26Dec

No atraviesa una crisis política pasajera, sino la fractura de su pacto social. El bienestar que sostuvo al continente durante décadas exige un crecimiento que ya no existe, una demografía que ya no acompaña y un consenso político que se está desmoronando.

Miguel Ángel Valero

Europa lleva años evitando decir en voz alta lo que ya se ve en cada rincón del continente: el modelo social que definió a la región durante décadas está entrando en una fase terminal. Lo vemos en gobiernos que se tambalean, economías incapaces de crecer, tensiones demográficas imposibles de sostener y partidos antisistemas que capitalizan el malestar ciudadano. Y lo más inquietante es que no hablamos de episodios aislados, sino de señales repetidas desde Londres hasta Berlín, desde Helsinki hasta París y, cómo no, también desde Madrid.

En el Reino Unido, el retraso de las elecciones para cuatro nuevas alcaldías ha abierto una nueva grieta política que refleja un país desbordado por tensiones sociales y fiscales. El Gobierno de Starmer justificó la decisión hablando de reorganización administrativa, pero la oposición lo interpretó como un intento de retrasar una derrota anunciada. Cuando partidos de todo el arco político, desde conservadores hasta liberales, verdes y Reform UK, coinciden en acusar al Ejecutivo de “democracia denegada”, no estamos ante una disputa procedimental, sino ante un síntoma de descomposición institucional. Un Estado que ya no logra financiar servicios básicos sin subir impuestos, que externaliza problemas hacia los gobiernos locales y que ahora aplaza elecciones para ganar tiempo, es un Estado que muestra claros signos de agotamiento.

En Alemania el cuadro es todavía más explícito. El gobierno de Friedrich Merz, que apenas lleva siete meses, se enfrenta a una rebelión interna por la reforma de pensiones. Un grupo de diputados jóvenes de su propio partido se niega a apoyar un sistema que, según ellos, carga demasiado peso sobre generaciones futuras que pagarán prestaciones que probablemente nunca recibirán. La coalición se sostiene por solo doce escaños; si esta reforma fracasa, puede caer entero el gobierno. Mientras tanto, el país vive una parálisis económica que la industria ya describe como “caída libre”, con un modelo que exige cada vez más gasto público para sostener el bienestar, la defensa, la transición energética y la reconstrucción de infraestructuras. Es el choque frontal entre un Estado social diseñado para una sociedad joven, rica y en expansión, y una realidad envejecida, endeudada y sin crecimiento.

Finlandia ofrece otra perspectiva: incluso el país más admirado por su calidad de vida reconoce que el modelo ya no es sostenible tal como está. La llamada “superpotencia del estilo de vida” atraviesa una recesión, un desempleo cercano al 10% y un deterioro de sus finanzas públicas que obliga a replantearlo todo. El gobernador del Banco de Finlandia (y uno de los candidatos a sustituir a Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo a partir de mayo de 2026) Olli Rehn advirtió que Europa debe “ponerse las pilas” en defensa, productividad y energía, porque la era del bienestar garantizado está tocando fin. Finlandia lo afronta con una mezcla de pragmatismo y resiliencia: reformas del mercado laboral, ajustes fiscales, e inversión en capital humano. El mensaje es inequívoco: si la productividad no crece, el bienestar dejará de ser financiable.

Francia vive un proceso parecido, aunque más ruidoso. Los últimos años han sido una secuencia continua de protestas contra la reforma de las pensiones, huelgas en sectores clave y un malestar social que recuerda que el modelo francés depende de una estructura fiscal cada vez más pesada sobre una base laboral cada vez más pequeña. El Gobierno ya ha reconocido que la jubilación a los 62 años era incompatible con la demografía actual, y aun así el ajuste no detendrá el desequilibrio durante mucho tiempo. Con un déficit crónico, un Estado hipertrofiado y un gasto social que supera el 30% del PIB, Francia se acerca al mismo dilema que sus vecinos: prometer más de lo que la economía puede producir.

España no es una excepción. El Gobierno intenta sostener un gasto público que crece bastante más rápido que la economía. El PIB aparenta dinamismo, pero en gran parte por el aumento de población inmigrante; cuando se mira la renta per cápita, España se aleja de la media europea, lo que significa que ese crecimiento no mejora el bolsillo del ciudadano. A esta brecha se suma una carga fiscal muy elevada y una productividad estancada que limita cualquier avance real. La Seguridad Social mantiene déficits crecientes, las pensiones suben cada año por la indexación a la inflación y la demografía juega claramente en contra. Con un envejecimiento rápido, un paro estructural persistente y una economía incapaz de generar suficiente valor añadido, España está atrapada en la misma lógica que el resto del continente: un Estado del bienestar que promete más de lo que la economía puede sostener y que necesita endeudarse de forma continua para mantener la apariencia de estabilidad.

La conclusión es clara. Europa no atraviesa una crisis política pasajera, sino la fractura de su pacto social. El bienestar que sostuvo al continente durante décadas exige un crecimiento que ya no existe, una demografía que ya no acompaña y un consenso político que se está desmoronando. Reino Unido aplaza elecciones; Alemania no puede garantizar sus pensiones sin poner en riesgo su propia gobernabilidad; Finlandia reconoce que la comodidad del pasado se desvanece; Francia estalla cada vez que se intenta ajustar el sistema; y España sostiene un modelo de bienestar con ciudadanos cada vez más pobres, una presión fiscal asfixiante y un endeudamiento que no deja de crecer. 

"Todo indica que hemos llegado al límite de un modelo diseñado para un mundo que ya no existe. Y la verdadera pregunta no es si será reformado, sino cuánto tiempo más podrá evitar su inevitable reinvención", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

BCE

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) ha dejado claro que, por ahora, no tiene prisa por mover los tipos de interés. Tras mantener la tasa de depósito en el 2% por cuarta reunión consecutiva, el mensaje que sale de Frankfurt es de cautela absoluta. No solo no hay una hoja de ruta definida, sino que tampoco existe consenso sobre cuál debería ser el siguiente movimiento cuando llegue el momento.

La inflación en la Eurozona está muy cerca del objetivo del 2%, una situación que, en teoría, debería dar tranquilidad al banco central. De hecho, las propias proyecciones del BCE apuntan a que los precios se mantendrán en torno a ese nivel durante los próximos años. Para un banquero central, eso es casi el escenario ideal. 

Sin embargo, el entorno que rodea a la economía europea sigue cargado de incertidumbre: Las tensiones geopolíticas, el riesgo de una nueva guerra comercial, el impacto de un mayor gasto público y la evolución futura de los salarios mantienen al BCE en una posición defensiva. A esto se suma un crecimiento que ha sorprendido por su resistencia, lo que ha llevado a muchos miembros del Consejo de Gobierno a pensar, en privado, que el ciclo de bajadas de tipos probablemente ya ha terminado.

Pese a ello, nadie quiere dar por cerrada ninguna opción. Algunos responsables reconocen que, si la economía se enfría más de lo esperado y la inflación sigue moderándose, podría haber margen para nuevos recortes. Otros, en cambio, admiten que, si el crecimiento se consolida y reaparecen presiones inflacionistas, no se puede descartar un movimiento en sentido contrario. Hoy por hoy, ambos escenarios siguen sobre la mesa.

Lo relevante no es tanto la dirección potencial de los tipos, sino el cambio de tono del BCE, que ha abandonado cualquier intento de guiar al mercado y se refugia en un enfoque estrictamente dependiente de los datos, reunión a reunión. La “opcionalidad total” se convierte así en la palabra clave de esta fase del ciclo monetario.

El BCE ha llegado a una zona cómoda: ya no necesita estimular la economía, pero tampoco ve motivos para endurecer las condiciones financieras. El problema es que esta ambigüedad deja al mercado sin referencias claras y aumenta la volatilidad cada vez que aparece un dato relevante. Mientras tanto, empresas, familias e inversores tendrán que convivir con un banco central que observa, duda y espera. Y esa espera, en un entorno tan cambiante como el actual, puede convertirse en el principal factor de incertidumbre.

