03Mar

Con un aumento del 50% del precio del petróleo el crecimiento global puede disminuir un 0,2%. El impacto negativo en el PIB en la Eurozona puede ser del 0,4%. El aumento en la inflación global sería del 1,2 %, con más repercusión en EEUU (+1,4 %), Eurozona (+1,1) y Japón (+1,2).

Miguel Ángel Valero

Las hostilidades continúan en el Golfo Pérsico, con Irán amenazando a cualquier barco que atraviese el estrecho de Ormuz y con la mayoría de las aseguradoras retirando las coberturas de guerra para los buques que operan en la zona, lo que supone, en la práctica, un bloqueo del tránsito marítimo. Por otro lado, los ataques estadounidenses e israelíes también prosiguen sobre Irán, mientras los aliados de Washington en la región activan sus sistemas de defensa antiaérea ante los drones y misiles iraníes.

Los mercados de petróleo y gas siguen descontando un escenario de interrupciones en el estrecho de Ormuz. Qatar ha detenido la producción de sus mayores plantas de licuefacción de gas ante ataques militares que han interrumpido su normal funcionamiento. Aun así, la reacción de los precios sigue siendo moderada y se mantiene muy por debajo de los niveles observados tras la invasión rusa de Ucrania. Los analistas de Banca March consideran que "este conflicto no alcanzará aquella magnitud y que, a diferencia del caso ruso, no implica la desaparición estructural de un proveedor, sino más bien una disrupción temporal en los flujos". La diplomacia china está presionando para que ambas partes respeten el tráfico a través de Ormuz, ya que es el principal destino de los hidrocarburos que pasan por la zona.  

Los mercados más penalizados están siendo los europeos y los asiáticos, más dependientes energéticamente. Sin embargo, el conflicto estalla al final del invierno en Europa y en una época de temperaturas más suaves en Asia, lo que implica una demanda estacional más contenida en las próximas semanas. Además, Asia puede absorber interrupciones limitadas gracias a un mix energético que mantiene un peso significativo del carbón y renovables. Europa, por su parte, ha diversificado las fuentes de suministro de gas, apoyándose especialmente en EEUU, el norte de África y Noruega.

No obstante, un cierre prolongado de Ormuz puede generar tensiones severas, especialmente si se extendiera hasta el verano, cuando el consumo eléctrico en el hemisferio norte se acelera.

La renta variable estadounidense actuó como valor refugio, prácticamente ajena al conflicto. Las compañías de defensa destacaron entre las principales ganadoras. En el mercado de renta fija, la parte larga de la curva estadounidense cedió terreno ante el repunte esperado de los costes energéticos, las presiones inflacionistas y los signos de reaceleración de la economía norteamericana.

"Mantenemos la calma y preservamos la estrategia actual. Consideramos que es un conflicto de corta duración, dado que algunos objetivos militares se han alcanzado con rapidez –entre ellos, la eliminación del ayatolá Jameneí y de otros altos mandos–, en contraste con los nueve meses que requirió la captura de Saddam Husein en Irak. Trump, en pleno año electoral, carece de incentivos para involucrarse en una guerra prolongada; de hecho, algunos senadores republicanos ya han manifestado su oposición a un enfrentamiento que no cuente con la autorización del Congreso. Paralelamente, Irán se halla relativamente aislado, como reflejan las tibias reacciones de China".

Las mayores subidas se registraron en el mercado de gas europeo, donde la referencia TTF acumuló un repunte del +74% en dos días. A la amenaza de un cierre de Ormuz por parte de Irán se le sumó la interrupción de la actividad en las instalaciones de Ras Laffan en Catar, uno de los complejos de GNL más relevantes a nivel global. Si bien la dependencia de Europa es limitada en este sentido –solo entre el 7% y el 8% de las importaciones de GNL proceden de Catar–, la fuerte demanda asiática, especialmente de China e India, es la que finalmente determina la formación de precios en el mercado global.

El presidente Emmanuel Macron ha anunciado que ampliará su arsenal nuclear, acompañado del mensaje “para ser libres, debemos ser temidos”. Francia incrementará por primera vez desde 1992 el número de cabezas nucleares de su arsenal –aunque sin especificar la cifra– y avanzará en la construcción de un submarino nuclear para 2036 y un portaaviones para 2038. Además, Francia permitirá el despliegue temporal de sus aviones con armamento nuclear en países europeos, así como la participación de aliados en ejercicios de “disuasión avanzada”, como los describe Macron. Sin embargo, la decisión última sobre el uso del arma nuclear seguirá siendo exclusivamente francesa. 

Francia cuenta con el cuarto arsenal nuclear más grande del mundo, con aproximadamente 300 cabezas, aunque muy por detrás de Rusia y EEUU, que superan las 5.000 cada uno. Francia y Reino Unido son las dos únicas potencias nucleares de Europa Occidental. En este sentido, varias naciones europeas han mostrado interés en integrarse en esta cooperación: Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca participan en conversaciones para acoger despliegues, realizar ejercicios conjuntos o profundizar en la coordinación estratégica.

Por otro lado, Reino Unido ha apoyado a EEUU en las operaciones defensivas, mientras que un dron iraní atacó la base aérea británica en Chipre. El primer ministro británico Starmer rechazó participar en los ataques ofensivos, pero sí autorizó la implicación en acciones expresamente defensivas, como la interceptación de drones iraníes y el uso limitado de algunas bases británicas por parte de EE.UU. Posteriormente, el ataque a las fuerzas aéreas británicas en la base de Akrotiri (Chipre), que causó daños mínimos, fue efectuado por el grupo libanés Hezbolá, aliado de Irán. Esto abre la puerta a una mayor implicación de Reino Unido y, por su parte, Grecia y Francia han mandado cazas y fragatas a Chipre.

Universidad Carlemany: el petróleo puede llegar a los 130$ el barril

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, destaca que el conflicto iraní pone en jaque una de las reservas de hidrocarburos más codiciadas del planeta: el Cinturón Plegado de Zagros, cuyas trampas estructurales albergan el petróleo y el gas confinados durante millones de años bajo potentes sellos de sal. Con el conflicto bélico, el acceso a un espacio que contiene casi el 10% de las reservas probadas globales, se bloquea, forzando al mercado, y especialmente a China, a obtener crudo de formaciones geológicas de extracción más costosa y menos productiva.

El inicio del conflicto en Medio Oriente ha roto las previsiones para 2026, disparando el precio del petróleo y el gas natural debido al riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz que amenaza el suministro del 20% del crudo y el gas licuado mundial, encareciendo drásticamente los costes de transporte y la factura energética para la industria y los hogares europeos entre otros.

Esta escasez repentina altera la jerarquía petrolera a nivel mundial. Ante la posible parálisis de los "supercampos" del Golfo Pérsico, la presión se traslada hacia las lutitas del Pérmico en EEUU, cuya explotación mediante fracturación hidráulica es geológicamente más efímera, ambientalmente cuestionable y costosa que el flujo natural procedente de los anticlinales persas y árabes. El mundo puede verse obligado a depender de yacimientos de menor calidad y mayor complejidad técnica, lo que establece un suelo de precios estructuralmente más alto debido a la dificultad de extraer cada barril fuera del paraíso geológico de Oriente Medio. Si el conflicto se dilata lo suficiente la crisis global está servida con precios que pueden llegar superar los 130$ el barril.

OBS: una transición convulsa

Jan Jonckheere, profesor de comercio internacional en OBS Business School, cree que la estabilidad futura dependerá de la evolución del vacío de poder en Teherán. La ausencia de un sucesor claro podría derivar en una guerra civil, el auge del terrorismo internacional por parte de facciones radicales o el colapso de infraestructuras críticas en el Golfo, provocando crisis migratorias y de recursos sin precedentes.

España lidera en renovables y cuenta con una cesta energética diversificada, pero a pesar de ello, el contagio de los precios internacionales es inevitable. Un crudo al alza tensionará de nuevo la inflación, comprometiendo la política de tipos de interés. Por otra parte, la disrupción en los puertos del Golfo obligará a las navieras a rodear África, lo que añade dos semanas a los tiempos de entrega, encareciendo los fletes y generando cuellos de botella en puntos estratégicos como el Estrecho de Gibraltar. 

A nivel financiero, en tiempos de guerra el capital huye hacia activos refugio como el oro, los bonos estadounidenses o el franco suizo. Este endurecimiento de las condiciones financieras podría forzar nuevas subidas de tipos, lastrando la inversión empresarial. Si el conflicto escala, el flujo de petrodólares y el turismo de alto poder adquisitivo hacia Europa podrían evaporarse, y no hay que olvidar que el mercado de Medio Oriente sería difícilmente accesible durante un cierto periodo.

Se abren tres posibles escenarios:

  • El optimista: una resolución rápida. Irán negocia un cambio de régimen tras semanas de conflicto. El suministro de crudo se garantizaría, Ormuz se liberaría y los mercados recuperarían la normalidad de forma gradual.
  • El pesimista: un colapso total. El Estado iraní se desintegra en una guerra civil. El conflicto se regionaliza involucrando a los proxies de Irán y a potencias europeas como Francia, Alemania o el Reino Unido, quienes ya se han pronunciado en potencialmente ayudar a EEUU en este conflicto.  El cierre prolongado de Ormuz y la crisis migratoria arrastrarían a la economía global a una recesión profunda.
  • El realista: una transición convulsa. Una sucesión desordenada, pero sin colapso total. Los efectos negativos persistirían durante meses hasta que el arsenal iraní se agotase. Se negociaría un gobierno de transición bajo supervisión internacional (al estilo de modelos de intervención previa). El daño económico sería significativo pero contenido en el tiempo.

En definitiva, la economía española se enfrenta a una prueba de estrés geopolítico de primer nivel. Aunque nuestra resiliencia energética es mayor que en crisis anteriores, la interconexión de los mercados globales hace que sea imposible salir indemnes de un bloqueo en Ormuz. La "línea gris" que separa el éxito de la catástrofe en este conflicto es extremadamente delgada.

Gescooperativo: los mercados no están en pánico

"Los mercados responden con un movimiento lógico de ciertaaversión al riesgo, pero no están entrando, ni mucho menos, en pánico", señalan Fernando Cano y Alberto Salgado, del Área de Gestión de Carteras de Gescooperativo – Banco Cooperativo. El crudo Brent sube en torno al 20% desde el inicio de la ofensiva, acercándose a los 84 $/barril. Un corte efectivo en el Estrecho Ormuz implicaría una pérdida de unos 8–10 millones de barriles diarios, incluso usando rutas alternativas (oleoductos) por parte de Arabia Saudí y EAU. Aunque la OPEP+ ha anunciado un aumento marginal de producción (+225.000 bep), es insuficiente para compensar una disrupción significativa. El precio del gas natural europeo sube más de un 75%. Catar exporta por Ormuz cerca del 77% de su producción anual de GNL, equivalente a una quinta parte del comercio mundial. Una interrupción temporal tendría impactos inmediatos en Europa y Asia.

