Miguel Ángel Valero
Ethena lanza Ethena Pay en Avalanche, una app de pagos con hasta un 6% y un 10%. Quiere que el usuario utilice su dólar digital para pagar el café, no para especular. Su app, en pruebas, ya está en 48 países. El dinero vive en USDe, el dólar sintético del grupo y se mueve sobre Avalanche. Da hasta un 6% anual sobre el saldo y hasta un 10% de devolución en las compras realizadas, pagado en Avalanche.
La estrategia es evidente: si el usuario paga con su dólar y cobra en Avalanche crea demanda constante de sus fichas, no solo cuando sube el mercado. Si cuaja, es viento a favor para el token ENA y para Avalanche. "Cuidado con la letra pequeña: no está en EEUU ni en la UE, y ese 6% tiene condiciones", advierten en Zumitow.
The Trader: cambio profundo en la relación entre ciudadano, dinero y Estado
Los criptoactivos nacieron, en buena medida, como una rebelión contra los bancos centrales. Bitcoin proponía un dinero que no dependiese de gobiernos ni autoridades monetarias. Casi dos décadas después, la paradoja es enorme: son precisamente los bancos centrales los que están acelerando para crear sus propias monedas digitales. Las CBDC —Central Bank Digital Currencies— son versiones digitales de las monedas oficiales emitidas por los bancos centrales.
China desarrolla el e-CNY, Europa avanza hacia el euro digital y más de 90 bancos centrales estudian proyectos similares. Bahamas, Jamaica y Nigeria ya tienen CBDC plenamente operativas.
"Pero detrás de esta carrera hay algo bastante más importante que modernizar los medios de pago. Está en juego quién controlará el dinero en la economía digital", avisa Pablo Gil en The Trader.
La gran amenaza para muchos bancos centrales no es Bitcoin, sino las “stablecoins”. Monedas digitales privadas cuyo valor está vinculado a una moneda tradicional y que permiten mover dinero prácticamente de forma instantánea. Y aquí aparece el verdadero problema: el 98% del mercado de “stablecoins” está denominado en dólares. EEUU, además, está siguiendo una estrategia radicalmente diferente a la europea o china. La Reserva Federal no está desarrollando una CBDC. Washington ha optado por regular y legitimar las “stablecoins” privadas denominadas en dólares, cuyos emisores mantienen buena parte de sus reservas en deuda pública estadounidense.
El resultado puede ser extraordinariamente favorable para EEUU Una persona en Argentina, Turquía, Nigeria o cualquier otra parte del mundo puede acceder desde un teléfono móvil a una representación digital del dólar sin necesidad de tener una cuenta bancaria estadounidense. Si las “stablecoins” terminan extendiéndose desde el ecosistema cripto hacia los pagos, el ahorro y las transacciones internacionales, la digitalización del dinero podría reforzar la dolarización mundial en lugar de debilitarla.
Cuando ciudadanos y empresas prefieren ahorrar y realizar transacciones en una moneda extranjera, el banco central local pierde parte de su capacidad para controlar las condiciones monetarias de su economía. Las CBDC aparecen entonces como un intento defensivo de proteger la llamada soberanía monetaria. De hecho, más de tres cuartas partes de los bancos centrales que trabajan en monedas digitales reconocen que preservar el papel de su propia moneda es una de sus motivaciones.
El problema es que digitalizar una moneda no consigue que la gente quiera utilizarla. Los experimentos realizados hasta ahora son bastante reveladores. Bahamas, Jamaica y Nigeria llevan años utilizando CBDC y su adopción continúa limitada a apenas unos pocos puntos porcentuales de la población. Jamaica llegó incluso a pagar unos 16$ a los primeros 100.000 ciudadanos que abrieran una cartera digital. Ni siquiera así se ha producido la revolución prometida.
China representa un modelo diferente. Su e-CNY comienza a ganar terreno especialmente en operaciones mayoristas y transacciones entre instituciones financieras. Pero Pekín acompaña el desarrollo de su moneda digital con fuertes controles de capital y severas restricciones sobre otros criptoactivos.
Y después está Europa. La UE quiere tener su euro digital operativo previsiblemente a partir de 2029. El argumento no es únicamente monetario. Europa depende enormemente de infraestructuras estadounidenses: Visa y MasterCard procesan aproximadamente dos tercios de las transacciones de la Eurozona. Las crecientes tensiones geopolíticas con EEUU han convertido esa dependencia en una cuestión estratégica.
Pero Europa puede estar confundiendo el problema con la solución. El dólar domina el sistema financiero mundial no porque tenga una tecnología de pagos superior, sino porque detrás existe el mercado financiero más profundo y líquido del planeta. El mercado de Treasuries ronda los 30 billones$ y permite que Gobiernos, bancos, empresas e inversores puedan colocar enormes cantidades de capital con una liquidez difícil de encontrar en cualquier otro lugar.
Europa tiene una economía de unos 18 billones$ y aproximadamente 12 billones€ en deuda pública, pero repartidos entre numerosos mercados nacionales. Alemania, Francia, Italia o España emiten su propia deuda. Esa fragmentación impide que exista un verdadero equivalente europeo al Treasury estadounidense.