13Dec

Con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, por primera vez desde 1947, EEUU deja de ver la defensa de la democracia en el exterior como un interés estratégico propio.

Miguel Ángel Valero

En diciembre de 1989, EEUU decidió acabar con lo que denominaba narcodictadura del general Manuel Antonio Noriega en Panamá. Fue una intervención militar abierta, rápida y quirúrgica, bautizada como Operation Just Cause. Durante años, Noriega había sido informante de la CIA, aliado irregular y pieza útil de Washington en plena Guerra Fría. Pero terminó convirtiéndose en un problema: blanqueo de capitales, vínculos con carteles, represión interna, manipulación electoral y un creciente desafío a la influencia estadounidense en el Canal de Panamá. 

La Casa Blanca decidió que había cruzado una línea roja y se puso en marcha una operación que movilizó a más de 27.000 soldados, unidades de élite, paracaidistas y bombardeos puntuales. En pocas semanas Noriega fue acorralado, terminó refugiado en la Nunciatura Apostólica y finalmente se rindió. Fue extraditado a EEUU y condenado por narcotráfico. 

Panamá instaló un gobierno reconocido internacionalmente, reformó sus fuerzas de seguridad y volvió (al menos temporalmente) a la normalidad institucional. Pero no hubo unanimidad: la Asamblea General de la ONU condenó la invasión como una violación del derecho internacional. Pese a ello, Washington logró su objetivo estratégico con un coste bajo y un mensaje claro para la región.

Hoy, cuando se observa la presión de Trump sobre Nicolás Maduro, es inevitable ver paralelismos con aquel episodio. Las acusaciones contra el régimen venezolano son muy similares: vínculos con el narcotráfico a través del llamado Cartel de los Soles, deterioro democrático, represión interna, manipulación electoral, presencia de grupos criminales y una deriva que pone en tensión la estabilidad regional. 

No es casualidad que EEUU haya intensificado sus operaciones encubiertas, los despliegues navales en el Caribe y las acciones contra embarcaciones sospechosas de tráfico ilícito. La retórica recuerda al caso Noriega: un régimen convertido en amenaza hemisférica. 

Pero al mismo tiempo, las diferencias son enormes. Panamá era un país pequeño donde Estados Unidos tenía presencia militar y logística permanente. Venezuela es un Estado grande, con apoyo abierto de Rusia, China e Irán, con una capacidad armada superior y con un impacto geopolítico mucho mayor. En Washington lo saben: cualquier operación directa tendría un coste político, militar y diplomático muchísimo más elevado. Quizá por eso, la estrategia actual se parece más a un cerco prolongado que a una invasión repentina.

El entorno internacional añade otra capa de complejidad. Varios expertos de Naciones Unidas han denunciado que algunos ataques estadounidenses en aguas internacionales pueden considerarse ejecuciones extrajudiciales. Rusia ha acusado a Washington de “uso excesivo de la fuerza” al tiempo que respalda abiertamente a Maduro. En Occidente, la lectura predominante es que EEUU quiere evitar que el régimen venezolano se consolide como un nodo de narcotráfico y como una plataforma de influencia para potencias rivales, pero sin cruzar la línea de un conflicto abierto.

La historia, en todo caso, se repite con matices. Cuando Washington percibe que un régimen mezcla autoritarismo, crimen organizado y amenazas directas a sus intereses estratégicos, pasa de la diplomacia a la acción. Con Noriega lo hizo sin rodeos. Con Maduro, la partida es más larga y el tablero más complejo. La pregunta no es si EEUU quiere un cambio de régimen en Venezuela; la pregunta es qué coste está dispuesto a asumir y cuánto tiempo está dispuesto a esperar. 

Panamá fue un capítulo cerrado con rapidez porque el contexto lo permitía. Venezuela es una novela extensa, con demasiados actores externos y demasiadas consecuencias imprevisibles. 

"Lo que sí parece claro es que, tanto en Panamá como en Caracas, EEUU actúa según un mismo patrón. Y cuando Washington considera un objetivo prioritario, puede tardar… pero rara vez renuncia", avisa el analista Pablo Gil en The Trader.

EEUU deja de ser el guardián de la democracia en el mundo

El acoso a Venezuela recupera la doctrina Monroe. El 2 de diciembre de 1823, con casi todas las colonias españolas en América Latina independizadas o a punto de lograrlo, el presidente de EEUU, James Monroe, fijaba en el Congreso, en lo que es actualmente el discurso sobre el Estado de la Unión (que no comenzó a hacerse hasta 1850), la doctrina que lleva su apellido y que lleva marcando la estrategia de EEUU en el continente. La Doctrina Monroe sostiene que cualquier intervención en los asuntos políticos en América por parte de potencias extranjeras de otros continentes es un acto potencialmente hostil contra EEUU.

Mientras Trump se implica en Venezuela y recuerda que la doctrina Monroe sigue muy viva, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca marca un giro que ningún aliado puede ignorar. Por primera vez desde 1947, EEUU deja de ver la defensa de la democracia en el exterior como un interés estratégico propio. La ruptura con la lógica que definió el orden occidental durante ocho décadas ya no es una hipótesis: es política oficial.

El documento abandona cualquier continuidad con la Doctrina Truman, formulada en el Congreso el 12 de marzo de 1947 por el presidente de EEUU que ordenó lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. En plena Guerra Fría, Harry S. Truman asegura que EEUU dará su apoyo a "pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores", ya que estos regímenes comunistas representaban una amenaza para su país.

También se redefine la idea de “America First”. Trump sostiene que la política exterior de EEUU no debe basarse en ideologías ni compromisos históricos, sino en lo que “funcione para América”. Y lo que supuestamente funciona ahora es suavizar el trato hacia autocracias estratégicas (China, Rusia, Irán) mientras se endurece el discurso contra los aliados europeos. Un giro tan brusco que ni siquiera los analistas más pesimistas esperaban verlo formalizado tan pronto.

El contraste con la estrategia de 2017 no puede ser mayor. China ya no aparece como rival sistémico ni como amenaza global. Trump prefiere hablar de “relación económica mutuamente ventajosa” y, mientras exige que Pekín no invada Taiwán, evita cualquier referencia a sus vulneraciones de derechos o a su expansión geopolítica. Rusia, por su parte, desaparece de la categoría de adversario. El Kremlin incluso aplaudió el documento, calificándolo de “positivo” y “coherente con la visión de Moscú”. Es difícil encontrar un indicador más claro del cambio de prioridades en Washington.

Quienes sí reciben el golpe son los europeos. El texto acusa a la Unión Europea de haber abandonado sus valores, de perder identidad nacional y de permitir que la inmigración y la baja natalidad erosionen su cohesión. Afirma además que los gobiernos europeos recurren a prácticas “antidemocráticas”, desde la supuesta censura hasta la represión de la oposición. Y lo que antes parecía una provocación aislada del vicepresidente J. D. Vance en Múnich ahora queda reflejado como política formal: EEUU Unidos apoyará movimientos “patrióticos” (eufemismo para referirse a grupos de ultraderecha como Orban en Hungría) dentro de los países europeos para corregir esa deriva. No oculta esa interferencia política directa en su bloque de aliados históricos.

La reacción en Europa oscila entre el desconcierto y la contención diplomática. La jefa de la diplomacia europea, la exprimera ministra de Estonia, Kaja Kallas, intenta restar dramatismo al documento, mientras expertos como Carl Bildt advierten de lo que realmente implica: el fin del paraguas ideológico y estratégico que definió la relación transatlántica desde la posguerra. Y el problema para Europa no es solo simbólico. Si la Casa Blanca presiona para imponer un acuerdo de paz desfavorable a Ucrania, la fractura dentro del bloque occidental puede convertirse en la mayor crisis geopolítica de la década.