En las Bolsas, las pérdidas rondan el 6-8% en los mercados europeos, mientras que los mercados estadounidenses apuntan a un -1-2%. En Asia se producen pérdidas intermedias, pero ha habido algunos festivos que distorsionan. El Nikkei japonés, por ejemplo, se deja un 4%. Sectores beneficiados en el corto plazo: Energía (oil & gas) principalmente. Sectores perjudicados: la mayoría, destacando negativamente aerolíneas, bancos, industria intensiva en energía (químicas, refinerías europeas, metalurgia).

En renta fija, tipos de interés soberanos con repuntes de rentabilidad en plazos largos, junto a diferenciales crediticios al alza, pero los movimientos no son exagerados. La lectura oficial de los inversores es que un “shock energético” puede derivar en aumentos de inflación, penalizando levemente a los tipos de plazos largos. Adicionalmente, los diferenciales crediticios repuntan de forma moderada, en un movimiento de relativa aversión al riesgo, pero no, desde luego, de pánico. Sin embargo, de empeorar significativamente la situación, el efecto sobre las rentabilidades de la deuda pública a largo plazo no sería evidente, pues junto al riesgo de una mayor inflación, existiría demanda importante por su consideración de activo refugio.

El oro y la plata, tras un par de años de comportamiento “anormal” en el sentido histórico de las correlaciones con otros activos, no están ejerciendo de activo refugio, y ceden un 3-6%.

El dólar estadounidense se fortalece. El euro se deprecia casi un 2% frente al dólar, por la absoluta dependencia europea de terceros países en el suministro de materias energéticas, mientras que EEUU es autosuficiente.

Escenarios futuros probables: La duración del conflicto será un elemento clave. También, obviamente, los actores implicados (que, indirectamente, afectarían a la duración del mismo). Un conflicto relativamente corto (menos de un mes), aunque alteraría las rutas de transporte y el aprovisionamiento de crudo y gas, no llegaría a paralizar de manera significativa las industrias, por lo que el impacto agregado, a nivel de crecimiento e inflación, sería marginal. Los movimientos de mercados se revertirían rápidamente. "Es, en estos momentos, nuestro escenario central", señalan.

Por el contrario, un alargamiento del conflicto tendría consecuencias negativas, mayores cuanto más se alargue el conflicto o cuantos más actores intervengan. El impacto en PIB e inflación podrían cobrar cierta relevancia. Y difícilmente podría llegar el auxilio de unos bancos centrales con poco margen para bajar tipos si es que la inflación repunta. 

Pensando en posibles aliados de Irán, cuesta pensar en el auxilio por parte de Rusia, 'entretenida' en su guerra frente a Ucrania. ¿Y China? "Más allá de la retórica condenatoria sobre el ataque, se mantendrá al margen, a pesar de que se ve muy perjudicada por la interrupción del tránsito por Ormuz. Si su posición cambiara, hacia una más activa, hablaríamos de un escenario mucho más imprevisible y peligroso", avisan.

"¿Qué interesa a Trump? Con dudas sobre el interés real de su participación, sabemos qué es lo que no le interesa. Y, por supuesto, no le interesa un conflicto largo que cause bajas importantes entre sus ciudadanos. Con una popularidad menguada, un escenario de este tipo les daría una victoria segura a los demócratas en las elecciones de mitad de mandato. Además, el impacto en la actividad económica sería relevante, con caídas abultadas en las Bolsas (que mermarían la capacidad del consumidor estadounidense). Así que está claro que a Trump le conviene un escenario corto con resolución 'aparentemente' favorable a sus intereses. Le sirve que un nuevo líder iraní (aunque realmente se sostenga el régimen) diga que van a negociar y a dejar de enriquecer uranio. Para ello, van a bombardear masivamente, para doblegar la resistencia lo más rápidamente posible", explican.

"El mundo contempla una nueva guerra de cierto calado. Esto, siempre, es sinónimo de incertidumbre, y los mercados lo recogen con movimientos de aversión al riesgo. La respuesta del lunes fue de relativa calma, si bien en la sesión del martes las pérdidas bursátiles son ya más abultadas. El mercado empieza a dudar que el conflicto sea corto y no deje daños reseñables. Precisamente el aumento de la volatilidad es la reacción habitual en cada escenario de este tipo; si bien todos estos escenarios son diferentes, es el patrón humano el que se repite, con el aumento súbito de su aversión al riesgo. Nuestro escenario central es de una duración relativamente corta. Por ello, en la creencia de que los movimientos de mercado (especialmente las caídas bursátiles) se verían revertidos en un corto plazo de tiempo, hemos decidido no actuar, de momento, en las carteras gestionadas. Como decía San Ignacio de Loyola, “en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza”. La historia demuestra que lo mejor, cuando no se tiene claro el desenlace, es  no salirse del mercado, presa del pánico. Ejemplos claros hemos tenido en estos últimos años (pandemia, guerra en Ucrania...)", concluyen.

Norz: el impacto real dependerá de la duración

“La reacción inicial del mercado responde al shock geopolítico y a la incertidumbre sobre la duración del bloqueo marítimo. La variable clave no es tanto el evento en sí, sino cuánto tiempo se prolongue la alteración del comercio en la región”, explica Jordi Martret, director de Inversiones de Norz Patrimonia.

Irán, con una influencia estratégica en Oriente Próximo y capacidad para tensionar el suministro energético global, ha utilizado históricamente el Estrecho de Ormuz como herramienta de presión. Su cierre práctico está obligando a redirigir rutas comerciales, elevando costes logísticos y aumentando el riesgo de desajustes en la oferta energética.En este contexto, los inversores han buscado refugio en materias primas y divisas consideradas más defensivas, mientras resurgen las preocupaciones sobre un posible repunte inflacionario si los precios energéticos se mantienen elevados. 

“El impacto real dependerá de la duración de las restricciones. La historia demuestra que, en ausencia de una escalada prolongada, los mercados tienden a absorber el choque inicial con relativa rapidez”, añade Martret.

Esta fuerte subida del precio del petróleo ha venido acompañada también de notables subidas de los activos refugio como Oro ($5.404, +3%$), Plata ($95,51, +2,40%$) y otras Materias Primas, así como también del EUR/USD, apreciándose esta mañana un 0,60% colocándose en el rango de 1,1700/1,7500. 

Por otra parte, los mercados de Renta Variable han reaccionado negativamente por las afectaciones que pueda tener en las cadenas de suministros, así como el impacto que puede generar en la economía un precio de energía más elevado, acentuándose en los mercados europeos por la dependencia energética y los temas empresariales de naturaleza más cíclica, y poniendo otra vez el foco en los efectos que estos precios puedan tener en la inflación. 

La clave sobre cómo el conflicto afectará a los mercados financieros será la duración del bloqueo de la economía por parte de Irán, lo que determinará cómo se tensan las cadenas de suministros y, por tanto, lo que será un efecto real en la economía, pero probablemente habrá grandes esfuerzos para controlar y estabilizar la región para poder seguir con el comercio marítimo con cierta normalidad. Desde el punto de vista estratégico, el entorno actual vuelve a poner en valor las carteras diversificadas con exposición a activos reales y sectores menos sensibles al ciclo económico.

Pictet: el impacto se notará a largo plazo

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, considera que la economía global sigue apoyada por los bajos tipos de interés, estímulo fiscal y generoso gasto público. En todo caso el ataque estadounidense es otra razón para sobre ponderar oro y divisas refugio como el franco suizo. Las acciones de emergentes se encuentran entre las clases de activos que deben seguir beneficiándose de la rotación desde mega capitalizaciones tecnológicas estadounidenses. Por sectores sobre pondera industriales, salud y finanzas, siendo selectivo en tecnología -hardware y semiconductores-. El dólar puede seguir debilitándose frente a monedas de mercados emergentes, especialmente de América Latina. 

El asalto militar de EEUU e Israel en Irán puede tener consecuencias de gran alcance para la economía y mercados financieros a largo plazo. El impacto depende de la duración y escala y del efectivo control iraní del envío de petróleo a través del estrecho de Ormuz. En todo caso, involucra un país con influencia en el suministro de petróleo y afecta al precio de éste. 

"Sin embargo, aun con turbulencias, no esperamos un aumento de su precio pueda afectar exageradamente a los mercados financieros. EEUU, Arabia Saudí y Rusia representan conjuntamente alrededor de 40 % de la producción de petróleo, pero Irán -bajo fuertes sanciones internacionales-el 4,5%. Sin embargo, el 20% de la producción mundial se transporta a través del estrecho de Ormuz, unos 20 millones de barriles/día.

Con un aumento del 50% del precio del petróleo el crecimiento global puede disminuir un 0,2%. El impacto negativo en el PIB en la Eurozona podría ser del 0,4%. Algunas economías emergentes podrían verse más afectadas.  El aumento en la inflación global sería del 1,2%, incluyendo el efecto combinado de divisas. En economías avanzadas el mayor efecto inflacionario sería en EEUU (+1,4 %), Eurozona (+1,1) y Japón (+1,2). Los menos afectados serían China (+0,1 %) e India (+0,6), pero las economías asiáticas más afectadas serían Pakistán (+6,6 %), Malasia (+7,8) y Filipinas (+2,9). "Sobre ponderamos renta variable e infra ponderamos renta fija", insiste. La economía global sigue apoyada por bajos tipos de interés, estímulo fiscal y generoso gasto público.  Al mismo tiempo, la inversión relacionada con inteligencia artificial (IA) no muestra signos de desaceleración, habiendo las grandes tecnológicas anunciado planes de más de 600.000 millones€ este año para centros de datos e infraestructura digital.  

La combinación es positiva para los mercados de renta variable. A esto se suman sólidos beneficios empresariales. Así que sobre ponderamos renta variable e infra ponderamos renta fija. En todo caso el ataque estadounidense es otra razón para sobre ponderar oro y divisas refugio como el franco suizo.

El crecimiento en EEUU puede moderarse hasta alrededor de su potencial, 1,8% en 2026.  La tasa de ahorro ha caído a 3,6%, aproximadamente la mitad de su nivel habitual, a medida que el impacto de aranceles y precios de la energía comienza a notarse. El crecimiento del consumo -alrededor de 70 % del PIB-, ha descendido al 1,7%, por debajo de la media de seis años. El aumento de préstamos bancarios y programa de compra de activos de la Reserva Federal añaden liquidez a una economía con estímulo significativo e inversión relacionada con IA -el gasto en capital fijo de las principales tecnológicas está 20 % por encima de la media de seis años previa a COVID- que probablemente contribuya 0,7% al crecimiento de su PIB este año. 

Cuanto más tiempo se prolongue esta situación, mayor riesgo de burbuja y presiones inflacionarias por encima del objetivo de la Reserva Federal. De manera que no esperamos mayor relajación monetaria en 2026 tras recortes de 1,75 % este ciclo, con el tipo de interés en 3,75%, cerca de la neutralidad.

