10 Aug
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Miguel Ángel Valero

Durante casi siete décadas, la política japonesa ha estado dominada por una única fuerza: el Partido Liberal Democrático (PLD). Esta estabilidad, que a ojos externos podría parecer una anomalía en una democracia avanzada, ha sido el resultado de una combinación de factores históricos, culturales y económicos. 

Nacido tras la Segunda Guerra Mundial y con el respaldo encubierto de EEUU durante la Guerra Fría, el PLD fue durante años el bastión contra el comunismo en Asia. Este papel estratégico le otorgó una posición de privilegio que supo consolidar a través de una extensa red clientelar, especialmente en las zonas rurales, y un apoyo continuo por parte de grandes conglomerados empresariales. 

A pesar de los constantes escándalos y los frecuentes cambios de liderazgo dentro del propio partido, su dominio electoral ha permanecido casi intacto .El modelo político japonés ha funcionado como un sistema de poder pragmático: el PLD ofrecía estabilidad y crecimiento económico, mientras que los votantes, en su mayoría envejecidos y conservadores, premiaban la continuidad. 

Sin embargo, ese equilibrio comenzó a resquebrajarse en los últimos años, con una sociedad cada vez más frustrada por el estancamiento salarial, el declive demográfico, y una sensación de desconexión entre los líderes políticos y los ciudadanos de a pie.

La reciente pérdida de la mayoría en el Senado, sumada a la derrota previa en el Parlamento, marca un hito en la historia política de Japón. El primer ministro Shigeru Ishiba, debilitado por múltiples frentes —escándalos internos, la subida del precio del arroz, y la falta de acuerdo con EEUU en plena guerra comercial— ha sufrido el peor revés electoral del PLD desde 1999. El resultado de las elecciones del 20 de julio ha sido demoledor: la coalición gobernante apenas consiguió 47 de los 125 escaños en juego, quedando por debajo del umbral necesario para mantener el control de la Cámara Alta.

Aunque Ishiba ha descartado dimitir, su capacidad de gobernar se ve fuertemente limitada, sin mayoría en ambas cámaras. El mensaje del electorado ha sido claro: el Gobierno ha fallado en su intento de controlar la inflación, que lleva ya más de tres años por encima del 2%, ha perdido credibilidad por los vínculos oscuros con la secta “Iglesia de la Unificación”, y se ha mostrado ineficaz ante los desafíos del presente. La política japonesa entra así en una nueva fase, marcada por la incertidumbre y la fragmentación. 

La gran sorpresa de estas elecciones ha sido la irrupción de Sanseito, un partido ultraderechista que ha logrado 14 escaños y se ha convertido en la segunda fuerza más votada. Su líder, Sohei Kamiya, es un personaje salido del ecosistema digital: ex gerente de supermercado y youtuber durante la pandemia, supo capitalizar el malestar social a través de un discurso populista, conspirativo y radical. Inspirado abiertamente en Donald Trump y en partidos como la AFD alemana, Kamiya ha explotado temas como la inmigración, la decadencia de los valores tradicionales y el rechazo a las élites globalistas para conectar con una parte del electorado japonés que nunca antes se había sentido representado. Sanseito ha recogido el voto del enfado, del abandono, y del miedo. La inflación y la falta de respuestas eficaces por parte del Gobierno han generado un terreno fértil para el discurso del “Japón para los japoneses”.

Esta deriva no es exclusiva del archipiélago: lo hemos visto en Europa (Marine Le Pen, Giorgia Meloni, Santiago Abascal, Viktor Orban, entre otros), en EEUU (Trump y su MAGA), y en América Latina (Milei, Bolsonaro). El patrón se repite: descontento económico + escándalos de la élite + redes sociales = auge del extremismo.

"Japón, que durante décadas fue un ejemplo de estabilidad política, entra en una etapa nueva e impredecible. La combinación de inflación, presiones externas por la guerra comercial con EE. UU., un primer ministro debilitado y la emergencia de fuerzas radicales como Sanseito, dibujan un escenario de mayor polarización. Lo que suceda en los próximos meses no solo definirá el futuro de la política japonesa, sino también su papel en un mundo donde el orden económico y geopolítico está cambiando rápidamente", avisa el analista Pablo Gil en The Trader.