La pregunta que atraviesa todas las capitales europeas es la misma: ¿Qué hacer ahora? Europa puede intentar rebajar tensiones, aceptar el nuevo orden y acomodarse a un papel más subordinado. O puede acelerar, por fin, la construcción de una autonomía real en defensa, energía y tecnología. Pero ninguna de esas opciones es sencilla ni barata, y ninguna puede esperar.

"Lo único claro es que el ciclo histórico que comenzó en 1945 ha terminado. A partir de aquí, Europa tendrá que decidir si quiere ser actor o si, por inacción, quedará relegada a ser un escenario donde otros tomen las decisiones. El rumbo de la próxima década dependerá de esa elección", insiste Pablo Gil.

06Dec

La UE es uno de los mayores bloques económicos del mundo, pero está quedándose atrás en todos los frentes que definen el poder en el siglo XXI: defensa, tecnología, materias primas críticas y capacidad de decisión internacional.

Miguel Ángel Valero

Europa vive una situación que debería encender todas las alarmas. No por lo que ocurre exactamente en los frentes de Ucrania, donde Rusia intensifica la presión militar en un momento crítico, sino por algo aún más preocupante: las decisiones que marcarán el futuro del conflicto ya no se están tomando ni en Kiev ni en Bruselas, sino entre Washington y Moscú. El nuevo marco de negociaciones impulsado por Estados Unidos (con su enviado especial Steve Witkoff viajando de nuevo a Moscú para reunirse con Vladímir Putin sin lograr avances relevantes) ha dejado al descubierto una realidad incómoda. Dos grandes potencias discuten cómo cerrar la guerra en Ucrania mientras la Unión Europea (UE) observa desde la barrera. Europa está dentro del conflicto, pero fuera de la sala donde se decide su desenlace.

Esta sensación de irrelevancia recuerda inevitablemente a otras épocas de la historia europea. Muchos analistas han comparado este enfoque con el pacto Molotov-Ribbentrop (el acuerdo de no agresión firmado en 1939 por la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin para repartirse Europa del Este) no por afinidades políticas, sino porque demuestra una idea de fondo: las grandes potencias vuelven a moldear el mapa europeo sin su participación. Es un paralelismo que incomoda, porque evidencia la fragilidad estratégica de un continente que durante décadas vivió bajo la convicción de que las reglas, la diplomacia y los acuerdos serían suficientes para estabilizar el mundo.

Pedir a la Unión Europea que ejerza poder geopolítico es como pedirle a un futbolista de élite que juegue un partido de rugby. La UE nació para garantizar la paz interna, para evitar que los europeos volvieran a enfrentarse entre sí. Y esa misión la ha cumplido excepcionalmente bien. Pero no nació para proyectar poder militar, para imponer líneas rojas, ni para competir en un mundo que ya no se rige por los mecanismos que Europa domina, sino por la lógica del poder duro. De ahí el contraste: mientras Bruselas debate, Washington actúa. Mientras la UE discute entre Estados miembros, la Casa Blanca negocia directamente con el Kremlin y decide qué elementos debe incluir el plan de paz, incluso a riesgo de incomodar a sus propios aliados. Europa reacciona; no dirige.

Esta falta de influencia no se muestra solo en Ucrania. También se ve en otro terreno clave: el control de las materias primas estratégicas. Las tierras raras son el nuevo petróleo militar y tecnológico, esenciales para drones, motores eléctricos, sensores y sistemas de defensa. China controla más de dos tercios de la producción mundial, y ya ha demostrado que está dispuesta a convertir ese dominio en un arma geopolítica. La respuesta de EEUU ha sido rápida, contundente y estratégica: inversiones públicas en minas nacionales, participación directa en empresas clave y garantías de precio a largo plazo para asegurar la cadena de suministro. Mientras tanto, Europa se limita a declaraciones, proyectos piloto y retrasos regulatorios.

Los proveedores lo explican con una claridad demoledora. A un cliente estadounidense pueden venderle un lote de tierras raras en tres días. A uno europeo le lleva tres semanas. El primero sabe qué necesita, cuánto, cuándo y para qué. El segundo llega tarde, paga más caro y suele quedarse sin stock. Es una diferencia operativa que, en realidad, revela una diferencia estratégica. 

Europa está quedándose atrás en todos los frentes que definen el poder en el siglo XXI: defensa, tecnología, materias primas críticas y capacidad de decisión internacional. El resultado es una paradoja amarga. La UE es uno de los mayores bloques económicos del mundo, pero ha perdido la capacidad de influir en las decisiones que afectan directamente a su seguridad.

"La pregunta no es si la UE quiere ser un actor global. La verdadera pregunta es si podrá serlo antes de que sea demasiado tarde. Porque el mundo ha cambiado, y ya no se juega con las reglas europeas. Y mientras Europa sigue confiando en su arquitectura burocrática y en su diplomacia de consenso, las grandes potencias vuelven a hablar el lenguaje del poder. Uno del que la UE se desconectó hace décadas. Lo inquietante es que esta desconexión ya no es una amenaza teórica. Es la situación actual. Y cada día que pasa, Europa se sienta un poco más lejos de la mesa donde se decide su propio futuro", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

28Nov

Los mercados estiman una probabilidad implícita del 87% de un recorte de tipos de la Fed en diciembre, frente al 39% de hace una semana. El Banco Central Europeo presentará las previsiones económicas de cierre de año, además de intensificar el debate sobre la reducción de su balance.

Miguel Ángel Valero

El 1 de diciembre comienza el periodo de reflexión de la Fed previo al encuentro del día 10 –además de terminar oficialmente la reducción de balance–, durante el cual no podrán realizar intervenciones públicas. Este evento será clave, ya que marcará su postura ante la escasez de datos recientes y el ritmo previsto de recortes de tipos. Además, se publicará una oleada de indicadores retrasados en EEUU, entre ellos la inflación —aunque no se difundirá el dato correspondiente a octubre— y el PIB del tercer trimestre.

En Europa, la reunión del BCE del 18 de diciembre tendrá un contenido más relevante que la anterior, pues se presentarán las previsiones económicas de cierre de año y se intensificará el debate sobre la reducción del balance, tras la finalización del proceso en EEUU.

De momento, en las actas de la última reunión celebrada en octubre, el BCE consideró que la incertidumbre justificaba mantener los tipos de interés en el 2% y que era necesario tener más información. La decisión, que fue tomada por unanimidad, se basó en unas perspectivas de inflación inalteradas y que los nuevos datos de actividad confirmaban que la economía seguía creciendo “pese al desafiante entorno global”. En cualquier caso, para el Consejo de Gobierno también era importante “mantener todas las opciones para las próximas reuniones y ser ágil con el fin de reaccionar rápidamente” a los riesgos o impactos en caso necesario. En este sentido, el BCE considera que las perspectivas de inflación son más inciertas de lo habitual y que hay riesgos de que se produzcan impactos grandes en la inflación y el crecimiento en ambas direcciones. Por ello el BCE no se quiso comprometer respecto a las próximas decisiones sobre los tipos de interés, en donde la reunión de diciembre será particularmente relevante al incluir las nuevas proyecciones macroeconómicas.

El BCE se reunirá tras conocer un ligero repunte de la confianza económica en la zona euro. El indicador adelantado elaborado por Eurostat repuntó dos décimas hasta el 97, en línea con el consenso de los analistas. Esta mejora vino explicada por la confianza de los servicios, que repuntó hasta el 5,7, por encima del 4,4 previsto y del 4,2 correspondiente a octubre (dato revisado al alza). En cambio, la confianza del sector industrial cayó más de lo estimado hasta el -9,3 (vs. -8,5 en octubre).

UBS: el Pentágono amenaza a Alibaba, Baidu y BYD

En EEUU la situación es muy diferente a la europea. El Pentágono concluyó que varias grandes empresas tecnológicas chinas, como Alibaba, Baidu y BYD, deberían añadirse a su lista de la Sección 1260H. Ésta identifica a las empresas que el Pentágono considera que ayudan al ejército chino mientras operan en EEUU. Las acciones de las tres empresas, que cotizan en Hong Kong, cayeron entre un 1,4 % y un 2,7 % el jueves 27 de noviembre, con un rendimiento ligeramente inferior al del índice Hang Seng Tech. 