La economía de la Eurozona se beneficia del crecimiento en el sur, orientado al sector servicios y potencial reactivación del sector manufacturero en Alemania e Italia por efectos retardados de la flexibilización monetaria y estímulo fiscal. El estímulo en Alemania y otros países y los planes de infraestructuras deben impulsar las perspectivas de beneficios, aunque hasta el momento el gasto público adicional no se ha reflejado en los datos económicos. En Japón la transición de salida de su entorno estanflacionario continúa a buen ritmo.  Producción industrial, confianza empresarial y un gasto público de 4 % del PIB mejoran sus perspectivas de Pictet espera que estas economías crezcan 4,1 % este año, más del doble que las desarrolladas. Los altos precios de las materias primas, resiliencia del comercio intra emergente y aumento de rentabilidades reales atraen la inversión.   Asia, sin Japón, tiene ventajas competitivas en hardware para IA y semiconductores. Las perspectivas son menos alentadoras en China, donde consumo y sector inmobiliario siguen débiles y la tasa de ahorro se mantiene estructuralmente alta por encima del 30 %.Con todo los beneficios empresariales pueden aumentar el 11% este año, si bien por debajo de la estimación de consenso del 16%

Más de la mitad de los principales bancos centrales están flexibilizando su política monetaria y poco más de un tercio la mantiene, lo que es positivo para las clases de activos de riesgo.  En EEUU, el crecimiento de préstamos bancarios y programa de compras de activos de la Fed agrega liquidez a una economía que ya se beneficia de un importante estímulo gubernamental e inversiones relacionadas con IA. Cuanto más dure esto, mayor riesgo de burbuja de activos y de presiones inflacionarias.  Con esta afluencia de liquidez un récord de 95% de clases de activos cotiza por encima de tendencia a largo plazo. Los indicadores técnicos muestran que el capital global sigue apostando por la renta variable. Sin embargo, la participación de EE. UU. en dichos flujos ha caído a mínimos de 2020, mientras que la compra de acciones japonesas de extranjeros se ha acelerado tras las elecciones generales de febrero y se han convertido en unas de las más caras.

Desde otoño pasado la rotación ha sido tendencia predominante en los mercados bursátiles globales. Los inversores han redirigido capital de tecnológicas estadounidenses a regiones y sectores industriales de valoraciones más atractivas con mejores perspectivas de crecimiento. Todo apunta a que este cambio persistirá, si bien de forma selectiva.  En EE. UU. las valoraciones de las acciones se han vuelto neutrales habiéndose eliminado más de un tercio de la prima excepcional de la renta variable estadounidense. Una continua reasignación desde tecnológicas estadounidenses puede generar periodos de volatilidad bursátil y Pictet sobre pondera acciones suizas, que suelen resistir bien en momentos de crisis. 

Las acciones de mercados emergentes se encuentran entre las clases de activos que deben seguir beneficiándose de la rotación de inversores que abandonan mega capitalizaciones tecnológicas estadounidenses. Las perspectivas de inflación y política monetaria favorables en estas economías y hay renovado interés de los inversores en activos reales, catalizador de estas acciones, que muestran valoraciones más atractivas.

Entre sectores sobre ponderamos industriales, que se benefician de la mejora de la actividad manufacturera, renovación de la inversión en capital fijo y políticas favorables. También sobre ponderamos salud, con un nuevo ciclo de innovación, siendo una protección frente a disrupción de la IA; así como valores financieros dada la perspectiva de márgenes y posible desregulación en EEUU.  A pesar de la volatilidad, la tecnología sigue clave para el crecimiento estructural, si bien  hay que invertir selectivamente. Hemos reducido exposición al ecosistema general de IA, estando neutrales en servicios de comunicación, aunque sobre ponderamos tecnologías de la información -habiendo mejores perspectivas de crecimiento para empresas de hardware y semiconductores que de software, sector más vulnerable a los avances en IA-.  Además, en mercados emergentes la industria tecnológica está más expuesta a semiconductores y menos a software en comparación con EE. UU.

Infra ponderamos bonos del Tesoro de EEUU por valoración y riesgos. Son vulnerables a la frustración de expectativa de relajación monetaria, riesgos políticos y una mayor fortaleza de la economía estadounidense.  Las rentabilidades reales de la deuda en otros mercados desarrollados han aumentado, convergiendo hacia las de la de EEUU, que ha bajado de manera excesivamente.

El resultado es que la rentabilidad real de la deuda de EEUU parece baja. Además, el dólar puede seguir debilitándose frente a monedas de mercados emergentes, en particular de América Latina, el euro y el franco suizo por credibilidad política y diversificación de los inversores. El oro es una cobertura crítica frente a riesgos de devaluación del dólar.

"En renta fija sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes, por rentabilidades reales inusualmente atractivas, una disminución de presiones inflacionarias, ampliación del diferencial de crecimiento respecto a economías desarrolladas y divisas baratas. Por su parte la deuda de alta rentabilidad a corto plazo en euros es una apuesta atractiva respecto a recuperación de crecimiento no inflacionario de Europa", resalta.

DWS: el petróleo se notará en la inflación de marzo

La inflación en la zona euro fue superior a lo esperado en febrero: ¿se han acabado ya los buenos tiempos?, se pregunta Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS. La tasa de inflación subió un inesperado 1,9% en febrero de 2026, frente al 1,7% registrado en enero. Aunque los precios de la energía bajaron un 3,2% y los de los alimentos se mantuvieron estables en el 2,6%, la tasa subyacente subió del 2,2% al 2,4%. Así pues, la tendencia a la baja de los últimos meses llegó a su fin. A pesar de la apreciación del euro y de los menores aumentos salariales, tanto los precios de los bienes de consumo como los de los servicios volvieron a subir ligeramente. No obstante, las tasas de inflación y subyacente se están moviendo casi según lo previsto por el BCE. 

Pero, ¿qué pasará después? A corto plazo, los efectos del aumento de los precios del petróleo podrían hacerse evidentes en la tasa de inflación de marzo. Solo en Alemania, los precios de la gasolina y el diésel han subido entre un 6 % y un 8%, mientras que los del gasóleo de calefacción han subido aún más. Si bien los efectos del importante aumento de los precios del gas solo se están haciendo evidentes con retraso en la mayoría de los países, debido a que los consumidores tienen contratos a largo plazo, el efecto del aumento de los precios del petróleo se refleja inmediatamente en el aumento del coste de la vida. La tasa de inflación podría subir hasta el 2,5% en marzo, con una tendencia al alza. La rapidez de la corrección en los mercados energéticos dependerá en última instancia de la duración de la guerra. Para el Banco Central Europeo, esto significa adoptar por el momento una actitud de espera. Es probable que los riesgos se reevalúen en la reunión de marzo.En nuestra opinión, la valoración del BCE de que se encuentra en una buena posición sigue siendo válida a corto plazo. Sin embargo, los inversores en los mercados de capitales están descontando una mayor probabilidad de subida de los tipos de interés. Esto aún no es un problema para el BCE. Si el BCE no quiere subestimar los riesgos de un aumento de la inflación a largo plazo, esta parece una hipótesis plausible.

UBP: 

En la Perspectiva Semanal de UBP: Tensiones entre EE. UU. e Irán, Michael Lok, CIO del grupo, y Nicolás Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos, destacan que los acontecimientos "marcan una ampliación regional de conflictos previos, lo que incrementa el riesgo de una crisis más prolongada que podría afectar a los precios del petróleo si las tensiones persisten en las próximas semanas. Por el momento, unas políticas de apoyo y unos beneficios empresariales resilientes siguen sustentando el entorno económico global, lo que mantiene intacto nuestro escenario base, aunque no podemos descartar un repunte temporal de la volatilidad si la situación se deteriora aún más”. 

“Un aumento sostenido del precio del crudo amenaza con reajustar las expectativas de tipos de interés para 2026 si los costos energéticos comienzan a impulsar presiones inflacionarias más amplias. Mitigamos el riesgo de disrupción en los mercados protegiendo la exposición a renta variable mediante operaciones tácticas", señalan.

Los tipos de interés en EE. UU. subieron 3 pb, impulsados por el repunte de los precios del petróleo y las preocupaciones sobre un conflicto duradero que podría ejercer presión inflacionaria y afectar la economía si persiste la inestabilidad geopolítica.

"La historia muestra que los precios de los metales preciosos y del petróleo tienden a aumentar en los días posteriores al inicio de un conflicto, reforzando así la trayectoria alcista del oro", añaden.

"Nuestra postura alcista revisada sobre energía tiene como objetivo cubrir los riesgos extremos”. concluyen.

02Mar

Por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial. Y la inflación subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico.

Miguel Ángel Valero

Aurelio García del Barrio, director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, recuerda que el conflicto entre EEUU e Irán se remonta a la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante los últimos años, los principales puntos de fricción han sido el programa nuclear iraní. La preocupación estadounidense por la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares ha sido un factor constante en la política de Washington. Las administraciones estadounidenses anteriores han reforzado sanciones para limitar la economía iraní y su influencia en la región, el apoyo de Irán a grupos en Líbano (Hezbolá), Gaza (Hamás) o Iraq.

En junio de 2025, EEUU bombardeó instalaciones nucleares en suelo iraní, pero esto sólo fue una escaramuza, ya que los ataques del 28 de febrero, coordinados con Israel, han marcado una escalada mayor en el conflicto. En ese ataque murieron Alí Jameini,líder supremo del régimen de los ayatolas, el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi y elministro de Defensa Aziz Nasirzadeh, entre otros.

Ante esta situación, Irán ha respondido con ataques a Israel y las bases americanas en la región (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin) y Jordania, Irak, Siria y Arabia Saudí también se han visto afectados por el contraataque iraní. Ahora habrá que ver si otros países, como Francia, Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí o Emiratos, podrían actuar contra Irán también.

El, históricamente inestable, equilibrio en la región, es ahora mucho más volátil e incierto, ya que puede desatar un caos en Oriente Medio.  Irán es el país de referencia chiita en el mundo musulmán. El régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio. 

Es un conflicto que tiene evidentemente, consecuencias económicas clave para los mercados internacionales. La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, punto crítico por donde transita un 20% del crudo mundial y una gran cantidad de gas natural licuado, ha empujado a los inversores hacia activos refugio, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales.

Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba más de un 7%, respecto al cierre del viernes, alcanzando los 78,5$, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba un 7,5% hasta alcanzar los 72$. Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%.

El dólar ha vuelto a demostrar su hegemonía. Actuando como activo de aversión al riesgo por excelencia, se ha fortalecido frente al euro y otras divisas principales. Su condición de valor líquido y el hecho de que EEUU sea un exportador neto de energía refuerzan su atractivo en este escenario de shock de oferta. También el oro ha visto incrementado su precio un 3%, como activo refugio.

Si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, EEUU y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica. Una escalada del conflicto podría tener efectos sobre el comercio internacional; Oriente Medio es un nodo estratégico para numerosas rutas marítimas y cualquier alteración de la seguridad en la región podría afectar al transporte de mercancías y encarecer los costes logísticos.

Los líderes iraníes ya han amenazado con represalias, pero aún está por verse cómo se desarrollará. La economía de Irán es lo suficientemente frágil como para no ser capaz de sostener un conflicto prolongado tanto con EEUU como con Israel. Irán enfrenta un colapso económico sistémico con hiperinflación, devaluación extrema del rial y escasez crítica de productos básicos, agravado por sanciones internacionales y conflictos internos. 

