Miguel Ángel Valero
El próximo 23 de julio todas las miradas volverán a dirigirse hacia el Banco Central Europeo (BCE). Después de que elevara en junio los tipos de interés hasta el 2,25%, tal y como anticipaban los mercados, la mayoría de los analistas espera que en esta ocasión opte por mantenerlos sin cambios. Sin embargo, el recrudecimiento de las tensiones en Oriente Próximo y el nuevo encarecimiento del petróleo han añadido incertidumbre a un escenario que podría condicionar las próximas decisiones de Fráncfort. El consenso es que el BCE mantendrá el precio del dinero sin cambios en esta reunión.
“Esta pausa no significa que el ciclo de endurecimiento monetario haya terminado. Más bien responde a la necesidad de ganar tiempo y comprobar si las últimas presiones sobre la energía acaban trasladándose a la inflación”, reflexiona Andrea Morales, experta del comparador financiero HelpMyCash. El BCE se encuentra en una posición de cautela. Tras el movimiento realizado en la reunión anterior, el BCE dispone ahora de margen para observar cómo evolucionan tanto la inflación como el crecimiento antes de volver a actuar: “El mensaje de fondo sigue siendo el mismo: las próximas decisiones dependerán de los datos económicos”.
El principal factor que ha alterado el escenario es el aumento del precio del petróleo. La escalada de tensión entre Irán y EEUU y las dudas sobre la seguridad de las rutas marítimas en el Golfo han impulsado al alza la cotización del Brent, que acumula una subida cercana al 16% desde que el conflicto volvió a intensificarse. “Este encarecimiento de la energía preocupa al BCE porque podría trasladarse progresivamente al resto de la economía. Si el combustible cuesta más, aumentan los costes de transporte y producción, lo que termina repercutiendo sobre los precios que pagan consumidores y empresas”, describe la analista de HelpMyCash. Pese a ello, los últimos datos continúan ofreciendo cierto alivio. La inflación de la Eurozona se situó en el 2,8% en junio, mientras que la inflación subyacente descendió hasta el 2,4%, una señal de que las presiones internas siguen moderándose, aunque todavía permanecen por encima del objetivo del 2%.
La mayoría de los inversores espera que el BCE mantenga los tipos sin cambios el 23 de julio. Si vuelve a subirlos, el mercado cree que ese movimiento llegaría más adelante, probablemente en septiembre. Enese momento, el Consejo de Gobierno contará con nuevas previsiones macroeconómicas y con dos meses adicionales de datos de inflación, elementos que permitirán evaluar si el repunte energético estemporal o si amenaza con consolidarse.
“La posibilidad de una nueva subida de 0,25 puntos porcentuales después del verano sigue siendo el escenario más probable para buena parte del mercado, aunque nadie espera un ciclo de incrementos tan agresivo como el vivido tras el estallido de la guerra en Ucrania”, añade Morales.
Este contexto también sigue siendo una buena noticia para quienes buscan rentabilizar sus ahorros sin asumir riesgos. Mientras los tipos de interés permanezcan en niveles elevados, los bancos continuarán compitiendo por captar liquidez con depósitos y cuentas remuneradas que ofrecen rentabilidades muy superiores a las de hace apenas unos años. Según el comparador HelpMyCash, entre las mejores opciones de depósitos en España destacan el Miraltabank, que ofrece un depósito a 12 meses al 2,75%, y Banca March, otro al 2,5% TAE, mientras que Deutsche Bank tiene un depósito al 2,25% TAE que puede alcanzar el 3,25% TAE si se cumplen determinadas condiciones. WiZink paga un 2,85% TAE a 18 meses y un 2,6% TAE a 36 meses.
Quienes prefieran mantener su dinero siempre disponible también encuentran alternativas interesantes. Entre las cuentas remuneradas más competitivas figuran la de Trade Republic, que ofrece un 3,04% TAE para nuevos clientes sobre los primeros 50.000€ y sin comisiones, Revolut, que está de campaña y ofrece un 3,51%TAE hasta octubre, la Cuenta Remunerada de Openbank, que paga un 2,5% TAE durante doce meses al traer Bizum y permite disponer del dinero en cualquier momento; y la Cuenta Digital Remunerada de Bankinter, que remunera al 2,5% TAE hasta 100.000€ para nuevos clientes.
