10 Mar
10Mar

Miguel Ángel Valero

Oriente Medio y sus interminables conflictos vuelven a colarse en la economía europea (y en la española) por la puerta de siempre: el petróleo. El barril, que rondaba los 60$, ha llegado a superar los 110 en 10 días, lo que supone más presión sobre la inflación, más dudas para el Banco Central Europeo (BCE) y más tensión sobre la economía doméstica. “La energía es el primer eslabón. Cuando esa pieza se mueve, todo lo demás empieza a tambalearse”, resume la cofundadora de HelpMyCash, Olivia Feldman.

El mecanismo es menos complejo de lo que parece. Si el precio del petróleo sube y se mantiene arriba,  la energía se encarece, transportar mercancías cuesta más. También producir alimentos, fabricar bienes o calentar edificios. Esa subida termina trasladándose al precio final que pagan los consumidores. “Eso es inflación. No es un concepto abstracto: es simplemente que cada vez necesitas más dinero para comprar lo mismo”, explica Feldman.

Europa llevaba años intentando cerrar el capítulo inflacionario que siguió a la pandemia y a la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. Y ahora, el encarecimiento del petróleo amenaza con reabrirlo. En ese escenario, el foco se desplaza inevitablemente hacia Frankfurt, sede del BCE, que tiene un mandato claro: mantener la estabilidad de los precios de la Unión Europea, lo que se traduce a mantener una inflación cerca del 2%. Y su herramienta principal para lograrlo es el precio del dinero, o sea, los tipos de interés.

Hasta hace apenas unas semanas, el mercado daba por hecho que los tipos se mantendrían estables en torno al 2% durante todo 2026. Pero la volatilidad del escenario energético ha cambiado las previsiones.“Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos otra vez”, señala Feldman. De hecho, varios analistas —entre ellos los de Goldman Sachs— contemplan ya dos posibles subidas en la segunda mitad del año, una entre junio/julio y otra en septiembre.

El problema es que ninguna decisión resulta cómoda. Subir los tipos enfría la inflación, pero también ralentiza la economía. Y las grandes locomotoras europeas, como Alemania o Francia, no atraviesan precisamente su momento más dinámico.

El Euribor ya está en el 2,31%

Los mercados no suelen esperar a que el banco central actúe, siempre se anticipan. Eso explica que el Euribor, el índice al que están ligadas la mayoría de hipotecas variables en España, haya reaccionado en cuestión de días. En una sola semana ha pasado del 2,22% al 2,31%, su nivel más alto desde marzo de 2025. Y los futuros apuntan a que podría acercarse al 2,5% a final de año. “No estamos en los niveles de tensión de 2023 o 2024, cuando llegó al 4%. Pero sí es un recordatorio de que el coste del dinero puede volver a subir”, advierte la experta del comparador financiero.

La consecuencia más directa llega a las hipotecas variables. Cuando se revisen, la cuota puede aumentar. Ahora bien, quienes tienen hipoteca fija están protegidos de ese movimiento. Pero la incertidumbre afecta también a quienes estén pensando en firmar una nueva: si el escenario empeora, las condiciones de financiación podrían endurecerse tanto para hipotecas variables, como mixtas o fijas. “En HelpMyCash llevamos al menos tres años, advirtiendo a los españoles de evitar contratar hipotecas variables y animando a quienes tienen una a cambiarse a una fija. Es la única forma de protegerse de las subidas del Euribor”, apunta Feldman.

El encarecimiento del dinero también tiene una cara menos visible. Cuando los tipos suben, los bancos en teoría deberían de pagar más por el ahorro. “Hay entidades, aunque en España no muchas, que trasladan a sus clientes el tipo de interés del BCE, lo hacen para captar ahorro y nos tenemos que aprovechar de estos movimientos”, añade Feldman. El matiz es importante: si la inflación repunta con fuerza, ese mayor interés puede no compensar del todo la pérdida de poder adquisitivo. “Pero peor es nada. Recordemos que la inflación ya se come nuestros ahorros, hay que intentar remunerar lo más que podamos nuestro dinero”, apunta.