A principios de 2026, el rial iraní ha perdido prácticamente todo su valor, alcanzando niveles de 1,47 millones de riales por dólar en el mercado libre. La moneda nacional ha dejado de ser útil como reserva de valor, y el dólar se ha convertido en la principal moneda de transacción para aproximadamente el 90% de las operaciones privadas. Esta devaluación ha sido acelerada por la reactivación de sanciones de la ONU y la eliminación de subsidios para la importación de productos básicos, lo que ha generado aumentos drásticos en los precios de alimentos y medicinas. La inflación general supera el 42%, y la de alimentos alcanza un 75%. El aumento de precios se ha visto intensificado por la implementación de un sistema de precios escalonados para la gasolina, que elevó el combustible a 50.000 riales por litro sin subsidio.

Estas presiones han reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y han generado descontento social masivo. El país enfrenta escasez de productos esenciales, incluyendo alimentos y medicinas, debido ala combinación de sanciones, devaluación y problemas logísticos internos.

Pero teniendo una visión estratégica y un poco más amplia, lo que subyace aquí, es lo siguiente:

  • Por ahora, con la captura de Maduro, EEUU ya controla alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo. Ahora, si en Irán se estableciera un nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
  • China, principal comprador del crudo iraní, podría ver como su factura energética se incrementa.
  • Si cayera el actual régimen iraní, Putin perdería otro aliado, después de Maduro.

Un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es, si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida bajo la influencia de la administración estadounidense.

Banca March: la economía mundial tiene resiliencia

Por su parte, Banca March destaca que una escalada militar sin precedentes entre Irán, por un lado, y EEUU e Israel por otro, ha provocado víctimas en varios países de la región, además de protestas en Pakistán e Irak en apoyo a Irán. El conflicto también ha afectado infraestructuras civiles, con interrupciones de vuelos y daños en ciudades del Golfo, elevando las tensiones geopolíticas a nivel global.

En reacción a los acontecimientos, la respuesta de los diferentes activos de riesgo ha sido más bien racional, pero vigilante, concentrándose el mayor ajuste en energía. La referencia Brent se sitúa a las puertas de los 80$/barril, en niveles similares a los vistos en junio de 2025 (con el anterior ataque a Irán de EEUU e Israel). También se ha disparado la referencia europea de gas (TTF), hasta niveles de 39,7 €/MWh, igualando precios de finales de enero de 2026.

Las Bolsas se sitúan en mínimos de un mes. Los bonos descuentan aparentemente una rápida conclusión del conflicto militar en Irán. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años sube 3 puntos básicos (pb), hasta el 3,97% tras haber caído previamente a un mínimo de 11 meses, 3,92%.El dólar gana posiciones hasta niveles de 1,174€ sin actuar como activo refugio sino más bien como consecuencia del encarecimiento del crudo y el reajuste del riesgo energético. 

La eliminación fulminante del ayatolá Jameneí –líder supremo desde 1989– y otros altos mandos en un solo día provoca la desarticulación abrupta del núcleo del régimen iraní, algo que en conflictos anteriores como en la Irak de Saddam Husein llevó nueve meses, limitando la cohesión estratégica del país. Si bien intenta extender el conflicto a lo largo de la región presionando a aliados y milicias, su posición política internacional es relativamente aislada, careciendo de un respaldo político sólido de potencias regionales para una guerra a gran escala. Pese al cese temporal de operaciones de transporte de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, no tiene grandes incentivos para un cierre permanente, dado que también afectaría las relaciones energéticas con sus propios aliados.

Desde la perspectiva estadounidense, y en un año electoral, no existe un interés claro en una contienda muy larga ni en una invasión terrestre que pudiera conllevar grandes pérdidas humanas. Esto favorece una presión militar controlada en lugar de una escalada total. 

En cuanto al petróleo, a diferencia de episodios anteriores, este ataque se produce en un mercado caracterizado por un elevado superávit, con EEUU y la propia OPEP como protagonistas. En el caso estadounidense, el fuerte aumento reciente de la producción –acelerado tras la llegada de Trump– ha consolidado al país como exportador neto de crudo. Para 2026, la producción de petróleo y otros líquidos de la primera potencia rondaría los 20,5 mb/d en promedio, de los cuales 3,1 mb/d estarán destinados a exportaciones frente a 2,8 mb/d registrados en 2025.

La OPEP, por su parte, ha adoptado una estrategia de incrementos sucesivos en sus cuotas de producción: el cártel aprobó este domingo un aumento de 206.000 b/d a partir de abril, un 50% superior al ajuste realizado en diciembre. En este sentido, Irán desempeña un papel clave dentro de la organización, con una producción de 4,7 mb/d (equivalentes a un 5,6% de la oferta global), situándose solo por detrás de Arabia Saudí (11,8 mb/d) y Emiratos Árabes (4,8 mb/d)

El mercado registrará en 2026 un superávit en torno a los 2,8 mb/d, lo que amortiguará parcialmente el impacto del conflicto y evitará escenarios similares a los observados durante la invasión rusa de Ucrania, en donde el mercado presentaba un déficit de 1,1 mb/d. El mayor riesgo se concentra en un potencial cierre del estrecho de Ormuz. Hasta el momento, las interrupciones en el tráfico responden a decisiones preventivas de las propias compañías, motivadas por dos factores principales. En primer lugar, varias aseguradoras han comenzado a cancelar coberturas y a encarecer las pólizas –en algunos casos hasta el 50%– para buques que operan en la zona. Segundo, algunos exportadores –entre ellos Arabia Saudí e incluso Irán– aceleraron sus envíos en los días previos al ataque: las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico fueron casi un 10% superiores en febrero, lo que implica que una parte significativa de esos cargamentos ya se encuentra el tránsito hacia sus destinos finales.

Ante un eventual cierre de Ormuz, Asia sería la región más perjudicada, al concentrar el 84% del petróleo y el 83% del GNL que transitan por esta ruta. Tan solo China –principal socio energético de Irán– absorbe el 38% del petróleo y el 23% del GNL que cruza este punto estratégico. Europa, por su parte, afrontaría un impacto moderado en el suministro de gas, dado que solo adquiere el 13,5% del GNL que circula por el corredor, en un contexto en el que las reservas de gas en la región se sitúan en niveles inusualmente bajos para esta época del año. 

El conflicto en Oriente Medio y la fuerte subida de los precios de la energía impactará el crecimiento, pero la economía mundial tiene elementos de resiliencia que deberían evitar una fuerte contracción. El principal canal de contagio proviene del previsible encarecimiento del precio del crudo. Ahora bien, aunque el riesgo es muy elevado dado que la disrupción total del tráfico marítimo de petróleo por el estrecho de Ormuz conllevaría a que casi un 20% de toda la oferta de crudo se viera afectada, por el momento no ha habido importantes ataques contra la infraestructura petrolera de la región. 

El aumento de los costes energéticos, si se mantuviera en el tiempo, tendría un efecto negativo directo en el crecimiento económico mundial: por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial

Pero también habría productores de energía fuera de Oriente Medio, como Rusia, Canadá, Noruega y algunas economías latinoamericanas que saldrían beneficiadas. Frente a ello, economías como la europea y en particular China e India que son los grandes importadores de crudo iraní saldrán más castigadas.

Por el lado de la inflación, el impacto sería más intenso. En un escenario en el que se elevara en 10$ el precio promedio del barril de petróleo durante todo el año, la inflación prevista subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico. Una situación que en un primer momento pondría mayor presión sobre la política monetaria dado que conllevaría a que la inflación se alejara temporalmente de los objetivos de los bancos centrales. Sin embargo, consideramos que las autoridades monetarias no se precipitarían girando la política monetaria, dado que el principal riesgo para la economía mundial proviene ahora de un mayor tensionamiento de las condiciones financieras, algo que los bancos centrales tratarán de evitar a toda costa

Aunque la geopolítica vuelve a agitar los mercados, la historia demuestra que los periodos de conflicto no suelen ser momentos adecuados para tomar decisiones de inversión precipitadas. Más allá del corto plazo, es fundamental analizar el impacto estructural a medio y largo plazo, con una visión más profunda que el mero temor asociado a la guerra. Si analizamos el comportamiento histórico, observamos que en los primeros meses suelen producirse retrocesos. Sin embargo, tras tres o cuatro meses, en la mayoría de los episodios el mercado recupera la caída inicial y, doce meses después del punto de partida, el S&P 500 ha mostrado retornos positivos en la mayor parte de los casos, con una mediana en torno al +5%. Las excepciones se han producido cuando el conflicto ha tenido un efecto real sobre la economía, provocando una recesión o, más recientemente, una respuesta contundente de los bancos centrales ante presiones inflacionistas crecientes. En este caso, todo apunta a ver cierta volatilidad en el corto plazo que genere oportunidades de compra en las próximas semanas, con unos mercados sobre reaccionando ante un choque geopolítico que no debería tener un impacto profundo ni sobre la actividad económica ni sobre los precios.

"Conservamos nuestro posicionamiento, destacando el valor de los sectores defensivos —como salud e infraestructuras—, que actuarán como puntos de estabilidad en un entorno marcado por la volatilidad. Por otro lado, la evolución de los tipos de interés a largo plazo continúa sorprendiendo, ya que todos los factores parecen alinearse en contra de los bonos de mayor duración: el repunte de las presiones inflacionistas derivadas de los precios energéticos, el incremento del gasto público y una economía que vuelve a ganar tracción. Habitualmente, tras un buen comportamiento en las fases iniciales de un conflicto, la tendencia suele invertirse. Por ello, mantenemos una postura prudente respecto a la duración.  En paralelo, se pone de manifiesto el valor de la protección en metales preciosos, que vuelven a mostrar un comportamiento positivo ante el incremento del riesgo geopolítico. Mantendríamos las posiciones actuales, aunque no incrementaríamos la exposición a estos niveles. En cuanto al dólar, estas tensiones deberían favorecerle, ya que el repunte de los precios de la energía incrementará los costes de importación de los países dependientes, proporcionando soporte adicional a la divisa estadounidense. Mantenemos nuestro rango objetivo en 1,15 – 1,19€", subrayan los analistas de Banca March.

Lombard Odier: escenario de escalada limitada

Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, explica que "hemos modelizado dos escenarios para el conflicto entre EEUU-Israel e Irán. El primero, que consideramos que se está materializando en la actualidad, es un escenario de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo. El segundo, que no es nuestro escenario principal, es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50$ por barril en el precio del petróleo. Es importante destacar que, "en ambos casos, esperamos que el precio del petróleo vuelva a sus rangos recientes tras seis meses".

En el escenario base de "escalada limitada", se espera un aumento de la inflación general media en EEUU del 2,5% al 2,6% en 2026, con el crecimiento real del PIB sin cambios en el 2,2%, y se mantiene sin cambios el escenario de tres recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, "ya que esperaríamos que la Fed pasara por alto cualquier aumento moderado de la inflación general".

