Miguel Ángel Valero
Binance publica una prueba de reservas verificable (muestra lo que la plataforma guarda frente a lo que debe a sus clientes, que cada criptoactivo que el usuario ve en su cuenta existe de verdad en su monedero electrónico). Es su respuesta, la más inteligente, después de sufrir el mayor hackeo al ecosistema cripto conocido hasta ahora. Y parece que ha frenado las retiradas de fondos. Del pico inicial de 7.000 millones$ de salidas diarias se ha bajado a 3.290 millones. Binance conserva unos 127,780 millones en sus monederos.
El mayor exchange cripto del mundo intenta recuperar la confianza tras un robo de más de 6.000 millones$ atribuido a hackers norcoreanos. Ya ha repuesto con dinero propio el 95% de lo robado. Su prueba de conocimiento cero (consiste en demostrar que el dinero existe sin necesidad de enseñar los datos; la red sabe que el usuario tiene un saldo, pero no cuánto ni de dónde viene) cubre diez monedas, como bitcoin, ether, USDT y BNB (el criptoactivo del ecosistema BNB Chain y el token de utilidad asociado a Binance: se utiliza para pagar comisiones, realizar staking para contribuir a la seguridad de la cadena, participar en la gobernanza y obtener determinados beneficios en las comisiones por operaciones en la plataforma), respaldadas una a una.
El mundo de los criptoactivos acaba de sufrir uno de los mayores golpes de su historia. Binance, la mayor plataforma de compraventa de activos digitales del planeta, con unos 335 millones de usuarios, ha sido víctima de un ciberataque que ha comprometido aproximadamente 6.300 millones$. Para ponerlo en perspectiva, el ataque sufrido por Bybit en febrero de 2025 ascendió a unos 1.500 millones, cuatro veces menos.
Pero lo preocupante no es solamente la cantidad robada, sino lo que este episodio revela sobre la seguridad de un mercado en el que millones de personas mantienen parte de su patrimonio.
El ataque, ocurrido el jueves 29 de octubre, obligó a Binance a suspender temporalmente las retiradas de fondos. El domingo 1 de noviembre comenzó a reactivarlas progresivamente, empezando por Bitcoin. Además, asegura haber repuesto aproximadamente el 95% de los activos afectados, aunque eso no significa que haya recuperado ese porcentaje del dinero robado.
La empresa se ha comprometido a asumir las pérdidas para proteger a sus clientes. Sin embargo, el verdadero examen llegará cuando las retiradas vuelvan a funcionar con normalidad y los usuarios decidan si mantienen su dinero en la plataforma.
Hay otro elemento especialmente inquietante. El FBI ha atribuido el ataque a TraderTraitor, un grupo de piratas informáticos vinculado a Corea del Norte. No sería la primera vez que organizaciones relacionadas con el régimen norcoreano utilizan los ciberataques para obtener recursos financieros y tratar de eludir las sanciones internacionales. Y esto introduce una dimensión geopolítica importante. Ya no hablamos solamente de delincuentes informáticos, sino de organizaciones que pueden disponer de enormes recursos técnicos y económicos para atacar infraestructuras financieras.
Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿puede volver a ocurrir? "La respuesta es que sí. Las plataformas de criptoactivos concentran cantidades extraordinarias de dinero y operan en un entorno digital que las convierte en objetivos especialmente atractivos. Además, los atacantes no necesitan vulnerar directamente la tecnología de Bitcoin o Ethereum. Basta con encontrar una debilidad en los sistemas informáticos de las empresas que custodian los activos, en los mecanismos que autorizan las transacciones o incluso en los equipos de sus empleados", explica el analista Pablo Gil en The Trader.
De hecho, las primeras investigaciones sobre Binance apuntan a posibles fallos en la infraestructura utilizada para gestionar y autorizar movimientos de fondos. La compañía asegura que no ha encontrado pruebas de que las claves privadas de sus monederos hayan quedado expuestas.
Pero esta distinción es fundamental. Una cosa es la seguridad de la tecnología blockchain y otra muy distinta la seguridad de las empresas que operan sobre ella. Y existe una cuestión todavía más relevante para los inversores. Cuando se habla de criptoactivos, normalmente pensamos en su volatilidad. Sabemos que Bitcoin puede experimentar fuertes correcciones y que su precio depende de factores como la liquidez, los tipos de interés o la confianza del mercado. Sin embargo, hay otro riesgo que muchas veces pasa desapercibido: que nuestros activos desaparezcan, queden bloqueados o no podamos recuperarlos cuando los necesitemos. Es lo que conocemos como riesgo de contraparte. Cuando mantenemos criptoactivos en una plataforma de custodia, dependemos de que esa empresa sea capaz de protegerlas y devolverlas cuando solicitemos una retirada.
