Miguel Ángel Valero
La inteligencia artificial (IA) está transformando la forma en la que las empresas gestionan los pagos, anticipan riesgos y se relacionan con sus clientes. El Informe Europeo de Pagos (European Payment Report - EPR) 2026 de Intrum pone de manifiesto que esta tecnología ya desempeña un papel muy relevante en un ámbito especialmente sensible para compañías y consumidores: la gestión de los cobros, los pagos y las dificultades financieras.
De acuerdo con el informe, siete de cada diez compañías españolas ya utilizan estas herramientas, frente al 60% del año anterior. No obstante, el grado de implantación sigue siendo desigual atendiendo al tamaño de las empresas: el 39% de las pymes aún no ha utilizado ninguna solución de IA en la gestión de pagos, frente a solo el 10% de las grandes organizaciones. Por sectores, la adopción es especialmente elevada en la administración pública, donde alcanza el 95%, seguida del comercio minorista, con un 84%, y de la banca y los servicios financieros, con un 80%.
En términos comparativos con otros mercados relevantes europeos, España se sitúa por encima del 66% de media en cuanto a uso de IA para la gestión de pagos. Además, el 58% de las compañías españolas prevé aumentar su uso, muy por encima del 32% de media europea que prevé hacerlo.
El potencial económico vinculado a la adopción de esta tecnología es significativo. Las empresas españolas gastan alrededor de 28.500 millones de euros al año en tiempo de personal dedicado a reclamar pagos atrasados. Según el Informe Europeo de Pagos 2026, con base en los ahorros de tiempo declarados por las compañías que utilizan IA en la función de pagos, esta cifra sería 9.430 millones de euros superior si no hubieran incorporado esta tecnología.
Entre los principales beneficios que las empresas españolas atribuyen a la IA en pagos destacan la reducción de retrasos, señalada por el 25%; la mejora de la eficiencia, por el 24%; y una mejor relación con los clientes, apuntada por el 17%. La IA puede contribuir a transformar la gestión de pagos en un proceso más predictivo, personalizado y eficiente. Estas herramientas permiten generar recordatorios adaptados, identificar facturas con mayor probabilidad de retraso, resolver consultas y distinguir entre perfiles de clientes con distintos niveles de riesgo, lo que facilita estrategias más ajustadas a cada situación.
De acuerdo con el Informe Europeo de Pagos, la IA ha dejado de ser una oportunidad teórica para convertirse en una herramienta con capacidad real para reducir los pagos atrasados, mejorar la eficiencia operativa y facilitar una interacción más temprana y transparente con los clientes. De hecho, el 30% de los consumidores españoles reconoce que tendría más probabilidades de ser abierto y honesto sobre su situación financiera al hablar con una herramienta de IA que con una persona real, un dato contrasta con la percepción de las empresas, ya que solo el 19% de las compañías en España cree que los clientes son más honestos cuando interactúan con chatbots de IA.
Por tanto, los datos reflejan una brecha entre la disposición real de los consumidores y la visión empresarial sobre el uso de estas soluciones. Para Intrum, esta diferencia abre una oportunidad para utilizar la tecnología como una herramienta de automatización y como un canal de confianza que permita anticipar dificultades de pago, ofrecer soluciones adaptadas y reducir el riesgo de impago.
El 56% de las empresas españolas considera que carecen de las capacidades necesarias para obtener un valor real de la IA. De acuerdo con el informe de Intrum, entre las razones por las que esto sucede se encuentran una posible fatiga o la sensación de complacencia con respecto a la adopción de estas capacidades. De hecho, menos de la mitad de las organizaciones creen que sin no implementan herramientas de IA en el back office quedarán regazadas frente a sus competidores.
Por otro lado, la incertidumbre regulatoria es otro gran desafío, especialmente a medida que los reguladores centran más su atención en asuntos puramente tecnológicos. Apenas cuatro de cada diez compañías confían en entender cómo cumplir con la Ley de IA de la Unión Europea, una regulación que ha retrasado su implementación. Esta demora podría aliviar la presión inmediata en cuanto a la necesidad de avanzar en capacidades de IA, pero la brecha en las capacidades persiste.