“Remunerar el ahorro debe ser obligatorio. El dinero en cuentas que no rinden nada solo pierde valor. Ya sea mediante un depósito o una cuenta remunerada, hay que aprovechar y poner a trabajar el dinero; y mejor si ofrecen más que los tipos de interés para, al menos, ganar un poquito", puntualiza Morales
Aunque la reunión del BCE se salde sin cambios en los tipos de interés, el mensaje que lance Christine Lagarde será casi tan importante como la propia decisión. Si confirma que podría existir un nuevo aumento del precio del dinero, las lecturas serían varias: para los ahorradores puede traducirse en mejores oportunidades para obtener rentabilidad sin asumir grandes riesgos. Pero, para quienes necesitan financiación, en cambio, supone préstamos más caros. Las nuevas hipotecas tenderían a encarecerse y los hogares que ya tienen una hipoteca variable podrían pagar cuotas más altas cuando llegue su revisión. También existe una consecuencia menos visible, pero igual de importante. Cuando endeudarse resulta más caro, las familias aplazan compras, las empresas revisan sus inversiones y la actividad económica pierde impulso. Ese riesgo adquiere especial relevancia en un momento en el que la economía europea ya avanza con dificultad. El BCE prevé que la zona euro crezca apenas un 0,8% en 2026, mientras que la Comisión Europea ha rebajado las suyas hasta el 0,9%, ante el impacto de la energía y la incertidumbre internacional.
El propio BCE admite que el conflicto en Oriente Próximo plantea un escenario especialmente incómodo: puede elevar la inflación a través de la energía y, al mismo tiempo, debilitar el crecimiento. Obliga a Fráncfort a elegir entre contener los precios o evitar que el encarecimiento del crédito enfríe todavía más la economía. Por eso, una nueva subida de tipos no sería una victoria sin matices. Podría mejorar la remuneración de los depósitos, pero también encarecer las deudas, reducir el consumo y debilitar una economía europea ya expuesta a las tensiones comerciales, geopolíticas y energéticas. La clave estará en saber cuánto tiempo considera el BCE que puede mantener esta presión sin causar más daño del necesario.
Ebury: el BCE necesita mayor claridad
Roman Ziruk, Senior Market Analyst en Ebury, cree que el BCE disfrutó de cierto respiro en junio tras la firma del Memorando de Entendimiento sobre la guerra con Irán. Los precios del crudo Brent cayeron a 70$ el barril, unos 55$ por debajo del máximo de abril, mientras que los precios del gas natural, de gran importancia para la zona euro, también bajaron, aunque en menor medida. El informe de inflación de junio de la zona euro resultó más moderado de lo esperado, lo que reforzó la idea de que el BCE no necesitaría endurecer su política monetaria a corto plazo. Esto, por supuesto, fue antes de que el alto el fuego comenzara a desmoronarse.
El reciente aumento de la inestabilidad geopolítica ha generado un nuevo problema para el BCE, dando al Consejo motivos de sobra para estar preocupado. Dada la importancia de los precios de la energía para las presiones inflacionarias, la reciente incertidumbre en Oriente Medio representa una pesadilla para los banqueros centrales, especialmente en la zona euro, que está gravemente expuesta a la inflación del petróleo importado. Tal como están las cosas, es una incógnita cuándo y si las tensiones disminuirán, lo que significa que el BCE no tendrá más remedio que hacer una pausa y esperar mayor claridad.
Desde la rueda de prensa de junio, la presidenta Lagarde ha adoptado un tono más moderado respecto a los tipos de interés, sugiriendo que no existe una necesidad urgente de un endurecimiento agresivo. Sin embargo, con el colapso del alto el fuego, podría volver a adoptar una postura más intransigente el jueves 23 de julio.