El problema de un ataque informático de gran dimensión es que puede desencadenar algo todavía más peligroso: una crisis de confianza. Si miles de clientes intentan retirar simultáneamente sus fondos y la plataforma no consigue responder, un problema inicial de seguridad puede terminar convirtiéndose en una crisis de liquidez. Precisamente por eso, la reacción de los usuarios de Binance durante los próximos días será tan importante como la recuperación de los activos robados.
Existen alternativas para reducir este riesgo, como las llamadas “wallets frías” de autocustodia. Los criptoactivos no se almacenan físicamente en estos dispositivos, sino que permanecen registradas en la blockchain. Lo que protege la “wallet”, o monedero, son las claves privadas que permiten disponer de ellas. Por tanto, si el usuario ha retirado sus bitcoins de Binance y los controla mediante su propia wallet fría, un ataque contra la plataforma no compromete directamente sus fondos, aunque los delincuentes hayan conseguido manipular sus sistemas de seguridad sin robar las claves privadas. Eso sí, la autocustodia también implica asumir una responsabilidad: si el usuario pierde sus claves de recuperación o alguien consigue acceder a ellas, puede perder definitivamente sus criptoactivos.
Por tanto, no existe una solución completamente segura. Lo importante es comprender qué riesgos asumimos y quién tiene la responsabilidad de proteger nuestro patrimonio.
Todo esto sucede, además, en un momento en el que los criptoactivos están ganando aceptación entre los grandes inversores institucionales. La llegada de los ETF de Bitcoin y de otros criptoactivos, la participación de grandes gestoras y el desarrollo de nuevas regulaciones han contribuido a transmitir una imagen de mayor madurez. Sin embargo, la entrada de inversores institucionales no elimina automáticamente los riesgos tecnológicos y operativos. Y cuanto mayor sea la cantidad de dinero concentrada en determinadas plataformas, mayor será también el incentivo para atacarlas.
El robo de 6.300 millones$ a Binance vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: invertir en criptoactovos implica asumir riesgos que van mucho más allá de las oscilaciones de sus precios. La volatilidad es algo que podemos medir, analizar y decidir asumir. Pero la vulnerabilidad de los sistemas que custodian nuestro dinero es mucho más difícil de evaluar y, en ocasiones, sus consecuencias pueden ser irreversibles.
Éste es "uno de los grandes desafíos que todavía debe superar el sector. Porque una cosa es aceptar que Bitcoin pueda perder un 30% o un 50% de su valor como consecuencia de los movimientos del mercado. Y otra muy distinta es descubrir que, incluso habiendo acertado con nuestra inversión, podemos perder el acceso a nuestro patrimonio por un fallo de seguridad de la empresa que lo custodia", subraya Pablo Gil.
De ahí que Binance se haya apresurado a garantizar que las pérdidas provocadas por este ataque no recaerán sobre sus clientes. Un compromiso tremendamente relevante, porque lo que está en juego no es solamente la reputación de la mayor plataforma de criptoactivos del mundo, sino la confianza de millones de inversores en todo el sector. Porque esa confianza, si llegase a perderse, puede resultar mucho más difícil de recuperar que los propios fondos robados.
El precedente de Liquid Network
Pablo Gil se remonta a un robo de 320 millones para recordar que "tener bitcoin no siempre significa tener Bitcoin". Cuando lees que unos hackers han conseguido retirar 320 millones$ en bitcoin, la reacción inmediata es bastante previsible: otra vez han hackeado Bitcoin. Pero no.Y precisamente ahí está lo interesante de esta historia. Liquid Network detectó que aproximadamente 4.000 bitcoins habían salido de la cartera de su federación y suspendió temporalmente su actividad mientras investigaba lo sucedido. Pero la red Bitcoin no había sido hackeada.