En el escenario de riesgo de un choque petrolero global, los efectos incluirían un aumento de la inflación y una disminución de diversas medidas de actividad, especialmente la producción industrial, donde los precios de la energía son un insumo importante. El crecimiento real del PIB en EEUU disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil. Si las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran ancladas, como ocurrió durante la pandemia y durante las incertidumbres arancelarias, "esperaríamos que la Fed considerara los efectos sobre la inflación como temporales". Si el aumento del desempleo fuera relativamente contenido, "esperaríamos que priorizara la estabilidad frente a recortes agresivos. Sin embargo, si la tasa de desempleo superara el 5,5 % —un nivel mucho peor de lo que indica nuestro modelo—, entonces la Fed pasaría a una estrategia agresiva de recorte de tipos hacia el 2,5% o menos".

"Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior”, advierte el experto de Lombard Odier.

"Mantenemos una postura moderadamente favorable al riesgo en nuestra estrategia de inversión, con una exposición infra ponderada a los bonos soberanos globales, una exposición sobre ponderada a los activos de mercados emergentes y al oro", concluye.

Columbia Threadneedle: el bloqueo prolongado de Ormuz, clave

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, coloca el foco en si se desarrolla un conflicto regional más amplio y si existe la posibilidad de un bloqueo sostenido del transporte de energía a través de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un repunte de los precios del petróleo plantea el riesgo de que aumente la inflación, lo que impactaría sobre las trayectorias tanto de la inflación como de los tipos de interés.

Un cierre total de la vía navegable, algo que Irán nunca ha decretado, tendría un impacto significativo en el transporte de crudo y productos refinados. Un cierre significativo y prolongado de Ormuz, junto con los ataques iraníes a las instalaciones de refinado y exportación de petróleo de la región, probablemente llevaría al precio del petróleo hasta los 100$ por barril. Puede producirse una mayor escalada en el conflicto si Irán intentase atacar centros de procesamiento de petróleo y terminales de carga en la región. Irán puede carecer de los recursos para mantener un cierre prolongado del estrecho, pero, aun así, podría generar un impacto la reducción del tránsito debido al aumento delos costes de los seguros de transporte, o la decisión de las navieras de no operar esta ruta.

La OPEP ha señalado que aumentará la producción de petróleo en abril en 206.000 barriles diarios en un movimiento para contener los precios. Irán en sí no es crítico para la producción mundial de petróleo, ya que produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios en enero, lo que equivale a menos del 3% del suministro global. El excedente de capacidad de la OPEP podría compensar todas las exportaciones iraníes perdidas. Además, EEUU y otros países de la OCDE cuentan con alrededor de 4.000 millones de barriles de crudo y productos refinados almacenados, que podrían actuar como colchón a corto plazo. EEUU es en gran medida autosuficiente en energía, pero no sería inmune a los aumentos globales del precio del petróleo, que se trasladarían a los precios de la gasolina y a la inflación. Un coste del petróleo a 100 dólares probablemente llevaría el IPC de EEUU más cerca del 4% desde el 2,4% registrado en enero, según estimaciones de ING. Por su parte, Asia se vería impactada significativamente por el cierre de Ormuz, dado que la mayoría del petróleo (84%) y del GNL (83%) tiene ese continente como destino.

Por el momento, los mercados financieros se mantienen relativamente tranquilos y esperarán a observar cómo evoluciona la situación. El apetito por el riesgo se ha mantenido positivamente frente a los desafíos recientes. La historia indica que, aunque los shocks geopolíticos pueden producir movimientos en los mercados, los fundamentales deberían cambiar para que el impacto sea prolongado. La mayor parte del tiempo, los mercados financieros suelen demostrarse ser bastante hábiles para “ver más allá” de los conflictos geopolíticos. Los fundamentales siguen siendo benignos - tanto en términos de beneficios corporativos como de crecimiento económico - y, como resultado, los mercados han mostrado resiliencia. Pero debemos estar pendientes de cómo evolucionan los acontecimientos

DWS: un conflicto prolongado presiona a Trump en año electoral

La presencia militar estadounidense “carece del tamaño y las capacidades necesarias para operaciones de combate importantes o un cambio de régimen”, lo que requeriría fuerzas terrestres. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales informa de que, basándose en la presencia actual, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al anunciar que “los bombardeos... continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para lograr nuestro objetivo de paz en todo Oriente Medio y, de hecho, en todo el mundo”. 

Aunque el cambio de régimen es uno de los objetivos anunciados por Trump, puede que no sea una condición necesaria para poner fin al ataque. La mayoría de los estadounidenses no apoyaba ninguna acción militar en Irán y temía un conflicto prolongado, lo que ejerce una presión significativa sobre el presidente de EEUU en un año de elecciones intermedias. En cambio, Trump ha pedido al pueblo iraní que tome el control del Gobierno.

Las tensiones geopolíticas tienden a afectar poco o nada a los mercados, siempre y cuando no tengan repercusiones en los fundamentos económicos. El precio del petróleo ha sido tradicionalmente un importante mecanismo de transmisión de los conflictos a los fundamentos económicos y los mercados. Un ejemplo clásico de este tipo de evolución fue la invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1990. El precio del petróleo, que hasta el 31 de julio de 1990 había sido de 18$ de media, subió a 36. En EEUU comenzó una recesión y el S&P 500 cayó de 369 a mediados de julio a 295, cumpliendo así por poco la definición de mercado bajista (una caída de al menos el 20%). Aunque la recesión continuó hasta abril de 1991, el mercado bursátil tocó fondo en octubre de 1990 y superó su nivel anterior a la guerra en febrero de 1991.

Además del precio del petróleo, las cadenas de suministro se han convertido en otro importante mecanismo de transmisión de los acontecimientos geopolíticos en la economía y los mercados. Sin embargo, en el caso de Irán, la dependencia de la cadena de suministro mundial es muy baja, por lo que el principal impacto debería provenir del precio del petróleo.

Para el precio del petróleo, lo más importante es si el conflicto provoca una interrupción prolongada del suministro o solo una perturbación a corto plazo. Tanto Venezuela como el ataque del año pasado en Irán fueron perturbaciones a corto plazo y su efecto sobre el precio del petróleo se disipó con bastante rapidez. Ahora hay que ver el impacto sobre el suministro iraní y cualquier perturbación del comercio en el estrecho de Ormuz.

Irán produjo 3,13 millones de barriles diarios (mb/d) en enero de 2026, lo que equivale aproximadamente al 4% del crudo mundial. Dada la muy baja elasticidad de la oferta y la demanda a corto plazo, cualquier disminución de esa oferta podría provocar importantes subidas del precio del petróleo, aunque parte de ese movimiento ya se había producido antes de la huelga. La posterior recuperación del precio del petróleo también dependería de la rapidez con la que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pudiera compensar la pérdida de suministro. 

“La capacidad excedentaria de la OPEP es aproximadamente la mitad de la producción total de Irán”, afirma Darwei Kung, director de materias primas de DWS.

Irán controla la parte norte del estrecho de Ormuz y podría interrumpir el tráfico marítimo mediante minas, submarinos, misiles y embarcaciones. Ya ha advertido a los barcos que eviten el estrecho de Ormuz. Algunos operadores ya han suspendido o reducido los tránsitos por el estrecho, dada la deteriorada situación de seguridad.

Hay muy pocas alternativas para transportar petróleo desde cualquiera de los Estados del Golfo si se bloquea el estrecho. Solo Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que evitan el estrecho, pero su capacidad es limitada. Kung señala: “Si el ataque hundiera un barco en el estrecho de Ormuz, por ejemplo, este quedaría bloqueado durante meses, lo que provocaría una interrupción prolongada del suministro. Una invasión terrestre también sería mucho más perjudicial para el suministro que los ataques aéreos”.

Cualquier interrupción supondría una presión significativa para los mercados energéticos. Dada la producción de esquisto y GNL de Estados Unidos, el impacto se sentiría más en Europa y Asia que en EEUU

DWS dibuja tres escenarios operativos de interrupción del suministro de petróleo:

  • Las fricciones logísticas de corta duración moderarán la interrupción de las exportaciones (sin obstáculos al tránsito). Este escenario supone que la acción militar estadounidense evita la infraestructura energética y que el estrecho de Ormuz permanece abierto, con Irán respondiendo de manera calibrada para evitar una escalada importante. Aunque cualquier interrupción comenzaría como fricciones logísticas de corta duración —principalmente breves retrasos en los buques cisterna que durarían entre una y tres semanas y reducirían el suministro en hasta 0,5 mb/d—, un ataque más amplio dirigido a activos estratégicos adicionales podría provocar interrupciones temporales en las terminales de exportación y cortes de energía o comunicaciones a corto plazo. Como resultado, las exportaciones de crudo de Irán podrían disminuir de forma más significativa, entre 0,8 y 1,5 mb/d durante 4-10 semanas, dependiendo de la rapidez con la que se normalicen las operaciones. Los precios del oro y del petróleo aumentarán, pero volvieran a niveles ligeramente inferiores a los anteriores al conflicto, ya que los mercados anticipan el fin de la interrupción.
  • Deterioro del tránsito: Este escenario describe un ataque importante de EEUU y una fuerte respuesta iraní, en la que Irán aumenta la presión marítima en el Golfo, pero evita cerrar completamente el estrecho de Ormuz para no perjudicar su propia economía y la de China, que depende del petróleo iraní. Irán emplearía tácticas como el acoso con lanchas rápidas, la incautación selectiva de petroleros y demostraciones con drones o misiles para aumentar el riesgo. El transporte marítimo se ralentizaría, con la retirada de algunos buques, el aumento de los costes de los seguros y la posible necesidad de escoltas navales, lo que reduciría la productividad de la flota. Stephan Werner, director de estrategia de inversión en renta variable de DWS, avisa que "esta pérdida de productividad se traducirá en una reducción efectiva del suministro de aproximadamente 2,5 mb/d durante varias semanas. Esto podría provocar un aumento de los precios del Brent y un ensanchamiento de los diferenciales, al igual que a principios de 2022, ya que los participantes en el mercado competirían por el suministro inmediato de petróleo». Al igual que en el escenario anterior, se espera que los precios bajen una vez que se vislumbre el fin de la interrupción.
  • Bloqueo del tránsito en el estrecho de Ormuz: Este escenario supone un cambio sustancial. El impacto en los precios de las materias primas será más prolongado y sostenido. El precio del petróleo puede dispararse y mantenerse elevado hasta que el estrecho se reabra y vuelva a estar plenamente operativo. Además de la pérdida de barriles iraníes, las exportaciones de otros Estados del Golfo también podrían verse interrumpidas hasta que el estrecho vuelva a estar libre para el tráfico marítimo. Es probable que el precio del oro alcance nuevos máximos. Los precios de otras materias primas también podrían subir, especialmente los de las que se exportan desde el Golfo. El GNL de Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar se vería afectado por interrupciones, aunque algunos flujos podrían desviarse a través de gasoductos. Dado que Irán es el tercer exportador mundial de urea, es probable que los precios de este producto aumenten, lo que elevaría los costes de los fertilizantes y los productos industriales y podría provocar un aumento de los precios de los alimentos. Frank Kelly, fundador y socio gerente de Fulcrum Macro Advisors LLC, señala que, además del posible cierre del estrecho de Ormuz, también está siguiendo de cerca si se produjeran ataques contra infraestructuras petroleras críticas del Golfo, lo que “podría ser tan o más perjudicial para las exportaciones de petróleo del Golfo”. Sin embargo, Darwei Kung, director de materias primas de DWS, señala: “EEUU ha demostrado un fuerte deseo de mantener la producción de petróleo. Durante la Guerra del Golfo de 1990-91, las fuerzas estadounidenses y aliadas hicieron todo lo posible por proteger los yacimientos petrolíferos con tropas terrestres. Durante los conflictos más recientes, EEUU e Israel han demostrado una intención muy clara de evitar la destrucción de las infraestructuras petroleras tanto de Irán como de Venezuela. Irán podría intentar interrumpir la producción de petróleo, y cabría esperar que EEUU aplicara toda su fuerza para proteger las infraestructuras petroleras”.

