16 Feb
16Feb

Miguel Ángel Valero

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, fondo de renta variable europea integrado en Banor Sicav, avisa que, el Oro y la Plata han dejado de ser los activos tradicionalmente considerados como 'colchón' en las carteras, que protegen al inversor de entornos adversos como conflictos bélicos, inflación e incertidumbre. En el entorno actual, con la demanda disparada y un fuerte cambio en las correlaciones respecto a otros activos, se han convertido en activos especulativos, negociados en mercados donde los flujos de entrada y salida de capital son muy rápidos para lograr retornos en muy corto plazo. Ambos metales han dejado de ser un factor de protección y diversificación en las carteras. 

Según Angelo Meda, el papel del Oro en la gestión de carteras siempre ha sido la protección,  sobre todo cuando el entorno empeora, cubriendo la cartera  frente a la inflación y la incertidumbre, y actuando como una póliza de seguro en tiempos difíciles. La asignación idónea de Oro en una cartera es difícil de cuantificar, pero hasta hace poco tiempo se aceptaba ampliamente que invertir entre un 1% y un 5% de la cartera en Oro, era un porcentaje razonable para protegerla de escenarios adversos.  

Esta función 'protectora' del Oro se fue difuminando con el tiempo En su lugar se abrieron paso activos alternativos, como el Bitcoin, pero con poco éxito. Posteriormente, el Oro se convirtió en un activo especulativo, protagonista de burbujas especulativas, y ha arrastrado a otros metales como la Plata.

En el entorno actual, el Oro se ha convertido en un activo más especulativo que protector, dada la alta volatilidad y su rally alcista de las últimas semanas, indica este experto. Por tanto, es necesario plantearse qué es lo que el Oro aporta actualmente a las carteras, una vez que cambió su rol tradicional. 

Esto se puede saber, como indica Angelo Meda, comprobando cuál es el coeficiente de correlación actual. En condiciones normales, el Oro debería mostrar una correlación casi nula con otros activos financieros, de forma que su evolución tendría que ser casi totalmente independiente de otros activos. En fases de tensión en los mercados, esta correlación debería ser próxima  a –1, es decir, el Oro  sube cuando los mercados caen y viceversa. 

Otro escenario 'normal' que debería suceder es el de la correlación negativa entre el Oro y una cesta de acciones 'momentum'. La estrategia momentum busca comprar acciones que superan al índice, y vender las que quedan rezagadas, ya que se basa en la idea de que las tendencias persisten e intenta seguirlas.  El Oro, en condiciones normales, debería servir como un colchón que protege a los inversores frente a entornos difíciles como guerras, inflación y pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, en los últimos seis meses, la correlación entre el Oro y el momentum ha sido históricamente la más alta, alcanzando +0.5, cuando la media a largo plazo estaba algo por debajo de 0. Esto es “una señal clara de que los inversores han estado comprando Oro para especular y no para protegerse”, confirma el gestor de Banor Mistral.

Miedo a una devaluación del dólar

El principal motivo que subyace detrás de esta carrera especulativa con el Oro, es el miedo a la 'devaluación' del dólar. Los inversores creen que el gobierno estadounidense, para atender sus futuras deudas, necesitará imprimir cada vez más dólares, generando inflación monetaria y devaluando la divisa. Todo ello supone que, sin alternativas creíbles y suficientemente líquidas en las finanzas globales, el capital busca refugio en el Oro. Pero esta narrativa tiene un punto débil, ya que si los mercados realmente creyeran en una inminente devaluación del dólar, las expectativas de inflación serían mucho más altas y la divisa se estaría debilitando de forma mucho más pronunciada de lo que lo está haciendo. 

Este experto señala que dado que el factor debilidad del dólar no justifica el rally del Oro, es necesario poner el foco en la situación actual de la oferta y la demanda. La oferta es relativamente rígida, algo que sucede habitualmente con los metales, ya que aumentar la producción requiere meses o incluso años. Por tanto es la demanda la que mueve los precios. 

En el caso de la Plata, ha habido signos inequívocos de una demanda totalmente irracional: la semana pasada, los volúmenes negociados en ETF de Plata superaron los del ETF que replica el S&P 500, algo sin precedentes.

En el caso del Oro, una muestra de que la demanda se ha exacerbado es lo que sucedió el 30 de enero. Los mercados financieros negociaron un volumen equivalente a 180 veces la producción anual de Oro. Incluso circulan rumores de que algunos físicos y geólogos recaudaron fondos para crear la 'piedra filosofal' produciendo Oro en laboratorios usando la bacteria Cupriavidus metallidurans o mediante procesos químicos, en este caso la transmutación nuclear del mercurio. Como indica Angelo Meda, “hasta hace poco esto no era viable económicamente, pero dados los precios actuales del Oro, se acerca a la viabilidad financiera”.

Otro de los factores que están transformando el mercado del Oro, es que se ha inundado de 'dinero rápido'. Un capital que salta rápidamente de un activo a otro, en busca de retornos fáciles y rápidos. Un comportamiento que se refuerza por la proliferación de productos, plataformas y derivados que facilitan seguir tendencias y narrativas utilizando apalancamiento financiero.

Los profesionales de la gestión de carteras necesitan, según el gestor de Banor Mistral, encontrar activos descorrelacionados que permitan construir una verdadera diversificación. Esto evitaría, por ejemplo, lo que sucedió en 2022, cuando casi todos los activos financieros ofrecieron rentabilidades negativas. El auténtico valor de los activos en las carteras, tiene que identificarse no tanto por el rendimiento bruto que aporten,  sino por su capacidad de proporcionar una diversificación genuina (el único “almuerzo gratis” disponible en los mercados, según Meda). Lograrlo requiere no sólo entender las características de cada instrumento, sino también las correlaciones entre activos, que nunca permanecen constantes en el tiempo y no siempre evolucionan como esperan los inversores.

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