Liquid es una sidechain, una infraestructura construida alrededor de Bitcoin que permite mover activos de forma más rápida y con funcionalidades adicionales. Para utilizar bitcoin dentro de Liquid se emplea L-BTC, un activo respaldado, en teoría, uno a uno, por bitcoin reales. Y ahí apareció el problema. Según la información disponible, una vulnerabilidad en el software sobre el que funciona Liquid permitió generar L-BTC que no estaban correctamente respaldados y posteriormente convertirlos en bitcoin reales. Nadie había roto la criptografía de Bitcoin. El fallo estaba en una capa construida encima.
"Y esta distinción me parece mucho más importante que los 320 millones$ de la noticia. Porque tendemos a meter todo lo relacionado con los activos digitales dentro de una misma palabra: cripto. Y no es lo mismo", explica este experto.
Una cosa es el activo que compra un inversor. Otra, el protocolo que permite que exista. Otra, la infraestructura que utilizas para moverlo. Otra, quién custodia las claves. Y otra completamente distinta, la contraparte a la que confías tu dinero. Cada vez que añadimos una de esas capas, añadimos también un nuevo riesgo. Puedes tener un protocolo extraordinariamente seguro y perder tu dinero porque quiebra el exchange donde lo guardabas. Puedes utilizar una plataforma aparentemente sólida y descubrir una vulnerabilidad en alguno de sus componentes. O puedes tener una representación de bitcoin dentro de otra red pensando que el riesgo es exactamente el mismo que mantener BTC directamente en Bitcoin. No lo es.
En este caso, quienes retiraron los fondos se identificaron como hackers 'éticos' y devolvieron posteriormente gran parte de los bitcoin después de que se corrigiera la vulnerabilidad.
La lección es evidente: Cuando invertimos dedicamos muchísimo tiempo a preguntarnos qué activo comprar y bastante menos a preguntarnos cómo lo tenemos. Y en el mundo cripto esa segunda pregunta puede ser incluso más importante que la primera. Bitcoin puede seguir funcionando exactamente como fue diseñado y, sin embargo, el inversor perder tus bitcoin. Por eso, cuando alguien dice que "Bitcoin ha sido hackeado", conviene hacerse una pregunta antes de sacar conclusiones: ¿Han hackeado Bitcoin… o han hackeado la confianza que había alrededor de Bitcoin? Para un inversor, la diferencia es enorme.
Refuerzo del control de las stablecoin en la revisión de MiCA
Todo esto se produce precisamente cuando la regulación europea de las stablecoins vuelve a estar en el centro del debate tras las últimas recomendaciones de las autoridades supervisoras. El 24 de septiembre, la Autoridad Bancaria Europea (EBA) presentó ante la Comisión Europea sus prioridades para la revisión del Reglamento sobre los Mercados de Criptoactivos (MiCA). Aunque considera que los requisitos actuales aplicables a los emisores de tokens referenciados a activos y de dinero electrónico son, en términos generales, adecuados, la EBA recomendó reforzar el marco aplicable a los esquemas de stablecoins con múltiples emisores de terceros países y revisar los requisitos de reservas, especialmente el importe mínimo que debe mantenerse en depósitos bancarios.
Por su parte, la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) presentó el 30 de septiembre una serie de propuestas destinadas a mejorar la claridad y la supervisión del reglamento. Posteriormente, el 8 de octubre, ESMA publicó un dictamen en el que estableció su expectativa de que los proveedores de servicios de criptoactivos autorizados en la Unión Europea dejen de ofrecer servicios relacionados con stablecoins que no cumplan los requisitos de MiCA.
Estos acontecimientos marcan una nueva etapa en la supervisión regulatoria del sector, en la que cuestiones como el respaldo de los activos, la liquidez y los mecanismos de reembolso están adquiriendo cada vez mayor relevancia. Aunque las recomendaciones para revisar el reglamento todavía están sujetas a la evaluación de la Comisión Europea, las actuaciones de los organismos supervisores ya están marcando el rumbo para los participantes del mercado.
Uno de los aspectos clave de este debate es la capacidad de los emisores para mantener reservas adecuadas y garantizar el reembolso de los tokens de acuerdo con las condiciones establecidas por la normativa. En el caso de las stablecoins vinculadas a monedas oficiales, como el euro o el dólar, la confianza no depende únicamente de mantener su valor respecto a la moneda de referencia, sino también de la calidad de los activos que respaldan su emisión y de la disponibilidad de liquidez suficiente para atender las solicitudes de reembolso.