La clave estará en:
Si las tensiones entre Irán y EEUU no disminuyen, una subida de tipos en septiembre parece realista y Lagarde podría insinuarla durante su rueda de prensa, aunque casi con toda seguridad mantendrá la flexibilidad en lugar de comprometerse de antemano.
Los mercados de swaps anticipan casi dos subidas de 25 puntos básicos durante el resto del año, un cambio al alza en las expectativas sobre los tipos que, para el experto de Ebury, ha sido excesivamente agresivo. "No estamos convencidos de que ni siquiera la subida de junio estuviera justificada. El crecimiento es débil, las presiones salariales se están moderando, las expectativas de inflación a largo plazo están ancladas y no hay indicios de efectos inflacionarios de segunda ronda en los datos", explica.
"El BCE corre el riesgo de agravar un error de política monetaria al endurecer su política ante lo que, en esencia, es una crisis energética por el lado de la oferta, en lugar de una auténtica inflación impulsada por la demanda. Tenemos aún más dudas sobre un endurecimiento en septiembre y más adelante", insiste.
La reunión del jueves será un buen indicador dela intención del BCE: una política monetaria restrictiva que mantenga una subida de tipos en septiembre firmemente abierta podría sugerir que el Consejo de Gobierno considera la subida de junio como el inicio de un ciclo, en lugar de una medida simbólica puntual. "Creemos que esta podría ser una conclusión errónea. El BCE tardó en reaccionar antela crisis energética de 2022, y ahora corre el riesgo de sobrecorregir ese error al endurecer su política monetaria de forma demasiado agresiva ante esta crisis", advierte.
Al mismo tiempo, un período prolongado de precios elevados de la energía y una mayor incertidumbre exige vigilancia, y cuanto más se prolongue el estancamiento, mayor será la necesidad de una política monetaria más restrictiva. Los precios más altos del petróleo representan un verdadero arma de doble filo para el bloque, ya que, si bien una mayor escalada mantendría vivo el argumento inflacionario a favor de las subidas de tipos, también empeoraría la relación real de intercambio de la zona euro y lastraría unas perspectivas de crecimiento ya de por sí frágiles. También se argumenta que la sucesión de crisis de los últimos años solo refuerza la necesidad de cautela.
A pesar del reciente aumento de la prima de riesgo geopolítico, el euro se ha mantenido bien respaldado por encima del nivel de 1,14 frente al dólar. "Consideramos que esto se debe en gran medida a la disminución de las expectativas sobre los tipos de interés en EEUU y la zona euro, que se han reducido hasta en 30 puntos básicos desde finales de junio. Esto deja al par EUR/USD expuesto a una caída si Lagarde no cumple con las expectativas más restrictivas del mercado. Por lo tanto, la reunión del BCE de julio podría ser crucial para el par EUR/USD, ya que la volatilidad dependerá en gran medida de la postura ambigua que adopte Lagarde", concluye el experto de Ebury.
Natixis: los datos respaldan una pausa del BCE
Natixis CIB espera que el BCE mantendrá sin cambios los tipos de interés y adoptará un tono prudente, a la espera de disponer de más datos antes de decidir nuevos movimientos de política monetaria. El equipo de analistas del banco de inversión francés considera que la reciente moderación de las expectativas de inflación, la desaceleración del crecimiento de los salarios y el enfriamiento del mercado laboral respaldan una pausa en el actual ciclo de subidas de tipos.
Aunque algunos indicadores de actividad muestran una ligera mejora, el crecimiento económico sigue siendo frágil y el consumo continúa limitado por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Natixis CIB también señala que el actual repunte de la inflación responde principalmente a factores de oferta, como las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía, por lo que considera que el BCE debe evitar una respuesta excesivamente agresiva que pueda perjudicar el crecimiento económico.
De cara a septiembre, cuando el BCE actualizará sus previsiones macroeconómicas, la entidad también espera que los tipos permanezcan estables, aunque advierte de que una prolongación del conflicto en Oriente Medio podría reavivar las presiones inflacionistas y reforzar un sesgo más restrictivo.