La inclusión en la lista, que todavía no se ha confirmado oficialmente, es importante para las empresas chinas, dado el posible impacto en la reputación y la disposición de las empresas estadounidenses a colaborar y hacer negocios con las empresas designadas. 

La noticia se produce tras un período de volatilidad para las acciones tecnológicas chinas, en un contexto de cambios en la política entre Estados Unidos y China y un renovado compromiso diplomático. Las respuestas de las empresas han minimizado el impacto operativo: Alibaba declaró que no hay fundamento para su inclusión y que su negocio no está relacionado con las adquisiciones militares estadounidenses. 

"Si bien titulares como éstos pueden generar volatilidad o captar la atención de los medios, recomendamos a los inversores que no dejen que esto distraiga la atención de los resilientes fundamentos del sector tecnológico chino ni de la continua mejora en su política", subrayan en UBS.

Las empresas chinas de IA tienen margen para invertir en inversión de capital. Las tecnológicas chinas continúan avanzando en la innovación y la monetización de la IA. Si bien la inversión de capital en IA se ha convertido en una preocupación en EEUU, el gasto de China en IA sigue siendo comparativamente modesto. El gasto de capital en IA de China creció un 57 % interanual. Si se analiza el gasto de capital en IA en general durante el período 2023-25, el de China se sitúa en torno al 18% del de EEUU.

"Creemos que esto deja un amplio margen para el crecimiento y la convergencia, con las empresas chinas centradas en ampliar sus capacidades nacionales y su alcance global. Ahora prevemos que la demanda de los hiperescaladores chinos verá un aumento aún más rápido en la tasa de localización, y se prevé que la proporción de chips GPU de fabricación nacional alcance el 50 % para 2027 (frente al 40 % anterior)", añaden los expertos de UBS.

Las relaciones entre EEUU y China se están estabilizando, tras la tregua comercial pactada entre Trump y Xi Jinping. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, sugiere que Trump podría reunirse con Xi Jing hasta cuatro veces en 2026, lo que refuerza el cambio hacia una mayor interacción. 

Otras informaciones apuntan a que Trump ha guiado a Japón para reducir las tensiones con Pekín sobre Taiwán, lo que refuerza la opinión de que la Casa Blanca sigue centrada en mantener la estabilidad y evitar una escalada. 

Las valoraciones, las ganancias y las entradas de capital del sector tecnológico chino son motivos de optimismo. El sector tecnológico chino continúa cotizando con un descuento considerable frente a sus pares globales, con el índice Hang Seng Tech en aproximadamente 18 veces su precio/beneficio anticipado, frente a las 27 veces del Nasdaq. Esto representa un descuento de casi el 32%, en comparación con el descuento promedio histórico del 17%. Las previsiones de crecimiento de las ganancias se mantienen sólidas, y se espera que el BPA del sector aumente un 37% en 2026. 

Las fuertes entradas de capital  y la participación nacional, por otro lado, subrayan la confianza en el futuro a largo plazo. "Por lo tanto, sin adoptar una postura única, sugerimos a los inversores que ignoren cualquier indicio a corto plazo del informe del Pentágono. El sector tecnológico chino sigue siendo una de nuestras inversiones de renta variable de mayor convicción a nivel mundial, respaldada por la rápida innovación, un sólido apoyo político y un sólido crecimiento de las ganancias. En nuestra opinión, la reciente corrección ofrece un punto de entrada atractivo para los inversores con una asignación de capital insuficiente", apuntan en UBS. 

Si bien no se pueden ignorar los riesgos políticos y reputacionales, la mejora del contexto diplomático y la resiliencia de los fundamentos sugieren que el sector está bien posicionado para un mayor crecimiento en 2026. "Recomendamos aprovechar los períodos de volatilidad para aumentar la exposición a la tecnología china, manteniendo la diversificación y un enfoque disciplinado", insisten los analistas de UBS.

Por otra parte, el dólar cae y el oro sube ante la esperanza de un recorte de tipos por parte de la Fed en diciembre. El dólar se encamina a su mayor caída semanal desde agosto (-0,6%), y a una anual de más del 8%, lo que sería su peor rendimiento anual desde 2017. El oro, mientras tanto, ha repuntado hasta alcanzar un máximo de dos semanas de 4.183$ por onza. 

Los mercados monetarios estiman una probabilidad implícita del 87% de un recorte de tipos en diciembre, frente al 39% de hace una semana. "Nuestra opinión: Si bien creemos que la mayor parte de la caída del dólar estadounidense ya ha pasado, la trayectoria de menor resistencia para el dólar estadounidense sigue siendo a la baja en los próximos meses. La flexibilización de la Fed (incluido un recorte de tipos en diciembre), los persistentes déficits estadounidenses y la continua diversificación de activos que se alejan del dólar estadounidense son factores adversos. Mantenemos una calificación atractiva para el EUR, el AUD y la NOK, y preferimos posiciones largas seleccionadas en divisas de alto rendimiento sobre las de bajo rendimiento en los mercados del G10 y emergentes. Por el contrario, calificamos el USD como no atractivo. La debilidad del dólar estadounidense, la disminución de los rendimientos reales, la incertidumbre geopolítica y el aumento de las preocupaciones fiscales deberían impulsar la demanda de oro, que también consideramos atractivo", resaltan en UBS.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “el sector tecnológico chino sigue siendo una de nuestras ideas de renta variable más fuertes a nivel global, respaldada por una rápida innovación, un sólido apoyo político y un fuerte crecimiento de beneficios. La reciente corrección ofrece una oportunidad atractiva para los inversores infraasignados, en nuestra opinión. Aunque no se pueden ignorar los riesgos políticos y reputacionales, el entorno diplomático está mejorando y los sólidos fundamentos del sector sugieren que está bien posicionado para seguir creciendo hasta 2026”.

26Nov

UBS cree que es un buen momento para entrar en la renta variable de la Eurozona.

Miguel Ángel Valero

El nuevo impulso en las negociaciones de paz para el conflicto en Ucrania empieza a tomar fuerza, pero el acuerdo reducido a 19 puntos sigue sin convencer a la cúpula ucraniana. En un nuevo giro en la postura de la Administración americana el pacto plantea un dilema: ceder ante las demandas rusas o arriesgarse a perder a EEUU como aliado. Ante esta situación, Ucrania busca alternativas en Europa. 

En este sentido, Andrius Kubilius, comisario de Defensa de la Unión Europea (UE), considera inaceptable la propuesta ruso-americana y asegura que Europa debería diseñar un plan propio.

Además, esta semana se presentó el Reglamento para implementar el denominado “Schengen militar” de cara a 2027, que facilitará la movilidad de tropas y armamento entre los países de la UE.

Europa dispone de una carta que aún no ha jugado: el uso de los activos rusos congelados en Euroclear, que podría convertirse en una baza de negociación y en un mecanismo de apoyo si EEUU decide abandonar la ayuda a Ucrania –algo menos importante que hace tres años, en un conflicto en la que los drones han tomado más relevancia y Ucrania es capaz de autoabastecerse–.

La nueva presión de la Administración Trump recae sobre Ucrania y la Unión Europea, con exigencias como la desactivación de sanciones, la creación de vías para utilizar los activos rusos congelados en beneficio también de EEUU, el bloqueo a la presencia de tropas europeas en suelo ucraniano y un compromiso en los estatutos de la OTAN para impedir que Ucrania se incorpore a la Alianza, puntos que se consideran inaceptables por los líderes europeos. 

Está previsto que el presidente ucraniano viaje a EEUU antes de finalizar noviembre, tras la serie de reuniones que se están celebrando en Abu Dabi entre delegaciones estadounidenses y rusas, con presencia ucraniana como observadora. Tras varios intentos fallidos, éste parece el avance más significativo desde el verano, aunque la lejanía entre las altas esferas rusas y los negociadores europeos sigue siendo elevada. 