Swisscanto: efectos limitados sobre economía y mercados mundiales

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, también cree que los efectos sobre la economía mundial y los mercados globales deberían seguir siendo limitados: "Por lo tanto, por el momento, mantenemos los ajustes en nuestra asignación de activos decididos para marzo". 

La escalada en Oriente Medio y el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz están provocando un aumento de los precios de la energía (precio del petróleo +35% en lo que va del año, +10% hoy), lo que dificulta nuevas bajadas de los tipos de interés. Los mercados bursátiles globales registran pérdidas de alrededor del 2%.El oro y el dólar estadounidense son buscados como refugios seguros, y la volatilidad se mantiene alta. El aumento de la producción anunciado por la OPEP+ contrarresta el alza de los precios de la energía. Los vínculos económicos globales con Irán son limitados. El principal riesgo sigue siendo una escalada del conflicto y precios de la energía elevados a largo plazo.  

Aunque la escalada en Irán tiene el potencial de cambiar el equilibrio de poder en la región, "consideramos que los riesgos para los mercados financieros globales son limitados". A medio plazo, incluso es posible una relajación de las tensiones. El ataque no ha sido completamente inesperado. Están especialmente amenazadas la producción y el suministro de petróleo y gas natural que se exportan a Extremo Oriente (por ejemplo, a Corea e India). Sin embargo, "esperamos que otros productores puedan cubrir al menos parcialmente posibles cuellos de botella en la oferta. Por lo tanto, suponemos que se repetirá el patrón histórico de las crisis geopolíticas y que el aumento del precio del petróleo será temporal".

A nivel macroeconómico, la dependencia de la economía mundial del petróleo ha tendido a disminuir y la diversificación regional ha aumentado. En una primera reacción, los refugios seguros típicos como el oro, el franco suizo, el dólar estadounidense y, dentro de las acciones, las empresas defensivas de consumo o farmacéuticas, se verán beneficiados. En general, los mercados financieros globales están respaldados por la caída de los tipos de interés y los sólidos y crecientes beneficios empresariales, lo que hace que la economía sea más resistente frente a un choque exógeno limitado. 

"En conjunto, no esperamos un efecto significativo, ya que hemos creado posiciones compensatorias mediante la compra de materias primas, dólares estadounidenses y acciones del sector de materiales básicos, así como con los sobrepesos existentes en oro e inversiones alternativas. A corto plazo, nuestra táctica de inversión, con un beta superior a 1, sufrirá bajo el actual sentimiento risk-off. Es probable que reaccionen negativamente, en particular, los valores secundarios y los mercados emergentes, ya que ambos segmentos han tenido un buen desempeño recientemente y, por lo tanto, son más susceptibles a la toma de beneficios. Además, son sensibles a un aumento del precio del petróleo. Los bonos soberanos muestran actualmente pocos movimientos, por lo que el efecto en la parte de renta fija probablemente será limitado", explica.

"Estamos convencidos de que los riesgos geopolíticos suelen estar sobreestimados y rara vez tienen efectos duraderos en los mercados financieros. La economía mundial es sólida y no esperamos un efecto negativo significativo en los beneficios empresariales. Por ello, seguimos siendo constructivos y mantenemos una sobre ponderación en acciones. Sin embargo, si el precio del petróleo superara los 100$, contrariamente a nuestras expectativas, reconsideraríamos una reducción del riesgo".  

Franklin Templeton: incertidumbre sobre duración, desenlace e impacto

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, avisa en un análisis que el conflicto en Irán "conlleva una incertidumbre significativa en torno a su duración, el desenlace para el propio país y las repercusiones en la región y más allá". Trump ha sugerido que la actividad militar podría prolongarse hasta un mes, con el objetivo declarado de degradar de forma drástica las capacidades militares de Irán y, potencialmente, propiciar un cambio de régimen. La respuesta inicial de Irán ya ha incluido ataques de amplio alcance en toda la región, dirigidos no solo contra bases militares estadounidenses, sino también contra infraestructuras civiles e instalaciones petroleras. La evolución de estos acontecimientos determinará el impacto económico y sus efectos en los mercados financieros.

A corto plazo, el aumento de los precios del petróleo debería elevar las expectativas de inflación y llevar a los inversores a anticipar una postura menos acomodaticia por parte de los bancos centrales. Es probable que el dólar estadounidense se fortalezca temporalmente, reflejando tanto una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed como el hecho de que la economía estadounidense es mucho menos vulnerable a un shock petrolero que el resto del mundo.

Los bonos del Tesoro de EEUU podrían recibir flujos hacia activos refugio, "aunque, dado el riesgo inflacionario, no espero un rally sostenido en el tramo largo de la curva". Los mercados emergentes se verán puestos a prueba, especialmente aquellos países importadores de petróleo, que son más vulnerables.

"Los riesgos para el crecimiento global se intensificarán cuanto más se prolongue el conflicto; no obstante, sería necesario un shock sustancial y prolongado en la oferta y los precios del petróleo para desencadenar una recesión global, siendo EEUU, de nuevo, menos vulnerable que el resto del mundo", explica.

Ebury: Los activos refugio cotizan al alza tras los bombardeos a Irán

Los primeros indicios sugieren que las repercusiones de los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán en los mercados financieros "serán moderadas, en parte porque los inversores ya habían anticipado en cierta medida un recrudecimiento de las tensiones", señala el je de Estrategia de Mercados de Ebury, Mattheu Ryan. Además, el hecho de que el ataque se produjera con los mercados cerrados ha ayudado a contener las reacciones iniciales: los índices saudíes solo retrocedieron un 2% durante el fin de semana. Aunque al inicio de la sesión bursátil del lunes 2 de marzo en Asia se observó una compra de divisas refugio como el dólar y el franco suizo, los movimientos han permanecido contenidos hasta el momento. 

En cambio, el precio del petróleo ha experimentado un alza más pronunciada, superior al 10%, tras conocerse que el estrecho de Ormuz, vital para el suministro de crudo hacia los mercados asiáticos, permanece cerrado a efectos prácticos en el corto plazo. En los próximos días, la atención de los inversores se centrará en la evolución del conflicto. Los aspectos clave serán si la guerra se resuelve con rapidez o se prolonga, y si el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tráfico marítimo. 

Paralelamente, los operadores seguirán de cerca el informe de empleo de Estados Unidos, que se publicará el viernes, ya que resulta poco probable que la Reserva Federal implemente nuevos recortes de tipos si no se produce un deterioro sostenido del mercado laboral. 

  • EUR: El informe preliminar del IPC del martes debería confirmar que el BCE ha logrado devolver la inflación a su objetivo. El riesgo geopolítico podría presionar a la baja al euro a corto plazo, aunque cabe destacar que la mayor parte del crudo que transita por el estrecho de Ormuz se dirige a Asia y no a Europa. Sin embargo, un aumento sostenido de los precios del petróleo tendría un impacto negativo en la moneda común, dada la condición de Europa como importadora neta de energía y el consiguiente deterioro de sus términos de intercambio. La duración del conflicto será determinante. El presidente Trump ha señalado que las operaciones en Irán van "por delante de lo previsto", aunque por ahora no hay indicios de negociaciones ni de alto el fuego. Además, ni Rusia ni China parecen dispuestas —o capaces— de brindar apoyo significativo a su aliado iraní, lo que representa una señal positiva para los mercados. 
  • USD: En circunstancias normales, la atención esta semana se habría centrado principalmente en el informe de empleo del viernes. Se espera que continúe mostrando una creación de puestos de trabajo moderada, escasos indicios de despidos masivos y un crecimiento salarial saludable pero no excesivo, en línea con la tendencia reciente. Los datos de precios al productor de la semana pasada confirmaron la ausencia de una desinflación, con el índice de precios al consumidor aún por encima del objetivo. El repunte de los precios del petróleo no ayudará en este sentido, aunque el rol de EEUU como exportador neto de crudo convierte este factor, en términos generales, en positivo para el dólar. Dado que el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio en periodos de conflicto geopolítico, es previsible que su tendencia bajista se interrumpa en las próximas semanas. La intensidad de esta recuperación dependerá en gran medida de la duración y la escala del conflicto. Aunque varios líderes clave de la Guardia Revolucionaria Islámica han sido eliminados, aún no está claro si esto marca el inicio de un cambio de régimen histórico o si sus sucesores simplemente llenarán el vacío de poder. Cualquier indicio de que se esté produciendo este segundo escenario reforzaría el respaldo al dólar. 
  • GBP: Es probable que la libra esterlina se deprecie en las próximas semanas. El conflicto con Irán ha elevado las primas de riesgo en todos los activos, lo que suele perjudicar especialmente a monedas como la libra. A ello se suman riesgos políticos internos crecientes. La reciente pérdida de un escaño (tradicionalmente poseído por el Partido Laborista) a manos de los Verdes ha fortalecido a las corrientes más izquierdistas dentro de la formación de Starmer, incrementando la incertidumbre sobre la disciplina fiscal y augurando un peor desempeño para el mercado de bonos soberanos y la libra. Como factor positivo, el respaldo de los tipos de interés elevados se mantiene sólido y los últimos datos económicos han superado las expectativas. Aunque se anticipa que el Banco de Inglaterra recorte nuevamente los tipos en su próxima reunión del Comité de Política Monetaria a finales de mes, las sorpresas alcistas recientes en indicadores de actividad, especialmente el informe de ventas minoristas de enero, sugieren que el comité podría adoptar una postura algo más cautelosa de lo previsto.
09Jan

El primer año del segundo mandato como presidente de EEUU termina con el peor diciembre para el empleo en una década. En 2025 las empresas crearon 584.000 puestos de trabajo, frente a los más de 2 millones en 2024.

Miguel Ángel Valero

Las elecciones de medio mandato o 'midterms' en EEUU, que se celebran el martes siguiente al primer lunes de noviembre (este año, el 3 de noviembre), renuevan toda la Cámara de Representantes (435 escaños, de los que ahora 220 son republicanos) y 35 escaños del Senado (donde los republicanos suman 53 de 100). Y son clave para que Donald Trump pueda seguir imponiendo su agenda política. Una derrota que suponga perder el actual control de las dos cámaras convertiría al actual presidente de EEUU en un 'pato cojo' y le situaría bajo la amenaza de un 'impeachment' o destitución (se necesita mayoría simple en la Cámara de Representantes y dos tercios en el Senado).