El movimiento de los tipos también afecta a los mercados financieros. En particular, a los fondos de renta fija, donde muchos pequeños ahorradores buscan refugio. “Cuando suben los tipos, los bonos antiguos pierden valor. Por eso un fondo de renta fija puede mostrar pérdidas aunque el inversor no haya vendido nada”, señala la experta de HelpMyCash. 

“En episodios de alta volatilidad siempre hay inversores que entran en pánico y venden, pero la calma suele ser mejor consejera”, explica Olivia Feldman. “La inversión en Bolsa debe mirarse con una perspectiva de largo plazo: atraviesa ciclos de subidas y bajadas, pero históricamente mantiene una tendencia ascendente”. Por eso, añade, vender en mitad de una caída implica a menudo convertir en pérdida real lo que hasta entonces era solo un retroceso temporal sobre el papel. De hecho, hay inversores que aprovechan estos descensos para aumentar posiciones. Los mercados, por ahora, siguen apostando por que el conflicto no se prolongue demasiado. “Como vemos, en realidad, toda la ecuación depende de una única incógnita: el tiempo. Si el conflicto se resuelve en pocas semanas, el impacto económico será limitado. Pero si se enquista, Europa podría enfrentarse a un nuevo episodio de inflación y a tipos de interés más altos durante más tiempo”, concluye.

Ibercaja Gestión: hay motivos para ser optimistas

El petróleo se dispara por el nerviosismo acumulado del mercado durante el fin de semana, tras los anuncios de recortes de producción en el Golfo Pérsico y el temor a bloqueos prolongados en el estrecho de Ormuz, debido al conflicto bélico entre Irán y la alianza de EEUU e Israel. Pero también por el nombramiento de Mojtaba Jamenei, que sucede a su padre como líder supremo de Irán, ya que se interpreta que los partidarios de la línea dura siguen firmemente al mando en Teherán una semana después del inicio del conflicto, y, en todo caso, invita a pensar que -al menos en el muy corto plazo- estamos lejos de entrar en una fase de negociación.

No obstante, observando el precio actual (spot) del petróleo y los precios de los contratos a futuro, el mercado no está poniendo en precio un conflicto bélico lo suficientemente duradero como para mantener los precios del petróleo en los niveles actuales, destaca un análisis de Ibercaja Gestión. Esta situación es comúnmente conocida como backwardation (los precios para entrega futura son más bajos que los de entrega más cercana) y en este caso, se debe fundamentalmente a:

  • Escasez inmediata: existe una necesidad desesperada por barriles "físicos" hoy mismo para evitar paradas en refinerías, lo que dispara el precio a corto plazo.
  • Prima de riesgo geopolítico: el mercado está pagando un sobreprecio por la incertidumbre total sobre si el suministro de mañana llegará a su destino.
  • Expectativa temprana del fin del conflicto: a pesar del caos, los mercados de derivados sugieren que los inversores ven este choque como intenso, pero potencialmente breve. Por ello, los contratos futuros a largo plazo (6 meses o más) cotizan con descuentos significativos respecto al precio actual, esperando una normalización de la oferta o una caída de la demanda por los altos precios.

Entonces… ¿Cuándo podríamos ver el fin del conflicto? Ésta es, sin duda, la pregunta del millón y lo que todo el mundo quiere saber ahora mismo. "Seguimos pensando que el conflicto, o lo que verdaderamente importa -el cierre del estrecho de Ormuz-, no debería prolongarse más de unas pocas semanas", insisten en la gestora de Ibercaja, que trabaja con tres escenarios:

  • Desescalada rápida (30% de probabilidad): EEUU e Israel reducen sus ataques tras conseguir sus objetivos estratégicos. 
    • Para EEUU, y para Trump en particular, la guerra no es el escenario más atractivo porque no es popular para la mayor parte de la población estadounidense (solo la apoya el 30%); Trump se enfrenta a unas elecciones de medio mandato en noviembre, donde no parte con las encuestas a su favor, y su principal estrategia para tratar de ganar el voto pasa por reducir el coste de vida, lo cual choca por completo con un precio del petróleo por encima de los 80-100$ por barril. Y las muertes de soldados americanos tienen un gran impacto en el voto de la población. Además, buena parte de la población de EEUU se encuentra fuertemente invertida en renta variable. Un escenario de fuertes caídas es negativo para el inversor (y votante) americano.
    • Para Israel la situación es distinta: Acabar con el régimen de Irán es una cuestión existencial. Conseguir que Irán no desarrolle armamento nuclear o misiles balísticos de largo alcance es considerado vital para la supervivencia de su pueblo en la región. La opinión popular no es relevante para Netanyahu: los disidentes internos son aplacados y no suponen un riesgo para el gobierno actual.
    • Irán no tiene mucha opción. Su capacidad militar es muy inferior. Pese a la agresividad con la que respondió los primeros días, su actividad ha cesado mucho. No menos relevante es la dependencia que la economía iraní tiene de las exportaciones de crudo y sus derivados. El Banco Mundial estima que supusieron un 23% del PIB de Irán en 2024. Gran parte de sus reservas internas de crudo han sido destruidas con los últimos ataques de Israel y se está restringiendo la entrada de importaciones esenciales para el país.
    • China es uno de los mayores importadores de la región. Pese a que cuenta con meses de reservas, un precio elevado amenaza su competitividad y sería inflacionario. Tiene capacidad de influencia en el régimen y ha sido un aliado estratégico en los últimos años, con múltiples inversiones, compras, etc.
    • Las economías tienen margen para aguantar varias semanas con el estrecho de Ormuz cerrado, pero la situación no es sostenible en el largo plazo. Por este motivo, "creemos que es cuestión de tiempo que la situación se solvente y que los actores tomen medidas encaminadas para ello".
  • Guerra con estrecho de Ormuz abierto(55%): Este escenario puede llegar por dos vías y es probable que sea el primer paso que veamos antes de que termine el conflicto. Para que este escenario suceda es necesario que Irán garantice que no atacará a cargueros -a cambio, por ejemplo, de que dejen navegar también a los suyos-. O que el poder militar iraní con presencia en el estrecho se vea severamente debilitado. EEUU tiene la capacidad necesaria para desarmar a Irán y trabaja en esta dirección, pero no es un proceso rápido.
    • En este escenario, el estrecho de Ormuz podría reabrirse gradualmente, permitiendo que el petróleo fluya hacia los países de destino. Una situación así destensionaría la situación actual de desequilibrio entre oferta y demanda, aliviaría la presión sobre los inventarios de emergencia de las principales economías -sobre todo las orientales- y reduciría el precio del crudo.
    • Pese a esto, el peligro de nuevas tensiones seguiría existiendo y, salvo garantías explícitas, el mercado seguiría aplicando una prima de riesgo sobre el precio de equilibrio a largo plazo. En un escenario así, sin nuevos ataques a infraestructuras energéticas clave, el precio del crudo podría moverse en el rango de $80-100/barril.
    • "Creemos que el mercado reaccionará positivamente, asignando una mayor probabilidad al fin de la guerra y una menor a un escenario de inflación persistente. La apertura de Ormuz reflejaría la debilidad y dependencia estructural del régimen iraní al comercio de crudo para su propia subsistencia y reduciría las probabilidades de una nueva escalada.
  • Escalada intensa(15%): Este sería, sin lugar a duda, el peor escenario para los inversores, pero, a su vez, es el más improbable. El cierre del estrecho de Ormuz de forma prolongada es un problema para la economía global e implica no solo a EEUU, Israel e Irán. Actores que hasta ahora han tenido un papel secundario, como China, Japón o Europa probablemente traten de forzar, al menos, una reapertura del estrecho que garantice el suministro de petróleo.
    • El cierre del estrecho de Ormuz elimina aproximadamente entre 10-12mb/d, cerca de un 12% de la oferta mundial de crudo. "Creemos que un tensionamiento así, en un mercado con una demanda tan inelástica, podría llevar a cotizar el brent por encima de los 120$/barril, escenario al que podríamos llegar en cuestión de semanas en el caso de que el estrecho de Ormuz permanezca intransitable. Sin embargo, no creemos que sea una situación de equilibrio que pueda perdurar más allá de unos meses".
    • En un contexto así, la renta variable sería la gran perjudicada. Las economías más expuestas son, sin duda, las asiáticas (China, India, Japón y Corea), seguidas de cerca por Europa, que es muy dependiente de las importaciones de crudo. Para la renta fija, el principal riesgo vendría del repunte en la inflación y de la menor expectativa de bajadas de tipos de interés de los bancos centrales. El mercado ya ha puesto en precio este riesgo y ha penalizado a aquellas economías más expuestas.