España se desviará tres décimas del déficit público 

Por otra parte, la Comisión Europea ha instado a los Estados miembros a cumplir con los objetivos de consolidación fiscal. Según la normativa comunitaria, el déficit público no puede superar el 3% del PIB. A esta regla se añade la llamada “cláusula de escape”, que permite incrementar el gasto en defensa en hasta un 1,5% adicional sin que compute en el límite.

Ocho países, entre ellos Países Bajos y España, podrían rebasar el umbral, aunque de forma moderada. En el caso de España, la desviación sería de solo un 0,3% y aún no ha activado la cláusula de escape, por lo que, si lo hiciera, no habría incumplimiento.

Alemania también rebasará el límite establecido (3,1% este año, 4% en 2026) pero, como el exceso está explicado por el gasto en defensa, no se tomarán medidas disciplinarias. 

Por el contrario, Finlandia presenta desequilibrios significativos, con un déficit estimado del 4,3% del PIB en 2025. La Comisión ha recomendado iniciar un Procedimiento por Déficit Excesivo, aunque reconoce que el país atraviesa circunstancias excepcionales debido al riesgo geopolítico. 

Actualmente, nueve Estados ya están sometidos a este mecanismo, entre ellos Francia, Italia, Bélgica, Austria y Polonia. Italia podría salir del procedimiento el próximo año, con previsiones del 3% para este ejercicio y del 2,8% para el siguiente.

En este sentido, Moody’s elevó la calificación de la deuda soberana italiana, desde un Baa2 a un Baa3, citando el progreso hacia el cumplimiento de los objetivos en sus cuentas públicas. 

UBS: un buen momento para entrar en la Bolsa de la Eurozona

A medida que se acerca el final de noviembre, el sentimiento hacia la renta variable europea se ha vuelto más volátil. El índice de volatilidad del Stoxx 50 ha repuntado hasta su nivel más alto en un mes, y los principales mercados de la región, de Alemania a Francia, volvieron a sufrir presión. "Aun así, creemos que este cambio de ánimo del mercado no está del todo justificado", señalan en UBS. 

"De hecho, hemos mejorado nuestra recomendación para la renta variable de la Eurozona a Atractiva, apoyados en tres factores principales:

  • Las perspectivas cíclicas de Europa están mejorando.
  • Su posición estructural es la más sólida en 15 años.
  • Las valoraciones son razonables y el crecimiento de beneficios debería acelerarse".

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “creemos que es un buen momento para que los inversores se planteen aumentar su exposición a la renta variable de la Eurozona, que elevamos a una calificación 'Atractiva'. Favorecemos una combinación de beneficiarios estructurales y cíclicos, incluidos los sectores industrial, tecnológico y de utilities europeos, que pensamos se beneficiarán de tendencias globales como la IA, la transición energética y el aumento del gasto en defensa”.

Y añade: “desde una perspectiva cíclica, mejoramos también a Atractivo el sector bancario europeo, respaldado por un mayor crecimiento del crédito, la revalorización de los activos y unos sólidos retornos al accionista. El sector inmobiliario y la renta variable alemana también destacan, impulsados por unos tipos bajos del BCE y una política fiscal más flexible.”

12Nov

La industria química, con una alta dependencia de los precios de la energía, así como de los cambios en las políticas comerciales, apenas crecerá el 0,2% este año y el 0,4% en 2026.

Miguel Ángel Valero

La industria química es un sector con una alta dependencia de los precios de la energía, así como de los cambios en las políticas comerciales. Estos factores van a suponer un lastre para su crecimiento en 2025 y 2026, que apenas alcanzará un 2,1% a nivel global. En el caso de Europa, se prevé una estabilización de la producción con un crecimiento residual del 0,2% este año y del 0,4% en 2026.

Un estudio de Crédito y Caución analiza las causas de esta ralentización en el mercado europeo. Por una parte, el aumento estructural de los costes energéticos sigue siendo un reto clave para los productores, ya que se espera que los precios del gas se mantengan por encima de los niveles anteriores a la crisis de forma indefinida. El aumento de los precios debilitará la competitividad a largo plazo frente a EEUU y China, sus principales rivales.

Por otra parte, los nuevos aranceles estadounidenses podrían desviar más exportaciones chinas hacia Europa, reduciendo la demanda de productos europeos fabricados con productos químicos locales. A este hecho se añade la previsión de que China incremente sustancialmente la producción química dejando en el mercado mundial un exceso de oferta que repercutirá en los precios y en la competitividad de las empresas europeas.

Por último, la industria química es esencial para otros sectores como la automoción, fuertemente afectada por los nuevos aranceles, en especial, en mercados como Alemania en los que es uno de los principales pilares de su economía.  El efecto negativo de las tarifas arancelarias sobre la industria automovilística está perjudicando, en concreto, al subsector de pinturas y barnices.

El informe de Crédito y Caución también identifica como uno de los principales retos del sector los requerimientos normativos en materia de sostenibilidad. Las empresas se enfrentan a importantes inversiones en descarbonización y optimización de la sostenibilidad para cumplir las regulaciones destinadas a reducir el impacto medioambiental y mejorar las normas de seguridad.
En definitiva, se trata de un sector afectado por factores tanto directos como indirectos. Su fuerte dependencia de las materias primas derivadas del petróleo y del gas, así como de la producción industrial, que lo deja expuesto al efecto de los aranceles, son sus principales debilidades.En los próximos años, la región Asia-Pacífico seguirá siendo el principal motor del crecimiento del sector químico, seguido por Estados Unidos, que se beneficia del suministro de gas de esquisto.

Reino Unido rechaza aportar dinero al fondo de defensa conjunto de la UE

Por otra parte, Reino Unido rechaza la propuesta de la Unión Europea de aportar 6.750 millones€ para acceder al fondo de defensa conjunto. El programa Security Action for Europe (SAFE) es un plan de préstamos de 150.000 millones, respaldados por el presupuesto de la UE, destinado a financiar infraestructura y armamento militar. Para ello, al menos el 65% de los bienes adquiridos deben proceder de la UE, Noruega, Islandia, Liechtenstein, Suiza o Ucrania. 

Además de los Estados miembros, el plan permite la participación de países terceros interesados, como Canadá, Corea del Sur o Turquía. 

En el caso de Reino Unido, el Gobierno ha calificado las aportaciones solicitadas de “irrazonables y desproporcionadas”. Con la fecha límite del 30 de noviembre para que los Estados miembros presenten sus primeras propuestas de proyectos SAFE, el tiempo para alcanzar un compromiso se agota..

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, señala que el Banco de Inglaterra adoptó la semana pasada un tono más acomodaticio, lo que sugiere posibles recortes de tipos en el futuro. "Es probable que la institución gane confianza una vez conozca el contenido del próximo presupuesto británico, especialmente en materia de política fiscal y proyecciones de crecimiento, para determinar el margen disponible para recortar tipos", argumenta.

Aunque la inflación británica se mantiene por encima del objetivo, comienzan a predominar fuerzas desinflacionarias. Esto debería favorecer una moderación de los precios, y si los próximos datos confirman esa tendencia, el Banco de Inglaterra podría sentirse respaldado para efectuar un recorte en diciembre.

11Nov

Prysmian y Nexans, en resiliencia energética; Danieli, Siemens, en reindustrialización; Invisio, Kongsberg, en defensa y ciberseguridad, entre las empresas recomendadas.

Hilde Jenssen, Head de Fundamental Equities y co-gestora de la estrategia Empower
Europe de Nordea

La autonomía estratégica ya no es una aspiración para Europa; es esencial. Un orden mundial fracturado ha expuesto las dependencias de Europa respecto al apoyo militar de EEUU, la manufactura asiática y la energía rusa. La transición hacia una mayor autosuficiencia es una necesidad para Europa, pero la autonomía por sí sola no generará rendimientos. Europa también debe recuperar su ventaja competitiva en innovación, productividad y eficiencia del capital. Incluso en medio de los desafíos políticos actuales, Europa sigue siendo lo suficientemente fuerte como para mantenerse independiente y competir con otras potencias globales. 

