El 17 de junio, Cojebro concedió el primer Premio Pilar González de Frutos al Liderazgo Femenino a Mirenchu del Valle, presidenta de Unespa, como ya contó Dinero Seguro en su momento. No creo que haya nadie en el sector asegurador que ponga en duda el acierto de la iniciativa, que reconoce la labor de la exdirectora general de Seguros y Fondos de Pensiones y presidenta de Unespa, y actual presidenta del Consejo Social de Cojebro. Ni tampoco habrá nadie que cuestione el merecimiento de la presidenta de Unespa a este galardón.
Pero, como lo cortés no quita lo valiente, y después de dejar pasar un tiempo para que a nadie se le ocurra siquiera que me opongo a este premio, quiero dejar muy claro que no creo en el liderazgo femenino. Tampoco, por supuesto, en el masculino. Creo que es un error vincular liderazgo y género.
Hasta la propia Pilar González de Frutos, que tuvo la gentileza de citarme en su intervención al comentar una afirmación mía sobre que "el liderazgo no tiene género", parece abundar en ese mensaje. Bien es cierto que, inmediatamente después, precisa que "merece la pena siempre un empujoncito" el reconocimiento de las mujeres que son líderes. "¡Ojalá no sea necesario este premio!", asegura.
La premiada, como buen líder, sortea la cuestión y vaticina que el premio será un éxito y que harán falta varias categorías, porque "hay muchas mujeres preparadas merecedoras de este galardón".
Desde luego, eso no lo pongo en duda. Todo lo contrario. Pero no porque sean mujeres, sino porque son personas que lo han hecho bien en sus compañías o donde la vida les haya llevado a estar al frente.
Me parece una pena que a la presidenta de Unespa, como a otra muchas mujeres, se les valore más por el adjetivo que por el sustantivo. Que se siga hablando de cuotas, de paridad, de cumplimiento de normas de buen gobierno corporativo (sin duda, en su momento, necesarias para que el inmovilismo y la misoginia de muchas organizaciones y empresas), en definitiva de género, en vez de resultados, que es lo realmente importante para decidir si alguien es un líder o no. Parece que están donde están por ser mujeres, y no por su labor y sus resultados. Lo cual es tremendamente injusto, sobre todo para ellas.
Planteo una hipótesis: ¿se valoraría igual la labor de Mirenchu del Valle como presidenta de Unespa si en vez de ser una mujer fuera un hombre? Triste es que, todavía a estas alturas, se hable más del género que de los buenos resultados y de la gestión de la consejera delegada de AXA España, Olga Sánchez, que lleva en el cargo desde 2019 (y al que llegó no por ser mujer sino por sus 30 años de experiencia y de éxitos en el seguro), por poner un ejemplo (y en seguros, hay muchos, en las compañías y en la mediación).
Todo esto me recuerda a una respuesta que dio el añorado Emilio Ontiveros cuando, en uno de esos Tallleres de Seguros organizados por Afi (y a los que siempre ha asistido la presidenta de Unespa), le preguntaron si para ser consejero de una compañía aseguradora había que saber de seguros. La respuesta fue tajante: "lo que se necesita para ser consejero de cualquier empresa es sentido común".
El menos común de los sentidos. Por eso, siguiendo esa reflexión del fallecido presidente de Analistas Financieros Internacionales, creo que en este debate sobre el peso de las mujeres en los órganos de dirección y de gobierno de las empresas y de las instituciones en España, lo que sobra es demagogia y frivolidad sobre el género, y falta sentido común.
Como decía Pilar González de Frutos al entregar el premio que lleva su nombre a su sucesora, "¡ojalá no sea necesario!". Porque será señal de que una mujer y un hombre compiten en igualdad de condiciones, pese a sus evidentes diferencias; de que una persona ha llegado a la cumbre por su trabajo, su dedicación, su esfuerzo, su conocimiento, sus resultados, y no por su género, porque lo digan unas cuotas, la exigencia de paridad, o las normas de buen gobierno.
Mientras eso no suceda, iniciativas como la de Cojebro siempre será bienvenidas, porque supondrán un "empujoncito" para que se reconozca la labor de la líder, femenino y singular. Aunque el liderazgo no tenga género.