01 Jul
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Miguel Ángel Valero

Los datos son tozudos. El verano de 2022, el más cálido registrado en Europa hasta ahora, provocó más de 60.000 muertes asociadas al calor. La ola de calor que sufrió Europa en 2003 causó más de 30.000 muertes, sobre todo en Francia, Italia y España. En el verano de 2024, fueron más de 62.000 muertes en Europa. "El aumento del estrés térmico tiene efectos directos y medibles sobre la mortalidad, especialmente en personas mayores, pacientes crónicos y colectivos vulnerables, y se traduce en un incremento sostenido de la demanda sanitaria", avisa Fernando Campos, consejero delegado de Ergo DKV en España, en el informe "Calor extremo, salud en riesgo”, elaborado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por Fundación "la Caixa", y presentado en el Auditorio de la Cámara de Comercio Alemana (AHK) en el marco del Observatorio DKV de Salud y Medioambiente.

Una ola de calor se define como un episodio de temperaturas anormalmente elevadas, tanto diurnas como nocturnas y persistentes en el tiempo en relación con los valores habituales de un territorio concreto. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) define una ola de calor como un episodio de al menos tres días consecutivos en el que, como mínimo, el 10% de las estaciones meteorológicas de referencia registran temperaturas máximas diarias superiores al percentil 95 de su serie histórica de temperaturas máximas de los meses de julio y agosto, tomando como periodo de referencia del 1971 al 2000.

Las proyecciones son preocupantes. Para 2030 se espera un aumento de hasta 3 grados, con entre 20 y 30 noches "tropicales" (más bien 'toledanas') adicionales. Para 2050, hasta 5 grados y entre 30 y 40 noches cálidas adicionales.

Trastornos de salud mental y más presión hospitalaria

Y es que cada grado de aumento de temperatura ambiental se traduce en incremento del 18% en la morbilidad y un 35% de mortalidad directamente relacionada con el calor, elevándose la morbilidad al 25% en mayores de 65 años. En el ámbito cardiovascular, ese mismo aumento de 1ºC se relaciona con un 2,1% más de mortalidad, y hasta un 17% más durante olas de calor extremas.49 El riesgo es aún mayor en entornos urbanos, donde la contaminación por partículas en suspensión y el efecto isla de calor amplifican el impacto.

El aumento de las temperaturas también se asocia con un incremento significativo de trastornos de salud mental. Las temperaturas elevadas aumentan el riesgo de diagnóstico de ansiedad (43%) y depresión (26%), así como la prescripción de psicofármacos y las bajas laborales. En Europa cada aumento de 1ºC en la temperatura incrementa la incidencia de suicidio entre 1,5 y 1,7%, y las hospitalizaciones por trastornos mentales hasta un 9,7% durante olas de calor, sobre todo en personas con trastornos mentales previos, adolescentes, mujeres y ancianos. Las alteraciones del sueño producidas por el calor ambiental y el aumento del estrés fisiológico y social pueden desencadenar una exacerbación de los síntomas psicológicos y psiquiátricos.

La probabilidad de hospitalización general durante el periodo estival aumenta aproximadamente un 13,5% en asociación con temperaturas extremas. En población pediátrica se han observado incrementos de hasta un 25,4% en visitas por procesos febriles durante alertas por calor. En la ola de calor de 2022 en Francia, las visitas a urgencias por patologías térmicas se duplicaron y las consultas en atención primaria se triplicaron; en Portugal, los ingresos hospitalarios diarios aumentaron un 18,9%. El conjunto de estos factores puede comprometer los tiempos de respuesta, los circuitos de atención y la capacidad de priorización clínica, especialmente cuando los episodios de calor son prolongados o coinciden con otros factores estresores del sistema.

El coste invisible de la menor productividad

Las personas que trabajan un único turno bajo estrés térmico tienen un riesgo cuatro veces superior de sufrir tensión térmica que quienes trabajan en condiciones de temperatura neutral, con un aumento de 0,7ºC en la temperatura corporal central y un incremento del 14,5% en la concentración de la orina. Al final de una jornada bajo estrés térmico, hasta un 30% de los trabajadores reportan pérdidas de productividad, y hasta un 15% de aquellos habitualmente expuestos presentan enfermedad renal aguda.123 Las pérdidas de productividad estimadas a nivel mundial con las temperaturas actuales son del 10%, cifra que podría aumentar al 30-40% para finales de siglo en el peor escenario. Las proyecciones para 2030 estiman una pérdida de 2,4 billones$.