"En conclusión, hay motivos para ser optimistas y para que no cunda el pánico. La curva forward del crudo refleja que el mercado cree que es un conflicto temporal y le asigna un riesgo moderado al escenario de clausura prolongada del estrecho. La situación actual ha provocado caídas en los mercados y repuntes en las curvas que pueden ser una oportunidad interesante para tomar posiciones y sembrar rentabilidades de cara al futuro", recalcan en Ibercaja Gestión.

Banca March: el inversor se quita el miedo a un conflicto prolongado

Las tensiones acumuladas en el golfo Pérsico se reflejaron en los mercados globales, con un repunte del precio del petróleo que llegó intradía a situarse en los 119 $/barril en la referencia Brent. Sin embargo, los mensajes sobre una posible liberación coordinada de reservas estratégicas por parte de los países del G‑7, junto con las declaraciones de Trump indicando que la contienda se resolverá “muy pronto”, relajaron gran parte de las presiones y provocaron ventas masivas en los futuros del crudo que hicieron que el precio del Brent terminase por debajo de los 100 $/barril. 

El guiño de Trump a los mercados impulsó también las compras en la renta variable estadounidense y generó un fuerte apetito comprador en las Bolsas asiáticas y europeas. Los inversores parecen sacudirse el temor a un conflicto prolongado, mientras que la Administración estadounidense explora mecanismos para mitigar el incremento en los costes energéticos: la liberación de reservas de emergencia, una posible intervención del Tesoro en el mercado de futuros, exenciones al petróleo ruso sancionado o incluso una suspensión temporal del impuesto a la gasolina. Además, Trump aseguró que la capacidad de lanzamiento de misiles en Irán se ha reducido al 10%. No obstante, el estrecho sigue cerrado y los países productores continúan ralentizando el bombeo —recorte acumulado de 6,7 millones de barriles diarios— debido a la falta de rutas de salida. Todo ello ocurre mientras se espera la implementación operativa de los convoyes de escolta y los seguros respaldados por el Gobierno estadounidense.

Al mismo tiempo, aumentan las presiones internas en EE.UU: los precios de la gasolina continúan escalando, los republicanos se muestran cada vez más incómodos con el desarrollo del conflicto y los demócratas exigen un mayor control sobre las operaciones militares, solicitando las comparecencias de Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Guerra).

En conjunto, todo apunta a una posible desescalada en el corto plazo, ya sea mediante una autoproclamada victoria que conduzca a una pausa en las hostilidades —el escenario más optimista— o mediante la obtención de garantías que permitan restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz.

Los ministros de Finanzas del G7 coincidieron en que están preparados para recurrir a las reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario, aunque consideran que aún no ha llegado el momento de hacerlo. En su comunicado, el grupo señaló que adoptará “las medidas necesarias” para sostener el suministro energético global en caso de que la situación lo exija. Tanto el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como el ministro de Finanzas de Portugal expresaron una visión similar: no existe un problema de suministro de petróleo en Europa ni en EEUU, pero sí una fuerte tensión en los precios. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son excepcionales: solo se han producido cinco veces en la historia, incluidas dos tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Los ministros de Energía del G7 siguen evaluando la situación, y se espera que los jefes de Estado y de Gobierno mantengan encuentros adicionales a lo largo de la semana.