Cigna: la Generación Z no logra empleo pese a la IA
La irrupción de la IA y la digitalización está transformando el mercado laboral a gran velocidad, pero no todos los perfiles están encontrando su lugar en este nuevo escenario. De hecho, la Generación Z, que destaca por su facilidad para desenvolverse en entornos digitales y por su rápida adopción de estas herramientas, sigue siendo uno de los colectivos con mayores dificultades para acceder al empleo.
Su capacidad para integrar la IA en el día a día les permite trabajar con mayor agilidad y actuar como impulsores de estas herramientas dentro de las organizaciones, facilitando su adopción entre perfiles más experimentados y favoreciendo la colaboración entre generaciones. Pero, a pesar de ello, este potencial no siempre se traduce en una mayor estabilidad ni en mejores opciones de desarrollo profesional, lo que está generando un desajuste cada vez más evidente entre la preparación de los perfiles más jóvenes y sus oportunidades de incorporación al mercado laboral.
En este contexto, los datos del Cigna Healthcare International Health Study muestran que al 16% de los españoles le genera estrés la falta de oportunidades en el mercado laboral, mientras que para el 37% la preocupación por el futuro es una de las principales fuentes de tensión en su vida laboral y profesional. Unas cifras que refuerzan la idea de que la incertidumbre en torno al empleo se consolida como un factor que influye tanto en la trayectoria laboral como en la salud emocional.
A su vez, esta realidad se ve respaldada por los datos de adopción tecnológica y situación laboral. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación en los Hogares del INE, el uso de IA con fines laborales alcanza el 30,7% entre las personas de 25 a 34 años y el 21,1% entre los de 16 y 24, frente al 10,1% registrado entre los 55 y 64 años. Aun con esta mayor familiaridad con la tecnología, las cifras de empleo dibujan una realidad distinta, tal y como refleja la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2026, en la que se puede apreciar que la tasa de paro entre los menores de 25 años se sitúa en el 24,5%, muy por encima del 9,7% de las personas entre 25 y 54 años y del 10% en mayores de 54.
En esta línea, Amira Bueno, directora de Recursos Humanos de Cigna Healthcare España, señala que “la dificultad de acceso al empleo en las primeras etapas profesionales puede tener un impacto que va más allá de lo laboral. Al final, estamos ante una situación que influye también en cómo los profesionales más jóvenes perciben su futuro, su estabilidad y su bienestar desde el inicio de su carrera. Cuando esa incertidumbre se prolonga en el tiempo, puede acabar condicionando su motivación, su compromiso e incluso su relación con el trabajo. Por eso, entender este momento y gestionarlo adecuadamente es fundamental para construir entornos laborales en los que no buscamos retener., sino que se traten de ambientes más sostenibles y preparados para el futuro”.
Para dar respuesta a esta situación, los expertos de Cigna Healthcare proponen una serie de recomendaciones para integrar mejor en las organizaciones a perfiles de la Generación Z que ya cuentan con capacidades digitales que aún no se aprovechan plenamente:
La amenaza de la computación cuántica
Durante años, la computación cuántica fue vista como una curiosidad científica lejana, reservada a laboratorios y gigantes tecnológicos. Pero el analista Pablo Gil avisa en The Trader que "acabamos de cruzar una línea importante: gobiernos, empresas y mercados empiezan a entender que el problema ya no pertenece a la ciencia ficción. Y cuando una amenaza deja de ser teórica para convertirse en estratégica, el tiempo empieza a jugar en contra".
Hace unas semanas, Google anunció nuevos avances relacionados con el algoritmo de Shor, el sistema matemático que, en teoría, permitiría romper gran parte de la criptografía moderna. Lo importante no es que hoy exista ya un ordenador cuántico capaz de hacerlo, porque todavía no existe. Lo relevante es que los recursos necesarios para lograrlo parecen reducirse mucho más rápido de lo previsto. Y ahí aparece el verdadero problema.
Toda la economía digital actual funciona sobre una idea muy sencilla: ciertos problemas matemáticos son tan difíciles de resolver para un ordenador tradicional que vulnerar los sistemas de seguridad resulta prácticamente inviable. Sobre esa premisa se construyó Internet, las transferencias bancarias, las comunicaciones empresariales, las criptomonedas o incluso nuestra identidad digital.
