Joan Escuer, profesor de Geología en la Universidad Carlemany, aporta dos visiones geológicas sobre la crisis del estrecho de Ormuz: entre la escasez irreversible y la resiliencia del mercado global. El punto de partida ambas es que el estrecho de Ormuz no es solo un problema logístico: es una crisis de recursos geológicos.
Dos lecturas antagónicas emergen entre los expertos sobre la capacidad del planeta para sustituir lo que el Golfo Pérsico ha dejado de suministrar. La visión pesimista sostiene que esta crisis revela una vulnerabilidad estructural: los crudos del Golfo no son intercambiables. Las refinerías del mundo, incluidas las estadounidenses, están diseñadas para procesar calidades específicas de crudo (pesados, ácidos, con alto contenido de azufre) que solo esta región suministra en volumen. El Golfo no solo exportaba 3,3 millones de barriles diarios de productos refinados (diésel, queroseno, nafta), sino que también proporcionaba las moléculas de azufre y metales que ciertas plantas requieren. Sustituir esa oferta no es cuestión de voluntad política, sino de química.
Además, los ataques han dañado al menos ocho refinerías y la planta de GNL de Ras Laffan, corazón del sistema energético catarí. Estas instalaciones procesan gas de un yacimiento compartido con Irán (South Pars/North Dome). Su reconstrucción llevará meses o años.
El helio asociado a ese gas, esencial para la fabricación de microchips, no se produce en ningún otro lugar en volúmenes comparables ni con la misma pureza. Por tanto, la escasez de estos productos específicos solo podrá equilibrarse con recesión y racionamiento.
Frente a este diagnóstico, la visión optimista señala que el sistema energético global tiene mayor resiliencia de la que se le supone. EEUU ha elevado sus exportaciones de crudo a 12,9 millones de barriles diarios, un récord. Su petróleo de fracking, aunque más ligero, puede mezclarse con crudos pesados de otras fuentes (Canadá, Venezuela, Irak por vía terrestre) para simular —aunque no igualar del todo— las calidades del Golfo. La capacidad excedentaria de la OPEP+ alcanza los 3,6 millones de barriles diarios, y oleoductos alternativos (Saudi-Iraq, Abu Dhabi-Fujairah) pueden evacuar hasta 4,5 millones de barriles diarios.
En cuanto a los productos refinados, Europa ha reactivado refinerías envejecidas y Asia está recalibrando sus plantas para procesar crudos de África y América. La destrucción de demanda inducida por los altos precios —estimada en 1,6 millones de barriles diarios— actúa como un regulador natural.
El helio, aunque escaso, puede recuperarse de corrientes residuales en plantas de EEUU, Polonia y Argelia, aunque a un coste superior.
El desenlace dependerá de si la duración del bloqueo permite activar estas alternativas. Si se prolonga más de seis meses, la rigidez geológica del sistema —crudos no sustituibles, daños a infraestructuras críticas, dependencia de productos específicos— podría imponerse, llevando los precios hacia los 150-200$. Si se resuelve antes, los mecanismos de adaptación contendrán el daño en una horquilla de 80-110 dólares.La historia geológica del Golfo tardó cientos de millones de años en escribirse. La historia económica de esta crisis se decidirá en los próximos meses.