La carrera por las CBDC suele presentarse como una competición tecnológica, pero en realidad es mucho más: es una batalla por la soberanía monetaria, por la hegemonía financiera y, potencialmente, por el grado de control que los Estados pueden ejercer sobre el dinero.
EEUU parte con una enorme ventaja porque está dejando que el sector privado haga buena parte del trabajo. Las stablecoins pueden extender el uso internacional del dólar y, al mismo tiempo, generar demanda adicional de deuda pública estadounidense. China responde con el e-CNY y controles de capital, mientras Europa intenta hacerlo con el euro digital.
Pero hay otro aspecto que no deberíamos perder de vista. Una CBDC minorista puede cambiar profundamente la relación entre el ciudadano, el dinero y el Estado. A diferencia del efectivo, que permite realizar transacciones prácticamente anónimas, un sistema monetario completamente digital puede proporcionar una trazabilidad mucho mayor de nuestros movimientos. Y, dependiendo de cómo se diseñe, podría abrir la puerta no solo a conocer con enorme precisión cómo, cuándo y dónde gastamos, sino también a introducir límites, restricciones o condiciones sobre determinados usos del dinero.
Eso no significa que el euro digital vaya necesariamente a utilizarse de esa manera. El BCE insiste precisamente en incorporar garantías de privacidad. Pero la infraestructura tecnológica aumenta potencialmente la capacidad de supervisión y control del sistema monetario. Por eso el debate sobre las CBDC no es únicamente económico o tecnológico. También afecta a la privacidad, la libertad económica y a cuánta capacidad de supervisión estamos dispuestos a otorgar a las instituciones públicas sobre nuestro dinero.
Y hay una última cuestión que Europa no debería olvidar: una moneda no se convierte en dominante porque sea digital. Se convierte en dominante porque el mundo quiere ahorrar, invertir y comerciar utilizando esa moneda.
"Europa está poniendo demasiado énfasis en construir el euro digital y demasiado poco en crear un verdadero mercado de capitales integrado y un gran mercado común de deuda capaz de competir con los Treasuries estadounidenses", subraya Pablo Gil.
La revolución del dinero digital no solo decidirá qué moneda utilizaremos. También puede decidir quién controla esa moneda, qué puede saber sobre nosotros y hasta dónde puede llegar ese control. Y ahí es donde la carrera por las CBDC deja de ser simplemente una cuestión financiera para convertirse en algo mucho más importante.
Más movimientos en el ecosistema cripto
Por otra parte, Robinhood Chain adelantó a Ethereum el 30 de agosto en ingresos diarios, 2,66 millones$ frente a 1,27 millones, por el trading de memecoins. Robinhood Chain, la red que Robinhood lanzó hace apenas dos meses, solo se vio superada ese día por Solana, con 5,07 millones. Casi el 88% salió de tres apps: GMGN (1,11 millones), Pons (930.000) y Uniswap (307.000). La red movió 5,52 millones de transacciones y Pons lanzó 22.600 tokens.
Robinhood Chain es una red barata sobre Ethereum: cobra comisiones minúsculas y se queda el volumen minorista. Pero cada red de marca que le roba comisiones erosiona la tesis de Ethereum.
La DAO (la organización autónoma descentralizada que gobierna el ecosistema Arbitrum, la red Layer 2 de Ethereum, permitiendo a los tenedores del token $ARB proponer y votar cambios sobre el protocolo, la tesorería y las prioridades del ecosistema) de Arbitrum ingresó 6,19 millones$ en el semestre, con las licencias de Robinhood Chain aportando el 35% en julio
.La red que abarata las operaciones sobre Ethereum, tiene una caja gobernada por los dueños del token ARB. El dinero llega por cuatro vías: comisiones de la red, subastas de Timeboost (prioridad de paso), licencias de otras cadenas y la tesorería, con márgenes del 97%. La novedad, con Robinhood Chain en marcha desde julio, es que las licencias son el 35% de los ingresos. Que una red cripto cobre por licenciar su tecnología, no solo por comisiones, es lo que buscan los inversores serios. Por eso tener a Robinhood de cliente pesa tanto.
Los validadores de Solana votan -con el 67% a favor- acelerar la desinflación (fabricar menos moneda nueva cada año) en su primera votación vinculante on-chain, con los ETF cruzando los 1.000 millones$. El ritmo de desinflación se duplica: del 15% al 30% anual. La red tocará su suelo de emisión del 1,5% en 2029 y dejará de crear unos 18,9 millones de Solana en seis años. El ETF BSOL de Bitwise ya supera los 1.000 millones.
Como una empresa que emite menos acciones, si la demanda aguanta, lo que circula vale más. Pero en septiembre se liberan 100 millones en Solana bloqueados, y empuja al revés. Menos oferta nueva es viento de cola para Solana si el dinero institucional sigue entrando por los ETF. Pero atención a los desbloqueos de septiembre.