Miguel Ángel Valero
Es indiscutible que la decisión de la Presidenta japonesa, Sanae Takaichi, de disolver la Cámara Baja (parlamento) y convocar elecciones generales anticipadas ha resultado un éxito tanto para ella, como para su partido, con una victoria rotunda del Partido Liberal Democrático (LDP), asegurando 316 de los 465 escaños (68%) y superando por primera vez la barrera de 2/3. Además, junto a su socio de coalición suman el 76% de los escaños. Como resultado, incluso si la Cámara Alta —donde la coalición carece de mayoría— rechazara alguna propuesta, el bloque gobernante en la Cámara Baja podría por sí solo aprobar los proyectos de ley mediante una segunda votación.
En la sesión del viernes 6 de febrero, antes de los comicios, los inversores ya anticipaban una victoria del LDP: el Nikkei subía un 5% y el Topix lo hacía en 1,3%. Y al confirmarse la victoria, ambos índices continuaron el movimiento alcista para seguir cotizando en zona de máximos históricos. Respecto a los mercados de divisas y de bonos, ambos se mantuvieron estables -en contra de lo que esperaba parte del mercado-. El USD/JPY se mantuvo inicialmente en un estrecho rango de 156-157, aunque luego inició un descenso hacia el soporte de 152. Por su parte, la rentabilidad de los bonos a 10 años apenas se movió, manteniéndose en torno al 2,2%. En este sentido, tanto los mercados de divisas como los de bonos parecen reflejar la opinión de que la estabilidad política conducirá a un mayor crecimiento y una mayor disciplina fiscal, subraya un informe de Ibercaja Gestión.
En cuanto a las expectativas de tipos de interés, es probable que la primera subida del año ocurra en junio (del 0,75% actual al 1%); para entonces el Banco de Japón dispondrá de la mayoría de los indicadores económicos correspondientes al periodo enero-marzo tras la subida de tipos de diciembre, y los resultados de las negociaciones salariales para el año fiscal (de abril 2026 a marzo 2027). Aunque la inflación general a corto plazo podría mantenerse por debajo del 2%, es de esperar que el Banco de Japón proceda con la subida de tipos, dada su mayor atención a la inflación subyacente, la cual todavía se encuentra alejada del objetivo.
La hoja de ruta de la administración Takaichi
La administración Takaichi encara un semestre decisivo centrado en la transición hacia una nueva hoja de ruta económica. Debido a la dificultad de aprobar el presupuesto de 2026 antes de abril, se prevé el uso de uno provisional hasta que la “Política Básica 2026” de junio defina las prioridades para 2027. Este plan marcará un giro estratégico: el enfoque se desplazará del superávit primario anual hacia una reducción gradual de la ratio deuda/PIB, cambio que podría generar volatilidad en el mercado de bonos.
Además, el Gobierno evalúa reducir temporalmente el IVA en alimentos al 0%; sin embargo, la incertidumbre sobre la capacidad política para revertir esta rebaja impositiva en el futuro mantiene en alerta a los inversores. Si dudan de esa reversión, los mercados de bonos y divisas podrían reaccionar de forma adversa.
¿Cuáles son los pilares centrales de las políticas de Takaichi?
El movimiento al alza de la rentabilidad de los bonos japoneses a 10 años desde mediados de 2025 refleja que los mercados ya se mostraban escépticos ante la postura fiscal de Takaichi. Esto, a su vez, ejerció una presión a la baja sobre el yen y una presión al alza sobre los tipos de interés. ¿La razón? Los rendimientos a largo plazo pueden descomponerse en la trayectoria prevista de los tipos a corto plazo y en la prima por plazo. En este sentido, el aumento de la incertidumbre sobre la política fiscal y la inflación tiende a impulsar al alza la prima por plazo. En Japón, los principales factores que han propiciado este movimiento han sido el aumento del riesgo del deterioro fiscal impulsado por la postura expansiva/proactiva de Takaichi, el mayor riesgo de inflación asociado a un yen más débil, y la expectativa de subidas de tipos para frenar la debilidad del yen.
El éxito de la política fiscal de la primera ministra Takaichi depende de su capacidad para transformar el gasto público en inversión privada real que eleve el crecimiento potencial sin generar una inflación excesiva, un reto complejo dada la escasez de mano de obra en Japón. Aunque el LDP promete un "círculo virtuoso" de crecimiento y sostenibilidad fiscal, el mercado mantiene sus dudas ante la falta de presupuestos concretos y una hoja de ruta clara para reducir la ratio deuda pública/PIB, lo que sugiere que, sin una respuesta sólida de las empresas, las medidas podrían derivar en un simple aumento de precios en lugar de una mejora estructural de la economía.
En definitiva, la viabilidad de la política fiscal de Takaichi radicará en su capacidad para proyectar una imagen de responsabilidad que calme a los mercados; de lo contrario, la falta de credibilidad fiscal dispararía las rentabilidades de los bonos y debilitaría el yen, haciendo insostenible su expansión económica.
El gobierno se enfrenta al dilema de ejecutar medidas populares (la reducción del impuesto sobre el consumo) sin perder el control de la deuda, ya que cualquier desconfianza de los inversores obligaría a la administración a rectificar sus planes para evitar una crisis de sostenibilidad financiera.