Lazard: Japón aceptará un mayor déficit público

El jueves 31 de julio, el Banco de Japón mantuvo por unanimidad el tipo de interés oficial sin cambios en el 0,5 %, el nivel más alto desde 2008.La decisión respalda el enfoque mesurado para seguir normalizando la política monetaria. El gobernador Kazuo Ueda ha destacado que seguirá subiendo los tipos "en función de la evolución de la economía y los precios".

En ese sentido, se eleva la previsión de inflación: el IPC (todos los artículos menos los alimentos frescos) se situará entre el 2,5% y el 3% para el año fiscal 2025, frente al rango anterior del 2%-2,3 %. Y se mantiene la previsión de crecimiento real del PIB en un 0,6% para el año fiscal 2025.çSe espera que la inflación subyacente alcance niveles "generalmente coherentes con el objetivo de estabilidad de precios" en la segunda mitad del período de proyección.

El informe trimestral del banco central japonés destacó que la economía se está recuperando moderadamente a pesar de cierta debilidad en las exportaciones y la producción industrial, ya que los beneficios empresariales siguen mejorando y la confianza empresarial se mantiene en niveles favorables.

Además, el consumo privado está mostrando resistencia frente al aumento de los precios, respaldado por la mejora de las condiciones del empleo. Se espera que el mercado laboral siga siendo restrictivo y que el crecimiento de los salarios nominales se mantenga elevado.Sin embargo, los responsables del Banco de Japón también identificaron varios riesgos para sus perspectivas, entre ellos las posibles amenazas para el crecimiento derivadas de la evolución de las políticas comerciales mundiales, que pueden provocar una desaceleración en otros socios comerciales; que el reciente aumento de los precios de los alimentos remita; y que la inflación subyacente siga siendo débil.

El gobernador del Banco de Japón, Ueda, reitera los planes de seguir subiendo los tipos de interés siempre que "la economía y los precios evolucionen en línea con nuestras previsiones". Asegura que la incertidumbre ha "disminuido" gracias al acuerdo comercial con EEUU, pero que "el impacto de los elevados aranceles estadounidenses sobre la economía aún no está claro". Además, hizo hincapié en la importancia de mantener el "ciclo de aumento de los salarios y la inflación" y explicó que las decisiones de endurecimiento monetario se basarán en la probabilidad de que la inflación subyacente alcance su objetivo del 2%.

Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, cree que el Banco de Japón "ha derrotado de forma convincente a la deflación, pero también que el obstáculo para nuevas subidas de tipos es muy alto, ya que se espera claridad sobre el impacto de las elecciones al Senado del 20 de julio en la política del Gobierno, así como los efectos finales sobre la economía japonesa del cambio en la política comercial de EEUU".

Este experto reconoce que el resultado negociado de un arancel del 15% sobre los productos japoneses pasada fue mejor de lo que se temía, pero también llama la atención sobre partes del pacto que no se han revelado en su totalidad, como la inversión por parte de Japón de 550.000 millones$ en lo que parece ser un fondo soberano similar al de EEUU. Destaca también que tras las elecciones al Senado, por primera vez desde la década de 1950, el partido gobernante carece de mayoría en las dos cámaras del Parlamento. No cree que el resultado de los comicios cambie la trayectoria de las empresas japonesas hacia una mayor rentabilidad del capital, que es la base de su visión optimista sobre la renta variable japonesa. Pero admite que las implicaciones de las elecciones aún no están claras.

Los partidos de derecha, como el Sanseito, hicieron campaña contra el aumento de la inmigración en Japón, al tiempo que abogaban por una reducción del impuesto sobre el consumo. El PLD, por su parte, se mostró a favor de realizar pagos a los hogares japoneses. Independientemente del método, la mayoría de los partidos se mostraron a favor de aliviar la carga fiscal de los consumidores ante el aumento del coste de la vida. Al final, parece que Japón aceptará un mayor déficit bajo el nuevo Gobierno, aunque probablemente no a través de una reducción del impuesto sobre el consumo”, explica el experto de Lazard.


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