Muchos países europeos ya han movilizado una cantidad sin precedentes de inversiones. El gran plan de inversión de Alemania forma parte de un esfuerzo europeo más amplio denominado Readiness 2030, que incluye aumentos significativos en el gasto en varios países y una movilización total de hasta 800 000 millones€ para la seguridad europea. El capital privado también está fluyendo hacia sectores clave que crean un impulso significativo, en particular entre las empresas medianas y pequeñas que se encuentran en el corazón de esta transformación. 

En Nordea Asset Management, creemos que este cambio ha creado una ventana de oportunidad única para que los inversores capturen la primera etapa de la estrategia de crecimiento a largo plazo de Europa a través de tres temas principales:

Resiliencia energética

Europa está acelerando la inversión en infraestructura crítica y sistemas energéticos parareducir la dependencia externa y fortalecer la estabilidad a largo plazo. Apoyado por el plan REPowerEU de 300.000 millones€, estos esfuerzos incluyen la modernización de redes eléctricas, el aumento de la capacidad de almacenamiento, la renovación de edificios ineficientes y el aseguramiento del acceso a materiales esenciales, todos ellos componentes clave de un panorama energético más autosuficiente y resiliente.

Construir una red energética robusta e interconectada es fundamental para que Europa logre la seguridad energética y mantenga la competitividad económica. En este contexto, el fabricante italiano de cables y telecomunicaciones Prysmian desempeña un papel fundamental en la modernización de la infraestructura que sustenta la seguridad energética de Europa. Del mismo modo, la empresa francesa de mediana capitalización Nexans desempeña un papel importante en garantizar la resiliencia energética de Europa. Como líder en un mercado de nicho, Nexans proporciona los cables submarinos que permiten la electrificación y conexión entre diferentes países y fuentes.

Reindustrialización de la producción

Europa está reconstruyendo su base industrial con un enfoque renovado en laautomatización, la robótica y el control operativo. La inversión significativa en maquinaria, I+D, e inteligencia industrial será vital para restaurar la competitividad, y la UE ha asignado unos 100.000 millones€ en incentivos de reindustrialización hasta 2030.

Danieli, el fabricante italiano de equipos e instalaciones para la industria metalúrgica está a la vanguardia del retorno de la producción de acero a Europa. La empresa mantiene una sólida ventaja competitiva gracias a la inversión continua en tecnologías del acero y en innovación de procesos. Danieli ayuda a los productores de acero a reducir costos y aumentar la eficiencia a través de la automatización, el control de procesos impulsado por IA y las tecnologías de ahorro de energía como los alimentadores de energía digitales Q-ONE, que optimizan la mano de obra, el uso de materiales y el consumo de energía en la producción y la logística.

La multinacional alemana Siemens es otro actor clave que impulsa la transformación industrial de Europa. Como líder en electrificación, automatización y digitalización, Siemens está ayudando a reducir la dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros. Con el 60% de sus ingresos provenientes de áreas de crecimiento estructural y flujos de efectivo constantes, Siemens representa una historia de crecimiento sólido a largo plazo.

Defensa y ciberseguridad

Si bien la OTAN sigue siendo indispensable, los acontecimientos recientes han puesto de relieve los riesgos de depender excesivamente de socios externos. En respuesta, el plan EUReadiness 2030 tiene como objetivo reforzar las capacidades de defensa mediante la inversión en tecnologías de doble uso civil y militar, ciberseguridad y equipamiento moderno. Con la recomendación de la OTAN de destinar un gasto en defensa del 3–5 % del PIB, equivalente a 350.000 millones€ anuales en toda Europa, la autonomía estratégica se ha convertido en una prioridad principal. 

La empresa sueca de mediana capitalización Invisio, proveedor de confianza de la OTAN y las fuerzas de la UE, ofrece equipos de comunicación de alta tecnología para operaciones seguras. Con una sólida ingeniería y un potencial de crecimiento a través de nuevas líneas de productos, Invisio se beneficiará aún más a medida que el Fondo Europeo de Defensa asigne 8.000 millones€ a tecnologías de próxima generación para 2027.

El grupo noruego de tecnología avanzada Kongsberg es otro innovador europeo. Con la próxima escisión de su negocio marítimo, Kongsberg se centrará por completo en soluciones tecnológicas y de defensa.

El despertar de Europa ofrece muchas oportunidades. Los últimos años han demostrado quela fortaleza de Europa no reside en la dependencia, sino en la renovación. El continente se está reinventando económica, tecnológica y estratégicamente. La estrategia Empower Europe de Nordea invierte precisamente en aquellas empresas que están impulsando este cambio y que, por tanto, son los motores de una Europa más segura de sí misma.

08Nov

Las diez principales empresas representan ahora el 32% de los ingresos netos totales, frente al 24% en 2009, lo que refleja una concentración récord. Las diez principales empresas europeas comenzaron con un peso similar en 2009, pero ahora solo representan el 16% de los beneficios.

Miguel Ángel Valero

Durante más de una década, el crecimiento de los ingresos netos del S&P 500 ha superado al del Stoxx 600 europeo. Sin embargo, se vislumbran signos de cambio, según un análisis de DWS. 

Desde la crisis financiera de 2009, los mercados bursátiles mundiales, en lugar de converger, divergían. En términos de ingresos netos agregados, se ha abierto una amplia brecha entre el S&P 500 de EEUU y sus homólogos mundiales, como el Stoxx 600 de Europa. Tanto el S&P 500 como el Stoxx Europe 600 comenzaron su andadura tras la crisis con beneficios similares, algo más de 0,5 billones$. En 2024, los ingresos netos del S&P 500 se han disparado hasta los 2 billones, lo que supone un aumento de 4,2 veces, mientras que el Stoxx Europe 600 solo ha logrado duplicarse hasta alcanzar los 1,1 billones de USD.

Por supuesto, la composición del índice explica gran parte de la historia. El motor de beneficios del S&P 500 está impulsado por un grupo reducido de gigantes tecnológicos y de las comunicaciones estadounidenses. Las diez principales empresas representan ahora el 32% de los ingresos netos totales, frente al 24% en 2009, lo que refleja una concentración récord. Las diez principales empresas europeas comenzaron con un peso similar en 2009, pero ahora solo representan el 16% de los beneficios. A primera vista, esto parece una desventaja, pero también puede significar resiliencia. Sin embargo, es interesante observar que sigue existiendo una gran diferencia si se tienen en cuenta sectores más tradicionales, como el industrial y el financiero.

El gráfico proporcionado por DWS muestra que el sector financiero ha impulsado tanto el bajo rendimiento de Europa tras la crisis como su reciente recuperación. El sector financiero domina el índice Stoxx 600 europeo, aportando un tercio de los ingresos netos, mientras que los sectores industrial y sanitario desempeñan un papel más importante que en EEUU. Muchas empresas industriales europeas, que en su día fueron una fuente de fortaleza, parecen enfrentarse a retos estructurales. En general, la base sectorial más amplia de Europa ha registrado un crecimiento más estable, aunque menos espectacular.

Entonces, ¿pueden Europa y su índice Stoxx 600 ofrecer algo más que una mayor diversificación con valoraciones aún algo más razonables? Como sostiene Thomas Bucher, responsable de estrategia de renta variable global de DWS, "las acciones estadounidenses son claramente caras. Sin embargo, en relación con su impresionante crecimiento de dos dígitos del beneficio por acción, la valoración podría no ser tan alarmante". 

Mientras tanto, estamos empezando a ver algunos signos alentadores en Europa a nivel empresarial. Las medidas de estímulo específicas, sobre todo el impulso a las infraestructuras en Alemania, están empezando a cambiar el rumbo. Pero aún es pronto y, dada la reciente fortaleza de los mercados bursátiles europeos, será fundamental mantener el impulso de los beneficios.

07Nov

Mientras Europa se vuelva con la energía solar pese a una demanda plana, en EEUU los centros de datos harán que el consumo supere a la suma de Italia, Alemania y Francia.