Por otro lado, Emmanuel Macron anunció que, una vez superada la fase más crítica del conflicto, impulsará una misión defensiva para reabrir y asegurar el estrecho de Ormuz. La operación consistirá en escoltar a los buques que transportan crudo y gasóleo, y el presidente francés confía en que otros países se sumen a la iniciativa.

Robeco: fisuras en el mercado energético global

La designación del hijo de Jamenei como nuevo líder iraní y la perspectiva de un conflicto prolongado han supuesto un cambio importante para los mercados petroleros. El aumento del 32% en los precios del petróleo desde que estalló la tensión en Oriente Medio también pone de manifiesto las fisuras en el sistema energético global. Los precios del petróleo suelen dispararse cuando los participantes del mercado exigen una prima muy elevada para cubrirse frente a descensos inesperados en la capacidad sobrante de petróleo. El uso de esta capacidad sobrante solo reduce moderadamente la reacción inicial de los precios del crudo, señala un análisis de Robeco. El mercado petrolero necesita tener más certeza de que el conflicto iraní seguirá limitado en alcance (sin más ataques iraníes a refinerías) y en duración (semanas). Sin embargo, en la situación actual, puede que el mercado no obtenga lo que desea, incluso cuando ya hay conversaciones en marcha entre miembros del G10 sobre la liberación de reservas estratégicas.

Dado que es probable que los precios del petróleo se mantengan elevados en el corto plazo, los exportadores netos de energía como EEUU y Noruega han visto apreciarse sus monedas, mientras que las divisas de los importadores netos, como Corea y la Eurozona, siguen bajo presión. La dependencia neta de importaciones energéticas continúa siendo una brújula útil para identificar estas fisuras. Analizando las importaciones netas de energía como porcentaje del consumo interno, Japón (87%), Países Bajos (87%), Corea (85%), Italia (80%) y España (77%) se sitúan en el extremo más expuesto del espectro, mientras que EE.UU. (9%), Brasil (14%), Australia (214%) y especialmente Noruega (704%) permanecen estructuralmente protegidos.

Sin embargo, la dependencia incondicional de las importaciones no refleja completamente la dispersión interregional de la dependencia energética. Ahora, los mercados financieros también deben analizar la intensidad energética de las economías, el grado de sustituibilidad de importaciones energéticas (a través de renovables), los niveles de subsidios a los combustibles fósiles y la rapidez con la que la inflación por los precios de importación de energía se traslada al usuario final, para evaluar las implicaciones tanto en política fiscal como monetaria.Energía renovable: ¿amortiguador o cuello de botella? En teoría, las economías con una alta cuota de energías renovables deberían amortiguar los impactos externos del petróleo. Las cuotas de energía renovable en las principales economías europeas han aumentado considerablemente en los últimos años (Alemania cubre actualmente alrededor del 25% de su consumo energético con renovables). Sin embargo, la producción renovable solo compensa la demanda de combustibles fósiles si las redes pueden absorber y distribuir esa energía. La congestión y las limitaciones de las redes siguen dificultando la sustitución, obligando a recurrir a respaldo de fuentes fósiles cuando los picos de generación renovable no se pueden aprovechar. El resultado es una vulnerabilidad persistente, a pesar del ambicioso despliegue renovable.

Regionalmente, la asimetría en los términos relativos de intercambio es clara. Asia es la zona con mayor riesgo directo, ya que al momento de redactar este informe el Estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado y el 83% del petróleo que lo transita tiene como destino compradores asiáticos. Europa le sigue, limitada por una baja capacidad de sustitución y una rápida transmisión de precios al consumidor final. Australia, Noruega y Estados Unidos se mantienen como ganadores relativos, respaldados por su producción interna, baja intensidad energética (en EEUU, el peso de la manufactura en el PIB ha disminuido de manera constante en las últimas décadas) y la capacidad potencial de respuesta de los productores de shale si los precios altos persisten.

