimientos geopolíticos sigue siendo modesto, con el precio del petróleo estable en el entorno de los 60$ por barril.