Miguel Ángel Valero

Europa vive un boom solar sin precedentes. Cada segundo se instalan cuatro paneles en algún punto del continente, y solo en 2025 se añadirán casi 70 gigavatios de nueva capacidad. La energía solar se ha convertido en símbolo de progreso, sostenibilidad y autonomía energética tras la crisis del gas ruso. Pero su éxito está empujando al límite una red eléctrica que fue diseñada para otra época.

Hace una década, los mapas de los centros de control europeos mostraban estabilidad total. Hoy, los paneles de monitoreo se tiñen de amarillo y rojo: señales de saturación. En 2024 se registraron más de 8.600 alertas de voltaje por encima de los límites permitidos, un aumento del 2.000% respecto a 2015, según ENTSO-E

El problema no es la energía solar, sino su velocidad de expansión. Desde 2020, Europa ha duplicado su potencia instalada mientras la demanda apenas creció un 2%. En países como España, Alemania o Italia, la solar ya aporta entre el 20% y el 25% de la generación total. Pero la red no puede absorber toda esa energía: el exceso provoca picos de tensión y, en casos extremos, apagones como el que dejó sin luz a 50 millones de personas en la península ibérica a comienzos de 2025.

El desequilibrio también distorsiona los precios. En Alemania, el 5% de las operaciones de 2024 se hicieron con precios negativos; en España, más de la mitad de la generación solar de mayo de 2025 se produjo bajo esas condiciones. Algunos productores incluso pagan por verter energía a la red. Aun así, las inversiones continúan, impulsadas por el bajo coste de los paneles y los objetivos climáticos. “Tenemos mucha inversión en solar y la demanda está plana”, alertan desde 50Hertz.

Europa empieza a reaccionar: Alemania penaliza la sobreproducción, Italia instala equipos estabilizadores y ENTSO-E propone que las plantas renovables ayuden a controlar el voltaje. Los compensadores síncronos y los inversores inteligentes pueden estabilizar el sistema, pero las inversiones en red avanzan demasiado despacio. España, por ejemplo, no tenía ninguno operativo el día de su gran apagón.

El reto europeo ya no es generar energía limpia, sino integrarla con seguridad. Mientras China y EE. UU. equilibran su oferta con una demanda industrial creciente, Europa enfrenta el escenario contrario: exceso de capacidad y consumo estancado. "Europa quiere liderar la transición energética, pero su infraestructura va por detrás. Si la revolución solar no viene acompañada de una revolución en redes, almacenamiento y gestión, lo que hoy simboliza progreso puede convertirse en una fuente de inestabilidad", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Europa rebaja sus objetivos de emisiones

Por otra parte, Europa ha rebajado sus ambiciones climáticas y ha optado por fijar la reducción de emisiones al 80% en 2040 en lugar del 90% que estaba fijado. Johel Rodríguez, profesor de Organización Industrial en la Universidad Carlemany, señala que “una de las técnicas más conocidas para la definición de objetivos es la técnica SMART, que proviene de las siglas en inglés: Específico, Medible, Alcanzable, Relevante y Temporalmente definido. Sin embargo, durante la reciente reunión del Consejo de la Unión Europea sobre clima se ha agregado un nuevo matiz a esta definición: convertir un objetivo en 'alcanzable' a cualquier precio. Personalmente pienso que se ha pecado de definir un objetivo excesivamente ambicioso y que, al comprobar que no es posible alcanzarlo en el tiempo previsto, se ha optado por redefinir la estrategia". 

"Una posibilidad habría sido ajustar el objetivo a algo más realista; otra, ampliar el plazo para lograrlo. Pero, como ha demostrado la UE, también existe una tercera vía: mantener los objetivos intactos mientras se relajan las políticas y se buscan atajos que permitan seguir presumiendo de la ambición verde de los Estados miembros. Estas medidas no implican que la UE renuncie al objetivo global, sino que introducen nuevos mecanismos de flexibilidad para la redistribución o compensación geográfica y temporal de las emisiones. Traducido al lenguaje cotidiano sería como presumir de tener la casa impecable y un estricto protocolo para sacar al perro y tirar la basura todos los días, con la diferencia de que ahora puedo delegar esas tareas en alguien que me garantiza que mi casa estará limpia… aunque salga por el vecindario sin bolsa o deje la basura repartida entre mi casa y el contenedor. Aunque la intención es buena, y el objetivo plenamente válido y necesario para la sostenibilidad del planeta, no se puede mantener una agenda verde que entre en conflicto con el crecimiento económico. No se puede obligar a los Estados a elegir entre crecer, mantener los criterios ASG y competir en un mundo donde no todos están sujetos a las mismas reglas. Sin embargo, parece que la UE ha optado por relajar sus promesas y adoptar políticas poco coherentes, más orientadas a ganar votos y preservar una superioridad moral en temas ambientales que a cuestionar el relato construido de 'salvar el planeta'”. 

May López, profesora de OBS Business School y directora de Empresas por la Movilidad Sostenible, añade: “Inicialmente el objetivo no cambiaría, lo que cambiaría es el modo de alcanzarlo, permitiendo a aquellos que no consigan alcanzarlo vía reducción de emisiones de CO2, hacerlo a través de programas de compensación de emisiones. Compra de créditos de carbono que supondría una penalización económica para las empresas que no cumplan los objetivos al tener que invertir en proyectos de compensación en países en desarrollo.”

Robeco: EEUU entra en un superciclo energético

Por su parte, EEUU se está adentrando en una nueva era de aumento de la demanda de electricidad: un superciclo energético. Esto supondrá un cambio radical en la asignación de capital a la generación de energía, la infraestructura de la red y las tecnologías de almacenamiento, así como importantes oportunidades de inversión para la estrategia Robeco Smart Energy.

La IA, la electrificación y la descarbonización están incrementando la demanda de energía. Las redes antiguas y la falta de inversión en infraestructuras limitan la oferta. El desajuste entre la oferta y la demanda está provocando un nuevo superciclo de inversión

EEUU está en el epicentro de este incremento, ya que se espera que su demanda de energía en la próxima década se triplique respecto a su demanda en las dos décadas anteriores. Por lo tanto, su consumo total pasaría de 4.100 TWh en 2024 a5.300 TWh en 2035. Este aumento equivale al consumo anual combinado de Italia, Alemania y Francia.

Los principales factores que impulsan la demanda están claros:

  • Centros de datos y computación de IA: El consumo eléctrico de los centros de datos, los cuales ya son grandes consumidores de energía, aumentará a un ritmo anual del 15% (TCAC) de aquí a 2035. Los centros de datos ya representan alrededor del 3% de la demanda total y podrían llegar al 10% en 2035.
  • Calefacción y refrigeración comerciales y residenciales: Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el uso de electricidad superará al del gas natural para calentar espacios y agua, tanto en edificios de nueva construcción como en los renovados, a medida que las oficinas, los locales comerciales y las instalaciones institucionales pasen a utilizar sistemas eléctricos de calefacción, calentamiento, ventilación y aire acondicionado. Prevemos que estos segmentos crezcan a un ritmo del 1,1% anual (TCAC) hasta 2035, muy por encima del 0,7% de la última década.
  • Electrificación industrial: La industria manufacturera estadounidense se está expandiendo debido a los aranceles y las tendencias de reshoring, y está integrando la automatización y la robótica basadas en IA. Prevemos que la TCAC de la electrificación industrial crecerá hasta un 1,9% de aquí a 2035,un ritmo muy por encima de la media histórica del 0,6%.
  • Transporte: A pesar de las decepcionantes cifras de ventas de vehículos eléctricos (VE) en EEUU, en la actualidad hay unos 5 millones de ellos circulando, lo que representa en torno al 2% del parque total de turismos. Aunque el mix de ventas de vehículos nuevos se mantuviera estable (en torno al 9%), la TCAC del número de VE aumentaría en torno a un15% hasta 2035, con lo que se alcanzarían los 22 millones. En 2035, los VE podrían representar cerca del 10% de la demanda total.