Los republicanos ya piensan en esas elecciones, también Trump, pero con resultados distintos. Por un lado, el Senado aprobó una resolución que prohíbe al presidente nuevas acciones militares en Venezuela sin previa aprobación del Congreso. La votación mostró 52 votos a favor (todos los demócratas más cinco republicanos: Susan Collins, Todd Young, Lisa Murkowski, Rand Paul y Josh Hawley) contra 47. Es el primer revés significativo a la política de Trump tras la polémica operación que capturó a Nicolás Maduro.

La resolución del Senado invoca la Ley de Poderes de Guerra y reafirma el rol constitucional del Congreso en decisiones bélicas.  Trump la calificó de "estupidez" e "inconstitucional", amaga con vetarla, y critica a los republicanos disidentes, afirmando que "ninguno debería ser reelegido jamás" por limitar su autoridad como comandante en jefe y perjudicar la seguridad nacional.

Por otro, la Cámara de Representantes ha aprobado la extensión de los subsidios de atención médica hasta tres años, el principal punto de fricción entre demócratas y republicanos. Estas ayudas, vinculadas a la Ley de Atención Médica Asequible (Affordable Care Act, también conocida como Obamacare) expiraron a finales de 2025. El programa, creado para ofrecer cobertura más asequible a personas con bajos ingresos, beneficia a unos 24 millones de estadounidenses. El vencimiento de los subsidios se convirtió en el eje del debate en el Congreso y desencadenó el cierre gubernamental más prolongado de la historia, después de que los demócratas utilizaran su voto como herramienta de negociación. 

Finalmente, la Cámara aprobó la medida con 230 votos a favor (entre ellos, 17 republicanos) y 196 en contra. Este resultado representa una victoria simbólica para los demócratas, que han logrado presionar a la mayoría republicana en un asunto central en la agenda política. Además, las encuestas muestran que el acceso a la atención médica es una de las principales preocupaciones de los votantes. 

En cualquier caso, la propuesta aprobada por la Cámara de Representantes debe obtener el visto bueno del Senado, cuya mayoría republicana se inclina por una extensión inferior a los 3 años planteados.

Por su parte, la Administración Trump ha ordenado a Fannie Mae y Freddie Mac comprar 200.000 millones$ en bonos hipotecarios, como esfuerzo para reducir los costes de la vivienda. Las dos entidades financieras, patrocinadas por el Gobierno desde la crisis de 2008, se dedican a emitir y gestionar bonos respaldados por hipotecas. Actualmente existen alrededor de 9 billones$ en bonos hipotecarios emitidos por agencias, por lo que la operación representaría poco más del 2% del mercado. Aun así, se estima que esta demanda adicional podría reducir los diferenciales en hasta 0,25 puntos, lo que se traduciría en tipos hipotecarios más bajos para los hogares estadounidenses.

Además, Trump anuncia en Truth Social que aprobará medidas inmediatas para prohibir a grandes inversores institucionales y fondos de inversión comprar viviendas unifamiliares, con el objetivo de facilitar el acceso a éstas y preservar el "sueño americano". La medida busca priorizar a compradores individuales sobre corporaciones, culpando a la inflación previa por el encarecimiento de las viviendas. "Las personas viven en las casas, no las corporaciones", argumenta.

La cotización de gestoras como Blackstone y BlackRock cayeron hasta el 5% tras el anuncio de Trump, reflejando preocupación en el sector inmobiliario. Pero los expertos dudan de su efectividad real para bajar precios, ya que los inversores institucionales representan una porción limitada del mercado inmobiliario residencial, y creen que es un gesto político ante las preocupaciones de los ciudadanos norteamericanos sobre el difícil acceso a una vivienda.

El peor diciembre para el empleo en una década

Mientras, la productividad crece a su mayor ritmo de los últimos dos años: en el tercer trimestre se aceleró el 4,9% trimestral anualizado, por encima del +4,1% anterior. En este contexto, los costes laborales –lo que pagan las empresas a sus empleados por producir cada unidad de producto– ha caído un 1,9% en el trimestre y se revisaron a la baja los datos previos mostrando ahora un retroceso del -2,9%. Es la primera vez desde 2019 que se registran dos trimestres consecutivos de reducción de los costes laborales. 

Diciembre sumó 50.000 nuevos puestos de trabajo, según la Oficina de Estadísticas Laborales, frente a los 70.000 previstos. Es el peor diciembre en una década (excluido el año de la pandemia). El paro baja una décima, hasta el 4,4%, pero ha subido 4 desde enero de 2025.

Las empresas estadounidenses crearon 584.000 puestos de trabajo en 2025, la menor cifra desde 2003, sin contar con el año de la pandemia, y lejos de los más de 2 millones de contrataciones en 2024. Crece el empleo en los servicios de comida y bebida (+27.000), atención médica (+21.000) y servicios sociales y asistencia, pero se destruyen 25.000 en el comercio minorista, básico en la economía de EEUU. Los datos demuestran el impacto de los aranceles en las pymes de EEUU.

El empleo en el gobierno federal se mantuvo prácticamente sin cambios en diciembre. Desde que alcanzó un pico en enero, el empleo en el gobierno federal disminuyó en 277.000 contratos, o un 9,2%, por el plan de recorte de gastos de la Administración, DOGE, que Trump puso en manos de Elon Musk, hasta que ambos chocaron por la reforma fiscal y el fundador de Tesla renunció.

Por su parte, el déficit comercial se sitúa en octubre en los 29.400 millones$, el 39% menos que en septiembre, por el 3,2% menos de importaciones, sobre todo de productos farmacéuticos y de oro. Es el mejor dato desde 2009. Pero tolo lo relacionado con el comercio exterior sigue mostrando una elevada volatilidad, ya que las estadísticas están muy afectadas por el efecto anticipación de las compras ante posibles subidas de los aranceles. En octubre, las compras de productos farmacéuticos fueron las menores desde julio de 2022, por la anticipación de las compras a septiembre debido a la amenaza de subidas de aranceles, que finalmente no se aplicaron.

DWS: las expectativas de inflación se correlacionan con el precio del petróleo

La agitación en Venezuela ofrece un ejemplo de referencia sobre cómo las crisis del petróleo y los metales pueden repercutir en la inflación y los tipos de interés, a medida que la transición energética reescribe las antiguas reglas del mercado. Tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sigue habiendo mucha incertidumbre, especialmente en lo que respecta a las materias primas mundiales.

A pesar de que el país cuenta con las mayores reservas demostradas de petróleo crudo del mundo, la producción lleva un cuarto de siglo en declive. Los yacimientos de bauxita, mineral de hierro, níquel y oro también parecen ser considerables, aunque nadie parece saber con certeza cuál es su tamaño exacto. Esto convierte los acontecimientos políticos en Caracas en un interesante caso de estudio para un cambio de régimen “diferente”. A medida que se acelera la transición energética y los metales cobran mayor importancia, los antiguos patrones que vinculan la geopolítica, las expectativas de inflación y los tipos de interés están llamados a cambiar.

El gráfico aportado por DWS ilustra el mecanismo tradicional, que últimamente ha vuelto a acaparar la atención del mercado. Las tasas de inflación de equilibrio son la diferencia entre los rendimientos de los bonos indexados a la inflación y los nominales. Suelen considerarse un indicador de las expectativas de inflación en el mercado de bonos. Curiosamente, estas expectativas de inflación guardan una estrecha correlación con el precio del petróleo, como muestra el gráfico. 

Hay dos razones que explican esta relación estrecha, pero inestable:

  • En primer lugar, los precios del petróleo influyen directamente en la inflación general de los precios al consumo a través de los costes de la energía y el transporte.
  • En segundo lugar, los precios del petróleo transmiten información en tiempo real sobre la demanda de una amplia gama de hogares y empresas.

Por lo tanto, una bajada de los precios del petróleo suele traducirse en una debilidad más generalizada de la demanda agregada, lo que indica un posible descenso del crecimiento y una bajada de los rendimientos.

Según esa lógica, la mera perspectiva de una renovación del suministro puede enfriar los precios del crudo, lo que reduciría la inflación de equilibrio a 10 años en EEUU. No importa que nadie sepa aún quién, a qué coste y en qué plazo podría restaurar el deteriorado sector de los hidrocarburos de Venezuela. Como muestra el gráfico, la sensibilidad no es fija; depende en gran medida de si los inversores esperan que los bancos centrales fijen la inflación. Si es así, los bancos centrales pueden pasar por alto las crisis petroleras, a menos que sean extremas. Por eso. los responsables políticos se centran en la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos, que son volátiles.

Otras materias primas, y quizá el petróleo en el futuro, muestran un patrón diferente. Los metales industriales se utilizan principalmente como insumos para bienes de capital. A diferencia del petróleo, las crisis de precios de los metales afectan de manera persistente a la inflación subyacente y general, especialmente en las economías expuestas a través de las redes de producción. El encarecimiento de los metales se filtra a través de la maquinaria y la electrónica, lo que hace que la inflación subyacente sea persistente; las crisis del petróleo afectan principalmente a la inflación general. 

La historia demuestra lo complicadas que pueden ser las transiciones. El cambio del aceite de ballena al queroseno y los hidrocarburos en el siglo XIX fue caótico, volátil y llevó décadas. “Las crisis de suministro de metales rara vez se producen al mismo tiempo, y sus efectos sobre la inflación pueden ser menos visibles, pero más persistentes”, argumenta Johannes Müller, director de research de DWS. “Pero cuando se trata de acontecimientos geopolíticos, cada vez más se debe mirar más allá del precio del petróleo a la hora de considerar las implicaciones a largo plazo para la inflación”, resalta.

UBS recomienda bonos de calidad y diversificación

Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense bajaron, ya que las ofertas de empleo y los datos de nóminas privadas en EEUU apuntaron a una mejora gradual de las condiciones del mercado laboral, mientras que Trump anunció la compra de 200.000 millones$ en bonos hipotecarios. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se situó en el 4,18%.

Los expertos de UBS creen que otro recorte de tipos de interés por parte de la Reserva Federal este trimestre impulsaría los bonos de calidad, que siguen desempeñando un papel clave en la generación de ingresos de cartera para los inversores: "Esperamos que los bonos de calidad de duración media generen rentabilidades de un solo dígito medio este año". 

Los índices de bonos gubernamentales de alta calidad y duración media han arrojado resultados dispares en las últimas semanas, ya que los inversores equilibran las decisiones de los bancos centrales con la persistente preocupación por la inflación y la sostenibilidad de la deuda pública. Sin embargo, con una combinación de atractivos rendimientos iniciales y la posibilidad de que bajen ante la flexibilización de la Reserva Federal, "esperamos rentabilidades respetables gracias a una combinación de rendimiento y apreciación del capital". 