Pero la computación cuántica podría cambiar completamente las reglas del juego. No hablamos simplemente de ordenadores más rápidos. Hablamos de una arquitectura computacional totalmente distinta, capaz de alterar la base tecnológica sobre la que se sostiene buena parte del sistema financiero y digital global.
Existe además un concepto especialmente inquietante en ciberseguridad: “harvest now, decrypt later”. Captura ahora, descifra después. Actores estatales o grandes organizaciones podrían estar almacenando hoy enormes cantidades de información cifrada con la idea de poder descifrarla dentro de diez o quince años cuando la tecnología cuántica sea suficientemente potente. Y ahí es donde la amenaza deja de ser tecnológica para convertirse en geopolítica.
China ha convertido esta tecnología en prioridad nacional. Estados Unidos moviliza simultáneamente a empresas como IBM, Microsoft o Google junto a múltiples agencias federales. Europa intenta no quedarse completamente rezagada. Porque quien domine antes la computación cuántica tendrá ventajas enormes en inteligencia, defensa, criptografía, IA o desarrollo industrial.
Muchos inversores del mundo cripto llevan años advirtiendo del riesgo que la computación cuántica supondría para Bitcoin y otras blockchains. Y tienen parte de razón. Pero creo que ahí se está cometiendo un error importante de escala. Porque el verdadero problema no sería Bitcoin. El verdadero problema sería todo lo demás. La amenaza cuántica afectaría potencialmente a bancos, sistemas de pagos, protección de datos corporativos, infraestructuras críticas o comunicaciones gubernamentales. Las finanzas modernas son, en el fondo, confianza matemática. Y la computación cuántica podría alterar precisamente esa base de confianza sobre la que funciona toda la economía digital.
"Estamos ante una de esas transformaciones tecnológicas que parecen irrelevantes justo antes de acelerarse. Internet parecía marginal en los noventa. La inteligencia artificial parecía limitada hace apenas unos años. Y con la computación cuántica podría estar ocurriendo algo parecido. Porque el verdadero riesgo no comenzará el día en que aparezca el ordenador cuántico definitivo. El verdadero riesgo empezará mucho antes, en el momento en que descubramos que no nos preparamos con suficiente antelación para una tecnología capaz de cambiar la infraestructura digital sobre la que funciona el mundo", advierte Pablo Gil.
Jon Hernández: la IA cambia lo que significa ser humano
"Mientras muchos siguen pensando que es una simple herramienta para hacer imágenes o escribir emails, la realidad es otra: la IA está empezando a redefinir el trabajo, la educación, la verdad, la economía… y hasta lo que significa ser humano". Es la advertencia que lanza Jon Hernández —una de las voces más influyentes sobre inteligencia artificial en el mundo hispanohablante— en En La hostIA que viene. Cómo impactará en tu vida y cómo sacarla partido (Planeta). El libro pone palabras a una sensación que cada vez comparte más gente: que estamos entrando en una transformación histórica para la que nadie nos ha preparado.
Con un estilo directo, provocador y extremadamente accesible, el autor responde las grandes preguntas que ya están encima de la mesa: ¿Va la IA a destruir millones de empleos?¿Podremos distinguir qué es real y qué no? ¿Estamos educando a nuestros hijos para un mundo que ya no existe? ¿Qué ocurrirá cuando la inteligencia deje de ser exclusivamente humana?
Y lo hace sin tecnicismos, sin humo y sin promesas vacías. Con ejemplos reales, casos actuales y capacidad divulgativa. “Lo que hace hoy la IA es lo peor que hará nunca”, insiste el autor, que habla de una revolución que avanza más rápido que nuestra capacidad para comprenderla.
Jon Hernández explora los beneficios extraordinarios de la IA —desde avances médicos hasta educación personalizada o aumentos radicales de productividad— pero también sus riesgos más inquietantes: deepfakes indistinguibles de la realidad, manipulación masiva, crisis de empleo, pérdida del propósito vital e incluso el debate sobre una inteligencia superior a la humana.
Lejos del alarmismo vacío o del optimismo ingenuo, 'La hostIA que viene' propone una posición incómoda pero necesaria: entender la IA para no quedarse fuera de juego. Porque, como afirma el propio autor: “No puedes elegir participar o no en esta revolución. La partida ya ha empezado".