Los fundamentos de la renta variable japonesa mantienen su solidez tras un año excepcional, con el Nikkei y el Topix registrando avances superiores al 40% (interanual). En términos de valoración, el Topix ofrece una oportunidad atractiva frente al mercado estadounidense y se sitúa más en línea con los múltiplos europeos. No obstante, su ratio PER ya cotiza ligeramente por encima de su promedio histórico de las últimas dos décadas (~14,4x). Por su parte, las perspectivas de crecimiento de beneficios son buenas y es la geografía que ha experimentado mayores revisiones al alza frente a las estimaciones a inicio de 2026.
The Trader: Takaichi cree que el Estado debe gestionarse como una empresa
Japón ya tiene nueva primera ministra. Sanae Takaichi ha ganado las elecciones con una mayoría histórica y consolida un giro político que rompe con décadas de cautela fiscal, bajo perfil geopolítico y dependencia casi exclusiva del banco central. Su victoria no es solo un cambio de liderazgo. Es un cambio de rumbo… y esta vez con un mandato incontestable. Takaichi se ha convertido en la líder más fuerte de Japón en años, le da capacidad para legislar sin bloqueos y reabre incluso debates sensibles como la reforma constitucional. El mensaje de las urnas es claro: más Estado, más estrategia y menos piloto automático.
Takaichi no viene de una dinastía política ni del aparato burocrático tradicional. Se formó en la escuela de Konosuke Matsushita, donde interiorizó una idea muy clara: el Estado debe gestionarse como una empresa. No basta con recortar costes. Hay que invertir, crecer y hacerlo con disciplina. Esa lógica explica su apuesta por una política fiscal más activa, pero ahora con un matiz importante: insiste públicamente en que debe ser sostenible.
Desde su llegada al poder ha acelerado el gasto en defensa, ha vinculado abiertamente la seguridad de Taiwán con la de Japón y ha endurecido el tono frente a China. Ha reforzado la alianza con EEUU y ha colocado al Estado en el centro de la estrategia industrial: inteligencia artificial, semiconductores, energía, infraestructuras y seguridad económica. No es casualidad que, tras las elecciones, la Bolsa japonesa haya reaccionado con fuerza. El Topix marcó máximos históricos y acumula subidas muy superiores a las de los índices globales. Los inversores han comprado Japón con claridad, especialmente en sectores alineados con su agenda: defensa, nuclear, militar, IA y semiconductores. El llamado “Takaichi trade” se ha activado sin complejos.
Pero el otro lado del mercado cuenta una historia distinta. El yen se ha debilitado hasta la zona de 157 por dólar, acercándose de nuevo a niveles que en el pasado forzaron intervenciones oficiales por parte del Banco de Japón. Y el mercado de bonos sigue bajo presión. Japón arrastra una deuda cercana al 230% del PIB y cualquier combinación de más gasto o bajadas de impuestos tensiona inmediatamente el coste de financiación, especialmente en los vencimientos más largos.
La comparación con Liz Truss ha sobrevolado el debate. Truss fue primera ministra del Reino Unido durante apenas 44 días en 2022, tras anunciar un fuerte plan de bajadas de impuestos sin una financiación creíble. El resultado fue inmediato: desplome de los bonos británicos, disparo del coste de financiación del Estado, intervención de emergencia del Banco de Inglaterra y su dimisión forzada. Ese precedente es el que los mercados no quieren volver a ver. Takaichi parece haber tomado nota.Tras la victoria, ha reiterado que la política fiscal debe ser sostenible y ha enfriado el discurso más agresivo sobre estímulos. Incluso la controvertida propuesta de suspender temporalmente el impuesto al consumo en alimentos se plantea ahora sin emitir nueva deuda y con un horizonte limitado de dos años. El mensaje es evidente: “va a escuchar al mercado”.
El Banco de Japón será el otro gran frente. Takaichi sigue siendo crítica con endurecer demasiado pronto la política monetaria mientras la economía no consolide su salida definitiva de la deflación. Sin embargo, los inversores ya descuentan subidas de tipos este mismo año y el propio yen débil añade presión inflacionista. El equilibrio será delicado: estimular sin desanclar expectativas, crecer sin castigar la moneda y sin disparar aún más el coste de financiación del Estado.
Ideológicamente, su referente es claro. Admira a Margaret Thatcher por su liderazgo político y su énfasis en la igualdad de oportunidades, y en clave japonesa su figura espejo es Shinzo Abe, su mentor. Defensa fuerte, política industrial activa, autonomía estratégica y un Japón menos acomplejado en el escenario internacional. Su estilo directo, poco ritualista y casi presidencial conecta especialmente bien con los jóvenes. Esa fortaleza es también un riesgo. Gobernar con tanto poder facilita decisiones rápidas, pero eleva el coste de cualquier error. Con una oposición debilitada, el verdadero contrapoder será el mercado.
Japón entra en una nueva fase. Más política, más Estado, más geopolítica y menos inercia. Takaichi ha ganado prometiendo un Japón respetado, firme y autosuficiente. Ahora empieza la parte difícil: demostrar que ese giro no choca contra el muro de la deuda, el yen y la credibilidad fiscal.
A partir de ahora, el veredicto real no lo darán las urnas, sino los movimientos que se produzcan en los activos financieros japoneses. La credibilidad de las políticas de Sanae Takaichi se medirá en dos termómetros clave: el yen y el coste de financiación de la deuda a medio y largo plazo.
"Si los inversores perciben coherencia entre ambición política, disciplina fiscal y crecimiento sostenible, la moneda se estabilizará y el coste de financiación se contendrá. Si no, serán precisamente el yen y el mercado de deuda quienes pongan límites a su agenda. Japón entra en una nueva etapa, pero, como siempre, el mercado tendrá la última palabra", avisa en The Trader el analista Pablo Gil.