En España, las pérdidas anuales relacionadas con lesiones por calor se estiman en 320 millones€ (0,03% del PIB) y la pérdida de 580.000 días de trabajo al año. Según las predicciones, la pérdida del PIB podría alcanzar el 2% en 2040 y el 3% en 2060 sin medidas de adaptación, afectando especialmente a la agricultura, la industria alimentaria y el turismo.

En el contexto europeo, se proyecta que los daños anuales asociados a eventos climáticos extremos en el sector energético podrían aumentar de aproximadamente 500 millones de euros actuales a 8.200 millones en la década de 2080. La eficiencia de las plantas térmicas disminuye entre un 0,12% y un 0,7% por cada grado de aumento en la temperatura del agua de refrigeración.

El sur de España y ciudades como Sevilla, Granada, Córdoba y Murcia sufrirán el mayor riesgo de escasez de agua en toda Europa. La estacionalidad del turismo puede duplicar o triplicar el consumo de agua en verano, coincidiendo con los periodos de mayor estrés hídrico. A escala europea, bajo escenarios de calentamiento de 3 ºC, se proyectan reducciones sustanciales de caudal en los ríos del sur de Europa durante el verano, incrementando la vulnerabilidad estructural de los sistemas de abastecimiento urbano y agrícola.

Principal riesgo climático para la salud en España

Es evidente que el calor extremo ha dejado de ser una emergencia puntual para convertirse en una amenaza estructural para la salud pública en España, advierte el informe del Observatorio DKV de Salud y Medioambiente, creado en 2008. El estrés térmico es ya el principal riesgo climático para la salud en España. Esta nueva realidad climática está poniendo al límite a los hospitales españoles, asociándose con incrementos de hasta el 42,8% en las urgencias médicas. Además, el informe subraya una profunda brecha de desigualdad: el código postal y el nivel de renta condicionan drásticamente el riesgo de enfermar o morir por calor, siendo las personas mayores, las mujeres que viven solas y los ciudadanos de barrios vulnerables los más afectados.

Fernando Campos insiste: “Los episodios de calor extremo han dejado de ser excepcionales: hoy condicionan la planificación sanitaria, la gestión de recursos y la calidad asistencial. Ignorarlo no es una opción responsable, ni desde el punto de vista social ni desde una lógica de gestión eficiente de los sistemas de salud”.

Por su parte, la doctora Elizabeth Diago Navarro, investigadora de ISGlobal, avisa que muchas muertes por calor no son directas, sino que agravan enfermedades previas: "esto hace el problema invisible". Un hecho que evoca lo que sucedió en la pandemia, cuando algunas autonomías no registraban las muertes por coronavirus para 'maquillar' las estadísticas, ya que alegaban que se debían a dolencias anteriores. Y subraya que los planes de prevención activos han evitado un 25,2% de muertes en Europa por el calor.

También avisa que la soledad no deseada no es solo un  problema social, sino un factor de riesgo térmico, ya que supone una menor protección de la persona ante el calor extremo.

Silvia Agulló, directora de Sostenibilidad y Riesgos de Reputación de Ergo DKV, considera que “es necesario desplegar mecanismos que nos sirvan para anticipar problemas graves para la salud derivados de este fenómeno adverso”. El doctor Martín Reyes, jefe del Departamento de Cardiología de Quirónsalud, reconoce que “cada vez atendemos a más pacientes vulnerables, como son las personas mayores, para ajustarles la medicación frente a las olas de calor, ya que se les descompensa debido a los crecientes riesgos que suponen para la salud”. Víctor Segura, de la Unidad de Emergencias de Cruz Roja Española, señala: “estamos avanzando hacia una cultura de preparación, pero lo hacemos a base de impactos negativos, como las recientes inundaciones. Actualmente apostamos por la asistencia comunitaria para que, en un caso de necesidad extrema, los vecinos y personas cercanas a una persona en situación de riesgo pueda ser atendida. También apostamos por formaciones y planes de emergencia domésticos y comunitarios".

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