Columbia Threadneedle: el petróleo caro supone economía débil

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que el petróleo ha subido alrededor de un 47%desde los ataques de EEUU e Israel a Irán, y acumula casi un 76% de subida en lo que va de año. Aunque el nivel es elevado, aún está bastante por debajo del máximo de junio de 2008, cuando alcanzó los 147$ por barril. No obstante, abundan los comentarios que sugieren que volveremos a ver esas cifras si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz. La historia muestra que, en 2008, y después de nuevo en 2012-2014 y en 2022, un precio del petróleo superior a los 100$ por barril conduce a un entorno económico débil.

¿Es probable que el resultado sea diferente esta vez? No realmente. EEUU es ahora en gran medida autosuficiente en términos de suministro de petróleo. Aun así, el precio del petróleo es global y EEUU seguirá viéndose afectado. La gasolina en EEUU está ahora en 3,5$ por galón tras haber aumentado significativamente durante la semana pasada. El petróleo de Oriente Medio se dirige principalmente a Asia y (en menor medida) a Europa, pero el impacto de los precios globales hace que el efecto económico adverso se extienda a todas partes, especialmente en los países que dependen de recursos energéticos.

El camino a partir de aquí depende de varios factores y hay muchas personas que predicen que el petróleo superará los 150$. Sin embargo, para realizar previsiones precisas necesitaremos mayor claridad. En primer lugar, la dirección del conflicto sigue siendo una gran incógnita. No está del todo claro cuáles son los objetivos de EEUU, no sabemos exactamente qué buscan lograr antes de declarar “misión cumplida”. Cualquier señal de que el conflicto se está desescalando ayudará sin duda al sentimiento del mercado. 

El “cierre” del estrecho de Ormuz es crucial: normalmente pasan por él alrededor de 90 petroleros cada día y ahora hay unos 500 barcos “atascados”. Los informes sugieren que hasta ahora han sido alcanzados 10 buques. El cierre también afecta a la producción de los países de Oriente Medio debido a la falta de capacidad de almacenamiento. Como resultado, la producción debe ralentizarse o detenerse por completo. Además, existe preocupación por que Irán lleve a cabo nuevos ataques contra infraestructuras de petróleo y gas en países vecinos, lo que podría tener un impacto perjudicial sobre la producción.

¿Qué ocurrirá a continuación en términos de esfuerzos para mitigar el shock en el precio del petróleo? El G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se reunieron el lunes: la AIE dispone de un volumen significativo de reservas, que podrían aliviar la presión a corto plazo. Eso sería positivo. Otra posible mitigación podría venir del uso de oleoductos a través de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que permiten evitar este cuello de botella marítimo. Sin embargo, éstos tienen una capacidad limitada y ciertamente no pueden compensar todo el impacto del cierre del estrecho. 

Una opción a más largo plazo podrían ser convoyes navales que reproduzcan las medidas adoptadas durante la guerra entre Irán e Irak. Tales convoyes tardarían tiempo en organizarse y requerirían recursos significativos. Probablemente EEUU lideraría la operación, pero sus recursos militares están claramente centrados en otros frentes en el corto plazo.

Hasta ahora Irán no ha tomado medidas para colocar minas en los canales de navegación. Esto es positivo y aceleraría cualquier reapertura. Por supuesto, es crucial que los barcos cuenten con seguros y la tolerancia al riesgo entre los proveedores es baja. El progreso en los escoltas navales sería muy útil.

En el corto plazo, todo apunta a que la incertidumbre pesará fuertemente sobre el apetito por el riesgo. Sin embargo, si el precio del petróleo se mantiene por encima de los 100$ durante un periodo prolongado, "tendremos que reconsiderar nuestra perspectiva global. A medida que surja mayor claridad sobre la duración probable del conflicto, podremos adoptar una visión más equilibrada sobre perspectivas", concluye.

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