10 Oct
10Oct

Miguel Ángel Valero

Según el Economic Outlook de Crédito y Caución se espera una desaceleración de la economía del Reino Unido, que este año apenas aumentará un 0,9%, medio punto por debajo de la previsión realizada por la aseguradora de Crédito en diciembre de 2025. Para 2027, el PIB británico apenas crecerá un 0,8%. 

Varios factores explican esta pérdida de dinamismo. Por una parte, la guerra en Irán y la incertidumbre política interna lastran la demanda. El consumo privado, que constituye la mayor parte de la economía, se ve limitado por el débil crecimiento de los ingresos reales, los elevados costes de financiación y el endurecimiento fiscal. Además, las cifras de inflación se sitúan todavía por encima del objetivo del 2% del Banco de Inglaterra. 

Por otra parte, el crecimiento total de la inversión fija también es débil, y solo se espera un crecimiento del 0,3% este año. La baja rentabilidad, los elevados costes de los insumos y la escasa confianza han impactado en el gasto de capital. El consumo público aporta cierto apoyo, pero la política fiscal se está endureciendo por la congelación de los umbrales fiscales y la contención del gasto. 

Es poco probable que la balanza comercial neta compense estos factores perturbadores, ya que la incertidumbre arancelaria, las fricciones relacionadas con el Brexit y la débil demanda externa afectan negativamente a los importadores. 

La situación política interna también supone otro lastre importante para la economía del Reino Unido, tras la dimisión de Keir Starmer y el nombramiento de Andy Burnham como nuevo primer ministro. Una incertidumbre prolongada o una postura fiscal menos disciplinada podrían elevar rápidamente la prima de riesgo de los bonos del Estado, lo que mantendría elevados los costes de financiación para los hogares, las empresas y el Gobierno.

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