Este contexto regulatorio coincide con una transformación de los pagos internacionales, en la que las stablecoins están generando nuevas oportunidades y desafíos para las transacciones empresariales. Su utilización en operaciones transfronterizas ha situado en primer plano cuestiones como la gestión de la liquidez, los tiempos de liquidación, la conversión de divisas y la integración con los sistemas financieros tradicionales.
Para las empresas que operan en distintos mercados, estos factores son especialmente relevantes a la hora de evaluar nuevas infraestructuras de pago. Sin embargo, su adopción también requiere tener en cuenta aspectos como la trazabilidad de las transacciones, los controles de prevención del blanqueo de capitales y la seguridad jurídica de los instrumentos utilizados. En este contexto, los requisitos de reservas y las garantías de reembolso también están adquiriendo un papel central en el debate sobre las stablecoins.
James Bennett, CEO de Stable Mint, señala: "Los supervisores están planteando ahora qué proporción de las reservas de un emisor debe mantenerse en depósitos bancarios. Independientemente de cómo se configuren los requisitos sobre las reservas, el criterio fundamental debe ser que el derecho del titular a recuperar el valor nominal de sus tokens, en cualquier momento, esté plenamente protegido".
En este contexto, el desarrollo de las stablecoins dependerá tanto de los avances tecnológicos como de la capacidad del sector para operar bajo estándares regulatorios claros y ofrecer garantías a empresas y usuarios. La revisión de MiCA será clave para determinar las condiciones en las que estos activos digitales podrán ampliar su papel dentro del sistema financiero europeo.
Stable Mint Ltd. es una plataforma de pagos europea que facilita el movimiento transfronterizo de fondos para empresas, integrando canales de dinero fiduciario regulados con sus propias stablecoins en un único flujo operativo. Las empresas pueden realizar cobros en mercados locales a través de la red de socios de Stable Mint, transferir dicho valor mediante EURSM y USDSM —las stablecoins vinculadas al euro y al dólar, respectivamente,. emitidas por la propia compañía—, y mantener o gestionar estos fondos en cuentas denominadas en euros y dólares bajo la licencia de Stable Mint, contando cada una con su propio IBAN virtual. La plataforma permite gestionar el cambio de divisas y realizar pagos a proveedores, contrapartes y otras entidades del mismo grupo. La liquidación mediante stablecoins se efectúa en cuestión de segundos, las 24 horas del día.
Stable Mint Ltd. posee una licencia de Entidad de Dinero Electrónico (concedida por la Autoridad de Servicios Financieros de Malta) y cuenta con autorización, conforme a MiCA, para emitir tokens de dinero electrónico denominados en euros y dólares. Al concentrar ambas autorizaciones en una sola entidad, el cliente dispone de un único interlocutor regulado para todo el proceso, desde el cobro hasta el pago final.
Aztec resuelve un fallo crítico
En medio del caso Binance, Aztec, la red privada sobre Ethereum (ETH), estrena Tierra (Alpha V6), una actualización que tapa un fallo crítico y acelera sus transacciones privadas. La Fundación Aztec lanza la nueva versión para resolver fallo crítico de la V5. Generar una prueba privada tarda ahora un segundo en el móvil, el doble de rápido, y los mensajes desde Ethereum llegan en 12 segundos, frente a dos minutos.
La actualización ha tardado porque sin operador central y con más de 3.000 validadores, toda la red tiene que hacerla a la vez. Es el peaje de una privacidad que nadie apaga. En Ethereum cualquiera ve tus pagos, y eso frena a empresas y bancos. Si las apps de Aztec cogen usuarios, gana su token; el riesgo es un supervisor que desconfía de lo opaco.
Kraken compra tokens de Aave en el mercado secundario
Por otra parte, Payward, la matriz del exchange Kraken, compra tokens AAVE en el mercado secundario (a un exchange o a otro inversor, y no al propio proyecto, por lo que el dinero va al vendedor, no a la caja de Aave.). Pero oculta la cantidad. Un fondo de Payward ha comprado tokens la mayor plataforma de préstamos cripto cinco meses después de que su fundador le negara una participación del 15%. El motivo es que Payward valoraba Aave en 385 millones$, un 70% de su precio en junio.
El interés de Payward parece estar en que, desde abril, los productos de Aave va a una tesorería que gobiernan los dueños del token. Así que tener AAVE se parece a tener acciones. Y Kraken quiere su parte en ese negocio.