Tras décadas de consumo estable, la red estadounidense no está preparada para este nivel de crecimiento. La retirada del carbón y la lentitud en la concesión de permisos a los sistemas de energías renovables han limitado el suministro eléctrico. Los organismos reguladores de la energía advierten de que la mitad de EEUU se enfrenta a un déficit de suministro eléctrico en la próxima década. 

La distribución complica aún más las cosas. El final de la vida útil de más del 30% de las líneas de transmisión y de casi el 50% de las infraestructuras de distribución está próximo. Los precios de la capacidad en los mercados en los que opera PJM se han multiplicado por diez en cuatro años, mientras que los de la electricidad han aumentado un 4% anual, lo cual subraya la tensión entre fiabilidad y asequibilidad.

En los últimos cinco años, el importe de la factura de la luz se ha incrementado un 24% a lo largo y ancho de EEUU. 

El entorno político de EE.UU. está evolucionando para hacer frente a este gran aumento. La orden ejecutiva de Emergencia Energética Nacional de 2025 contempla permisos por la vía rápida y desregulaciones, sobre todo para las centrales térmicas de gas y las mejoras en la transmisión. Al mismo tiempo, los incentivos heredados de la Inflation Reduction Act (IRA) y de la One Big Beautiful BillAct (OBBBA) siguen canalizando capital hacia las energías renovables y la resiliencia de la red eléctrica. El consenso bipartidista sobre la fiabilidad de la red garantiza un telón de fondo favorable a la inversión en infraestructuras energéticas estadounidenses.

Prevemos que EEUU añadirá entre 500 y 600 GW de capacidad de aquí a 2035, y que las energías renovables representarán aproximadamente entre el 60 y el 70% de estas adiciones. Por su parte, el gas natural seguirá siendo el pilar de la fiabilidad. A pesar del escrutinio político y de la OBBBA, se espera que las energías renovables superen la capacidad de gas adicional. Mientras tanto, con el respaldo de la administración estadounidense actual, la actividad de las centrales térmicas de carbón podría prorrogarse, y las compañías de servicios públicos ya están planificando activamente nuevos proyectos de producción de gas. La popularidad de la energía nuclear también está creciendo, pero su elevado coste y los largos plazos de construcción la convierten en una solución inviable a corto plazo.

Según la AIE, el mix energético de EE.UU. en 2040 podría estar compuesta por 900GW de energía solar, 600 GW de energía eólica, 450 GW de gas natural, 250 GW de almacenamiento en baterías, 100 GW de energía procedente del carbón y energía nuclear. Este mix pone de manifiesto la necesidad de disponer de un volumen de energía despachable que esté 'siempre disponible' para complementar las fuentesde energía renovables intermitentes.

Modernización de la red: Una cuestión público-privada

A medida que aumente el consumo, las redes eléctricas antiguas se verán sometidas a una presión cada vez mayor. El Departamento de Energía subrayó que en los próximos 10 años, EE.UU. tendrá que incorporar una capacidad de transmisión similar a la añadida en los últimos 60 años. En 2050, las redes eléctricas tendrán que ser al menos dos o tres veces mayores para seguir el ritmo de las tendencias de electrificación, expansión de los centros de datos y transición a energías limpias.

Se espera que el gasto en la ampliación de las redes supere los 100.000 millones$ anuales a finales de la década, y que se beneficien de ello los proveedores de infraestructura de redes, componentes de redes inteligentes y equipos para los consumidores finales.

14Oct

“El plazo para tomar decisiones estratégicas definitorias es de meses, no de años, lo que exige una acción inmediata. La inacción o la indecisión podrían llevar a repetir fracasos pasados, comprometiendo la estabilidad económica y el modo de vida de Europa a largo plazo", avisa el historiador Serhii Plokhii.

"La resistencia de Ucrania le está dando a Europa un tiempo crucial para reorganizar su defensa y prepararse para su propio futuro. La pregunta fundamental no es solo cómo apoyar a Ucrania, sino si Europa puede garantizar su propia supervivencia en los próximos 5 a 15 años”, advierte Serhii Plokhii, profesor de Historia Ucraniana en la cátedra Mykhailo Hrushevsky de la Universidad de Harvard, en una conferencia en la Fundación Ramón Areces.

Autor, entre otros libros, de ‘The Russo-Ukrainian War: The Return of History’ (2023), ha analizado ‘La guerra entre Rusia y Ucrania a través de los ojos de un historiador’ en una conferencia organizada por la Fundación Ramón Areces junto al Davis Center for Russian and Eurasian Studies de la Universidad de Harvard.

Plokhii ha recordado cómo “a pesar de tener un PIB 10 veces mayor que el de Rusia, Europa ha demostrado debilidad y falta de respuesta a provocaciones, cuestionando su capacidad para transformar su fortaleza económica en poder de seguridad”. “El daño en la relación con Moscú es tan profundo que podría necesitarse una generación para restaurar la confianza, marcando el fin de la era de dependencia energética y una reorientación geopolítica de Rusia hacia Oriente”, avisa. 

Este historiador ha alertado también a Europa de que el tiempo se acaba: “El plazo para tomar decisiones estratégicas definitorias es de meses, no de años, lo que exige una acción inmediata. La inacción o la indecisión podrían llevar a repetir fracasos pasados, comprometiendo la estabilidad económica y el modo de vida de Europa a largo plazo. Las decisiones tomadas en el próximo año determinarán si las futuras generaciones de historiadores juzgarán a la Europa actual como un éxito o un fracaso”. 

Y también ha recordado lo que otros muchos expertos en geopolítica vienen haciendo en los últimos meses: “Europa se enfrenta a la necesidad urgente de desarrollar su autonomía en seguridad, ya que no puede seguir dependiendo del apoyo de Estados Unidos en futuras crisis”. 

La reorientación de Moscú hacia China crea un nuevo y desconocido escenario estratégico. Sobre esta nueva alianza, ha comentado Plokhii que “invierte la dinámica de poder de los años 50, con China como socio dominante y Rusia como el socio menor y más agresivo”. Y ha recordado también cómo “la alianza sino-soviética original de los años 50 no fue duradera, lo que genera una incertidumbre significativa sobre la estabilidad y longevidad de la asociación actual”. “Esta nueva configuración geopolítica, descrita como 'territorio desconocido', está acelerando el surgimiento de un mundo bipolar con China como un centro de poder cada vez más fuerte”, argumenta.

En el análisis de la guerra en Ucrania, para este historiador de la Universidad de Harvard, no estamos ante un conflicto local, “sino ante la fase final y violenta del colapso del imperio ruso, forzando un realineamiento estratégico global”. Sobre su origen, explica que “la guerra de Ucrania no se debe a la expansión de la OTAN, sino a la ambición imperial de Rusia por impedir la integración de Ucrania en la UE y anular su identidad nacional”. “La base ideológica del conflicto es la negación de la existencia de Ucrania como nación, una visión imperial del siglo XIX que considera a los ucranianos como parte del 'pueblo ruso'”. 

Sobre el devenir de la contienda, el también autor de ‘The Last Empire: The Final Days of the Soviet Union’ (2014) ha asegurado que “la guerra es un fracaso estratégico para Rusia, que está perdiendo mercados europeos y se enfrenta a una China más poderosa en su giro hacia Oriente, acelerando un nuevo orden bipolar. La agresión se basa en una ideología que busca la 'rusificación' y la eliminación de Ucrania como estado-nación, considerando cualquier expresión de identidad ucraniana como 'antirrusa' y, por tanto, 'nazi'”.

Sin embargo, “la invasión rusa irónicamente ha fortalecido la identidad ucraniana, ha generado un profundo rechazo hacia Rusia que perdurará por generaciones y ha forzado a Europa a reevaluar su propia defensa”. Para este experto, “el elevado número de bajas rusas y los fracasos estratégicos socavan la narrativa de Putin sobre la 'unidad de los pueblos', incluso dentro de la propia Rusia”.