20 Jun
20Jun

Miguel Ángel Valero

Durante años, muchos inversores pensaron que había llegado el momento de Europa. Las Bolsas europeas cotizaban mucho más baratas que Wall Street y el enorme gasto previsto en defensa e infraestructuras parecía ofrecer una nueva narrativa de crecimiento. Pero esa historia ha vuelto a desinflarse.

Mientras EEUU vive una auténtica fiebre alrededor de la inteligencia artificial (IA) y Asia domina buena parte de la cadena global de semiconductores, Europa sigue apareciendo como una economía sin una gran temática clara que entusiasme a los mercados. "Y en Bolsa, las historias importan muchísimo", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

El problema no es únicamente que Europa crezca menos. El verdadero problema es que los sectores que lideran actualmente el mercado apenas tienen peso dentro de las Bolsas europeas. La tecnología representa apenas alrededor del 8% del índice europeo Stoxx 600, frente a más del 40% en el S&P 500 estadounidense.

Europa tiene compañías extraordinarias como ASML Holding, pero siguen siendo excepciones dentro de un mercado muy dominado por banca, industria tradicional y sectores defensivos. A eso se suma otra enorme vulnerabilidad: la dependencia energética. Mientras EEUU es exportador neto de energía, Europa sigue dependiendo enormemente del petróleo y gas que importa del exterior.

Pero probablemente la gran diferencia estratégica sea otra. EEUU y China están dispuestos a cruzar líneas que Europa rara vez se atreve siquiera a plantearse. Washington subsidia industrias estratégicas, protege sectores clave y utiliza su poder económico y monetario como herramienta geopolítica. China lleva décadas combinando planificación estatal, control industrial y visión estratégica de largo plazo. Europa, en cambio, sigue atrapada muchas veces entre regulación, burocracia y lentitud política.

Y, sin embargo, Europa sí tiene enormes ventajas potenciales. Tiene estabilidad institucional, algunas de las mejores multinacionales del mundo, talento, capacidad industrial, un enorme nivel de ahorro privado y uno de los mayores mercados de consumidores del planeta. De hecho, gran parte del ahorro europeo termina financiando indirectamente el crecimiento de EEUU porque el propio mercado europeo no logra generar suficientes oportunidades atractivas para retener ese capital.

Incluso algunas empresas europeas empiezan a copiar ciertas prácticas típicas de Wall Street, como los programas de recompra de acciones, buscando mejorar la rentabilidad para el accionista y atraer capital de una forma mucho más agresiva que en el pasado.

El problema es que el mundo actual parece premiar cada vez más la velocidad, la agresividad estratégica y la capacidad de asumir riesgos. Y ahí Europa sigue dudando mientras otros avanzan.

Quizá algún día Europa decida defender con la misma contundencia sus intereses tecnológicos, energéticos e industriales. Porque potencial tiene de sobra. Pero mientras siga intentando competir en un tablero donde los demás juegan con reglas mucho más agresivas, será muy difícil que su Bolsa vuelva a convertirse en el gran motor de rentabilidad global.

De hecho, hoy muchos inversores solo ven un escenario claro en el que la Bolsa europea podría hacerlo significativamente mejor que la estadounidense: una corrección severa en Wall Street. Especialmente si el enorme peso de las tecnológicas y de toda la narrativa ligada a la IA terminase provocando una fuerte caída de valoración en los gigantes estadounidenses. Ahí sí podría volver a ganar atractivo relativo una Europa más barata, más diversificada y mucho más defensiva. 

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