Los indicadores técnicos se mantienen sólidos a pesar de la emisión récord de bonos. Las ventas globales de bonos tuvieron su inicio de año más activo hasta la fecha, con corporaciones y gobiernos de EEUU, Europa y Asia habiendo obtenido préstamos por unos 245.000 millones$ en diversas divisas hasta el 7 de enero. En EEUU, las empresas con grado de inversión ('investment grade') han recaudado casi 90.000 millones en lo que va de semana, la mayor cantidad desde mayo de 2020. Sin embargo, aunque se espera una mayor emisión de bonos, los ajustados diferenciales de los bonos corporativos sugieren que el apetito de los inversores por el crédito se mantiene.

"Dados los estrechos diferenciales de crédito y la incertidumbre en torno a la deuda pública, creemos que es esencial un enfoque diversificado para la generación de rendimientos. Además de los bonos gubernamentales de alta calidad y los bonos corporativos con grado de inversión, los inversores que buscan ingresos pueden considerar deuda de alto rendimiento y de mercados emergentes para ayudar a mejorar su rendimiento. Asimismo, vemos valor en las estrategias de renta variable, las inversiones estructuradas generadoras de rendimiento y una exposición selectiva al crédito privado", insiste el análisis de UBS.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, señala: “Si bien unos tipos más bajos pueden hacer que las oportunidades de rentas sean cada vez más escasas, creemos que los bonos de calidad seguirán desempeñando un papel importante como fuente de rentabilidad y diversificación, junto con otras estrategias orientadas a mejorar los ingresos”.

Sobre la prohibición a los inversores institucionales de la compra de viviendas unifamiliares, en UBS señalan: "creemos que el impacto de los grandes inversores en la asequibilidad general de la vivienda está sobreestimado". Los datos muestran que las instituciones poseen solo una pequeña parte del mercado (el 0,5% de los aproximadamente 103 millones de viviendas unifamiliares y solo el 3,6% de las viviendas unifamiliares en alquiler). Los principales impulsores de la disminución de la asequibilidad siguen siendo el rápido crecimiento de los precios de la vivienda, el aumento de las tasas hipotecarias y la limitada construcción de viviendas nuevas. "A medida que continúa el debate antes de las elecciones, esperamos más propuestas políticas, pero no anticipamos cambios significativos a corto plazo en la estructura del mercado de alquiler de viviendas unifamiliares", añaden.

07Jan

Una onza de plata compra más de un barril de petróleo por primera vez desde 1975, destaca Pictet. Y UBP ve probable que el oro llegue a los 5.000$ la onza.

Miguel Ángel Valero

Comienza la nueva etapa de Venezuela bajo control de EEUU. Donald Trump, a través de su red social Truth, anuncia que "las Autoridades Provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad". Como la industria petrolera venezolana apenas produce un millón de barriles diarios, la cifra anunciada por el presidente de EEUU representa unos 50 días. 

“Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y yo, como Presidente de los EEUU, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de EEUU”, añade Trump. A los precios actuales del West Texas Intermediate (WTI), supone unos 2.800 millones$.

Sin inversiones que incrementen su capacidad de producción, Venezuela deberá reducir lo que vende a China, a Rusia, y a Cuba, entre otros, para satisfacer la demanda de Trump. Porque la parte que vende a EEUU a través de Chevron se supone intocable. La petrolera de EEUU lleva un siglo haciendo negocios en Venezuela y ya está aumentando significativamente su actividad allí.

La administración Trump ha comunicado a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que su gobierno debe asociarse exclusivamente con EEUU en la producción de petróleo y dar preferencia a este país en la venta de crudo pesado. También exige que reduzca sus vínculos con China, Rusia, Irán y Cuba, lo que tendría un impacto significativo en Pekín, principal destino de las exportaciones venezolanas desde que Washington impuso sanciones al sector petrolero en 2019. El crudo venezolano es particularmente idóneo para las refinerías chinas, que dependen de materias primas pesadas para procesos de conversión. A finales de 2025, más del 80% de las exportaciones venezolanas se dirigían a China, a menudo mediante intermediarios.

Además, Trump convocará, previsiblemente la semana que viene, una reunión con los responsables de Energía de su Administración para diseñar una estrategia que atraiga inversiones de empresas petroleras occidentales en Venezuela. El secretario de Energía, Chris Wright, a quien Trump ha ordenado que ejecute "de inmediato" el plan de envío a EEUU de los 50 millones de barriles de petróleo venezolano, será también el encargado de esa estrategia.

Pictet: efectos positivos para los metales preciosos

Por otra parte, ya llegan los primeros análisis de la situación creada por los ataques de EEUU a Venezuela. César Pérez, director global de inversiones en Pictet WM, estima efectos positivos para los metales preciosos -que ya en 2025 ha subido muy por encima de la renta variable-; aunque relativamente negativos para el precio del petróleo. 

2025 ha sido positivo para la renta variable, con el índice mundial MSCI All Countries habiendo subido el 22,9% en dólares. Peo se ha visto superado por los metales preciosos, favorecidos por los aranceles, las tensiones geopolíticas y las preocupaciones fiscales. Oro, plata y platino han subido el 65, 147 y 125% respectivamente en el año. Actualmente una onza de plata compra más de un barril de petróleo por primera vez desde 1975.

El caso es que el riesgo geopolítico ha aumentado con la situación en Venezuela y los metales preciosos, incluso tras su histórico repunte en 2025, son claros ganadores, pues los inversores los consideran una cobertura vital frente a la volatilidad y la incertidumbre económica.

En cuanto los mercados petroleros globales el impacto depende del grado de implicación de EEUU. Los precios pueden caer si se levantan las sanciones estadounidenses. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, casi el 17%, 304.000 millones de barriles, pero, debido a las sanciones, contribuye con menos del 1% a la producción global. Solo produce 0,96 millones de barriles/día, cuando en 1998 alcanzó casi tres millones/día. Si las compañías petroleras estadounidenses comienzan a reparar la infraestructura la producción petrolera de Venezuela puede aumentar en dos a cinco años. A largo plazo, puede ser positivo para las empresas con activos en el país o que fueron confiscados o alterados.

Unos menores precios del petróleo pueden reducir la rentabilidad de la deuda soberna, si bien el efecto puede ser de corto plazo. En cuanto a renta variable, al posible efecto positivo de una ligera menor rentabilidad a vencimiento de la deuda soberana se opone el aumento del riesgo geopolítico.

UBP: el oro puede llegar a los 5.000$ onza

 Peter Kinsella, jefe global de estrategia de divisas en UBP, destaca que tras los acontecimientos en Venezuela, los precios del oro subieron con fuerza, marcando nuevos máximos por encima de 4.430$ por onza. Se trata de un aumento notable, especialmente si se tiene en cuenta que la semana pasada los precios habían caído a niveles apenas superiores a 4.300. Este repunte es un claro recordatorio de que el oro sigue viéndose favorecido por un telón de fondo de tensiones geopolíticas, y que puede subir en cualquier momento —o cuando menos se espera. 

Algunos inversores podrían considerar que la situación en Venezuela es un hecho aislado, pero es poco probable que así sea. Existen otros regímenes donde las grandes potencias tienen intereses enfrentados (como Cuba e Irán, por ejemplo), lo que implica que el oro seguirá ofreciendo una cobertura excepcional frente a las tensiones geopolíticas actuales y futuras. 

El principal evento para el oro esta semana vendrá desde el lado macroeconómico de EEUU. La publicación de los datos del mercado laboral será crucial, con varias referencias clave: JOLTS, ADP y las nóminas no agrícolas (NFP). El informe JOLTS puede arrojar luz sobre las perspectivas de contratación, en particular sobre las intenciones de las empresas a la hora de contratar. Una caída en la tasa de renuncias (quit rate) sería favorable para el oro, ya que indicaría que los trabajadores estadounidenses están perdiendo confianza y optan por permanecer en sus empleos en lugar de cambiar. 

Cualquier desaceleración en los salarios medios por hora reflejados en el informe NFP también beneficiaría al oro, pues podría empujar a la Reserva Federal a adoptar una postura más acomodaticia a corto plazo. 

La principal advertencia a nuestra visión constructiva sobre el oro se encuentra en su perfil de volatilidad. Las volatilidades implícitas a un mes cotizan actualmente en torno al 21%, un nivel extremadamente elevado tanto en términos absolutos como relativos. En los últimos meses, el oro ha tendido a corregir cuando la volatilidad supera el 20%, ya que los asesores de trading de materias primas (CTA) aprovechan los picos de volatilidad para reducir exposición al contado. 

Tanto el precio al contado como la volatilidad se encuentran en niveles altos, y resulta interesante que la previsión de los analistas para el 4º trimestre de 2026 se sitúe en 4.600$ por onza, "exactamente igual que nuestra propia estimación. Creemos que existen riesgos alcistas más allá de ese nivel, con potencial para alcanzar los 5.000$ por onza", avisa.

Natixis: un rápido repunte de la producción de petróleo es poco realista

El equipo de análisis de Natixis CIB ha realizado el seminario virtual ‘Venezuela, ¿qué vendrá después?’, con Benito Berber, economista jefe para América; Bernard Dahdah, analista de metales y minería; Joel Hancock, analista de energía; y Christopher Hodge, economista jefe para Estados Unidos. Subrayan que, a pesar de poseer las mayores reservas de crudo del mundo, Venezuela está produciendo actualmente muy por debajo de sus máximos históricos. Por eso, las expectativas a corto plazo de un rápido repunte de la producción son poco realistas. Por el contrario, las sanciones, las restricciones logísticas, los límites de almacenamiento y la incertidumbre política apuntan a un mayor riesgo de perturbaciones a corto plazo.

En lo referente a metales y minería, destacaron: “Venezuela cuenta con importantes recursos minerales, entre los que se incluyen mineral de hierro, bauxita, níquel, oro, cobre, zinc y elementos de tierras raras. Sin embargo, es fundamental distinguir entre recursos geológicos y reservas comercialmente viables. La actividad actual está dominada por operaciones artesanales, muchas de ellas asociadas a grupos vinculados al régimen, con una producción de oro estimada entre 50 y 70 toneladas anuales”. 

Una expansión significativa en el sector de los minerales estratégicos requeriría inversiones a gran escala en minería y refinación,  acceso a financiación, un marco jurídico y judicial predecible e infraestructuras de transporte, energía y puertos.

División sobre Groenlandia

En relación con el deseo de Trump por anexionar Groenlandia, existen discrepancias en el seno de su propia Administración respecto a la estrategia a seguir. El secretario de Estado, Marco Rubio, resta importancia a la posibilidad de una acción militar y asegura que el objetivo es comprar la isla a Dinamarca. Por el contrario, la portavoz de la Casa Blanca afirma que el uso de la fuerza militar sigue siendo una opción y subraya que adquirir Groenlandia constituye una prioridad de seguridad nacional. 

Mientras tanto, los líderes europeos emitieron una declaración conjunta advirtiendo que EEUU debe respetar la integridad territorial de Groenlandia y de Dinamarca y recuerda que la región está bajo el paraguas de defensa colectiva de la OTAN.